Capítulo II

Te buscaré en la eternidad

Habían pasado algunos días. Se había planteado en algunas ocasiones volver al sepulcro, y en cada una de ellas desistió. Ni siquiera se había atrevido a visitar el cementerio que antes fuera su refugio. Pero hoy ya no lo soportó más. Las paredes que conformaban su habitación no eran suficientes a la hora de contener su tristeza. Y ahí estaba otra vez, de camino a aquel descubrimiento, que de seguro sería la golosina perfecta de cualquier historiador. Por que aunque ella de eso no supiera mucho, había visto suficiente como para entender que aquello era, cuando menos, extraño.

La noche estaba relativamente agradable. El ensayo con la orquesta había sido arduo, y más aún para ella, considerando las horas que se pasaba en la tienda trabajando. Y el trabajo adicional que le significaba tener que ignorar los continuos devaneos de algunos miembros del resto de la orquesta. Llevaba consigo más de una vela hoy. Había logrado visualizar un candelabro dentro del sepulcro y tenía la intención de utilizarlo, así como un bolso algo raído y descolorido que le colgaba cruzado por el pecho, y su violín en la mano, su compañero permanente.

Cruzó el cementerio con diligencia, las tumbas se iban quedando atrás, como testigos mudos de sus visitas. La torre de la iglesia parecía vigilarla, como si el fantasma de algún candidato a monje de la edad media la observara desde el campanario, pero Kagome intentó ignorar cualquier inquietud. El alto y añoso roble se alzaba metros delante de ella, como un guardián celoso de su secreto, un secreto que ella había desvelado noches antes. Por casualidad, pero que de alguna manera la convertía en guardiana igualmente.

Pasó junto al árbol, y así como la última noche que había venido, acarició la corteza con suavidad, dejando que la aspera madera le rozara las yemas de los dedos, casi como si aquello fuera un saludo, o un relevo. Observó el sitio por el cual accedía al sepulcro. Esta noche, a diferencia de la anterior, todo estaba despejado de niebla, solo unas cuantas ramas cubrían la entrada, las que ella misma había puesto intentando ocultarla, se inclinó para hacerlas a un lado con sus manos. Se sentó en el borde del agujero y se deslizó dentro con total confianza. Ya sabía lo que podía esperar.

Buscó en el bolso que llevaba colgado alguna de la velas. Las cerillas la ayudaron en la tarea de darle luz al lugar. Visualizó en la cercanía aquel candelabro antiguo, bastante rudimentario, pensó, y claro, lleno de polvo, como todo en aquel sitio. Se dio a la tarea de poner algo de claridad a aquel sepulcro. Estaba deseando volver a mirar el rostro impoluto de su morador. Se acercó al féretro, bastante menos compuesto que la noche en que volvió por su violín. La luz anaranjada de las velas comenzó a perfilar el cuerpo dentro del ataud, a medida que ella se iba acercando. Una vez que se encontró de pie junto a él, lo observó por unos momentos, sin poder terminar de comprender aquel extraño hecho. Un hombre, sepultado, probablemente por años, intacto en su tumba. Era sin lugar a dudas una situación inusitada, algo imposible, de lo que habría que informar, y que seguramente se convertiría rápidamente en el Grial de la ciencia moderna. Pero una suerte de egoísmo en ella, no se lo permitía. Desde hacía mucho tiempo, no sentía algo, o a alguien, tan suyo, como ahora este lugar silencioso y aislado del mundo que despreciaba.

Sosteniendo el candelabro en una mano, comenzó a retirar los restos de madera resquebrajada, que ella misma se había encargado de desperdigar sobre el cuerpo dentro del féretro. Una leve película de polvo cubría las ropas de él. Kagome rozó con el dorso de los dedos una de las mejillas de su inmóvil acompañante, comprobando que también ellas tenían una capa de polvo. Sacó del bolsillo de su chaqueta un pañuelo que debía de ser blanco, pero que el tiempo había amarillentado, y en una de sus puntas tenía dos letras bordadas, que se entrelazaban hermosamente, "KH".

