La sangre de nuestras venas
Ah, Klin, me has quitado muchas frases de la boca, y sin embargo aún tengo tantas cosas por decir... Tengo mucha sabiduría en mis venas y he visto más cosas que tú. Probablemente pienses que soy menos complejo porque ya soy un anciano, pero te equivocas: aún acuden a mí los pequeños, y todavía Candy me pide un consejo... Candy... mi dulce Candy...
Esa frase me lleva a recuerdos pasados hermosos, bellísimos. ¿Sabes, Klin? Antes que tú llegaras yo ganaba en todos los juegos. E incluso ahora que Nieva está aquí, y que muchas veces salta tan alto que los niños tienen que cambiar sus ropitas más seguido, provocando que mis pies crujan aterradoramente, yo sigo ganando...
Sigo ganando... pero en algo más importante que un simple juego de carreras, porque ya no puedo correr, como haces tú... Gané un día en que una pequeña no quiso ser adoptada y se aferró a mí con mucha fuerza; gané un día en que me maquillaron para parecer más viejo; gané un día escuchando una melodía triste, en silencio, venida desde un lugar cercano, y lejano a la vez; gané las muchas veces en que contemplé el horizonte al lado de Candy...
Tal vez... tú has pasado más tiempo con ella de lo que yo he podido, y soy feliz por ello, porque te tiene siempre a su lado. Mi niña siempre te ha tenido a su lado... Como tú dices, eres su pequeño galán... Pero yo comparto con Candy, aunque ella no lo sabe, o tal vez sospeche, la misma sangre en nuestras venas...
¡Oh, la pequeña princesita pecosa viene con un cargamento de adornos! La pequeña princesita... Recuerdo cómo Albert la consoló al morir Anthony... Yo no había podido hacerlo completamente, pero fui su desfogue, ¿sabes? Golpeó fuertemente mi pecho con rabia y eso le fue ayudando. Para cuando él llegó, todo fue pan comido... Lamento ser tan presumido, pero es que cuando se trata de mi pecosa todos los demás quedan de lado... Recuerda quién soy en su vida.
¡Jajaja, acaba de caerse porque Jimmy le tiró una bola de nieve en la carita! Ahora sí que se le verán las pecas más rosaditas... Las pecas... ¡Ah, recuerdo todo lo que me contó a escondidas, un día que nos quedamos solos! Volver a amar es tan difícil, uno tiene tantos miedos... Pero a veces cuando se trata de la misma persona el corazón se vuelve temerario... Eso le pasó y los momentos que ha vivido desde su separación con ese joven que tocó en aquélla ocasión esa melodía tan triste y bella le han pesado terriblemente...
¿A qué hora parará de jugar? Yo estoy esperándola muerto de frío, esperando que me de mi abrigo nuevo, pero ella sigue jugando, ¿la ves? Ah, amigo mío, no cabe duda que el lazo que nos une es indestructible, ¿no lo crees? Yo también me he enfrentado a muchas cosas por ella... Pero la más importante te la contaré al final, ahora déjame disfrutar esta bella vista...
¿Te puedo confesar algo? Te odié un par de veces con verdadero sentimiento. Por tu juventud y facilidad de movimiento podías moverte de un lugar a otro con ella, hasta a Europa te fuiste, ¿así se llama la casa donde estuvieron? Candy dice que es grande y está rodeada de agua. Me asusté tanto al oír a Pony hablar sobre la guerra... Pero te las ingeniaste para salvarla, ¿verdad? Sí, siempre lo he dicho: los animales y las plantas poseen una gran sabiduría...
Llegó un carro, ¿quién será? Oh, es George, el asistente de Albert. Debo confesar que no me cayó bien al principio: siempre queriéndome alejar de Candy... Pero fue gracias a él, en parte, que mi niña alcanzó la felicidad. Si no hubiera asesorado al pequeño Albert, mi princesita pecosa no podría sonreír como lo hace ahora... Te confieso que este final no lo esperaba... pero me alegra mucho que sea feliz al lado del hombre que ama...
