LO SIENTO, LO SIENTO, LO SIENTO, LO SIENTOOOOO! SE QUE HE TARDADO SIGLOS EN ACTUALIZAR, PERO ES QUE ESTOY MUUUY ENFOCADA EN MI CARRERA Y LA VERDAD NO ME HABIA DADO TIEMPO DE ESCRIBIR, ESO SIN CONTAR QUE MI MUSA HABIA SALIDO VOLANDO POR LA VENTANA! PROMETO QUE AHORA SI NO ME ATRASARE! Y si me dejan reviews pues más rápido aun XD, ya que eso es lo que te anima a escribir. Por cierto, se aceptan críticas constructivas sobre la historia, aunque sea escriban un ME GUSTO o NO ME GUSTO. Recuerdo que este es mi primer fic, así que ya saben!
Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, así que Todos los personajes que verán a continuación son propiedad de la escritora Británica J.K. Rowling.
Capitulo I: "En la Oscuridad de la noche"
Como adoraba la sensación de la lluvia golpeando su rostro.
Definitivamente nada evitaba el que saliera con su escoba durante las tormentas… ni siquiera las advertencias de Theo y Blaise, o el saber que corría peligro al arriesgarse de esa manera; la adrenalina le corroía las venas y era simplemente maravilloso el sentir la rapidez de los latidos de tu corazón.
Libertad.
Después de muchos años de vivir encerrado por órdenes del ministerio, finalmente probaba lo que era la sensación de Libertad; libre de culpas, libre de angustias, libre de ataduras. La noche lo hacia sentir vivo, después de todo siempre supo que era un ser nocturno; desde niño le encantaba la soledad que experimentaba sólo cuando caía la noche.
La oscuridad siempre le brindo la paz que su alma necesitó en esos horribles tiempos de guerra donde tantas vidas inocentes se perdieron. Todo por un propósito estúpido. A decir verdad, hoy en día se podía decir que era una persona de mente más abierta, sin tanto rencor a todos los que no eran como él. Y pensar que todo el desastre sucedido en sus años de estudiante fue ocasionado por un hombre de ideología hipócrita.
Un hipócrita sediento de poder y sangre.
En sus años de adolescencia había cometido muchos errores, los cuales había pagado con 7 años de cárcel domiciliaria. Tanto tiempo encerrado lo ayudo a reflexionar sobre sus ideologías y finalmente lo había convertido en un mejor hombre; aun poseía esa mirada altiva que te hacia sentir pequeño cada vez que lo mirabas a los ojos y ese aire de grandeza que lo rodeaba cada vez que pasaba por tu lado. Definitivamente el gen Malfoy no había desaparecido en lo absoluto, lo único diferente era el enfoque de sus creencias y la amabilidad y confianza con la que se desenvolvía en ese primer año de libertad, ya no había necesidad de ser arrogante, aunque de vez en cuando su extrema confianza en si mismo daba la impresión de que seguía siendo el mismo engreído de siempre.
Era un hombre que tenía la capacidad de hacer caer a muchas mujeres bajo su "embrujo"; de 1.88 mts de altura, cuerpo atlético y piel de porcelana, Draco Malfoy era lo que cualquier mujer desearía. Su cabello rubio platinado ya no iba tan perfectamente peinado como en sus años de Hogwarts, simplemente pasaba sus dedos para aplacarlo y listo, sin necesidad de usar tanto gel. Pero lo que mas llamaba la atención era su mirada… Sus ojos tenían el color del cielo diurno durante una tormenta, un gris profundo que ocultaba gran dolor y soledad.
La culpa lo carcomía.
Sentía tanta culpa, por los errores cometidos. A pesar de ya haber pagado por ellos, su conciencia y su dolor lo perseguían a diario. Blaise se la pasaba repitiéndole que nada había sido su culpa, que no había podido escoger el entorno en donde creció, que las enseñanzas de su padre eran lo que lo habían llevado a cometer tales acciones, y si… era cierto, la influencia de su padre había tenido mucho que ver, sin embargo Draco estaba consciente de que las decisiones fueron tomadas por EL y no por su padre, y mucho menos por su madre, que tanto le había rogado el no enlistarse en las filas del Señor Oscuro.