Buscó un lugar cercano, en el cual apoyar el candelabro. Una mesa de madera se alzaba a un costado del féretro. Kagome hizo a un lado lo que parecían unos pergaminos enrollados, todos anudados con cintas azules - "protección", recreó su mente, al visualizar el color -. Quizás debería detenerse en la señal que su cerebro le enviaba, pero lo cierto es que su vida había cambiado demasiado desde que ella aprendió sobre aquello. Ahora se sentía demasiado agotada.

Arrimó la mesa al lecho de aquel hombre tanto como pudo. Quería ver su rostro con mayor claridad. Una de sus manos se apoyó en la mejilla izquierda, mientras que la otra iba retirando con suavidad el polvo acumulado por el tiempo. Los pómulos, los párpados, la comisura de los labios, la nariz. Todo con delicadeza extrema. Lo observó un instante más, pensando nuevamente, como la vez anterior, que era en realidad hermoso. Su corazón se aceleró ante la insulsa idea de que en cualquier momento podía abrir sus ojos. ¿De qué color serían?, pensó que podrían ser marrones, a raíz del color oscuro de su cabello. Quizás verdes, seguro eso le daría una luminosidad preciosa a su mirada.

- Deben ser marrones…- concluyó -.

Tomó entre sus manos una de las de él, y notó su lógica frialdad; sin embargo no había rígidez en aquella extremidad. La limpió igualmente con el pañuelo, dedo por dedo, luego hizo lo mismo con la otra. Las llamas de las velas en el candelabro, se mecían con tranquilidad, emulando el sosiego que ella tenía en el alma en este momento. Miraba las manos, que ahora, casí sin darse cuenta, estaba acariciando.De alguna manera ya no se sentía tan sola, teniendo a aquel hombre ahí. Pero soltó la mano ante el absurdo pensamiento. Aquel era un cádaver, no podía ser otra cosa, su estado de conservación era ilógico, sí, debía de reconocerlo, pero no por ello estaba menos muerto. No supo cómo, los ojos se le anegaron de lágrimas, la sola idea de tener que enfrentar que aquel era un cuerpo sin vida, le causaba una enorme opresión en el pecho. Los nudillos de sus manos, estaban blanquiscos por la presión con que se sostenía del borde del féretro. Y observó aquellos ojos cerrados, aquel semblante calmo, las mejillas pálidas, pero bellas, el cabello brillante, como si destilara vida por cada poro.

Se dejó caer y apoyó la espalda en el ataud de madera, sus brazos rodeaban las rodillas flexionadas, y su rostro se ocultó en los oscuros pliegues y abundantes encajes en algunas partes raídos de su larga falda. Las lagrimas brotaron desconsoladas. Por un momento aquel sepulcro, parecía estar inundado por el dolor de la pérdida. Y en la nebulosa de sus sentimientos, comprendía que era absurdo estar llorando por aquel extraño, y sin embargo las lágrimas continuaban brotando. ¿cómo podía ser tan grande su soledad?...

Levantó el rostro de su escondite, y se secó los ojos y las mejillas con el extremo de su manga, sorbió levemente la nariz, intentando despejarla y miró a su alrededor su violín. Avanzó de rodillas la escasa distancia que la separaba de él. Acarició con delicadeza sus cuerdas con la yema de sus dedos, la madera lustrosa que lo componía, apreciando su suavidad. Y luego se lo puso en el hombro, hizo un movimiento tenue con la cabeza, para acomodarlo, respiró, cerró los ojos, y comenzó a tocar.

Give me a reason to believe that you're gone.

Dame una razon para creer que te has ido.

I see you're shadow so I know they are all wrong.

Veo que eres sombra y por eso sé que se han equivocado.

Moonlight on the soft brown earth it leads me to where you live.

La luz de luna sobre la suave tierra marrón me conduce hacia donde tú vives.

They took you away from me but now I'm taking you home.

Te alejaron de mi pero ahora te estoy llevando a casa.

