Hola, muchas gracias por leer esta capítulo. Pido disculpas por haberme tardado escribiendo, no había podido escribir por motivos personales, pero a partir de ahora subiré un capítulo cada domingo por la tarde.

Nota del autor: Pokémon no es de mi propiedad y la autoría de sus criaturas y personajes es de Game Freak. La historia es sin afán de lucro y con sólo motivos de entretener.


Capítulo I: Los Elegidos

Era una mañana tranquila en el colegio Liceo Trujillo, las clases era monótonas y aburridas, como en la mayor parte de los colegios. Todos esperaban impacientes a la hora de recreo, donde podrían dejar atrás las clases y pasar el tiempo con sus amigos, revisar su Facebook, comentar sobre alguna fiesta o cosas así.

Pero, no todos siguen el mismo camino. Carlos, Junior y Paul eran parte del grupo que no lo seguía. Los tres jóvenes eran diferentes en todo, sin embargo, se mantenían unidos.

Todo transcurría con tranquilidad en el aula… pero ese día las vidas de los chicos cambiarían para siempre.

-Oye, Carlos-volteó Paul hacia la carpeta atrás de él en cuánto tocó la campana.- ¿Me acompañas a ver a Alexandra?

-No, estoy leyendo.-dijo el joven sin quitar la mirada a su libro de Trigonometría.- Además, mi respuesta es no, el que quiera estar con ella eres tú, no yo.

-Sí, pero… vamos, sólo acompáñame.-dijo Paul, casi suplicándole al joven.- Ya sé, te presentaré a Mireya, la amiga de Alexandra.

-Gracias, pero no. No quiero caer en lo que tú. Perder el tiempo en romances.-dijo Carlos fríamente.- Además, si sigo estudiando, tal vez algún día sea tan exitoso como Aldahir Mendoza.

-¿…Quién?-le preguntó Paul.

-Es el dibujante más joven de Marvel y un genio. Él dibuja en su tiempo libre, pero es de los mejores dibujantes que tiene la empresa. Apenas tiene nuestra edad y ya es becado en la universidad de Harvard. ¿Acaso se logra eso con conseguir pareja?

-Ah, como sea. Sigue estudiando.-le respondió Paul.- ¿Qué hay de ti, Junior? ¿Me acompañas?

Junior ni siquiera atendió lo que le dijo su amigo, pues estaba dibujando.

-¡¿Y así dicen llamarse amigos?!-exclamó molesto el joven.- Al demonio, voy a verla solo.

-Pierdes tu tiempo, ayer la escuché diciendo que se evadiría de clases para ir a la playa.-exclamó Junior sin dejar de dibujar.

-¡¿Qué?!-dijo Paul, quien rápidamente sacó su celular y se puso a revisar el perfil de Alexandra.- Mierda, tienes razón. Aquí está ella con sus amigas en traje de baño.

Junior dejó rápidamente de dibujar y se paró de golpe observando el celular de Paul.

-Vaya.-exclamó asombrado el joven.- ¡A eso llamo yo una mujer!

-¿Qué has dicho, imbécil?-le replicó Paul a Junior.

-He dicho que es toda una mujer, ¿tienes algún problema?-le replicó el chico a Paul.

-Ya, paren los dos.-dijo Carlos, parándose y dejando su libro en la carpeta.

-Claro, eres muy valiente contra mí.-dijo Paul mirando fijamente a Junior.- Pero no lo eres si te reto a que vayas al almacén.

Carlos dejó de intentar contener y alivianar los ánimos de sus amigos. Sabía que ya no podía hacer nada.

-¿Eso crees?-dijo Junior.- Voy, pero si tu vienes.

-Acepto.-dijo Paul.- Espero que te cagues de miedo ahí dentro.

-Esperen.-interrumpió Carlos.- la sala de profesores está al lado del almacén. Apenas y se podrán acercar más de 3 metros. Ni los profesores se acercan ahí.

-Hoy hay reunión de profesores. Han extendido el recreo 15 minutos más porque todos los profesores estarán ahí.-le respondió Paul.- Me sorprende que el nerd del aula no supiera eso.

-Cállate.- dijo Carlos.

-Bueno, entonces prueba que eres un hombre y acompáñanos al almacén.

-Es su asunto, no el mío.- dijo Carlos, sentándose y volviendo a abrir su libro.

-Bueno, quédate si quieres. No te necesitamos. Sigue estudiando mejor, aunque lo intentes jamás serás alguien importante -exclamó Paul, mofándose del chico.

