Cambio de escena: _-_-_-_-_-_
Cambio de narrador: :::::::::::::::::
Flashback
Pensamiento: "..."
El tic-tac del reloj recorría toda la estancia del jefe de la comisaría, el humo del cigarrillo del hombre de avanzada edad se escapaba por la pequeña obertura de una de las ventanas que se encontraba entreabierta.
El silencio se mezclaba con la mirada incrédula de un joven de pelo naranja, lo que acababa de escuchar debía ser una broma. ¡No podía ser otra cosa!
– Jefe Yamamoto, ¿p-por qué tan repentino cambio? – preguntaba sin comprender el porqué el jefe de comisaría quería trasladarle.
Era un buen trabajador de la Soul Society, era eficiente, era muy bueno en lo que hacía, detenía siempre a los criminales. Además, le pagaban bien, vivía cerca de la comisaría, todos sus amigos y familia estaban allí... ¿¡Qué razón había para moverlo de Karakura a Tokio?!
– La razón es simple Kurosaki – dijo dando otra calada a su cigarro para después de unos segundos apagarlo en el cenicero – Eres un empleado excelente, mereces un trabajo que esté a tu altura. Y en la Soul Society no lo encontrarás... – antes de que el chico le interrumpiera, el anciano prosiguió – Te pagarán el doble que aquí y podrás vivir mejor.
Ante aquella oración, el hombre enmudeció. Su familia no estaba en su mejor época, y una paga más alta... sería de mucha ayuda.
– Sé que aquí tienes a tu familia y amigos, realmente lo tienes todo en Karakura, pero deberías considerar seriamente esta propuesta puesto que en una semana se acaba el plazo para que puedas aceptar... – dijo entrelazando sus dedos para así apoyar su cabeza en la unión de estos.
– Está bien. Realmente lo pensaré – dijo con un tono monótono y serio. Uno que no le caracterizaba todos los días – Si me disculpa jefe, debo continuar con algunos informes – se levantó del lugar donde se encontraba sentado, hizo una sutil reverencia y se giró para marcharse, en cambio la voz del mayor le detuvo.
– Si realmente aceptas, aquí tienes el resto de formularios y papeles que te ayudarán a informarte sobre ello – el chico le miró de perfil y observó cómo le tendía una carpeta con todo lo referente al trabajo en Tokio, el de ojos chocolate después de un silencioso suspiro tomó la carpeta y cuando volvió a despedirse, salió del despacho volviendo a dejarlo en completo silencio – En serio... ¿qué tramará ese hombre para querer que le mande un trabajador tan bueno?
– ¡Oye! ¡Traed un extintor! ¡Hay alguien que está echando humo por aquí! – dijo burlón el pelirrojo viendo como su amigo se acercaba dando grandes y sonoras zancadas, casi parecía que el suelo temblaba por ello.
– ¡Cierra el pico piña! – gruñó pasando por su lado, dándole así un zape en la cabeza.
– ¡¿A qué ha venido eso idiota?! – gritó sobándose la zona afectada donde el chico le había golpeado.
– Te pasa por ser un completo gilipollas – volvió a gruñir y antes de poder sentarse en su sitio el golpeado lo había tomado de la camisa mientras lo miraba con el ceño fruncido.
– ¿A caso quieres que te golpee imbécil? – dijo y antes de que se enzarzaran en una de sus típicas peleas ambos sintieron como les habían tomado de las orejas haciendo que se agachasen por la diferencia de altura y por aquella acción los dos hombres comenzaran a quejarse por ello.
– ¡Rukia, maldita sea, suéltanos! – el chico la miró de reojo mientras que ella simplemente los miraba a ambos con el ceño fruncido.
– Estaros quietos de una vez idiotas, no hacéis más que gritar, me ponéis de los nervios – los dos chicos miraron hacia abajo y observaron como la chica había utilizado un taburete para llegar hasta su altura. Se miraron entre si y luego se taparon la boca para no reírse de la azabache.
Ella frunció notablemente el ceño y pronto tomó las cabezas del pelirrojo y el de pelo naranja para estrellarlas entre sí, haciendo que por ello ambos chicos cayesen al suelo, por el golpe.
Se sobaron la zona afectada por el golpe y luego miraron hacia arriba para que sus pieles pasaran de un tono bronceado a uno tan blanco como el papel. La chica tenía el rostro ensombrecido, su puño alzado frente a los dos chicos, quienes ahora se abrazaban con miedo de lo que ella pudiese hacer.
– Renji... Ichigo... volved a burlaros por mi altura y os prometo que no tendréis descendencia – dijo con una tétrica sonrisa que estremeció a los dos hombres, los cuales asintieron erráticamente, no deseaban cabrearla más.