El miedo había sido el motivo principal por el cual había formado parte de las filas mortifagas, miedo por su madre, y sobre todo, miedo por sí mismo. No había un solo día en el que no se arrepintiera por sus decisiones pasadas, fue un cobarde con todas las letras de la palabra, alguien que no había tenido el valor suficiente para aceptar el ofrecimiento de Albus Dumbledore.
Dumbledore.
El destino de ese anciano era lo que mas le dolía, a pesar de saber de que el viejo estaba envenenado e iba morir de igual manera, Draco se preguntaba si todo hubiese sido diferente si no hubiera dejado entrar a los mortífagos a Hogwarts y por ende no hubiera intentado matarlo en la torre de astronomía. Tal vez el poco tiempo que le quedaba de vida habría ayudado a Potter a descubrir los Horocruxes mas rápido, tal vez menos vidas se hubieran perdido, porque en lo que Draco estaba seguro, es que el anciano director era excelente salvando vidas, a diferencia de él, que en lo poco que llevaba viviendo, solo había servido para causar dolor y rencor en las personas que lo rodeaban.
El ciego amor por su padre lo había convertido en un niño déspota y cruel desde muy temprana edad; unicamente le importaban los bienes materiales… la ropa de mejor calidad, la escoba mas moderna, los juguetes mas caros; luego en su adolescencia solo le importaba el poder que ejercía sobre sus compañeros, mientras mas miedo le tenían, mejor se sentía consigo mismo; tenia la errónea idea de que el miedo era igual al respeto.
De repente, Draco empezó a recordar una conversación que había tenido con sus amigos hacía un par de meses.
_Flash back_
Sentado frente a la chimenea de la Mansión Malfoy, con un libro de leyes en la mano y un vaso lleno hasta la mitad de whiskey de fuego en la otra, Blaise Zabini se encontraba como casi todo el tiempo… Intentando ayudar a su mejor amigo con sus negocios. Blaise y Theodore Nott eran los abogados de Draco, y actualmente se estaban encargando de la parte legal de las empresas Malfoy.
Draco había pasado a ser el dueño de Malfoy International Enterprises o M.I.E., cuando el Ministerio de Magia declaró que Lucius Malfoy no podía poseer ningún negocio, ni ejercer ningún puesto de alto rango en el ministerio, además, su padre estaba en cárcel domiciliaria luego de haber accedido a dar información primordial a los Aurores sobre los mortífagos que aun seguían huyendo; su sentencia había sido permanecer en la Mansión Malfoy de por vida.
Sentado en el sillón que estaba frente a Blaise se encontraba Theo revisando unos documentos legales de una compra de materiales que había hecho la empresa de escobas voladoras que formaba parte de M.I.E.
- ¿Sabes algo Draco?, no nos haría mal un poco de ayuda de tu parte – Blaise miraba a Draco con una ceja levantada, había dejado el libro y el vaso vacío en la mesita ratona que estaba frente a él y se había cruzado de brazos en espera de una respuesta. – No se qué es lo que te pasa últimamente, pero estás mas pensativo de lo normal, y eso ya es decir algo… Me tienes preocupado –
Theo levanto la mirada de los documentos y la fijo en Draco esperando también una respuesta. Lo que Blaise decía era cierto, pero no había querido preguntarle nada al rubio, queriendo respetar su privacidad, Theo era de las personas que creía que se hablaba cuando se tenían ganas y no cuando te presionaban a hacerlo. Volteo sus ojos azul océano y se enfoco en Blaise, que se había levantado a llenar su vaso de whiskey nuevamente, estaba vestido de manera casual, con un Blue Jean oscuro y una camisa polo verde botella que hacía resaltar su piel morena y sus ojos verde aceitunados, sin embargo, la ropa casual no hacia que Blaise perdiera la autoridad que exudaba con cada uno de sus gestos y la imponencia que desataba el ver su casi metro noventa de altura.
