CAPCOM ULTIMATE BATTLE
Episodio 2: Entrada a lo indeseado
Rebecca Chambers. 15 de junio. Central 847H de Umbrella, altura apróximada S2. Los zombies se han aliado con diferentes especies de dinosaurios. De algún modo, he conseguido sobrevivir a este hacinamiento infernal. He conocido a Regina, miembro de primera línea de batalla del S.O.R.T., lo que supone una posible adhesión a la B.S.A.A. si su líder, Gail, lo permite. Juntas hemos llegado hasta aquí batiéndonos con incontables criaturas putrefactas y prehistóricas, según qué pasillo se mire. La verdad es que me alegro mucho de haberla encontrado, y siento que trabajamos bien juntas. No es el mejor momento para sentimentalismos, pero creo que puede estar asentándose la base de incluso una amistad. Sea lo que sea, casi nos mata un coloso excesivamente musculado con conocimientos profundos de Wrestling. Lo más dantesco del episodio es que…quien nos ha salvado ha sido un monstruo verde igual o más musculado y con una melena roja brillante y salvaje, con capacidad de generar electricidad y cuyo rugido se equipara al de un león. ¿Tendrá esto algún futuro positivo?
Rebecca se guardó el papel junto con el que había escrito al entrar en aquel ingente edificio en el que ahora se hallaba. Estaban solas en un cuarto Regina y ella, con una bestia verde y peluda de roja melena atada a una silla y sedada como estrella invitada.
¿Tardará mucho en despertarse?-preguntó Rebecca.
Es diazepam casi puro-dijo Regina a modo de respuesta-y en una dosis alta.
¿Te has vuelto loca?-preguntó Rebecca asustada, pues el diazepam puede causar efectos negativos a los seres vivos.
No, tranquila, –respondió Regina- es la única manera de sedar a los dinosaurios. No es la primera vez que me he enfrentado a ellos, y he probado con muchos sedantes. Midazolam, clonazepam, y más benzodiazepinas potentes, y ninguna ha funcionado tan bien como el diazepam. Los dardos están preparados con una concentración óptima de diazepam para mantener a los dinosaurios sedados el mayor tiempo posible. La mayoría se despiertan a los veinte minutos, así que imagínate su fortaleza. Esta cosa parece más, mucho más fuerte que los dinosaurios, así que puede que en cinco ó diez minutos esté en pie dando guerra.
Espero que guerra propiamente dicha no dé, por favor…-dijo Rebecca para sí en voz alta.
Regina sonrió empáticamente. Rebecca se arrodilló ante la silla para quitarle el dardo del cuello a aquella cosa y aplicarle un antiséptico en el punto del pinchazo.
¿Eres consciente de que, si abre los ojos, puede hacernos puré, y, aun así, te preocupas de desinfectarle la herida?-preguntó Regina-Eres muy considerada, Rebecca.
Tal vez pueda ser nuestro aliado…-dijo Rebecca optimista mientras tiraba el algodón usado a una papelera que había en la sala-Teniendo en cuenta los efectos ansiolíticos del diazepam, puede que, cuando se despierte, no esté tan violento como cuando lo hemos visto luchar contra ese…tío.
Sí,-asintió Regina-yo también lo he pensado. Además, antes lo hemos escuchado hablar. Si sabe hablar es porque tiene capacidad racional y, por tanto, podremos comunicarnos.
Y todo esto bajo la hipótesis de que se despertará en son de paz…bueno, de que se despertará…-dijo Rebecca con cierta angustia.
Tras decir estas palabras, la joven bioquímica le buscó el pulso. Era lento, pero estable. Estaba claro que estaba muy, pero que muy tranquilo y relajado, profundamente dormido, pero no estaba muriéndose en sueños ni nada por el estilo.
Está vivo…-dijo con cierto alivio.
No sé si alegrarme o tener miedo…-dijo Regina con tono confuso.
Apoyo tu moción…-dejó caer Rebecca con cansancio.
Se sentó en una de las sillas. No era demasiado cómoda, pero no había destensado sus músculos durante lo que le parecieron eones. Regina hizo lo propio con otra de las sillas y se estiró suavemente.
Ya voy teniendo una edad para hacer estas cosas…-dijo Regina dándose golpecitos en el hombro.
Las dos se rieron en voz baja. Parecían dos amigas de toda la vida tomando algo juntas en una cafetería…lo que, por un momento, por un bendito momento, las hizo olvidar el horror que las rodeaba. Por un momento, claro…
¡CRACK!
Un ruido de algo partiéndose sobresaltó a Regina y a Rebecca.
¿Quién va?-dijo Regina en voz alta desenfundando la pistola.
Rebecca miró hacia su verde y peludo "amigo" y se dio cuenta de que se había despertado y estaba intentando soltarse. Todavía no tenía los músculos lo bastante receptivos como para romper la cuerda, por suerte.
¡Soltadme!-gritó la criatura con una voz casi afónica-¡Dejad de mortificarme!
Rebecca se puso frente a él y le hizo gestos con las manos para que se calmase.
Tranquilo.-le dijo con una expresión de confianza para hacerle ver a aquel ser que no eran enemigas-No vamos a hacerte daño. Nadie va a hacerte nada malo. Estás a salvo.
Te tuvimos que poner esas cuerdas para que, al despertarte, no intentases matarnos como antes ahí fuera…-dijo Regina.
¿Antes?-preguntó aquella bestia con desconcierto.
Cuando estábamos en el pasillo, -explicó Regina- nos salió al paso un hombre muy grande y peludo que casi nos mata a golpes. De pronto, apareciste por allí y te lanzaste a por él como si no hubiera mañana. También le dijiste "cabrón" e "hijo de puta" en medio del combate…bueno, lo dijiste en plural.
¡Malditos cabrones!-gritó la bestia indignada.
¿Qué ha pasado?-preguntó Rebecca-¿Quién eres?
Me llamo Blanka.-respondió la bestia-Yo era humano…hasta que los científicos de Shadaloo me… ¡ME CONVIRTIERON EN ESTO!-la desesperación y las ganas de llorar se notaron en su voz.
¿Qué te hicieron?-preguntó Rebecca indignada, mostrando su empatía con Blanka.
Me encerraron en una máquina y empezaron a suministrarme anabolizantes y miles de químicos para modificar mis genes, taparon mis ojos con unas gafas 3D en las que me obligaban a ver violencia muy dura y…acabé así…-dijo Blanka.
