II.
'Cause you're not by my side
And as I arrived I thought I saw you leaving
Carrying your shoes
Decided that once again I was just dreaming
Of bumping into you
"Why'd you only call me when you're high?
Hi, why'd you only call me when you're high?"
Ella le busca formas a las nubes todas las tardes después del almuerzo y antes de la merienda. Lo sabes como si de una regla escrita se tratara, porque conoces a Lily más de lo que conoces los anaqueles y los depósitos de Sortilegios Weasley. Buscar formas a las nubes es su profesión elegida; aunque no le proporcione dinero, estabilidad o independencia de sus padres, sabes que la hace feliz y por ende te encanta que esa sea su profesión. Nadie comprende a Lily de la manera en la que tú la comprendes. Las reuniones familiares siempre terminan siendo un debate sobre por qué tú y tu prima no estudian y hacen adultos decentes de ustedes mismos estudiando carreras aburridas que van a terminar matándolos a los treinta. Esas no son tus palabras, por supuesto que no; son las de Lily, que se cuelan en tu cerebro y a veces caen silenciosamente en tu corazón. "Es doloroso amarla", concluyes mientras suspiras y vas a buscarla al jardín cuando los abuelos se han quedado dormidos en el sillón de la sala.
No te gusta buscar formas a las nubes, pero cualquier excusa es buena para estar cerca de ella y verla reír al tiempo que arruga la nariz y te dan ganas de contar sus miles de pecas, porque sí, Lily es perfecta con sus miles de pecas. Cuando estás bastante cerca distingues su cabello rojo y sonríes acercándote hasta poder visualizarla perfectamente y caes en la cuenta de que ella está desnuda. Frenas tu andar relajado y tragas en seco mientras tus pensamientos se atropellan los unos a los otros al tiempo que tu mente termina convirtiéndose en un caos en el que, por supuesto, ella es la reina. Al tiempo que tu mente es un caos y crees estar a punto de colapsar tus ojos se mantienen fijos en su cuerpo menudo y pecoso que se tuesta bajo el sol. Tus ojos la recorren completamente, desde sus pies pequeños y graciosos hasta sus piernas blancas en las que te gustaría perderte al tiempo que tus labios recorren sus senos pequeños pero perfectos. Te detienes en sus labios y ya no hay ningún solo pensamiento en tu cabeza más allá del hecho de que la quieres besar y hacer tuya esa noche y todas las noches siguientes.
La ves hasta que te das cuenta de que tu obsesión por ella no es normal y te vas de La Madriguera en la moto vieja que compraste hace poco. No quieres ir a casa. No tienes un rumbo fijo, por lo que das tantas vueltas que sientes que te vas a marear, y por ende terminas en un bar muggle tomando whisky con la excusa de que esa es una buena manera de marearte. No piensas más en Lily ni en ese tercer tatuaje de dragón que le cubre parte del vientre, no. Ahora piensas en… ¿Tracy? ¿Anna? No te molestas en acordarte de su nombre de la misma manera en la que ella no se molesta en decir la verdad sobre el sexo. Tú terminas y ella se va sin molestarse en pasar la noche en tu cama, probablemente preguntándose quién es Lily y por qué tú te empeñabas en gemir su nombre. Cierras los ojos para dormir, sin vestirte, y sólo piensas que quizás mañana ya no la ames tanto como la amaste hoy; pero sabes que no es verdad y te duermes de todos modos porque ya te has acostumbrado al sonido de tus propias mentiras.
Cuando él entra a La Madriguera, tú y Thor se encuentran buscando nargles en la sala. No tienes que verlo siquiera para saber que pasó la noche con una chica que no eres tú. El aroma de Hugo, usualmente nicotina con cuero, se encuentra mezclado con uno pegajoso que te presenta una imagen mental que no te agrada. No te agrada que tenga a otras en su cama, no te agrada que su cuello blanco se vea adornado con restos de lápiz labial y rasguños. Te preguntas si Thor le clavaría las uñas para dejar las piernas de Hugo de la manera en la que se ve su cuello. Sabes que tu gato lo haría de buena gana porque lo odia de una manera que tú jamás lo podrás odiar. Como siempre, te ignora y pasa directo a la cocina a hablar con los abuelos. Thor bufa aburrido y acaricias su cabeza negra al tiempo que permites que la rabia abandone tu cuerpo; después de todo, deberías estar acostumbrada a sus constantes desplantes.
Subes a tu cuarto y te haces un porro de marihuana al tiempo que escuchas a los abuelos despedirse de tu primo. Bajas cuando crees que ya se ha ido pero tienes la mala suerte de encontrártelo cara a cara. Él también está fumando y recibes todo el humo del cigarro en tus labios entreabiertos. Por un segundo te permites flaquear y fantasear sobre los labios de Hugo sobre los tuyos, en vez del humo que apenas roza tus labios sonrosados antes de dejar de existir. Hugo le hace un smirk de los suyos antes de salir de la casa. Escuchas cómo enciende su moto y lo imaginas en vías a cualquier lugar, con su cabello despeinado por el viento y su sonrisa idiota en el rostro. A veces sientes la gigante necesidad de salir tras él y pedirle que te lleve a cualquier lugar del mundo con tal de poder pasar el viaje abrazada a su espalda amplia y masculina.
Pasas el día fumando marihuana sin parar. Usualmente fumas dos porros al día como si de meriendas se trataran, pero hoy no. Hoy estás harta de Hugo y quieres matar a las zorras que usan su cuello como si les perteneciera. "Hasta hace poco tiempo nos pertenecíamos el uno al otro", piensas entre risas amargas antes de expulsar el humo del porro que se está por acabar. Nunca habías estado tan drogada en tu vida y te diviertes de sobremanera hablando con Thor y riéndote de cualquier cosa que te pasa por la cabeza. Es cuando piensas en Hugo que las risas se apagan súbitamente y medio despiertas de tu ensueño para darte cuenta que es casi media noche y que Cenicienta seguramente se está tirando a Hugo. Decides que quieres ser Cenicienta y bajas a la sala tratando de hacer el menor ruido posible. Thor te sigue como la sobra que es hasta que llegas al teléfono muggle que instaló el abuelo Arthur cuando tenías siete años. Marcas con algo de lentitud los números y llamas a Hugo para arruinarle el acostón que debe tener en ese momento. Sin que puedas hablar siquiera con Hugo te quedas dormida con el auricular en mano al tiempo que él atiende y maldice porque sólo lo llamas cuando estás drogada.