-.-.-.-.-.-.-.-.-

Sobre la mesa de madera, el candelabro con velas encendidas en cada espacio disponible, cinco puntualmente. Alrededor y pegadas a las paredes, unas cuantas más que había conseguido, puestas ya sobre la cera derretida, de las que se habían consumido en noches pasadas. El sepulcro estaba inundado de luces y sombras que bailaban con suavidad al compás del movimiento inexacto de la llamas anaranjadas de las velas. La noche fuera era fría. Dentro del sepulcro había algún grado más de temperatura, sin embargo Kagome frotaba de tanto en tanto sus manos para calentarlas.

Come and stay forever, here with you my love.

Vuelve y quédate para siempre aqui contigo, mi amor.

The softly spoken words you gave me.

Las suaves palabras que me diste.

Even in death our love goes on.

Incluso en la muerte nuestro amor continuará.

Terminaba en este momento de interpretar una melodía que a ella le gustaba muchísimo. Una lágrima pequeña se escapó de su ojo izquierdo, destellando al correr por la parte alta de su pómulo, para consumirse en la mejilla antes de tocar la barbilla. Una sola lágrima que brotó, producto de la emoción que le transmitía la música.

Dejó el violín junto a los pergaminos amontonados en la mesa, algunos ya habían ido a parar al suelo. El sepulcro había ido convirtiéndose poco a poco en el mejor sitio para interpretar música. Iba a él cada vez que le resultaba posible.

- ¿Te ha gustado?...- preguntó, sonriendo levemente, mientras observaba le rostro impávido de su acompañante.

Acarició levemente el cabello oscuro, las mejillas. Una lucecita en el interior de tinieblas que ahora era su alma, le hablaba de locura, pero se resistía a abandonar ese sitio, a dejar de verle.

- Pareces dormido … podría imaginar que lo estas, que esto es una vigilia por las horas que faltan hasta que despiertes… - volvió a sonreir. Aquella era una hermosa ilusión para un alma solitaria.

Los dedos acariciaban las cejas oscuras que enmarcaban atractivamente sus párpados cerrados.

- ¿Cuál será tu nombre?... – su voz sonaba calma, mientras recorría con la mirada la indumentaria que llevaba aquel hombre - ¿en que tiempo habrás vivido?...

La mano de Kagome bajó lentamente, acariciando el hombro, la parte superior del brazo, el codo, el antebrazo, hasta llegar a la mano, e ir reconociendo con sus dedos, cada uno de los de él.

- ¿Habrás sido algún rey?...- le preguntó, como si él pudiera responder a todas su preguntas. - ¿habrá existido alguna reina en tu castillo?.

Una punzada le golpeó el estómago, y el corazón se le contrajo. Los ojos se le humedecieron. Y reconoció el sabor de los celos en su boca. Una amarga sensación.

Some say I'm crazy for my love, hmm my love, my love.

Algunos, creen que estoy loca por mi amor, mm … mi amor mi amor

But no one can hold me from you're side, hmm my love.

Pero nadie puede separarme de tu lado, mmm … mi amor

They don't know you can't leave me, they don't hear you singing to me.

Ellos no saben que no puedes dejarme, no te oyen cantándome

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Llevaba varios días sin ir a su lugar secreto. La última vez que había estado ahí, descubrir sus propios sentimientos la aterró. No podía sentirse enamorada de un muerto. Su sensatez estaba abandonándola del todo. Necesitaba que su vida fuera normal, lo necesitaba fuertemente, pero el mundo parecía cerrarse ante ella cada vez que intentaba alcanzarlo. No había sitio para una chica como ella entre los vivos, se convencía cada vez más… Y ahora corría, corría nuevamente hacía lo único seguro que tenía, ese agujero bajo la tierra, que resguardaba a un ser inerte que la escuchaba. Sabía perfectamente lo estúpido de aquello. Pero no tenía nada más.

- Nada más…- se repetía entre sollozos, con la respiración entrecortada por el cansancio de la carrera.

Se detuvo al amparo de un mausoleo que le llamó la atención. La lápida estaba compuesta por la estatua de una mujer recostada sobre ella, como si reposara sobre la hierba, escondiendo su llanto bajo el manto de su cabello. La blanca piedra de que estaba hecha brillaba bajo la luz clara de la luna que permanecía alta en el cielo, formando una aureola de luz blanquecina, que si mirabas con detención parecía revelarte los colores del arcoiris. Alguna nube tan delgada como un velo grisáceo, la cubría de vez en cuando, haciendo de su belleza algo contemplativo.

