Observando a Camille Saroyan, la mayor de las mujeres presentes esa noche, de profundos ojos negros y delicada piel oscura, herencia de sus ancestros africanos, madre de una joven universitaria, reconocida forense, ex policía… a primera impresión, cualquiera podría pensar que se trataba de una mujer de armas tomar, y eso era cierto, pero solo parcialmente.

La jefa del laboratorio de investigación forense del Instituto Jeffersonian, había demostrado en más de una oportunidad su capacidad para mantenerse ecuánime en las situaciones más difíciles. Cam podía ser una mujer dura, directa y muy competitiva cuando las circunstancias lo requerían, eso lo sabían todos.

Pero al mismo tiempo, se trataba de una mujer dueña de una personalidad delicada, tierna y generosa, capaz de defender a quienes consideraba "suyos" ante cualquiera. En más de una ocasión había protegido a todos o parte de su equipo, ante fiscales que intentaban minimizar sus esfuerzos o transferir sus errores responsabilizando de ellos al equipo de científicos.

Cuando empezó a trabajar en el famoso Jeffersonian, su relación con la doctora Brennan tuvo un inicio bastante complicado. Ninguna de las dos era consciente de que por encima de las diferencias profesionales o físicas evidentes, eran mucho más parecidas de lo que parecían… Huesos evitaba el sufrimiento racionalizándolo todo, compartimentando y guardando en algún lugar de su cerebro todas las situaciones que podían causarle dolor… Cam se disfrazaba de inflexible para evitar terminar herida, utilizaba las reglas como una barrera entre ella y el exterior que la intimidaba.

No fue de inmediato, pero con el paso del tiempo el sólido equipo de cerebritos, aparentemente distantes e inaccesibles, terminó aceptándola como una más entre ellos, le dieron la oportunidad de demostrar su alta capacidad para el trabajo, de lucir las competencias por las que había sido designada antes que cualquiera de ellos para ser la líder formal del equipo… y descubrieron mucho más, comprobaron que podían confiar en ella.

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"¿Quién desea más vino?", preguntó el heredero del grupo Cantilever acercándose a la mesa con un par de botellas de vino tinto recién descorchadas, sonreía agradecido con la vida por compartir ese cena con la mujer que lo había hecho el hombre más feliz y con los amigos que desde hacía años formaban parte de su vida enriqueciéndola de mil maneras.

Prácticamente al unísono todos los que esperaban sentados a la mesa, levantaron sus copas reclamando por más vino, entre risas y bromas, el hombre de ciencia empezó a rellenar las copas, una a una.

Cuando llegó el turno de Booth, el agente cubrió con una mano la copa que tenía frente a él indicando con ese gesto que no deseaba más vino, "así estoy bien… todavía tengo un poco" señaló sonriente, cruzando una mirada cómplice con su pareja, la antropóloga más famosa del mundo que se encontraba sentada junto a él luciendo un avanzado embarazo, y antes que ella pudiera reclamar nada se aproximó y la besó suavemente en los labios. Sin necesidad de que ese par pronunciara una sola palabra, los demás participantes de esa cena comprendieron inmediatamente el tácito acuerdo entre ellos… era claro que mientras Brennan no pudiera tomar vino, él tampoco lo haría.

"Bueno… quien sigue, ¿qué tal tú, Booth?" preguntó Angela que en ese instante regresaba a la mesa después de haber ido a comprobar que el pequeño Michael permanecía durmiendo tranquilamente en su cuna, ignorando la alegre celebración que sus padres compartían ese día con sus mejores amigos, personas a las que con el paso de los años él aprendería a querer como parte de su familia.

Por toda respuesta el ex francotirador se recostó cómodamente en el respaldar de su silla y bebió un largo sorbo de vino de su copa, luego respiró profundamente y justo antes que pudiera aceptar o rechazar la propuesta, Cam se le adelantó preguntando "si les parece puedo seguir yo?".

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"Hace quince años en la víspera del día de San Valentín quise sorprender a Andrew en su trabajo para recibir juntos el que se supone sería un romántico día en un apartado hotel. Al detenerme frente a la puerta de su consultorio escuché risas y voces entrecortadas en el interior… esperé a que su acompañante saliera y lo enfrenté… para no hacerles el cuento largo, terminé con él sin aceptar ningún tipo de explicación, antes de retirarme le señalé muy claramente que al día siguiente iría a su casa por mis cosas.

Para ser sincera, desde hacía algún tiempo tenía serias dudas respecto a nuestra relación, en más de una ocasión me pareció que los pretextos con que justificaba sus tardanzas o ausencias eran excusas que inventaba para encubrir sus aventuras… Pero existían otros factores por los que intenté soportarlo todo, un pequeño pero enorme motivo por el que resistí todo el tiempo que pude: Michelle.

La primera vez que Michelle y yo nos vimos, ella acababa de cumplir cuatro años… se suponía que Andrew y yo saldríamos a cenar y luego a bailar, pero él olvidó su buscapersonas y entonces tuvimos que regresar a su casa para recogerlo, mientras lo esperaba en la sala, escuché pequeños pasos bajando por la escalera e instantáneamente supe de quien se trataba… allí estaba yo, una mujer de veintitantos años, temerosa de una pequeñita que todavía no iba ni a la escuela.

