La espada y la Lanza

El palacio de invierno de los Habsburgo, que ahora formaba parte del Hofburg, fue convertido en museo para mostrar al público las joyas, la plata y las muchas colecciones acumiladas durante siglos para la corona real. Esa colección, una de las mas extensas del mundo, tenia, un interés espacial para Afortunado. Había dicho que creía en es destino, y en el carruaje, de camino hacia el museo, nos recalco a los niños que el destino del pueblo se habla alemana nunca debería haber estado sujeto al gobierno de esta dinastía de matrimonios mixtos, que había generado la población variopinta que veíamos por las calles de la capital. Pero eso forma parte de otra historia sobre Adolf que, por desgracia, todo el mundo conoce.

Lo que viene mas al caso, Afortunado había descubierto en el Hofburg dos reliquias que le habían fascinado: una espada y una lanza. Estos relegados de forma sorprendente en un rincón, en una simple vitrina de cristal, casi como abandonados. La espada era larga y curva, con una empuñadira con aspecto mas mediaval que antiguo. La lanza era pequeña, negra y discreta, con una rudimentaria cazoleta de color del latón, que mantenía unidos el mango y el asta. Los niños las contemplamos un rato, hasta que Jasper le pidió a Afortunado que nos contara su importancia.

-Estas piezas-dijo en voz casi de ensueño- Se remontan a dos mil años como minimo, puede mucho mas. Es de sobra conocido que ya existían en tiempos de Cristo y es muy problable que las manejaran sus propios dicipulos. Se cree que la espada es la que blandeo a san Perdo en el huerto de Getsemaní para cortar la oreja al guardia del templo, Jesús le dijo que la enviara por que quien a hierro mata a hierro muere. Pero la lanza es todavía mas interesante- prosiguió Afortunado- La llevaba un centuriano romano llamado Cayo Casio Longino, que se encotraba bajo las ordenes de Poncio Pilatos. Longino atravesó el costado de Cristo con esta misma lanza, para asegurarse de que estaba muerto y vieron como le manaba el liquido de la herida…-

Contemple la larga y palida cara de Afortunado refejada en el cristal de la vitrina ante nosotros, seguía como en sueños, con la mirada perdida en aquellas armas. Tenia las pupilas dilatadas, lo que ezageraba la cualidad hipnotica de esos intensos ojos azules tras las pestañas tupidas y oscuras. Pero Esme, que estaba en el lado opuesto de la vitrina, rompió el hechizo.

-En la tarjeta que ay aquí dentro- no sinformo con frialdad- Dice que se supone que la espada pertenecía a Atila el rey de los hunos y la lanza a Federico I Barbaroja, personajes destacados de la historia germanica y en mito teuton. También pone que segun dice la leyenda, cuando esas armas han obrado en poder de un solo guerrero, como al parecer fue el caso de Carlomagno, ese guerrero se ha convertido en el líder de todo el mundo civilizado.-

-¿Es por eso que los Habsburgo gobiernan en tantos países? Porque ahora les pertenecen las dos ¿no?- pregunte a Esme, entusiasmado por ese pequeño apunte de los misterios de la antigua leyenda. Pero Afortunado, cuyo trance al parecer también se había roto, respondió por ella.

-Dicen que debe poseerla un guerrero-solto- Los llamados Habsburgo hacen honor a su nombre: una percha de halcón, pero no un halcón. Se posan siempre que pueden y despluman a otros para preparar su nido. No son cazadores, ni lideres de un pueblo valiente y orgulloso. Por lo que he averiguado, no basta con poseer estos dos objetivos para el tipo de poder que habla. Existen muchas otras reliquias, antiguas como el polvo de los eones y solo cuando están todas las reliquias en las manos de un hombre se transforman el mundo entero. Creo que ese momento se acerca.

Los niños observamos con espeto renovado las dos armas de la vitrina. Pero en mi fuero interno me preguntaba como podría tener lugar tal transformación si el resto de tesoros antiguos eran frágil, estaba igual igual de deteriorados y tenían un aspecto tan poco importante como esos dos.

-Si es acerca el mismo. Dijo una voz baja desde detrás de mi hombro.- entonces seguro que sabes cuales son los otros objetos que andas buscando.- nos volvimos y vimos que quien había ablando era el primo joven de Esme, mi profesor de violin, Randall Bassarides que había permanecido en silencio durante todo el viaje que casi lo habiamso olvidado. Afortunado asintió con la cabeza, entusiasmado.

-Creo que hay trece en total. Unos son platos, otros prendas de vestir, utensilios o implementos belicos, hay una piedra preciosa y una especie de juego de azar, a pesar de que mis estudios me han indicado como pueden haber sido encubiertos a través de los años, estoy seguro de que la ultima cesa que estuvieron juntos fue en la época de Cristo; en otra palabras, en la ultima nueva era. Por ese motivo proseguí mis estudiso en Melk y en Salzburgo, porque aquí en el rio y en la parte alta de las montañas de Salzkammergut se situan los lugares de nuestra tierra donde habitaron los pueblos antiguos y sabia que el mensaje que buscaba no podría andar lejos. Y encontré información escrita en runas…

-¿Las runas- dije incomoda, vi como Carlisle no solo se había detenido, sino que parecía haberse desplazado a otro mundo.

-Un manuscrito en runas. Supongo que es algo que Edward te habrá dejando en su testamento- dijo Carlisle, regresando del mar de sus terribles recuerdos.- Afortunado o Adolf, quería recopilado y desifrado ya entonces, en vísperas de la Primera Guerra Mundial en Viena, una tarea que yo esperaba que no consiguiera nunca. Pero otra persona lo hizo.-

-No he resibido nada de Edward su testamentos será leído después de los servicios la próxima semana.-le dije.

-Te lo dejara a ti, si el los tiene, no confiaría en nade mas que a ti para dejártelos, creeme- dijo muy seguro.- pero quiero que tengas mucho cuidado, esos documentos son la clave de todo, ese es el punto por el cual estas aquí esta noche escuchando esta tétrica historia, tienes que tener cuidado de todos, recuerda todo lo que te enseñado.- dijo muy serio y con el seño frunsido.- Escuchame bien, ay gente en la que apartir de que lean el testamento de Edward, se enfocaran en ti al cien porciento, por ahora están expectrantes a ver como se mueven las cosas, tienes que tener cuidado de con quien hablas y te fias, confia en tuis instintos, porque apartir de este momento tu vida corre peligro.- me dijo cada ves bajando mas la voz, e inclinándose asia mi, miro hacia le ventada total mente cubierta de la nueve que cai, y luego volvió a verme, y con la mano hiso un gesto que me asercara, me levante del sillón y me sente en la orilla de la cama y me incline asía el.- Jacob Black, no es amigo,- susurro, y yo frunci me seño.

-¿Quién es el?.- le pregunte también en susurros.

