CAPÍTULO 2
Los días fueron pasando, Beckett, Espo, Ryan y Rodgers poco a poco se fueron convirtiendo en amigos inseparables, el joven Rodgers empezaba a pensar que su decisión de vivir en aquella gran ciudad había sido una buena idea.
El sonido incesante del timbre hizo que lanzase un –Mierda- deshiciese la postura de yoga en la que se encontraba y se dirigiera casi a la carrera hasta la puerta, abriendo la misma sin tan siquiera mirar por la mirilla.
-Buenas tardes – ante ella apareció un joven, alto de complexión atlética, rubio y con unos enormes ojos azules- Soy Johan Rodgers, había quedado con Alex para terminar el trabajo de literatura.
-Claro, adelante. Soy Katherine Beckett, la madre de Alex- dijo ella tendiendo la mano que fue aceptada de inmediato por el joven.
-Genial, la capitana Beckett, he oído hablar mucho de usted- Dijo sonriendo, aquella sonrisa hizo que Kate tuviera que cerrar por unos segundos los ojos, se había visto trasportada a muchos años atrás. Cuando por fin pudo reaccionar alzó una ceja- Alex me ha hablado mucho de usted, señora- Se explicó el joven.
-Claro, mi hija te ha hablado de mí. Preferiría que me llamases Kate, el señora Beckett me hace mayor – dijo al chico guiñándole un ojo- y el capitana lo dejo en el trabajo. ¿Te apetece tomar algo? – preguntó mientras ella se dirigía a la cocina a por una botella de agua.
-No gracias, estoy bien así Kate – dijo sonriendo.
-Eso está mejor, ¿cómo debería llamarte yo? – regresó al salón dónde esperaba el chico.
-Jou, John, Johann, Rodgers , como le apetezca- contestó encogiéndose de hombros- Perdona Kate, pero ¿Alex no está?
-Qué cabeza la mía, ha salido pero debe estar a punto de regresar. Nuestras impresoras se han quedado sin tinta – el chico asintió- Creo que te llamaré Jou. ¿Por qué no te sientas?
-Perfecto.
-Alex me ha contado que eres británico – Kate también se sentó.
-La verdad es que soy norteamericano, pero nací y crecí en Londres.
-Vaya, ¿nunca has vivido en este país?
-No, nunca, sólo he venido de vacaciones, pero nunca a NY, mi padre pese a ser de aquí, no le tenía mucho aprecio a esta ciudad – Kate suspiraba al escuchar al joven hablar de su padre.
-¿Y cómo le has convencido?
-No lo he hecho – Kate le miró sin entender- Mis padres se han divorciado, y mi madre ha decidido regresar a casa, pero mi padre se ha quedado en Europa – Kate le miró sorprendida, no había venido con su hijo.
-Vaya, lo siento – el chico sonrió a modo de gracias- Es curioso tu nombre – Jou le miró alzando la ceja- Me refiero a que no es un nombre muy común para un chico.
-Eso mismo dijo mi madre cuando mi padre le propuso llamarme así, pero al final tras insistir mucho lo logró. Él dice que es una especie de tributo – terminó de decir encogiéndose de hombros- La verdad es que me gusta.
-¡Mamá! Ya he vuelto- la voz de Alex resonó en aquella vivienda.
-En el salón, cariño – Alex entró encontrándose a su amigo y a su madre sentados en el sofá.
-Hola Rodgers, me quedé sin tinta – dijo enseñando la bolsa.
-Ya, me lo dijo tu madre – Jou se puso en pie- Será mejor que nos pongamos con el trabajo – Alex asintió.
-Vamos al despacho – Jou caminaba siguiendo los pasos de su amiga.
-Kate, gracias por la conversación- Dijo girándose y sonriendo a la capitana.
La hora de la cena llegó, y los jóvenes aún estaban encerrados en el despacho, Kate decidió acercarse, antes de entrar, como siempre hacía llamó a la puerta.
-Es tarde, ¿pido algo de cena? – dijo entre abriendo la puerta.
-Por mí sí, ¿qué dices Rodgers?
-Lo siento, pero no puedo quedarme. Mi madre regresó hoy y salimos a cenar – miró la hora en el reloj- Viendo la hora que es, será mejor que me vaya marchando o llegaré tarde – Se puso en pie y recogió sus cosas- ¿Te importa imprimirlo tú sola?
-Para nada, anda vete no hagas a esperar a mami – dijo riéndose Alex.
-Serás cabrona- Se giró mirando a Kate- Perdón, no pretendía usar esa palabra – dijo intentando excusarse.
-Tranquilo, no pasa nada – contestó sonriendo Kate.
