-Intente acercarme- dijo el joven con trémula voz- en verdad que lo intente; pero…pero fue como si una fuerza me impidiera el paso, aun cuando sabía que el ki de Trunks esta ahí, no pude seguir adelante- Gohan miró a Bulma desconcertado ella tan solo asintió en señal de que comprendía que él no podía hacer más.
-Vegeta esta ahí ahora, él dijo que rescataría a nuestro hijo, que lo traería de vuelta a casa…y así será
Capitulo 2- Isla Laguna
-¡Da la cara, cobarde!- gritó Vegeta furioso- ¿o es que te escondes porque sabes de lo que soy capaz?… ¡sal de una buena vez!
Vegeta buscaba con la mirada a aquel hombre que le llamaba y que le decía que a su hijo no podría llevárselo -¡Sal!- gritó irascible; pero no hubo respuesta, se quedo estático, atento, como en los viejos tiempos cuando no sabía por donde atacaría el enemigo y debía estar pendiente hasta del más mínimo movimiento a su alrededor. Lo único que podía escuchare era al encolerizado mar chocando contra las rocas, la fuerza del viento silbando, moviendo los pinos a su salvaje voluntad, mas no había ninguna respuesta. Gritó una vez más exigiendo su presencia, queriendo escuchar una vez más sus palabras.
Convencido que no habría más respuesta que los ruidos de la isla, avanzó hasta donde escuchó la voz, detrás de un pino, el más alto de todos. Caminó con cuidado sin hacer ruido, se asomó repentinamente; pero no había nadie ahí.
-Váyase, majestad…es lo mejor que puede hacer, deje aquí al niño- el príncipe volteo repentinamente, una gélida brisa le golpeó en el rostro, el cielo se hacía más gris, las nubes mismas parecían cubrir la isla entera, nadie estaba ahí.
-¡Sal de una vez, insecto!- y ante sus ojos, en la arena, se comenzaban a escribir unas letras "BIENVENIDO A LA ISLA" eran letras grandes, escritas con dificultad, a unos cuantos segundos de haber escrito la última "A" una violenta racha levanto la arena, cegando por unos instantes al príncipe de los saiyajins, al abrir los ojos de nuevo se encontró con una flecha dibujada en la arena que apuntaba hacía el norte; trató de sentir un ki, el que fuera, hasta el más mínimo; tal parecía que nadie estaba cerca o que incluso nadie estaba ahí; pero aquello era sencillamente imposible.
Avanzó por un camino de arena blanca flanqueado por la densa vegetación, en dirección al norte, tratando de sentir el ki de su hijo, las nubes grises se hacían más oscuras, conforme daba un paso el cielo se hacia más oscuro, el aire se tornaba enrarecido, no veía más que ese camino blanco en el horizonte, interminable, cercado por la selva…tenía que volar, no estaba dispuesto a perder más tiempo en ese estúpido camino ni dejarse amedrentar por palabras que se escribían así mismas en la arena, después de todo fue el guerrero que estuvo en medio de cruentas batallas que harían temer hasta al ser más valiente, esto definitivamente no era nada.