Entonces…-intervino Regina-¿no vas a volver a intentar matarnos?
Me temo que sí…-dijo Blanka apenado-por culpa de los científicos, mi cuerpo está diseñado para la violencia. Supongo que me habéis sedado y por eso conservo mi racionalidad, pero…cuando el sedante se pase del todo…volveré a ser violento y tendréis que luchar contra mí…y temo que no podáis derrotarme. Mi cuerpo es demasiado monstruoso. Produzco electricidad. Soy un depredador… ¡Dejadme atrás, abandonadme aquí, salvaos!
Regina miró al suelo. Le parecía una injusticia lo que le habían hecho a Blanka…
Me niego rotundamente.-dijo Rebecca con firmeza-Tú vienes con nosotros. Eres una víctima más de esta hecatombe, igual que nosotras. Vamos a salvarnos juntos, ¿de acuerdo, Blanka?
¡NO!-se negó Blanka-Ni se os ocurra…¡noto cómo mis músculos van reaccionando más y más!
Me da exactamente igual lo que tus músculos reaccionen. –dijo Rebecca poniéndose en pie, dispuesta a aliviar el dolor de aquel hombre víctima de una injusticia- Tenemos más sedante, ¿verdad?
Regina asintió.
Si te pones violento-dijo Regina-te volveremos a sedar, y cargaremos con tu cuerpo hasta que te despiertes.
Blanka bajó la cabeza. Dos brillantes lágrimas salieron de sus ojos.
Gracias…-dijo él-jamás pensé que ninguna persona querría mirarme después de lo que me han hecho.
Las hojas no deben impedir ver el tronco. –afirmó Rebecca- Puedes tener un cuerpo verde y una melena roja, pero eres una persona. Eres un hombre dentro de ese cuerpo. Si hablo con otros hombres en mi día a día por cualquier motivo, ¿por qué no iba a poder relacionarme contigo? Me llamo Rebecca Chambers. Encantada.
Yo soy Regina. Un placer.-dijo la otra chica.
Rebecca deshizo el nudo de las cuerdas que ataban a Blanka, quien, tras notarse libre, saltó de la silla.
Salgamos de aquí.-dijo Rebecca con determinación-Vivos. Unidos. Juntos.
Me parece bien.-dijo Regina levantándose de la silla con una sonrisa.
Os…-intentó articular Blanka-…os protegeré de toda bestia que se nos cruce en los caminos de este laboratorio infecto.
Rebecca sacó su botiquín y cogió de él una jeringuilla y una botella. Con ayuda de una aguja limpia, extrajo un poco de líquido de la botella.
Blanka, necesito que me des tu brazo un momento.-dijo Rebecca-Como has dicho que, sin sedantes te volverás violento, voy a ponerte un poco, pero muy poco, de morfina. Te notarás un poco cansado, pero tus reacciones violentas tardarán más en aparecer.
De acuerdo.-asintió él.
Tras suministrarle la dosis y tirar la aguja a la papelera, los tres salieron de allí.
No sé exactamente el tiempo que ha pasado,-dijo Regina mirando a ambos lados-pero esto está limpio, exactamente como antes.
Tendremos que desandar un poco el camino y buscar a Rick, ¿no?-preguntó Rebecca.
Si volvemos por allí, nos encontraremos con todos los zombies que había antes…-dijo Regina.
Pero estaba por esa zona, ¿no es así?-volvió a preguntar Rebecca.
Sí, pero está lleno de esos muertos andantes…-dijo Regina mientras contaba las balas que le quedaban.
No serán problema.-intervino Blanka.
La criatura salió corriendo hasta el pasillo principal. Los zombies seguían allí, aunque había menos. Blanka rugió fuertemente y los zombies se volvieron hacia él. Rebecca y Regina corrieron hacia allí y vieron algo espectacular. Su recién conocido compañero corrió hacia la pared que había a su espalda, apoyó los pies en ella con una fuerte zancada y, cuando parecía que iba a escalar la pared corriendo, contrajo su cuerpo, se hizo una bola y se impulsó con los pies hacia los zombies. Como si fuera una enorme bola de bolos rodante, hizo un auténtico pleno con los zombies que tenía delante. El suelo se llenó de sangre. Con aquel golpe abatió, por lo menos, a seis.
¡Venid si os atrevéis!-gritó Blanka con un tono guerrero.
Con sus grandes zarpas, empezó a destrozar a los zombies a manotazos y zarpazos. Su enorme agilidad le permitía saltar para caer encima de las criaturas y hacerlas pulpa, y sus musculosas piernas dieron buena cuenta también de los zombies con fuertes patadas. En un último movimiento, cerró el puño y lanzó un demoledor gancho que destrozó a cuatro más.
¿No vais a huir?-preguntó la criatura.
Aquello seguía atestado de criaturas. Blanka era, sin duda, un aliado brillante para aquella operación.
¡Muy bien, Blanka!-lo animó Regina-Mi compañero Rick está al final de ese pasillo. ¡Sólo un poco más!
Blanka se giró para mirar a Regina y asentir con la cabeza. Los zombies empezaron a rodearlo y agarrarlo con sus asquerosas manos. Empezaron a acercar sus hediondas bocas a su cuerpo para morderle.
¡No!-gritó Rebecca desenfundando el arma.
Los ojos de Blanka empezaron a brillar en un tono amarillo eléctrico, y de su cuerpo afloró una corriente eléctrica que hizo que los zombies saltasen en pedazos.
¡NO OS ATREVÁIS A TOCARME!-chilló la criatura mientras abatía a más zombies.
Ya va siendo hora de ayudar.-dijo Regina sacando la escopeta y avanzando hacia Blanka y los zombies. Rebecca la siguió de cerca con la pistola en la mano.
Comenzaron a disparar. Los zombies caían más rápido por acción de los tres combatientes a la vez.
¡Mierda!-gritó Blanka con los ojos como platos-¡AAAAAAAAAAAAAAAAARGH!
Un grito desgarrador se apoderó de él. De pronto, sus ojos se inyectaron en sangre y comenzó a golpear las paredes, el suelo, el techo, los zombies y…también intentó golpear a sus compañeras.
Era cuestión de tiempo…-se lamentó Regina.
Blanka se lanzó contra las chicas. Regina cargó los dardos en la escopeta y salió corriendo para que la bestia la persiguiera.
¡Cúbreme las espaldas!-pidió Regina.
