¡Hola a todos!

Solo quiería deciros que en la próxima semana no voy a poder subir nada. Pero tengo un montón de pequeñas historias en mi mente que aún necesito encajar y pronto podreis leerlas y darme vuestra opinión.

Y ahora sí, os dejo con la segunda y última parte de la mini-historia.


-Un solo minuto más y me tiro por la ventana, lo prometo.

-Venga, que esta no es para tanto- April rió ante la ocurrencia de su amiga Irma, y fueron directas a la próxima clase. En teoría solo tenían cinco minutos para hacer el cambio de aula, pero al final siempre acaban siendo quince. April sentía unos ojos permanentes puestos en ella, y se había pasado toda la mañana mirando en todas direcciones, vigilando, siempre alerta. Menos mal que Leo había pasado con ella toda la noche y toda la mañana hasta que se había ido al instituto. Cuando acabase, se iría directa a la guarida y comería allí, se iba a notar mucho que tenía miedo, pero con tal de no estar sola lo que sea. Seguro que Splinter la tranquilizaría, siempre lo hacía.

April oía la lejana voz de Irma hablándole, pero ensimismada no le hacía ningún caso.

-April, ¿me estas escuchando?

-¿eh?, si, si, dime.

-No, dime tú, a ver ¿Qué te estaba diciendo?- Irma se puso ante ella y puso los brazos en jarras.

-Pues que…la clase ha sido un rollo.

-Sí, hace media hora, de verdad estás más rara. Llevas toda la mañana como huyendo de algo, y cada vez que te toco pegas un salto del susto.

-Es que…anoche vi una peli de miedo.

-¿Sin mi? Ya te vale.- Irma se hizo la ofendida y ambas sonrieron. Casey estaba sacando algo de su taquilla y April se acercó a saludarlo, Irma refunfuñó para sí. No le gustaba nada ese chico, y no le gustaba que April fuese tan amiga suya. Sabía que ella tampoco le era de su agrado para él y prefirió quedarse atrás.- No tardes.

-No, tranquila. Hola Casey.

-Eh, pelirroja. Ya me han contado…

April puso los ojos en blanco, dios, otra vez no.

-Pues no tienes de que preocuparte, no hay nada malo, ayer fui a mi casa y no hay nada- Ambos hablaban en susurros, si alguien les oyera, los tomarían por pirados.

-Aún así no me gusta nada el asunto. Será mejor que me quede contigo el resto de la mañana y...

-¡No Casey! De verdad que te agradezco que te preocupes por mí pero puedo cuidar de mi misma y…no hay nada.

Casey la miraba preocupado y justo cuando iba a protestar Irma se interpuso- Bueno ya está bien, nos vamos. ¡Adiós Casey! -A continuación cogió a April por la muñeca y la arrastró hacia el aula de ciencias.

El resto de la mañana pasó rápido, las clases fluían y cada vez que April se giraba pensando que la vigilaban, se encontraba con la mirada extraña de sus compañeros. Si ya era considerada como una chica rara, ahora sería considerada como la neurótica.


-mmmm…comprendo.- Splinter se acariciaba la barba con aire pensativo después de que sus hijos le contasen lo ocurrido la tarde anterior- Bueno, lo comprendo todo menos una cosa…

-¿El que sensei?- Mikey lo miraba con grandes ojos

-Lo que no entiendo es… ¿¡Por qué la habéis dejado sola?! –Splinter vociferó hacía ellos y las tortugas sintieron un escalofrío en la espalda.

-Pero Sensei, ella nos lo pidió y…

-y la dejasteis ir sin más.

-Pero yo fui a verla…

-Sí , ya lo sabemos- A Donnie no le hacía ninguna gracia que Leo se hubiese quedado a dormir con April…¿Qué demonios estaba haciendo ayer como para no haber ido él a su casa?

Todos se quedaron pensativos, sabían que Splinter tenía razón, ¿Por qué la habían dejado irse? No se volverían a separar de ella hasta que todo el asunto de "la cosa maligna" quedase zanjado.

