Disclaimer: Los personajes y lugares le pertenecen a Akira Toriyama, creador de este increíble anime. Cualquier frase en cursiva, dentro de los diálogos, es el pensamiento de los personajes o la voz de la otra persona, durante las llamadas telefónicas.
¿MI FUTURO YERNO?
Reunión familiar
Con toda su delicadeza, Milk puso una compresa en la mejilla de Goten, sin atender a su quejido de dolor. Ni siquiera sus lamentos podían calmarla: ¿acaso su familia no podía mantenerse ni un minuto en paz?
—Mamá, ten cuidado…
—¡Ni te quejes, tú te lo buscaste! —le replicó, muy molesta.
—Milk, no seas tan ruda con él —intervino Gokú, sentado en una silla, sosteniendo un paño frío en su frente—: ya tuvo demasiados problemas hoy.
—¡Porque no lo cuidas!
—¡Tampoco exageres! —el saiyajin arqueó las cejas— Ya es un adulto, sabe tomar sus decisiones.
—¿Lo ves? Papá es el único que me entiende —se lamentó Goten.
—Porque es ingenuo… ¡y tú, un cabeza hueca! —Milk golpeó la cabeza del muchacho— ¿En qué estabas pensando para hacer esa locura, Goten?
—¡Ya basta! —alzó la voz— No soy un niño, mamá.
—¡Pero te involucras con una! —Milk se acercó amenazante a su hijo, pero fue retenida por el agarre de Videl— Por todos los dioses: ¿qué hice para tener un hijo tan rebelde?
—¡Kamisama! —el joven saiyajin resopló, hastiado— Papá, ayúdame…
—Pues… —Gokú retuvo su opinión, a medias ignorante del tema y por sentir la furibunda mirada de Milk— no se me ocurre nada.
—¡Está bien, ya es suficiente! —Gohan tomó la palabra— Debe haber un modo de arreglar esto.
—¿Cómo?
—Explícanos —Videl apoyó a su esposo—. ¿Qué sucedió?
Goten torció los labios, al mismo tiempo que presionaba la compresa sobre el golpe que le habían propinado. No quería recordar aquel problema, era muy incómodo… pero su madre estaba en lo cierto. Se lo había ganado por idiota.
[…]
¡DESGRACIADO!
Un gran estruendo sacudió los cimientos de Corporación Cápsula, mientras Goten traspasaba una de las paredes del primer piso, producto de un puñetazo del veterano príncipe. El gato Tama dio su más acrobático salto, tratando de escapar de la estampida humana en la sala, con Vegeta a la cabecera.
—¡No vas a escapar esta vez! —el príncipe saiyajin empezó a perseguir al joven Son por toda la sala— ¡Suplicarás clemencia, insecto rastrero! ¿Dónde estás? —bloqueó sus pasos, queriendo hacerlo salir al exterior para perseguirlo— ¡Ven acá!
—¡Señor Vegeta, puedo explicarlo…! —Goten se incorporó con rapidez, sólo para esquivar un rayo de ki, que destruyó el televisor.
—¿Explicar qué? ¡¿Que te aprovechas de mi hija, a escondidas?!
—¿Tampoco es tan malo o sí? —se quejó Goten, sin medir su ingenua sinceridad, causando un tic de espanto en el príncipe y la científica.
—¡¿Cómo te atreves?! —estalló Vegeta, extendiendo su mano para un ataque.
—¡Papá, no! —Bura se colgó del cuello de su padre, en un vano intento de valentía.
—¡Ya déjalo, Bura! —Mai quiso disuadirla, sin éxito.
—¡Demonios! —trató de zafarse, girando con su hija— ¡Suéltame o no respondo!
—¡Basta, Vegeta! —Bulma se interpuso entre el muchacho y su esposo— ¡Destruirás toda la casa!
—¡Y a ti también, si no te largas! —la amenazó.
—¡Huye, Goten! —suplicó la muchacha, forzando el agarre a su progenitor.
—¡Hazle caso o te mandará al Otro Mundo! —Trunks intentó salvar a su amigo.
—¡No soy un cobarde! —rechazó su ayuda, para luego dirigirse a Vegeta— ¡Si me deja hablar con usted…!
—¡TUS ÚLTIMAS PALABRAS, MISERABLE! —Vegeta expulsó una ráfaga de viento que lanzó a su hija sobre Mai.