La adrenalina podía cortarse con un cuchillo en el ambiente. Rebecca estaba ahora sola frente a una marea infranqueable de putrefactos zombies.
¡Fuera!-gritó Rebecca.
Sacó dos botes negros con llamas dibujadas y apretó los dos pulverizadores a la vez. Dos chorros de llamas incendiaron a los zombies y el fuego se fue propagando de unos a otros. Ya no estaba siendo acosada por un ejército de zombies: Ahora estaba siendo acosada por un ejército de zombies ardiendo.
Es cuestión de tiempo que caigan…-dijo Rebecca en voz alta para tranquilizarse mientras retrocedía.
Los zombies empezaron a caer uno por uno, pero no a la velocidad suficiente como para que Rebecca estuviera a salvo. Llegó un momento en el que tuvo que correr hacia Regina, de la cual casi se olvidó en el fragor de la batalla. ¿Estaría bien?
Cuando la vio, reconoció el cuerpo de Blanka desplomado a sus pies.
¿Ya lo has sedado?-preguntó Rebecca nerviosa.
Regina asintió mientras cogía su cuerpo.
Ayúdame, -le pidió-que pesa un quintal.
Rebecca lo cogió de un brazo y Regina del otro.
Ahora sólo nos queda correr con Blanka sobre nuestros hombros mientras huimos de un pelotón de zombies ardiendo.-dijo Rebecca sarcásticamente.
Aquellos asesinos putrefactos ya estaban muy cerca.
Maldición…-se dijo Regina.
Escucha…-dijo Regina nerviosa-me dejé el equipo en la sala de ordenadores donde opera Rick. Lo llamaré y le diré que venga y lo traiga.
¿A qué te refieres con el equipo?-preguntó Rebecca mientras disparaba a los zombies.
Armas.-dijo Regina como si estuviese enamorada de ellas-Las suficientes como para obliterar a todo cuanto se presente aquí.
Con Rebecca disparando, Regina pudo cubrir a Blanka mientras usaba su comunicador.
Rick.-dijo Regina-Aquí Regina.
Aquí Rick.-respondió el joven-¿Algún problema?
Me faltarían años de vida si tuviera que contarlos uno a uno.-dijo Regina-Necesito que salgas. Estamos a punto de llegar hasta donde estás, pero hay demasiados zombies y no podemos pasar a través de ellos. Sal a nuestro encuentro y coge el equipo. Voy a necesitarlo.
Regina oyó ruidos. Rick parecía estar dándose prisa.
¡Voy inmediatamente!-respondió él-Corto.
Rick está de camino con las armas.-dijo Regina mientras se incorporaba a la línea de tiro.
¡Nos van a matar!-gritó Rebecca.
Tranquila…-dijo Regina sin poder ocultar su nerviosismo-vamos a salir de aquí.
Empezó a disparar con la escopeta para ayudar a Rebecca. Tenían que salir de ahí a cualquier precio.
¿Por qué no vuelves a prenderles fuego?-preguntó Regina-Tal vez consigamos algo.
Rebecca cogió sus dos pulverizadores, avanzó dos pasos y soltó dos llamaradas. Los zombies empezaron a retroceder.
¿Cuánto líquido les queda?-preguntó Regina señalando con la barbilla los pulverizadores.
No todo el que me gustaría…-respondió Rebecca.
¡Un momento!-exclamó Regina-¡Mira eso!
Regina señaló a un punto bastante lejano del pasillo. Algo rojo se podía ver.
¿¡Un bidón de combustible!-preguntó Rebecca.
¡Exacto!-respondió Regina con esperanza-Ahora sólo hay que hacer puntería.
Regina guardó la escopeta, sacó la pistola, apuntó y…una tremenda explosión limpió el pasillo de zombies. Las llamas y el humo negro hicieron que el pasillo fuera difícil de transitar, pero por lo menos ya no había criaturas asesinas.
¡Qué puntería!-la elogió Rebecca.
Gracias.-dijo Regina sonriendo-Ahora te podré presentar a Rick.
Cogieron a Blanka y avanzaron por el pasillo con cuidado de no quemarse con las pocas llamas que aún quedaban. Olía a quemado, pero, por lo menos, ya no olía a podrido.
Ya sólo nos queda girar esta esquina para reunirnos con Ri…-Regina interrumpió su frase.
Un enorme portón metálico yacía ante ellas. El pasillo estaba cortado.
¿Qué?-preguntó Regina con rabia-¿Quién ha hecho esto? ¡Esta zona antes era transitable!
¡Oh, no!-exclamó Rebecca-¿Qué hacemos ahora?
No lo sé…-dijo Regina con indignación-…pero he hecho salir a Rick para nada. Si se encuentra con algo ahí fuera y no podemos ayudarle, yo…
Regina apretó los puños. Oyeron el tableteo de un arma automática.
¡Hay alguien al otro lado!-exclamó Rebecca-Tal vez pueda quitar este obstáculo.
Reconocería ese sonido en cualquier parte.-dijo Regina-Es el rifle de asalto de Rick.
¡HIYAAAAAAAAAAAAAAH!-oyeron gritar a una voz femenina mientras algo que volaba a gran velocidad cortaba el aire.
Acto seguido, se oyó un tremendo golpe y dos sonidos metálicos, como si dos objetos cayeran contra el suelo. También se oyó el sonido de un cuerpo desplomándose.
¡Rick!-exclamó Regina con los ojos como platos.
No hubo respuesta. Se hizo el silencio.
Vosotras…-dijo la voz de mujer que habían oído antes lanzar aquel grito de guerra-…seréis las siguientes.
Acto seguido, se oyó cómo recogía el cuerpo y los objetos. Tras unos segundos de silencio, se oyó otro sonido cortando el aire, y unos pasos rápidos, ágiles y apenas audibles que se alejaban.
¿Quién será esa mujer?-preguntó Rebecca asustada.
Una fan nuestra seguro que no…-dijo Regina con rabia contenida.
Rick estará bien.-dijo Rebecca para tranquilizar el ambiente.
¿Y si lo ha matado?-preguntó Regina-¡No sabemos lo que le ha hecho!
A juzgar por los sonidos…-dijo Rebecca-diría que le ha dado un golpe. Ese grito es bastante propio de un artista marcial. Varios de mis compañeros saben artes marciales y también gritan con los golpes. El sonido de después del grito ha sonado como un puñetazo, una patada o algo por el estilo. Probablemente sólo se haya desmayado.