El corazón le iba latiendo más despacio, y, sin embargo, no había dejado de llorar silenciosamente. Miró los nombres escritos en la lápida. Eran solo dos, el de un hombre que había muerto con poco más de treinta años, y el de una mujer a continuación, cercana en edad, muerta solo un par de meses después.

- Ella te siguió en la muerte…- Pensó, sin poder evitar concluir aquello.

Las lágrimas brotaron nuevamente, con más fuerza, pero seguía siendo un llanto silencioso. Se apoyó en el frío cemento de la tumba y se puso de pie. Esta vez sus pasos iban despacio, apreciando el contacto con la hierba en cada uno de ellos. Escuchando a la noche, con sus particulares sonidos, hablar.

Entró como tantas otras noches al sepulcro, con la facilidad de quien conoce ya el lugar. Encendió los cabos de velas que había en los candelabros, y se acercó al cuerpo de su compañero inerte. Le acarició el rostro, acomodó el cabello en la frente fría del hombre, su piel era suave, pero helada. Su boca cerrada y de un rosa levemente amoratado mostraban una decisión que ella pocas veces había visto en alguien, pero la expresión de su cara era serena. Costaba tanto pensar en la muerte al verlo a él. Apoyó sus manos en los hombros de aquel hombre, extraño para ella, pero a la vez tan cierto. Una poderosa sensación de irrealidad se apoderó de Kagome cuando dejó que su mejilla se apoyara en el pecho de él. La madera en el borde del féretro le presionó el estómago, pero a ella no le importaba esa sutil incomodidad. Cerró los ojos y dejó que su mente volara en sueños, sueños con los que se había dormido durante muchas de las noches anteriores, y durante las cuales veía a aquel hombre inmóvil despertar de su sueño, como en un cuento de hadas, y sonreirle.

- Si me voy junto a ti ¿me encontrarás? – preguntó, aún con los ojos cerrados. Y por un instante pensó que él la abrazaría.

El silencio era profundo, ni siquiera la noche con sus cantos llegaba hasta ellos. La llama de las velas jugueteaba sobre el candelabro como tantas otras veces. El cabello de Kagome desperdigado sobre el pecho de su acompañante, brillaba tenue bajo el baño de luz que recibía. Y fue entonces que lo decidió.

Come and stay forever, here with you my love.

Ven y quédate para siempre, aquí contigo, mi amor

The softly spoken words you gave me.

Las dulces palabras que me diste

Even in death our love goes one.

Incluso en la muerte nuestro amor sigue siendo uno.

And I can't love you anymore than I do ohoh.

Y ya no puedo amarte más de lo que te amo, oh oh

Se movió, liberándose del abrazo imaginario. Buscó dentro del bolso que se había quitado al entrar, y que permanecía en el suelo muy cerca de la entrada, sus movimientos al buscar en los bolsillos eran impulsivos, inquietos, metió la mano en un bolsillo, no encontraba el objeto de su busqueda. Volvió a introducir la mano, esta vez en otro bolsillo, y nada conseguía, Finalmente tomó el bolso y lo vació del todo, sacudiéndolo con fuerza, una serie de objetos cayeron. Comenzó a buscar entre ellas revolviéndolas. Un cepillo para el cabello, el pañuelo bordado con que días antes limpiara al hombre del sepulcro, algunas partituras dobladas por la mitad, un bolígrafo, un estuche de tela raído como muchas de sus cosas, con algo de maquillaje, un espejo.

En ese momento su busqueda cesó, el espejo le serviría. Lo tomó abriéndolo y mirándose en él. Las luces del candelabro brillaban a un costado de la imagen que le entregaba de su rostro aquel objeto, que podía elevar la estima, o derruirla aún más. Notó como sus ojos continuaban enrojecidos, por el llanto anterior, y el maquillaje que horas antes pusiera en sus pestañas le había manchado de gris los parpados. No le importó demasiado. Se puso de pie y el sonido estrepitoso y seco del golpe del espejo en el duro piso, interrumpió el silencio del lugar. Los trozos de cristal se espacieron por sus pies, y un poco más lejos, se inclinó y tomó en su mano el que le pareció adecuado.