-No lo conozco- mi informo Carlisle- Solo lo he visto un par de veces. Es el favorito de Alice, uno de esos jóvenes atractivos que le gusta llevar como adornos colgados de la muñeca, conozco a tu tia Alice, sin embargo- continuo- No fue nunca la reina de la noche que le gustaba aparentar, muy al contrario. Eso fue una forma inteligente de venderla, un programa de propaganda concebido por la medida de Alice, la bailarina mas famosa de su época, se paso décadas intentando conseguir el manucrito de Esme, quien de verdad lo habría reunido. Quizá ya haya adivinado que el mentor de Alice, su mejor amigo y confidente mas próximo durante veinticinco años, no fue otro que Adolf Hitler.-

Carlisle se detuvo y me obserbo. Para entonces ya tenia el corazón en un puño y comprendi que tenia que salir del calor abrasador de su mirada. Las siguientes palabras de Carlisle parecieron retumbar en toda la abitacion.

-Es imposible que Alice y Jacob Black tengan una copia de esos manuscritos. Cualquier cosa perteneciente a Jasper, el la protegió con su vida-luego tras una pausa añadió- Espero que cuando el llegue a ti, no confies en el, si lo ases has puesto en peligro todo aquello por lo que Esme y Jasper arriesgaron sus vidas y que puede habérsela costado tu primo Edward.- se me aselero el corazón.

-Dime una cosa Carlisle, ¿que tiene esos manuscritos que no tengo, que asen que sean tan importantes y valiosos para provocar la muerte de tantos y poner la mia en peligro?.- demande, el solto un suspiro frustrado y negó con la cabeza.

-¿Qué no as escuchado lo que te he dicho esta ultimas hora?.- dijo regañándome.

-Si que lo he hecho- le dije enojada, parándome de la cama y empesando a caminar por la habitación- no he hecho otra cosa mas que escucharte, Carlisle, pero nada de lo que me has dicho tiene mucho sentido, tu historia personal, Adolf Hitler, y los manuscritos, no entiendo que tiene que ver entre si, y que son esos manuscritos.- dije parándome al pie de su cama y masajeándome las cienes que me estaba dando jaqueca.- ¡Un segundo!, si tu fuiste amigo de….- me calle, respire ondo e intente calmarme, me era difícil creer que mi propio abuelo siendo amigo de un moustro -"Afortunado"- dije en tono sarcástico-¿ como es posible que tengas esas marcas en tu brazo, como es posible que hayas pasado por eso, si eran amigos?.- pregunte.

Carlisle solo suspiro ondo y me miro- ¿Me estaba preguntando cuando me lo ibas a preguntar?, nunca fui su amigo, querida, ¿me cres capas de ser amigo de un moustro como el?,- yo iba a contestar pero antes de que tuviera tiempo el continuo- Creo que lo intente ser al principio, cuando lo conosi, me deslumbro su conocimiento, pero con el paso del tiempo vi mas alla de y me di cuenta de lo que había debajo, pero tenia que tener cuidado, Adolf era una persona muy perpicas, antes de su locura- se detuvo y acaricio las maras de su brazo con los dedos.- Me revele en su contra y estuve pasando información en su contra, el lo descubrió y me mando a un campo de concentración, tuve la suerte de aver salido vivo de ay, pase momentos horribles, y traumaticos.- dijo en susurros.- pero no te voy a perturbar con mis horrores, querida, lo que si te tengo que decir, es que esos manuscritos el los queria, asi que no ay que permitir que nadie que los valla a usar mal los obtenga- dijo.- ahora estoy cansado y creo que tu mas, porque no vas y descansas, Alastor ya de tener tu habitación lista.- dijo, y yo solo asentí, y me aserque para ayudarlo a recostarse- yo puedo solo querida.-me reclamo.

-Dejame consentirte abuelo.- lo sonreí.

-Casi no me llamas así, es agradabel escucharlo.- djjo recostándose en la cama por completo, y yo lo tapaba bien con las cobijas.- eres mi nieta favorita, ¿sabes?.- yo e carcaje.

-¿Y que ay de Edward?.- le dije apagando la luz de la lámpara que se encontraba en su mesa de noche de lado derecho.

-Edward también lo era, pero tu mas- dijo con una mescla de alegría, orgullo y tristesa.- Estoy tan orgulloso de los dos, el que un principio era mi sobrino pero termino convirtiéndose en mi nieto, lo quise como a un hijo, al igual que a ti, ustedes fueron mi mayor orgullo.-

-¿Qué ay de mamá?.- le pregunte, mientras regresaba el sillón a su lugar.- ella es tu hija.-

-¡Baa!, tu madre fue mi orgullo asta el dia que se graduo de la Universidad, después de lo único que me sentí orgulloso de ella fue cuando te tubo a ti, y luego hiso a Edward mi nieto, auque tu sabes que nunca estuve a favor ¡de ese matimonio incestuoso!-dijo abriendo mucho los ojos y levantando las manos para ase mas infacis- Esa hija mia, nunca hiso las cosas bien, y lo complicaba todo, se parece tanto a Alice.- dijo meneando la cabeza en forma negativa.- convirtió a mi familia en un caos, pero ya no me queda quejarme, ¿verdad?.- yo solo asentí con la cabeza en forma afirmativa y con una mueca en la cara.- Ve a descansar.- me dijo, me aseque y le di un beso en la frente y lo abrase.- Buenas noches, Gavroche, no lo olvides eres mi mayor orgullo.- me sonrio con cariño y me guiño un ojo.- te quiero mucho.-

-Yo también te quiero, Grossvater - le giñe un ojo y le regrese la sonrisa cariñosa- Que descanses.-

-Grossvater- susuro- suena bien, tu alemán.- su sonrisa se hizo mas grande.

-Me enseño el mejor.- le dije ya en la puerta y con eso sali de la habitación. Me dirigi a paso lento hacia las escaleras, me sentía en un torbellino, se emociones, en automatico baje las escaleras y me sente al pie de estas, pensando y analizando toda la información resibida.

-Deberias ir a descansar, tu habitación ya esta lista.- estaba tan metida en mis pensamientos que no hoy a Alastor, parecía que lo único que asi hoy era darme sustos.- ¿Mucho en que pensar he?.- dijo centandose a mi lado, y dándome una taza de té caliente.

-Gracias.- susure.- Demaciadas.- le dije.

-¿ Ya te a contado sobre los oscuros secretos de la familia y su oscuro pasado relacionada con Adolf?- lo mire sorprendida, porque según Carlisle, Alastor no sabia nada-¿Cómo?- le pregunte.

-He visto y escuchado cosas, que se supone no debería.- dijo serio, y con mirada de disculpa- pero nunca he dicho nada.- dijo levantandese de mi lado.

-Lo se, mejor que una caja fuerte.- le dije con una sonrisa.

-Ni aunque me torturaran.- dijo- y creo que en su tiempo lo demostré.- dijo frunciendo el ceño y mirando hacia la nada, sacuido su cabeza como intentando alejar maslo pensamientos y me estremeci con todo lo que sabia ahora me podía inaginar a que se referia, y era algo que no quería saber, solto un suspiro y extendo la mano para que le diera la taza ,se la entrege y empeso a caminar rumbo a la cocina, deteniéndose un momento-Pero quiero que sepas, que cuando el falte.- dijo señalando con la cabeza hacia ariba- y tu tengas alguna duda, no dudes ni por un segundo en acudir a mi, auque al parecer fue otra falsa alarma-dijo.

