Capitulo 1
Lagrimas de amor
Triste, me dejaste triste, como esta canción, lágrimas de amor.
Principios de junio de 2006
Ginevra Molly Weasley era una mujer muy diferente de la niña que solía ser. Su vida había dado un vuelco impresionante cuando cumplió sus veinte años. Luego de terminar su carrera de alta costura Muggle y Mágica, y de que su padre se transforme en ministro de la Magia inglés, ella era la dueña de una importante empresa de ropa. La menor de los Weasley diseñaba la mejor ropa y había copado los mercados de los dos mundos a los que pertenecía (sin dudas se sentía parte de ambos). Su nombre era icono de la moda, y todas las mujeres de alta sociedad se sentían en sueños por vestir sus prendas. Su tienda llamada Sweet Honey tenía sucursales en todo el mundo y había participado de desfiles muggles codeándose con grandes diseñadores como Giorgio Armani, Laurecio Audot, y la alta gama de perfumes, como Carolina Herrera, entre otros. La fama la había llevado a que muchísimos hombres suspiraran por su elegancia y glamour.
Ya nadie se acordaba de la antigua Ginny, humilde, ni de sus suspiros por Harry Potter. Los Weasley habían pegado un salto impresionante y ahora podían derrochar dinero tirando manteca al techo. Sin embargo, la que más había cambiado su personalidad a causa del billete, era la señora Ginevra Weasley. Si, porque ella ya no era una señorita, era una señora. Estaba casada con un francés de la alta sociedad, que tenía casi tanto dinero como ella. El señor Jean Paul Lebon, era un hombre sofisticado y de gustos muy estructurados; erasincero y dulce cuando quería. Para Ginevra era un perfecto marido, compartían cosas juntos. Se habían conocido mientras ella estaba estudiando, y él la había ayudado mucho. Su casamiento fue abrupto; la familia de ambos se sorprendió bastante después de que anunciaran la boda. A los nueve meses del inesperado casamiento, Jean Paul y Ginevra (casi todos la llamaban así, solo su familia le decía Ginny) habían tenido una hermosa bebé a la que llamaron Charlotte. Pero eso había pasadocasi sietelargos años. Charlotte Lebon Weasley, había crecido bastante e iba a una importante Academia Mágica de preparación para antes de ir Hogwarts o Beauxbatons. Sus padres no tenían decidido donde iban a enviarla.Charlotte era una hermosa niña decinco años y el calco perfecto de su madre.
En ese momento Ginny estaba en su oficina cerciorando vocetos para la nueva colección primavera-verano.
-¿Señora, que le parece?- preguntaba su asistente, esperanzado.
-Vulgar.- dijo Ginny sin miramentos.- En esta colección quedamos en hacer cosas orginales, Tom. – Dijo balanceándose sobre su silla.- Las prendas deben dar mensajes con la que los adolescentes se sientan identificados.
-Señora, estaría destinada a las dos comunidades ¿no?
-Exacto.-contestó Ginny.- Sería conveniente poner brillo en estos…- señaló unas chaquetas dibujadas en el blanco papel.-…y los botones deberían ser más grandes… Quiero una mezcla de formal e informal. Los adolescentes nunca saben lo que quieren, por lo que poner las chaquetas pueden combinarse con toda clase de jeans… ese verde brillante, me gusta…- añadió pasando a la segunda hoja.
-Bien, el señor John Marshall ha pedido los cargamentos de seda para los vestidos de fiestas.
-Excelente.-sonrió Ginny.- Pídame de todos los colores posibles. La graduación de Hogwarts está cerca, seguramente la variedad será un punto importante si queremos vender más que la competencia.
-Bien, señora. Se hará lo que usted ordene. Con su permiso.- Tom se fue de la oficina.
Ginny bajó la mirada cuando su empleado se fue y miró la foto de Charlotte, abrazada a ella. Su hija era el calco de su madre, excepto por los ojos. Los tenía verdes…Suspiró tratando de no pensar en él… Tomó un espejo y miró su rostro; comenzó a retocarse el maquillaje natural, y sonrió a si misma. Se levantó y decidió salir. Ese día estaba cansada de hablar de trabajo. En ese momento sonó su móvil último modelo… lo tomó con pesadumbre.