A diferencia de su exótico e italiano amigo Blaise y de su aristocrático amigo Draco, Theodore se consideraba un hombre común; media 1.77 mts de altura, su cabello era castaño claro, casi rubio y sus ojos eran azul oscuro. Su cuerpo atlético era la causa de las miles de veces que Blaise y Draco lo obligaban a entrenar con ellos, la verdad, el deporte no era su fuerte; prefería estar sentado detrás de un escritorio leyendo cualquier cosa. Lo que su modestia no lo hacia ver, era que sus facciones eran increíblemente armónicas y casi infantiles; Blaise se la pasaba repitiéndole que si no fuera por que lo conoce desde la infancia, diría que es el hermano perdido de un actor muggle que siempre ve en televisión… - ¿Cómo es que se llamaba?... ¡ah si! Zach Mefron… no, Efrom, bueno, ¡como sea!. Eres igualito, lo único que te falta es bailar y cantar – y siempre terminaba secándose las lágrimas de la risa por burlarse de Theo.
Draco estaba parado frente a uno de los ventanales de la mansión viendo la lluvia caer, cuando escucho que Blaise se dirigía a él. Sabia que había estado sumido en sus pensamientos y había descuidado el trabajo que estaban haciendo desde la mañana, pero no dejaba de pensar en la reacción de los medios cuando se enteraran de que ya estaba en libertad y podía ir a donde quisiera.
- Relájate Blaise, no es nada de que preocuparse… solo ando divagando en tonterías, como casi todo el tiempo – le respondió a su amigo, que estaba sirviéndose un nuevo trago de whiskey de fuego.
- Si fueran tonterías no te ensimismaras tanto, vamos, dime, no te hagas el tonto, sabes que te conozco mejor que la palma de mi mano… y eso que tengo manos hermosas y me la paso viéndolas. – Blaise levanto la palma de su mano y la miro con expresión soñadora, definitivamente nunca perdía su buen humor e intentaba hacer reír a todo el mundo constantemente.
- El señor ciego aquí presente tiene razón, yo también te he notado distante últimamente. – dijo Theo mientras le dirigía una sonrisa burlona a Blaise
- EY! ¿Cómo que ciego?, no tengo la culpa de estar consciente de mi belleza. – contestó Blaise mientras le sacaba la lengua, cual niño de 5 años.
- Blaise, ¿Cuántas veces te he dicho que dejes de sacar la lengua? Es una actitud infantil, y a pesar de que se que únicamente lo haces con nosotros, temo que termines haciéndolo en publico y avergonzándonos a todos con tu ridiculez – le dijo Draco al moreno que se había vuelto a sentar frente a la chimenea.
- Bueno, entonces dile a ÉSTE que deje de meterse conmigo, y no me cambies el tema Draco Malfoy, repito que te conozco perfectamente -
- No tengo por qué decirle nada a nadie, después de todo ya estas bastante grandecito para defenderte solo, por lo menos en esta clase de situaciones… y no te estoy cambiando el tema, solo estoy algo preocupado por tonterías, no me presten atención. – Draco recogió los documentos que había estado leyendo en la mañana y luego se echo en el sillón que estaba cerca del ventanal.
- Si fueran tonterías, entonces no estarías preocupado. – esta vez fue Theo el que comentó.
- La prensa – respondió Draco mientras se hacia el desentendido y "leía" los documentos.
- ¿Qué sucede con la prensa? Esta mañana recibí El Profeta y no vi nada fuera de lo común – mencionó Blaise ante la respuesta de su amigo.
- Por supuesto que no viste nada fuera de lo normal, porque todavía no he salido a la luz publica, en 2 semanas tenemos que ir a New Castle por el problema de la gerencia de la empresa naviera que hay allí, y cuando la gente vea que ya estoy en libertad empezara un pandemónium, la prensa se volverá loca y no me dejara en paz, además, no estoy muy seguro de que les agrade la idea de que un ex mortífago pasee libremente por las calles. – respondió Draco con una mueca de preocupación y severidad al mismo tiempo.
