Capítulo 1

-Una poción peligrosa-

No era la primera vez que algo así ocurría en Hogwarts. Tal y como había puntualizado la profesora McGonagall "esto no ocurría en esta institución desde los tiempos de Sirius Black y James Potter". Por eso sabían cómo manejarlo e incluso conocían la cura. Pero el remedio era sumamente radical, por lo que todo el profesorado pensó que lo más conveniente sería mantenerlo en secreto para no despertar animadversión entre los alumnos o el enfado de sus padres. "Lo último que deseamos es que la comunidad mágica se piense que Hogwarts es Sodoma y Gomorra", expuso el pequeño profesor Flitwick. Hasta Dumbledore convino en que el asunto fuera "tratado con la máxima discreción" justo antes de cerciorarse de que alguien había avisado a las alumnas.

-La señorita Chang está fuera, esperando- aclaró Pomona Sprout con un gesto de preocupación en la cara.

-Bien, hágala pasar. Cuanto antes acabemos con esto, mejor.- ordenó el director con un gesto de preocupación. -Ah, y, Severus, mientras tanto no estaría mal que fueras a buscar al señor Potter. Sería conveniente que alguien de total confianza estuviera al tanto del problema- ordenó Dumbledore, provocando que Snape hiciera una mueca de desprecio al escuchar que, nuevamente, el director del colegio depositaba su confianza en el presuntuoso de Potter.

Severus Snape abrió la puerta y salió del despacho del director. Acto seguido, la puerta volvió a entornarse hasta que se abrió y una asustada Cho Chang asomó la cabeza al interior.

-Pase, señorita Chang, por favor, tome asiento- pidió Dumbledore con la sonrisa más amable que pudo esbozar.

Cho dio unos inseguros pasos y se sentó en una butaca que había sido conjurada para la ocasión. La morena de Ravenclaw no entendía qué estaba ocurriendo. Por alguna razón, su clase de Herbología había sido interrumpida y la profesora Sprout le había urgido a que se personara cuanto antes en el despacho del director.

Que ella recordara, esta vez no había hecho nada extraño. No era como cuando había tenido que reunirse con la plana mayor del colegio por sus frecuentes escarceos a la torre de Astronomía con Cedric Diggory. No, aquello era imposible. Cedric ya no estaba y, desde entonces, la vida sentimental de Cho pecaba de inexistente. Pero allí estaba de nuevo, rodeada de todos los directores de las casas, salvo Snape, que por alguna razón había salido apresuradamente del despacho del director, concentrado en Merlín- sabe- qué.

Cho aguardó en silencio a que Dumbledore iniciara la conversación.

-Señorita Chang: disculpe la premura, pero era totalmente necesario dar con usted cuanto antes. Lo que estoy a punto de decirle créame que no es del agrado de nadie. Los directores de las casas y yo hemos estado debatiendo toda la mañana cuál sería la mejor opción para tratar el problema que tenemos entre manos. Finalmente, no nos ha quedado más remedio que convocarla para ponerla al corriente.

Cho miraba fijamente al director, todavía sin entender nada. Pero, por las sombrías caras del resto de los profesores, aquello no podía ser bueno.

-No me andaré con rodeos, puesto que la noticia no es grata para nadie y requiere nuestra atención inmediata. Veamos, señorita Chang¿ha oído hablar de la poción orgasmus?

De nuevo Cho se quedó en blanco. Había oído hablar de un montón de pociones, de cientos de pociones que les había explicado Snape durante todos los años que habían cursado su asignatura. Pero aquella en concreto no le sonaba de nada. Por más que se estrujaba los sesos intentando repasar las lecciones de Snape, Cho seguía sin ninguna pista y así debía de estar demostrándolo el gesto de su cara.

-Ya veo…- continuó Dumbledore, que había comprendido perfectamente que la estudiante no tenía ni la más remota idea. –La poción orgasmus es uno de los brebajes más potentes y peligrosos del mundo mágico junto a los filtros amorosos. Por supuesto, está prohibida, pero lamentablemente todavía existen libros y manuales que explican su elaboración, por más que en Hogwarts sea completamente imposible acceder a ellos.

McGonagall asintió firmemente a esta puntualización y sacó un pequeño pañuelito blanco para secarse las lágrimas que, traicioneras, asomaban a sus ojos.

Cho iba a preguntar en ese preciso momento qué tenía todo aquello que ver con ella, pero no le fue necesario porque Dumbledore siguió hablando.

