Disclaimer: Kakashi ni Sasuke me pertenecen, son propiedad absoluta de Masashi Kishimoto y éste es sólo un pequeño tributo de una devota fan a su magna obra:


Las culpas del placer II.

Esa misma noche, cuando Kakashi había retornado a su apartamento, lo primero en lo que centro su atención- al cruzar el umbral de la puerta- fue en el reciente retrato colocado sobre la vistosa mesa de noche. Al costado de su cama. Lugar en donde le hacia compañía a otra imagen más, donde las evidencias del tiempo marcaban la diferencia en su amarillenta textura, corroída por las impurezas.

Ambos cuadros eran las fotografías de las únicas personas a las cuales llevaba en el pensamiento, y en sus recuerdos. Rememorándoles desde su corazón.

Y a diferencia de otros días, cuando parecía que todo lo que podía encontrar en ellos eran los acontecimientos del pasado, y las relaciones afectivas que forjó con estima, ahora lo único en lo que podía pensar al examinarlos, muy minuciosamente, era en el individuo que se mostraba a su lado con una mueca de hastió imborrable, similar a la que expresaba Naruto.

Fue entonces que no pensó en él cómo a un alumno a su cuidado, ni mucho menos como a un compañero de trabajo a futuro, tampoco intuyó en él cómo al genio talentoso que era- así cómo eran catalogados los shinobis de su naturaleza- sino, como a un posible hijo.

Un hijo que le necesitaba con los pies sobre la tierra brindándole algo más que ansiosos deseos por poseerlo.

Pensativo como había llegado, el shinobi canino se saco las sandalias, y el chaleco de la milicia representativa de Konohagakure, para colocarlo cuidadosamente sobre su lecho. Luego de haber apagado la luz.

Sumiéndose en las tinieblas, para seguidamente dejarse desplomar sobre el mullido colchón de la cama individual, y pasándose los brazos tras la nuca, diviso con su mirada bicolor el techo que le resguardaba. Desde hacía ya varios años de su vida.

Por el momento la insana lujuria que le había arrebatado la lucidez, al retroalimentarse de las obscenas imágenes que desfilaron por su mente, de la inconcebible copula de ambos, se desvaneció en el instante en que se decidido a aclararse la mente. E ir más allá de los placeres carnales.

Hace sólo algunas horas se había despertado muy animadamente- aunque le costara reconocerlo- y sólo tenía cabeza para divagar en ese tentativo cuerpo que tuvo la oportunidad de explorar en sus húmedos sueños. Apeteciendo poder tocar cada parte de su piel y anhelando probar el dulce sabor de esos sedosos labios color cereza.

Recapitulando lentamente el fugaz recuerdo de ese incidental encuentro, que no podía esfumar de su mente desde el momento en el que se despertó, lavo sus dientes, tomó una breve ducha, cambio sus mudas, desayuno, fue a la oficina del Sandaime y espero pacientemente la llegada de su equipo en el puente. Alrededor de las diez en punto.

En cada una de esas monótonas actividades no paro de reparar en ello ni un sólo minuto. Añorando con mayor intensidad hundirse en ese cálido interior apresado de sus tersas piernas.

Fantaseando en el placentero sonido de sus posibles gemidos cuando le embistiera... cómo música para sus oídos.

Pero finalmente, y gracias a que las palabras de Umino Iruka seguían impactando en su mente fue que consiguió reubicarse al sendero correcto. Prohibiéndose estrictamente aprovecharse de la situación para tener un contacto más allá de lo permitido con el chico.

Seguramente Obito se reiría cómo nunca de esto — Bufo. Observando detenidamente a su difunto colega, y con un alivio casi infinito cerró los ojos para conciliar el sueño.

Por lo pronto su único consuelo se adjudicaba de saber que no le había puesto ni una sola mano encima con "esas" intensiones.

º

Uchiha Sasuke era en apariencia un temerario escrupuloso del peligro, que muy remotamente se dejaba intimidar por los demás. Ya fuera en un combate físico o verbal, era casi imposible que alguien pudiera hacerle frente con la misma talla. Sin embargo, pese a todo lo que se especulara sobre él la única verdad era que el genin odiaba dos cosas: los dulces y la pubertad.

De camino a casa, cuando el joven shinobi del clan del abanico, deambulaba por las calles de la aldea oculta entre las hojas centro muy brevemente su atención en el modesto local de "Ichiraku ramen"; que a la vista dejaba ver las inconfundibles siluetas de Uzumaki Naruto e Iruka- sensei, engullendo entre risas y amenos comentarios un tazón de ramen recién preparado.

