Pareja: Kai&Takao
Advertencia: Shounen –ai y Lemon
"Pensamientos"
–Diálogos.
–Escritos.
UN GRITO EN EL SILENCIO
–Kaily Hiwatari–
Continuación...
&&&Kai&Takao&&&
Mientras tanto, Kai preparaba algo para desayunar en la cocina pensando en lo que había sucedido hacía un segundo.
"Ha intentado escapar. ¿Pero por qué? Sé que sigo siendo un extraño para él. Pero podría intentar confiar en mí. Por lo que veo es de ideas fijas, se le mete algo en la cabeza y no cambia de opinión". Untó las tostadas con mantequilla. "Tiene que estar asustado... ¿pero por qué? Tengo que averiguar cosas sobre él y cuanto antes, sino no podré ayudarlo".
&&&Kai&Takao&&&
Takao también estaba sumido en sus pensamientos. "No sé qué hacer... ya no sé dónde estoy seguro o inseguro... tengo un lío en la cabeza. A veces pienso que sería mejor haber cogido otro medio de transporte que no fuese el avión. Tengo fe en que nadie me encuentre, que nadie me reconozca, en que todo salga bien y pueda llevar una vida medianamente normal". Se abrazó a la almohada, viendo cómo el paño pasaba por delante de sus ojos, resbalándose por su cara. Se sentó en la cama y metió el paño en el agua del tazón. Y en ese mismo lado, mirando hacia la mesilla de noche, se dejó caer poco a poco, sin soltar la almohada con la mirada perdida.
Kai entró con una bandeja y quitó el tazón de agua, haciendo que el joven de cabellos azules saliera de sus pensamientos y se fijase en lo que hacía. Kai estaba dejando la bandeja sobre la mesilla, cogió una silla minutos después y se sentó justo al lado de la cama. Cogió la libreta y se puso a escribir, mostrándole el mensaje al menor.
–Come, te sentirás mejor con el estómago lleno.
El joven de cabellos azules se sentó en la cama y miró el desayuno. No iba a negar que tenía buena pinta y que se moría de hambre, pero la desconfianza era un punto que no estaba a su favor. Kai cogió una tostada y se la puso en la mano. Después se puso de pie y salió de la habitación. El joven de cabellos azules en parte se sentía mal porque después de todo el bicolor había preparado ese desayuno para él y estaba durmiendo en su casa.
Minutos después vio entrar al bicolor con una bolsa. La puso encima de la cama y con la mano le indicó que mirase dentro. Soltó la tostada en el plato y se puso a investigar para ver que contenía.
Sacó varios paquetes en los que había tres bóxer. Sacó otros tres de calcetines, una camisa y un pantalón. Le miró incrédulo. ¿Qué se suponía que era eso?
–¿Qué es...esto? –preguntó con calma, sin saber si habría subido mucho el tono de su voz o no.
Cogió de nuevo la libreta y se la mostró a Takao tras haber escrito en ella–. Lo he comprado para ti, espero que todo sea de tu talla. Cuando termines de desayunar ve al comedor, tengo que cambiar las sábanas de la cama para que no empeores. Estaré allí si me necesitas. –Dejó la libreta sobre la cama y con una sonrisa fue caminando hasta llegar a la puerta y salir de la habitación.
En cuanto probó la primera tostada no pudo resistirse a tomarse todo lo que había en la bandeja, dejándola vacía. Pero algo le rondaba la cabeza. ¿Por qué ese chico se comportaba tan bien con él?
Cogió la bandeja y caminó hasta la cocina para dejarla allí, encontrándose con que Kai estaba ahí. Sus miradas se cruzaron por unos instantes ya que Takao rompió rápido el contacto visual y se fue al comedor para sentarse en el sofá.
Cómo habían quedado, Takao lo esperó sentado en el sofá mientras el bicolor cambiaba las sábanas de la cama. La verdad es que ese apartamento no era muy grande. Nada más entrar por la puerta de entrada, se encontraba de frente una pequeña mesita, detrás de ésta un sofá puesto de forma horizontal. Al lado derecho del sofá una mesita alta con un teléfono encima. Frente a uno de los brazos del sofá, estaba un armario grande con varios cajones y en medio de éste la televisión. Tenía el mueble del teléfono en frente. Detrás del sofá se encontraba en forma vertical puesta la mesa cuadrada con cuatro sillas. Otro mueble alto pegado casi a la pared con un jarrón encima estaba situado a uno de los dos lados de la puerta que daba a la cocina. Y por último, en el fondo, detrás de la mesa, una ventana bastante grande. A la derecha del comedor había una puerta en la que se encontraba la cocina y el cuarto de la lavadora. Y a la izquierda del comedor, la habitación en la que dormía y otra puerta dentro de la habitación que conducía al cuarto de baño.
La televisión estaba encendida, veía en ella las imágenes, pero por desgracia no podía escuchar nada. Por lo que estaba viendo, deducía que eran anuncios. Él los odiaba, pero en estos momentos desearía escucharlos.
No podía dejar de pensar en lo infeliz que estaba siendo por su sordera y por otros factores que para él no eran nada agradables. Intentó tranquilizarse un poco e intentar no pensar en nada, aunque eran muchos sus problemas y le parecía mentira tener la suerte de que alguien lo quisiera ayudar y más encima que le comprase ropa nueva. Se le hacía muy sospechoso y no lo podía evitar. Le daba miedo el confiar en la gente. Pero más miedo le daba el que le traicionasen, así que sintiéndolo mucho por el bicolor, se lo pondría bien difícil, si es que quería su amistad por alguna razón en especial.
Las imágenes en la televisión seguían pasando y él ya suspiraba cansado. Se acomodó en el sofá poniendo sus pies sobre éste, flexionándolos y apoyándolos sobre el respaldo para ver mejor la tele. Ya que la tele estaba puesta a la derecha del sofá, con lo cual con esa posición, le quedaría la tele frente a él. Se cruzó de brazos y siguió mirando las imágenes. Encima de ella se dio cuenta de que había un mando, así que se levantó para cogerlo y mirarlo de cerca, no sin antes hacer una pequeña mueca de dolor por su estado. Miró hacia la derecha para ver que en la puerta de la habitación no aparecía Kai. Así que con el mando en la mano, adoptó la misma postura de antes en el sofá, mientras que apretaba los botones del mando para cambiar de canal.
En uno de los canales estaban echando dibujos, así que lo dejo ahí, prestándole atención a los movimientos.
Kai escuchó el teléfono sonar, así que se fue al comedor, cruzando por delante del menor, quien al ver al bicolor se le quedó mirando. El bicolor cogió el teléfono y contestó.