-Lo dudo mucho, el nunca me habría contado nada de esto si no sientiera que la hora esta por llegar.- le dije en un susurro, el asintió con la cabeza y con eso se alejo. Con esos mismo animos me levante y me dirigi al segundo piso donde se encontraba mi antigua habitación.

Todavia tenia los nervios de punta a pesar de haber estado metida en remojo un en la tina caliente durante mas de media hora. Y es que con el detallado informe de Carlisle sobre los colaboracionistas nazi y los violentos bores que adornaban mi árbol genealógico, por no mencionar a mi adorable y canosa tia Alice en Paris, que había bailado hasta robar el corazón de Adolf Hitler, la historia de mi familia empezaba a tener cada ves mas el aspecto del tipo de cosas de las que me ocupaba en mis estudios: algo que había sido sepultado y mantenido bajo tierra medio siglo y cuyo contenido empezaba a rezumar.

Tenia muchas cosas en las que pensar. Sabia que mi primo y hermano de sangre estaba muerto como mi abuela Esme, por unos manuscritos que habían custodiado con tanto celo, y ahora al parecer a mi me estaba poniendo como cabeza de turco, y aunque no tenia demasiado en claro aun de que se trataba ese manuscrito misterioso, parecía estar fuera de toda duda que el documento que había atraído la muerte a mis seres querido ahora me pertenecía a mi, o al menos estaba por pertenecer.

Al abrir la puerta del baño para entrar a la habitación, me encontré con una gran sorpresa enojada, Sam mi garo negó, se encontraba sentado en medio de la cama matrimonial y tenia un aspecto de lo mas enfadado. Sam había sido mi regalo de cumpleaños numero 18, un hermoso gato negro de parte de Edward, ese había sido el mi ultimo cumpleaños que pase con Edward, porque ese mismo día después de que Edward me dejara en mi casa después de habernos ido de fiesta, prometiendo pasar por mi la mañana siguiente para ir a almorzar, lo cual nunca se cumplió, esa mañana me había levantado como todas, me había arreglado y ya tenia todo listo, mis libros y mi abrigo, porque después de almorzar yo me iria a la universidad, pero nunca llego, le llame a su celular, a su departamento, a su trabajo en el Museo, pero nadie sabia nada de el, había desapareció, como si se lo hubiese tragado la tierra, supe que estaba vivo porque a los pocos días, los mas largos y angustiosos de mi vida, resibi una nota de el, diciendo que estaba bien y que no me preocupara y que lamentaba no haberse podido despedirse de mi, pero que había tenido que salir asi, y que me queria. Esa fue la ultima vez que supe de el.

Yo tenia mi propio departamento pero a Sam, siempre lo dejaba en la casa de Carlisle porque yo me la pasaba entre semana mentida en la universidad, y no tenia tiempo de encargarme de el, asi que lo dejaba aquí para que Alastor cuidara de el.

-¡Miau!.- salto en tono lleno de furia felina. Yo sabia porque estaba enojado, porque estaba furioso, no le fataba comida ¡pero me había ido a bañar sin el! El olor de el shampo me delataba.

-Muy bien, Sam, ¿Qué te parece si me cambio te hago tu propia pisina?- sugerí.

En lugar de salir zumbando hacia el aseo para abrir el grifo, como era costumbre cada vez que oía la palabra baño , troto por delante de mí, recogió del suelo un papelito blanco y arrugado que yo casi había pisado (dominaba a la perfección el truco de recoger papeles ahora) y tras ponerme las patas en la rodilla, me lo ofreció. Al leerlo el corazón me dio un vuelco.

A: Isabella Cullen (Bella)

De: Salomón

Lo siento, pero es imposible el almuerzo a mediodía como estaba previsto. Para hacer una nueva reserva, por favor llame al (214)1780217.

El aire se me escapo de los pulmones, y estoy segura que si me viera en un espejo en ese instante estaría tan blanca como el papel, esto era una de las formas en las que Edward y yo nos comunicábamos, en secreto. Pero no le encontraba sentido, Edward estaba muerto, imposible que el embiara esto. Era claro que alucia al Rey Salomón, cuyos versos bíblicos tenia que examinar con detalle para encontrar significados ocultos. El señor Salomón indicaba que tenia que leer específicamente El Cantar de los Cantares . Pero por la forma del lo arrugado del papel conclui que el recado no era resiente, si no ya tenia tiempo en la habitación, y eso me consterno mas, ¿Cuánto tiempo había estado ay?, ase cuanto Edward se había intentado poner en contacto conmigo y yo no me había dado cuanta. La sangre se me fue asta los pies.

Con un nudo en la garganta, que parecía que se había quedado ya instalado permanente mente ay, y con un suspiro, me dirigí a mi péquela biblioteca que tenia en mi habitacon, pase el dedo por los lomos de los libros y por fin aye el que buscaba, saque la biblia que tenia y la lleve al cuarto de baño, donde puse el tapón de la bañera y empecé a llenarla de agua para Sam, mientras esperaba, empece a mirar la nota y abrí el libro. El Cantar de los Cantares de Salomón solo tiene ocho capítulos. Por lo tanto el el prefijo 214 se refería al capitulo 2 versículo 14:

Paloma mía, en las grietas de la roca,

en escarpados escondrijos,

déjame oír tu voz;

porque tu voz es dulce

y gracioso tu semblante.

Edward nunca llego a oír mi voz dulce, ni ver mi gracioso semblante, porque no lei su mensaje a tiempo. En el capitulo 1, versículo 7 y 8, recordaba que la joven, la del ombligo atractivo, preguntaba a su amante donde almorzariá al dia siguiente y el le explicaría como encontratlo:

Indicame, amor de mi alma,

donde aparesera el rebaño,

donde lo llevas a setarse a mediodía,

para que no vaya yo como errante

tras los rebaños de tus compañeros

Si no lo sabes, ¡oh lo mas bella de las mujeres!,

sigue las huellas de las ovejas

y lleva a pacer tus cabritas,

junto al jacal de los pastores.

Bueno, entendía que, nos viéramos, en un lugar y mis puntos clave para saber donde eran: pastores, cabras y rebaños. El porque creo que nucna lo llegaría a saber, porque Edward había muerto y yo como la distraído que soy, había dejado pasar la oportunidad de verlo, por primera ves desde ase tres años, pero el cuando, no lo entendí asta que lei el capitulo 2, vesículo 17, que indicaba cuando debíamos vernos:

Antes que sople la brisa del dia

y se huyan las sombras,

volveré, se semejante,

amado mio, a una gacela

o a un joven cervatillo

por los montes de Béter.

¿Antes de que sople la brisa del dia y huyan las sombras? ¿Cómo sucede antes del amanecer?, entendía un poco, por lo que Carlisle me había contado, el porque, Edward no queria un reunión a mediodía, seria muy llamativo, si el lo que queria era pasar desapersivido. Pero ahora lo único que podía hacer era lamentarme por no haber acudido a la cita. Se me marrugaba el corazón solo de pensar en Edward ay donde fuera que nos cito, esperano y esperano a mi llegada la cual no susedio, quizá esa habría sudo mi ultima oportunidad para verlo.