Espero que lleves razón…-dijo Regina dejándose caer al suelo, sentada y con la espalda apoyada en la pared.
Las dos se miraron. Regina suspiró.
Vivo o muerto, -dijo Regina apesadumbrada-lo que está claro es que esa mujer se ha llevado a Rick con ella. Si pudiéramos contar con Blanka, quizás él podría destrozar este portón, pero…-se quedó sin saber qué decir.
Habían dejado a Blanka tendido en el suelo. Era cuestión de minutos que se despertase. Rebecca golpeó el portón suavemente con sus nudillos.
Es macizo.-informó-No creo que Blanka hubiera podido tirarlo abajo o abrir un boquete en él.
Ya da igual…-dijo Regina desanimada-¿qué hacemos?
Volvamos atrás. –dijo Rebecca-Tal vez encontremos a mi compañera Sheva en algún lugar…
Sí…-dijo Regina levantándose-…todo menos quedarnos quietas.
Cargaron a Blanka sobre sus hombros y avanzaron lentamente mientras lo llevaban con ellas. Cuando fueron a salir de aquel pasillo por donde habían entrado la primera vez, (desde el laboratorio donde encontraron al dinosaurio gigante) se encontraron con otro portón. A su lado se abría un pasillo perpendicular al que estaban recorriendo ellas y que no habían visto antes.
¿Qué es esto?-preguntó Regina asqueada-¿Una broma de mal gusto?
Alguien sabe que estamos aquí.-dijo Rebecca con seriedad y miedo.
Regina miró a su alrededor y agachó la cabeza.
Claro…-dijo ella-…hordas de enemigos justo donde nosotras tenemos pensado ir, pasillos que se cierran cuando queremos atravesarlos y otro que se abre ante nosotras…demasiada coincidencia, ¿verdad?
En efecto…-dijo Rebecca-…este pasillo parece ser la boca del lobo. Si lo cruzamos, tal vez…
Claro que es una trampa.-dijo Regina con frialdad-Pero no tenemos otra opción. Estamos atrapadas entre dos portones macizos de Dios sepa cuánto espesor. Tenemos que avanzar…
Rebecca asintió y, mientras cargaban con Blanka, las dos avanzaron el pasillo. Estaba limpio, pero oscuro. En la pared izquierda había amplias ventanas puestas en serie que iluminaban un poco el pasillo. A través de ellas se veían plantas inferiores de la instalación donde había luces procedentes de montones de máquinas, pero ninguna aparente salida.
¿Hasta qué profundidad se extenderá este demoniaco edificio?-preguntó Rebecca sorprendida.
No lo sé, -dijo Regina- pero seguro que hasta donde las máquinas más potentes de ahora hayan podido taladrar.
Pronto vieron una luz intermitente ahí abajo. Parecía un arma disparando. Gracias a esa luz, empezaron a ver que aquella planta tan baja estaba llena de dinosaurios. El dueño del arma que disparaba se estaba abriendo paso a tiros. No alcanzaron a ver muy bien lo que estaba pasando, pero distinguieron a un hombre rubio y con un traje negro y gris.
¡Gail!-exclamó Regina.
¿Ése es tu líder?-preguntó Rebecca sorprendida.
¡Sí, es él!-exclamó Regina-¡Voy a llamarlo y a decirle que estamos encima de él!
Rebecca oyó cómo Regina daba un pisotón en el suelo malhumorada.
No hay cobertura…-dijo Regina-…seguro que tienen un inhibidor de frecuencia o algo así en esta parte del complejo.
Bueno, -dijo Rebecca para tranquilizarla- no está todo perdido. Podemos buscar una forma de bajar desde aquí.
Buena idea.-dijo Regina denotando algo más de optimismo.
Sólo pudieron avanzar dos pasos, pues se quedaron paralizadas al ver quién apareció frente a ellas doblando la esquina: el coloso de ojos azules y pelo castaño de antes.
Vaya vaya…-dijo con su tosco y gutural acento-¿a quién tenemos aquí?
¿¡Tú!-gritó Regina agarrando la empuñadura de su porra eléctrica-¿Cómo es que no te han comido los zombies?
Ya sé que me pusisteis estratégicamente en medio de ellos,-dijo con sorna el gigante- pero son demasiado débiles para la fuerza del Ciclón Rojo.
¿Ciclón Rojo?-preguntó Regina-¿De qué vas?
Je…-se rió el hombre-esta vez no hay posibilidad de escape. Vais a caer. ¡RAAAAAH!
El tipo corrió hacia ellas. Raudamente, soltaron a Blanka y se separaron la una de la otra para esquivar el brutal placaje que aquella enorme persona había lanzado contra ellas. Al ver que su ataque había fallado, el corpulento luchador lanzó un fuerte puñetazo contra Rebecca, que se agachó atemorizada y oyó cómo el puño daba contra la pared. Alzó la cabeza y vio la abolladura que dejó aquella bestia humana en la pared.
¡Sé valiente, agente Chambers!-se recordó mentalmente.
Rebecca se levantó tan rápido como pudo y le roció la cara a su enorme enemigo con su spray de gas lacrimógeno. El tipo retrocedió con un grito de dolor y llevándose las manos a los ojos, momento que la joven bioquímica aprovechó para ponerse a su espalda y dar un pequeño salto para darle un rodillazo en la cintura con todo el peso de su cuerpo. Con lo desequilibrado que estaba, logró propulsarlo hacia Regina, que le dio un buen golpe con la porra en el cuello y lo dejó hincado de rodillas en el suelo. Justo cuando iba a darle el golpe de gracia con una descarga más de su arma, el enemigo se levantó y le hizo un suplex. Mientras intentaba levantarse del fuerte golpe, Rebecca corrió con su aturdidor en las manos para intentar sacudirle una descarga eléctrica, pero el hombretón se dio cuenta, se giró hacia ella, la agarró fuertemente del cuello y la levantó.
¿Y si ahora te estrangulo?-preguntó con sorna.
Rebecca intentó articular algo, pero no podía. Se estaba ahogando.
Blanka abrió los ojos y sacudió su cabeza. Vio a Regina intentando levantarse, y a Rebecca siendo estrangulada por aquel patán contra el que había luchado hacía poco tiempo. Su rabia se encendió y se levantó de golpe.
¡NO QUIERO VOLVER A VERTE EN MI VIDA, BASTARDO!-gritó con su voz animalizada.