Tras volar por 20 minutos se percató que abajo se hallaba la entrada de lo que parecía un pueblo, descendió a unos metros de un letrero en el que se leía "Bienvenido a Isla Laguna" escrito con pintura roja sobre madera vieja y frágil, que pronto se destruiría hasta con la suave brisa. Vegeta clavó su mirada en el horizonte, parado sobre aquel camino blanco arenoso, tratando de sentir el ki de su hijo; pero no pudo sentir más que esa presencia que envolvía a la isla entera. Trunks tenía que estar ahí, nadie podía quitárselo de la mente, aunque no sentía su ki, el presentimiento era fuerte, tanto que le gritaba que tenía que seguir avanzando. Caminó con su fiera mirada observando todo a su alrededor, la sangre seca que se mezclaba con la arena blanca, la entrada de lo que parecía un pequeño pueblo que fue abandonado desde hacia mucho tiempo, no había ninguna presencia en él, ni la más mínima, recorría las desiertas calles y miraba los aparadores de las tiendas y las ventanas de las casas cubiertas de arena, se acercó a leer un anuncio pegado en uno de los postes de luz " Gran fiesta del aniversario de la fundación de isla Laguna, mayo 16 del 670" eran 100 años de diferencia…¿Cómo es que nadie sabía nada de esa isla? Había autos de modelos bastante antiguos aparcados en las aceras, la isla había sido abandonada antes de la invención de las capsulas. Continuó explorando detenidamente, caminaba mirando hacia todas partes buscando cualquier indicio de que su hijo estuviera ahí, súbitamente escuchó como sus pasos pesados y secos se mezclaban con algún liquido, volteo hacia el suelo… aquello era sangre… un pequeño riachuelo de sangre en el medio de la calle fluía sin detenerse y al parecer se originaba desde el norte. El príncipe no pudo evitar preguntarse de quien era esa sangre ¿acaso…? No, su hijo no podía morir así, su sangre no caería en el medio del asfalto de una isla abandonada. Siguió el trayecto de ese pequeño río que tal parecía emergió de la nada, el olor era más penetrante a cada paso y aquello lo desesperaba, olía de la misma forma que cuando hirieron de muerte a su hijo de un futuro alterno; pero aquello era sencillamente inverosímil. Se detuvo, en medio del riachuelo divisó un juguete conocido, un oso de felpa café destripado, él que su hijo solía tener a su lado cuando dormía, varias veces lo había visto a su lado en la cama, cuando él se paraba en la habitación de su hijo mientras todos dormían tan solo para asegurarse de que estaba bien, mirándolo en silencio, en parte incrédulo por el simple hecho de que ese niño estuviera ahí.
Nervioso, tratando de controlar ese temblor que invadió su ser con tan solo imaginarse que esa sangre pertenecía a su primogénito, tomó el oso con su mano derecha y lo observó detenidamente…si, ese era el mismo juguete de su heredero, a pesar de que inconscientemente buscó toda diferencia posible; pero no halló ninguna, estaba idéntico, los ojos negros de aquel oso parecían mirarle ¿Qué significaba eso? El Corazón le latía más rápido que nunca; pero muy en el fondo sabía que el niño no estaba muerto ni herido, que esa sangre no le pertenecía, que tal vez se trataba de una jugarreta realizada con el fin de convencerlo que su hijo estaba muerto. Le dio de nuevo un vistazo al oso manchado de sangre, sin evitarlo temía por lo peor… ¿Por qué pasar por esto? Un saiyajin no tenía porque prestarse a sentimientos tan inútiles; si el niño estaba muerto significaba que su herencia terrícola había predominado y no era un digno heredero de la raza saiyajin, valía menos que nada…pero, era su hijo; no podía evitar ese estúpido nerviosismo, esas ideas que llenaban su cabeza con imágenes del pequeño desangrándose hasta la muerte…no lo podía evitar, después de todo era su hijo.
Repentinamente un repiqueteo lo desconcentró de tan funestas imágenes que se formaban en su cabeza; tan agudo que sonaba insistentemente hasta el punto de llegar a ser insoportable, al parecer venía hacia el este, por la calle Mero. El príncipe no dudo ni un segundo en ir al encuentro de tan desagradable sonido, atentó a cualquier eventualidad caminó con celeridad hasta que dio con un arcaico teléfono en una gasolinera, era negro pegado a la pared de madera, Vegeta permitió que sonara un par de veces más, hasta que por fin atendió a tan insistente llamado
-Vete, si no quieres perder todo lo que tienes- la voz- si quieres sobrevivir, deja aquí al niño y lárgate cuando antes- era idéntica a la que escuchó a la entrada de la isla- aun estas a tiempo, majestad- Vegeta dio una rápida ojeada a su alrededor, nadie estaba ahí
-¿Quién te crees que eres para darme ordenes, insecto?- gruño furioso- ¡Mejor da la cara imbécil, solo sabes esconderte como el cobarde que eres!- le había colgado, al gran príncipe saiyajin, le dejaron con la palabra en la boca. Con un apretón de su mano hizo añicos el auricular -¡Muéstrate ante mi, pídeme de frente que deje de buscar al niño!- le retó-…claro que no lo haces, me tienes miedo…no hay otra explicación- sonrió victorioso, al parecer hasta en esa isla que apareció de la nada sabían respetarle.