Cuando Sam me puso sus patitas en mis ropillas llamando mi atención, deje el libro en el lavabo y lo levante del piso, probe el agua con la mano y cuando vi que estaba bien de temperatura, cerre el grifo y y menti a Sam en ella. El maullo de felicidad y empeso a nadar en la tina. Sam era el primer gato que conosia que adoraba los baños.

-Portate bien y no agas mucho mugrero, voy a cambarme.- le dije mientras me dirijia a la puerta, Sali del baño y me fue directo al armario, de ay saque lo que necesitaba y me cambie, no hacia nada mas que pensar en mi oportunidad perdida con Edward, y lamentarme mas, preguntarme que habría pensado el, al ver que yo no llegaba, ¿había pensado que no lo queria ver?, ¿Qué ya no me interesaba en el?, ¿Qué ya no lo quieria?. Las lagrimas empesaron a bañar mi rostro, y me deje colapsar, no me habría atrevido a dejarme dominar por mi dolor desde que me habían avisado de su muerte, pero ahora ya no podía mas, todo se me venia ensima, me deje resbalar por la puerta del armario y con los brazos me abrase las piernas y enterre mi cara en ellas, llorando como lo lo había echo.

No se cuanto tiempo estuve ay, metida en mi abismo del sufrimiento, pero asta que no oí a m maullando, logre reaccionar, le levante me limpie la cara y me dirigí al baño, Sam estaba metido todavía en el agua intentando inútilmente salir de la bañera, cuando me vio entrar maullo mas, en son de protesta porque me había olvidado de el, me saque a la tina con toalla en mano y lo saque de ay.

-Lo siento- le dije mientras lo secaba con la tualla, después de que dejara de escurrir, tome la secadora de pelio que estaba en el lavabo y empese a secarlo. Sam se mantenía quieto en mi regaso dejándose querer, era un gato muy consentido.

-Listo, ahora a dormir.- le dije cuando ya estuvo seco y lo deje el el piso, salió trotando de el cuarto de baño y de dirijio a la cama, esperándome a que lo subiese.- Eres un flojo, cuando no estoy tu te trepas solo.- lo tome del piso y lo suvi a la cama, moví las colchas y mientras el se acurucaba yo fui a apagar la luz, cuando la apage me dirigí a la cama y me acoste en ella. Estaba mas cansada de lo que creía porque en cuanto mi cabeza toco la almhoada los parpados me empesaron a pesar demasiado, cuando ya se me cerraban los ojos, recordé algo que en lo que no había pensado desde hacia años. Recorde la primera vez que Nube Gris me corto. Podía ver el hilo de sangre, como un collar de rubíes diminutos en mi pierna, por donde había pasado la hoja afilada. No llore, a pesar de que era muy péquela. Recuerdo el color: rojo bonito, sorprendente, una parte vital que abandonaba mi cuerpo. Pero no tenia miedo.

Desde la infancia, no había soñado con aquel suceso ni una sola vez. Ahora, mientras me sumía en un sueño agitado, la imagen me asalto de repente, como si hubiera esperado todo ese tiempo en las sombras de mi mente

Estaba sola en el bosque. Me había perdido y lo arboles oscuros se cernian sobre mi, del suelo húmedo se elevaba una especie de vaho que se arremolinaba en los escasos rayos de luz que quedaban. La pinaza mojada formaba una alfombra mullida bajo mis pies. Solo tenia ocho años.

Había perdido a Edward de vista y luego había confundido su rastro. Estaba tan oscurecido demasiado para poder seuir sus marcas como me había enseñado. Estaba sola y asustada. ¿Qué hiba a hacer?.

Esa mañana, había esperado a que llegara el alba. Había cargado la mochiloa con todo lo necesario: cereales para el desayuno, una manzana y un abrigo. A pesar de que no había ido nunca de excurcion en serio, como mucho una acampada por la noche en el jardín, me hacia muchísima ilusión en seguir en secreto a Edward en su primer dia de tiwa-titmas.

Edward, solo cuatro años mayor que yo, había empezado estas expediciones como cuando contaba la edad que yo tenia entonces. Asi a los doce años, este viaje seria el quinto y todos ellos en balde. Todos los de la tribu rezaban para que esta vez tuviera éxito y recibiera la visión. Pero pocos abrigaban verdaderas esperanzas- al fin y al cabo, el padre de Edward (tio Jasper) era un hombre blanco venido de lejos. Y cuando la madre de Edward, Nube Clara, murió siendo tan joven, el padre se llevo al niño de la reserva de Lapwai, por lo que no había podido recibir la educación adecuada por parte de su propio pueble. Luego, el padre había hecho lo incalificable: se había casado con una mujer anglófona (Renee) que bebía demasiada agua de fuego (y algo que ellos no sabían es que era sobrina de el Jasper). No engaño a nadie cuando apareció con una hija propia, dejo de beber e inisistio con generosidad que ambos niños pasaran el verano con los abuelos de Edward en la reseba. No engaño a nadie con ese tipo de trucos.

El Tiwa-titmas era el asentamiento mas importante para un joven Nezz percé. Era su inicuacion a la vida al univerco. Se adaptaban clases de medidias para garantizar que resibiera la vicion: baños calientes, vapores en la choza de barro, purgación con palitos de corteza de abedul introducidos en la garganta; sobre toso di la visión tardaba en llegar o hacia preciso variso intentos.

Edward había crecido en esas montañas y podía saludar cada roca, arroyo y árbol como si fuera personas; como si fueran amigos. Es mas, al haber realizado ya cautro búsquedas, sabia orientarse solo, incluso en la oscuridad, incluso con los ojos vandados. En cambio yo, pequeña inútil, no era capaz de encontrar el rastro.

Y así estaba: perdida sin remedio, empapara por un chaparron repentino y muerta de frio y de hambre, cansada, con los pies adoloridos, insignificante y aterrada por mi propia estupidez, me sente en una rica para analizar la situación.

El sol permanecia estatico en el borde de la lejana cordillera, apenas visible atraves de la tupida hilera de arboles. Cuando se pusiera, me encontraría rápidamente sumida en la mas absoluta oscuridad, a unos aquince kilómetros o mas, calculando yo, del lugar donde había salido esta malana. No tenia saco de sormir, ropas impermeables, cerillas ni comida. Si hubiera traido una brújula, ni siquera habría sebido cono usarla. Y lo que era peor, sabia que cuando el sol se hubiese escndido, habira roedores, serpientes, insectos y todo tipo de animal salvaje en la oscuridad, a mi lado, sin que yo pudiera hacer nada, el frio empexo a calarme los huesos a medida que el sol desaparecia por el cielo. Empece allorar con sollozos incontrolables, violetntos de miedo y enojo y desesperación desatados.

La única técnica que conosia, que había aprendido de Edward, era enviar y recibir mensajes en clave, como habían hecho siempre los indios; señales de humo o reflejos de la luz del sol en un espejo. Ahora que casi era oscuro, esos talentos eran inútiles ¿O no?

Me trague los sollozos y a través de las lagrimas, examine las tiras reflectoras de mi mochila, me seque los ojos con la manos y la nariz, con la manga, y de pie con piernas temblorosas, eche un vistaso a mi alrededor.