Cual cámara lenta, Goten pudo ver la trayectoria del príncipe saiyajin hacia él. Bura sintió a Mai aferrársele y se cubría el rostro, rezando a todos los dioses que pudieran existir para que terminara la pesadilla. Por su parte, Trunks usó toda su rapidez para alejar a su madre de la inminente colisión de su padre y su mejor amigo. No obstante, alguien inesperado entró en escena.
Ni siquiera Vegeta fue consciente de la aparición de Kakarotto en su camino, en una de sus odiosas teletransportaciones, hasta que sus cabezas chocaron brutalmente. Un golpe de gracia que salvó, por el momento, a la reciente pareja y la Corporación.
—¡Ay, ay, ay, ay, ay, ay! —lloriqueó Gokú, cogiéndose la cabeza.
—¡Maldito Kakarotto! —Vegeta lo imitó, reteniendo su dolor.
—¿Papá? —Goten se sujetó el pecho, tan pálido como un muerto.
—Es el señor Gokú… —pronunció Trunks, con cierto temblor en su voz.
—¡Gokú! ¡Gracias al cielo, Gokú! —Bulma corrió a recibir a su amigo, arrodillándose junto a él— ¡Llegaste en buen momento!
—¡Ahh! ¿Por qué hiciste eso, Vegeta? —dijo Gokú, ignorando a su amiga.
—¡Ni creas que por venir, me impedirás deshacerme de este infeliz! —gruñó el príncipe, señalando al joven Son.
—¿Qué? —respondió el saiyajin, sin entender.
—¡Quiere matar a tu hijo, por salir con Bura! —Bulma lo tomó del gi, sacudiéndolo.
El despistado guerrero observó todo rápidamente y trató de incorporarse en medio del desastre de la sala de la Corporación. Resopló muy agitado, como si hubiera estado en una gran batalla, y arqueó las cejas, analizando la situación.
—Así que ésa fue la explosión de ki: ¿por eso tenían que hacer tanto alboroto?
—¡No es sólo "por eso", señor! —le reclamó Bura, al mismo estilo de su padre.
—Basta, Bura —pronunció débilmente el joven Son, con varias magulladuras en su cuerpo—. Él no tiene la culpa…
—¡Goten! —lo sujetó con preocupación, haciendo gala de su fuerza sobrehumana— ¿Estás bien, amor?
—Si te le acercas… —Vegeta susurró con odio.
—¡Suficiente! —Gokú se interpuso, mirando a la joven pareja— Bura, ve con tu madre.
—Pero…
—Ya lo escuchaste, obedece —Trunks la jaló hacia sí.
—¿Todo bien, Vegeta? —Bulma quiso socorrer a su esposo, con ingenua cautela.
—¡Aléjate! —la despidió, señalando después a su antiguo rival— ¡No lo diré de nuevo, Kakarotto! ¡Quiero a ese idiota lejos de mi hija!
—¡La amo! —Goten se armó de valor— ¿No lo entiende?
—¡Repite lo que dijiste! —Vegeta quiso responder a la provocación, escuchando el coro de terror de su familia.
—¡Ni siquiera lo pienses, Vegeta! —Gokú se impuso nuevamente, frenando el ímpetu de su compatriota.
La noche había caído en la Capital del Oeste y el silencio invadió a todos, asombrados por la inusual seriedad del guerrero. Desde su lugar, Bura contemplaba las heridas de su novio, al punto de las lágrimas. ¿Cómo fue que lo había arruinado todo?
—Me lo llevaré —continuó el saiyajin—, pero no te prometo nada.
—¡Papá, no es justo! —reclamó Goten, sintiendo cómo lo jalaba del brazo.
—¡Estás condenando a tu hijo, Kakarotto! ¡Y responderás, de ser necesario!
Tras su última frase, Vegeta dio media vuelta hacia el pasillo que conducía a la cámara de gravedad, dejando a Bulma y Bura en shock. Goten hizo lo mismo que el príncipe, marchándose en contra de su voluntad con su padre. Por otro lado, Mai abrazó a Trunks, liberando un llanto discreto por el susto que habían pasado.
Sin duda alguna, el poderoso Vegeta era tan impredecible como la relación de aquellos muchachos.
[…]
Gohan reposó en el mueble de su sala, sacándose las gafas.
—Goten…
—Ya sé —se anticipó su hermano—. No debí hacerlo.