-Dicho esto, nos consta que alguien ha intoxicado a uno de los alumnos con esta poción, cuya cura es hartamente complicada y requiere de su intensa colaboración.

-Pero… pero…- comenzó a decir la estudiante de Ravenclaw, que todavía no entendía nada.

En ese momento la puerta volvió a abrirse y un muchacho moreno con gafas apareció en el umbral, seguido de cerca por el profesor Snape.

-Oh, Harry, pasa, por favor, siéntate- le conminó Dumbledore, conjurando otra butaca para que Harry tomara asiento. Harry se sentó rápidamente, extrañado de aquella repentina reunión y de la presencia de Cho Chang en ella.

El director se vio obligado a repetir el mismo discurso que le había contado a Cho para que el muchacho entendiera. Cuando llegó de nuevo al punto de la "colaboración" de otra persona, Harry interrumpió su discurso.

- ¿Pero exactamente qué efectos tiene el orgasmus?

-Buena pregunta, Harry, estaba a punto de explicarlo. Se trata nada menos que de una potente poción sexual que anula momentáneamente el juicio y el autocontrol de una persona. Dicho de otra manera, quien la ingiere es incapaz de controlar su deseo sexual y la única manera que tiene de paliar los efectos secundarios es -Dumbledore dudó un momento. Qué difícil era explicar aquello- dar rienda suelta a ese deseo.

- ¿Quiere decir que alguien me ha envenenado?. - preguntó Cho, escandalizada.

-No exactamente, señorita Chang. No a usted, en cualquier caso.

-Entonces¿a quién?.

-Bueno - vaciló Dumbledore -tenemos nuestras razones para pensar que se trata de la señorita Granger.

- ¿Hermione?- preguntó esta vez Harry. –Quiere decir que Hermione está… está….

-Sí, Harry, creemos que Hermione ha sido intoxicada con esa poción.

- Pero ¿quién…?. ¿Por qué..? . ¿Por qué iba alguien a hacerle eso a Hermione?- quiso saber Harry, completamente confundido.

-Las razones son todavía un misterio, pero estamos investigándolas- cabeceó Dumbledore, consciente de que lo que venía después iba a ser lo más peliagudo de todo. La pregunta, tal y como se temía, no se hizo esperar.

- ¿Y qué tengo yo que ver en todo esto?- dijo, por fin, Cho.

- Verá, señorita Chang, existen otras complicaciones. La poción orgasmus no actúa de manera aleatoria. Es más, sus efectos se activan única y exclusivamente con una persona, y esa persona en cuestión se convierte en el objeto de deseo de quien ha ingerido la poción. En este caso… tenemos razones más que suficientes para pensar que usted es el objeto de deseo de la señorita Granger.

Harry y Cho abrieron tanto los ojos como Dumbledore había estado esperando. Aquello no era posible.

-Pero, pero… ¡pero a Hermione le gustan los chicos¡. -se quejó Harry.

-Esto no tiene nada que ver con la orientación sexual de la señorita Granger, Harry. Si así fuera, no tendríamos que enfrentarnos a este desagradable percance.

- Espere un momento. Creo que no lo he comprendido muy bien -intervino Cho con mal genio. Estaba tan alucinada que empezaba a entrar en la fase de no poder controlar su temperamento como la situación requería- ¿está insinuando que Hermione me desea?

-No lo estoy insinuando, señorita Chang, lo estoy afirmando- atajó Dumbledore.

- ¿Y qué se supone que debo hacer?.

- ¿Tiene cura, profesor?- preguntó angustiado Harry en medio del ruido que estaba haciendo una desconsolada McGonagall que no dejaba de sonarse la nariz.

-Sí, la tiene, pero es complicado…-retomó la palabra el director-. La señorita Chang debería estar dispuesta a colaborar en todo momento. De lo contrario, el deseo sexual de Hermione se incrementará tanto que correría el riesgo de acabar con lesiones permanentes o incluso…

-… de morir- remató Snape, con un extraño tono de satisfacción en sus palabras.

- ¿Morir?. ¡Hermione no puede morir¡. ¡No por esto¡. ¡Tienen que hacer algo¡.

-Cálmese, Potter, por el amor de Merlín. Todos estamos asustados. Vamos a intentar mantener la calma - pidió el profesor Flitwick.

