Bueno, aqui tienen, el primer capítulo :)


"Surcan la noche
como dueños del tiempo,
como delirios, como tormentos,
alimentándose del reproche."

Ángeles Caídos, anónimo.

FADE IN DARK

Parte 1: Fallen. Cayendo.

Capítulo 1. "La moto de Jason se llena de baba "

Jason despertó de golpe y se cayó de la cama, pegándose en la cabeza con su mesita de noche. Los platos y botellas de comida rápida que había dejado ahí le cayeron encima y él se puso de pie hecho una furia. Se tocó el rostro; estaba mojado. Entonces alguien comenzó a reír.

Miró hacia la puerta y se encontró con Remy, un chico de cabello café rizado y ojos de un gris plomizo que era un maniático hiperactivo con cara de haberse tragado una tonelada de azúcar y que se hacía pasar por su mejor amigo. Tenía en sus manos una cubeta.

En esos momentos, Jason sintió un impulso de ahorcarlo o golpearlo con algo grande. Muy grande. Como un tanque.

Remy sonrió torcidamente.

"Tus padres me mandaron a levantarte. Me dijeron que lo hiciera de la forma más amable posible, ya que acostumbrabas a sacar a patadas a los criados que osaban a aventurarse en tu cueva"

Jason bufó, aunque sabía que su recámara realmente parecía una cueva. Empezando porque era, de hecho, todo un piso. Las paredes estaban pintadas de un azul oscuro y la el suelo era de un mármol negro y siempre frío al tacto. Su cama, en el centro, era redonda, tan grande que podía caber ahí toda una familia de osos con complejo de conejos. Por detrás de ella, los ventanales cubrían toda una pared, alzándose majestuosamente y cubiertos tras unas cortinas de terciopelo negro.

E, increíblemente, a pesar de todo espacio, Jason tenía el cuarto vuelto de cabeza. Pero ahora eso no le interesaba.

Jason miró a Remy como si quisiera carbonizarlo con la mirada y luego hacerlo brochetas para dárselas a los cuervos mientras se reía malvadamente. Pensó que se suponía que había dejado claro que no quería que lo molestaran en las mañanas. Se había esforzado por patear, aventar lápices, lámparas y todo lo que encontró a la mano para ahuyentar a cualquier inquilino. Pero, por supuesto, con Remy iba a tener que ser un poco más ingenioso.

Jason estaba decidiendo que castigo impartirle a su amigo cuando, justo en ése fantástico momento, su despertador comenzó a chillar. Jason gruñó y lo aplastó de un puñetazo y se volvió a tumbar en la cama.

"Lárgate" dijo con los ojos cerrados.

"No hasta que pares tu hermoso culo de ahí y vayamos a la escuela, claro, si tú quieres, puedo hacerlo por ti"

Jason abrió un ojo.

"¿Ah, sí? Quiero verte intentarlo"

Remy le aventó la cubeta en la cabeza, y salió corriendo de ahí. Jason se quedó como idiota un momento, sintiendo como le dolía el golpe, y luego la furia se encendió como espuma en su interior.

"¡Pero ya verás cuando te alcance, imbécil!"

Jason salió de su habitación como una tromba, se deslizó escaleras abajo y se topó con una criada de mirada asustada.

"Jo-joven Jason" ella tartamudeó, sus ojos ensanchados de miedo.

Jason estaba rastreando toda la habitación en busca de donde había ido Remy; al ver que la chica no respondía, el bajó los ojos hacia ella.

"¿Qué?" dijo secamente y ella se encogió un poco más.

"L-los s-señores lo han escuchado g-gritar y m-me han mandado para ver s-si…."

"¿Si ya maté a Remy? Diles que en eso estoy"

"….S-si usted estaba bien, j-joven Jason"

"No" respondió él, con un deje sarcástico "Me estoy muriendo lenta y dolorosamente. Ahora ve y diles"

"Cla-Claro, j-joven Jason"

Jason la hizo a un lado con impaciencia y se dirigió hacia el comedor. Su casa era grande, más que grande, era una Mansión. Una colosal estructura hecha toda de lustroso mármol, paredes blancas, tapices caros y gruesas alfombras. A veces se ponía a pensar en el tiempo que había tenido que vivir en el orfanato, haciéndoles travesuras a los demás chicos y poniéndoles pasta dental a sus galletas y entonces volvía a su presente, sin terminar de entender como había tenido la suerte de que los señores Warrick lo adoptaran.

