Aquí está el segundo capítulo. Intentaré colgar uno por semana, más o menos. Gracias a ajota08 por su comentario que me ayudó a seguir con la historia. Si a alguien más le gusta el fic, que me deje una review. ¡Gracias!
Neal se estiró y se levantó de la cama con un bostezo. Se dirigió a la cocina y preparó un café mientras miraba el paisaje por la ventana. Vivía en un amplio apartamento al lado de los Campos Elíseos desde el que podía ver prácticamente la ciudad entera, desde la Torre Eiffel hasta el río Sena a lo lejos. Le encantaba París, tenía un aire especial aunque echaba de menos la caótica Nueva York. También echaba de menos a Elizabeth,a Mozzie y sobretodo a Peter. El agente del FBI se había convertido en lo más parecido a un padre que jamás había tenido, aparte de un buen amigo, y le gustaría hablar con él aunque fuese solo una vez. Sin embargo eso era demasiado peligroso. Si alguien del FBI se enteraba de que estaba vivo Neal no saldría de la cárcel en lo que le quedaba de vida. Se conformaba con saber que Peter estaba bien y que él sabía que Neal no había muerto.
Aún así era feliz. Ahora tenía lo que nunca había conseguido en Nueva York: libertad. Levantarse sin la tobillera y poder caminar todo lo que quisiese sin escuchar un molesto pitido era el mayor regalo de su vida.
Entonces sonó el teléfono. Desde el principio Neal supo que algo iba mal. El teléfono era un móvil indetectable que solo usaba para hablar con Mozzie pero su amigo no solía llamarlo a esas horas ya que en Nueva York era de noche. Tenía que haber ocurrido algo grave. Temiéndose lo peor, Neal cogió la llamada y dijo:
-¿Diga?
-Neal, ha pasado algo.
Mozzie le contó todo lo ocurrido con Peter y El Gato. Cuando terminó, Neal se había sentado en un sillón y había dejado la taza de café a un lado porque se le había quitado el hambre.
-El FBI es increíble-dijo Neal realmente enfadado.-¿Cómo pueden pensar que Peter ha hecho eso?
-Ya sabes que para esa secta lo único que importa son las pruebas. Y todas apuntan a Peter.
-El Gato es muy peligroso. Si esto es cosa de él...
-El Trajeado lo tiene díficil para librarse de esta-terminó Mozzie.
Neal lo meditó unos momentos. Peter tenía buenos amigos en el FBI como Diana y Jones pero también enemigos como Kramer que estaban deseando verlo en la cárcel. No creía que hubiese ninguna forma alguna de salvar a Peter. Ninguna forma legal, claro.
-Tenemos que encontrar a El Gato.
-¿Te has vuelto loco?-gritó Mozzie.-¡Yo no quiero saber dónde está ese mafioso!
-Pues es el único que puede exculpar a Peter.
-¿Y qué pretendes que hagamos?¿Que le pidamos amablemente si puede entregarse?
-No-dijo Neal mientras ponía los ojos en blanco ante el comentario sarcástico de su amigo.-Pero tiene que tener los movimientos de sus cuentas bancarias en algún sitio. Eso demostraría que fue El Gato y no Peter el que robó el dinero del FBI.
-Neal, esto es terreno peligroso...
-Estamos hablando de Peter-le interrumpió Neal.-Él siempre me ha apoyado, me ha protegido aunque eso implicase saltarse la ley. Si tiene problemas voy a ayudarle, Moz.
-Ya sé que no iba a poder hacerte cambiar de opinión-dijo Mozzie con un suspiro.-De acuerdo, hablaré con mis contactos, a ver qué pueden decirme.
Mozzie colgó y Neal soltó un suspiro, desplomándose en el sillón. Sabía que con esto se arriesgaba a que la nueva vida que había creado en París se derrumbara pero no podía dejar tirado a su amigo. Aguanta un poco Peter pensó, pronto estarás fuera.
Peter se retorció las manos a causa de los nervios. Después de tres días por fin iba a poder ver a Elizabeth aunque le daba vergüenza que su mujer lo viese vestido con el horrible mono naranja propio de la cárcel. Todo esto por culpa de ese mafioso pensó furioso. Era evidente que El Gato lo había incriminado para quitárselo de en medio. Jones había ido a visitarlo y le había informado de que todavían estaban buscando al criminal sin éxito. Incluso Diana en Washington había puesto sus hombres a buscarlo con la esperanza de encontrar pruebas que exculpasen a Peter. Por desgracia la tarea era bastante difícil.
En ese momento Elizabeth entró. Corrió hacia Peter y lo abrazó mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas. Peter se sintió destrozado al verla así y trató de consolarla diciéndole:
-Tranquila El. Todo va a salir bien.
Elizabeth esbozó una sonrisa y se secó las lágrimas. Ambos se sentaron aunque siguieron cogiéndose de la mano.
-¿Te están tratando bien?-preguntó Elizabeth, preocupada.
-Sí, no te preocupes. Estoy en un módulo de aislamiento así que todavía no me he encontrado con los demás presos. ¿Y tú, cómo van las cosas fuera?
-Bien. Neal pregunta mucho por ti-dijo Elizabeth.
Peter tuvo que esforzarse para contener las lágrimas al oír la mención de su hijo. Cada día que pasaba sin verlo era una tortura pero no podía preocupar a su esposa con eso así que dijo:
-Voy a salir de aquí, El.
-Sé que el FBI no puede hacer nada y no van a ser capaces de encontrar a ese criminal. He hablado con Mozzie.
Peter sintió que su corazón se aceleraba. Si El había hablado con Mozzie, este le habría contado lo sucedido a Neal. Peter sabía que no podía expresarse con libertad en esa habitación porque había cámaras con lo que se limitó a decir:
-No quiero que se involucre, es peligroso.
Elizabeth asintió, comprendiendo al instante a quién se estaba refiriendo su marido y contestó:
-Lo sé, pero es su decisión. Sabes que va a querer ayudarte.
-Me da igual, intenta convencerlo para que no lo haga-Peter se interrumpió.-¿Pero qué estoy diciendo? Si es la persona más cabezota que jamás he conocido. Bueno, al menos inténtalo. No quiero que le pase nada.
-De acuerdo.
La hora de visitas se acabó más pronto de lo que Peter hubiese querido y, después de darle un apasionado beso, se despidió de Elizabeth. Mientras los guardias lo llevaban de vuelta a su celda, Peter pensó en Neal. Todo había empezado hace tantos años como un caso más pero enseguida el agente del FBI se había dado cuenta de que Neal no era un criminal cualquiera. No era una mala persona, ni un asesino como otros delincuentes. No sintió ninguna satisfacción cuando lo detuvo después de años de persecuciones. Al contrario, se sintió como si estuviese haciendo algo malo, lo que nunca le había pasado al arrestar a un criminal. Durante el tiempo en el que Neal trabajó como asesor, se formó un estrecho vínculo entre los dos, hasta tal punto que Peter llegó a considerar a Neal como un hijo, enseñándole que no necesitaba robar para ser feliz y que podía vivir de forma honrada. Cuando creyó que Neal había muerto sintió que un pedazo de su corazón se había ido con su amigo. Por eso su alegría fue inmensa al darse cuenta de que estaba vivo y disfrutando en París. Si le ocurría algo por ayudarle, Peter nunca podría perdonárselo.
Los guardias lo metieron en la celda y cerraron la puerta. En medio de la oscuridad Peter solo pudo pensar Por favor, no hagas ninguna locura Neal.