–¿Diga? –preguntó Kai.
–Pensaba que no estabas en tu casa– le confesó el que se encontraba al otro lado del teléfono.
–Hola, esperaba tu llamada, Yuriy.
–¿Aún tienes a ese chico ahí? –preguntó curioso.
–Sí, todavía está aquí, y sigue siendo igual de reacio conmigo. Pero sé que llevará tiempo el convencerle de que soy su amigo.
–Entiendo. Oye. ¿Y por qué dices que esperabas mi llamada?
–Pues porque se me olvidó firmar cuando nos íbamos. Bueno, más bien no me dio tiempo, cuando Takao ya salía de la consulta. –Le explicaba.
–¿Está mejor con la fiebre? –preguntó el pelirrojo interesado.
–No lo sé –contestó sin más.
–¿Cómo que no lo sabes?
–No le he puesto el termómetro, pero creo que sigue igual. Es un chico un poco testarudo. Por cierto, cuando dijiste que era sordo ¿Te referías a totalmente?
–Pues te dije lo que observe a primera vista. ¿Por qué?
–Me gustaría que le hicierais más pruebas, para saber si podría recuperar la audición y eso. Me gustaría ayudarle y meterlo en el centro. –Aclaró el bicolor.
–¿Ya te has comunicado de alguna manera con él y se lo has hecho saber?
–No, aún no me tiene confianza. Aunque no quiero tardar en hacerlo. Me gustaría ayudarle cuanto antes, puede que en cuánto le baje la fiebre se lo diga. ¿Cuándo podrías hacerle esas pruebas?
–Pues, quizás dentro de dos semanas.
–Es mucho tiempo. ¿No podrías adelantarlas?
–Mn... Quizás en una semana y media, pero antes me es imposible. –le contestó al recordar su agenda.
Kai caminó con el teléfono hasta el calendario que tenía en la pared y con un bolígrafo que colgaba al lado pretendía rodear el día que Yuriy le indicase– ¿En qué día cae?
–Veinte.
–¿A qué hora?
–Diez de la mañana.
–Está bien, allí estaremos. En el caso de que no podamos ir por algo, te lo haré saber.
–Está bien, díselo a Takao.
–Lo haré –miró al mencionado viendo que lo miraba interrogante.
Rápidamente el chico de cabeza azulada dejó de mirarlo para hacer como que se fijaba en la tele, pero en realidad estaba intentando saber de que hablaba el bicolor por teléfono, porqué lo miraba y porqué había rodeado un día en el calendario.
–Adiós –se despidieron ambos colgando los teléfonos.
Kai dejó el suyo sobre la mesa y miró de nuevo al chico de cabeza azulada para después mirar hacia la tele. Le quitó el mando al menor con suavidad poniendo el teletexto y marcando unos números. Takao iba a reclamarle, pero recordó que no estaba en su casa y no era quien para reclamar nada. Su sorpresa fue ver que todo subtitulado en la tele. Se quedó boquiabierto y miró a Kai, quien le sonrió para después meterse de nuevo en la habitación. Ahora Takao podría enterarse de que iban los dibujos y eso era algo que tendría que agradecerle a Kai aunque no quisiera.
&&&Kai&Takao&&&
El bicolor se acercó hasta él, viendo de qué forma miraba hacia la tele con interés. Rodeó el sofá y se sentó detrás de él. Sin pensarlo llevó su mano hasta la frente del menor, sintiendo que el otro se la alejaba de inmediato y se ponía de pie, mirándolo con enfado.
–No te enfades, sólo quería comprobar si tenías fiebre o no –se puso de pie y sacó del bolsillo de su chaqueta el termómetro que acababa de coger del cajón de la mesita de su habitación–. Póntelo –al ver que el joven de cabellos azules lo miraba, pero se cruzaba de brazos, decidió cogerle el brazo y darle el termómetro en la mano–. Póntelo –le vocalizó, metiéndose su propia mano en su axila.
El moreno se sentó en el sofá y se puso el termómetro para después sentarse a ver los dibujos. Varias letras iban ascendiendo por la pantalla, indicando la finalización de los mismos.
Kai se fijaba en la cara del más bajo. Los morados ya iban desapareciendo de su mejilla y eso era buena señal. Aunque no podía verle el estómago para ver si ese gran morado iba mejor o no. Lo cierto es que no se atrevía a levantarle la camisa del pijama para vérsela, ya que el menor todavía se mostraba reacio a él. Ni siquiera permitía que le tocase la frente para ver si tenía fiebre. Así que mucho menos le permitiría hacer tal cosa. El termómetro hizo un largo sonido, indicando que ya había tomado la temperatura. El joven de ojos carmesí se puso frente a él, llamando su atención.
–Quítatelo –le vocalizó, señalándole la zona en la que el menor tenía puesto el pequeño artefacto. Takao con tranquilidad se lo sacó viendo lo que indicaba, 38. Kai se lo quitó de las manos con suavidad para mirar también la temperatura. Después miró al chico de cabeza azulada quien lo miraba con cara de pocos amigos. Kai le cogió de la mano–.Vamos a tu cuarto para que descanses... –no le dio tiempo a terminar la frase cuando el chico de cabeza azulada se la apartó–. No seas testarudo.
–De... ¡ja!... me –le esquivó la mirada cruzándose de brazos. Al ver que el bicolor no se apartaba, lo hizo con un brazo hacia el lado, para poder seguir viendo la tele.
–Vale –respondió antes de irse a la cocina. Realmente Takao se lo estaba poniendo muy difícil, era un niño testarudo, terco, y malhumorado. Pero nadie ganaba a Kai Hiwatari en cabezota. Iba a ayudarlo quisiera o no quisiera. Pensó con detenimiento. "Necesita ayuda. Tengo que investigar si tiene familia. Qué hace aquí. Porqué le dieron esa paliza y porqué se escondía cuando lo subí al coche. Tiene que tener un grave problema". Sacó el folio que llevaba los datos del menor del bolsillo de su pantalón.
"Takao Kinomiya, nacido en Osaka el 10/11/84, edad 22 años, grupo sanguíneo A positivo. No pone ni su estado civil, ni el nombre de sus padres, tampoco la calle en la que vive. ¿Por qué?". Le echó una ojeada a toda la hoja y lo que quedaba eran los datos que Yuriy había escrito de su consulta. "Ni siquiera un número de teléfono. Qué raro. Quizás pensó que era una tontería rellenarlo por ser de otra zona. Pero siendo sordo, lo normal sería ponerse en contacto con su familia, dejando los datos en el centro para que llamáramos a algún familiar. ¿Y si estuviera él sólo? ¿Y si no tenía familiares? Eso sería un problema más, aparte del de su sordera y comunicación conmigo. Debería de explicarle lo de las pruebas como Yuriy me ha dicho, pero, perdemos mucho el tiempo al escribir en las libretas y no puedo ver sus expresiones bien, aunque ahora no sé me ocurre otra manera de hacerlo. Así que tendré que coger ambas libretas y bolígrafos para decírselo". Dobló de nuevo el papel y se lo metió en el bolsillo.
