Los personajes de Naruto no me pertenecen, son obra de Masashi Kishimoto.


Aviso: Este es un regalo de cumpleaños para Shanami Haruno; Feliz cumpleaños querida, quería subir el capítulo ayer que fue tu cumpleaños, pero me mató el tiempo. En fin. Espero te guste.

Advertencia: AU, Sasusaku.


Sé repostera.

—¿C-Cita?... Bueno, dicen que al corazón de un hombre se llega por es estómago; ¿Qué tal si le regalas unos chocolates?

[I]

La enorme casa -mansión- Hyüga era hermosa, Sakura y Hinata se encuentran en la cocina igual de enorme, proporcional a la casa, preparando la especialidad de la oji-opalina -según ella-: chocolate. A pesar de que Sakura había dicho mil vece que a Sasuke-kun no le gustaba lo dulce, Hinata insistió en que el chocolate amargo le encantaría.

El primer intento fue un completo desastre; el chocolate sabía a azúcar pura, el terror de los diabéticos. El segundo intento no fue una mejora, sabía a tierra... ¡Y no pregunten por qué ella sabía el sabor de la tierra! El tercer intento sabía a alcohol... ¡Alcohol! ¿Cómo carajos?

Piensa que la fachada de «cocinera por excelencia» de Hinata se queda en eso, pura fachada. Incluso estuvo a punto de quemarse el cabello al prender la estufa, y metió un tazón de aluminio al microondas, si Sakura no estuviera ahí, seguramente la casa ya habría explotado.

Después de tres horas de experimentar cual científico loco por fin consiguieron un sabor aceptable: muy amargo según Naruto quién llega a la casa de su novia y prueba un poco de lo que las chicas cocinan. Sonríen complacidas, si no le gusta a Naruto, le gusta a Sasuke.

Hinata adorna una cesta pequeña donde Sakura regalará los chocolates; la decoración al menos sí es su fuerte:
—Le entregas los chocolates, y-y después le pides la c-cita —Le aconseja a la pelirrosa mientras entrega el presente. Le sonríe amable —¡Suerte, Sakura-chan! —Se despide de su amiga y corre a la cocina donde el rubio ya a devorado casi por completo su chocolate fallido numero uno.

Sakura camina a la casa del azabache -una vez confirma por la ventana de que Sasuke sí está ahí- toca a la puerta. Espera unos segundos, donde juega impaciente con el asa de la cesta; está nerviosa y expectante, la bipolaridad del Uchiha nunca aseguraban un pronóstico.

Cuando abre la puerta el alma se le hace un nudo: es él, con su ropa casual, su cabello rebelde y su porte de odiar al mundo. Como le gustaba el condenado.

—¿Sakura?

—¡Hola, Sasuke-kun! —Silencio. Más silencio. —¿Puedo pasar? —silencio. Sepulcral silencio. Incómodo silencio.

—Hmn... —suspira —Claro, pasa.

Entran al bonito recinto donde lo primero que los recibe es una sala enorme, cómoda y bonita. Sakura ha estado aquí contadas ocasiones. Se da media vuelta y él permanece de pie, de un notorio mal humor.

—Toma, son chocolates. —Ofrece la cesta. Sasuke la acepta más por modales que por gusto. Silencio. —¿No los pruebas? ¡Los hicimos Hinata y yo!

—No me gusta el dulce.

—¡Oh! Pero son amargos.

Sasuke, notando que la chica no se rendiría, resignado, toma un chocolate en forma de cuadro de la canasta. Le da un pequeño mordisco, lo traga, extrañamente sabe bien. Lo come entero, toma otro y se lo lleva a la boca, tienen un sabor muy peculiar. Sakura nota que le han gustado, era el momento:

—¡Sasuke-kun te gustaría...-! —Deja de hablar bruscamente cuando el moreno comienza a toser como loco. —¿Sa-Sasuke-kun? Estás...-—Uchiha cae al suelo mientras se toma la garganta y su rostro comienza a tornarse morado. —¡Sasuke-kun! —Sakura se tira junto a el de rodillas.

—¿Q-Q-Qué... nu... n-nuez? —Sakura no entiende bien. Esta desesperada llamando a una ambulancia.

—¿Nuez? ¡Sí, les puse un poco para que tuvieran algo de sabor!

—S-Soy... al... al... alergi-co —Susurra.

En el hospital el moreno duerme ya recuperado en una camilla. Sentada en una silla frente a él se encuentra la apenada pelirrosa. Maldita sea su suerte. Cuando alza la vista nota que Sasuke abre lentamente los ojos.
—¡Sasuke-kun yo...-! —El doctor entra a la habitación.

—Bien, señor Uchiha. Eso estuvo cerca; tenga más cuidado con lo que come ¿De acuerdo? —sonríe y la débil mirada ónix fulmina a la pelirrosa quién ruega porque la tierra se la trague. —¡Oh! ¿Qué no es usted la de la semana pasada?

—N-No... —susurra apenada.

—¡Sí es usted! Que bueno que el golpe en la cabeza ya sanó... ¡Y que bueno que esta vez no llegó en lencería!

Maldita sea.

[II]

No regales chocolates cuando pides una cita.


Continuará.


Mary'Love~