Luego pensó en su sueño. A veces creía que todo eran imaginaciones suyas. A veces se preguntaba, como en ese momento, si no sería parte de ese pasado que había olvidado por completo.

"Hijo, buenos días" la voz de la señora Warrick lo sacó de sus pensamientos, los ojos dorados de Jason ahora dirigidos hacia su objetivo: Remy. Había llegado al comedor y el muy cobardica de su amigo estaba sentado al lado de sus padres, en la enorme mesa de caoba situada en el gran salón. Cuando era más chico, Jason la había untando de mantequilla y se había deslizado por ella.

"Miren, se los dije, ahí está; con esa cara de ceñudo de siempre, pero despierto" Remy sonrió más anchamente y se metió un enorme pan en la boca. Jason deseó que se atragantara.

"Toda una hazaña" asintió el señor Warrick y luego dirigió su profunda mirada hacia Jason "Ven, muchacho, siéntate con nosotros"

Jason le lanzó una mirada de te-mato-después a Remy y luego se sentó a la derecha de su padre. Los señores Warrick eran personas buenas y pacientes. Muy, muy pacientes, considerando que era él quien tenían que criar.

Se sirvió algo de comida de la mesa y estaba a punto de meterse un huevo en la boca cuando Remy abrió su bocota.

"Bueno, cuéntanos que soñabas" comentó como si nada "Con esos gritos parecía que ibas a despertar a los muertos"

Jason lo miró a través de la mesa.

"No sé. Tal vez me estaba tirando a un tipa y era ella quién gritaba y tú no lo sabías"

Su padre rió, pero su madre hizo un sonido de indignación.

"Jason, estamos comiendo, por favor guarda la compostura"

Jason se encogió de hombros "Bueno, el preguntó y yo le contesté"

Después de eso comieron en silencio, acompañados sólo del sonido tintineante de los cubiertos y los sonidos bestiales de Remy al engullir su comida.

Una vez que terminaron de comer, su madre suspiró y lo miró, de la misma que miras a un adorable gatito después de que ha destrozado tus cortinas. "Jason, ¿Vamos a seguir con esta guerra toda las mañanas? Los criados ya te tienen miedo y ninguno quiere ir a despertarte"

Jason soltó las manos a los costados de su silla, con fingido cansancio y cuando habló, lo hizo de forma lenta y pausada, arrastrando las palabras:

"Pues no me despierten, de todas formas ya casi es verano"

"Claro" Remy estrechó sus ojos grises "En unas tres semanas"

"Da igual, ya casi es ¿Por qué debo seguir yendo a la escuela?"

"Porque no trabajas, ni haces nada y estás aquí solo durmiendo" dijo su madre.

"Como un oso invernando" asintió Remy y Jason le lanzó otra mirada amenazante.

"Hijo" la voz de su madre se suavizó "Solo son tres semanas, ¿podrías soportar solo tres semanas más? Después tu podrás elegir si quieres ir de vacaciones a donde tú quieras o quedarte aquí y dormir todo el verano"

"No sé, tal vez. Debo pensarlo"

"Jason…" dijo su padre, con ese tono de ser superior.

"Vale, ya, ya, está bien, prometo no ser tan mierda las semanas que quedan"

La señora Dalton suspiró pero no dijo nada, conociendo a Jason, sabía que no iba a conseguir más que eso.

Remy se aclaró la garganta.

"Bueno, señores, se nos hace tarde, es hora de que estos chicos guapos vayan a la escuelita" luego miró a Jason "Y tú deberías ir a cambiarte, te espero afuera"

"Cuídense chicos" dijo la señora Warrick sonriendo "Nosotros también ya nos vamos. Ah, y gracias por todo, Remy"

"¿Gracias?" repitió Jason, con un agudo tono indignado "¿Le das gracias por aventarme una cubeta en la cabeza a las seis de la mañana?"

Su madre le restó importancia al hecho con un gesto de la mano, pero sonrió. "Anda, Jason, deja de pelear y apresúrate"

Jason puso los ojos en blanco y subió corriendo a su cuarto.


