II Asalto: Huida
Había pasado una semana desde el incidente. Aun esperaban que algunos de sus hombres mejoraran luego de la batalla, había perdido a veinte hombres, siete heridos pero sanando; matado a veintidós del enemigo y capturado a doce que ahora o estaban en las mazmorras curándose o Witkim los tenía trabajando el foso norte hasta probar si era recomendable intercambiarlos o no.
Soltó un suspiro y desde las penumbras del pórtico observaba a los hombres entrenarse. Usualmente en casa, una bodega era donde eran llevados los hombres más débiles en entrenamiento y luego los más fuertes para que él los entrenara. A nadie les parecía extraño, según su señor, él poseía una enfermedad alérgica al sol. Una mentira practica, simplemente que él no se hinchaba si no que se convertía en cenizas.
Escucho los pasos de su señor y se giro hacía este que venía bajando con una mano en la cabeza luego de una tremenda borrachera del día anterior, tenía el pelo mojado y debía suponer que no tenía idea porque.
Las hermanas y doncellas de su anfitrión soltaron suspiros y cuchicheos típicos. Este sonriendo se acercó a él bamboleando en su arrogancia –o su borrachera- su cabello que usualmente no eran más que tres o cuatro dedos estaba completa y absolutamente desparramado.
— ¿Dónde esta Trivg?- preguntó por el dueño del hogar donde se habían instalados en espera. Trivg era un cincuentón aliado de su señor hacía generaciones. Lamentablemente estaba en los límites del incordio con los D'vanchi.
— A salido a cazar como lo dijo ayer unas eee cincuenta veces...- el sujeto se golpeo con la mano la frente soltando un par de maldiciones por lo bajo.
— ¿Y no me has despertado?
— ¿Por qué crees que estas mojado?
— ¿Una noche húmeda?- le preguntó de vuelta moviendo las cejas sugerentemente. Él giro los ojos y volvió su atención a los entrenamientos.- ¿Me haz lanzado el jarro de agua encima?
— ¿Quién dijo que fue el jarro con agua?- pregunto sonriendo de lado. Este envió otro respingo y se olió con fuerza.
— No te atreverías.
— No me alientes.
Se quedaron unos segundos en silencio. Lo venía esperar... ahora.
— ¿Haz...
— No. Aun están en el hogar de la mujer. La guardia se ha duplicado. Ha llegado una comitiva de guardias de parte del hermano, podemos esperar que se muevan en la mañana.
— ¿Por ti?- preguntó. Él asintió.
— Si el capitán sobrevivió a las heridas, lo más seguro es que haga mover al rebaño de mañana. No se planteara un nuevo encuentro.
Este soltó un suspiro y se estiró, a los segundos llego uno de los vasallos con su espada recién pulida.
— Ve a dormir, mi buen amigo- le puso una mano en el hombro tenso.- y relájate. Ya lo atraparas.
Es lo que más ansiaba.
Sus heridas habían sanado ya hacía días, pero por pura fachada tenía que quejarse debes en cuando para que ninguno de los sirvientes pensara que era un brujo o algo así.
Le abrió las piernas a un chiquillo y le pego con las rodillas detrás de las propias para que se inclinara, le agarro las manos y las puso en alto.
— Este ataque es netamente de fuerza, no hay habilidad ni sagacidad. Si vuestro contrincante esta mareado y aturdido con esto lo liberaran de su confusión rápidamente.
Algunos hombres asintieron y otros comentaron con unos y con otros. Este era el pago que le estaba proporcionando a milady D´vanchi por haberlos recibido. Ya a la mañana siguiente estaba concordada la marcha... para los demás.
— Practicad- ordeno mientras se alejaba hacía las sombras. Un joven vasallo le llegó una jarra de agua mirándolo intensamente. Ella sonrió detrás de la mascara. Era algo típico, los jóvenes y no tan jóvenes deseaban ver su rostro donde fuera que vaya. Ella negó con un movimiento de cabeza, aunque se moría por un poco de agua a estas horas del día.