Quizás, por irónico que fuera jamás se había percatado del evidente afecto que se destilaba entre ellos. Por la forma en la que se relacionaban mutuamente asemejando en aquel instante a un padre y su primogénito. Cenando armoniosamente fuera del hogar.

Y de pronto, cuando sus obscuras pupilas analizaban a detalle los cálidos y gentiles gestos del chuunin para con Naruto, la difusa imagen del shinobi canino se adentro en su mente.

"Que lo de ayer no afecte tú desempeño"

Sus palabras. Aquellas palabras que le dedico antes de irse, y con las que turbio la pasividad de su razón.

Cerró sus ojos intentando borrar de su mente el desagradable recuerdo de su habitación.

No estaba molesto, tampoco podría decirse que odiara a su maestro por ajetrear de esa forma su ya malsana adolescencia. Sabía que Kakashi entendía perfectamente la situación... o eso es lo que quiso pensar.

Después de todo él no había hecho mención de absolutamente nada respecto a ello durante todo el día- sino hasta el final y sin llegar a incomodarle del todo-. Mucho menos le había estado escaneando de los pies a la cabeza cómo a un ente extraño proveniente de otro planeta. A decir verdad el ninja copia estaba más entretenido leyendo su dichoso libro que ni siquiera prestaba atención al exterior. Y sólo cuando el rubio se metía en embrollos, típicos de él, era cuando se molestaba en dar señas de vida.

Ahora sabía que podía pensar en él más que a un simple profesor. Quizás, cómo a un igual que cometía sus mismas faltas y errores. Aminorando con ello sus culpas... aunque fuera un poco.

Ya no tenía que azorarse por nada. Si, definitivamente Uchiha Sasuke no tenía porqué sentirse cohibido ¡Que va! Eso era asunto de todos los días. El jönin también era un hombre ¿O no? Y hacía las mismas cosas que él ¿Cierto?

¡¿Entonces porqué diantres tenía que sentirse avergonzado?

Él no era quién se leía esa sarta de liviandades frente a los demás, sin el menor pudor.

Cierto...— Concluyo metiéndose las manos a los bolsillos para reanudar su caminata.

Ya podía sentir que el peso sobre sus hombros comenzaba a aligerarse un poco, al declarar cómo al mayor de los depravados a su mentor.

Porque claro, a su lado lo que él hizo era insignificante. Para nada relevante.

Si.

Sin duda lo que él hizo no tenía importancia y eso es lo que deseo creer.

º

Precisamente para esa misma madrugada Hatake Kakashi se había despertado con un nuevo lío que con su suerte podría ser archivado dentro de los escandalosos expedientes de lo amoral. Adjunto a los de Jiraya y Ebisu.

Para esa ocasión no había sido otro sucio sueño erótico que sometiera a un menor de edad a sus más lóbregos caprichos. Afortunadamente se le había visto dormir cual bebe libre de pecado.

Tampoco había sido el mismo dilema de siempre, que llevaba debatiendo hace meses con la casera. Arrumbándole a un poniente de su entrada las montañas de basura que con gran cinismo alegaba que eran suyas. Con tal de que Hatake la librara de encargarse propiamente de deshacerse ella misma de sus desechos.

Un golpe de suerte le desentendió de tener que darle por su lado a la ancianita de ochenta años, para terminar llevándose su desperdicios al deposito cómo todo un caballero. Al fin y al cabo comprendía que a su edad esas labores eran exhaustivas, y por lo tanto, debía de ser flexible.

Ni siquiera tuvo que volver a lamentarse de que el agua caliente se le cortara a plena ducha. No, esta vez no se maldijo por echar a la basura su sueldo en las reparaciones, porque esta vez su día radiaba cómo ningún otro.

De no ser por que al abrir la puerta se topo de frente con el dueño de sus depravadas fantasías.

Uchiha Sasuke.

º

Una taza de té verde estaba puesta sobre la mesa en un educado ademán de su anfitrión por hacerlo sentir cómodo, y así, uno sentado frente del otro en el alfombrado suelo de madera permanecieron en quietud y completo silencio.

Por el momento las palabras habían sido innecesarias. Nada más allá de un escueto "Buenos días" por parte de ambos había sido pronunciado. Sumándose para esas alturas más de quince minutos en los que se sembró el silencio y un increíble desconcierto por parte de Kakashi.

