El Joker sostuvo la brillante paleta roja en forma de corazón delante de él. Entrecerró los ojos, como si estuviera evaluando a un enemigo peligroso.

Desde su encuentro hacía dos semanas, el Joker no podía dejar de pensar en la pregunta Batman. ¿Qué pasaría si su fantasía se hiciera realidad y él terminaba arruinándola por la falta de control en sí mismo?

Suavemente llevó la paleta a su boca, la lamió un poco antes de meterla cuidadosamente. Su rostro era sombrío, la frente surcada en concentración absoluta. Giró el caramelo adentro por un rato, tratando de centrarse en la tarea, pero su mente divagaba lejos de su desafío auto impuesto.

"No serías capaz de controlarte".

Las palabras de batman hicieron eco en sus pensamientos, adquiriendo un tono cada vez más burlón. Se lo demostraría.

¿Realmente podría? Después de todo, amaba luchar contra el murciélago. Amaba herirlo de muchas maneras diferentes. Perforante, punzante, ardiente... Pero esto era diferente, y no podía comprender por qué.

Tal vez porque realmente no quería perjudicar a Batman, y esa sensación era desconocida para él. Por lo tanto, sentía frustración y enojo hacia su boca voluble. Estaba orgulloso de si mismo, de su lengua juguetona, sus dientes afilados, sus suaves labios... pero esta vez se sentía traicionado.

Sus propios deseos se revelaban contra él. Desde que Batsy lo había mencionado, había sido incapaz de dejar de fantasear acerca de... Bueno, no morder. No exactamente. Pero...¿ pellizcar y bromear con los dientes? La idea crecía más y más atractiva con cada segundo. Oh, ¿por qué Batman tuvo que decirlo?

La paleta se quebró. Había estado mordisqueandola, distraído, y ahora sus dientes la habían destrozado en millones de pedazos. Derrotado, una vez más.

Escupió los restos de caramelo y lanzó el palillo en una pila, junto con los restos de sus anteriores intentos. Había sido un ejercicio inútil.

De una patada abrió la puerta y salió del vestidor, donde se encontraban sus secuaces. Esperaban que el Joker diera una orden, sabían muy bien que molestarlo cuando estaba de mal humor era una muy mala idea. Los miró con desprecio. Fue en su camino a la puerta principal cuando tuvo una idea.

Un dulce no era carne. Nunca sería suficiente para controlar los reflejos de su boca. Necesitaba la práctica real. Necesitaba probarse a sí mismo que podía complacer a un hombre sin herirlo. Sólo entonces podría enfrentarse a Batman con la convicción completa.

Se acercó a los mooks, reunidos en torno a un juego de cartas y una radio vieja desvencijada. Parpadeó, haciendo evidente su disgusto. Miró a cada uno de ellos de cabeza a los pies, y aunque ninguno dijo nada, estaban todos asustados e incómodos.

Demasiado viejo, demasiado apestoso, un cretino insoportable, demasiado enano...

Ahh, pero ahí estaba, el candidato perfecto. La única opción, realmente. Un hombre joven con una inclinación hacia los vehículos de lujo. No le importaba quién era. Su historia era aburrida, era aburrida, y probablemente terminaría muerto en uno de sus atracos. Pero observo que era el más limpio de todos, y su físico se adaptaba bien para lo que haría.

"Tú. Ven conmigo", dijo. Miró el casco de moto a su lado y ordenó. — Y trae eso.

El hombre lo siguió obedientemente. El payaso bloqueó la puerta una vez que estaban dentro, luego corrió las cortinas de terciopelo sobre las ventanas. Caminó alrededor de la sala desordenada durante varios minutos, pensativo, ignorándolo totalmente. El esbirro sabía que había poco que podría hacer sino esperar.

Joker regresó de sus cavilaciones y vio al hombre, frunciendo el ceño.

"No te quedes ahí como un maniquí." dijo. "Ven aquí. Sientate en esa mesa.", agregó, como si fuese la petición más obvia del mundo.