- Bueno, eso tiene solución, empieza a hacer como hacíamos de niños, atemorízalos a todos y ya, empezaran a respetarte y no querrán meterse contigo. – respondió Blaise con una sonrisa triunfal en la cara.
Respeto.
- Las cosas no son de esa manera Blaise. – dijo Theo desde su sillón.
- Claro que si, un poco de miedo, y listo, ya tienes el respeto de los que te temen, la verdad no se como estuviste en Slytherin, siempre fuiste demasiado pasivo para nosotros, deberías de haber estado en Ravenclaw o algo así. – Blaise tenia una mueca de fastidio en la cara, este tema ya era algo común entre ellos, mientras Theo era mas pacifista, a Blaise le encantaba hacer desastres.
- Estuve en Slytherin por mi astucia amigo mío, mi astucia y mis ganas de conseguir lo que quiero sin importar lo que se me atraviese, y precisamente por mi astucia es que te digo que el miedo no es la manera de llegarle a las personas, tienes que ser inteligente y saber llevarlos por donde te plazca, el miedo no te da respeto… miedo y respeto no son sinónimos Blaise… Honor a quien honor merece. –Theo bajo la mirada y volvió a sus documentos, mientras Blaise cambio su enfoque hacia Draco.
- Bueh, cada quien tiene su manera de pensar, ¿no Draco?, ¿Qué piensas al respecto? Yo sigo diciendo que los atemorices. – Aun no quitaba la sonrisa de su rostro.
- Theo tiene razón Blaise, las cosas no se hacen de esa manera, esa forma de pensar fue lo que hizo que cometiera tantos errores desde un principio. La gente hablará, eso no puedo remediarlo, lo que tengo es que demostrarles que he cambiado mis métodos de hacer las cosas, y sobre todo tengo que levantar el apellido Malfoy nuevamente, y con el miedo, no voy a lograr eso… y te haría bien el entender, que el respeto es la base del entendimiento entre los seres humanos; tenemos que aprender a respetar para que los demás nos respeten a nosotros. – luego de eso no volvieron a hacer comentario del tema, cada uno volvió a su ocupación y esta vez discutían era el tema de la finanzas y el capital invertido en la compra de materiales para la fabricación de las nuevas escobas.
_End of Flash back_
A las malas fue que Draco tuvo que aprender todas estas cosas del respeto, ningún adolescente debería de pasar por lo que a el le toco pasar, ninguno debería de haber visto las atrocidades de las que fue testigo, pero bueno, el no fue el único adolescente que presenció cosas espantosas durante la segunda guerra oscura.
- Ya basta de pensar en el pasado por esta noche – pensó Draco mientras seguía sobrevolando los acantilados de New Castle. La lluvia torrencial ya estaba empezando a hacer que sintiera frio hasta en los huesos; sentía como sus miembros se adormecían por el frio, y sin embargo, no paraba de volar en su escoba.
De repente, a unos metros de distancia, vio como una figura blanca caía hacia la indomable marea y las rocas.
- ¿Es una persona? – su mente estaba funcionando a mil por hora, hasta que rápidamente se decidió por ir tras la figura que caía.
Tengo que hacer algo.
Mientras descendía en picada hacia el mar a toda velocidad en su escoba, Draco miro impresionado como la figura llegaba al mar e impactaba contra este, por su cabeza pasaban muchas cosas, lo primero, era que si la figura era una persona, de seguro estaría muerta por el impacto contra las rocas y el agua, tal vez si tenia mucha suerte, había impactado únicamente contra el agua, pero igual el golpe y la baja temperatura del mar en este tiempo del año y sobretodo con la tormenta que hacia la mataría.