—¡Por supuesto que no! —Milk intervino, histérica— ¡Te he criado para fueras un muchacho correcto! ¿Y en qué resultas?
—¡Cálmate, mamá! —rugió Gohan, para luego mirar a su hermano— Ya oíste a Vegeta. No te atrevas a desafiarlo o cumplirá su palabra. Créeme…
—Suena tan sencillo… —satirizó Goten.
—Sigo pensando que no es nada malo —intervino Gokú.
—¿Tú qué sabes de estas cosas, Gokú? —le reclamó Milk.
—Nada. Excepto que nos casamos porque me buscaste.
La sincera y poco romántica frase del guerrero bloqueó a su esposa, presa de un repentino sonrojo, mientras sus demás familiares lo observaban perplejos por tal verdad.
—Y por eso somos una gran familia —se rascó la cabeza, queriendo arreglar la situación con una sonrisa.
—Ahora entiendo a Goten… —se lamentó Mr. Satan, alejado de la discusión.
—¿Cuál es el plan? —mencionó Videl, rompiendo el mutismo.
—Sí, debemos hacer que el tío Goten tenga novia —tarareó Pan, desde la escalera del segundo piso.
—¡A la cama, señorita! —renegó su madre, viéndola regresar.
—A estas alturas, nada —el saiyajin mayor se levantó de su asiento—. Esperemos unos días, a que todo se calme. De todos modos, tendremos que enfrentar a Vegeta.
—Debes estar bromeando, Gokú —Milk se le acercó, asustada—: ¡no quiero perder a mi Goten!
—Descuida —puso una mano en su hombro, sonriéndole—, no pasará nada. Las cosas se resolverán solas.
—Tiene razón —acotó Videl—. Por ahora, Goten puede quedarse en nuestra casa. No hay problema… ¿verdad, Gohan?
—¿Eh? Claro que no… —bajó la mirada— eso, sí Vegeta no viene aquí.
—Siempre supe que Vegeta era una bestia: ¡debí mandarlo a estudiar lejos! —Milk se lamentaba, temerosa del estado de Goten.
—¿Y Bura? —la pregunta del muchacho llamó la atención de todos— No quiero que esté mal, por mi culpa.
Todos empezaron a mirarse, incapaces de responder… a excepción de Gokú. Ningún gesto de preocupación relucía en su rostro, pero eso no significaba su desinterés: podía ser un tonto en temas de pareja o descuidado con su propia familia; sin embargo, lo que no dejaba de advertir en los ojos de Goten, era su honestidad. La más pura verdad que podía albergar un joven de su edad.
Al parecer, sí estaba interesado en la hija de su némesis. Esperaba, de algún modo, que tal sentimiento fuera correspondido. Y su intuición hablaba por él.
[…]
Cinco días. Como cualquier día normal, Trunks chequeaba los asuntos de la empresa desde su oficina, pero en su expresión se marcaba la típica depresión emocional. Sufría, y no por él.
El timbre del teléfono de la oficina sonó, haciendo que levante el auricular.
—¿Diga?
—Trunks, habla Mai —contestó su novia.
—Hola. ¿Cómo estás?
—Bien. Le estoy haciendo los últimos reajustes al jet de tu madre.
—Gracias, Mai. ¿Cómo está Bura? —preguntó, escuchando un corto vacío al otro lado de la línea.
—No sé qué hacer, Trunks. Se niega a comer y tampoco habla. Si trajéramos, aunque sea unos minutos…
—Ni lo digas, mi padre enloquecerá. Quién sabe si la llamada se está filtrando.
—Lo sé, entiendo. Sólo… relájate: me aseguraré que nada malo le suceda.
—Cuídate, por favor. Te amo… —sonrió ligeramente.
—Yo también, Trunks… —le contestó con el mismo tono tierno, cortando después la comunicación.
El nuevo jefe de Corporación Cápsula resopló, dejando el auricular en su lugar. Durante aquella tortuosa temporada, había sido testigo del autoencierro de su hermana. Confiaba, por su genética saiyajin, que se sobrepondría a la situación… resultando todo lo contrario. La muchacha alegre y radiante que era Bura se había apagado por completo, su padre tampoco cooperaba… y por muy extraña que le pareciera la idea, lo consideró: ¿realmente Bura se había enamorado de su amigo? ¿Qué podía hacer?