El secuaz obedeció. Se sentó en la orilla de el escritorio mirando temerosamente al Joker quién no le prestaba la más mínima atención.

La idea era sólida, y no ayudaba pensarlo una y otra vez. Había estado con desconocidos y entonces no era la gran cosa. Esta vez, sin embargo, se sentía como... rendirse. Tenía que convencerse a sí mismo de que no era eso, que se trataba de mera práctica. Un ensayo, un calentamiento, una manera de prepararse para su querido Bat.

Se volvió hacia el tipo en cuestión.

"Levántate" ordenó "No, no totalmente. Solo...pon tu culo sobre la mesa." el mook obedeció. "Sí, así esta perfecto".

Se acercó a él con una depredadora sonrisa en los labios. El hombre estaba temblando, aterrorizado. El Joker separó sus piernas para luego dejarse caer de rodillas.

Una mano sobre su muslo, la otra se cernía sobre la cremallera, vacilante. Bajo diferentes circunstancias, tendría sus manos por todo su cuerpo en segundos, ansioso por comenzar. Esto se sentía más como calcular un movimiento de ajedrez que el preámbulo de una mamada, y no podía evitar morder su labio en frustración.

Su vacilación sólo hizo que el hombre se tensara. Tenía el rostro rojo, y estaba sudando nerviosamente.

"Jefe, yo..." gimió.

"Cállate. ¿Quieres una mamada o no?"

El hombre se atragantó. "Una... una mamada, jefe?"

"Sí. ¿Sabes qué es, no es así? " ladró, molesto. En un tono amable, añadió: "ahora, vamos a ver. ¿Serías capaz de ponerlo difícil para mi? O necesitas algo para... mejorar tu rendimiento? "

"Uhhh... No sé jefe. No estoy seguro de que... "

"¡Oh! Sólo cierra los ojos y finge que es una chica la que lo hace. No voy a ofenderme, lo prometo. Será más fácil para ti. Oh, lo que me recuerda..." tomó el casco. "ponte esto, ¿si?"

El casco era negro, pulido a la perfección, y la visera estaba ahumada. Una vez que el secuaz se la puso no pudo ver nada mas que su reflejo. Lo haría. El pantalón negro y la cazadora de cuero eran una buena adición. Él no era Bat, pero su figura lo evocaba, de una manera distante.

Sería más fácil para él.

"Oh y una cosa más: no abras la boca hasta que hayamos terminado, está bien?", dijo, con amenaza en su tono. No tenía la intención de mantener una ilusión, pero no quería recordar quién era, tampoco. Por el bien del hombre, esperaba que obedeciera.

El esbirro asintió con la cabeza, y después de esa interacción el Joker lo sacó de su mente.

Pretender que era Batman era absurdo. Pero podía concentrarse en lo importante: demostrar de una vez por todas que podía controlar sus impulsos.

Se quitó los guantes púrpura y se puso a trabajar. El pobre hombre aflojó cuando tiró hacia abajo de sus pantalones y ropa interior. Tenia un... tamaño modesto, pensó el Joker, rodando sus ojos. Tomó su pene en la mano, suavemente y comenzó a tocar de manera gentil, con la esperanza de que erecto fuera mas interesante. Estaba siendo más suave que de costumbre, a causa de su reto personal.

El secuaz se relajo notablemente. La piel de sus manos era suave y sedosa, lo que probablemente hizo más fácil para el joven imaginar a una chica. Tomó la respuesta positiva de el esbirro como clara muestra de sus habilidades, porque a pesar de su comprensible incomodidad, consiguió ponerlo totalmente erecto en un tiempo récord. El Joker sonrió, orgulloso y lamió sus labios, sentía el hambre superarlo. Acarició el borde de sus dientes; un recordatorio de que estaban allí. Él era consciente. Todo iría bien.