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El joven de cabeza azulada vio que Kai se le cruzó por delante, sentándose detrás de él en el sofá. Sintió un pequeño toque en el brazo. Así que miró con un poco de cansancio hacia donde había sentido esa sensación, viendo así una libreta y un bolígrafo que le extendía. Lo cogió y se sentó bien en el sofá.
–He llamado al médico y me ha dicho que le gustaría hacerte unas pruebas para comprobar tu audición. Sería el día 20 de este mes. ¿Estás de acuerdo?
–¿Para qué quiere hacerme esas pruebas? No servirán de nada –respondió debajo.
–No pierdas nada con intentarlo.
–Ya me hicieron unas pruebas hace tiempo y me dieron los resultados. No hace falta que vaya a ningún sitio.
–Deberías hacértelas de nuevo, sólo para asegurarte.
–No me apetece –ese chico se estaba poniendo pesado, tenía que quitárselo de encima.
–Eso es ridículo. Irás –le ordenó el bicolor en el escrito.
–No –le respondió debajo y su cara empezaba a ser de pocos amigos con cada cosa que leía.
–Oye, a Yuriy le ha costado mucho darte hora entre tanta gente.
–No sé dónde está ese hospital –se excusó.
–Yo te acompañaré.
–No hace falta.
–Pero si no sabes dónde está –le aclaró el bicolor de forma obvia.
–Me da igual, no voy.
–¿A qué le tienes miedo?
–A nada, simplemente estoy harto de que me digan algo que ya sé de sobra. El resto de mi vida escucharé únicamente silencio.
–¿Y si se equivocaron? –quería sembrar en él esa duda.
–No lo hicieron. Y ya déjame en paz. No nos conocemos, no sabes nada de mi vida ni yo de la tuya, así que déjame tranquilo –escrito esto, lo dejó todo sobre la pequeña mesa de mala gana. Se puso de pie, dirigiéndose a la habitación bajo la mirada atenta y preocupada de Kai, viendo cómo Takao cerraba la puerta.
Se puso de pie sin soltar la libreta y el bolígrafo. Caminó hasta ponerse frente a la puerta y la abrió sin más, ya que sería un absurdo tocar la puerta cuando Takao no lo escucharía. Lo encontró casi frente a la ventana, mirando a través de la cortina, con una mano apoyada en la pared, sollozando.
"Silencio, ni siquiera podré volver a escuchar mi propia voz. Ni un solo grito, ni un solo llanto. Nadie salvo yo me entiende. No sabe por lo que paso, lo difícil que es ver cómo todos pueden comunicarse con sencillez, cuando todo eso ya se acabó para mí". Se dio cuenta de que a su derecha algo se movía, así que por defecto miró a esa dirección viendo al bicolor. Con rapidez se dio media vuelta y se limpió las lágrimas.
Kai se sentía mal por verlo llorar, sabiendo que él había sido el causante, así que escribió un poco en la libreta para después caminar hasta él y ponerse enfrente. Le levantó la libreta como si fuese una pizarra para que lo leyera.
–Lo siento. Haremos una cosa. Si te presentas a las pruebas y el resultado es que tienes un mínimo de audición, te quedarás conmigo y te ayudaré en todo lo que pueda. Si el resultado es negativo, te dejaré marchar sin hacerte más preguntas.
–¿De... ver... dad? –le preguntó mirándolo incrédulo.
Asintió, dándole media vuelta a la hoja de la libreta para volver a escribir, ya que la otra página estaba completa–. Es una promesa –escribió esperando al veredicto del otro.
–¿Na... da de... pregun... tas hasta...enton...ces? –preguntó con esfuerzo.
–No, pero si gano, tendrás que dejarme conocerte –le aclaró el bicolor en el papel rápidamente.
Takao se rascó un poco la cabeza mirando el suelo. En Osaka le hicieron las pruebas dos veces y el resultado había sido negativo, así que estaba seguro del resultado. Aunque miraba a Kai y éste también estaba decidido y parecía muy seguro, pero Takao no le había dicho nada acerca de una segunda prueba con lo cual ganaría seguro y no volvería a ver a Kai nunca más.
–Va... le –respondió el joven de cabeza azulada, viendo que Kai le estiraba la mano para cerrar el trato y así lo hizo. Le estrechó la mano, para después cruzarse de brazos.
–Estaré en el comedor, si necesitas algo, llámame.
El otro asintió sin más al leer eso, viendo a Kai salir de la habitación y cerrar la puerta. Caminó hasta la cama y se tumbó en ella. Vio que la bolsa estaba sobre la mesita, así que se sentó en la cama y le dio media vuelta a la bolsa para vaciarla. No podría quedarse para siempre con un pijama que no era suyo y ponerse todos los días la ropa que llevaba puesta cuando sucedió todo. Le gustara o no, debía de probarse la ropa y si era de su talla, quedársela. No fiándose, lo cogió todo como pudo y se metió en el cuarto de baño para probárselo todo.
&&&Kai&Takao&&&
Un chico de ojos color verde, estaba en una habitación de un hotel. Calculaba fríamente como recuperar a cierto chico de cabellos azules.
–Esos idiotas no servían para nada bueno. No lo han traído de regreso y ahí tienen su recompensa. ¿Dónde podrá estar? Si lo dejaron con moratones, quizás esté en un hospital –abrió el portátil encima de la mesa y en cuanto éste estuvo disponible se metió en Internet–. Llamaré a todos los hospitales de Tokio y en cuánto te encuentre, volverás a mi lado, como te corresponde –se decía a sí mismo. Se miró su mano derecha, viendo cómo un anillo de oro resplandecía.
&&&Kai&Takao&&&
Kai terminó de poner la mesa. Así que sin pensárselo más, entró a la habitación del moreno. Estaba totalmente vacía, la ventana estaba abierta... no se habría suicidado, ¿verdad? Corriendo se asomó por la ventana, cuando escuchó el ruido de la cisterna y la puerta abrirse. Se dio la vuelta con rapidez y cuando vio al chico de piel morena salir de ahí con tranquilidad. Se echó manos al corazón para intentar tranquilizarlo. Aprovechando que tenía la mirada confusa del menor puesta en él, le hizo un gesto con la cabeza indiciando que le siguiera. Takao así lo hizo, viendo ante sus ojos comida sobre la mesa. Kai le indicó que se sentara. Takao se sentó muy despacio y cuidadosamente por sus dolores en el abdomen y frente a él lo hizo Kai.