Sintió el olor antes de que este hablara. Se giro para ver al nuevo capitán de las tierras de su señora. Era un hombre treintón de buen físico pero con un sentido de la competitividad que rayaba en lo absurdo, y un temperamento que a veces era demasiado sanguinario. Desde el día en que el hermano de su señora había subido al poder, ya no la retaba a duelos si no que le ordenaba, cosa que ella, ya no podía negar.
— Así que haz sido dañado- rió encantado acariciándose la barba, sus ojos café con aquellas cejas tupidas se flexionaron armoniosas, debía decir que el sujeto era guapo en su metro ochenta y algo, pero atolondrado en su furia y demasiado vengativo. No le gustaba perder.
Ella no era baja, no más que un hombre normal de metro setenta, aunque su consistencia era un tanto flacucha todo aquel que la había menospreciado por ello ahora le reverenciaban al verse visto frente a frente con sus botas.
— He caído del caballo- comentó girándose para ver los entrenamientos.
— Te haz visto en un cara a cara con Lord Taillo- ella se erizo por el hombre, los colmillos, los ojos de gato y esa esencia asesina llegaba a ella en recuerdo del vampiro poniéndole los pelos de punta- y no haz salido ganando.
— No he perdido ¿O si? Aun no hay mortal en esta tierra que me haya ganado, Sir Bakhu. Y aquel no lo fue.
— ¿A no?
— Fue un empate. El escapó- comentó con sedosa satisfacción. Giro su rostro hacía el sujeto que le miraba intensamente. A veces, solo a veces creía que él sabía lo que era ella.
— ¿Y no os encandilo su sobrenatural belleza?.
Ella esta vez se giro por completo, enfadada. Belleza. ¿Belleza? Aquel sujeto no era bello, era un asesino de almas mortales. Comía vida y asesinaba por gusto no había belleza en aquel sujeto, ni en ninguno de aquella raza que desprendían esa elegancia maldita. Ninguno de ellos, jamás sería bello.
— No me encontraba en una corte observando damas y caballeros en sus mejores galas, Sir Bakhu. Si no en plena batalla salvando a mi señora. No me fije en sus ropas si no en sus movimientos. Ahora, si me permite debo ir a mis hombres heridos.
El sujeto con una sonrisa burlona la dejo ir.
La noche había caído junto con una suave llovizna. Los vasallos se apiñaron bajo las ruinosas tejas en busca de una protección para llegar a los galpones de descanso. Dentro del gran hall se estaba sirviendo la cena.
El olor a carnes y especies se inyecto en su olfato cual saeta de fuego, como un recuerdo ya lejano y perdido. La comida humana para él no era una obligación, a veces y debes en cuando apreciaba algún manjar dispuesto a saborear algo nuevo, pero no repetía esto. Sus comidas eran mensuales y muy seleccionadas.
Pero no era la aglomeración, los gritos y la cerveza lo que lo tenía en el vano de la entrada observando el bosque que se abría más allá, si no una extraña sensación en el ambiente.
Sus guerreros descansaban, partirían a media mañana para dar alcance a la comitiva de la mujer. Cosa que lo enfadaba enormemente. Virtualmente lo dejaban fuera de juego.
— Maldita licana- siseó mientras a los lejos veía un cuervo salir disparado desde el bosque. Una señal, un augurio. Él siempre estaba pendiente de cada una de las señales que el bosque, el cielo y el aire le entregaba.
Un presentimiento lo invadió. Respiro profundo y dejo sus ojos vagar en aquel animal, el animal que simbolizaba el escudo de los Freedor. Unos ladridos desenfrenados hicieron que pegara un respingo.
— Preparad mi caballo y el de vuestro señor.- ordenó a un lacayo que se estaba quedando dormido más allá. Este pegó un saltó y asintió.