-¿Si?- contestó desganada.
-¿Ginny?
-¿Ronald?
-Hola, hermanita.- dijo su hermano con voz alegre.- ¿Qué te parece si almorzamos juntos?
-Pensaba salir a hacer Shop.- replicó ella.
-Oh¿no te alcanzaron los miles de pares de zapatos de tu última salida?- la cargó Ron.
-Esta bien, almorzaré contigo Ronald.- aceptó cortante Ginny.
-Bien, pasaré por tu oficina…
-No… nos veremos en el Resto de siempre…
-Bien¿pagas tú?
-Como siempre.- dijo Ginny.- Asegúrate de que no te persigan los reporteros deportivos para preguntarte tus jugadas.
-No te preocupes, Señora Lebon.- bromeó Ron y cortó. Ginny emitió un bufido. Tomó su cartera negra de charol y partió sobre sus zapatos. Vestía como una elegante señora, completamente perfumada con la última fragancia de su creación Jazmines4you.
-Stella, no me pases llamados, no creo que vuelva en la tarde.- le avisó a su secretaria quien sonrió al verla.
-Como usted diga, señora.
Ginny salio del rascacielo donde trabajaba, que era de su propiedad, y se subió a un auto Mondeo, que tenía todos los chiches que uno pudiera imaginar. Llegó al Resto Lombardía en un barrio elite Muggle y cuando se bajó estaba atestado de periodistas.
-Señora Lebon¿es cierto lo que dice el Profeta. ¿Ha estado usted colaborando con el ministerio por la causa Potter?
-¡Déjenme en paz!- soltó Ginny, con un estremecimiento al escuchar ese apellido.
-Señora, el Profeta afirma que una importante suma de dinero fue donada por usted hace cinco años para ayudar a...
-¡LES DIJE QUE ME DEJEN PASAR!- gritó Ginny. Un guardaespaldas salió y la sacó de allí.
-Con permiso.-dijo con voz grave. Condujo a Ginny hacia el interior del Resto, donde Ron la esperaba con una sonrisa de disculpa.
Ginny se acercó a él-Gracias Malcom.- le dijo a su guardaespaldas.- Ronald.- se sentó en la mesa.- ¿Acaso no tomaste en cuenta mi recado cuando hablamos por teléfono?
-Lo siento, Ginny.- dijo Ron.- Es que… tú sabes como son. ¿Qué te han dicho?
-Nada. ¿Tienes el Profeta de Hoy?
-Lo deje en el carro.- dijo Ron.
-¿Leíste?
-Si.- dijo Ron de repente muy serio.- Habla sobre Harry.
Ginny tragó nerviosa.- ¿Dice algo de mi?- dijo como si no hubiera escuchado el último nombre.
-Habla de las colaboraciones que hiciste esperando que aparezca… cuando pasó…tú sabes…
-¿Cómo se filtró esa información?
-No tengo ni idea. Pero siempre se enteran, Ginny.
-Bien.-solo dijo ella.- No me interesa lo que digan.
-Ginny, conmigo no tienes que disimular. No entiendo esa negación que tienes a hablar del tema…
-Harry Potter está muerto, Ronald. – Dijo Ginny rígidamente.- Es hora que tú también lo entiendas.
-Lo sé.- dijo Ron.- Pero siento que le guardas rencor a su recuerdo.
-Como bien dijiste, es un tema que no quiero hablar… -miró su reloj.- Debo recoger a Charlotte a la una, por lo que deberíamos apurarnos.
-Bien.- dijo resignado su hermano.- Ojala puedas hablarlo pronto. Así no llegarás a nada.
Comieron y Ginny no dijo una sola palabra mientras Ron contaba sus jugadas y sus experiencias entrenador de las Avispas. La pelirroja no dejaba de pensar en lo que habían dicho los periodistas… "¿Cómo se pudieron enterar? Sin dudas el ministro abrió la boca. - No debo pensar en él."
-Ginny¿me estas escuchando?- decía Ron.
-Si, yo… debo irme, Ronald.- musitó su hermana algo apagada.- Debo ir al instituto a
recoger a Charlotte.
-Está bien; iré a visitar a esa hermosa pelirroja. ¿Sigue rebelde como siempre?