En la mesa estaban los cubiertos, el agua, un pequeño plato con pulpo troceado, una ensalada, carne con guarnición de verduras, dos tazones de arroz, pan y servilletas. Kai comenzó a servirse en su plato y cuando terminó de hacerlo, se sirvió Takao. Lo normal hubiera sido que Takao al ser el invitado se hubiera servido primero, pero Kai prefirió hacerlo así para que Takao entendiese que ya podía empezar. Mientras Kai comía, disimuladamente se fijaba en lo que Takao se había servido en el plato. Un trozo de pan, carne con guarnición y un poco de ensalada. Dejando de lado su tazón de arroz.
Que por culpa de su propia promesa no pudiera preguntarle cosas, no significaba que no estuviera atento a él. Se notaba que el chico tenía la mirada baja, quizás por timidez. Esa semana iba a ser muy larga, pero estaba dispuesto a esperar si podía ayudar al chico finalmente.
&&&Kai&Takao&&&
La tarde había llegado... Kai estaba hablando por teléfono mirando desde la distancia al menor el cual veía la tele en el sofá. Los dibujos que estaba viendo, fueron interrumpidos por los informativos. El chico de ojos color rojo zafiro empezó a leer los subtítulos, debía de ser algo importante lo que había ocurrido para cortar otro programa.
–Y pasamos con otro asunto. Ésta tarde en Tokio, en el distrito de Shibuya han sido hallados los cuerpos de cinco jóvenes sin vida... –apareció las imágenes de un callejón y los cuerpos sin vida, tapados con sábanas blancas, siendo llevados por camillas. De repente salió otra imagen, una foto de los cinco chicos.
Takao se llevó ambas manos a la boca. Kai al ver la reacción del menor, se acercó más hasta la tele para ver que ponía así a Takao.
–Espera un segundo –le avisó Kai al otro chico que estaba al otro lado del teléfono.
–La muerte se las ha provocado un solo disparo en el corazón. No se ha encontrado el arma en todo el perímetro. La policía no sospecha quien ha podido ser el culpable de estas muertes. Los vecinos tampoco dicen haber visto ni escuchado nada. Lo único que tienen claro es que se trata de un crimen. –La presentadora salió de nuevo a escena–. Bien, esto es todo por hoy. Más información, ésta noche a las diez. Que pasen una buena tarde –se despedía la mujer.
Kai se dio cuenta de que al menor le temblaba la boca y totalmente pálido.
–Kai. ¿Estás ahí? –preguntó el chico del teléfono ya que el bicolor no respondía a su pregunta desde hacía un rato.
–Sí. Bueno, mañana estaré allí, adiós –se despidió con algo de rapidez.
–Adiós –contestó el otro, colgando por fin.
Takao permanecía pensativo al haber leído esa noticia. "Dios mío, lo ha vuelto a hacer. Me encontrará otra vez. Jamás me dejará tranquilo. Encontrará a más gente para que le ayude y después los matará... igual que a todos". Una mano puesta sobre su hombro lo alarmó, haciendo que se asustara y sus pensamientos se desvanecieran por completo.
–Tranquilo, soy yo. Tenemos que hablar. –Recordó la sordera del otro, así que se recriminó mentalmente por su estupidez.
"Por favor, que no me pregunte... que no lo haga". Respiraba con dificultad por el nerviosismo. Veía que Kai movía su boca, le estaba diciendo algo y esperaba por su bien que no le preguntase nada relacionado con lo que acababa de salir en los informativos. Kai cogió la libreta y empezó a escribir.
–Prometí no preguntarte nada y eso haré. Pero quiero que sepas que mañana tengo que ir a trabajar y no volveré hasta el medio día. Confío en que estés aquí a mi regreso y cumplas nuestra promesa, como yo lo estoy haciendo. –Takao asintió inseguro, bajando de nuevo la vista a la libreta para ver qué era lo que escribía esta vez el bicolor–. Estás en tu casa –le escribió para darle más confianza.
Acto seguido Kai dejó la libreta sobre el sofá y se puso de pie, observando que el moreno ni tan siquiera le miraba. Caminó hasta la mesa que estaba tras el sofá y se sentó en una de las sillas. Takao parecía muy nervioso. ¿Pero por qué? Esa noticia parecía que le había caído como un balde de agua fría. Se había puesto a temblar al ver esas imágenes. Estaría relacionado con él. ¿Pero de qué modo? Empezó a meditar mientras se sentaba en la mesa con tranquilidad. Cinco chicos creyó haber contado cuando le estaban dando esa paliza. ¿Y si fueran ellos los fallecidos? Si fuese así, Takao sabría que no volverían a por él.
Su vista no dejaba de mirar a ese sofá en el que sabía que se encontraba el menor, viendo pequeños mechones azules asomarle por encima. Su mirada perforó el sofá al tener un último y peligroso pensamiento en la cabeza.
–A no ser... que vayan a por ti también –se dijo a sí mismo. Si fuese así, Takao estaría en un gran peligro, debería de ingresar en el centro cuanto antes.
Juntó ambas manos sobre la mesa, entrelazando sus dedos, mirándolos ahora fijamente. Estaba claro que no podía romper su promesa, sólo esperaba que cuando llegase mañana el joven de cabeza azulada siguiera allí.
Por su parte, el menor sentía como si el mayor lo estuviera observando y eso lo ponía más incómodo. Después de esa noticia ya ni le apetecía ver la tele. Tenía un montón de emociones metidas en su pecho y no sabía cómo iba a reaccionar, así que lo mejor sería irse a su habitación a descansar.
Apoyándose en el sofá consiguió incorporarse haciendo un pequeño fruncido con las cejas en desaprobación a su dolor interno. Miró al chico de piel blanquecina, el cual miraba a la mesa con mucha atención. Caminó unos pasos para acercarse a la puerta de su habitación. Se detuvo frente a ésta sin abrirla todavía. Estaba seguro de que el bicolor estaba ansioso por preguntarle porqué se había puesto así, porque era más que evidente su nerviosismo, pero lo último que quería era implicar a nadie, así que giró la perilla de la puerta y entró en la habitación cerrándola tras de sí. Con pasos casi mecánicos caminó hasta la cama y se recostó sobre ésta de lado. Sentía aún en su pecho esas sensaciones y no sabía qué hacer.