Después de unos instantes la azabache suspiró y se bajó del taburete para dejarlo donde lo había encontrado, cuando volvió para ver cómo estaban los dos chicos estos todavía seguían abrazados, en cambio ella volvió a darles un golpe lo suficientemente contundente para hacer que se despertaran y se levantaran rápidamente mirando a todos lados confundidos.
– ¿Qué ha pasado? ¿Qué año es? ¿Dónde estamos? – dijo el pelirrojo mirando en todas direcciones, para entonces la chica carraspear su garganta llamando su atención.
– Bien idiotas, ahora decidme, ¿por qué os estáis peleando otra vez? – dijo haciendo énfasis en las dos últimas palabras.
– Pregúntale a él – señaló al de cabello naranja – Desde que ha salido del despacho del jefe no para de mirar a todos lados con cara de mala hostia – el nombrado simplemente bufó y desvió su mirada para entonces tomar del suelo la carpeta que se le había caído en el momento en que su amiga le había golpeado – ¿Qué es eso? – preguntó curioso el de tatuajes, quien le arrebató la carpeta al chico quien simplemente se apoyó en una de las paredes del cubículo de Renji.
El hombre comenzó a ver todos los papeles con suma atención y cada que pasaba una página, sus ojos se abrían más y más sorprendidos. Después de unos minutos de estar observando todo el papeleo, cerró la carpeta y la dejó encima de su mesa para dejar que sus labios se quedaran entreabiertos.
– Dejando al idiota de Renji de lado, el jefe quiere que me traslade a Tokio, a una oficina llamada Las Noches – la más baja se quedó callada por un momento, no tenía palabras – Pero no estoy seguro de si aceptar o no la oferta, es decir... Agh, es una decisión difícil – suspiró y se rascó la nuca un tanto nervioso pues ninguno de sus amigos había dicho nada al momento de descubrir la noticia.
~Unos minutos después~
– Oye, que todavía no he decidido si voy a marcharme o si no, no os quedéis tan callados, así dais miedo – dijo con su típico ceño fruncido mientras sus amigos continuaban totalmente congelados.
– ¿Cómo?... – susurró el pelirrojo sin creerse lo que había oído.
– Un idiota como tú... ¿cómo puede ser que quieran trasladarte? – dijo la azabache haciendo que un tic apareciese en una de las cejas del de cabello naranja. Sabía que sus amigos podían ser idiotas, pero no pensaban que a tal tipo de nivel.
Fue entonces que la baja y el de tatuajes se miraron entre si y sin poder evitarlo comenzaron a reírse a pierna suelta, llamando la atención de algunos del lugar, quienes simplemente negaron con la cabeza, ya estaban acostumbrados a las tonterías de aquel trío por lo que no le tomaron importancia. En cambio el chico ya harto de aquella situación, golpeó a ambos en la cabeza, deteniéndolos al instante, haciendo que se giraran y empezaran a gritarle un sinfín de insultos que solamente le hizo rodar sus ojos.
– Bien... el caso es que no sé si tomar ese trabajo o no. Es decir, lo tengo todo aquí, ¿cómo puedo dejarlo atrás sin resentimiento alguno? – chasqueó su lengua frustrado por la situación en la que se encontraba. No tenía idea de que decidir.
– Bueno, has salido hace veinte minutos del despacho, así que no te decantes todavía por nada. Pero... – dijo el pelirrojo acariciando la superficie de la carpeta para después mirar de reojo a su amigo – Si yo fuera tú lo aceptaría – el hombre abrió sus ojos sorprendido ante lo que había escuchado de parte de su amigo – Sabes que la clínica no está yendo tan bien desde que tu padre no se encuentra en sus mejores condiciones y tus hermanas aun teniendo veinte años no pueden encargarse por sí solas de la clínica u obtener un trabajo mientras asisten a la universidad para poder cobrar decentemente – eso era cierto, el chico lo sabía, ante todo debía proteger y cuidar a su familia, a las personas que quería, pero aun así...
– Renji, no es tan sencillo como lo pintas. Piénsalo, aquí lo tiene todo, su familia, sus amigos, tiene toda su vida hecha. ¡¿Cómo puede dejar todo eso atrás?! – dijo ella haciendo que ambos hombres la mirasen sorprendidos pues la chica también tenía razón – Allí no conoce a nadie, debe empezar desde cero, en un lugar donde lo pueden tratar como la mismísima mierda – el de pelo naranja suspiró, puesto que allí en todo momento se burlaban de él, así que lo que había dicho no lo tomaría por válido – Además, no puede dejar solas a Karin y Yuzu, ¡ellas solas no pueden cuidar a Isshin-san! – esa era otra, como podía dejarlos solos...