La recuerdo entrando a la sala abrazando una muñeca de tela que le llegaba hasta las rodillas. Toda mi ansiedad desapareció casi inmediatamente cuando esa maravillosa nena se acercó a mí y mirándome directo a los ojos me interrogó '¿te gustan las muñecas?', preocupada de darle una respuesta satisfactoria, sonriendo nerviosamente le dije 'sí, pero hace tiempo que nadie me regala una'.

Sin decir una palabra más, me tomó de la mano llevándome a su habitación mientras que con un tono de voz que era al mismo tiempo una imposición y una súplica me decía 'juegas un ratito conmigo'.

Sobra decir que permanecí jugando a las muñecas con ella casi por una hora. Al principio, Andrew se acercaba a la puerta de la habitación cada diez minutos preocupado, intentando liberarme de lo que él consideraba casi una tortura, hasta que le indiqué que estuviera tranquilo porque me lo estaba pasando bien.

Aunque les parezca extraño, realmente me divertí sentada sobre esa alfombra rosa, vestida de la manera más inadecuada, jugando a las muñecas con esa criatura, hasta que llegó su hora de dormir y entonces le expliqué que tenía que irme pero que nos volveríamos a ver pronto para seguir jugando.

'¿De verdad vas a volver?' me preguntó con una profunda tristeza en la mirada, y entonces comprendí que esa pequeñita extrañaba a la madre que nunca conoció… fue en ese momento que Michelle me adoptó y me convirtió en su madre… fue en ese momento que yo acepté ser su madre.

Pasaron poco más de dos años hasta ese 14 de febrero, Michele había cumplido ya seis años. Al estacionar mi auto en la vereda frente a la casa me aseguré de que el auto de Andrew no estuviera en la cochera, y supuse que Michele tampoco estaba en la casa.

Me acerqué observando con tristeza el camino empedrado en el que había enseñado a Michele a patinar, con los ojos llenos de lágrimas entré utilizando mi llave por última vez.

Antes de subir por mis cosas, retiré la llave de mi llavero y la coloqué sobre una mesita que había junto a la puerta. Entonces recordé el adorno de mi abuela, y caminé hacia la cocina para recogerlo, estaba como siempre colocado en el medio de la mesa que compartíamos todos los días esa niña y yo, siempre jugábamos a que yo era el osito de la pimienta y ella era el osito de la sal. Cientos de recuerdos volaron a mi mente, haciendo muy difícil mantenerme en mi decisión de alejarme de Andrew para siempre.

Ese ha sido uno de los momentos más duros de mi vida, sintiendo una inmensa culpa subí a la habitación para guardar mis cosas en una maleta y salir de allí para no volver más. Estaba muy concentrada intentando controlar mis emociones cuando sentí que alguien me miraba, al voltear a ver por sobre mi hombro descubrí a Michelle parada en la puerta.

La niña a la que más quería en el mundo me miraba con una expresión perturbadora, por un momento odié a su padre más que nunca por ponernos a ambas en una situación tan terrible, por obligarme a separarme de ella, por forzarme a abandonarla y por hacer que esa pequeñita perdiera a la única madre que había conocido…'¿te vas?' fueron las palabras que brotaron de sus labios casi en un susurro, al mismo tiempo que las lágrimas comenzaban a caer sobre su rostro.

No se si hice lo correcto, pero decidí mentirle. Me senté sobre la cama y la cargué colocándola sobre mis piernas, le sequé las lágrimas como pude y abrazándola con fuerza, mientras sentía como el corazón se me rompía en pedazos, le dije 'me voy de viaje por mi trabajo…' ; y procurando que Michelle no se diera cuenta que yo también estaba a punto de empezar a llorar, le entregué una de las piezas del adorno de mi abuela, el pequeño pimentero en forma de osito, y agregué con la voz más serena que pude "yo me quedaré con tu osito… cuando pienses en mí, mira a mi osito y sabrás que yo también estoy pensando en ti y que te mando un beso".

Por más que lo intento no logro recordar como logré alejarme de ella y salir de la casa. Al día siguiente pedí mi traslado y me fui a Nueva York.

Durante años cargué con la culpabilidad de mi decisión, hasta que la vida me dio la oportunidad de reconciliarme con mi pasado y recuperar a mi única hija…"

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Si bien todos conocían esa parte del pasado de Cam, nunca nadie se había atrevido a preguntar por lo detalles, todos se miraron dedicándose una sonrisa llena de comprensión… para eso son los amigos, era el pensamiento que cruzaba por la mente de todos… para ayudarnos a superar los fantasmas de nuestro pasado y lograr vivir nuestras vidas convirtiéndonos en mejores personas.

Paul se inclinó colocando su frente sobre la de Cam, susurrándole "te amo" y la mujer respondió a su declaración de amor con una sonrisa, dibujando con sus labios un silencioso "yo también te amo".