Magi y sus personajes le pertenecen a Ohtaka Shinobu.
2. Primer Día.
Alibaba se quejó cuando la mano de Kougyoku golpeó su nuca, sentándose de mala gana a un lado suyo, con sus mejillas infladas y esa expresión de «estoy enojada, no me hables pero háblame porque si no me enojo más» que tanto conocía. También notó, aunque no quiso hacerlo, que Kouha le miraba con reproche en el fondo del salón, casi siseándole, mientras Judar palmeaba su cabeza, sonriendo con maldad.
Tener a los dos chicos que conocían a Kougyoku como la palma de su mano a veces —y casi siempre— era lo peor que podía sucederle al Saluja, y más aún si estos estaban desde temprano en el salón gracias a que Kougyoku era la clase de chica que se esforzaba en llegar temprano todo el tiempo, arrastrando a sus hermanos y a Judar con ella; ese día él había ganado, aunque generalmente era al revés, como en su primer encuentro dos años atrás, cuando había recibido la advertencia de Kouha de que si le hacía algo a Kougyoku le rebanaría la garganta, antes de salir de clases.
Y como Kougyoku estaba molesta y la advertencia de Kouha había sido muy clara... Alibaba tembló, sudando frío.
—¿C-cómo te fue ayer, Kougyoku...? —Preguntó, sonriendo con nerviosismo.
La chica suspiró, dejando que su frente chocara contra su butaca.
—Vieron mis dibujos, Alibaba-chan. Mis hermanos los vieron y se quedaron con ellos, y creo que Kouha nii-sama se llevó mi retrato.
—¿Ese que tanto te negaste a hacer y me ibas a dar cuando lo terminaras? —La chica asintió. Alibaba se hundió de hombros—. Es una lástima... eh... ¡ah! —Chilló el chico, viendo con temor a la Ren. Kougyoku le vio con preocupación—. ¿J-Judar vio...? —Susurró, agachándose para que el muchacho no lo escuchara.
—No —Kougyoku sonrió—. Lo escondí antes de que revisara mi cuaderno.
—¿Qué iba a...? Ah, la tarea.
—También el temario.
—¿Tu temario de pintura? —Alibaba miró de reojo a Judar, con las piernas sobre la butaca frente a él. Kouha continuaba siseando, maldiciendo al unicornio sin razón aparente—. ... ¿qué...?
—Se lo conté. Parecía interesado.
—¿Y cómo vas con eso?
—Hoy comenzaré. Ayer estuve practicando un poco, hoy pienso hacer mi primera pintura —los ojos de Kougyoku brillaron. Alibaba le sonrió con cariño.
Estaba seguro de que haría un gran trabajo. También estaba ansioso de ver el resultado.
—¡Buenos días, Alibaba-kun, Kougyoku onee-san! —Saludó Aladdin, entrando acompañado de Yamuraiha.
Ambos chicos le devolvieron el saludo al niño genio. Kouha golpeó su butaca con sus manos empuñadas, escondiendo su rostro mientras murmuraba cosas inteligibles y pataleaba, haciendo un berrinche que tenía a Judar carcajéandose con ganas.
Aladdin ladeó la cabeza.
—¿Kouha onii-san se encuentra bien...?
—Creo que está molesto porque tengo más dibujos de ustedes que de él.
—Ah... —Alibaba y Aladdin se sonrieron con complicidad. Judar notó dicho gesto, frunciendo el ceño inmediatamente. Su silencio atrajo la atención de Kouha—. Es que Kougyoku onee-san nos ama —bromeó el niño.
Kougyoku se sonrojó. Kouha y Judar se quedaron con el ojo cuadrado, levántandose al mismo tiempo, dispuestos a rebanar a aquel niño de no ser porque la respuesta de Kougyoku, de alguna manera, los tranquilizó.
—¡Ya quisieras, chibi!
—¡Aw, onee-san, es verdad! ¡Nosotros también te amamos!
—¡CHIBI SINV...!