Se giró hacía el interior, donde su señor estaba comenzando su nueva tanda de cervezas. Los ojos verdes fueron directos hacía él mientras su anfitrión, Lord Trivg hablaba y le llenaba la copa de más alcohol.
Puso su mano sobre su espada y sonrió como el maldito diablo que era.
Esa noche era suya.
Lady Asha iba acurrucada y tapada por varias capas de piel mientras el corcel guiado por ella deambulaba confiadamente en la noche cerrada.
Sus botas se encontraban salpicadas por el barro, su pelo negro como el ala de un cuervo estaba amarrado absorbiendo la tupida llovizna. La mascara impedía que el frío viento azotara su rostro. Llevaba sus dagas en sus manos dispuestas a matar a quien se le interpusiera en el camino, habían logrado escabullirse luego de un intricado plan y ya no había vuelta atrás.
— Tengo frío- susurró Asha acurrucándose un poco más. Ella se quito la capa y se la tendió. Su capa estaba revestida en piel de conejo. La mujer no lo recibió, tenía una mueca molesta por lo que le tendía.- no te dejare sin abrigo. Solo digo que podrías montar conmigo y apresurarnos.
— El caballo se pone nervioso conmigo encima, mi lady- comentó.- ya viste lo que ocurrió cuando montamos la ultima vez. De todos modos si algo sucede tendrás que seguir sola, sabes que no te puedo proteger si algo pasara.
El algo es lo que ella había temido durante toda la semana. El vampiro.
— Estaremos bien. Nada nos pasara- dijo la chica sonriendo, una luz se alzaba en sus ojos.- pronto estaremos en el viejo continente y tendremos una nueva vida como viudas.
Ella sonrió por el deseo de su señora. Hacía muchos años, ella había sido criada y educada por la madre de Lady Asha, mujer hermosa y considerada que la había salvado de la oscuridad. Su promesa había sido eterna, ella protegería a su estirpe hasta que su propia oscuridad le invadiera o hasta que la liberaran.
Madame Sions le había hecho prometer en su lecho de muerte que protegería a su hija, solo a su hija y que esta lograra la felicidad que deseaba seria su norte. El padre de la muchacha había deseado lo mismo, poco antes de morir le había dado el poder absoluto a Lady Asha sobre ella. Su hermano, el nuevo Lord Sions, había refutado y negado, pero no podía hacer nada. Ella ya había pasado a las manos de Lady Asha y ni siquiera una dote podía entregarle a ella, simplemente ella pertenecía a su joven señora.
— ¿Estas emocionada por conocer uno de vuestros pueblos?- pregunto suavecito. Ella volvió a la realidad y vio a su joven ama.
Era bella, belleza incomparable. Era menuda pero fuerte como pocos, un temperamento de temer y una manía por algunos actos puramente masculinos que a veces temía que ella misma había pegado a sus costumbres. Tenía unos ojos castaños luminosos a veces ámbar, una tez suave y trigueña, nariz respingona y el cabello largo, rubio platinado digno de cantos y poemas. Lo que más solía encantar además de ese rostro puro y maligno a pasos iguales, es que tenía un cuerpo de una diosa.
— Todo lo emocionada que puedo estar, Mi lady- susurró en respuesta. La verdad que conocer a alguien como ella poco o nada le interesaba. Su lady aún tenía la esperanza de que ella consiguiera una pareja, algo erróneo, porque su pareja ya había muerto hacía años.
— ¿Cuánto llevamos ya?- pregunto quitándose los húmedos cabellos de la frente.
— Tenemos que llegar a esas montañas al amanecer- apuntando a un manchón oscuro en el horizonte-, estando allí en las cuevas de los pueblos de Eco estaremos a salvo.
— ¿Crees que los hombres estarán bien?
— Ellos no saben nada, mi lady. Su hermano debería ser muy tonto si reprendiera por nosotras a sus mejores hombres.