El coloso se volvió sobresaltado, aflojando la mano con la que estrangulaba a Rebecca, momento que ésta aprovechó para darle una impetuosa patada en la cara para bajar al suelo y correr a asistir a Regina. Blanka se abalanzó contra el enorme y corpulento luchador y le asestó una tremenda patada giratoria. Acto seguido, lo abatió con un golpe de martillo con sus dos manos en la espalda, lo cogió fuertemente de debajo de los brazos y saltó con toda la fuerza que pudo hacia atrás, rompiendo una de las ventanas y cayendo con su presa al vacío. Las chicas se apresuraron a mirar por la ventana rota y vieron los dos cuerpos caer hacia la negrura.
Genial…-dijo Rebecca con tono de fastidio-hemos perdido a Blanka.
Es un fiera…literalmente, -dijo Regina para tranquilizarla-así que sobrevivirá…o eso espero.
La caída no es lo que me preocupa –argumentó Rebecca- es lo que le pueda pasar ahí abajo con ese armatoste humano y…esos dinosaurios.
Regina asintió dándole la razón y siguió oteando el oscuro sótano que mostraba la ventana.
Ya no veo a Gail.-dijo-¿Estará bien?
Espero por Dios que sí…-dijo Rebecca.
Yo también.-concordó Regina-Bueno…creo que tenemos que avanzar por aquí…no nos queda otra…
Rebecca le dio la razón y avanzaron juntas con sus pistolas en la mano por el oscuro y ancho pasillo. Al girar la esquina, vieron a un único zombie. Se iba a abalanzar contra las chicas justo cuando un dinosaurio lo partió por la mitad de un mordisco. Ahora era el dinosaurio el que amenazaba a las chicas.
Mierda…-se quejó Regina-y yo que pensaba que esto estaba limpio…
Comenzó a dispararle a aquella criatura tan monstruosa y anacrónica, y Rebecca se le unió en seguida. Al ver que se enfureció y comenzó a correr hacia ellas, las chicas se apartaron y volvieron a doblar la esquina.
¡Es demasiado rápido!-exclamó Rebecca-¡AAAAAH!
El dinosaurio tiró a Rebecca al suelo con un fuerte latigazo de su cola. Regina empezó a dispararle en el cuello para llamar su atención, pero aquella bestia acercó sus fauces a Rebecca sin importarle el dolor. La joven bioquímica sacó su aturdidor y le propinó una fuerte descarga en la garganta, haciendo que cayese redondo de espaldas.
Ha faltado poco…-dijo Rebecca nerviosa. Acto seguido miró su aturdidor-A este paso se me va a descargar…
En cuanto salgamos de aquí podrás cargarlo.-dijo Regina mientras la ayudaba a levantarse-Tenemos que encontrar la salida.
Volvieron a girar la esquina y giraron otra vez. El pasillo describía una pequeña "Z". En el lateral derecho del pasillo que cruzaban había una puerta mecánica enorme con un cierre electrónico. De pronto, se encendieron todas las luces del pasillo. Pudieron entonces ver el cartel que había encima de la enorme puerta: "LAB846"
¿No era ésa la inscripción de la llave que encontramos hace un buen rato?-le preguntó Rebecca a su compañera.
Sí…-dijo Regina sacándose la llave de un bolsillo-…y parece que vamos a ver el interior de la sala que abre…
Miraron a sus lados. Al final del pasillo había una pequeña puerta, pero no era de cierre electrónico, sino convencional. Tenía el tirador intacto y no parecía estar cerrada.
Si las cosas se ponen feas, -dijo Regina-huiremos por esa puerta.
De acuerdo.-asintió Rebecca mirando a la puerta.
Un segundo después de mencionar la palabra "puerta", la susodicha se hizo añicos y de ella salió una bestia de aspecto aterrador. Era en cierto modo antropomorfa, pero sólo se parecía a los humanos en que se movía a dos patas. Tenía los brazos muy largos y los arrastraba, y estaba encorvado. Era marrón pardo y estaba descarnado en algunas zonas. Unas largas y afiladas garras salían de sus brazos y pies, y su rostro era horrible y denotaba sed de sangre. Era una especie de gorila carnívoro con patas curvadas y musculosas como ancas de rana.
MA-121 Hunters.-identificó Rebecca muerta de miedo-Cortesía de Umbrella. ¡CORRE!
Regina y Rebecca salieron pitando de allí, y aquella cosa los persiguió.
Es una mezcla de gorila y rana hecha con ingeniería genética y Virus T.-explicó Rebecca mientras huían de esa cosa-Si se nos acerca nos arrancará la cabeza de un zarpazo.
Oyeron el tableteo de un arma automática, y vieron sangre salpicando contra la pared que había frente a ellas. Se volvieron y vieron a aquella criatura correr en sentido contrario. Alguien le estaba disparando desde la esquina, y no veían quién era.
¿¡Gail!-dijo Regina en voz alta con esperanza.
¡HAAAAAH!-oyeron que gritaba una voz femenina familiar para Rebecca.
Vieron una pierna dándole una patada a aquella cosa y estampándola en la pared, lugar en el que murió por la ráfaga de un arma automática.
Esa voz…-dijo Rebecca emocionada-¡Sheva!
¿Rebecca?-preguntó aquella persona desde la otra esquina.
Se acercó lentamente y dobló la esquina. Regina por fin le puso rostro a la ya tan mencionada Sheva. Era una mujer muy guapa, y parecía joven. A juzgar por su piel oscura, sus labios carnosos y sus oscuros y hermosos ojos, Regina dedujo que era africana. Llevaba su pelo castaño oscuro recogido en una coleta. Iba ataviada con una camiseta blanca de tirantes, un pantalón verde y unas botas negras altas de suela ancha. Su cuerpo estaba rodeado de correas y arneses para sujetar armas y bolsas de equipo de mano. En sus manos llevaba una ametralladora pequeña que Regina, como experta en armas, identificó como VZ61. También tenía una escopeta enorme en la espalda, que reconoció como Ithaca M37.
¡Oh, Sheva!-dijo Rebecca con mucha alegría-¡Por fin! Estaba tan preocupada por ti…
Sheva le puso la mano en el hombro a su compañera.
Tranquila, todo está bajo control…he conseguido hacer lo que te dije que debía hacer por aquí.-informó Sheva-Lo que me extraña es que estés tú por aquí…tan lejos de la entrada…
Rebecca sonrió nerviosa: tenía muchas cosas que contar. Cogió a Regina de los hombros y comenzó a hablar sin dejar de sonreír.