Yamuraiha carraspeó, indicándole a Aladdin con un ademán de mano que tomara asiento o lo sacaría del salón. El niño sonrió bobamente, escuchando las maldiciones de Kougyoku mientras tomaba asiento delante de Alibaba, ignorando las miradas asesinas al fondo del salón. Ese día se sentían más agresivas. Se estremeció, negándose a ver hacia sus espaldas ni para ver a su amigo.
Durante el receso, Kougyoku, Alibaba y Aladdin, y posteriormente Morgiana y Hakuryuu, repitieron la misma rutina, agradable y característica de ellos, bajo la sombra de un árbol, sentados en el pasto hasta formar un medio círculo, ignorando que Kouha los vigilaba a varios metros de distancia, en una banca bajo otro árbol, con las mejillas infladas y maldiciones siendo escupidas de su boca cuan veneno. La mayoría dirigidas a ese rubio que tanto odiaba por alejar a su querida hermana de él.
Judar palmeó su cabeza, preguntándose si él también actuaba de esa manera o si Kouha era demasiado transparente con sus celos fraternales.
—Déjala ser. Para que vuelva a encontrar quien la soporte va a ser difícil —comentó, incrédulo de sus propias palabras.
Kouha le vio con ojitos aguados, negándose a creer que Judar, el idiota de Judar que molestaba a su hermana, pero que era su mejor amigo, estuviera diciendo semejante comentario. Era como traición y suficiente había tenido con aquel imbécil y odioso de Hakuryuu que había cedido al amor, dejánole la carga de proteger a Kougyoku a él y a Judar, pero más a él.
Luego el Ren vio al mayor con ojos flameantes, dispuesto a lanzársele a la yugular. Antes que se muriera a que Judar lo traicionara.
—Ya tiene quien la soporte, Judar-kun. Y si me vas a traicionar voy a matarte.
Judar le dio por su lado, palmeando su cabeza. No recordaba en qué momento se había vuelto la niñera de los Ren, pero era eso o dejarlos crecer como una marginada, un emo y un psicópata. De alguna manera era su forma de pagarle a los Ren haberlo sacado de la calle luego de la muerte de sus padres.
—Mira, mocoso celópata, en un año Kougyoku se graduará así que dejará de ver a sus amigos. Aguántate hasta entonces.
—¡Un año es mucho tiempo! ¡Suficiente para que quiera huir de casa con ese puto unicornio de mierda mientras ese puto emo los ayuda si con eso impresiona a la fortachona esa!
Los aludidos fingieron no escuchar aquel grito, aunque el sonrojo en su rostro y la repentina tensión era casi tangible. Aladdin se sintió excluido, aunque supuso que era algo positivo. Él y Kouha se llevaban bien. Eran amigos, aunque no convivían tanto gracias a la presencia de Judar, cuan espinas que no permitían a nadie que no fuera los Ren acercarse a él... o que se acercaran a ellos.
Aun recordaba aquella caída por las escaleras por haber abrazado a Kougyoku cundo ésta se encontraba distraída. Había tenido que faltar un mes y la angustia en sus amigos cada que iban a visitarlo le partió su corazón. Por suerte ya no había tenido incidentes con Judar y se llevaban relativamente mejor. Kougyoku, Kouha y Hakuryuu lo protegían inconsciente y conscientemente y el muchacho ya ni siquiera se tomaba la molestia de ser bravucón con él.
Judar dejó que Kouha continuara escupiendo ofensas, escenarios y maldiciones donde Alibaba y Hakuryuu eran los principales culpables, sabiendo que no se callaría sin importar lo que hiciera. Kouha amaba a su hermana menor más que a sus hermanos mayores, tomando el rol de hermano mayor más que de hermano menor, y verla con alguien que no era él desde hace dos años era un golpe bajo para él. El muchacho sabía bastante de los Ren, por lo que no culpaba que Kouha celara a Kougyoku con ímpetu.
Raro era que no lo hiciera.
Después de todo, Judar era consciente del temor de Kouha de cómo podrían ver a Kougyoku, hija de una prostituta loca*, si convivía demasiado tiempo con el hijo de una prostituta.
—¡Di algo, Judar-kun! —Renegó Kouha, sin detener su berrinche.