Observándole de vez en vez en estado neutral. Con sus orbes negras extraviadas en un punto inexacto de la realidad. Mientras que él había estado hojeando un pasaje del "Tactis Icha Icha" por vigésima ocasión, sólo para no tener que incomodarlo con su mirada clavada sobre él, hasta que se decidiera a hablar.

Y espero...

Diez minuto.

Ya ni siquiera se centraba en la lectura.

Quince minutos más.

El té de Sasuke se había enfriado.

Veinte minutos más.

Tenía que comer algo.

Treinta minutos más.

Y...

— ¿Y bien?

Las mejillas del Uchiha avivaron su marchito color al tenerle de frente presionando su respuesta.

Cualquiera que lo conociera sabía que el experimentado hombre era paciente, aun más tratándose del chinchuriki del Kyuubi cómo problema, pero ciertamente aquel día- por sorpresivo que fuera- la impaciencia por conocer los motivos de su inesperada visita no se hicieron esperar.

Kakashi le miró sentado delante de él, con ese mismo semblante de indiferencia que no se dignaba a inmutar. Ni ha mirarlo directamente a la cara. Sus obscuras pupilas se clavaron en la verdosa sustancia que le había ofrecido en la guarda por mitigar el creciente rubor que luchaba por apoderarse de sus inmaculadas mejillas.

Haciendo evidente el hecho de que Sasuke aún no podía superar del todo lo que había pasado.

Por su parte, el novato ya podía maldecirse internamente por creer inequívocamente que le resultaría fácil encararlo al pensar en él cómo a un igual. Apenas y el de cabellos plateados le miraba e inevitablemente se sentía morir de vergüenza, al tenerlo tan cerca.

— Sobre lo del otro día yo...

— Es natural, sólo olvídalo — Inquirió al momento, atrayendo de inmediato la mirada del contrario para sí mismo.

Creía comprender la situación. Sasuke estaba avergonzado y asumía que era necesario darle una explicación que validara su arranque de lujuria, con tal de amenizar la situación en el equipo, pero se equivocaba, no había nada que argüir. Por su parte daría el tema por abandonado para ocultar las indecorosas ideas de sus pensamientos en lo más hondo de su ser. Ahorrándole con ello la pena de explayarse con el afán de disculparse.

Esto lo hacía por su propio bienestar y el de Sasuke por supuesto.

— No es eso — Alzó la voz. Descolocando por completo al ninja copia en el acto, y consecutivamente prosiguió haciendo un esfuerzo sobrehumano por mirarle a los ojos, — Sólo vine porque quería dar razón de mí imprudencia...— Pauto. Aquello le estaba costando un mundo al hacerlo. Nunca antes tuvo que disculparse, ni siquiera cuando era un infante, no cuando tenía que seguir los intachables pasos de Itachi —... por tomar el libro — Hizo otra pausa virando la mirada hacia otra parte, donde quiera que fuera, pero ya no más en la interrogativa orbe de su mentor, — Sin su permiso.

— ¿El libro?

Asintió con la cabeza, conduciendo su mirada en el libro reposando entre sus manos, cual niño no pretendiendo del todo confesar sus desmedidas travesuras.

¿El libro...?

Claro ¡El libro! Ahora todo cobraba sentido. Seguramente lo que ocurrió fue que dejo descuidadamente su libro al alcance de Sasuke en alguna ocasión, y éste inocentemente lo leyó.

Explicando con ello porqué le había hallado en su alcoba haciendo "eso". Y si recapitulaba lo que se abordaba en sus páginas ahora ya no le sorprendía saber porque razón fue orillado a efectuar tal acción.

En fin, eso ahora forma parte del pasado — Exhaló poniéndose de pie, ante la mirada atenta del Uchiha — No hace falta que te sermoneé diciéndote que esa lectura no es apta para chicos de tú edad ¿Cierto? — Apremió dedicándole una de sus despreocupadas y relajantes sonrisas que apenas y se discernían bajo la mascara. — Sólo olvídalo — Finalizo con total serenidad.

Kakashi no iba a sermonearlo. No había sido culpa suya que a él se le ocurriera dejar sus pertenencias en cualquier parte, y tampoco iba a hablarle de la sexualidad ni nada por el estilo.

Simplemente dejaría que las cosas siguieran su curso cómo es debido. Él sabía que si le daba una importancia de más al tema lo preocuparía y le haría sentir que lo que hacía era algo malo.

Si, eso es lo que haría, por nada él también había pasado por su edad.

Y así, al fin estimaba la llegada del cierre de ese pasadizo en su vida que deseaba olvidar.