— Sí, es verdad.- sonrió quitándose la preocupación de las facciones.- y con esta lluvia es poco probable que noten nuestra ausencia hasta bien entrada la mañana.
— Sí. Es bueno saber que Lady D´vanchi no ha cambiado sus murallas internas. Habría que avisarles que son un punto bastante débil de su castillo.
— Se lo haremos saber, pero hoy no. La lluvia se está haciéndose más espesa, ¿No?.
— Apuremos un poco el paso. Y esperemos que no se resfrié.
— ¡No te preocupes!- soltó la chica con una sonrisa poniéndose una mano sobre el pecho y el rostro seriamente.- aunque este delirando llegaremos a las tierras antiguas. Nadie me encadenara a un matrimonio. ¡Nadie!.
Ella sonrió y comenzó a trotar sobre el resbaladizo suelo mientras llevaba de las correas al corcel que no parecía ni mínimamente preocupado de su presencia siempre y cuando la tuviera de frente. Los corceles en si le tenían un miedo atroz por sentir en ella a la bestia, más la mitad de los corceles del castillo de Sions le tenían más en estima, ninguno de esos corceles había podido llevar con ella en esta aventura.
A penas quedaban tres horas de noche, pero estaban cerca. Habían tenido que rodear mucho el antiguo castillo de los D´vanchi perdiendo tiempo precioso en ello al no reconocer los bosques, pero su presentimiento había sido verdadero.
En el lodo frente a ellos había pasos apresurados de un corcel y un caminante. El olor era mínimo ya que la lluvia rompía gran cantidad de olores y sus sentidos se embotaban en un radio bastante pequeño. Pero estaban de suerte ya que las dos mujeres caminaban contra el viento.
— Vamos- arreo a su caballo.
Witkim sonrió mordazmente bajo su capucha y apresuraron el paso. Así como iban le darían alcance en menos de media hora.
Habían sido alcanzadas por una fuerte llovizna por lo que habían tenido que subir una pequeña ladera y ocultarse en una saliente de rocas. Su lady estaba dando saltos en su lugar para desentumecer sus músculos y mantenerse caliente. Cuando la lluvia amainara tendrían que poner mayor esfuerzo y adelantarse en el caballo lo más rápido posible.
Mientras observaba el paisaje hacía las colinas fue cuando noto el movimiento allá a lo lejos entre un pequeño claro de árboles que le daban la visual por tres segundos.
Dos caballos se acercaban rápidamente y por la figura de ambos noto inmediatamente que eran dos hombres. Uno de ellos el vampiro.
— Asha- ordeno. La chica se agacho al golpe y le miro desde el suelo mientras ella sacaba sus armas.
— ¿Quién viene?
— El vampiro y si no me equivoco Lord Witkim.
— No- negó enojada la mujer
— Toma el caballo y rodea la ladera. Galopa a medio trote hasta el lago de las lágrimas ¿Lo recuerdas? Si amanece y no llego haz lo que siempre hemos planeado, no te detengas por mí.
— Pero… pero…
Ella la abrazó, la mujer tembló y ella le sonrió detrás de la máscara.
— No permitas que esto termine así.- le susurró la chica- seremos libres. Las dos. De verdad.
Ella asintió triste detrás de su máscara mientras la mujer salía rápidamente con el corcel.
— Vampiro bastardo. De esta no te escapas. Tu maldito amo no le pondrá ni una mano encima a mi dama.
La lluvia estaba decayendo bastante y le hizo un gesto a Witkim para de desacelerar a su corcel. Ambos desmontaron él con su espada en su mano. Witkim hizo lo mismo mientras reparaban en los alrededores. Caminaron un poco más notando que los pasos se devolvían y se perdían.
Él lo noto demasiado tarde.
La sombra cayó sobre ambos haciéndolos resbalar por el lodoso camino. Él logro detener a duras penas una de las dagas y por el grito que escucho de Witkim este no pudo hacer lo mismo.