– ¡AGH! ¡No me estáis ayudando en lo más mínimo! – gruñó el chico tomando varios mechones de su cabello para estirarlo sin importarle en lo más mínimo que aquello doliese como el infierno por la fuerza que estaba utilizando.
– Ey, deja de estirarte así del pelo, que al final te vas a quedar calvo – dijo el pelirrojo negase con la cabeza y le tendiese la carpeta con toda la información. El chico exasperado la tomó y acarició la cubierta para entonces quedarse completamente callado, ¿debería aceptar aquel trabajo?
Fue entonces que sintió una caricia en su brazo y aun con su ceño fruncido se giró a mirar a su pequeña amiga, quien tenía una tenue sonrisa en su rostro – Ichigo, si estás tan dudoso de lo que debes hacer, este es el lugar más inadecuado. Vete a casa y descansa para pensar con claridad. Allí seguro que encuentras las respuestas que buscas – el chico sonrió tenuemente ante el consejo de su amiga – Nosotros te cubriremos en tu turno. Trabajas el triple que nosotros, así que no te viene mal... Por qué si no – de la nada sacó un pequeño cuaderno de dibujo donde mostró a un pequeño y adorable conejito con parte de la cabeza sin ni una pizca de pelo mientras que en la otra mostraba ese característico tono naranja de Ichigo – Sin ninguna duda acabarás así – dijo con una sonrisa mientras el fruncía el ceño.
– Yo sigo teniendo una duda... – la chica tenía una tierna sonrisa y ojos brillosos al ver que podría dibujar más para explicarle, en cambio... – ¿Cómo es que después de tanto tiempo practicando... continúas dibujando tan soberanamente mal? – el deje burlón era notorio en su voz, al igual que en su sonrisa. Pero pronto ambos gestos desaparecieron de su rostro al ver como la chica ensombrecía su mirada – ¡Bueno chicos, os encargo el resto! ¡Voy a descansar a casa! – antes de que la azabache pudiese golpearle, este salió corriendo de la comisaría para dirigirse a su casa. Donde quizás podría pensar con más claridad.
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La tranquilidad de la tarde era palpable, solo el murmullo del viento acariciar las hojas de los árboles era el único sonido que se podía apreciar. Ni coches, ni gente, nada. El cielo ahora estaba bañado en tonos anaranjados y rosados, era extraño para mi verlo así de vuelta a casa, pues por mi ajetreado horario siempre volvía por la noche, sin ser capaz de ver un atardecer tan hermoso como este.
Pero con aquella paz, por igual todos mis pensamientos eran nublados por aquella propuesta. Un nuevo trabajo, una nueva vida, todo alejado de lo que tengo y quiero – ¿Cómo puedo tomar una decisión tan complicada para mí? – yo quería protegerlos, a todos los que quería, por eso mismo me había hecho policía, para conseguirlo. Para defender todo cuanto yo deseaba...
En cambio, la enfermedad de mi padre nos había pillado a todos desprevenidos, pero aun así, conseguí sobrellevarlo, cargar con el peso de cuidar a toda la familia, pagar la medicina del viejo, cuidar de Yuzu y Karin, preocuparme por su educación. Todo recayó sobre mí, algunos no podrían hacerlo, pero yo no tenía otra opción, además de que no me importaba si así podía protegerlos.
Mis pasos eran lentos y pausados, no tenía prisa por volver a casa, necesitaba despejar mi mente para tener las cosas claras. Miré la carpeta que se encontraba en mi mano y suspiré. En llegar a casa lo leería adecuadamente.
Minutos, bueno, realmente demasiado tiempo después de caminar por los alrededores de Karakura, me dirigí a mi casa. Había aclarado mis ideas y lo había decidido. Me quedaría en la Soul Society, aun si era necesario trabajar el doble no me importaba, no podía abandonar a mi familia así como así, no me lo perdonaría jamás.
Al llegar a casa me paré en el portal y la observé durante unos largos instantes y sonreí – No puedo dejar este lugar de ninguna forma – pensé en alto para entonces con tranquilidad adentrarme a la casa y que pronto aquella aura de tranquilidad que me rodeaba desapareciese casi al instante al ver a mis dos hermanas paradas en la entrada – ¿Pasa algo? – dije sin comprender el por qué de sus rostros serios, pero no me dijeron nada, simplemente se dirigieron hacia el salón en completo silencio.
Yo las miré extrañado, pero aun así, sin decir nada me deshice de mis zapatos y fui a donde ellas para sorprenderme aun más viendo como todos estaban sentados en las sillas, rodeando la mesa. Tres miradas serias que me hicieron tragar espeso. Hacía mucho tiempo que una atmósfera así no se creaba en mi casa.