Mi Candy, enamorada ahora sí para siempre... Cada centímetro cuadrado de mi piel llora de alegría, de dicha. Si pudiera saltar, saltaría por ellos, si pudiera cantar, cantaría, pero ya estoy muy viejo... Sólo me queda disfrutar a mi niña y esperar a que el momento de la despedida llegue... Pero he de decirle hasta pronto, no adiós. Ella seguirá en el Hogar de Pony, en cada sonrisa de los niños, en cada habitación de la casa, aunque yo no pueda entrar. Y aquí, en mi interior, en mi corazón. En ese corazón anciano que bombea diariamente la sangre de nuestras venas...
Está comenzando a nevar... Yo me sigo muriendo de frío. Ya todos han entrado, menos ella. Ha pedido a su prometido y a su amigo que la esperen dentro y acaba de acercarse a mí. No creo que ella recuerde, pero ese día también nevaba... Creo que todos los días importantes, ya sea por buenos o por malos, de su vida, han ocurrido bajo una nevada. Una lágrima corre por su mejilla, y yo acudo casi instantáneamente. Me acaba de sonreír como sólo ella sabe hacerlo.
Y ha llegado el momento de contarte. Klin, ya que ella no puede oírnos... Pequeñita... tan linda como una muñeca de ojos tan verdes como el pasto de la Colina en primavera. ¡Lloraba como varoncito! Por todos los medios intenté llamar la atención de Pony y María, pero nada. Tuvo que ser mi Tom quién les avisara... A penas daba unos pasos cuando me conoció como siempre le ha gustado conocerme... No, definitivamente no voy a olvidar ese día nunca... Aún en mi muerte lo tendré presente...
Ay, Klin, ¡déjala en paz! Que haga su experimento, no entiende que eso que desea ponerme no es de mi talla. A mí me divierte verla buscar una solución... con tal que no sea cortarme mis brazos...
Conozco esa mirada... Esos verdes ojitos me dicen que hará lo que más le gusta... sé que va a doler, porque ya no es una niña y pesa mucho, pero me encanta que lo haga, me mantiene vivo. Ah, Candy, cómo decirte que yo soy...
No sé, qué llevó a tus padres a dejarte en mis pies, frente al Hogar, a Nuestro Hogar. Pero creo que fue lo mejor que pudiste recibir de ellos, porque has madurado mucho y ahora sabes valorar los sacrificios. No desesperes por no tener una familia tuya, porque yo nunca dejaré de compartir contigo la sangre que recorre nuestras venas.
No soy como tú, pero gozo tu misma alegría. Hoy es Navidad y todos estamos juntos. Han salido del Hogar a verme, oh, ¡no me hubieras puesto estos angelitos, me voy a sonrojar! Oh, qué bella combinación entre la armónica de Terry, la gaita de Albert y el piano de Annie. Creo que será un verdadero fiestón.
Te quiero mucho, en realidad, te amo, hija mía. Tu sangre humana es diferente a la mía, comenzando por la esencia... pero tenemos un lazo que nadie va a poder romper: soy tu padre y tú mi hija, te vi venir a este mundo y cada vez que nos volvías a visitar me sorprendía con lo mucho que habías crecido... Tal vez esto se parezca más a las historias de los bebés venidos de París y las remolachas... Pero el caso es que no fue que tú me adoptaras como padre: desde el momento en que te colocaron a mis pies, pasaste a compartir mi sangre: la misma que compartes con estos amigos tuyos que te quieren y que también son mis hijos. Porque la sangre de nuestras venas... es el amor que nos tenemos los unos a los otros.
Debo andar bajo en clorofila, jajaja, estoy viendo visiones... Pensé que Albert y Terry estaban peleando, pero se abrazaban para cantar un villancico. Ojalá se pelearan... Así te quedarías conmigo siempre...
No, no te asustes... Los viejos a veces somos un poco egoístas... porque tememos quedarnos solos. Pero no te irás, ¿cierto? Afortunadamente tu novio y tu amigo son los míos también... No te alejarán de mi lado y podré seguir siendo por siempre tu
Padre Árbol