Obviamente él era su prioridad ya que luego encargarse del humano no debería ser tan difícil.
— Maldito bastardo- le grito la chica detrás de la máscara de porcelana blanca que llevaba ese día. Había cierto tono discordante en su voz que le hizo erizarse.
Vio a Witkim que tenía una mano sobre su hombro aparecer la cota de malla había detenido bastante bien el golpe, pero la herida emanaba sangre. El sujeto le miro con ojos furiosos.
— ¡Busca a la mujer!- le ladró. El hombre los miro a ambos y observó con odio al licano.
Ante sus ojos notó que la mujer no solo no era la misma que hacía apenas unos días atrás, si no que obviamente no estaba para juegos. Exudada un aire metálico, salvaje, sus dientes se alzaron fuerza en un arranque de peligro.
Witkim dudo solo unos segundos antes de lanzarse a por uno de los caballos, mas con una rapidez sobrenatural la licana lanzó a los pies del sujeto una cadena con pinchos que se enredaron cual serpientes para enterrarse en las piernas de este provocando que callera al suelo.
— Cuando acabe contigo- siseo mostrando sus colmillos.- esto será tan fácil.
Ambos se gruñeron y la licana se abalanzó mientras lanzaba dos pequeñas dagas infectadas en veneno acido. Obviamente había venido preparada.
Joder, maldita sea el licano aquel. Gruño mientras se enderezaba e intentaba quitarse aquellas cadenas. Obviamente habían sido hechas por un herrero maestro ya que se ensartaban con fuerza en sus tobillos y gemelos.
Un par de golpes le llamaron la atención y se sintió abrumado por la fuerza de ambos seres. Taillo había golpeado contra un árbol sacándole una buena parte de este por el impacto levantándose y pegándole un rodillazo tremendo en el estómago al licano enmascarado que tuvo que retroceder por dolor.
Aun no podía creer que estuviera presenciando aquel combate. Eran rápidos, sobrenaturales, una fuerza abrumadora que le ponía la sangre helada de solo pensar que solo, él no podría hacer nada.
Un reflejo rubio notó de pronto por el rabillo helándose la sangre ante la visión. A unos metros allá, cerca de una colina se movía cierta figura que era iluminada por la poca luz lunar que atravesaba las nubes. Estaba sobre un corcel brevemente tapada por mantas y observaba de un lado a otro obviamente buscando algo.
Sintió una punzada de terror al notar lo cerca que estaba del abismo, en tierra lodosa y con un caballo notablemente cansado y nervioso.
Acaso la chiquilla podía ser más estúpida al poner su cuello en peligro, cuando obviamente su guardián lo estaba poniendo por el suyo.
En un último movimiento se quitó las cadenas de golpe arrancándose piel y tela de golpe, pero valía la pena el dolor punzante. Se puso en pie de un salto y salió a la carrera, los dos luchadores estaban suficientemente embargados en su lucha para no hacerle caso ahora. Si lograba darle la vuelta a la colina antes de que esta lo viera, era suya, y esta vez. No la dejaría ir.
No podía, no podía. Marcharse sin Shayr no tenía un maldito sentido. No podría sobrevivir lo suficiente para llegar a la costa sin ella. No podría seguir sin ella. Era débil, apenas si sabía manejar una daga y una ballesta. Con ello no llegaría a ningún lado. Pero desde aquel abismo no veía nada, se movía nerviosamente de un lado a otro intentando notar algo en la húmeda espesura del bosque, escucho unos ruidos allá a varios metros pero la lluvia le borraba la vista.
Un ruido le puso alerta de golpe y se giró para ver una sombra que se acercaba por la linde. Se engrifo al notar al maldito Lord Witkim… a pie.