– Siéntate – sentenció mi padre haciendo que arquease una ceja por ella, pero sin decir nada se sentó frente a todos con tranquilidad – Han llamado de tu trabajo... – todo mi cuerpo se tensó al instante de escuchar aquello – Y creo que necesitamos hablar seriamente de este tema.
Yo simplemente asentí ante aquello. Sabía que tarde o temprano se enterarían, aunque no creía que de esta forma.
– La noticia es cierto que nos ha sorprendido bastante. Pero no podemos obligarte a nada. Es cierto que las medicinas están subiendo de precio, que yo cada día estoy más senil que cuerdo. Pero aun así. Ichigo, tú tienes la decisión de todo esto.
– El caso Ichi-nii es que sabemos que si por ti fuera te quedarías aquí porque piensas que debes cuidarnos de cerca... Pero...
– Onii-chan sabemos que no eres totalmente feliz con tu trabajo, estos últimos meses has estado más metido en tus pensamientos que nunca. Y no queremos eso.
Yo los miraba sorprendidos, sin comprender el porqué me estaban diciendo esto.
– ¿Y qué sucede para que hayáis hecho una reunión así? Tengo las cosas claras no voy a...
– Déjanos terminar Ichigo – dijo mi padre interrumpiéndome mientras se cruzaba de brazos – El caso, es que no debes quedarte aquí, no estás obligado a hacerlo. Tus hermanas ya son lo suficientemente adultas para cuidarse solas.
– Pero viejo...
– Ichi-nii, Yuzu y yo ya tenemos veinte años... no somos más unas niñas, debes saberlo – me dijo con su ceño levemente fruncido – Queremos que trabajes donde más puedas disfrutar, no necesitas preocuparte tanto por nosotros.
– Pero...
– Onii-chan nosotras podemos buscar un trabajo a parte de estar en la universidad, si quieres quedarte más tranquilo por ello puedes mandarnos un poco de dinero cada mes – una tierna sonrisa se formó en sus labios mientras me miraba con aquellos ojos que me calmaban.
– Ichigo, te lo dice un viejo al que la edad le juega una mala pasada. Disfruta al máximo tu vida, ve a trabajar donde creas que podrás disfrutar más.
– Pero lo que yo quiero es protegeros a vosotros.
– No siempre podrás protegernos Ichi-nii, no te obligaremos a irte si no quieres, pero tampoco te obligaremos a que te quedes. La decisión al final, es completamente tuya. Además si lo que te preocupa es que nos quedemos solas con el viejo, debes estar tranquilo, sabremos arreglárnoslas.
Mi cabeza se había quedado en blanco por unos momentos. Ellos tenían razón en muchas cosas, Karin y Yuzu, ya no eran unas niñas, podían cuidarse perfectamente por si solas. Podían encargarse de muchas cosas que yo no podía. Pero... ¿Cuándo habían madurado tanto? Hasta me decían que ellas podían encargarse del viejo. Y eso tiene mérito.
– Yuzu, Karin, ¿podéis dejarnos solos? – les dijo el viejo haciendo que ellas simplemente asintiesen y se levantasen de su sitio, para irse lo más seguro a sus habitaciones – Bien Ichigo, ahora quiero que hablemos seriamente de hombre a hombre – yo simplemente arqueé mi ceja sin creer ni una palabra de lo que decía – No me mires así, esto es serio – negué con la cabeza ante ello y después volví a mirarle – Voy a hacerte una pregunta y quiero que esta la medites completamente, es lo que te ayudará a decidir si debes quedarte aquí en Karakura o tomar el trabajo en Tokio – ladeé levemente mi cabeza ante la oración de mi padre, realmente era raro el verle tan serio en momentos como este – ¿Eres completamente feliz aquí o sientes que te falta algo? – antes de que pudiese hablar el puso una mano en señal de que me detuviese – No me respondas ahora, quiero que lo medites cuando tengas todas tus ideas completamente claras, me digas cuál es tu decisión – se levantó y fue a saber donde mientras que yo me quedaba completamente solo en la sala.
Esta noticia había hecho que toda mi cabeza doliese como el mismísimo infierno, todo el día había estado meditando sobre ella, tenía las cosas claras y ahora...
¿A qué había venido aquella extraña pregunta de parte del viejo?
La respuesta estaba más que clara para mí, por supuesto que era feliz. Lo tenía todo aquí, amigos, familia, la gente que me quiere y puedo proteger, un buen trabajo... ¡es imposible que en una vida como la que estoy viviendo me falte algo!
Porque... no necesito nada más, ¿verdad?
P. Capítulo: II. La decisión
