Capítulo 2 - Yo NO tengo nada
Peter POV
Preparé el cadáver del hombre para llevarlo a la camioneta del forense de la CIA, cuando otra punzada me hizo doler la cabeza.
-¡Ah! – gruñí apretando los dientes hasta que casi sentí mi mandíbula sangrar por el esfuerzo. Al parecer regresaba mi tormento, uno al cual Walter increíblemente no parecía hallar la causa. Era extraño, ¡y mira que había visto cosas raras desde hacía un año! A veces me preguntaba qué habría sido de mi vida si Olivia no me hubiese traído a rastras o el posterior reencuentro con papá… Quiero decir, Walter. En mi fuero interno no terminaba de acostumbrarme a llamarlo así, pero era un resultado previsible por el abandono en el que nos dejó a mamá y a mí por culpa de su trabajo "sobre la pasta de dientes".
En fin, creo que sabía cuál habría sido mi destino si seguía por aquel nefasto camino, lo que pasa es que prefería no pensar en ello a menudo: seguiría suplantando identidades para escapar de otros estafadores. Sí, mi vida era solitaria e indudablemente estaba hecha un lío, así que de una u otra forma debía agradecer que el FBI me haya incluido en la División; era como tener una familia otra vez: una que resolvía casos bizarros, aunque familia al fin.
-Oye, te abstrajiste del mundo. Otra vez – comentó Astrid sobresaltándome al regresar del almacén. Sus rizos ya comenzaban a aplacarse debido a los vapores. Meneé la cabeza, queriendo centrarme para contestarle que me encontraba bien, mas sentí malestar por el brusco giro.
-¿Acabas de tener una nueva migraña, Peter? – preguntó Walter. Ya sin el más mínimo atisbo de sorpresa en su voz, entretanto se quitaba los guantes de látex, emitiendo un sonido estremecedor. Ya sabía cómo se sentían las pobres ratas o ranas con las que le fascinaba experimentar. Me percaté del leve temblor que invadió su cuerpo, indicándome su emoción por la nueva oportunidad para resolver el misterio.
Contemplé fijamente sus expresiones preocupadas, aferrando con disimulo el borde de la mesa. Opté por ser sincero.
-Sí, volvió – ahora sentí el conocido cosquilleo en la sien, señal de que el dolor remitía. Suspiré más tranquilo. – Pero ya se desvanece.
Walter refunfuñó, pareciendo un niño pequeño en plena pataleta. Sonreí de lado.
-No sé qué es lo que te pasa, hijo. Eso… eso es – buscó la palabra adecuada, mordiéndose los labios compulsivamente - ¡tan extraño! Así que es lógico que me inquiete por ti. – Me tomó por el hombro, sin posibilidad de réplica, para sentarme y facilitar la revisión del reflejo ocular. Suspiré resignado por la lucecita que momentáneamente me cegaba.
-No le den más vueltas, ¿quieren? Algún día desaparecerá – contesté secamente. Teníamos asuntos más importantes de los cuales preocuparlos, en vez de una estúpida migraña.
-¡Es que no lo entiendo! – tomó su rostro entre las manos, angustiado. Me levanté y le di unas palmadas en el hombro, conmovido por su estado.
-Pap… - tosí, reparando en mi error- Walter, vamos. Cálmate.
Sus ojos brillantes en un principio por mi desliz, ahora estaban tristes. Miré hacia otro lado, incómodo.
-Peter, hemos ido al neurólogo, a varios psicólogos, ¡incluso acupunturistas! Y nunca encuentran nada. Cuerda de ineptos; quizás si me dejaras hacerte una sesión de electrochoques…
Levanté las manos a la defensiva.
-Ni se te ocurra. Sabes que detesto que me uses para tus alocados experimentos.
Sus hombros se hundieron, alicaído por la negación a su capricho.
-Está bien – aceptó a regañadientes -Pero tienes que reconocer la relevancia de los cambios en tus constantes cardíacas justo cuando se va aplacando la molestia, en vez de ser todo lo contrario. ¡Es como si apareciera de pronto! ¡Como si alguien accionara un interruptor!
Un escalofrío me recorrió la columna. Eso sí que sería el colmo: que a estas alturas me haya vuelto una "antena parabólica" como le sucedió a aquel hombre que dibujaba para purgar las visiones.
-No seas ridículo. Nadie estaría interesado en hacerme algo así – objeté queriendo convencerme también. –Tomaré un Paracetamol y estaré como nuevo. – anuncié preparándome para ir al cuarto de medicamentos, queriendo huir del análisis de mi situación.
No tenía nada. Punto.
Bueno, tras lo que pareció una eternidad, al fin me decidí a pasar en limpio el capi. Aunque parece que una masa invisible la leerá, jaja, exceptuando por supuesto a la muy bella Catherine Storr: gracias por tu apoyo!
Besos! :)
