Piensa un poco. Vamos, animate. ¿Qué es, sarcastico, frio, seco y con una encantadora sonrisa? No es tan difícil. Una pista, es la persona que nadie pensaba que alguna vez, se convertiría en el Señor Tenebroso.

Septiembre de 1926.

Mansión Granger.

La señora Granger, se esta quedando sin aire. La visión esta nublada. Digo, estar más de 18 horas con el dolor en el vientre y sentir que te falta de todo, no es lo más agradable.

Miraba para un lado, enfermeras por aquí, otras por allá. Solo querría a su maldita hija en sus brazos. También deseaba a su esposo a su lado. La cara esta chorreada en sudor, pujaba y pujaba y nada que salia la niña. Era su primer parto y créame que el ultimo.

-¡Doctor, la paciente se esta desmayando!- grito una enfermera al ver el palido rostro de la señora Granger. Y es que, parir a una niña, teniendo ella insuficiencia cardiaca, era un suicidio.

El doctor se aproximo, rapidamente.-Señora Granger, necesitamos que nos coopere. Su hija esta enredada con el cordón umbilical, y esto hace que se nos sea más difícil sacarla de su vientre. Si usted muere, su hija probablemente quede en la tumba junto con usted. Necesitamos que inspire profundo y puje una vez más.

Realmente la señora Granger, casi ni había escuchado la mitad de ese parloteo de ese odioso doctor, pero lo que si llego a entender era que se estaba muriendo y su hija también. Agarrandose de la sabana de la cama, inspiro fuertemente. Solo pensaba que quizás, su marido estaría feliz con una descendiente mujer.

-Uno, dos, tres…-después de ahí, los gritos se hicieron más fuertes. Y después silencio. Solo eso. El doctor no entendía. Tenia en sus brazos al bebé, pero no lloraba, esta fría y morada. Justo cuando pensaba, declararla como muerta, la niña solo dio un grito ensordecedor tan fuerte que pensó que la dejaría caer. Y eso tan solo desencadeno la mayoría de los problemas.

Septiembre de 1926

Terrenos de Valle de Godric

Robert Granger no lloraba, tampoco se lamentaba pero si estaba triste. Su única mujer, su único amor, muerta por la esperanza de un niño en sus brazos. Todo había sido su culpa. Si él no la hubiera insistido de que tuvieran a un bebé, quizás ella… Quizás ella…

Aunque realmente no hay que lamentar nada. Ahora tenia otras responsabilidades, las cuales consistía en cuidar a Hermione. Como ella, hubiera querido. Un nombre inusual, casi muggle, pero que captaba la esencia de lo que realmente querría su difunta esposa. Dejando caer un ramo de rosas blancas, se dirigió a la salida del cementerio. Aun tenia varias cosas por hacer.

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