Sin saber que lo impulsaba a querer ayudar a lo que fuera que estuviese cayendo, Draco se adentro en el mar junto con su nueva escoba; un nuevo modelo creado por su empresa y que se podía utilizar también bajo el agua; esta le proporcionaría velocidad y fuerza y evitaría que muriese en el intento suicida que tenia por salvar a la figura desconocida.
Por cosas del destino, y a pesar de la oscuridad de la noche, pudo distinguir a un par de metros a una figura blanca y borrosa que cada vez se hundía más en las profundidades marinas, utilizo su escoba para llegar a ella y con uno de sus brazos la rodeo, dándose cuenta de que de hecho era una persona, una mujer para ser exacto. Luego con mucha fuerza, cambio la dirección de la escoba y se dispuso a salir del mar antes de que la marea lo azotara contra las rocas.
Subió en el frio de la noche hacia la cima del acantilado y allí aterrizo con la mujer que tenia en brazos, sacó su varita del bolsillo especial que tenia dentro de su chaqueta de cuero y lanzó un hechizo para hacer que la mujer botara toda el agua que había tragado y luego reanimarla.
Tardó unos segundos, pero la mujer empezó a toser y a respirar, sin embargo su temperatura estaba muy por debajo de lo normal, su mirada estaba desenfocada, y la oscuridad no ayudaba mucho. Sin pensarlo 2 veces, Draco la tomo en brazos nuevamente y se apareció en su habitación del departamento que poseía en New Castle donde aun se encontraban Theo y Blaise.
- ¡Milly! – Grito Draco, sin haber pasado un segundo, una pequeña elfo domestica apareció frente a él usando un vestido rosado.
- El joven amo Draco ha llamado a Milly, señor, ¿En que puede Milly ayudar al joven amo? – dijo la elfo mientras hacia una reverencia tan pronunciada, que su nariz rozaba el suelo del departamento.
- Llama a mi médico con urgencia, que esté aquí en 5 minutos por favor - dijo Draco mientras depositaba a la mujer en su cama, porque las habitaciones de huéspedes estaban ocupadas por sus 2 amigos.
Sacó de su closet la mayor cantidad de mantas posibles y la cubrió con ellas, había algo que se le hacia familiar en esta mujer, aun no había podido verla bien, porque su abundante cabello le ocultaba el rosto. Con manos delicadas, le aparto el cabello de la cara justo cuando la mujer habría sus ojos.
Al principio, Hermione miro a techo ya que no podía enfocar su mirada, pero cuando pudo hacerlo, bajo la vista y enfoco sus grandes ojos miel en el hombre que tenía sentado a su lado. Ese cabello rubio platinado, esa nariz respingada, esos perfectos labios delgados, ese mentón delicado y aristocrático, pero sobre todo esos ojos grises envolventes que la miraban con sorpresa. Al parecer él también se había dado cuenta de quién era ella. Esos ojos sólo podían pertenecer a una persona… el tiempo había pasado, y sus facciones se habían endurecido un poco, tal vez por las vivencias; había perdido lo que le quedaba de niño en el rostro, pero seguía siendo el mismo, su némesis de la infancia. El chico al que a pesar de tener años conociendo, únicamente había tuteado durante el juicio que se llevo en su contra, luego de que él le agradeciera por querer ayudarlo a pesar de todas las crueldades que le había hecho estando en Hogwarts. Aquel por el que había declarado a favor, por el que había sentido una lastima infinita ya que desde su punto de vista, todo fue ocasionado por una mala crianza; según Hermione, él nunca tuvo a nadie que lo supiera guiar, su único pecado era haber querido ser como su padre, un hombre cruel y despiadado con ansias de grandeza.
- Draco – susurro Hermione muy bajito, su garganta le dolía por toda el agua salada que había tragado en su fallido intento de suicidio. Sus parpados le pesaban y sentía mucho frío, su respiración era entrecortada y le costaba mucho.
- Hermione – lo dijo tan bajito, que ella pensó que había solo sido su imaginación y él no había pronunciado palabra alguna, pero eso fue lo último que pudo procesar su cerebro antes de perder el conocimiento.