Una sonrisa de autocompasión fue lo primero que le salió del interior. "Tiene gracia, pensaba que la respuesta estaba tan clara. Que podría empezar desde cero de nuevo". Sus cejas se fruncieron por el enfado contenido. "Seguirá haciendo daño a los demás y lo peor es que nadie lo detendrá". Golpeó la cama con el puño por la rabia, mientras su vista se nublaba. "Nunca estaré a salvo. Me encontrará y en el peor de los casos me matará como a los demás. ¿Por qué a mí? ". Se preguntaba sintiendo cómo sus lágrimas mojaban sus mejillas amoratadas. "Esto es una pesadilla de la que jamás saldré. Me siento tan mal... tengo tanto miedo de lo que pueda suceder. De que me encuentre y todos mis esfuerzos hayan sido una vez más en vano. Estoy cansado de huir y sin embargo no me queda más remedio". Suspiró cansado. "En cuánto la fiebre me baje algo más y mis moratones desaparezcan huiré de aquí tan lejos, que me darán por muerto".
&&&Kai&Takao&&&
Esa noche Takao tuvo la misma pesadilla. Se tocó la frente y la tenía muy caliente. Se moría de sed. Después de todo eso, un vaso de agua le ayudaría a conciliar el sueño de nuevo, si es que podía después de eso. Miró en ambas mesitas y confirmó que había un vaso de agua pero estaba vacío. Se lo había bebido antes de quedarse dormido para tomarse la pastilla. Así que se levantó de la cama poniéndose una mano sobre el estómago y otra sobre la cabeza, ya que ésta también le estaba empezando a doler. Abrió la puerta despacio, viendo por la rejilla de ella que la luz estaba apagada. No le extrañaba, ya que eran más de las tres de la mañana.
Buscó el interruptor de la luz, sabía que lo había visto en algún sitio, pero al no ser su casa no lo recordaba con exactitud. Procuró no chocarse con nada para no hacer ruido. Una vez que encontró el interruptor, encendió la luz y pasó a la cocina. Allí abrió el armario, cogió el vaso y lo llenó de agua, bebiéndose el contenido. Volvió a llenar el vaso de agua para llevárselo a su habitación y así no tener que volver a levantarse. Apagó la luz de la cocina a su salida. No sabía si podría recuperar el sueño de nuevo, estaba demasiado nervioso, pero a la vez demasiado cansado. ¿Y si veía la tele? Sí, eso le relajaría un poco.
Se acercó hasta el sofá, dando un pequeño respingo al ver algo que no se esperaba. El bicolor estaba tumbado ahí, dormido con una manta encima que le tapaba medio cuerpo.
¿Por qué se tomaba tantas molestias por él? ¿Por qué le había dado su cama y no el sofá? ¿Quién era ese chico para preocuparse así por su estado? Aunque no le agradaban algunas cosas, debía de darle las gracias. Después de todo si no hubiese sido por él, quizás esos chicos hubieran acabado con su vida. Con una sonrisa melancólica apartó su vista del bicolor para irse a su habitación e intentar dormirse de nuevo.
&&&Kai&Takao&&&
Al día siguiente…
Kai aparcó el coche en el sitio de siempre. Rogaba al cielo para que Takao siguiera en su apartamento y no se hubiera escapado. Llevaba en la mano una bolsa con dos barras de pan. Casi corriendo se metió en el ascensor y no vaciló en apretar el botón para subir.
Estaba tan nervioso en estos momentos que aunque buscaba en su bolsillo las llaves del piso no las encontraba. El leve sonido le indicó que ya podía abrir la puerta del ascensor.
–Ésta es –aclaró él mismo al ver con sus ojos la llave de su apartamento. Se puso frente a su puerta y metió la llave en la cerradura. Con rapidez le dio dos vueltas y abrió la puerta para una vez dentro cerrar la puerta tras de sí–. Ya estoy aquí –avisó sintiéndose imbécil al recordar que por mucho que avisara el otro no le iba a escuchar.
Su mirada recorrió el comedor. Todo estaba igual que siempre. Solitario, pero olía diferente. Parecía que olía a...
–¿Carne? –dejó el pan sobre la mesa del comedor y entró a la cocina, pillando in fraganti a un chico de cabeza azulada, sentado en una de las sillas que estaba alrededor de la enorme encimera central de la cocina, dejando uno de los dos muslos de pollo en un plato, echándole de la bandeja con una cuchara caldo por encima.
Kai sonrió en sus adentros. El menor seguía ahí, después de todo estaba cumpliendo su promesa. Pero debía de hacerse de notar y no sabía cómo hacerlo sin que el otro se asustase. Decidía esto mientras el otro echaba su plato. Cuando escuchó un pequeño grito ahogado del otro, salió del trance en que estaba metido, para ver que la bandeja estaba sobre la encimera y cómo Takao tenía su dedo índice en la boca. Sin pensárselo dos veces se acercó a él, viendo que el otro daba un pequeño respingo al percatarse de su presencia con el dedo metido todavía en la boca.
–Déjame ver –articulaba, cogiéndole de la mano para ver que el dedo estaba empezando a enrojecerse–. Agua –le señaló el grifo a la vez que decía la palabra. El otro se puso de pie, despacio y se dirigió al grifo para meter el dedo en el agua.
El bicolor miró hacia ambos platos. Pollo con su guarnición de verdura y patatas y el olor era agradable. Ni siquiera se había dado cuenta de cómo se había quemado Takao. En la mesa había cubiertos para dos personas, además de las servilletas... eso lo miró de refilón antes de ir hasta el fregadero y ver que Takao tenía una pequeña mueca de molestia en su cara.
Le tocó el hombro suavemente haciendo que le mirara sin sacar su dedo del agua fría–. Lo siento –aunque no sabía si lo había entendido cogió su mano y la sacó del agua con cuidado. El menor se quedó extrañado por el comportamiento pero no tardó en ver que el otro le indicó con la otra mano que lo siguiera. Rápidamente lo llevó hasta el comedor y del armario sacó una pomada y una caja de tiritas. Se sentaron en el sofá y allí el bicolor le extendió un poco de pomada, para después ponerle una tirita.
–¡Gra!... cias –agradeció Takao.
Kai asintió dándole a entender que lo había entendido y para él era una manera de decir de nada.
Cogió la libreta en sus manos para después enseñársela al menor.
–Descansa aquí, yo pondré la mesa.
El más bajo negó y se puso de pie, pero el chico blanquecino de piel le tocó el hombro, dándole a entender que no era necesario, pero Takao no lo veía así. Le apartó la mano y negó con la cabeza para acto seguido señalarse el mismo.