A través de la neblina del bosque, vi que el sol todavía no se había puesto. Pero le faltaba poco. Si podía subir lo bastante alto antes de que los últimos rayos desaparecieran, podría ver a gran distancia. Podría mirar por las colinas para encontrar el lugar adecuado; el sitio alto que Edward tenía que alcanzar antes de la puesta de sol: el círculo mágico. Era un plan descabellado, pero me pareció el único medio a mi alcance para reflejar un mensaje con la última luz y enviar mi clave al corazón del círculo mágico.

Olvidé lo cansada y asustada que estaba, olvidé que Edward me había dicho que por la noche era mucho más peligroso situarse por encima de la línea de árboles que quedarse en la protección del bosque, y corrí cuanto me permitían mis piernecitas infantiles hacia los peñascos que se elevaban por encima de los árboles. Corrí contra la puesta del sol.

En el sueño, oigo los ruidos del bosque que me envuelven mientras me subo con desesperación a las rocas; las ramas y los matorrales me arañan, y de pronto se produce un crujido de algo enorme que se mueve detrás de un árbol. En el sueño, el bosque se vuelve cada vez más oscuro pero por fin consigo trepar hasta la misma cima del punto más alto, me echo para arrastrarme hasta el borde y contemplo los picos de abajo.

En la cumbre de una montaña, por debajo de mí, al otro lado de un amplio abismo, está el círculo mágico. Y en el centro, veo a Edward. En el sueño, está sentado en el suelo con sus pantalones de gamuza con flecos, los cabellos sueltos sobre los hombros y las piernas y los brazos doblados en

meditación. ¡Pero me da la espalda! Está mirando al sol. ¡No ve mi señal! Así que grito su nombre, una y otra vez, esperando que un eco lo llevará donde él está. Y luego, el grito se convierte en un chillido. Pero él está demasiado lejos... demasiado lejos.

Alastor me sacudía por los hombros. Vi que la luz entraba por las ventanas de la habitacion, lo que significaba que parte de la nieve que las cubría se había derretido. ¿Qué hora era? Sentía la cabeza a punto de estallar. ¿Por qué me zarandeaba así Alastor?

-¿Estás bien? -me preguntó, cuando vio que abría los ojos. Parecía asustado-. Estabas gritando. Te he oído desde abaho. El pequeño argonauta se escondió bajo la nevera al oírte.

-¿Gritando? –dije-. Sólo era un sueño. No lo había tenido desde hacía años. Además, no pasó de ese modo.

-¿Qué pasó de qué modo? -se sorprendió Alastor. De pronto recordé que Edward estaba muerto. La única forma que tenía de volverlo a ver era en sueños, y aunque el sueño fuera un recuerdo poco fiel, no tenía otra cosa. ¡Mierda! Me sentía como si la mula del karma me hubiera arreado una coz en toda la cabeza.

-Nada, olvidalo - le dije, incorporándome de la cama.

-¿Bella?- dijo con un tono raro en su voz, algo que izo que fruncier el ceño y lo volteara a ver.

-¿Qué pasa?- su rostro de contrajo, y yo me embare, sentí como un escalofrio recorría toda mi columna vertebra.

-Es Carlisle- y eso fue todo lo que ocupe, para comprender a que se refería, mis ojos se aguaron, mi vicon se nublo total mente por el agua en ellos, y empese a negar con la cabeza, no podía hablar el nudo que anoche se había instalado en mi garganta había regresado,- Lo fue a ver esta mañana, para ver que queria de desalluno, y ya no des..pe..rtó…- su voz también se cortaba, claro que a Alastor también le afectaba, había estado con Carlisle toda su vida, eran muy amigos.- Ya he llamado a al hospital y ya han llegado, estaba por venirte a despertar cuando empezaste agitar.- mi respiración de asía cada mas irregular, estaba a punto de hiperventilar.-¿Estas bien, quieres que llame a los médicos?.- me pregunto y yo negué con la cabeza. Empecé a asar respiraciones profundas mientras Alastor me sobaba la espalda, intentando tranquilizarme, poco a poco mi ataque de pánico se fue calmando hasta que pude respirar normal.- ¿Estas mejor?- yo solo asentí con la cabeza.- Se que no tienes cabeza pero como si apoderada tienes que firmar para que se lo lleven, están esperando.- lo voltee a ver con los ojos como plato, ¿ya lo avían llevado?, ¿no me doria despedir de el?, Alastor entendió mi reacción porque de inmediato empezó a negar con la cabeza- Todavía está en su habitación les dije que esperaran a que tu dieras la orden.-

Tenía la garganta seca, así que carraspee un poco y con la voz apenas un murmullo dije Gracias y me levante de la cama, al salir al pasillo, había paramédicos apostados por el lago del relleno del segundo piso, con una camilla, uno se acerco a mí con algo en la mano, pero Alastor que salió tras de mi le levanto la mano y negó con la cabeza.-Ve con él, yo me encargo de ellos hasta que estés lista.- yo lo mire y le di la mejor sonrisa que podía darle en estos momentos.

A paso lento, me dirigí hacia la última habitación, en la cual apenas unas horas antes había estado con él. Cuando llegue con mano temblorosa tome la chapa, y respire hondo, después deje salir el aire y lentamente abrí la puerta, me introduje en la habitación, la chimenea estaba prendida y las cortinas estaban cerradas, pero aun así la habitación estaba iluminada. Lentamente me acerque a la cama, cualquiera que no supiera la verdad, pensaría que estaba dormido, poco a poco los ojos se me fueron aguando, y esta vez no retuve las lagrimas deje que fluyeran libres por mi rostro, cuando llegue a su altura me hinque y lo observe, parecía dormir pacíficamente, con una sonrisa pequeña que sacaba su rostro, parecía en paz, acaricie con cuidado con la punta de mis dedo su rostro, su piel era suave, y fría. Ya no era cálida, como hace unas horas, la piel se me puso de gallina y todos los bellos de la piel se me erizaron, no por miedo si no por pensar que hace apenas unas horas todavía estaba vivo. Empecé a llorar con sollozos incontrolables, violentos de miedo y enojo y desesperación desatados, acumulados durante tantos días, miedo por estar sola, porque aunque tuviera a Renee, a Charlie, y a tía Alice, era lo mismo a estar sola, ellos solo se preocupaban por sí mismos, ya no tenía a Edward ni a Carlisle, que eran mi única familia, enojo con Edward por a verme abandonado durante tres años y luego muerto sin saquera despedirse de mí, con Carlisle no podía estar enojada, y desesperación porque no sabia que iva a aser de mi de hoy en adelante sin sus consejos, sin su apoyo, si su presencia en mi vida, no iva a estar conmigo el dia de mi graduación, no iba a estar ay cuando me casara y el me llevara al altar, ni cuando nacieran mi hijos, ya no iba a estar en los momentos mas importantes para mi, Carlisle era mas que mi abuelo, era mi padre.

No se cuanto tiempo estuve llorando, intentando sacar el dolor que tenia clavado en el pecho y en el corazón, no supe de mi desde que entre a esta abitacion, pero devi de aberme quedado dormida por que empese a asentir que me zarandeaban y unas manos calidas en mis hombros mi nombre. Poco a poco fui despertando, y me di cuanta que seguía el pie de la cama con una mano aferrada a la de Carlisle.