Al escucharlo hablar tan desenfadadamente de su imprudencia, Sasuke se encogió ligeramente de hombros. No porqué le insatisfaciera su bohemia respuesta, sino porque aun no había dicho lo que le tenía que apostillar. Razón por la que estuviera ahí a las ocho de la mañana y sin haber desayunado algo todavía. Tal parecía que la idea seguía revolviéndole el estomago y le impedía hablar.

El menor de los Uchiha se había dado el valor de buscarlo por dos precisas razones.

La primera de ellas se debía a que había pretendido dar por sentado que aquello ya no le afectaba, para así no tener que coartarse cada vez que su asesor estuviera a escasos centímetros de él. Lo segundo era para esclarecer ciertas dudas que el ninja canino intuyó al vislumbrarlo. Claramente el chico quería hablar de lo que hizo impulsado por la estimulante lectura, cómo si él fuera un confesionario o algo por el estilo. Confiado de que ese incidente les ahorraría la ceremonización previa, que se montaban los padres para con sus hijos, a la hora de la dichosa "charla" meramente obligada.

Más inconvenientes para él resumidamente. Hatake no sabía si querría hablar de sexo con Sasuke después de las infamias que le hizo en su sueño. Todavía le costaba serenarse ante su cercanía.

"Estoy casi seguro de que si es con Kakashi- senpai las cosas fluirían por sí mismas, ¿No le parece?"

Trago saliva instintivamente.

Ya no sabía si enorgullecerse por la idea de que le tomaran por un adulto maduro y paternal, o si maldecirse porqué de entre toda la horda de personas en Konohagakure, Sasuke le eligiera para hablar de aquel lexema.

— ¿Qué... es un orgasmo? — Escucho muy lejanamente perplejo.

Inmediatamente comprendió que esa sería la primera de una serie de tediosas y engorrosas preguntas.

º

Transcurrieron alrededor de cuatro horas desde que el muchacho llego de visita a su apartamento, y le había bombardeado con más de una incógnita, recalcinándose por ser bien atendida.

Suspiro.

¡Ese era su día libre maldición! Pero ya no importaba... todo era en aras por cumplir bien su papel de suplente paterno, además, si con eso podía lavar sus culpas no estaba tan mal desperdiciar esas valiosas horas de posibles lecturas en solitario. Ya se sentiría mejor cuando concertará el sueño por las noches, sin verse nunca más acosado por la misma premisa dándole vueltas por la cabeza una y otra vez.

En efecto. Tenía que soportar endeble sus responsabilidades.

Cómo era lo apropiado, el ninja copia resolvió cada una de sus incertidumbres empleando una marejada de tecnicismos que eludían rosar más de una vez con conclusiones morbosas o redundantes. Limitándose a hablarle a fondo de lo que era viable conocer a su edad, y creando una inapercibida vertiente sobre lo que aun podía esperar. Sin llevar en ningún momento a nivel personal ni una sola cosa.

— ¿Tienes otra duda? — Manifestó similar a un profesor de la Academia, terminando de explicar su teoría, para pasar a observar por el rabillo del ojo el reloj de cabecera, que para esos instantes marcaba las doce de la mañana.

¿Cómo diantres había hablado tanto?

Oh, claro, todo era gracias a que el genin se ofrendaba a replantear diez dudas más sobre la cuestión original.

Volvió a suspirar.

Contemplando al muchacho rígido cómo a una estatua. Soltando preguntas al azar sin siquiera mirarle a la cara, y sus sonrojadas mejillas, a punto de recobrar su verdadera tonalidad, se tiñeron de un carmín aún más intenso al cavilar en esa interpelación que se había estado guardando para el final.

— ¿C...? — Se escucho apenas algo ininteligible escapar de sus labios. La pregunta había muerto en el aire.

Entonces fue que Hatake Kakashi lo supo. Ahí venía la pregunta más peligrosa de todas.

Una terrible bomba que estaba por ser activada a la cuenta regresiva de... cuatro, tres, dos, uno...

— ¿Cómo...? — Trago saliva en seco al tiempo en el que ladeaba la cabeza, haciéndose el indiferente, y tras una breve pauta articulo por lo bajo — ¿... puedo hacer para qué no duela? — Si alguna vez Sasuke deseo que la tierra le tragara esas sería sin duda la primera vez.

Kakashi estaba estupefacto.

Sólo había tenido tiempo de escuchar el estrepitoso "¡Boom!" de la bomba que había explotado en su cabeza... dañando cada una de sus neuronas.