Un nuevo timbre de teléfono llamó su atención… sólo que éste no provenía de la oficina. Revisó su móvil, extrañado de que tampoco viniera de allí, y rebuscó por todas partes hasta posar su vista en la ventana, donde… ¡flotaba un celular! ¿Qué truco barato estaba jugando con su poca paciencia?
El viento de los últimos pisos se filtró con fuerza en la oficina, tras abrir la barrera de vidrio, hasta que pudo extender su mano y coger el teléfono. Escéptico al principio, marcó la señal verde y llevó el móvil a su oído.
—Lamento molestar.
—¡Gohan! —reconoció su voz, a la vez que miraba a todas partes— ¿Dónde…?
—Eso no es importante. Tengo poco tiempo, Trunks: presta atención. Nuestras familias siempre se han llevado bien, no podemos dejar las cosas así.
—Lo sé. ¿Qué propones?
—Por ahora, nada que te involucre directamente. Sólo hazme un favor.
—¿Cuál?
—Llévale ese teléfono a Bura, sin que Vegeta se dé cuenta. Goten está muy mal y… bueno, lo mejor sería que hablen un rato.
—¿Estás bromeando, verdad? —le intrigó su actitud.
—Son nuestros hermanos, Trunks… y sé que sientes lo mismo que yo. ¿Lo harás? —dijo, escuchando un ligero titubeo del muchacho saiyajin.
—Claro. Avísale a Goten que llame a las cuatro.
—Perfecto. Y gracias… —cortó la llamada.
Trunks no pudo entenderlo, hasta unos segundos después, cuando sintió el renovar de su energía. No podía predecir el futuro, pero su corazón le decía que toda esa letanía emocional acabaría muy pronto.
Muy lejos del edificio más alto de la empresa, Gohan y Piccoro reposaban en un techo de aterrizaje, sin nadie que pudiera verlos.
—Es increíble que me llamaras para esto —emitió una queja sarcástica, en alusión al móvil que hizo levitar hasta la ventana de Trunks.
—Fue necesario. Muchas gracias, señor Piccoro.
—La próxima vez no haré de "Doctora Corazón". Tu hermano es un tonto.
—Todos actúan así, cuando les llega ese momento… —respiró hondo, recordando su noviazgo con Videl— claro, menos usted. Es una lástima que los namekusei no tengan parejas.
—¡Eso no es de tu incumbencia! —gritó con una mezcla de molestia y sonrojo, para diversión de su aprendiz.
[…]
La puerta principal de Corporación Cápsula se abrió, dando paso al hijo mayor de Bulma. Aunque la sala se había recuperado casi por completo, le sorprendió no ver a nadie recibirlo. No obstante, cuando estaba por dirigirse al segundo piso, una voz grave lo alertó.
—¿Todo bien? —soltó Vegeta, cruzado de brazos en el umbral de la cocina.
—Sí. La empresa marcha como debe —le contestó a medias.
—Es un milagro que regreses temprano.
—No hubo mucho trabajo —concluyó, retomando su camino.
—La niña —lo detuvo, llamando su atención—. Me odia.
El joven saiyajin torció los labios, mientras miraba su reloj. La hora que le había propuesto a Gohan iba a cumplirse y eso lo asustó: temía ser descubierto.
—No, papá: se le pasará —contestó, viendo a su padre alzar las cejas en desconfianza—. Si te parece, puedo hablar con ella —acotó, buscando su permiso.
—Haz lo que quieras… —espetó, regresando al refrigerador para alimentarse.
Más aliviado, Trunks retomó su plan y corrió hasta el segundo piso, deteniéndose en la puerta del cuarto de Bura.
—Váyanse —escuchó su voz, del otro lado de la puerta.
—¿Echarás a tu propio hermano? —le respondió, en tono amigable.
Unos segundos de silencio dejaron filtrar el rechinar de la cama y unos pasos cautelosos, hasta que el cerrojo de la puerta se abrió, dejando ver por la ranura a una jovencita de tez pálida y aspecto ligeramente descuidado. Una fémina cualquiera que sólo Trunks podía reconocer por su cabello celeste, los ojos de su madre y el ceño fruncido de su complicado padre.
—Si vienes por lástima, pierdes el tiempo —mencionó con desgano, viendo a Trunks sonreír, para su contradicción.
—Tengo algo mejor que eso —sacudió una pequeña caja con envoltura rosa–. ¿Me dejas pasar?
Bura lo miró recelosa, pero optó por escucharlo: extrañaba tanto su compañía.