-Bella, es hora- levante mi mirada de Carlisle sobre mis hombros, las manos que me sacudían y me aferraban los hombors eran de Alastor, lo mire confundida sin saber de que me hablaba.-Cariño es hora de que firmes y de que se lleven a Carlisle.- yo volvi mi vista a Carlisle, y asentí con la cabeza, oí que Alastor llamo a los paramédicos que entraron a la habitación con la camilla que estaba en el pasillo y se acercaron a Carlisle- Bella es hora de dejarlo ir.- yo le levante, le di un apretón a la mano que tenia aferrada y me incline para depositar un beso en la frente de Carlisle.

-Adios, Grossvater, nos vemos en el Hades.- murmure, lo destape y desabotone los primeros botones de su pijama, y pude ver el collar que siempre llevaba puesto, se lo quite y me lo puse yo , era el escudo de armas de la familia.

Mire a los paramédicos que estaban esperando a que yo terminara, asentí y me retire para que pudieran maniobrar mejor, uno de lo paramédicos se aserco a mi con unos papeles para que los firmara, mire a Alastor, y el asintió – Ya los he revisado, son para que se lleven el cuarpo y le agan a autopcia correspondiente- me dijo.

-No quiero que le agan una autopcia, dale los papeles correspondietes que nos dio el medico, se de que murió no necesito que alguien me lo diga.- le dije con voz de enfado, no iva a permitir que nade profanara el cuerpo de Carlisle.

-Señorita, es de ley que todo aquel que no muera en un hospital, se le tenga que realizar la autopcia.- me dijo el paramédico.

-Eso ya lo se, pero mi abuelo tenia 111 años, creo que es obio de que murió.- le dije con fastidiada.- Alastor encárgate de todo por favor.- el solo asintió.

-Comoquiera tiene que firmar, para que nos llevemos el cuerpo.- me dijo, yo lo vi mal este tipo no me cai bien, solte un bufido, y mire a Alastor, y el asintió, tome los papeles y firme.

-Valla con Alastor y el le dara lo necesario para que no le realicen la autopcia.- el acintio y se siguió a Alastor. Los paramédicos retiraron a Carlisle de la cama y lo metieron en una bolsa negra, se conguelo la sangre, mi abrase a mi misma y estoy segura que me puse blanca como el papel porque uno de lo paramédicos se me aserco- Señorita se encauntra bien, ¿Quiere que la rebiseños?.- me pregunto. Yo nege con la cabeza.

-Es la imprecion de verlo ay.- le dije en un murmullo.

-Es normal, esa reaccion, le voy a recomendar que tome algo dulce, la ara sentir mejor.- me dijo el paramédico, yo asentí, murmure un gracias, y me digí a la puerta con intenciones de salir de ay. Me recargue en una de las paredes del relleno, y me deje caer con la espalda pegada a la pared. Me quede con la vista calavada en la pared de enfrente y me abrase las piernas con los brasos.

A los pocos minutos salieron los paramédicos de la habitación de Carlisle empujando la camilla con el cuerpo de Carlisle, ya metido en la bolsa del forense.

Y me di cuanta que había dejado de respirar y me enpese a hiperventilar, asta que llego Alastor, y me tomo de los hombros.- Vamos a la cocina Bella.- me ayudo a levantarme y empesamos a vajar las escaleras, yo estaba en estado automatico, cuando llegamos a la plata baja Alastor me guio por el pasillo asta la cocina, ay me sento en la mesa de roble que estaba en la conina, la concina era amplia, era antigua, con todo de madera y ladrillo, asta un horno para el pan tenia, Alastor se empeso a mover en ella como solo el sabia, sentí como algo se intentaba subir a mi regaso, y cuando vaje la mirada me encontré con Sam, intentando subir a mi regaso, me agache y lo recoje.

-Hola hermoso.- le dije acariciándole entre las orejas como sabia que el gustaba, el solo ronroneo y se hiso vola en mi regaso. Alastor dejo una taza de te enfrente de mi y dejo otra en el acianto de enfrente donde el se sento.

- ¿Bella? - me llamo, yo levante mi mirada de Sam para verlo.- ¿Quieres que llame a tu madre y a Alice, o lo ases tu?.- me pregunto.

-Aslo tu, y redacta un comunicado a la prensa avisando del fallecimiento de Carlisle,- el acintio y se llevo la taza a los lavios, yo no tenia cabeza para lidar con mi madre y con la tia Alice, no tenia cabeza para nada – Alastor, ¿te encargarías de todo por favor?-el volvió a asentir, sabiendo que se refería a los servicios.- Gracias.-

-No te preocupes por nada.- me dijo mientras se levantaba de su aciento.- Tomatelo te ara centir mejor, voy al despacho de Carlisle, a empear con todo, cuanto antes mejor, ¿Cuándo quieres que se realicen los servicios?.- me preguno.

-Cuanto antes mejor, mañana mismo, seria lo mejor, tengo que viajar a Snake River, Idaho, para el funceral de Edward.- el acintio y se marcho.

-¿Qué vamos a aser sin Carlisle, Sam?.- le pregunte al gato, soltando un suspiro. Me levante de mi acianto con Sam en los brasos, y me dirigía a la puerta que daba al jardín tracero, el cielo estaba total mente cerrado, y relapagos surcaban el cierlo, parecía que el clima estaba deacuerdo a mi estado de animo, abri la puerta y sali, el aire se te calaba asta los huesos y Sam protesto con un maullido y se enterro mas en mis brasos, el jardín era cubierto por una especa neblina, el sesped estaba húmedo y en algunas partes todavía quedaban montículos de nieve de la nevada de anoche, el columpio que Carlisle había comprado para Edward y para mi se mecia, con el viento, me encamine a el, recordando las horas que pasaba columpiándome en el, y Edward m empujaba, me sente en el dándole la espalda a la casa y me empese a meser con los pies, pensado en todos los momentos vividos aquí, podía ver claramente a Carlisle centado en una mesa de campo, con un libro y sus gafas viéndonos correr a Edward y a mi, jugando por el gran jardín de la casa, a Alastor peleando con la parillada, a mi rogándole a Carlisle que constullera una cada del árbol , y a Carlisle sediento antes las suplicas de su nieta, a Edward y a mi acampando en el jardín con una fogata asando bombones y yo refugíada bajo mantas aterrada por las historias que Edward me contaba, a mi llorando porque me había caído de uno de los grandes arboles del jardín y a Edward consolándome, y muchas y muchas cosas mas, que había vivido ay, cuando me levante del columpio para regresar a la casa por que el frio ya me estaba entumiendo, obserbe la casa, la gran mancion victoriana, sus grandes ventanas con valcones, podía ver a Edward escalando la enredadera que cubria mayor parte de la casa, intentando llegar a mi ventana, por que nos abian castigado y el huia a mi habitación, o cuando aquella ves que nos fugamos y que yo al vajar me había caído casi desde el segundo piso y había caído arriba de Edward, tantas y tantas cosas, tantos recuerdos, tanto buenos como malos, no me había dado cuanta que lloraba asta que empese a sentir como las lagrimas se me congelaban en la cara, ay me di cuenta que era hora de regresar.