Avanzó nuevamente hasta el féretro, dejando el cristal sobre la mesa que estaba pegada a éste, desde que ella la arrimara. Con suavidad se dio el impulso necesario para entrar en el féretro y recostarse junto al cuerpo frío que estaba dentro, presumiblemente, desde hace siglos.

Su pecho se oprimió blandamente, contra el costado de aquel hombre, su cabello oscuro como el de ella, se mezcló al suyo, sus piernas se ajustaron a las de él, buscando un sitio. Su mano acaricio la mejilla del hombre.

- ¿Crees en la eternidad?...- le preguntó a su acompañante.

Los dedos delgados que tantas veces sostenían el arco del violín que ahora descansaba junto al candelabro, acariciaban levemente los labios cerrados del hombre.

Se elevó un poco, todo lo que la posición le permitía y lo contempló.

- Quiero ser eterna junto a ti. – dijo aún acariciando los labios masculinos.

Come and stay forever, here with you my love.

Ven y quédate para siempre, aquí contigo, mi amor

The softly spoken words you gave me, even in death our love goes on.

Las dulces palabras que me diste, incluso en la muerte nuestro amor sigue

And I can't love you anymore than I do.

Y ya no puedo amarte más de lo que te amo

"Even in death real love is forever"

"Incluso en la muerte el amor verdadero es para siempre"

Se inclinó suavemente sobre él y lo besó con delicadeza. Problablemente no sería el primer beso que él había recibido, tampoco el suyo, pero sería el último para ambos.

Extendió la mano y tomó el trozo de cristal de la mesa con el candelabro, volvió a recostarse junto a su amado.

La caricia del cristal sobre su piel fue fina y profunda, dejando un rastro de un tono escarlata oscuro, que se veían aún más oscurecido por la luz emitida por las velas. Apretó los dientes ante el dolor, y solo un gemido salió de su boca, ahogado por sus labios cerrados, como los de su compañero.

Cerró los ojos, con el cristal empuñando en una mano, y la sangre filtrándose por la herida de la otra, sobre el pecho del hombre que había encontrado inmortalizado en su sepulcro. Un lugar que ahora compartirían por siempre.

- Te amo…- susurró mientras se desvanecía, sentía los dedos helados, el corazón latiendo lento… calmo…

La luz de las velas danzaba con delicadeza, mientras que otra luz brotaba de entre los pergaminos apilados sobre la mesa de madera, uno de entre todos los demás, con cintas azules. El papel pareció incendiarse, para luego apagar la llama en el instante, el calor desmenbró la cinta que lo cerraba, y al abrirse cayó de la mesa, una vez en el piso, levemente abierto, las letras aún abrazadas, y contorneadas por aquella suerte de fuego, parecían grabar una sentencia.

"Solo la sangre romperá el sello"

Continuará…

Ayyyy…. Que me va a dar algo… Lo prometido es deuda, aunque últimamente estoy pagando a plazos, jejejej, pero hoy es viernes y llegué. Espero que la historia les vaya gustando, es un poco extraña, sí lo sé… pero tiene un puntito de misterio, de esa melancolía que creo muchos hemos experimentado alguna vez, quizás llevada a todos los ámbitos de la vida de esta Kagome que nos acompaña ahora, pero no menos cierta. La soledad a veces nos deja sin opciones, o creemos no tenerlas… ahh, pero aquí viene la parte providencial, nunca sabemos lo que nos puede deparar el destino, así que esto es pura ficción, jejeje… la vida es el camino. Eso por sobre todo.

La canción de Evanescence, me encanta… no sé, había que escribir algo alrededor de ella. "Algunos, creen que estoy loca por mi amor, mm … mi amor mi amor"

Besitos cariñosos… muchas gracias por los reviews, me alimentan, que le voy a hacer, es precioso leer lo que piensan de lo que uno escribe.

Infinitas gracias por leer… y siempre en amor.

Anyara