¿Doler? ¿Doler qué? Por supuesto que le había escuchado claramente, aunque el joven shinobi no lo hubiese querido así. Kakashi era astuto, sin embargo, en ese momento su astucia era lo que menos le importaba. Él sólo conocía de un dolor en dicha materia y ese era mediante la penetración.

¿P- Pene... tra... ción...?

¡¿Pero cómo? ¡¿Con quién? ¡¿Desde cuándo y... por qué?

Calma...— Se decía así mismo, masajeándose la sien.

Inhaló y luego exhaló. Tenía que escucharlo primeramente de sus labios y luego se prometería que asesinaría al depravado que le había puesto las manos encima a un simple capullo.

... de acuerdo, él lo había ultrajado en sus candentes sueños, que para esas alturas se habían transformado en una verdadera pesadilla, pero no le había tocado ¿Qué ese no era un punto a su favor contra aquel pedófilo?

— ¿Doler qué? — Antes de continuar indagando o alegar cualquier estupidez quería escucharlo de sus labios, para saber que era exactamente de lo que hablaba. Tal vez pudiera referirse a alguna otra cosa, no precisamente tenía que ser...

—... "eso"— Le escucho decir en un susurro.

¡¿"Eso"? ¡Momento! Necesitaba saber todo con más detalle, algo más específico, gráfico y descriptivo.

¡Nombres! ¡Lo que él quería oír era el nombre y la edad del sujeto con quién hacía "eso"!

— ¿Cuántas veces? ¿Usaron protección? — Soltó indiferente, sólo para enfriarse la mente.

— Cuatro — Titubeo avizorando confuso a su asesor — Yo...

¡¿Cuatro? — Ni siquiera tenía que razonarlo. Sólo era un niño de doce años, ni más ni menos que eso ¿Y eran cuatro veces en las que había sido mancillado? Eso no podía permitirlo —. ¿Quién lo hizo? — Arguyó con un brillo en los ojos similar al que usaba en batalla. Un brillo que conmocionó al Uchiha al verse asechado por el. Estremeciéndose ligeramente de sólo imaginar que lo que lo puso en ese estado había sido su respuesta. Cómo si hubiera sido una blasfemia mucho más insulsa que la de renegar sobre sus orígenes.

Y...

Por un sólo momento toda la seguridad que portaba para estar ahí y hablar con él, confiadamente, se desplomó por los suelos. Irremediablemente.

¿Acaso hizo mal al hacerlo a su edad?

No lo sabía. De momento sólo pudo suponer que lo que hizo fue algo imperdonable y así, sólo basto un pequeño descuido por parte del mayor para que la reconfortable sumisión de su alumno fuera abolida y deseara irse cuanto antes.

— Me voy — Profirió poniéndose de pie y yendo hacia la salida.

— Espera, Sasuke.

Su escabullida se vio afectada justo cuando su muñeca fue frenada antes de que siquiera tocara la perilla de la puerta. Siendo su mentor quién se oponía a que se fuera.

Sasuke viró sus ojos hacia él con cierto desconcierto. No comprendía el motivo de su actitud y su arrebato ¿Realmente era tan malo que lo hiciera a su edad? No era cómo si hubiese cometido un homicidio ¿O si?

¿Acaso era tan difícil de asimilar?

Solamente deseaba estar sólo, ahora que le había comenzado a coaccionar que fuera él quién preguntara. Hurgando en su interior y llenándole de culpa. Estaba apenado y sólo quería irse a casa.

— ¡Apártate! — Exclamó enfadado. Obligado a ser rudo si la situación lo requería, pero el ninja copia no flaqueó. Dando pie de esta forma a un espontáneo forcejeo, que se suscitó sin que ninguno se molestara en escudriñar en las verdaderas intensiones que radicaban en las reacciones del opuesto.

No hubo palabras de por medio, más que una muda duela por parte de ambos. Con Sasuke queriendo escapar y con Kakashi deseando protegerlo.

Una pequeña disputa que les duro largo tiempo antes de que- y cuando menos se lo esperaron- un golpe en la frente del menor- propiciado por gracia de la puerta- los condujera al suelo. Hallándoseles dentro de poco uno sobre del otro y con sus labios posados sobre los contrarios.

Uchiha Sasuke yacía sobre el jönin e inmediatamente alarmado deshizo el contacto con sumo rubor.