Cuando entre Alastor estaba centado en la mesa de la cocina, con una libreta, pluma y teléfono en mano.- Ya he avidado a todos, será mañana a las 10, y el testamento será leído a las 12, ¿te parece bien?.- yo solo asentí y le regale mi mejro sonrisa, en esos momentos.

-Gracias en verdad Alastor no sabira que aser sin ti.- le dije dejando a Sam en el suelo, y este salió corriendo a la chimenea de la cosina que estaba encendida.

-No tienes por que hacerlo, no estas en condiciones de hacer nada.- me dijo con voz serena.- Deverias intentar descansar.-

-¿Has hablando con mi madre y tia Alice?.- le pregunte, ignorando su sugerencia.

-Si tu madre esta en Roma y dijo que no va a poder llegar para el funeral de Carlisle, pero que al de Edward si asistirá, y Alice esta en Viena, pero tomara su Jet y si asistirá.- movi la cabeza negando.

-Mi madre no quiere a nadie que no sea ella misma, ¡por dios ni por que se trata del funeral de su padre!- grite.- No es posible que deje de ser tan egoísta y asista al funeral de el hombre que le dio la vida, y al que le debe todo lo que es ahora, ¿Que ni la ambicion la motiva a venri a ver si le dejo algo de herencia?.- grite exasperada.

-No le interesa venir, porque sabie que no resibira nada, todos sabemos que Carlisle te dejo todo a ti y a Edward pero al no estar Edward todo pasa a tu poder.- me dijo Alastor, como si fuera lo mas obio.

-No me interesa si Carlisle me dejo todo o nada, cambiaria todo porque él y Edward estuvieran aquí.- dije sentándome en el suelo de la concina junto a la chimenea, al sentarme Sam se levanto de su lugar y se sentó en mis piernas.

-Lo se, ¿Cuándo se leera el testamento de Edward?.- me pregunto.

-Despues del funeral.- le dije, mientras empesaba acariciando a Sam.- Tampoco me interesa nada de Edward.- le dije.

-¿Tienes alguna idea de lo que te pudo haber dejado?- me encogí de hombros, aunque la verdad, con mi última platica con Carlisle me daba un idea de lo que podría ser, pero estaba muy segura de decirle a Alastor.

-Tal ves las propiedades que Jasper le dejo a el, y las que el mismo adquirió por fu cuenta, su departamento, y todo lo que fue de el antes de morir.- le dije mientras acarisaba a Sam distriadamente con la vista perdida.- ¿Me pregunto que abra sido de Cerbero?.- Cerbero era un perro Dogo Canario, era la fiel compañía de Edward, como para mi era Sam, yo se lo había regalado cuando se graduo de la Universidad asía cuatro años, un gran perro, un fiel compañero.

-Tal ves te lo entregen cuando lean el testamento.- dijo Alastor.

-Eso espero, no me gustaría saber que a el también le paso algo.- solte un suspiro.

-Por que no vas a descansar un poco querida, lo vas a necesitar si mañana vas a lidiar con Alice, y el resto del mundo.- le dijo, yo lo pense un momento, no tenia animos de ir a dormir, pero Alastor tenia razón ocupaba descansar si mañana quería lidiar con tia Alice y el resto del mundo, asentí con la cabeza y me levante con Sam en mis manos.

-Tienes razón, ire a descansar un poco, si me nesesitras por favor hablame.- el acintio y yo me dirigi a la puerta, me detuve cuando ya estaba en ella recordando algo y me volte a ver a Alastor.- ¿Alastor, podrías comprar los boletos de avión para Idaho?- le pregunte.

-Claro, ¿para cuadno sales?.-

-Pasado mañana- el acintio y yo me disponí a Sali cuando Alastor me hablo.

-¿Bella, si no es iniscrecion, a que te referías con "no paso de ese modo?.-me pregunto. Yo lo mire confundida, no entendía a que se refería, el devio ver la duda en mi cara por que me contesto.- Esta mañana cuando te levante, por que estabas gritando, dijiste "no paso de ese modo", ¿a que te refieres coneso?.

Ahora si lo entendí y recordé mi sueño.-Nada de importancia, solo fue un sueño.- le dije, el me miro un momento, y después asintió y empeso a marcar el teléfono que tenia, y yo emprendi mi camino a la habitación, empese a subir las escaleras y cuando llegue al relleno me quede parada ay observando la puerta de la habitación de Carlisle estaba cerrada, me empese a dirijir a ella, cuando llegue a la puerta con la mano libre por que en la otra cargaba a Sam y temblando abri la puerta, la habitación se encontraba iluminada por la luz que se flitraba por las cortinas, la cama estaba desteñida y la chimenea encendida, con paso lento me dirigí a la cama, y me recosté en ella, en el lugar que antes había ocupado Carlisle, y me puse en posición fetal y Sam se aurruco conmigo.

Tenia miedo tenia que reconocerlo, mañana me enfrentaría a una docena de personas, en entre ellas a Alice, no se como acuaria cuando la viera, siemrpe me había sido difícil tratar con ella, pero ahora que sabia su oscura historia, no sabia que pasaría, también me nefrentaria a una docena de personas, entre amigos y conocidos de Carlisle, que avia recolectado a lo largo de su vida, los medios estarían ay y serian una lata, un acontecimeitno como la muerte de el gran Carlisle no pasaría desapersivido tan falimente, solte un suspiero y me acurruque mas en mi lugar intentando despejar mi mente de todo, intentando dejarma el blanco para no pensar en mi dolor.

Pero recordé lo que Alastor me había preguntado "no paso de ese modo", y recordé mi sueño, lo que de verdad sucedió fue que no llegué a Edward en ese bosque: él me encontró a mí. En la historia real, que no en el sueño, subí más arriba de la línea de árboles, donde el aire está demasiado enrarecido para que sobreviviera la vegetación y donde, según dicen, no se atreve a dormir ningún animal. Había luna llena y me quedé encima de una roca, bañada por la brillante luz blanca. Hacía rato que el sol se había puesto y el cielo tenía un color negro rojizo, salpicado de estrellas. Debajo, el bosque oscuro me rodeaba por completo.

No creo recordar haber vivido un miedo como aquél, ahí sola bajo la luz blanquecina, contemplando el universo. Estaba demasiado asustada para hacer caso de los retortijones de hambre. Demasiado asustada para llorar. No tengo ni idea del rato que permanecí sin poder moverme, consciente de que fueran cuales fueren los peligros para un animal pequeño como yo expuesto e indefenso allá arriba, cualquier movimiento que hiciera me acercaría más a ese bosque del que acababa de huir, negro e impenetrable, lleno de sonidos de la noche. Y entonces, vino por el bosque, en mitad de la noche, para encontrarme. Al principio, cuando distinguí un movimiento en el margen del bosque, retrocedí de miedo. Pero cuando reconocí los pantalones de gamuza blanca de Edward, corrí el gran espacio que nos separaba y me lancé a sus brazos, llorando de alivio.