Me he encontrado con esta chica.-comenzó a explicar-Se llama Regina, y es una de los nuestros. Es una gran luchadora, gracias a ella hemos llegado hasta aquí y hemos encontrado la llave de nada más y nada menos que esta puerta que tenemos al lado. Luego hemos visto a una bestia verde y muy musculosa que nos ha intentado matar y nos ha salvado dos veces de un tío enorme y adicto a los anabolizantes que casi nos mata también. Blanka, la bestia de la que te hablo, ha saltado por la ventana con ese tío bien cogido, y han aterrizado en el piso de abajo, donde está Gail, el líder del S.O.R.T., es decir, el grupo de Regina. También está Rick, un genio informático del mismo equipo, pero, cuando nos íbamos a reunir con él, una mujer que no hemos podido ver lo ha dejado K.O. de un golpe y se lo ha llevado arrastrando y…
Sheva le dio una palmadita en la espalda y sonrió con confianza.
Calma.-le pidió-Veo que a vosotras también os han pasado muchas cosas. Yo he atravesado un atolladero infernal también…
Perfecto.-pensó Rebecca-He hablado como una niña. Como si tuviera diez años. ¡Es un gran camino para mi carrera como agente luchadora contra el bioterrorismo!
Sheva dejó de hablar y miró un momento a Regina a los ojos.
Perdona mi descortesía.-dijo de pronto-Soy Sheva. Sheva Alomar.
Regina.-respondió ella-No te preocupes, entiendo que las normas de cortesía quedan un poco relegadas al segundo plano cuando entras en este infierno de arquitectura contrahecha…
Como decía, -prosiguió Sheva tras guiñarle un ojo cómplice a su nueva compañera- he tenido que lidiar con la flor y nata de las criaturas de Umbrella. Se ve que los zombies están por las zonas de cierta altura y en las plantas más bajas, donde yo he estado, abundan los monstruos horribles. He gastado muchísima munición de todas las armas y, por si fuera poco, ahora las armas biológicas de Umbrella han hecho amiguitos: DINOSAURIOS. -Rebecca y Regina se miraron y soltaron una risa pesada que denotaba fastidio- Por si eso no fuera poco, me he cruzado con un put…ñetero loco ahí abajo que casi me pega un tiro.
¿Era rubio muy claro, con el pelo casi blanco?-preguntó Regina con el corazón en un puño.
Sí…-dijo Sheva con pesadez-y llevaba un uniforme gris y negro parecido a un traje militar. Armado hasta las cejas y con suficiente locura como para matar a una persona que no conoce, ese señor casi me parte por la mitad.
Gail.-dijo Regina fríamente.
¿El líder de tu grupo?-preguntó Sheva-Pues…o sabéis aguantarlo muy bien, o se acaba de volver loco por este caos. En caso de ser la segunda opción, la verdad es que no lo culpo.
Siempre ha sido un hombre de acción…-explicó Regina-y propenso a la violencia…pero nunca hasta tal extremo. Tenemos que bajar y hablar con él…
No va a poder ser…-dijo Sheva.
¿Por qué?-intervino Rebecca.
Digamos que…-respondió la joven de piel morena-el golpe que le he dado para salvar mi vida ha sido un poco fuerte de más.
¿Lo has tumbado?-preguntó Regina muy sorprendida.
Redondo.-informó Sheva con cierto orgullo.
¡Guau!-exclamó Regina-Gail siempre ha sido un animal cuando se trata de fuerza y violencia, se requiere mucha, pero que mucha fuerza para tumbarlo, y más aún de un solo golpe…
Ya la irás conociendo.-dijo Rebecca orgullosa de su compañera-Sheva es una chica dura…muy dura. Se le dan muy bien las artes marciales…es muy aerodinámica y espectacular en el cuerpo a cuerpo.
¡Para de darme coba!-dijo Sheva sonriendo y con tono amistoso.
Tú tampoco lo haces mal…-le dijo Regina a Rebecca-cuando hace falta, también les pegas como es debido.
¿Yo?-preguntó Rebecca-Yo no sé casi nada de cuerpo a cuerpo…aprendí lo básico en la academia de policía, y porque era obligatorio. Yo siempre quise ser investigadora científica, pero la única plaza vacante que había cuando me gradué fue en los S.T.A.R.S. …así que ingresé allí y…bueno, he acabado siendo integrante de la B.S.A.A.
De pronto, oyeron disparos procedentes del nivel inferior.
Ese sonido…-reconoció al instante Regina-¡es el arma de Gail!
No ha podido recuperarse tan pronto…-calculó Sheva.
Los disparos fueron acompañados de unos pasos fuertes y en carrera que se oían cada vez más. Fuera o no Gail, lo que era seguro era que estaba subiendo por las escaleras que bajaban ante ellas. Más disparos…y un rugido.
Dinosaurios…-dijo Rebecca con asco y miedo a la vez.
Por las escaleras vieron subir a un hombre alto con una escopeta y un rifle de asalto en la espalda. Era Gail, como bien reconocieron Sheva y Regina, y Rebecca, a su vez, intuyó nada más ver su figura. Lo perseguía un dinosaurio bastante grande y hambriento. Gail iba dejando un rastro de sangre a su paso. Le había mordido el dinosaurio en el costado derecho.
¡Gail!-exclamó Regina mientras disparaba contra el dinosaurio.
Rebecca se dispuso a ayudar disparando también con su pistola, pero fue Sheva quien dio muerte a aquella aberración con su arma automática.
¡Regina!-exclamó Gail furioso tras ver cómo aquella cosa caía pesadamante-¿Qué coño es esto?-miró a las dos chicas que la acompañaban.
Verás, Gail…-intentó explicarse Regina hasta que su líder la dejó con la palabra en la boca.
¡Esa zorra negra me ha hecho perder el conocimiento de una hostia!-gritó como un salvaje-Lo mejor es que me ha despertado EL DOLOR DE ESA PUTA COSA MORDIÉNDOME.
Sheva se puso en guardia.
Mire, Gail, en teoría y, según su compañera, estamos en el mismo bando.-dijo en tono defensivo-Empezó usted amenazándome con esas dos armas descomunales.
Gail le apuntó con la escopeta y puso el dedo en el gatillo.
Eso te pasa por meterte donde no te llaman.-dijo él.