Se sintió intimidado, porqué a pesar de que la máscara sirvió como una muralla que estaba de por medio, la calidez que emanaba su aliento traspasaba la tela. Creando una agradable sensación en sus labios.

Ese era su segundo beso.

Robado accidentalmente por otro hombre cercano a él.

Hatake Kakashi.

Y de pronto, cuando todo estaba en completa calma lo único que pudo apreciar fue la obscura pupila de su mentor, centrándose en él sobre protectoramente. Acogiéndolo de tal manera que le fue inevitable no perderse en su profundidad.

Obligándolo de cierta forma a permanecer ahí, a su lado, sin siquiera darse cuenta de que la posición en la que se encontraban era un arma de doble filo... un arma que sacaría de su jaula a la bestia que controlaba los impulsos del sujeto de melena plateada, de no hacer algo al respecto para romper con la cercanía de ambos cuerpos.

¡Muévete! ¡Muévete! ¡Muévete! ¡Muévete ya! — Se ordenaba mentalmente. En un debate que llevaba a cabo contra sí mismo, ahora que su cuerpo- que pesaba como el plomo- no estaba para nada dispuesto a colaborar. Sin poder apartar de su vista aquellos carnosos labios, que ligeramente entre abiertos, le tentaban a invadirlos para profundizar el beso que apenas y se dio el gusto de probar.

Estaba intrigado.

¿Por qué no se apartaba?

Estaba de acuerdo en que el chico aún era muy inocente y que no tenía la menor idea de lo que su ser entero provocaba en él, pese a su peculiar frialdad para alejar a los demás, y temía que de no retirarlo a tiempo comenzaría a pensar con la cabeza equivocada. Culminando su más obscura ambición.

Era muy cierto que decidió que abandonaría la monstruosa idea de hacerlo suyo y que se determinaría a cuidarlo cómo a un hijo, pero... ¡No era sangre de su sangre! Y la brutal atracción que le abordaba cada vez que reparaba en ello lo tentaba a pecar. No hacían más que escasas horas en las que desistió de poseerlo, y muy a pesar de eso, era ineludible disipar ese arquetipo de su mente. Teniéndole así de cerca.

Se maldijo para sus adentros. Terminaría por excitarse de no distanciarlo.

— Sensei — Murmuro el chico quedamente. Sobresaltando con ello a su mentor, quién por inercia flexionó aquella pierna que se situaba justo en medio de las suyas. Propinándole accidentalmente un doloroso golpe que hizo caer en sus brazos a Sasuke.

— ¡¿Te encuentras bien? — Soltó bastante alertado. E irguiendo su dorso, hasta verse sentado sobre el liso suelo de madera- con el Uchiha encima- llevó sin pensar su mano hasta la parte afectada de su pupilo. Para sobarla, sin advertir la infamia que estaba cometiendo inconscientemente.

Frotando su entrepierna. Incitando a que la espalda de su discípulo se arqueara levemente.

—... sensei — Jadeo Sasuke, imperceptiblemente excitado, al sentir su mano acariciando sutilmente su hombría, y cerrando sus párpados- ante el sopor de la delicada caricia- enrojeció al instante.

Resintiendo un plácido hormigueo recorrer su parte baja. Desvaneciendo de esta forma su cabeza sobre su hombro, mientras se ferraba doblegadamente a su camiseta.

Rápidamente Kakashi le soltó abruptamente aterrado de la barbarie que estaba llevando a cabo, al caer en la cuenta de ello.

Enmudeció.

Denotando el semblante cabizbajo del shinobi a su cuidado.

Era tarde, el joven ninja experimento mucho placer con su mano estimulando su pene. Tanto que de cierta forma codiciaba que no parara. Y le miró, con sus atezadas pupilas reflejando un cándido destello diferente del usual. Uno cargado de una descubierta lubricidad aflorando.

Ambos silenciaron sin conseguir mirarse directamente. Completamente abochornados. El chico sufría de una tenue erección entre sus piernas y Hatake no tenía idea de que debía de hacer.

¿Cómo fue a hacer tal salvajada?

¿Cómo...?

Sabía que si le dejaba así resultaría muy doloroso para él. Tenía que terminar ahora que el prominente bulto entre sus piernas necesitaba ser atendido.

Enrojeció.

¿Qué iba a decirle? ¿Qué finalizara lo que su estupidez provoco?

... no, no podía...

Porque lo que él quería muy meollamente era ser ése quién le produjeratales sensaciones, con la finalidad de escucharlo gemir muy cerca de su oído. Igual que hace un momento... tocarlo y... follarl...