Está bien, listilla —dijo Edward, y me separó de él para mirarme con unos ojos que a la luz de la

luna adquirían una tonalidad plateada—. Ya me contarás luego cómo se te ocurrió la idea insensata de seguirme. Has tenido suerte de que retrocediera por mi propio camino y encontrara tus huellas. Pero espero que te des cuenta de que has interrumpido mi encuentro de esta noche con los espíritus del tótem. Y encima has subido más allá de la línea de árboles, donde te advertí que no fueras nunca de noche. ¿No te contó mi abuelo, Oso Oscuro, que ni siquiera el lobo y el puma pasan ahí la noche?- Sacudí la cabeza y me sorbí las lágrimas mientras Edward me pasaba un brazo por los hombros y recogía mi mochila del suelo. Volvimos al bosque; Edward me dio la mano e intentó actuar como un guerrero.

Es porque los espíritus del tótem viven en esa parte —me explicó Edward, a medida que avanzábamos entre el frondoso follaje. Oía el rumor de sus mocasines por el suelo húmedo—. Los animales presienten que los espíritus están ahí, aunque no puedan verlos ni olerlos. Por esa razón, si quieres reunirte con los espíritus, debes esperar en un sitio donde ni los árboles pueden vivir. Pero el lugar adonde voy está protegido por una magia especial. Como es muy tarde para llevarte de vuelta, tendrás que quedarte ahí conmigo esta noche, así que supongo que tendremos que pasar el tiwa-titmas juntos, tú y yo. Esperaremos en el círculo para que los espíritus se introduzcan en nosotros.- A pesar de que me sentía aliviada como el que más por haber sido rescatada de una noche a solas en Bald Mountain, ese asunto de los espíritus del tótem no me acababa de convencer.

¿Por qué se quieren introducir en nosotros los espíritus? —Me costaba hasta preguntarlo.

Edward no respondió, pero me apretujó la mano para mostrar que me había oído mientras ascendíamos por el bosque. Después de un largo rato, llegamos por fin al círculo. Entre los árboles seguía estando oscuro, pero una cascada de luz blanca cayó sobre el lugar y la luna iluminó la cima desnuda y redondeada, y el círculo de rocas. Me recordó el anfiteatro donde Renee había actuado una vez en Roma.

Uno al lado del otro, cogidos de la mano, Edward y yo salimos del bosque. Algo extraño sucedió cuando entramos en el círculo. La luz de la luna tenía una cualidad distinta en él: centelleante y reluciente, como si hubiera trochos de plata suspendidos en el aire. Se levantó una ligera brisa, que nos trajo aire frío. Yo ya no estaba asustada, sino absolutamente fascinada por ese lugar mágico.

Sentía que, de algún modo, pertenecía a ese sitio. Llevándome de la mano, Edward me condujo al centro del círculo, y se arrodilló ante mí. Se desabrochó la bolsa del cinturón y sacó objetos que, como adiviné enseguida, eran talismanes: cuentas de colores vivos y plumas «de la suerte». Uno por uno, me los fue colocando en los cabellos. Luego dispuso unos troncos y ramas en el centro del círculo y encendió con rapidez una hoguera. Cuando acerqué las manos, de repente me di cuenta del frío que tenía; estaba helada y empapada hasta los huesos. Las llamas cálidas lamían el cielo y las chispas saltaban hacia la noche para mezclarse con las estrellas. Oí los grillos de otoño en los arbustos y alcancé a distinguir encima de mí la Osa Mayor y la Osa Menor.

Las llamamos Osa grande y Osa pequeña —dijo Edward, que había seguido mi mirada. Se sentó con las piernas cruzadas a mi lado y atizó el fuego—. Creo que la osa puede acabar siendo mi propio espíritu del tótem, aunque nunca la he visto cara a cara.-

¿La osa? —pregunté, sorprendida.

La osa es un tótem femenino muy importante —me explicó Edward —. Igual que la leona, protege a las crías, a veces incluso de las amenazas del padre, y les consigue alimento.

¿Qué pasa cuando el espíritu del tótem... se introduce en ti? —quise saber, preocupada aún por

el proceso—. Quiero decir, ¿te pasa algo?

Edward me dirigió una sonrisa irónica.

No estoy seguro, listilla, no me ha pasado todavía, pero supongo que si nos pasa, lo sabremos. Mi abuelo, Oso Oscuro, me ha dicho que el espíritu del tótem se te acerca con sigilo, algunas veces con forma humana y, otras, de animal. Después, decide si estás preparado. Si lo estás, te habla y te confía tu propio nombre sagrado y secreto; un nombre que nadie más que tú sabrá jamás, a no ser que decidas compartirlo con alguien. Mi abuelo dice que ese nombre es el poder espiritual de cada

guerrero, distinto y en muchos sentidos más importante que nuestra alma inmortal.

¿Por qué no se ha introducido en ti tu espíritu del tótem ni te ha revelado tu nombre? —

pregunté—. Lo has intentado con mucho empeño y durante mucho tiempo.

Los cabellos cobrizos de Edward, que le caían brillantes sobre los hombros, le ocultaron los ojos al atizar el fuego, de modo que sólo distinguía su perfil: pestañas oscuras, pómulos pronunciados, nariz recta. De golpe, a esa luz, me pareció mucho mayor de los doce años que tenía mi hermanastro. De golpe, Edward mismo parecía un antiguo tótem. Se volvió hacia mí. A la luz del fuego, sus ojos eran transparentes y profundos como diamantes. Me sonreía.

¿Sabes por qué siempre te llamo «listilla», Bella? —soltó, y cuando negué con la cabeza, me dijo

Porque, a pesar de tener sólo ocho años, la edad que yo tenía en mi primer tiwa-titmas, eres mucho más perspicaz de lo que yo era entonces, incluso quizá más de lo que soy ahora. Y eso no es todo; creo que también eres más valiente que yo. La primera vez que me adentré solo en este bosque sin guía, ya me conocía todas las ramas y piedras del camino. Pero a ti no te ha dado miedo lanzarte a él sola, con una confianza ciega en lo que te iba a suceder. Eso es lo que mi abuelo llama tener la fe necesaria.-

Te estaba siguiendo —señalé—. Y me parece que sólo soy un poco estúpida- Edward se apartó los cabellos y rió.

No, no. No eres estúpida—afirmó—. Pero quizá, listilla—añadió con su encantadora sonrisa—,

quizás haberte perdido y casi muerto en el bosque sea un talismán para mí: mi pata del conejo de la suerte. —Me tiró de la coleta—. Quizás encontrarte haya cambiado mi suerte.-

En efecto. Así fue como Edward se convirtió en Nube Gris y como nuestro espíritu del tótem nos bendijo con la luz, y como yo me convertí parcialmente en india al mezclar nuestras sangres. A partir de esa noche, fue como si un nudo se hubiera atado en mi interior y el sendero de mi vida tuviera que ser siempre recto y claro. Al menos hasta ese instante.


Les gusnto?

Espero que les este gustando, por favor dejenme sus comentarios para asi saber yo si voy por buen camino o noo, recuerden este es mi primera nove que ve la luz y si me gustaria que me dijieran que tal les parese...

Review?