Judar mascó un durazno sin siquiera importarle que Kouha estaba llamando demasiado la atención. En primer lugar, a veces ni siquiera entendía qué hacía cuidando de él. El celópata andrógino se ponía peor a su lado que estando solo.
En serio, ¿cómo había terminado siendo su niñera? Hablaría muy seriamente con Kouen exigiéndole dinero si seguía de esa manera. Más dinero, por supuesto, del que ya recibía por ser parte de la familia.
—Bien, si no dices nada y tragarás duraznos, yo hablaré seriamente con Kougyoku —habló Kouha, levantándose de su lugar.
—Si te detienes te daré algo que podría gustarte.
—¡Asco! ¡No soy gay! Si fueras chica quizá lo reconsideraría...
—¿Acaso me ves cara de marica? —Preguntó Judar, fingiendo no sentirse ofendido por la fácil malinterpretación de sus palabras y la forma de Kouha de retorcer todo a lo sexual—. Me refiero a un dibujo, sádico depravado.
—Tú dibujas del asco.
—Pero Kougyoku no.
—... ¿qué estás insinuando?
—Tengo un dibujo de ella. Literal, de ella y hecho por ella. Si te comportas te lo regalaré.
Kouha se sentó, viendo fijamente a Judar.
—¿Entonces tú tienes ese dibujo y no ese unicornio?
—¿La vieja se lo iba a dar al unicornio?
—Sí. Ese estúpido la convenció de dibujarse y ella se lo iba a dar. ¡Menos mal lo tienes tú! Ahora dámelo —extendió su mano.
Judar sonrió con maldad. Adiós al Judar serio y cuerdo, niñera de los Ren, y hola al Judar de verdad. Aquel oportunista, cínico, cruel, maldito y burlesco Judar.
—No te lo daré hasta que te dejes de jodernos. Tendrás que portarte como un buen hermano si quieres ese dibujo.
—Soy un buen hermano. Los celos son muestra de cariño.
—Y una mierda.
—¡Me estoy comportando! ¡Dámelo! —Hizo berrinche Kouha.
Judar ensanchó aún más su sonrisa, sacando de su bolsillo una de las copias del dibujo. Al diablo que el encargado de fotocopiar las 20 copias le viera con confusión. Ahora estaba valiendo la pena su plan.
—Ya te dije; no te la daré hasta que te comportes.
—Judar-kun, te la quitaré si no me la das.
—No si la rompo primero.
—¡No te atreverías!
—¿No me atrevería?
Kougyoku palideció al ver a Kouha y Judar rodar por el suelo, manoteándose, siseándose y ofendiéndose con insultos que jamás había escuchado juntos en una misma oración. Hakuryuu se alarmó, pegando un salto, y ni bien salió corriendo a detener a aquel par, Kougyoku hizo lo mismo.
Era raro que Judar y Kouha se pelearan. Era más bien Kouha y Hakuryuu, o Judar y Hakuryuu, más no aquel par que parecía perro y gato en ese momento.
Alibaba, Aladdín y Morgiana se vieron con confusión, pero decidieron no intervenir. Era un asunto exclusivamente de los Ren.
—Apuesto a que gana Kouha onii-san —mencionó Aladdin.
—Yo creo que Judar —contestó Alibaba.
—Kougyoku-san y Hakuryuu-san —respondió Morgiana.
Los tres apostaron el resto de su mesada mientras los Ren seguían dando un buen espectáculo a los presentes.
—¡Judar-chan, Kouha nii-sama, basta! —Gritó Kougyoku, sujetando a su hermano mientras Hakuryuu se encargaba de Judar.
—¡Judar, detente! ¡¿Qué demonios crees que haces?! —Renegó el Ren, tirando de la trenza despeinada de Judar.
—¡No toques mi cabello! —Le siseó éste, pateando a Kouha y apartándose de él.
Hakuryuu lo mantuvo preso con sus brazos, rodeando su cuello con uno mientras con el otro mantenía inmóviles sus brazos por detrás de su espalda.