-Tendréis que volver a localizar a esa mujer y esta vez pedir más explicaciones.

-Queríamos hacerlo, pero ella se esfumó.

-Sí, volvió al más allá- Raph sintió la mirada recriminatoria de su hermano pero no le importó, todo el asunto de brujas y pitonisas le superaba.

-¿Y no os he estado entrenando yo durante quince años para evitar ese tipo de cosas?

-Sí, pero…

-¡Basta! Al dojo ¡Ya! Y más vale que ella vuelva después sus clases. Cuando lo haga, se quedará y vosotros iréis a buscar a la mutante. ¿Entendido?

-¡Hai sensei!- Las tortugas lo gritaron al unísono poniéndose en pie e irguiéndose lo más que pudieron.

A continuación caminaron hacía el dojo. Les esperaba una clase dura.


April caminaba deprisa, pero no lo suficiente como para llamar la atención, quería llegar a las alcantarillas lo antes posible. Giró la esquina y vio una sombra detrás de ella, seguido de un mareo, la cabeza le dolía y se desorientó, no sabía dónde estaba nada. Nada excepto ella y esa cosa, aunque le resultaba familiar…

Se giró, presa del pánico y no vio nada. La gente seguía caminando tranquilamente, aunque se giraban para mirarla. April siguió caminando mirando en todas direcciones, tenía pensado pedirle a Casey que la acompañara pero no lo había encontrado.

Siguió caminando cada vez más deprisa y el dolor de cabeza volvió, a cada paso estaba más nerviosa y el dolor se intensificaba y se intensificaba y… ¡Pum! Se dio de bruces con alguien…

-¿Irma?

Irma estaba allí, delante de ella. Al verla, April se tranquilzó y todo dolor de cabeza de esfumó.

-Tía, pero ¿a ti que te pasa? ¿Te sigue un asesino en serie o qué?

-No, es que tengo prisa.

-¿A dónde vas?

-Pues ah…la academia, y llego muy tarde. ¡Adiós!- Irma la freno con la mano.

-¿Y desde cuándo vas a una academia?

-¿Y desde cuándo me haces tú tantas preguntas?

-Hemos quedado muchas veces después del instituto y nunca has tenido academia, vas a ver a tus famosos amigos secretos ¿no?, ¿Por qué no los puedo conocer? ¿Son mayores? ¿Son peligrosos?, sabes que sé guardar secretos…

April se quedó pensativa, mirando a su amiga. Odiaba mentirle a Irma, no tenía una amiga como ella desde hacía mucho tiempo…pero no podía presentarle a las tortugas, no solo por el secreto, sino por ella. Las tortugas eran lo único en el mundo que la hacían sentirse especial, ella sentía que eran solo para ella, y nadie más. Y a pesar de saber que era un pensamiento terriblemente egoista, no lo podía evitar. Nunca se lo diría a nadie.

-No es nada de eso, tengo que irme, te veo mañana.

Sin darle más explicaciones, April se fue a paso ligero, Irma no le insistió más, ya llegaría el momento…


La anciana estaba mirando a aquella joven pelirroja caminar a toda prisa por la calle, sabía bien hacía a donde se dirigía pero al menos el peligro había pasado para ella.

"Estas cometiendo un error" pensó, aquella cosa estaba allí para quedarse, y no se iría hasta que consiguiese su objetivo. No podía saber que era lo que quería esa cosa, pero fuera lo que fuera, cuando lo consiguiera, solo traería la tragedia.

No solo a aquella chica y a sus seres queridos. A toda la ciudad.


-¡Chicos!- Una voz femenina inundo las alcantarillas, la única que había sonado allí abajo. April traía su abrigo de siempre y venía muy despeinada, no vio a nadie.

Fue hacía el dojo y allí estaban. April se quedó dudando unos instantes, en otras circunstancias hubiese entrado sin más, e incluso se hubiese unido a ellos, pero el horno no estaba para bollos, se veía en la expresión de Splinter y en el nerviosismo de las tortugas.