- Está bien,- convino Cho, derrumbando sus defensas al ver la angustia que consumía a todos los presentes. Aquella situación requería una gran dosis de autocontrol, pero a Cho le sobraban herramientas para afrontarla. -¿Qué se supone que tengo que hacer?

-Básicamente,- Dumbledore carraspeó. Aquello era aún más difícil de decir –tendrá que aliviar su deseo…

-¿Aliviar su deseo?. -preguntó Cho, desconcertada.

-Sí, permítame que se lo explique: esta poción actúa en tres etapas. La primera es la más suave y a lo largo de esta fase inicial es probable que la señorita Granger busque cualquier tipo de contacto físico, aunque lo lógico sería que su ánimo se calmara con un beso. Esto paliaría temporalmente los efectos de la poción.

- Un momento, espere un segundo¿eso quiere decir que Cho tendría que besar a Hermione?,

-Eso me temo, Harry…

-¿Está de broma?.

-Esto no es ninguna broma, señorita Chang.- rugió McGonagall. -Recuerde con quién está hablando y modere su temperamento -le reprendió, recuperado su carisma tras haber dado rienda suelta a la tristeza que le producía ver a una alumna suya involucrada en una conspiración de ese calibre.

- ¿Y qué pasa después?.- se interesó Harry, en cuyos ojos se notaba que malamente dominaba la ansiedad. Harry miró por el rabillo del ojo a Cho intentando buscar en ella un apoyo que no encontró. La Ravenclaw retiró la mirada, aunque escuchó atentamente las explicaciones del director.

-La segunda fase es un poco más complicada -explicó Dumbledore. -La señorita Granger verá aumentar su deseo y, como en todas las relaciones, querrá dar un paso más. En esta etapa es probable que desee tener algún tipo de contacto físico con la señorita Chang.

- Y eso quiere decir que…

- Que tendrán que tocarse, por supuesto.

-¡¿Cómo?¡. -exclamó Cho. -¿Ha perdido el juicio?.

-¡Señorita Chang¡. ¡Modérese¡.-la reprendió de nuevo McGonagall.

-Pero, profesora, él... está... ¿se da cuenta de lo que me está pidiendo?. -se excusó como pudo Cho.

-Me doy perfecta cuenta, señorita Chang. Pero me temo que no nos queda más remedio -afirmó Dumbledore, dedicándole la más dulce de sus sonrisas.

-¿Cuál es la última fase, profesor?. -insistió Harry, más preocupado por conocer toda la explicación que interesado en las protestas de Cho.

-Bueno, la última fase y el momento de curación llega -qué difícil era aquello, qué complicado -al realizar el acto sexual completo. Una vez hecho, los efectos tóxicos quedan completamente anulados, por lo que la señorita Granger estaría fuera de todo peligro –concluyó Dumbledore sin rodeos.

Tanto Harry como Cho palidecieron.

-Pero, pero… ¡Hermione no va a querer esto¡- estalló Harry.

-Yo no voy a querer esto- puntualizó Cho.

-No existe… ¿no hay ningún antídoto, profesor?. ¡Tiene que haber algo¡

-No, Harry, no existe. Si así fuera, créeme que ya se lo habríamos dado…

Harry miró a Cho, intentando descifrar lo que estaba pensando.

- Conmigo no cuentes, Harry- afirmó ella tajantemente, devolviéndole una mirada fría, distante. -Esto queda fuera de toda discusión...

-Señorita Chang -intervino de nuevo Dumbledore -tiene que entender que ésta es la única manera de evitar un daño irreparable.

-Contamos con usted, señorita Chang -la apoyó Filius Flitwick, el director de su casa.

- Sí, claro, entiendo perfectamente su postura –replicó ella, conciliadora-. ¿Pero qué tipo de magos son ustedes que no pueden ni siquiera contrarrestar los efectos de una simple poción?

-No es tan simple- explicó Snape –De hecho, es una de las pocas pociones de las cuales no se ha encontrado un antídoto. La única solución posible es la que le estamos planteando.

Cho miró a su profesor de Pociones con recelo, como si intentara encontrar un rastro de duda en lo que había dicho. -¿Pero por qué iba alguien a querer intoxicar a Granger?.

- ¿Y dónde está Hermione?- quiso saber Harry, que por fin parecía haber despertado de su estado de shock.

-Acompáñenme, por favor- les pidió amablemente Dumbledore, levantándose de su butaca.