—¡Kouha nii-sama! —Chilló Kougyoku, abrazando al más enano de los Ren, destanteado por la patada en la cara—. ¿Estás bien? —Luego miró a Judar, frunciendo el ceño—. Judar-chan, eso fue grosero. Discúlpate.
Para sorpresa de los menores, Judar y Kouha se rieron, despeinados, arañados de la cara y aún así sonrientes. Kougyoku y Hakuryuu no supieron cómo reaccionar, más que creer que de tanto golpe ya se habían quedado mal de la cabeza.
—¡Siempre me sorprendes, Judar-kun! ¡Quién diría que era una copia!
—... ¿Kouha nii-sama?
—¿Judar?
—Quién diría que eres más loco de lo que parece —se rió el mayor, sabiendo que los menores no entendían su plática.
Alibaba y Aladdin, por su parte, admitieron su derrota, dándole su dinero a Morgiana, aunque no entendían qué sucedía con exactitud.
—¿Q-qué está pasando, Kouha nii-sama, Judar-chan? —Preguntó Kougyoku, confundida.
—Cosas de chicos, Kougyoku. No te preocupes.
—Estaban peleándose —masculló Hakuryuu, liberando a Judar— enfrente de todos.
—Ustedes también lo hacen y nadie les dice nada —contrarrestó Kouha, refiriéndose a Hakuryuu y Alibaba.
Judar se sentó, deshaciendo su trenza para volver a hacerla, mientras Kouha limpiaba la tierra en su cara. Hakuryuu y Kougyoku los vieron, confundidos, esperando algo. Una frase, un regaño, que los corrieran, otra carcajada... cualquier cosa. Pero ambos chicos no dijeron nada, ocupados en lo suyo, por lo que los menores se vieron de reojo, hundiéndose de hombros.
Aunque no muy convencidos, al final se retiraron silenciosamente, volviendo con sus amigos, mirando de vez en cuando a Judar y Kouha, que contenían la risa. Hasta que estallaron en carcajadas.
«¿Qué rayos...?».
—Creo que se golpearon fuerte la cabeza —murmuró Aladdin.
—¿No han sido siempre así? —Cuestionó Alibaba.
—¿Por qué peleaban?
Kougyoku y Hakuryuu se encogieron de hombros.
Ninguno de los cinco chicos vio cómo Judar le pasaba algo a Kouha; un papel, que éste guardó en su bolsillo con cuidado de no arrugarlo.
—¿Entonces hoy comenzarás con tu temario, Kougyoku-dono? —Preguntó Hakuryuu, camino a su casa.
Kouha arqueó una ceja.
—¿Temario? ¿De qué? ¿Tarea?
—No, Kouha nii-sama —sonrió Kougyoku, sonrojándose—. Será mi nuevo pasatiempo. Pintaré.
—Ah...
—Ni te ilusiones —interrumpió Judar— que sólo hará a Sinbad.
—Ugh...
—¡N-no es cierto!
Hakuryuu sonrió para sus adentros. Saber qué dibujaría Kougyoku era una ventaja tentadora para molestar a Judar y Kouha.
—En realidad dibujará a alguien más.
—¡Hakuryuu-chan!
—¿Tú lo sabes, Hakuryuu? —Preguntó Judar, interesado—. ¿Y quién será...?
—Secreto de estado.
Judar se acercó peligrosamente a Hakuryuu, quien a su vez se fue acercando más a Kougyoku, hasta izarla del brazo para protegerse del mayor. Kouha empujó a Judar para hacerse del otro brazo de Kougyoku, tirando suavemente de ella para quítarsela a Hakuryuu.
—¿Qué tienes que pintar este día, Kougyoku?
—A una persona que aprecie mucho, Kouha nii-sama.
Kouha infló una mejilla, sabiendo a quién dibujaría. Era obvio.
—¿Y cuándo me dibujarás a mí? —Inquirió, con una carita irresistible, mezcla de perrito castigado y niño que quiere un dulce.
Kougyoku se sonrojó, desviando la mirada.