Santo cielo…-dijo Rebecca-¿qué has hecho, Sheva?
Intentar ayudarle cuando casi muere pasto de los zombies.-dijo Sheva con mucho asco.
¡BANG!
Un casquillo de escopeta se estampó contra el techo. Rebecca se encogió del miedo. Gail había disparado contra Sheva, pero Regina fue lo bastante rápida como para levantarle la escopeta de un empujón y agarrarle de los brazos para que no la bajase.
Gail…-dijo Regina nerviosa-sé que estás pasando angustia y dolor. Nosotras también…pero no hagas cosas de las que puedas arrepentirte…
¡CÁLLATE!-ordenó Gail mientras se la quitó de encima de un fuerte codazo que la dejó en el suelo.
El malhumorado y, al parecer, psíquicamente afectado líder del S.O.R.T. volvió a apuntar con la escopeta a Sheva. Ésta se hartó y le voló la escopeta de una patada. Gail sacó un cuchillo de su pantalón y se lanzó a por ella, pero Sheva volvió a ser más rápida que él y giró en sentido antihorario mientras saltaba, estirando la pierna al final del giro en una fuerte patada giratoria aérea inversa. Gail saltó por los aires y acabó estampado en una pared.
Spinning Back Kick.-dijo Sheva para sí-Sin duda, una de las técnicas más eficientes que he podido aprender.
Sin perder un segundo, la joven africana sacó su pistola de la funda que llevaba prendida del cinturón y pegó el cañón a la garganta de Gail.
No soy violenta ni hostil, ni mucho menos asesina.-informó Sheva-Pero usted me ha obligado.
Rebecca estaba asustadísima. Aliados luchando entre ellos…aquello era dantesco.
Gail.-apeló Regina con frialdad mientras se levantaba-Baja la guardia, por favor. Son de la B.S.A.A., es decir, pasajeras de nuestro mismo barco. Hemos estado hablando y pensando acerca del tema, y hemos llegado a la conclusión de que fusionarnos con la B.S.A.A. será el mejor y más prolífero método para salir victoriosos en nuestra lucha. Rick está de acuerdo, y Rebecca también. Supongo que Sheva no tendrá reparo tampoco…
Siempre admitimos a nuevos miembros.-dijo Sheva sin dejar de apuntar a Gail-La voluntad es importante.
Gail tragó saliva y miró a Regina.
¿Bromeas?-preguntó Gail-¿Y perder nuestro nombre? El S.O.R.T. siempre ha tenido los miembros que ha tenido, y siempre nos ha ido bien. Rick, tú y yo somos los únicos con cojones que quedan en las filas… ¿y vamos a pasar a ser soldados rasos de la B.S.A.A.? No, querida, tenemos un honor que alimentar.
¿Honor?-preguntó Regina como si le hubieran hablado en una lengua desconocida para ella-En una situación como ésta, ¿qué importa eso?
¿No te importas a ti misma, Regina?-preguntó Gail-¿Ni un ápice?
¡Claro que me importo!-se defendió Regina-Precisamente por eso creo que la B.S.A.A. es lo mejor para todo el S.O.R.T., sin ser yo la excepción.
Está bien.-concedió Gail-Puedes ingresar en las filas de la B.S.A.A., pero el S.O.R.T. te echará de menos.
El S.O.R.T. sólo eres tú, entonces…-dijo Regina sintiendo pena de su líder y compañero.
¡Sí!-afirmó Gail con vigor-¡Yo soy el S.O.R.T., y tú, una desertora! ¡Muere, puta desertora!-Gail agarró su cuchillo del suelo- ¡Abandonando así a tu líder sólo consigues cosas como ésta!
Bang…
Sí, como ésta.-dijo Sheva soltando el gatillo de su pistola. Había disparado contra Gail a quemarropa.
Gilipollas…-dijo Gail antes de morir, apretando el gatillo de su rifle de asalto y soltando una ráfaga descontrolada.
¡ARGH!-chilló Regina cayendo al suelo.
Algunas de las balas le dieron. Cayó al suelo con cuatro agujeros sangrantes en las piernas.
¡Mierda!-exclamó Sheva-¡Rebecca, corre, asístela!
¡Voy!-dijo Rebecca al borde del ataque de nervios.
Comenzó a extraer las balas con unas pinzas de su botiquín. Empezó a tapar sus heridas con gasa mojada en alcohol sanitario para cortar las hemorragias y evitar infecciones a la vez que le suministraba un hemostático y un analgésico. Regina no paraba de gemir de dolor.
¡Regina!-exclamó Rebecca-¡Regina! ¿Estás bien? Háblame, por favor…
Gail…-dijo entre toses-cabrón…
Vale, tranquila…-le pidió Rebecca-vas a salir de ésta, no te inquietes. Intenta relajarte…
Se oyeron quejidos apesadumbrados. Rebecca volvió la cabeza para mirar a Sheva, quien estaba apuntando con la pistola a la puerta abierta por la que había salido Gail antes.
Zombies.-dijo Sheva-No hay tiempo.
No puedo hacer esto más rápido…-se disculpó Rebecca-los primeros auxilios llevan su tiempo, y prefiero hacerlos bien antes que hacerlos rápido y dar pie a que las heridas no sanen bien.
Tendré que cubrirte...-dijo Sheva.
Empezaron a subir hombres y mujeres de cuerpos putrefactos. El olor comenzó a hacerse insoportable. Sheva les disparó en la cabeza conforme se acercaban. Iban cayendo uno a uno, pero eran demasiados.
¡A la mierda!-dijo Sheva nerviosa-¡Morid todos!
Sheva giró sobre sí misma, saltó y dio una fuerte patada giratoria, retractando a los zombies a una distancia considerable. Acto seguido, sacó su arma automática y los acribilló. Corrió entonces hacia Rebecca.
Todo listo.-dijo con voz de alivio-¿Cómo vas con Regina?
Bien, pero no podrá andar.-dijo Rebecca apenada-No al menos hasta que consigamos un hospital para ella. ¿Hay alguna sala médica ahí abajo?-señaló las escaleras.
Negativo.-dijo Sheva-Ahí abajo ya no hay nada que sirva. Lo he registrado todo exhaustivamente, y no merece en absoluto la pena pasar por esos pasillos de nuevo. ¿No teníais la llave de esta puerta enorme? Tal vez haya algo de interés dentro.