–Esa no es la idea –le respondió el joven de ojos carmesí cruzándose de brazos para acto seguido negar con la cabeza.
–Yo –se volvió a señalar. Apartando la mirada del bicolor se fue hasta la cocina. El bicolor se quedó observándolo desde el sofá mientras empezaba a rascarse la nuca. En unos minutos vio cómo el moreno de piel pasaba al comedor con dos platos en la mano. Como si fuera un niño pequeño corrió hacia él para quitarle uno de los platos y dejarlo sobre la mesa.
&&&Kai&Takao&&&
La comida simplemente había estado exquisita. A Takao se le daba muy bien cocinar. Se había quedado más que satisfecho y ahora estaba seguro de que no podría moverse de aquí a un rato.
Y ahora en lo único en que pensaba, era en esa última conversación con Yuriy.
Flash Back
Ambos se encontraban dando una vuelta por el centro, viendo a los críos jugar en el patio.
–¿Cómo está ese chico? –preguntó el pelirrojo.
–¿Takao? Está mejor de sus heridas, sus mejillas están menos amoratadas –contestó Kai.
–¿Y su otra herida?
–Hpm... No lo sé. Aunque supongo que mejor, veo que anda más por el apartamento.
–¿Os seguís comunicando por escrito?
–Sí –afirmó.
–¿Por qué no lo traes aquí? Es posible que le enseñen a hablar mediante señas.
–No puedo traerlo aquí. Tuve que hacer una promesa con él y la pienso cumplir –le explicó el bicolor.
–¿Entonces tampoco va a venir a hacerse...? –no le dio tiempo a finalizar la frase, cuando fue interrumpido.
–Sí, eso sí. Pero dependiendo de los resultados, se irá o se aguantará y se quedará.
–Bueno, algo es algo –agregó viendo que Kai tenía una cara de preocupación– ¿Qué te pasa por la cabeza?
–Parecía muy seguro de sí mismo. Me refiero a que no será posible que vuelva a escuchar.
–En cualquier caso, no falta mucho para la cita –le recordó.
–Lo sé.
Fin Flash Back
"¿Qué puedo hacer? Me gustaría sacarlo de estas cuatro paredes para que pudiera caminar, pero se paralizó cuando vio ese crimen en la tele y no se acerca a las ventanas. Creo que lo persiguen y si es así querrá mantenerse escondido. ¿Pero qué habrá hecho tan terrible como para querer esconderse así?". Tenía muchas dudas y su mirada se fijaba en ese chico que tenía enfrente.
El más bajo se sintió observado y miró al otro, tal y cómo sospechaba, el chico de ojos color carmesí lo miraba. Esa mirada era como si pudiera leerle el pensamiento y para qué negarlo, no le hacía gracia. Con la mirada puesta en los ojos del otro con decisión y un gesto altivo se encogió de hombros intentando decirle así. ¿Qué demonios estás mirando?
El mayor apartó la vista de él un segundo, para después ofrecerle una servilleta. El moreno de piel le miró confundido pero por los gestos del bicolor comprendió lo que sucedía. Se sintió un poco avergonzado, debía de tener algo en los labios, así que se los limpió.
Daba gracias a que Takao no podía verse la cara en esos instantes a sí mismo. Que fácil había sido engañarlo. No sabía por qué, pero no podía dejar de mirarle y como excusa para seguir haciéndolo le dio a entender a Takao que se había manchado la comisura de los labios. Lo cierto es que Takao era un chico peculiar, quería hacer las cosas sin ayuda. ¿Desconfianza? ¿Miedo? Puede que un poco de ambas cosas era lo que reflejaba ese chico en estos momentos. Semejante paliza le había dejado la cara fatal, pero por suerte ese rostro parecía volver a ser como lo era antes y debía de admitir que quitándole el barro que tenía cuando le conoció y ahora quitándole los moratones imaginariamente, el menor era bastante atractivo.
La verdad es que este caso a excepción de los otros, sería más difícil. Pero sólo tenía que esperar unos días para convencerse a sí mismo de que esa vocecita que le decía que Takao podría volver a escuchar, le diera la razón.
&&&Kai&Takao&&&
Los días habían pasado y no había tardado en llegar el día señalado. Yuriy estaba escribiendo en su ordenador cuando escuchó pequeños toques en la puerta.
–Adelante –ordenó siguiendo con su tarea.
–Somos nosotros –avisó Kai al abrir la puerta.
–Bien, os esperaba –le sonrió a Kai– ¿Y Takao? –preguntó al ver que la puerta estaba abierta y que solamente el bicolor estaba dentro.
–Está aquí –le indicó con la mano al otro que entrase en la habitación. Yuriy se levantó de la silla y caminó hasta la puerta viendo cómo el moreno de piel miraba a su alrededor. Lo cierto es que éste no sabía exactamente dónde estaba. Había tenido que ocultarse en el coche, no quería ser visto y mucho menos que lo reconocieran.
Únicamente veía por los pasillos a algunos hombres y mujeres vestidos de blanco. Estaba en esto cuando sintió una mano fría coger la suya. Asustado por haber salido de sus pensamientos, miró con algo de enfado a quién se había atrevido a hacer eso.
Se encontró con ese médico pelirrojo que le sonreía y le indicaba con la mano que entrase a la habitación. Con pasos no muy decididos entró a la consulta, viendo cómo el joven de ojos azules daba pequeños toques en la silla, indicándole que se sentara en ella. Así lo hizo, viendo que el pelirrojo lo hacía frente a él.
–Kai, siéntate tu también –le pidió amablemente.
–Prefiero estar de pie –aclaró.
–Cómo quieras –se encogió de hombros, dándole la vuelta al monitor de su ordenador.
En él había escrito muchas preguntas de las cuales esperaba que Takao respondiese. Yuriy se puso de pie y se sentó en la silla que estaba al lado de Takao. Con un bolígrafo fue señalando cada una de ellas. El menor tenía que asentir o negar con la cabeza. Kai los miraba cruzado de brazos, mientras no dejaba de dar vueltas en la habitación.
–Si quieres puedo leerte las preguntas y decirte las respuestas. A ver si así dejas de dar vueltas –conocía a su compañero y sabía que los nervios ahora lo mataban por dentro.
–Hmp –contestó en su defensa.
–¿Has tenido fiebre? No. ¿Te duelen las heridas? No. ¿Sueles marearte mucho? Sí. ¿Tu sordera es de nacimiento? No. ¿Cómo fue entonces?