El corazón se le detuvo en el pecho. Tomo una de sus dagas y le apunto mientras movía el caballo hacía atrás. Sus ojos verdes, ese verde esmeralda muy nitido que parecían brillar en la noche la escudriñaban con un salvajismo que le ponía nerviosa –más de lo usual- y esa estúpida sonrisa detrás de la horrible barba le carcomía de odio. ¿Quién se creía que era?
— Tranquila- soltó este levantando las manos y quedándose quieto observando hacía atrás preocupado. Ella se engrifo.
— Vete de aquí, déjanos en paz.
— Así que te escapas con tu amante ¿no?- pregunto en un siseo molesto. Ella sintió un pinchazo de arrebato ante las palabras de él. Quien se creía que era.
— Y si así fuera, eso que te importa. ¡No te muevas!- le grito cuando este volvió a dar un paso y mirar hacia atrás suyo. Su caballo se alteró.
Ella no quiso mirar, estaba segura que estaba el acantilado pero estaba segura que estaba a unos buenos tres metros de allí y no había forma que alguien le alcanzara desde el suelo.
— Déjanos en paz. Dile a tu monstruo que deje a mí…
Un grito más parecido a un aullido hizo que pegara un saltó y se girara hacía el lado, en el apuro movió mal al caballo y este pego un brinco que le hizo deslizarse hacia un lado. El caballo se movió nervioso por el estar tan cerca del acantilado. Y ella se mareo por el súbito movimiento hacía el acantilado.
En un movimiento estúpido al ver que Witkim se acercaba a pasos agigantado intento darle una orden a su alterado caballo que retrocedió en vez de avanzar. Resbalándole las patas por el acantilado. Este envió un relincho feroz y ella se aferro al cuello de este mientras perdía el horizonte. En lo que se demoro un grito ahogado en su garganta tenía al hombre agarrando su muñeca y con la otra las riendas del caballo, tironeándolos a ambos para salir de aquel embrollo.
Se aferró con fuerza al caballo en un acto puramente idiota girando la cabeza hacía abajo y notando los buenos metros que descendían hasta el suelo.
— Dios- grito asustada. Cuando Witkim con un grito logro subirlos a ambos. La bajo del corcel que salió disparado hacía adelante. Este le zamarreo un poco mientras ella temblaba como una hoja. Asustada por lo que estuvo que pasar, con el corazón en una mano y el frió recorriéndole como nunca la espalda. Su corazón le latía en la garganta y tenía los sentidos desenfocados por el miedo.
— Estúpida muchacha, ¡Partirte el cuello eso es lo que quieres!
— Suéltame- gimoteo intentando alejarse mientras le temblaban las piernas y los ojos se le llenaban de lagrimas. Este se quedo quieto de golpe y la aplasto contra su pecho. El calor y ese olor tan abrumado la calmaron extrañamente. Logro tranquilizarse mientras este le acariciaba torpemente su cabello.
— Eres una muchacha imprudente y malcriada- le soltó luego de unos momentos mientras la retiraba de su lado. Ella tembló por el frió que le invadió de pronto y trato de alejarse. Este le tomo las muñecas y la sacudió un poco.- ¡ya! Es bastante ya. Nos iremos a mi castillo.
— ¡No!- negó molesta y trato de alejarse- déjame en paz, maldito seas. Por favor, déjame en paz.
— Tu padre te prometió en matrimonio conmigo.
— ¡Yo estoy prometida a otro! El pacto fue roto, ¡Déjame en paz!
— ¡No!- negó rotundo y sus ojos brillaron mientras la miraba atentamente y una sonrisa molesta apareció en sus facciones - ¿A ese viejo desagradable? A caso me dices que ibas a su hogar a estas horas de la noche. Me he encontrado a una pequeña y malhablada dama y ahora me pertenece.
— No puedes hacer eso. Te daré oro, piezas preciosas pero déjame ir. Déjame…- comenzó a tratar de golpearlo.