-No, esta muy tranquila. Debo decir que extraña a su padre; Jean Paul está de viaje…
-Ya veo. ¿Cuándo regresa?
-La semana que viene.- contestó Ginny.- En fin, me voy. Nos estamos viendo.
-El sábado cenaremos en casa, Ginny. ¿Vas a venir?
-No tengo mucho ánimo para fiestas…
-Solo será una cena familiar.
-Bien, te avisaré. Adiós.
-Cuídate.- dijo su hermano, con cara preocupada mientras ella salía del lugar.
Ginny manejaba en camino a recoger a su hija. Miró por el espejo retrovisor, y vio el auto negro de sus guardaespaldas. Estacionó frente a un edificio con una hermosa fachada antigua. Había otros padres allí que la miraron con devoción poco disimulada. Ginny los ignoró olímpicamente. Entró con caminando con la cabeza en alto al establecimiento. Allí estaban los directivos hablando con los alumnos, que escuchaban atentamente lo que parecía ser una lección.
-…este famoso mago derrotó al mal y así hubo paz en el mundo mágico. Si alguno de ustedes va al de Hogwarts de Magia y Hechicería, verán que allí todos hablan de él.-sonó la campana.- Bien, niños. Hasta aquí llegamos. Sus padres los están esperando. Salgan con cuidado.
Los niños comenzaron a dispersarse de a poco. Ginny fue hacia su hija, quien le brillaron los ojitos de alegría al verla.
-¡Mami!-sonrió Charlotte. Ginny la abrazó.
-¡Hola, hermosura!-la tomó de la mano y comenzaron a caminar hacia la salida.- ¿tal la clase de hoy?
-Estuvo buena mama. – Contestó entusiasmada la niña.- Hablamos de un mago muy poderoso…
-Si, algo escuché… Albus Dumbledore hizo muchísimas cosas por el mundo Mágico.
-Pero no hablamos de Dumbledore; ¡Otro mago!-aclaró Charlotte.- Se llamaba Harry Potter.
Ginny se puso pálida y no contestó.- ¡Derrotó al mal mam! Y solo tenía diecisiete años!
-¡Oh!- solo dijo Ginny intentando no mostrar la impresión que le había causado oír ese nombre desde los labios de su hija.
-Mami¡sabías que iba a Hogwarts! Tú debiste conocerlo.- razonó la niña.- ¡Casi tendría la misma edad que tú!
-¿Que te parece si vamos a casa y comemos algo rico?- evadió Ginny.
Charlotte la miro extrañada.-Bueno vamos.- aceptó.- ¿Conociste a Harry Potter ma?
-Yo… si, lo he conocido cielo. – Dijo su madre.- Pero no muy a fondo.- mintió después.
-Ah.- se lamentó su hija.- Le preguntaré a tío Ronald. Quizás el me cuente todo lo que hizo en ese colegio. Que pena que esté muerto…- suspiró Charlotte mientras su madre la abría la puerta del coche para que subiera.- Mami¡hoy papá no esta¿Puedo usar la escoba un ratito?
Ginny iba absorta en sus pensamientos y solo dijo:- Si, cariño.- ni escuchó lo que su hija le había preguntado.
Cuando llegaron la mansión Weasley-Lebon, cinco elfos rodearon a las mujeres y al menos cuatro guardaespaldas las protegían. Ginny detestaba no se independiente, pero al haber tanta inseguridad, era un mal necesario. Su vida era Charlotte y si alguien se atrevía a hacerle daño, era capaz de cualquier cosa.
-Señora, es un gusto verla llegar- dijo un elfo haciendo una pronunciada reverencia.
-Holly¿puedes hacerte cargo de Charlotte un momento?- preguntó Ginny observando los miles de rosales de su jardín.
-Señora, nosotros vigilaremos a la niña- aseguró uno de los guardaespaldas.
-Mami¿tienes que salir?- preguntó Charlotte extrañada.
-Si, cielo.- repuso Ginny dulcemente.- Debo hacer algo importante para el trabajo…
-Oh.- la voz de la niña sonó a un lamento, que Ginny notó.
-Volveré en una hora, lo prometo.- aseguró a su hija, acariciando su rostro.- Puedes jugar en el jardín, pero no hagas renegar a Peter¿estamos?
