AMOR PREHISTÓRICO

FAIRY TAIL ©HIRO MASHIMA

Sinopsis: Natsu debe de asumir el control del Clan Dragón de Fuego con una condición: conseguir una compañera y formar una familia. Incluso inquieto con la idea, sale de cacería y descubre una presa inusual. ¿Qué sucederá cuando descubra que su presa no ni más ni que su compañera? Natsu, ¿se comerá a la chica o formará una familia?

Nota de la autora: Reedición definitiva. Espero que disfruten de todos los ajustes que con tanto empeño coloque.


Capítulo 1: La bonita presa

La forma en que nacieron de las aldeas humanas fue provocada por los humanos que no estaban interesados en todo lo que decían los dragones sobre esperar a la pareja dispuesta por el destino gracias al hijo rojo. Ellos creían que los dragones querían controlar sus vidas y no confiaban que fuera netamente verdadero. Había una inmensa cantidad de aldeas humanas esparcidas por el mundo, pero una aldea estaba destacando últimamente debido a quien la dirigía. Era un humano, un humano llamado Jude.

Jude desde que era chiquillo se consideró alguien con suerte. Con solo doce años encontró una mina repleta de oro y como la ley en su aldea era de "el que lo encuentra, se lo queda" todo ese tesoro quedo bajo sus dominios. Tanta suerte encima y una mente que empezó a hacerse avariciosa, tenía solo quince años cuando ya era dueño de siete minas repletas de oro donde tenía mucha gente trabajando para él. Y a pesar de solo él ser un muchacho y ellos adultos.

Mucha suerte sin duda.

A los veinte años cumplidos, el muchacho suertudo convierte en jefe de su propia aldea. El linaje familiar anterior no podía competir con su riqueza y además este mismo los había amenazado para recibir el título de jefe. Jude necesitaba más multitud para sus minas y siendo el dirigente de una aldea podrá cumplir ese objetivo. Tuvo la suerte de que de ese entonces cedió sin mucho resistir y ahora él era jefe.

No solo tenía riquezas, disfrutaba de todas las mujeres que se colaban en su lecho solo por tener a un millonario entre sus listas de hombres conquistados. Mujeres y riqueza, ¡vaya suerte la de Jude!

Cuando Jude ya tenía veintiocho años, decidió era tiempo de conseguir una mujer decente para hacerla su esposa. Sin embargo, no siguió esa estúpida antigua tradición de buscar a la pareja a través hilo rojo, él solo espero a su suerte le diera una mujer de buen cuerpo, pero no arrastrada como con las que él se acostaba diariamente. Y mientras esperaba, disfrutaba esas a las que llamaba arrastradas y les compraba joyas con su riqueza.

Entonces sucedió lo que tanto espero.

Hubo un día en que en la ribera del río observó hacia el cielo y contempló como una mujer caía ante sus pies.

Había encontrado a esa mujer que tanto esperaba que su dichosa suerte le otorgara.

Era una mujer rubia de ojos color caoba, un cuerpo perfecto y caída del cielo. Toda digna de un dichoso suertudo como él y cuatro años más tarde, su suerte aumentaba con una hija idéntica a su madre.

Tenía toda la suerte del mundo: una mujer ideal para ser su esposa, una hija tan perfecta como su madre, riquezas por muchos años y todas las mujeres que quisiera.

¿Qué no debía tener mujeres porque estaba casado?

Jude no le interesaba respectar eso. Layla era buena en la cama, pero no podía evitar engañarla con otras mujeres por el simple hecho de que le gustaba andar entre mujeres distintas, sin discriminar ni pensar en las consecuencias.

Mientras tuviera suerte, nada malo pasaría.

Hasta que un día su suerte desapareció.

El hombre que comenzó con una mina encontrada por puro azar tenía cuarenta y siete años cuando Layla le confesó algo que cambiaría su vida para siempre: ella era hija de un dragón estelar llamado Stellaire y que además tenía un hermano de nombre Steele al cual quería que Lucy conociera ya que su hija también presentaba rasgos de dragón. En su caso por ser hija de una humana que había aprendido la magia, hacía de Lucy una dragona slayer estelar.

Con tal confesión, Jude enloqueció y acuso a Layla de ser una bestia salvaje y de haber traído al mundo a una criatura semejante a ella.

Aterrada por la inesperada actitud de su esposo, Layla pretendía huir con Lucy hacia el Clan Dragón Estelar. Sin embargo, Jude evito todo aquello asesinándola antes. Todo fue por un hachazo por la espalda y después tirando su cadáver desde un risco.

La suerte que tenía se había desaparecido, ahora solo le quedaba el recuerdo de una mujer animal y su hija alimaña aún viva.