Poco a poco, una inmensa presencia comenzó a materializarse justo detrás suyo, una presencia que infundía temor y reflejaba un gran odio acarreado desde mucho tiempo atrás
-Me buscabas- cualquier otro hubiese sucumbido de sentir tan magnánima presencia, de entender que en parte se debía al resentimiento y al dolor y que, sobretodo, era capaz de asesinarle en cuestión de segundos si así era su voluntad- aquí estoy- pero no Vegeta, para él no significaba nada.
-Si- susurró mientras volteaba- eres tú el de la isla ¿no es así?- vio a un humano común y corriente, apenas más alto que él, de tez morena, cabello castaño y sus vivaces ojos negros que desprendían el más puro desprecio hacia la raza humana, vestido de pantalón azul oscuro, un chaleco del mismo color y una camisa amarillenta
-En efecto…majestad, soy el mismo
-Dime donde esta mi hijo de una buena vez- el hombre sonrió maliciosamente, sus ojos negros brillaron aun más con perversidad
-No te lo diré nunca- y rió estrepitosamente sin importarle la furia creciente de Vegeta, reía a carcajadas mirando su expresión iracunda a punto de atacarle
-¡Maldito, te ensañare a respetarme!- no lo pensó dos veces, emprendió un frenético vuelo contra aquel irritante sujeto, estaba listo para destruirlo con un solo golpe y quitarle esa estúpida sonrisa de su rostro; pero cual fue sorpresa al verse paralizado por un aire frio que apareció cuando aquel humano levantó la mano derecha.
-Te dije, majestad…nunca sabrás donde esta tu hijo- ¿Cómo un simple terrícola tenía tanto poder a tal grado de paralizarlo? No podía mover ningún musculo aun cuando se esforzaba.
Detrás de aquel hombre vio surgir un ser pequeño del tamaño de un niño, cubierto por harapos, sosteniendo una pequeña caja de color negro y dándole vueltas a una manivela que salía de aquella caja. Intrigado por aquel individuo no le perdió la pista, se movía lentamente hacia él sin que pudiera hacer nada para frenar su camino.
-Vete, Vegeta…lárgate, deja al niño aquí…no tienes porque estar en esta isla- a lo lejos escuchaba a un mar embravecido y el silbido de la furiosa brisa, su campo de visión comenzaba hacerse estrecho, cada vez más estrecho…todo era negro.
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Él mato a cientos de niños, incluso aniquilo familias que pedían piedad por sus hijos; pero no le interesó, en realidad lo disfrutó. Su irónico castigo consistía en matarle su orgullo con un su propio hijo, uno al que no podría dañar, del que inevitablemente se preocuparía, él que, al igual que su madre, haría surgir sentimientos que no sabía que tenía y de saberlo hubiese buscado la manera más eficaz para deshacerse de ellos.
Fue uno de los tantos pensamientos que tuvo la noche en que se enteró que Bulma estaba embarazada. Su mente divagaba entre reproches ¿Cómo pudo haber permitido semejante cosa como un hibrido? Un hibrido con una terrícola…estaba al mismo nivel que Kakarotto, no cabía duda de ello.
Resolvió no acercársele, entrenaba todo el día para olvidarse de ella y concentrase en su meta: convertirse en un súper saiyajin y superar de una vez por todas a ese idiota guerrero de clase baja que denigraba a su raza. Aun cuando trataba de estar alejado de esa mujer, la veía pasar por la casa de vez en cuando, su estado todavía no era evidente; pero desprendía un maldito olor que lo hacía arder en deseo, hasta que varios días después no pudo resistir más.