-No, mami.- dijo la niña con voz inocente. – Me portaré fabulosamente.- añadió.
Ginny sonrió y le dirigió una a su auto. Cuando estaba dispuesta a salir, Malcom la detuvo con la mano.
-El señor Jean Paul me ha pedido que la acompañe, a donde sea.- informó- Por lo que debo ir con usted…- Ginny lo rebajó con la mirada. La pelirroja tenía unos aires de superioridad bastante desarrollados.
-No necesito que le vayas con el cuento a mi marido de todo lo que hago.- soltó cansada.- Necesito salir sola, no es necesario que vengas.
-Pero…
-Pero nada, Malcom.- cortó Ginny de mal modo.- Limítate a hacer tu trabajo y no a perseguirme. Eres guardaespaldas, no detective. Y yo decidiré cuando necesito que me acompañes y cuando no. ¿queda claro?
-Si, señora.- aceptó el hombre entre dientes el hombre.
Ginny tomó el coche y lo manejó a una alta velocidad. Sin dudas sabía donde se dirigía. La actitud de ese "empleado alcahuete" la había puesto furiosa; pero eso no era lo único. La maldita razón de haber huido así de su casa era otra. Y se lamentaba admitírselo. Pero necesitaba visitarlo. Necesitaba decirle en la cara todo el daño que le había hecho. El cielo comenzó a nublarse de repente, como si fuera un perfecto reflejo del estado anímico de Ginny. La pelirroja bufó cuando paró en el semáforo. Esperaba que no la agarre la tormenta antes de llegar. No tenía ánimos para mojarse el traje ni su pelo con brushing.
Minutos después se bajó ante una especie de palacio de rejas negras. Tenía un escudo de una varita y una cruz.
Ginny abrió las rejas con cuidado. Comenzó a caminar entre tumbas. Sin dudas estaba en un amplio cementerio. Llegó a la orilla de una pequeña laguna. Allí había una lápida en césped, que rezaba:
Harry Potter
Julio 1980- Noviembre 1999
Gran salvador del Mundo Mágico, nuestro héroe, el amo del la paz, El Elegido
Aquí descansan sus restos encontrados tres días después del fallecimiento.
Ginny se quedó contemplando la lápida. Luego se agachó, apoyando sus rodillas en el césped. Comenzó a llover con fuerza. No le importó mojarse. Le dolía hasta el alma. Como cada vez que iba a allí. Tenía sentimientos contradictorios cuando visitaba a Harry. Odio y amor fundiéndose en una confusión imperdonable, hundiéndose en recuerdos donde estaban juntos, en el mundo que habían soñado hacía seis años atrás. Pero no. Pero nunca. Porque en eso terminó aquel contexto perfecto que imaginaron vivir. Porque no fue ni pasó. Imposible. Porque Ginny hacía años que no escuchaba su voz. Porque lo extrañaba, porque su voz se ausentaba. Ginny lloró, como lo hacía cada mes que lo visitaba. Lloró y se odió por ese llanto, porque nada remediaba ni lo haría volver. Porque no bastaban cuantas sean, todas sus lágrimas eran en vano. Y aún así, lo amaba como nunca antes. Levantó sus ojos en medio de aquella lluvia torrencial y los posó sobre la foto sonriente de Harry, que era estática como las fotos muggles.
-¿Por qué¡DIME PORQUÉ TE FUISTE!- le gritó descontrolada.- PORQUE NO ME DEJASTE AL MENOS DESPEDIRME DE TI… ¡PORQUE NUNCA ME ESCUCHASTE CUANDO TE DIJE QUE NO FUERAS A ESA CONDENADA MISIÓN!- golpeó la dura piedra con el puño, hipando de llanto.- ERAS UN VALIENTE… Y SABES QUÉ… TE AMO, PEDAZO DE DESAGRADECIDO… TE AMO MÁS QUE A MI VIDA…te amo tanto tanto… -sollozó con tristeza- No sabes como me dueles, amor… ojala me muriera, si vivo, solo es por Charlotte.
Ginny permaneció llorando por horas abajo la lluvia. Cuando comenzó a oscurecer, se incorporó y echándole una última mirada de dolor, subió al coche y se alejó por la carretera.