— ¡Silencio!- le gruño este mientras le amarraba las manos. Ella sintió hincharse de malestar
— ¡Maldito bastardo, sucio salvaje, déjame en paz, quítame las manos de encima…
— Así que esta es la dulce muchacha hija de los Sions tienes una lengua viperina, chiquilla, ya te acostumbraras a callar.
Y agarrándola cual saco de fiambre se la puso bajo el brazo y salió caminando mientras ella se bamboleaba.
— ¡Suéltame!...
Jadeo cansada mientras se quitaba la daga del brazo y la sangre caía por su mano. El vampiro le vio solo con uno de sus ojos ya que otro estaba empezando a hincharse por el certero golpe que le había entregado. Este le mostró los dientes y ella le gruño.
Fue solo un segundo en que sintió que algo iba mal que miro hacía el lugar donde minutos antes había estado con su ama Acha que vio el caballo moviendo nerviosamente y su ama hablando con alguien. Fue ese segundo en que el vampiro la empujo contra el árbol. Enterrando su propia daga en el hombro, soltó un grito de puro dolor que la invadió. El vampiro aprovecho para enterrarla contra el tronco a su espalda quedando así enganchada al árbol.
Los ojos se le nublaron de dolor mientras respiraba problemáticamente. Jadeo mientras atrapaba las ropas de este e intentaba quitárselo de encima ya que le impedía el movimiento todo su cuerpo contra el suyo.
— Al fin- siseo- me has dado demasiados problemas pequeño lobo. Ahora, al fin…
No alcanzo a terminar la frase cuando saco otra de sus pequeñas dagas y se la enterró muy cerca de la yugular. La sangre salió con fuerza, el olor metálico le hizo ahogarse con una arcada mientras este maldiciendo se alejó sujetándose la herida que si hubiera logrado enfocar bien lo hubiera desangrado en pocos segundos.
Apuntalada solo por la daga en su hombro derecho se la quitó con un gemido de dolor mientras se separaba del tronco.
Cayo con una rodilla al suelo mientras intentaba que su vista no se desenfocara. Tenía que matar al vampiro, tenía que velar por la seguridad de su ama.
En un impulsivo ataque se lanzó hacía adelante empujando al vampiro bajo suyo. Este le pego un puñetazo en el hombro que hizo que se le nublara la visión con un destello blanco, a lo que salía volando hacia atrás y el vampiro le caía encima.
Estaba furiosos esos orbes negros le miraban con el odio impregnado en cada célula. Le doblo el brazo hacía atrás logrando que otro grito saliera de su boca.
— Bastardo- susurró con los ojos lagrimosos por el dolor. Este siseo y no alcanzo a hacer mucho cuando la boca y los dientes de este hicieron contacto con su cuello. Con su garganta. La nebulosa sensación de succión la llevo a una conciencia intermitente. Mientras los recuerdos le invadieron y petrificaron.
La sangre circulo por sus venas como una maldita droga disparando sus sentidos, su visión mejoro notablemente y toda la pérdida de sangre anterior quedo restaurada como nueva cuando la herida de su garganta dejo de expandir su vida por allí. La licana dejo de luchar a los pocos segundos con gemidos ahogados saliendo de su boca y convulsiones intermitentes.
Cerró los ojos sintiendo el sabor. Mientras todo en el parecía rehabilitado por la sangre. Preciosa sangre de lobo. El manjar de los reyes.
Sintiéndola poco a poco detener las respiraciones sabía que estaba punto de liquidar su alma. Sintió una punzada de malestar en pensar que había acabado con una licantropía de valor. Una mujer que le hubiera dado mil vueltas a cualquiera de sus hombros. Era una pena.
Un solo sorbo más y todo culminaría para ella. A penas si respiraba y no se movía ya.
Solo un sorbo más.
Cuando un grito desgarrador quebró su concentración y miró a los espectadores.
Era la muchacha que miraba con horror la escena y su señor atrás parecía un poco más pálido de lo habitual.