Llegando a los cincuenta años, decidió que si casaba a su hija con algún hombre de buen rango en su aldea podría evitar la vergüenza de que se enterasen que era una dragona.

¿Qué sería de él? Pues no sabría nada y aunque le doliera en el alma, accedería a asesinarla y luego tendría una heredera más digna con una mujer más joven, su actual esposa, por ejemplo. Era una pelirroja con la cual Lucy no tenía relación ya que pensaba que a su padre le había dado igual la muerte de su madre a manos de aldeas enemigas- excusa que le dio Jude a Lucy por la muerte de Layla.

El día en que Jude arreglo el compromiso de su hija con un hombre de su misma edad, este último le hizo ver al padre de Lucy que le interesaba conocer a su hija en la privacidad. El padre de Lucy, sin impórtale, lo acompaño hasta la habitación donde su hija descansaba. Lucy había escuchado todo por haberlos espiado.

En cuanto el hombre entro a su cuarto le lanzo un buen golpe con su hacha de mano y matándolo enseguida. Jude, incrédulo ante la repentina muerte del aldeano, se arrojó con intenciones de golpear a la blonda unas severas bofetadas que fueron detenidas por la mordida en su mano proporcionada por Plue, el lobo blanco mascota de Lucy.

—¡Maldita dragona, no eres mi hija! —se quejaba el rubio mientras retenía el sangrado en su mano. Plue volvió a atacarlo con ferocidad, esta vez destrozando parte de su torso—. ¡Maldito lobo!

—¡Para, Plue! —la inmensa criatura obedeció, no sin antes dar un último mordisco a la única mano sana del hombre—. ¡Es hora de irnos para buscar a mi verdadero padre! —Plue se acercó a ella y subiéndola a su lomo para llevarla hacia afuera de la aldea humana con un rumbo bien marcado: su nueva vida.

Sorprendido ante las últimas palabras dicha por la muchacha, Jude dedujo dos cosas: Layla quizás fuera la mujer que le fue caída del cielo, pero ni ella ni Lucy fueron completamente suyas.

Y el hermano de Layla no era su hermano en verdad. Ese dragón era su esposo y por ende eso hacía que Lucy no fuera su hija de sangre.

Posiblemente Jude, a fin de cuentas, no siempre tuvo toda la suerte para él. Pero algo estaba seguro, ahora dentro de él corrían deseos de venganza contra los dragones y todo lo relacionado a su existencia.

En especial contra los dragones estelares.

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Natsu Dragneel había aparecido a este plano existencial sin inquietarse de los sucesos del mundo. Continuamente había vivido en una especie de espacio donde cualquier cosa podía realizar y siempre había altas expectativas ante los acontecimientos.

En síntesis, un sitio donde nada podía salir mal.

Sin embargo, existió un tiempo en que tuvo que abordar a preocuparse por situaciones de fuera de su simpática burbuja.

El primer hecho que lo inquietó fue enterarse que no era hijo biológico de Igneel y Terry, par de dragones que lo habían acogido después de hallarlo a merced del riesgo una noche de tempestad.

¿Qué no era obvio que él siendo un ser humano y sus padres dragones, Natsu no era adoptado?

La respuesta parecía muy clara, Natsu Dragneel no compartía la sangre con aquellos seres.

A pesar de la explicación con detalle, al dragón slayer la noticia de todas formas le afecto siéndole un tanto duro asumirlo, pero fue gracias las palabras de ambos dragones que comprendió la situación y él mismo confesó que, aunque encontrara a su familia biológica, eternamente escogería la vida de dragón que había obtenido gracias a Igneel y Terry.

En ese entonces tenía diez años y aunque tenía varias preguntas rondando en su mente, las ignoro por cuenta propia.

Tiempo después y con trece años de edad, el entonces retoño de cabellos rosados se encuentra un huevo. El huevo parecía de un dragón y con esa iniciativa lo traslada a su hogar para comentarles tal descubrimiento a sus padres. Lo incuban, lo cuidan y esperan a que una prole nazca, no obstante, sale un gato azul. En un principio para Igneel era un bocadillo, pero tras una tunda de su esposa y un regaño de la misma, el gato pasó a formar parte de la familia.

Pero dicha criatura no resultó ser un pequeño gato, resulto ser una pantera de un pelaje azul.

A Natsu le preocupaba que no aceptaran a Happy a que en el clan era poco común tener animales salvajes de mascotas. Por suerte fue todo lo contrario y la tendencia de tener gatos nacidos de huevos como mascota fue extendiéndose por todos los clanes.

Natsu comienza a hacerse popular no solo por imponer tal tendencia, sino que su fuerza, habilidad con el fuego y destreza en combate son otros aspectos que aumentan la fama alrededor suyo. Con trece años, el dragón slayer es testigo de cómo el Clan Dragón de Fuego incrementa su número de población en grandes cantidades gracias a su persona.