Sus encuentros eran cada noche, aun cuando no se dirigían la palabra en el día, ni tampoco en la oscuridad de la habitación, todo eso estaba de más, el placer no necesitaba de frases, le basta con escuchar su nombre dicho entre gemidos mientras sentía las uñas de esa fiera mujer clavarse en su espalda. Llegó a olvidar que esa vulgar terrícola llevaba a su hijo en su vientre; hasta una noche en que ella dormía profundamente a su lado, mientras que él no podía conciliar el sueño, notó que su abdomen se hacia más abultado, ya no podía ignorar el hecho de que esa mujer le daría un hijo, el ki de esa crio se igualaba al de su madre e inclusive lo sobrepasaba ligeramente, sería cuestión de días para que lo rebasara por completo… ¿Por qué no matarlos? La existencia de ese hijo lo ponía al mismo nivel que ese inútil de Kakarotto…formaría una familia como él y después ¿Qué? ¿Llevaría la ordinaria vida de un corriente terrícola? ¿Poco a poco se volvía igual que el nefasto guerrero de clase baja? Si la mataba a ella, la criatura moriría en segundos, se desharía de ambos para siempre, no eran más que un estorbo a sus propósitos, ataduras a un planeta inferior, estaba decidido…ese era el momento ideal, mas justo cuando tenía su mano con una pequeña esfera de energía sobre el pecho de su mujer sintió el ki del pequeño incrementarse ligeramente… no pudo hacerlo y lo odio por eso, por convertirlo en ese patético ser cuyos sentimientos gobernaban antes que su sentido común, odiaba con todas sus fuerzas a ese niño que apenas comenzaba a vivir.
Tenía que irse lejos si quería avanzar y ser el guerrero más poderoso que el universo hubiese visto jamás.
Abrió los ojos con dificultad, se hallaba tirado en medio de una calle, diferente a la que vio la última vez. Aturdido se puso de pie, tratando de reconocer algo en esa calle; pero nada le era familiar ¿Cómo llegó hasta ahí? ¿Acaso ese sujeto le dejo tirado en el pavimento?... ¡que humillante! Un humano lo derrotó, ahora tenía más razones para encontrarlo y destruirlo, tal ofensa no podría quedarse como si nada, un terrícola jamás podría derrotar a una raza por mucho superior como la saiyajin.
Un murmullo se dejo escuchar por toda la calle, invadía el más inhóspito rincón de la isla, comenzó quedito hasta subir a un tono moderada intensidad, era como si el pueblo estuviese lleno de vida aun cuando nadie lo habitaba. El murmullo cesó para ser sucedido segundos después por estruendosos pasos que marchaban al unisonó; el príncipe, sin verse amedrentado por tales tonterías, se guió por el sonido de la estrepitosa marcha; pero conforme seguía el ruido este se alejaba de él
-¿Qué pasa en este maldito pueblo?- Se preguntó impaciente.
Entró hacia un callejón en la calle Pargo siguiendo el sonido de la marcha, hasta que este cesó por completo. El príncipe se quedó estático esperando un cambio en ese exasperante ambiente, hasta que divisó hacia el final del callejón, siendo sobrevolado por pequeñas mariposas negras, el oso de felpa destripado y cubierto de sangre, el juguete que sin duda le pertenecía a Trunks. Se acercó con cautela a tomarlo, preguntándose como llegó hasta ahí, estaba seguro que lo soltó cuando quiso atacar al hombre del chaleco azul; lo tomó de inmediato y de nuevo retomó su camino hacia la salida de ese callejón
-Te pareces a ese niño- Vegeta volteó de inmediato, era un niña rubia de ojos grisáceos y mirada triste quien forzadamente esbozaba una sonrisa tratando de ser amigable con el extranjero- ¿eres su padre?