Jason salió, atravesando el inmenso patio. El día había amanecido claro y brillante, sin nada que delatara la tormenta de la noche pasada más que el suelo mojado y el olor a tierra mojada.

Pisando un césped húmedo se acercó a Remy, quién estaba montado en su BMW, con la música a todo volumen y fingiendo cantar "All you need is love" a Jason.

"Aún sigo sin entender por qué soy tu amigo" le dijo Jason, subiéndose en el asiento del conductor y pisando el acelerador a fondo.

"Hey" Remy se quejó cuando Jason puso rock en el estéreo y subió el volumen "Bueno, trata de negarlo pero es la verdad, mi amigo, necesitas una novia que te ponga de buen humor y te quite esa cara de feo amargado"

Jason señaló su rostro con un dedo.

"Esta cara de feo amargado ha atraído a más chicas de las que tú puedes contar"

Remy silbó por la bajo. "Considerando que sólo sé contar hasta el diez…"

"Si, hombre, como digas"

Jason gruñó cuando les tocó el alto. New York a veces le desesperaba, con su tráfico, contaminación y toda la gente yendo de aquí para allá. Pero al mismo tiempo amaba estar rodeado de todo eso, de tanta actividad, luces, y vida.

"Deberíamos habernos traído las motos"

Remy rió amargamente "¿Tu madre lo prohibió, recuerdas? Todo gracias a ti"

Jason lo ignoró, en parte porque tenía razón. Hace unos meses sus padres lo habían cachado en las noticias haciendo carreras en motos mientras estaba tomado. Eso no fue lo peor, lo peor fue cuando pasó el accidente y todos los culparon a él –de haber matado a un chico de doce años que ni siquiera conocía- cuando el que lo había hecho había sido un chico de pelo verde y lleno de percings que todos juraron jamás haber visto.

Por suerte, la influencia y poder de sus padres lo habían sacado del meollo.

Se volvió a concentrar en manejar, dejando atrás pensamientos no deseados. Jason vivía en Long Island, así que tenía que tomar el Queens Midtown Tunnel y luego ir hacia el norte hasta tomar Broadway, después de ahí ya no tardaba mucho en llegar a la New York Highschool.

La New York Highschool era una preparatoria privada de chicos y chicas (un requerimiento explícito de Jason cuando sus padres le preguntaron donde quería estudiar) construida con los típicos ladrillos rojizos y piedra blanca. Para Jason, en conjunto, era una cárcel más refinada.

Se suponía que todos los hijos de papis venían ahí. Pero pobre del que le dijera eso a Jason.

Una vez que estacionaron el carro, Remy se bajó saltando por la ventana y se dirigió hacia dentro, al ver que Jason no lo seguía, se giró. Ya no había nadie afuera, por lo que suponía que las clases ya habían empezado y ahora se ganarían un castigo por llegar tarde.

"¿Y ahora qué diablos?" le dijo Remy, mirando su reloj. Iban veinte minutos tarde.

Jason sonrió burlón "Dije que iba a venir a la escuela. Nunca dije que entraría"

"Hombre, haz lo que quieras, me voy a reír mucho cuando repruebes todas las materias y te quedes aquí todo el verano"

"Si, si, cállate, de todas formas solo voy a faltar hoy" Jason subió de nuevo al carro y le guiñó un ojo "Te estaré esperando a la salida, guapa. Hoy nos portaremos mal"

Remy le enseñó el dedo de en medio, viéndolo desaparecer en la esquina con un rechinido de llanta.


Jason condujo hasta la casa de Remy. No. No se iba a vengar ni iba a quemar la casa, aunque lo pensó en el camino. La verdad era que sólo quería ir por las motos.

Desde lo del accidente, su madre les ordenó –sí, también a Remy, ya que era medio-parte de la familia- que las vendieron o tiraran o lo que sea pero que no las quería volver a ver jamás. Jason sólo escuchó la última parte y, contra las protestas de Remy, las metió en su casa, diciendo que no se preocupara ya que su madre "no las volvería a ver"

Habían quedado en que en verano las sacarían, pero Jason no quería esperar. No quería ni podía esperar, era demasiado impaciente.