El director se dirigió a una pequeña puerta que había tras su despacho. Al abrirla, los dos expectantes alumnos vieron a Hermione atada a una silla por algún tipo de cuerdas mágicas. Dobby estaba con ella, intentando evitar que la muchacha se sofocara. Tenía la cara cubierta de sudor, los ojos desorbitados y una expresión de angustia que se agudizó cuando vio a Cho Chang. Tratando de controlarse por todos los miedos, ignorando el calor que inundaba su cuerpo, Hermione respiró hondo y empezó a pedir que se la llevaran con todas sus fuerzas. "Ella no... ella...yo... ella no".

Dumbledore cerró la puerta, intentando evitar que el contacto entre las dos muchachas se extendiera más de lo necesario; antes de que Cho dijera la última palabra.

-Como verán, la señorita Granger ya ha sido puesta al corriente y tampoco está muy dispuesta a colaborar. Le hemos dado un brebaje temporal, una poción que calmará su deseo durante un par de horas, pero todavía tenemos que esperar a que haga efecto.

- ¿Y no puede tomar esa cosa toda la vida?- preguntó Cho.

-Lamentablemente, no. Acabaría enfermándola. Es demasiado invasora para excederse en su uso.

- ¿Por qué está atada, profesor? –preguntó Harry.

-Es una medida de seguridad, sólo hasta que la poción haga su efecto. Hermione estuvo de acuerdo, así que no se preocupen: ella está al corriente de todo. Y, bien¿qué me dice? -preguntó, posando su mirada en Cho.

-Lo siento, pero no quiero participar en esta locura. Que yo sepa, no es justo que yo tenga que hacer todo… eso… cuando apenas conozco a Hermione. Ni siquiera he hablado con ella. No sé quién ha provocado esto y verdaderamente lo siento por ella, pero yo me quedo fuera.- afirmó Cho cruzándose de brazos.

Harry la miró sorprendido, con unos ojos que daban a entender que todo estaba en manos de Cho y que más que nunca necesitaba su ayuda.

-Señorita Chang¿es consciente de que si no ayuda la señorita Granger puede morir?. ¿De veras quiere cargar con ese peso toda su vida?- le preguntó Dumbledore, un brillo extrañamente malicioso en sus ojos.

-Cho, por favor¡no puedes dejar que eso suceda¡. ¡Tienes que hacer algo¡ -imploró Harry.

- ¿Y qué quieres que haga?. ¿Qué me dé el lote por los pasillos con tu extraña amiguita?.

-En realidad- volvió a intervenir Dumbledore –no tiene que ser en ningún espacio público. Por supuesto, queremos tratar este asunto con la mayor discreción posible- el director miró con intención a los dos, obviamente dándoles a entender que no podían comentar nada de lo que estaba ocurriendo. Harry asintió, comprendiendo –y, por lo tanto, hemos preparado una de las habitaciones de invitados para llevar a cabo la cura.

- ¿Quiere decir que no tendría por qué enterarse nadie?- inquirió Cho, animándose por momentos por aquel pequeño detalle y algo más tranquila cuando Dumbledore asintió lentamente. Se notaba que aquel era un detalle muy importante.

- Cho… por favor. Hazlo por mí, hazlo por Hermione, por quien tú quieras… pero tienes que hacerlo, por favor.- dijo Harry, que puso ojos de cordero degollado. Si la chica se sentía mínimamente en deuda con él, tenía que hacerle este favor.

- ¿Cuánto dice que van a durar los efectos?- quiso saber Cho.

-Eso es difícil de predecir. Pero calculamos que, dada la gravedad del estado actual de la señorita Granger, mañana debería haber acabado todo. Siempre y cuando usted acceda a aliviar su dolor, por supuesto.

- Voy a matar a quien le haya hecho esto- se enfureció Harry, golpeando con su puño la palma de la mano.

- No hay motivo para ello, Harry. El culpable aparecerá. Los profesores se ocuparán de ello. Eso sí, el tiempo corre en nuestra contra. Señorita Chang, me temo que necesitamos una respuesta cuanto antes.

Cho les miró con cara de angustia. Primero a Dumbledore, después a Harry. Y encontró tanto miedo en los ojos de Harry que no le quedó más remedio que mirar hacia otro lado, bajar la cabeza y aceptar que no tenía escapatoria.

-Está bien, Harry: lo haré por ti…