Con quince años, casi dieciséis, el dragón slayer es muy conocido y aclamado en gran medida en el ámbito femenino cosa que lo aterra. Igneel le explica entonces por primera vez lo que es para los dragones el tener un compañero y su importancia. Explicación que termina disgustando al dragón slayer.

Disconforme con lo que implica tener una compañera comienza a fugarse de las chicas lanzándoles fuego o flatulencias ocasionando destrozos y mal olor en el clan, pero, a fin de cuentas, lograba correrlas de su camino. Varias mujeres, en especial mujeres mayores, reiteradas veces lo habían acorralado en rincones para disgustarse para su cuerpo y él lograba escapar con menos prendas ropa encima y algunos varios chupones en su cuerpo.

Toda aquella situación comienza a preocuparle ya que no espera que algunas de aquellas féminas se enlacen a su persona, eran muy salvajes para su gusto. Su padre le explica que no puede ser así, que él solo tendrá una compañera de por vida.

Esa confesión de su padre hace que se sienta sereno con respecto a sus seguidoras/acosadoras pero la inquietud de quien es su compañera o compañero lo devora completamente.

Entrando ya en la adultez al haber cumplido los dieciocho años, el muchacho de cabellos rosados ha estado impaciente por su compañera o compañero al que aún no encuentra desde hace dos años y aunque este en lo que más le gusta, la recolección de carne, aquella inquietud no se disipa de su mente.

No quiere estar solo y además lo que más lo hace desear hallarla es cierta parte de su cuerpo que reclama, grita y pide por ella a toda costa.

Su instinto.

—¿Qué puedo hacer?, ¿1ué puedo hacer? —se indaga Natsu. No obstante, no es respecto a cómo cazar o que animal atrapar, sino a qué hacer en relación a su compañera o compañero desconocido no existente.

Está cansado y preocupado porque si no consigue ese requisito no podrá ser líder de su clan y su padre deberá de hacer un esfuerzo para seguir dirigiendo más tiempo del que debe. Y eso es algo que su hijo no quiere.

—No puedo permitir que Igneel esté más tiempo del debido. No puedo —piensa con preocupación. Mientras su mente es un volcán en erupción, Happy que se encuentra a su lado suelta un quejido lastimero para consolarlo de cierta forma—. Gracias, Happy —dice y se incorpora para observar al jabalí que pretendía cazar, sin embargo, ante su vista jade aparece algo diferente.

Era rubia y delgada, con un cuerpo bastante llamativo para el público masculino y sobretodo, bonita. Eso es lo que apareció frente al hijo de un dragón y él, atraído enormemente, se lanzó sobre ella olvidando todo lo que corresponde respetar a la hora de cazar.

—¡Bonita presa! —aulló y la susodicha, aterrada, empezó a trotar desesperada. El dragón slayer viendo la velocidad de la presa le arrojó un par de bolas de fuego en forma de disparo para distraerla y luego amárrala con unas cuantas sogas—. ¡Mía!, ¡la bonita presa es mía!

—¿Eh? Oye, yo no soy tu presa. ¡Soy una humana como tú idiota! ¡Me llamo Lucy! —protestó la muchacha y él asombrado de que hablara, al parecer, la bajo para permanecer ambos a la misma altura—. ¿Ahora me ves? Soy humana como tú. Humana —Natsu le echó un vistazo liado y como si algo se lo dijera, abordó a olfatearla, incauto. Lucy, contraría, torno todo su semblante carmín—. Oye... ¿qué haces?

El dragón slayer comenzó a moverse en torno a la rubia sin soltarla, reiterando al movimiento de olfatearla y mirarla varias veces, en verdad estaba intrigado. Era como que, en su interior, en cierto sector, se hubiese completado alguna parte faltante durante todos sus años de existencia haciéndolo sentirse ahora verdaderamente satisfecho, muy animado y sobretodo con un subidón de energía que jamás había experimentado.

Sí tan solo el dragón slayer indagara más a fondo en su memoria, descubriría que su padre alguna vez le dijo que aquellos "aumentos de temperatura" que tendría en el futuro no serían ni más ni menos que una promiscua excitación y alteración de hormonas provocados por haber hallado a su compañera de vida.

No obstante, para Natsu en esos momentos, su alteración se debía a una sola cosa.

—¡Gran cena con la presa Lucy! —vociferó contento, extasiado, alegre y lamentablemente, estúpidamente.

Alterada con lo dicho por el muchacho que la apresó, la blonda intento huir inútilmente como oruga lejos de él, pero en un encontronazo el muchacho ya la cargaba como bolsa de papas en dirección al Clan Dragón de Fuego y donde ella pensaba que encontraría su final cuando en realidad era tan solo su comienzo.