— Asesino. Bastardo- grito intentando acercársele con lágrimas cayéndolo por las mejillas. Su señor le pesco de la cintura y la jaló contra sí. Él aspiro el aroma, su cuerpo restablecido, con esta sangre no necesitaría alimentarse en semanas.- no- la escucho llorar desgarradamente.
— No está muerta- siseo levantándose y tomando la daga que la chica le había lanzado. Se puso a su lado dispuesto a darle una muerte más normal con la que tranquilizar a la nueva muchacha con quien tendría que vivir este tiempo. Cuando se acuclillo a su lado y levanto la daga.
— ¡No! No, no, no- negó zafándose de los brazos de Witkim y se acercó corriendo hacía él. Una imprudencia obviamente, nadie le había hablado que nunca se acercara a la comida de un vampiro. Pero se calmó al notar que Witkim venía a pasos apresurados detrás de ella.- Shayr, ¡Shayr!- grito llorosa. El miro hacia otro lado.
Shayr, así se llamaba.
— Aun respira, aun lo hace- comentó ilusionada tomado su cabeza con inusual delicadeza.
— Deja que muera como un guerrero- le soltó Witkam tomando un hombro de esta y tratando de levantarla.
— Hare lo que quieras, lo que quieras- le escucho susurrar- pero deja que viva. Lo que quieras. Si la matas me suicidare. ¿Lo escuchas bastardo? A ver qué haces con el cuerpo sin vida de la hermana de Lord Sions. Deja que viva y hare lo que quieras.
— ¡No me amenaces!- le grito Witkam levantándola de golpe y zarandeándola.
El noto la mirada llena de decisión en los ojos de la mujer. No sabía que cadenas ataban a ambas pero obviamente eran muy fuertes y tontas. Él miro a Witkam para esperar su decisión. Después de todo si la muchacha se mataba o llegase a ser algunas tonterías de esa, el problema sería de él y su señor.
— No me amenaces, me escuchas, ¡No lo hagas!- siseo este con los ojos enfurecidos, pero obviamente la muchacha no le tenía ni poco de miedo y mucho menos algo de respeto.
— No es una amenaza- escupió con frialdad.
Él se envaró y miro al humano. Obviamente esto ni Witkam ni él se lo esperaban. Él solo espero mientras el cuerpo inmóvil de la licana seguía a sus pies y el recuerdo de su sangre fluyendo por sus venas le tenía extrañamente feliz.
Pasaron solos unos segundos cuando el hombre obviamente molesto pregunto.
— ¿Lo que sea?.- y él sabía que ya había perdido.
— Lo que sea.
— Irás conmigo a mi castillo, estarás bajo mi escudo, me respetaras y no intentarás huir mientras reparo todo lo que tu familia me hizo- esta se envaró en su lugar y asintió.
— Sí.
Witkam le miro buscando su aprobación, él no dijo nada más que un movimiento de hombros. Era decisión suya.
— Tu licano ahora está a manos de Taillo- anunció. Aquello sí que no se lo esperaba- y él hará lo que se dé le da más pura gana. Tú no puedes decir ni hacer nada contra ello.
— ¡No puede dañarlo de muerte, se le curaran sus heridas y cuando yo me marche se irá conmigo!- refuto la mujer con rapidez. Él asintió. Podía mantener a la muchacha encerrada y alimentarse de ella en todos aquellos tensos meses que venían.
— Que así sea.
Él tomo el delgado cuerpo de la licana y lo llevó hasta donde su caballo que esperaba más allá. La puso adelante suyo ya que atrás no podía sujetarla y mientras Witkam subía a la mujer a su propio caballo. Tuvo el presentimiento de que estos iba a ser unos largos, muy largos meses.
Bueno, por lo menos sé que hay gente leyendo, haber si se animan con una muestra de existencia XDD
Gracias Mito por tu review, ¿De que más iba a ser si no había licanos y vampiros metidos? XDDD :D