Sí.-dijo Rebecca-Regina, ¿puedes dármela?
Regina asintió con la cabeza y sacó la llave de uno de sus bolsillos. Rebecca la cogió y miró aquella enorme puerta de nuevo.
Parece que por fin sabremos qué hay detrás de la puerta del "LAB846"…-dijo con tono preocupado.
Abre tú la puerta, por favor.-le pidió Sheva-Yo cogeré a Regina e iré detrás de ti. Investigamos y, si vemos alguna amenaza, salimos pitando y cerramos otra vez la puerta. Lo último que necesitamos es otra pelea teniendo a una herida que necesitamos proteger.
Rebecca asintió. Terminó de prestarle los primeros auxilios, recogió y guardó el botiquín y se dirigió hacia el panel electrónico de la derecha de la puerta, donde se veía claramente el agujero para introducir la llave. Sheva tomó a Regina entre sus brazos y se pegó a la espalda de la joven bioquímica.
Procedamos pues.-dijo Rebecca tras tragar saliva.
Introdujo la llave en el panel y la giró. La luz roja se puso de color verde y se oyó un chasquido. Acto seguido, la enorme puerta comenzó a abrirse sin apenas ruido. El interior de aquel laboratorio (o, al menos, por el cartel, supuesto laboratorio) estaba totalmente oscuro. Se oía una respiración profunda y terrorífica.
Hay algo dentro…-susurró Rebecca.
Avancemos.-dijo Sheva con mucha cautela y en voz baja.
Se adelantaron dos pasos. Acto seguido, la puerta se cerró tras ellas y un chasquido les confirmó que estaba cerrada electrónicamente de nuevo.
Era una trampa, ¡mierda!-dijo Rebecca sin levantar la voz.
El blanco fogonazo las cegó por un segundo. La luz de un ancho foco que colgaba del techo iluminó la estancia. Tubos criogénicos enormes, camillas, estanterías, ordenadores y mesas de trabajo llenas de objetos de laboratorio y material químico decoraban el lugar. La planta de aquel lugar era increíblemente ancha y larga, y la altura era también considerable. Al fondo de aquel enorme y terrorífico lugar había unos pequeños escalones, como los que conducen al altar de una iglesia. A esa altura había una jaula enorme con un dinosaurio descomunal y, frente a ella, una persona ataviada con una bata blanca.
¡Regina!-gritó una voz masculina-¿Qué te han hecho?
La voz provenía de un hombre que estaba atado a una barandilla vertical. Era de piel muy morena, más o menos como Sheva, y tenía el pelo castaño oscuro algo largo y recogido en una coleta. Sus ojos negros y su sudoroso rostro denotaban un terror absoluto.
Rick…-logró articular Regina.
Me atraparon…-dijo Rick nervioso-¡estaba loca! ¡Podía esquivar las balas! Me abatió de una patada, se notaba que era experta en Taekwondo y…
Nadie te ha dado permiso para hablar.-dijo una voz femenina en tono prepotente.
La persona de la bata blanca se dio la vuelta y miró a las chicas. Su tez era pálida pero tostada, como si fuera mestiza. Su rostro y su mirada destilaban aires de superioridad, y tenía una larga melena negra recogida en un apretado, redondo y anticuado moño. Llevaba pendientes de nácar y, bajo su larga bata de laboratorio, podían verse sus largas y estilizadas piernas descubiertas, y unos tacones dorados altos cubriendo sus pies.
¡Qué fea!-pensó Rebecca con una mezcla de miedo y repulsión.
Estupendo.-se dijo para sí Sheva con sarcasmo y asco-Ya decía yo que todo esto olía a esa zorra…
¿Quién es usted?-preguntó Rebecca en voz alta, asombrada por su propio atrevimiento.
Eso no te importa.-respondió ella creyéndose superior.
¡Socorro!-gritó Rick-¡Quiere convertirme en uno de ellos! ¡Me va a inyectar esa monstruosidad!
El dinosaurio rugió con fuerza.
Tiene hambre.-explicó la científica-Más vale que seáis buenos si no queréis servirle de almuerzo.
Excella Gionne,-dijo Sheva-no es de buena educación contestar a alguien con esos malos modos.
La mujer, al parecer llamada Excella, miró a Sheva con asco.
Vaya, Sheva, te veo radiante…-dijo con sorna Excella.
Déjate de juegos.-le pidió Sheva-Suelta a ese hombre inmediatamente si no quieres ser tú el almuerzo de esa aberración.
Rick empezó a intentar soltarse de las cuerdas que lo ataban.
Te pedí quietud nada más ver que te habías despertado,-dijo aquella mujer de aspecto malvado-pero no has querido hacerme caso. Tú te lo has buscado.
Excella sacó una pistola del bolsillo de su bata y le disparó a Rick entre los ojos.
Hija de…-dijo Regina con rabia y mucho esfuerzo.
No veo bien.-se decía Regina en su mente-Veo doble…¿acaso me estoy quedando ciega? ¿Será la pérdida de sangre? En cualquier caso, ha asesinado a Rick delante de mis narices, tengo que…
De manera casi automática, Regina sacó su pistola y, sin soltarse de Sheva, apuntó y disparó, acertando en la pistola de Excella, logrando así tirársela al suelo. Tras ello, perdió el conocimiento y se desplomó, cayéndose de los brazos de Sheva contra el suelo.
¡Ahora!-gritó Sheva.
Rebecca y Sheva corrieron hacia Excella. Rebecca llegó antes hasta ella. No quería dispararle y matarla, así que intentó con todas sus fuerzas lanzar un golpe, pero su intento se vio frustrado cuando recibió un potente guantazo en la cara que la hizo salir disparada y caer al suelo. Sheva dirigió una fuerte patada contra su, al parecer, ya conocida enemiga, pero ésta le respondió con una brutal patada trasera en el pecho, dejándola también en el suelo. Antes de que pudieran hacer nada, Excella sacó de su bolsillo una máscara de gas y una botella, y estampó la botella en el suelo mientras se ponía la máscara de gas.
Seáis lo buenas que seáis-dijo Excella entre risas socarronas y casi diabólicas-el cloroformo no os perdonará. Dulces pesadillas…
Me…cago…en…-pensó Sheva conforme se le nublaba y oscurecía la vista.
Es el…-la mente de Rebecca se esforzaba por seguir consciente-…fin…
Lo último que oyeron antes de perder totalmente el conocimiento fue la risa macabra de Excella.