April sonrió para sí y se echó para atrás. Fue a la cocina y allí esperó a que la sesión terminara. Al menos allí siempre estaba a salvo, era como otra dimensión, un mundo paralelo donde podía escapar de la realidad. Su segundo hogar.

Pasaron unos minutos y el estómago de April rugió "Claro, aún no he comido". Abrió la nevera y no vio prácticamente nada "¿Cómo pueden comerse todo lo que les traigo tan rápido"?

Vale, tenía que pensar algo. La tienda de Murakami-San no estaba lejos, si iba por ese túnel llegaría y volvería en menos de veinte minutos. April se puso en marcha, compraría comida para todos, más le valía llegar antes de que las tortugas terminaran si quería darles una sorpresa.

Salió a la superficie tan rápido como había salido de ella y caminó a paso ligero.


Ahí estaba otra vez, y estaba sola, era su oportunidad. La anciana había aprendido a controlar sus nuevos poderes. Podía ir a una velocidad increíble y era capaz de estirar y controlar las tiras de su cuerpo a su antojo, no se sentía tan viva y ágil desde…prácticamente nunca.

Fue hacía el callejón por donde pasaría la chica y esperó a su encuentro, era obvio que el día anterior había sido demasiado brusca con ella, la había hecho entrar en pánico y tenía que hacerla razonar.

El cuerpo de la muchacha fue acercándose y la mujer fue rápida, engancho las telas al cuerpo de la chica de forma que no pudiera moverse ni hacer ruido. Ella se quedó perpleja y aturdida por la sorpresa. Cuando sus ojos se toparon con los de ella, se abrieron mucho para luego fruncir el ceño. No se alegraba de verla, eso estaba claro.

-Shhhh, tranquila querida. No voy a hacerte daño. Solo quiero hablar.- Le dejó la boca libre sin soltarle el cuerpo- Quiero que me escuches- La anciana se quedo callada, esperando a la respuesta de ella, no dijo nada y solo siguió escuchándola- Hay algo detrás de ti, quiere algo de ti, y hay más como él.

-¿Y por qué no me ha hecho nada hasta ahora?

-Porque está esperando a algo.

-¿A qué?- A April no le quedaba voz y hablaba en susurros- ¿Qué quiere de mí?

-No lo sé.

-Déjeme, por favor.- April la miraba con ojos suplicantes y llenos de miedo, pero también desafiantes.-Déjeme en el suelo.

La mujer se dio cuenta entonces que April estaba atada elevada en el aire y se miraban a la cara. Ella la dejó con suavidad en el suelo- Lo siento.

-¿Está aquí ahora?

-No.

-¿Va a hacerme daño?

-No.

-Bien, pues…

-No, por ahora.- April la miró y tragó saliva- Pero procura no estar sola demasiado tiempo.

-¿Y qué es lo que se supone que debo hacer?

La mujer se quedó callada, no había pensado en eso, y no tenía la menor idea.

-Alejarte de alguien que solo te traerá la desgracia.-April la miró extrañada ¿Quién había en su vida que pudiera traerle la desgracía?- No se quien es, si he de serte sincera, pero debes de estar alerta, siempre. Y no dejarte engañar. Esta ahí, esperando su oportunidad.

April seguía sin creerse demasiado lo que aquella mutante le decía, sin embargo sonrío a aquella anciana a la que le empezaba a ver solo buenas intenciones.

-Descuide.

Tras despedirse y prometerle que estaría siempre alerta y poco tiempo sola, April se alejó calle abajo y la anciana la perdió de vista. Pasado un rato algo le llegó a la mente…"Oh no…esa cosa quiere mantener contacto con ella"

En otro lugar de la ciudad, April bajaba las escaleras de la antigua estación.

-¡April! íbamos a ir a buscarte- la chica llegó junto a ellos entusiasmada.

-¡Chicos tengo un montón de cosas que contaros!

El teléfono sonó, April interrumpió su relato y observo el nombre de Irma en la pantalla. Pobrecilla, había pasado de ella totalmente…