Carlos cerró en seco su libro y se levantó furioso. Si había algo que detestaba más que ser llamado nerd, era que le dijeran que él no podría superarse.

-Muévete.-exclamó Carlos pasando por el lado del chico.

Carlos salió rápidamente del aula, seguido por sus dos amigos. No les dirigió la mirada ni palabra alguna durante el trayecto. Mientras se dirigían al almacén, que estaba al otro extremo del colegio, Carlos observaba que nadie se fijaba en ellos. Para él, era normal sentir la sensación de ser ignorado, pero esta vez había algo diferente en esa sensación.

-¿Qué crees que haya ahí dentro, Paul?-le dijo Junior, empezando a dudar de la idea.

-Eh, bueno, yo escuché que cuando el colegio aún no existía, el almacén estaba ahí, hasta dicen que estaba ahí desde antes que se construyera la ciudad. Los que han entrado ahí dicen que lo único que hay es oscuridad y cuando intentaban prender la luz un profesor siempre los descubría.

-Tal vez ahí guarden las pruebas de corrupción del director y de los suyos.-exclamó Carlos, rompiendo su silencio.

-Pues, eso tiene sentido.- exclamó Paul.-Si es así, creo que mejor nos regresamos.

-¿Qué, te entró el miedo?-preguntó Junior.-Además, ya no hay vuelta atrás.

-No… sólo decía.-responde nervioso Paul.

Finalmente los jóvenes llegaron a la sala de profesores, pasaron lentamente para no llamar la atención de alguno de ellos. Los jóvenes estaban en la puerta del cuarto, observaron la antigua y vieja perilla. Parecía que nadie la hubiese tocado en años.

-Muy bien, ábrela Carlos.-dijo Paul.

Carlos tomó aire y giró la perilla lentamente. En ese momento los jóvenes sintieron un remezón temporal. El tiempo parecía pararse lentamente.

-Oigan, ¿sintieron eso?– pregunto Paul.

-Sí, pero seguro fue la corriente de aire o algo así. En fin, entremos ya. – respondió Carlos intentado ignorar el evento.

Carlos entro dentro de la oscura habitación, lentamente avanzó, seguido de sus amigos.

-Bien, ya está hecho, ahora larguémonos de aquí.-exclamo el joven visiblemente asustado.

-Oye, somos de los pocos en entrar a este cuarto y, ¿ya quieres irte?-se mofo Paul esbozando una sonrisa.

-¿Y tú sabes por qué son pocos los que entran? Todos los que han entrado fueron expulsados, ¡entiende eso, maldita sea!-le grito Carlos a Paul.

-¿Sabes qué? Si quieres largarte. No te necesitamos.-le responde Paul.

-Suficiente. Los dos.-exclama Junior serenamente.

Paul suspira y sin mediar palabras se aleja de Carlos.

-Entonces veamos si es cierto eso que dicen.-exclama el joven mientras alumbra el muro en frente suyo con su celular.

La pared lucia limpia y pulcra, de hecho parecía estar muy bien cuidada. Pero algo que destacaba en la pared eran unos dibujos que simbolizaban una especie de triangulo subdividido en 4 partes, cada una de estas estaban resaltadas con un color azul, morado, verde y rojo respectivamente.

-…Entonces, el "gran misterio del almacén"...-exclama Paul, cortando el silencio que impregnó de repente en la habitación.-… ¿es este muro? Vaya, qué pérdida de tiempo. Mejor marchémonos.

El chico, guiado de la luz de su celular y seguido de sus amigos, se dirige a la puerta. Intenta empujarla, pero esta no cede. Lo intenta nuevamente.

-Paul, estamos esperando a que abras la puerta.-exclama impaciente Carlos.

-Espera, que ahora lo hago.-le responde Paul, sin dejar de empujar y prendiendo el celular de vez en cuando para que la luz no desapareciera por completo, Paul comenzaba a desesperarse.- Oigan… la puerta no abre

-¿Qué? De seguro no estás aplicando mucha fuerza.-le responde Carlos

-¡Tengo más fuerza que tú! Además, esta cosa no abre, está muy dura.-dice Paul, rindiéndose.- ¿Junior, crees que tú…?

Antes de poder pedirle ayuda, el joven ya estaba enfrente de la puerta, empujando con toda su fuerza. Junior no era cualquier debilucho, él podía levantar 50kg en ambos brazos, abrir una puerta atorada no sería tan complicado.