—Sólo espero que no sea algo tonto.
—Eso depende cómo lo veas, aunque supongo que te encantará —le ofreció la caja—. Ábrelo.
Oyendo a sus instintos, la muchacha tomó asiento en su lecho y abrió el paquete, revelando el móvil que Gohan le había obsequiado a su hermano.
—¿Es un chiste?
—Ya van a marcar las cuatro —miró su reloj, sonriente— Sólo no hagas tanto ruido.
Como por arte de magia, un timbre de campana resonó en aquel teléfono, dejando ver un número de por sí conocido para Bura. Desde su sitio, Trunks comprobó el éxito del plan de Gohan, al ver el rostro de su hermana iluminarse como antes del desastre en la sala.
—¿Goten? —preguntó en voz baja, sintiendo algunas lágrimas desbordar por sus mejillas.
—Te extrañé mucho, hermosa…
Bura volvió a reír como una niña, emocionada e incrédula de la situación, agradeciendo a su hermano mayor con la mirada.
—¿Cómo estás? ¿No te ha pasado nada? —continuó el joven Son.
—¿Cómo crees? —dejó relucir su orgullo saiyajin, con una risa tímida— Nadie puede con Bura Brief.
—Hubiera querido que las cosas salieran bien. Perdóname.
—No, discúlpame tú. Debí contarlo desde un principio…
Abochornado por aquella conversación privada, Trunks bajó la mirada con timidez, dejó que siguieran hablando y caminó hasta el tocador de su hermana, en su intento de disimular su inmensa felicidad.
—Ya habrá oportunidad de hablar más.
—Con mi papá, lo dudo. Y no quiero más secretos. Contigo no: yo te quiero mucho y no soporto estar lejos de ti.
—También yo. Pero ya no te preocupes, todo se arreglará…
El tono jovial de Goten puso en alerta a Bura. Lo conocía muy bien: era la misma inocencia y efusividad que le imprimía a cada nueva aventura.
—¿A qué te refieres? —cuestionó, intrigada.
—Confía en mí… —susurró, sintiendo una especie de brisa sonar al otro lado de la línea.
La llamada finalizó… y con ello, Trunks reaccionó de una manera extraña.
—Ese ki —Trunks miró a la ventana, inquieto—: ¿qué te dijo Goten?
—No lo sé… —Bura se levantó de su cama, sintiendo su pecho retumbar.
El timbre de la entrada principal resonó varias veces en todo el primer piso. Todavía en la cocina, Vegeta se cubría los oídos por la melodía repetitiva.
—Juro que si es un maldito periodista, lo mandaré volar…
—No tienes que ser tan grosero, Vegeta —lo reprendió Bulma.
—Mejor abro yo —se ofreció Mai, con gentileza.
—Y no dejes pasar a nadie. Quiero paz.
Mai obedeció la advertencia de su suegro y abrió la puerta.
—¿Quién es? —Bulma no obtuvo respuesta por un largo rato, por lo que decidió buscarla— ¿Mai, se puede saber qué…?
Tal como su nuera, quedó boquiabierta. Vegeta presintió algo extraño y también alcanzó a Bulma, pero no dio ni diez pasos y sintió su cuerpo bloquearse. El mismo tic de impotencia lo dominó… y mucho más, cuando vio a sus dos hijos bajar del segundo piso, como obra de la coincidencia.
Frente a la familia Brief, estaban los Son. Las miradas de Goten y Bura se encontraron nuevamente. Un nuevo choque estaba por comenzar.
N.A.:
¡Cielos, no pensé que iba a escribir tantos fics en dos días! ¡Es increíble! Y mucho más para los seguidores de esta historia, que pueden ver el segundo capítulo.
¿La verdad? Me había estancado un poco. Trataba de buscar una manera de continuar aquella tensión en el final del primer capítulo… ¡y aquí la tienen, después de casi un mes! ¡Jajajaja Vegeta, Vegeta! Con un papá así, da miedo presentar hasta un amigo: ¿se imaginan a Goten, sobreviviendo a la locura del príncipe saiyajin? ¡Por suerte, nada malo ha pasado! Y ahora les toca lidiar con la charla familiar. ¿Podrá nuestra amada pareja unirse sin problemas? ¿Qué tanto acuerdo habrá entre ambos grupos?
¡No se pierdan el próximo capítulo y muchas gracias por la paciencia! ¡Saludos!