Jason aparcó afuera de la casa, que en realidad, era más bien un taller. Su amigo se ganaba la vida arreglando coches y cosas así. El lugar estaba sucio y solitario, con un olor a aceite flotando en el aire, Jason bajó del BMW y se dirigió hacia la puerta, él tenía llaves de casa de Remy.

Remy había sido el único chico que le había hablado al entrar a la preparatoria. Los demás murmuraban, sobre todo los primeros días, sobre "el hijo adoptado de los Warrick con cara de criminal". Los estúpidos nenes de papi lo habían molestado con que era un corriente y Remy había salido en su defensa, sólo para que los chicos se burlaran de él –como sospechaba Jason que siempre lo habían hecho- y empezaran a decirle "huérfano" y otros insultos. Jason entonces, en un momento de furia, los había golpeado hasta que el propio Remy, después de reírse, tuvo que calmarlo al ver la ira asesina en sus ojos.

Jason no sabía nada de los padres de Remy, pero tampoco preguntaba. No le gustaba que se metieran en su vida así que él no se metía en la de los demás. El caso es que de ahí en adelante, Remy lo siguió a todos lados, y al final, a pesar de todo, Jason agradecía su compañía.

Un ruido como de una lata siendo pateada lo hizo girarse de improviso, volviendo a la realidad. Se había quedado de pie ante la puerta abierta.

No vio nada, pero los sentidos de Jason ya se habían puesto alerta, y con los ojos dorados sigilosamente estrechados, cerró la puerta y encendió las luces.

Adentro había metal, metal, y más pedazos de metal y herramientas. El olor a suciedad y aceite era más fuerte ahí. Jason se dirigió hacia las motos, en el camino tomando las llaves de un cajón situado en una desvencijada mesa y arrancó su moto –una colosal deportiva pintada en negro y plata- probándola. Sonrió.

Le gustaba conducir en motocicleta. Sentía que podía huir de todos; de los problemas y de los sueños que ahora lo acosaban más que nunca, cada vez más nítidos. Pero sobre todo, porque lo hacía sentir libre y poderoso.

"Un detalle muy curioso para alguien que le asustan los patos" le había comentado Remy una vez.

"No me dan miedo. Los odio"

Jason arrancó, haciendo rugir a la moto, y abrió la puerta del garaje; afuera las calles estaban mojadas y húmedas por la tormenta del día anterior, las llantas de la moto sacaron un ráfaga de aire y agua del suelo en cuanto él se deslizó por la calle. Su reflejo distorsionado resbalaba por la desierta calle devolviéndole la mirada.

Remy vivía en una de esas solitarias calles –por no decir peligrosas- de New York.

Jason estaba a punto de cruzar la esquina para tomar la calle principal cuando una figura oscura se interpuso en su camino. Frenó en seco y la moto derrapó, quedando en forma horizontal. Soltó una maldición que se quedó atorada en su garganta cuando vio la cosa que tenía enfrente de él.

Se quitó su casto, sin creérselo.

Esa cosa no estaba ahí por accidente. Esa cosa se había interpuesto en su camino. Y esa cosa era la presencia que había sentido seguirlo desde que escuchó el sonido de la lata.

"Ugh, apestas" fue lo único lo que dijo, cuando el viento arrastró su olor nauseabundo –de huevos y putrefacción- hasta él. La cosa tenía un cuerpo bulboso y extraño, sus manos eran garras y por la parte de atrás tenía algo parecido a un aguijón. No tenía ojos o al menos, Jason no podía verlos en medio del caos de pelo negro y asquerosidades que tenía encima. "¿De qué zoológico te escapaste, bonito?"

"Carne" Jason estuvo a punto de echarse atrás cuando escucho su voz, siseante y enfermiza "Carne jugosa"

Bien. Jason había visto cosas extrañas toda su vida, pero nunca esto. Por un momento se preguntó si no estaría alucinando. Justo entonces, la cosa se le echó encima. Jason apenas tuvo tiempo de tirarse a un lado cuando la cosa aterrizó sobre su moto y enterró su aguijón en su asiento.

"Llenaste mi moto de baba" dijo, sin creérselo "Bien, amiguito, tú quieres ser papilla de monstruo y eso serás"

Estaba a punto de cargar contra él cuando una sombra oscura cayó del cielo, interponiéndose entre él y la cosa.