Empezó probándolo con la lengua, por toda la extensión. Cubriéndolo todo con una lamida larga, intensa. Se sintió bien y no tenía ganas de morder. Aún.

Animado, comenzó a usar sus labios, besando suavemente y admirando las marcas débiles de lápiz labial rojo que dejaba atrás. Lápiz labial "permanente". Se rió, dejando al descubierto sus dientes en el proceso. Esperaba que el chico aún tuviera los ojos cerrados. Ver dientes afilados tan cerca de su pene no podía ser bueno para sus nervios.

Inhaló profundamente, centrándose en sus labios otra vez. Circundó la cabeza metódicamente, disfrutando de la sensación contra sus labios.

Chupó la cabeza suavemente y deslizó sus labios a medio camino, masturbándo el resto de su longitud con la mano. Hasta ahora, bien. Una vez cubierto de saliva fue aún más fácil de manejar, y parecía que el muchacho estaba proporcionando humedad propia también. El sabor familiar hizo al Joker sonreír, con la boca todavía llena.

No pudo resistir esas ganas de sonreír asomando los dientes. Dejó sus movimientos. Mucho cuidado. Sus dientes estaban peligrosamente cerca de la piel. Casi podía sentirla, casi raspar y hacer al mook gemir de dolor...

El joven se estremeció cuando Joker se detuvo. Esperaba que el hombre fuera lo suficientemente inteligente para no pedir, o exigir que continuara.

Joker cerró los ojos, dejando que la sensación de saciedad lo aplacara. Imaginaba muchas maneras diferentes de hacerle esto a Batsy. No quería que Bats permaneciera quieto. Quería que moviera las caderas, que empujara en su boca. Excitarlo con cada movimiento, negarle sus labios; así él tendría que buscarlo. Llevarlo. Quería que Batman lo usara, sin tener en cuenta su comodidad.

Enojado, tragó más abajo, más y más hasta que comenzó a sentirse bien. Por supuesto que nunca se sentiría totalmente bien. Sus sentidos estaban abrumados, y su boca tomó mente propia, una mente que sólo podría centrarse en seguir más y más profundo.

Dejó de reprimirse, una estimulante libertad y sus movimientos se convirtieron en más... agresivos. La delicadeza fue substituido por hambre y necesidad, y oyó al hombre gemir en el cambio. No podía decir si era un gemido de placer o dolor, pero abrió un ojo y recordó no morder.

Sentía cada cambio en su cuerpo como una nota musical distinta, todas ellas conducían a un final inevitable. El hombre tembló y se retorció debajo de él, como si tratara de alertarlo, pero no era necesario. Con movimientos metódicos, dejó el pene del hombre. Se movió a un lado un poco mientras lo acariciaba firmemente.

El hombre se corrió cubriendo su mano y salpicado el piso, no muy potente, pero abundante. Joker miró alrededor de la habitación, aburrido. Podía oír la respiración forzada del hombre incluso a través del casco.

"Buen trabajo, campeón!", dijo, su puño cerrado alrededor de su pene.

Su tono era condescendiente, pero no estaba completamente satisfecho. No había sentido el terrible impulso de morder que tanto temía y había sido capaz de hacerlo como de costumbre. Aún mejor, tal cierto que el verdadero trabajo, el trato con Batman, sería diferente, pero al menos ahora había aplacado sus dudas.

Tomó papel de una caja a través de la habitación para limpiar sus manos.

"Cierra la puerta cuando salgas ¿bien?", dijo.

El secuaz estaba aterrorizado. No tenía sentido amenazarlo con guardar silencio. Nadie le creería.

Se sentó nuevamente en su silla, para pensar en el siguiente paso. No sería fácil convencer al murciélago con sus términos. Se rió sonoramente, los pensamientos de sus planes próximos despertaban en él un estímulo real.

Agarró una de las pocas paletas restantes de la mesa y la desenvolvió con los dientes. Saboreó el dulce sabor a fresa, triunfante.