¡No! — Se mandato. Llevándose una mano al rostro.

No podía, no a él de entre todo el mundo.

Le visualizó. Sasuke estaba cubierto de rubor, y se encontraba mucho más vulnerable a comparación de cuando comenzaron a conversar sobre el tema de la sexualidad. Verlo así, siendo un joven tan obstinado y orgulloso le fascinaba. Saber que no tendría nada de malo al no ser el primero, y que se haría de ese delicado cuerpo.

Anhelaba tanto tenerlo...

— Sasuke — Le llamó con voz suave.

Sasuke apenas y le miró.

Sin entender cómo fue a pasar Kakashi le tomó por la cintura. Apegando aún más su cadera a la suya, y atrayéndole con su mano libre- posesionándose dócilmente de su nuca- unió sus labios con los suyos nuevamente.

Fundiéndose con él en un noble beso que se vio afectado por la estorbosa máscara, pero que para él había sido suficiente.

Un beso.

Era sólo un insignificante roce y todo lo que robo de él antes de continuar.

Cómo si nunca hubiese existido.

Y cerrando de un portazo la entrada con la punta del pie también oculto su crimen; ese inexorable deseo de menguar la lujuria que le condujo a llegar demasiado lejos aun fuera de sus sueños.

— Déjame hacerlo por ti, yo no voy a lastimarte — Susurro en su oreja, erizándole la piel.

El Uchiha no supo que decir, sólo se dejo llevar por su hipnótica mirada, que no conseguía desechar de su mente. Desde el instante en el que le beso.

º

Jadeaba.

Una multitud de veces con aquel miembro erecto agolpando deliciosamente un preciado lugar en su interior. Entrando y saliendo de su recto que se contraía con cada embestida. Acción que complacía mucho a su mentor, quién sentía como su pene era estrujado por las calientes paredes anales del menor.

Estaba tenso y sufriendo una ola de espasmos llenos de placer. Con su cuerpo oscilando de arriba hacia abajo, por efecto de la fuerza tan agresiva con la que le arremetía, chocando una infinidad de veces sus caderas con las suyas.

Reprimió un gemido, aprehendiéndose a las sábanas. Sufría ya de una nueva erección y le avergonzaba tanto que lo supiera. Que fuera él quién lo mirará mientras ocultaba inútilmente su rostro bajo la almohada, para que no descubriera su gozo.

Su barrera cayó al suelo.

Kakashi se mecía frenéticamente dentro. Apoyando ambas manos a sus costados, para no perder el ritmo que se concentraba en esa minúscula parte de su ser, y el graznido de las aves sobre el techo escudaron los obscenos sonidos de lujuria escapando dentro, en conjunción con el incesante rechinido evocado sobre su lecho, lo cual, corroboraba que la vigorosa actividad estaba en su pleno apogeo.

— M- Más...— Suplico deliberadamente, y pronto el hijo del legendario colmillo blanco aumento el compás de sus movimientos, haciéndolo evidente en el clamoroso traqueteó de la cama.

Delineando la nívea efigie que follaba y recibía su grueso miembro con dificultad, a pesar de haberlo lubricado previamente.

Era cálido y el aroma de su marfileña tez le embriagaba al tope, de la misma forma que sus ingenuas reacciones ante un nuevo estímulo le excitaban, paulatinamente.

Cerró sus ojos.

No lo amaba, tampoco quería protegerlo cómo a un hijo, solo... deseaba poseerlo.

Solo eso.

Tenerlo ahí, en ese instante, le hacía feliz. Aunque fuera la peor de las vilezas.

Ya no podía resistirlo, no más. Hasta que se saciara por completo.

Abrió sus ojos.

Gotas de semen derramado le recordaron las perversiones que hizo al brotarlo de su infantil virilidad. Masturbándolo con la mano y obligándole a devolverle el favor con su dulce boca.

Gimió.

Escuchándose por largo rato sus roncos gemidos y los suaves suspiros de su pupilo.

Perdido entre cada caricia y cada palabra entrecortada grabándose en su memoria.

Contempló la próxima llegada del orgasmo de Sasuke en su rostro. Prolongando sólo un poco más el suyo para poder satisfacerle. Aumentando el ritmo. Dando más y más duro que la estocada anterior. Con sus cuerpos cercanos enteramente bañados de un aperlado sudor.

Más. Sólo un poco más.

Jadeo.

Sasuke gemía incontrolablemente aferrándose ahora mismo a su amplia espalda.

Más.

Y era incapaz de pensar.