Aquella noche, tras muchos años sin hacerlo, Kate Beckett se acercó hasta su estantería de libros favorita, entre todos ellos decidió coger uno. Pasó sus dedos por la portada, una sonrisa se dibujó en su rostro, con el libro entre sus manos decidió acostarse.
Encendió la pequeña lámpara que tenía en la mesilla, abrió el libro y ante sus ojos apareció una dedicatoria.
"A la extraordinaria KB y a todos mis amigos de la 12th" pasó sus dedos sobre aquellas palabras, un suspiro escapó de su boca, aquel joven la había trasportado a mucho tiempo atrás, aquella dedicatoria le llevó a otro tiempo, y los recuerdos se fueron agolpando en su mente.
Los primeros rayos de sol entraban por la ventana, para cualquiera sería el momento de levantarse pero ella llevaba en pie varias horas, ya vestida se acercó hasta el dormitorio de su hija, abrió la puerta y descubrió que aún dormía.
Antes de salir por la puerta dejó como siempre una nota en la nevera.
"Cariño he tenido que ir al trabajo. Ten un buen día. Prometo volver y si acaso no lo logro, será porque alguien me lo impide, nunca por decisión propia. Te quiero mi vida"
Desde que Alex empezó a comprender en qué consistía el trabajo de su madre, le había hecho prometer que siempre regresaría a casa, con ella. Y Kate cada día ponía aquella nota en la nevera, como recordatorio de su eterna promesa.
Caminaba por aquel pasillo, abrió la puerta de la sala y entró con paso decidido.
-Vaya, esto sí que es una sorpresa, hacía meses que la capitana Beckett no se dignaba a visitar la morgue.
-Vamos Lanie, sabes que nos vemos cada día fuera del trabajo – se defendía Kate.
-Ya, pero a veces extraño las visitas de mi amiga en el trabajo.
-Está bien, prometo venir siempre que tenga un hueco en el trabajo – alzaba su mano como muestra de promesa.
-Bien, me gusta – decía sonriendo la forense- Y ¿a qué debo la visita?
- ¿Tu hijo te ha hablado de su nuevo amigo? – Kate decidió no andarse por las ramas.
-Sí, un británico recién llegado.
-Ya, sí nació y se crió en Londres. ¿No te ha dicho nada más?
-Kate ya sabes cómo son los chicos, se guardan para ellos casi todo.
-Ya, y ¿Sara no te ha comentado nada tampoco? – Lanie negó.
-Creo que mi hijo y la pequeña Ryan se ha peleado, o algo porque Sara lleva una semana sin aparecer por casa.
-Vaya, es una lástima, hacen muy buena pareja, pero seguro que lo resuelven, nuestra sobrina es muy lista.
-Ya veremos, tampoco me hago muchas ilusiones, son muy jóvenes- Kate asintió.
-Bueno a lo que venía, el nuevo amigo de nuestros hijos
-¿No le habrás investigado? – preguntó interrumpiendo a su amiga.
-Lanie, ¿cómo voy a investigar a un chico?- Lanie la miró alzando la ceja- Vale, pero aquello era diferente, aquel chico no me gustaba e iba a salir con Alex, y tenía razón no era muy de fiar – Se defendía Kate.
-Ya, es cierto que salió rana el chico – decía la forense recordando que terminó siendo un ladrón de coches.
-Bueno, pues a lo que iba. El nuevo se llama Johann Rodgers – Lanie la miró sorprendida.
-¿Estás de broma?
-¿Crees que bromearía con algo así? Es su hijo – dijo sentándose en un taburete. Son sus ojos, es su sonrisa, pero Jou – Lanie la miró sorprendida- es rubio.
-Vaya, sí que es casualidad, que de todos los colegios que hay en la ciudad vaya al de nuestros hijos. Y ¿le has visto?
-Él no ha regresado, ha venido Jou con su madre, al parecer Castle se ha vuelto a divorciar.
-Vaya, ¿crees que cuando venga a ver a su hijo se pasará a saludar?
-Lo dudo, ha tenido casi veinte años para dar señales de vida y no lo ha hecho- dijo Kate.
-Eso también es cierto, bueno y ¿qué sientes? – Kate la miró sin entender a qué se refería- Vamos Kate, estabas totalmente enamorada de él – Kate rodó los ojos- es cierto, ambas lo sabemos, ¿qué has sentido al saber que tiene un hijo?
-Pues supongo que lo mismo que habrá sentido él al saber que yo tengo una hija, porque supongo que Jou le habrá hablado de sus nuevos amigos. Me han venido muchos recuerdos a la cabeza, no puedo negarlo.
Las amigas continuaron unos minutos más charlando, hasta que el teléfono de ambas sonó por la aparición de un nuevo caso.
-El deber nos llama, capitana – dijo sonriendo Lanie y dando un achuchón a su amiga