–... –ante eso el Takao se quedó algo pensativo. Tanto el pelirrojo como el bicolor estaban atentos a lo que respondería el más bajo. Con un largo suspiro el menor pidió por señas un bolígrafo. Cuando tuvo esto y un papel en la mano escribió–. Hace dos años en un accidente de tráfico.
–Hace dos años en un accidente de tráfico –leyó Yuriy. Con el dedo pulgar le indicó a Takao que lo estaba haciendo bien.
–¿Ya está? –Preguntó el bicolor– ¿Ahora harás las demás, verdad?
–Claro –le respondió–. Takao, vamos a seguir. Ahora vamos a otra habitación para hacerte pruebas de audición –dejó escrito.
El menor asintió. Yuriy se puso de pie y le indicó al chico de ojos color rojo zafiro que se levantase. No tardaron mucho tiempo en llegar a la otra habitación.
–Ya veo que te sigue guardando las distancias, Kai –comentó Yuriy.
–Ya te lo había dicho, no es nada nuevo –agregó con poca emoción en su voz.
–Bueno, empecemos.
&&&Kai&Takao&&&
Como las pruebas eran fundamentales para determinar si podría de nuevo recuperar la audición decidieron hacerlas dos veces. El bicolor había tenido que dejar a los dos solos para continuar con la pruebas ya que a él lo necesitaban los demás niños.
Se encontraba en una pequeña sala con una mesa y dos sillas en la cual, tanto el mayor como el niño estaban sentados, uno frente al otro. El pequeño debía de tener unos diez años, no aparentaba más. Su piel era un poco más clara que la del bicolor, era rubio, ojos azules y pecosito.
–Venga, Max –le animaba el bicolor fijándose en su mano izquierda. El pequeño debía de abrir y cerrar la mano, tarea fácil para cualquiera, pero él no decía lo mismo debido a que en una pelea callejera le rompieron la mano.
–Cuesta mucho –decía el otro con esfuerzo.
–Vas muy bien, te quedan cinco minutos para terminar. –Le animó–. Haz un pequeño esfuerzo más.
–Ish –la mano empezaba a cerrarse pero muy lentamente–. Ish –dejó descansar la mano –¿Me vas a dar algo a cambio?
–Mn... Puede –respondió. Sabía que Max siempre le pedía algo a cambio, aunque debía de enseñarse a no hacerlo.
–¿Una tableta de chocolate? –le preguntó esperanzado. Dónde vivía desde hace menos de un año no le dejaban comer chocolate–. Por favor –le rogó.
–Max, si os hiciera caso a la mayoría con lo que me pedís, esto no sería un centro. Vuelve a intentar cerrar la mano.
El rubio con esfuerzo empezó de nuevo a intentar cerrar la mano–. No puedo más –se quejaba con un hilo de voz.
–Vale, dejémoslo para otro día, ya es la hora –le anunció cuando tocaban la puerta–. Adelante –indicó sin dejar de mirar la mano del niño–. Has progresado mucho. Así que...–alargó la frase. Miró hacia la puerta para saber si debía de seguir con lo que iba a decir, al comprobar que eran Yuriy y Takao continuó con la frase–. Creo que te has ganado una tableta.
–¡Guay! –gritó el niño entusiasmado.
–Pero, quiero que sigas como hasta ahora. ¿Vale?
–Claro –miró hacia Yuriy y el desconocido– ¿Es otro chico? –preguntaba refiriéndose a si era un chico con problemas y que necesitaba ayuda.
–Eso ahora lo averiguaremos –le puso la mano en la cabeza, revolviéndole el cabello juguetonamente–. Ahora vete a tu habitación y sigue practicando.
–Vale –decidido caminó hasta los otros–. Adiós Yuriy, adiós chico desconocido.
–Adiós, Max –contestó Yuriy quien no pudo evitar sonreír ante el entusiasmo del pequeño por una tableta de chocolate.
–¿Ya sabes los resultados? –le preguntó Kai esperanzado.
–Aún no, Boris está con ello, ya no debe de tardar. ¿No te meterás en un lío por eso del chocolate?
–¿Por qué? Tengo hambre y me apetece chocolate –respondió como si nada, dándole a entender al otro que no lo iban a pillar sus superiores.
–¿Ya has terminado? Es mi rato libre.
–Y has venido a ver que iba a hacer, ¿verdad?
–¿No te cansas de no equivocarte nunca? –bromeó el otro.
Takao miraba los simples pero vacíos movimientos de boca de los dos y cómo ahora el bicolor se acercaba a ellos dos.
–Pues ahora me toca el chico de la habitación A–9.
–Uff, mal asunto –dedujo Yuriy siguiendo al bicolor.
&&&Kai&Takao&&&
Takao vio una escena que le sorprendió bastante y que no esperaba. Un chico tenía agarrado a otro del cuello de la camisa. Su puño estaba alzándose para pegarle en la cara, cuando Kai intervino y lo cogió por detrás. La habitación era inmensa. Muchas camas enfiladas, unas frente a las otras, algunas ventanas, paredes blancas, sin tele a su alrededor. Pero cuál fue su sorpresa al ver cómo varios niños salían de debajo de las camas y otros de los armarios.
El niño de unos trece años de edad se revolvía entre los brazos de Kai, intentaba que el otro lo soltase. El chico tenía los ojos dorados como el sol, el cabello recogido en una coleta larga y su cabello era de color negro.
Ese niño era todo un problema desde que llegó. Como pudo, Kai lo sacó de esa enorme habitación para llegárselo a otra habitación más pequeña a rastras.
Cerró la puerta tras de sí y caminó hasta donde se encontraba el alborotador– ¿Qué ha sido esta vez, Rei? –exigió saber el bicolor con calma a pesar de lo ocurrido.
–¡Se creen mejores que yo! ¡Eso pasa! –gritaba el otro.
–¿Se han metido contigo? ¿Te han insultado? –quiso averiguar.
–¡No! –respondió ignorando por completo a los presentes Yuriy y Takao que también se encontraban en la misma habitación, guardando la distancia con los que discutían.
–¿Entonces por qué ibas a pegarle a ese chico?
–¡Son las leyes de un chico callejero! ¡He vivido en un callejón mucho tiempo! ¡Y si ellos no se acostumbran a mis leyes...!
–Aquí hay una ley y no es la tuya precisamente y lo sabes.
–¡Me da igual, yo sólo quiero machacar a alguien!
–¿Eso te haría feliz?
–¡Sí! –afirmó de inmediato.
–Bien. Pégame –le ordenó–. Aquí –le señaló la mejilla y se la puso–. Pero que sea fuerte y rápido, porque tengo a más niños que atender.