Otro poco más.

Ya ni siquiera le escuchaba.

Más.

Y el estrepitoso sonido de un cuerpo caer al suelo le obligo a abrir los ojos de par en par.

— Hum...— Suspiro con decepción. Seis de la mañana y su ardua jornada estaba por comenzar.

Parpadeó un par de veces antes de levantarse perezosamente del suelo, y yendo hacia la ducha recordó lo sucedido.

Un beso.

Si, hubo un beso.

Sonrió. Antes de que el agua fría le bajara los ánimos de un sólo golpe.

Se alisto una vez fuera del cuarto de baño, y cambiando su indumentaria salió del modesto apartamento, para verse seguidamente atajado por las montañas de basura de todas las mañanas. Obstruyéndole el camino.

Volvió a suspirar.

En un abrir y cerrar de ojos su molesta casera apareció para recoger la renta- momento en el que seguramente había actuado-, y sin perder tiempo la mujer de la tercera edad le encaró extendiendo su mano hacia él, aguardando impasible a que el jönin tendiera la cantidad monetaria en su rugosa palma.

Una vez que éste lo hizo ella dio media vuelta para marcharse del lugar.

— Disculpe... ¿Obaa- san?

— Ah, Hatake, cuando aprenderá, cuando aprenderá — Resolló muy indignada, al saber que le preguntaría de nueva cuenta sobre las "milagrosas" apariciones de toneladas de desperdicios en su puerta; y retirándose cuando antes le ignoro cómo acostumbraba ser.

Retuvo su mirada un par de segundos.

Y mirando desganadamente los bultos de envoltura negra les tomó para llevarles al depósito de basura. No le molestaba ser amable, no cuando la persona a tratar no era una completa descarada cómo su casera.

Dentro de poco fue por una pequeña despensa. Esta vez cocinaría algo en casa para desayunar.

Estaba contento por extraño que fuera; muy a pesar de que esas supuestas "pesadillas" continuaran asaltándole por las noches tras un nuevo acercamiento con el genin.

Y al regresar a casa se sorprendió de ver a su alumno frente a su puerta. Mirando hacia la nada como siempre.

Le había besado... por accidental que hubiese sido...

Agitó su cabeza, disipando de su mente ese recuerdo y se acerco hasta él, denotando su extremo nerviosismo al tenerlo muy cerca de él, claro esta, haciéndose el omiso como siempre.

— Io~~ *—. Saludo con una mano ligeramente levantada y con ese mismo gesto de niño que tanto le caracterizaba.

— Hm — Musito lacónicamente él, en forma de respuesta.

— Estaba por desayunar ¿Quieres acompañarme?

Sasuke dudo por un minuto, mirando tímidamente al de melena platinada abrir la puerta y dedicarle una momentánea mirada tras ejecutar la acción, por lo cual ladeo la cabeza antes de que notara que le había estado observando detenidamente.

— Hm — Asintió entrando a la vivienda.

Kakashi sonrió. Tal parecía ser que el novato le había acogido igual que Naruto a Iruka. Cumpliendo de esta forma con su misión, y el peso sobre sus hombros disminuyó, aunque fuera sólo un poco.

Ya aclararían ciertas dudas juntos y quizás las rutinarias visitas de su aprendiz le daría cierto brillo a sus mañanas.

Entro, cerrando la puerta tras de si.

Después de todo, los días malos en su vida también radiaban un poco.


*Según yo es la frasesilla que dice Kakashi al saludar a las personas.

Por si quedo alguna duda por ahí, si hubo un beso, fue ese que se dio cuando cayeron al suelo, pero tan pronto se dió Sasuke se marcho. Por lo que lo demás sólo fueron las fantasias de Kakashi.

Este fic lo escribí por varias razones. Uno, por que me gusta el shota (aunque sea un genero obscuro), dos, por que siempre tuve el morbo de explorar en la sexualidad de ambos personajes, no me negaran que ambos shinobis son de los más asexuales del anime- manga y tres, por que quería ver si era aunque fuera un poco buena escribiendo ecchi.

Pero en ningun momento quisé que Kakashi quedara como un depravado que va abusando de sus alumnos, no, simplemente quería dar un visto bueno de sus malsanas fantasias, así como mostrarles que dentro de nuestros sueños somos capaces de llegar a hacer cosas impensables, pero que nunca podrían pasar más allá de nuestras fantasias. En una pequeña duela interna entre el placer y la moral.

Yo sólo espero que les haya gustado independientemente de lo perverso del drama.