Hakuryuu seguía aferrado a ella mientras Judar trataba de sacarle la verdad con la mirada. Al parecer, era el único que no lo sabía.
«Con esa expresión, cuando quieras, nii-sama», pensó para sí misma, sintiéndose avergonzada de ello.
—Iagh, ya se está imaginando cosas raras. El Rencesto no es bueno, vieja bruja.
—¡J-Judar-chan!
—A mí no me importa —bromeó Kouha— siempre y cuando sea sólo para mí. —Hakuryuu y Judar vieron al chico con asco, Kougyoku con sorpresa y vergüenza. Y si Alibaba, Mogiana y Aladdin estuvieran, se hubieran cuatrapeado en ese instante—. ¿Qué?
—Asco —dijeron los azabaches.
—N-no me gusta el Rencesto, Kouha n-nii-sama... —susurró Kougyoku, cubriéndose el rostro.
Judar lo dudaba por cómo miraba a Kouen y se ponía celosa de Hakuei.
—El Rencesto es maravilloso —se rió Kouha, y con ello los presentes disiparon sus dudas. Era una broma de muy mal gusto.
Luego de unos minutos, los cuatro chicos llegaron a su mansión, siendo recibidos por Ka Kobun. Kouha corrió a buscar a Koumei, que solía estar en casa las tardes y se ausentaba las noches para tomar el lugar de Kouen, para presumirle su dibujo. Hakuryuu huyó rápidamente a la habitación de Hakuei —su segunda habitación y sagrado santuario— antes de que Judar lo alcanzara, mientras éste, después de desistir en atrapar al menor, decidió que descubriría por cuenta propia a quién pintaría Kougyoku.
—¿No tienes tarea que hacer? —Le cuestionó Ka Kobun, con hostilidad.
Kougyoku estaba ansiosa y nerviosa, temiendo arruinar su pintura, como para que el joven estropeara aún más su estado de ánimo y terminara haciéndola llorar al creer que era incompetente y arruinaba todo lo que tocaba, aunque ese tema ya había quedado atrás hace cinco años, luego de la muerte del conejito de Kougyoku.
—Se la puedo copiar a la vieja.
—Lárgate. No molestes a la señorita.
—El patio es muy grande. Que se largue ella, yo aquí me quedo.
Ka Kobun crujió los dientes, dispuesto a correr a Judar por sus propios méritos, pero Kougyoku lo detuvo, temblando y tratando de sonreír.
—E-está bien, Ka Kobun. Déjalo.
—Señorita...
—Se va a aburrir y se irá.
Era un buen punto que ni Judar podía contrarrestar, ciertamente. Ka Kobun se rindió ante ello.
—¿Quiere que me quede?
—Sí —Kougyoku le vio suplicante—. Quiero que me ayudes. N-no quiero estropearlo...
—¡No lo harás, Koguyoku! —Intervino Kouha, sorbiendo su bebida con una pajilla.
—Kougyoku-dono, eres muy buena dibujando. Te saldrá bien —le animó Hakuryuu.
Y sin darse cuenta, la chica ya tenía a sus tres hermanos con ella —incluyendo Koumei, que cabeceaba y solía descansar en el hombro de Kouha—, animándola a dibujar, mientras Judar parecía presionarla con la mirada y Ka Kobun protegerla de las malas vibras del muchacho.
Entonces, animándose a hacerlo, Kougyoku comenzó con su labor. Comenzó a pintar el primer punto de su temario, sosteniendo en sus manos un pincel con pintura amarilla.
Y con eso Judar supo de quién se trataba.
* Aquí puse que Kougyoku y Kouha son hijos de la misma mujer y por eso Kouha es excesivamente celoso.
Como se dan cuenta, no sale Gyokuen, Hakutoku ni Koutoku y no van a salir. Los Ren son huérfanos igual que Judar.
También siento que las actitudes a veces están fuera de lugar, pero me esfuerzo para que sigan teniendo algo de su esencia, lo cual es difícil considerando que son mundos distintos y sus vidas no son iguales a las del universo canon. Aún así, espero les guste.
Gracias a Blue Kirito por sus buenos deseos n-n.