–¡Será un gusto! –Levantó el puño, pero se detuvo– ¿Qué trampa hay? –preguntó de repente, no era normal que alguien se dejase pegar por un menor y mucho menos si alguna razón en especial.
–Ninguna –se dio él mismo pequeños toques en la mejilla–. Venga, que no tengo todo el día. –le animó.
–Seguro que hay algo. –decía sospechando.
–¿Me vas a dar ya o qué? –Kai intentaba que descargara su rabia de alguna manera, y si Rei pretendía descargarla dando una paliza a un niño prefería que se la diera a él, no se opondría a tal cosa si eso le ayudaba a sentirse mejor, aunque sabía que si lo hacia se sentiría peor. Pero quería que eso lo descubriese el joven de cabellos negros por sí solo.
Takao sólo veía cómo actuaban ambos. El chico de cabellos negros bajaba cada vez más la mano, no sabía que le estaría diciendo el bicolor a ese chico, pero lo que fuese estaba dando resultado. De repente vio cómo el chico volvió a alzar el brazo y que con rapidez estiró el brazo hasta la mejilla de Kai. Cerró los ojos asustado al pensar que ese chico le había pegado a Kai, pero al abrirlos se dio cuenta de que el puño ni siquiera rozaba la mejilla. Algo había detenido a ese chico a hacerlo.
–¿Y? –preguntó Kai esperando el puñetazo que ya estaba tardando en llegar.
El otro estaba un poco impresionado, Kai ni siquiera había pestañeado de miedo o susto por la acción. Sólo por reflejo sus ojos debían de haberse cerrado, pero no había sido así.
–Te daré un consejo, en el gimnasio hay una bolsa de boxeo. Pégale todo lo fuerte que quieras, eso te aliviará.
–Yo no acepto consejos de nadie –respondió.
La conversación fue interrumpida por alguien
–Menos mal que estáis aquí –agregó el chico de cabellos color gris platino sacando a todos de sus pensamientos excepto al menor que no lo escuchó–. Aquí os traigo los resultados.
Kai miró a Boris para después mirar al joven que había estado intentando convencer–. Al gimnasio. Yo tengo otra cosa algo que hacer ahora. Iré allí después –le amenazó.
–Vamos a mi consulta –dijo Yuriy, cogiendo a Takao de la mano para poder guiarlo.
&&&Kai&Takao&&&
Los cuatro estaban en la consulta del pelirrojo. Yuriy estaba sentado frente al menor en su escritorio. El moreno de piel sólo veía cómo el pelirrojo tenía en sus manos un sobre enorme de color marrón y cómo sacaba unas hojas sujetadas por una grapa. Con detenimiento empezó a leerle las hojas.
Kai estaba de pie detrás de Takao, estaba ansioso por saber el veredicto que daría Yuriy.
–Kai, ven a ver esto –le avisó Yuriy, ya que sabía perfectamente lo ansioso que estaba su amigo.
El menor tan sólo miraba la escena frente a él. Esos dos chicos mirando los folios, con cara de preocupación. ¿Por qué le temblaban las piernas? Estaba seguro de que jamás volvería a recuperar la audición, pero... ¿y si aquellos médicos se habían equivocado?
"Tranquilízate Takao, ya sabes el veredicto así que no te pongas nervioso, saldrás de la vida de Kai para siempre", pensaba el mismo.
Los movimientos de la boca de ambos chicos ya le estaban poniendo nervioso, no podía seguir perdiendo el tiempo allí, o pronto lo encontraría el que lo andaba persiguiendo.
El bicolor se separó del pelirrojo poniéndose frente a Takao. Sin previo aviso le cogió de la mano y lo levantó de la silla.
"¿Por qué me mira así? No es que no me gusten esos ojos, pero me dan miedo. Me quitan esperanza y... ¿por qué sonríe?", sintió cómo los fuertes brazos del otro le rodeaban por completo la cintura. "¿Por qué me está abrazando? ¿Es que acaso? No, eso es algo imposible". Mientras Takao pensaba, el bicolor se separó de él y le escribió en un papel.
–Los resultados son positivos, podrás recuperar la mayoría de la audición, enhorabuena.
Continuará...
&&&Kai&Takao&&&
Siento haber tardado tanto, pero es que necesitaba unas vacacioncillas y saber si alguien estaba interesado en esta historia.
Gracias por sus reviews a:
Elizabeth: Hola Elizabeth, ya estoy de nuevo aquí, siento la tardanza. Espero que no te hayas aburrido de esperar. Espero que te guste el capi, aunque no ha sido la gran cosa, pero bueno, ya me dirás.
Águila Fanel: Que te puedo decir salvo que siento la tardanza y que ojalá te guste este capi.
Jery Hiwatari: Bueno Jery, todo tiene solución y tranquila que ya tengo unos cuantos ases en la manga para lo de la audición de Takaito. En cuanto al tipo sobre el que tienes dudas, todavía no aparece pero creo que si has leído bien la historia has de haber captado un dato importante.
Mie–roll: Hola, gracias por tu review. Aquí tienes la continuación y si te gustan mis historias no dudes en saber que ya tengo otra en la que está pensado mi cabecita loca.
Takaita Hiwatari: Hola hermanita querida. Dios, ¿te da risa y miedo que Boris sea enfermero? A mí me daría miedo, ¿y si en vez de ponerme una vacuna normal me la pone de esas gigantes? Bueno, ya ves que esto no ha avanzado mucho pero tú sabes que necesitaba este tiempo de relax, además de que ando ocupada con fanarts y todo eso. Espero que te haya gustado.
Wuonero: Hola, antes me dijiste que no tenías el objetivo totalmente claro. ¿Ahora sí? Bueno, espero que te haya gustado y que actualices pronto tu fic.
Mana_1989: Siento hacer sufrir así a nuestro niño, pero es que no queda de otra si quiero que algunas cosas pasen. Espero que no te haya aburrido el capi, aunque no sería de extrañar.
Bfly–Ronaldita: Gracias por tu apoyo y por este comentario, no dudes de que habrá fallos en esta historia como en las demás, te pido perdón a ti y a todos por adelantado como siempre hago.
Bueno esto ha sido todo. Sois los únicos que tenéis la palabra de decir "sigue con la historia" o "no sigas, qué aburrimiento" y tenéis que ser sinceros. El resto de la historia está en mi cabeza, pero no escrito, así que depende de lo que elijáis así lo haré, ¿ok? Bueno pues eso es todo, siento si he decepcionado a alguien por el capi y por la tardanza, no era esa mi intención. Cuidaos mucho, xao.