-No…-exclama exhausto Junior, tras intentarlo por unos minutos.-…está cerrada.

-¿Qué? ¡No, no, no! Esto está mal, muy mal. Si nos descubren aquí de seguro…-exclama Carlos completamente nervioso.

-¡¿Quieres calmarte, idiota?!-le grita Paul, con un evidente estrés por la situación.

-¿Calmarme? Por tu estúpida idea estamos en esta situación, y créeme que estoy lo más calmado que puedo, sino, los profesores nos hubiesen escuchado hace rato.

-Es cierto. ¡Estamos al lado de la sala de profesores!-exclama Paul, prendiendo a la par su celular para alumbrarse.- Hay que hacer todo el escándalo que podamos, así nos abrirán.

-Pero si los profesores nos ven aquí, el director nos va a expulsar.-exclama Carlos.

-¿Acaso eso importa más que salir de aquí?- pregunta Paul enojado.- Vamos, ¡responde!

Carlos observa la cara de Paul iluminada por la luz de su celular. Ve en él preocupación y miedo. Tras un momento de silencio este se dispone a decirle su respuesta… cuando observó un brillo al costado de la pared con los dibujos.

-Vamos, estoy esperando tu respuesta.-exclama Paul.

-Paul, apaga la luz de tu celular un momento.-dice Carlos, acercándose lentamente a una mejor posición en donde observar el brillo.

El joven se acerca cuidadosamente para evitar golpearse contra el muro que tenía los dibujos y observa que el brillo no ha desaparecido

-Oigan, hay una luz por allá.-exclama.-Paul, prende la luz de tu celular y vengan para acá.

Los chicos se acercan a Carlos, alumbrados por la luz del celular, y observan a lo lejos un pequeño resplandor. No era una ilusión óptica, eso era seguro.

-¿…Y si seguimos a esa luz?-rompe el silencio Carlos.

-¡Estamos a oscuras, además yo no recuerdo haber visto ese camino antes!-le responde Junior.

-No importa.-dice Carlos, quien visiblemente asustado, da un paso adelante.-…Creo que iré a donde está esa luz. Si quieren venir, háganlo, sino, me da igual.

Paul y Junior se quedan un momento atrás, meditando en si realizar tal acción o sólo presenciar cómo su amigo descendía en la locura.

-Bueno, vas a necesitar luz para no caerte.- exclama Paul.

-Oye, Paul, creí que no irías.-le dice Junior al chico.

-Yo no dije eso, así que no pienses por mí, ¿quieres?-exclama el chico.-Además, tú lo dijiste: Ya no hay vuelta atrás. Deja de pensar y ven, ¿quieres?

Junior no dijo nada y alcanzó rápidamente a sus amigos. El camino, pese a estar alumbrado, lucía tétrico y oscuro, como si se caminara por debajo del vacío mismo. Pero, ese era el último de los pensamientos de los tres jóvenes.

-¿A dónde creen que lleve este camino?-pregunta Paul.-Yo que recuerde, el almacén no conecta con nada, es sólo un cuarto más del colegio.

-Sí… qué conveniente, ¿no?-exclama Carlos.-Es decir, un cuarto extraño que no conecta a nada pero aun así caminamos en un camino que no habíamos visto… creo que me desmayé y estoy alucinando.

-Ja, no creo que estemos en una alucinación colectiva, ¿no?-exclama Junior.- Además…

-Esperen… mi celular se apagó… no prende.-interrumpe Paul.

-No importa.-responde Junior.- Ya estamos cerca de la luz.

Los jóvenes se acercan a la luz, pero, por cada paso que dan la luz comienza a tomar forma. Finalmente, y tras un largo camino, la luz que había atraído la atención de los chicos estaba delante de ellos en forma de esfera.

-¿…Qué es eso? ¡¿Qué demonios es eso?!-pregunta Paul, con la voz entrecortada.- No, no me importa qué sea, me voy.

-¡Espera, Paul!-exclama una voz gruesa que inunda la habitación.

Los muchachos se quedaron atónitos. No pudieron emitir una sola palabra. La voz no era humana, eso era seguro.

-Sé que están asustados, pero les explicaré el porqué de su llamado.-exclama la misteriosa voz.- Mi nombre es Yahvé, soy el guardián de su universo.


Nuevamente, agradezco que hayan leído este capítulo. Soy nuevo escribiendo en Fanfiction, cualquier crítica será aceptada. Espero que haya sido de su agrado.