Nota: Gracias por sus comentarios y por leer, me motivaron a apurarme con esto, tengo la idea de principio a fin, sé lo que viene y como termina pero no tengo todo escrito, solo trozos de cada cosa y espero poder cumplir con mi objetivo inicial. Estos capítulos son iniciales y por tanto breves y pero desde el tercero espero que sean un poco más largos y que pasen más cosas.
No me basé en la novela de Kundera, pero si tomé el título para hacer una intertextualidad. Acá lo que importa es cómo Loki enfrenta esto de ser humano, de tener que construirse de nuevo cuando ya no tiene nada, lo mismo Steve. Espero les guste, tanto a las que les gusta esta parejita como a las que no. Espero poder convencerlas de por qué ellos dos juntos son tan geniales
Frágil
Cuando se sienta nadando en su propio sudor, en una agua viscosa,
espesa, como estuvo nadando antes de nacer en el útero de su madre. Tal vez entonces esté vivo.
Pero estará ya tan resignado a morir, que acaso muera de resignación.
(La tercera resignación – Gabriel García Márquez)
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Steve hubiese deseado no haber tenido ese impulso de ayudar a ese hombre solitario en la carretera. Si no se hubiese fijado, para el momento estaría en los pueblos del centro o en la costa oeste intentando construirse un nuevo retrato de su país.
Pero se detuvo, y desde que lo hizo y reconoció en la figura de ese extraño a Loki, su vida estaba suspendida en la paranoia y la incertidumbre. Por otra parte, debería estar agradecido, ahora tenía algo en qué ocupar su mente.
Luego de la gran batalla en Manhattan y de ese incómodo momento en que habían ido todos juntos a comer shawarma, Tony les había ofrecido estadía a todos dentro de la torre Stark por un asunto estratégico de comenzar a formar algún vínculo con los compañeros de equipo. Natasha y Clint advirtieron que casi nunca estaban mucho tiempo en algún lugar porque siempre estaban ocupados con alguna tarea de espionaje, pero acordaron que entre misiones volverían a Nueva York a pasar el rato. Bruce había dicho de mil maneras que no quería mantenerse cerca de la gente, pero Tony había insistido, le había seducido con un laboratorio totalmente equipado, le dijo que sería un honor trabajar con él codo a codo en algún proyecto; le había rogado elegantemente de esa forma en que solo Tony sabe hacerlo y Bruce no había tenido más opción que aceptar. Thor, por su parte, había aceptado inmediatamente diciendo que quería pasar unas semanas en Midgard antes de volver a su hogar.
A todos les extrañó la negativa de Steve. Por alguna razón se pensó que el bueno de Capitán América sería el primero en querer ir a formar una especie de super familia con sus compañeros. Y a decir verdad, él no estaba seguro ni tenía ánimo. Apenas se estaba haciendo a la idea de que la televisión tenía colores y en esa torre había suficientes artefactos como para hacerlo sentir que en vez de en otra era, había despertado en otro planeta. Y ni hablar de la voz de la casa – ese tal JARVIS - que lo hacía sentir aún más confundido. Con la mayor seriedad, les pidió tiempo para adaptarse a la situación y a este nuevo mundo y permiso para ausentarse unos meses. Quería recorrer su país y conocerlo de nuevo, de extremo a extremo.
Tony le había molestado con que eso de andar recorriendo el país en moto era "muy de los años sesenta". Aparentemente había sido gracioso porque Clint se rió y dijo "es que no me imagino al capitán con el pelo largo y haciendo viajes cósmicos". Steve tampoco entendió esa referencia.
Como único resguardo había aceptado la tarjeta de crédito que le dio Stark en caso de emergencia. "Considéralo tu pago por salvar el mundo, Cap", le había dicho y viéndolo desde ese punto de vista, Steve no se sentía tan culposo.
Entonces había partido rumbo al oeste y luego al sur, pueblo por pueblo, hablando con gente que aún no tenía pantallas en todas sus habitaciones ni casas con inteligencia artificial. Había sido recibido por familias que aún vivían como si el tiempo se hubiese detenido en alguna parte del siglo veinte y Steve había agradecido mucho toda esa normalidad. Entonces, mientras dormía en una trastienda de una familia de granjeros, tomó la resolución de recorrer todos esos pueblos chicos que nadie conoce como parte de Estados Unidos, luego conocer la costa Oeste y finalmente tomar un avión de vuelta a Nueva York, ya con una idea más clara de qué hacer con su vida desde ahí en adelante.
Pero nada de eso había podido ser y resulta que además no podía simplemente irse a instalar en las dependencias de Stark porque tenía algo – más bien alguien- de que encargarse. ¿Cuáles eran las posibilidades de que Bruce no explotara en ira al ver a Loki? ¿o de que Clint no le atravesara con todo su arsenal? No es que a Steve le importara especialmente, pero si Loki de verdad era un humano común y corriente, llevarlo a donde un grupo de super hombres embravecidos constituiría un abuso de poder. Y Steve estaba totalmente en contra de los abusos de poder.
Loki miraba por la ventana. Steve conocía esa mirada. La había visto en sus soldados hacía casi setenta años atrás cuando estaban con los ojos fijos en algo que no estaba ya en el mundo. Era la expresión de un hombre que lo había perdido todo. Y él mejor que nadie comprendía eso. Lo comprendió mucho antes de la guerra, cuando se quedó huérfano y su única familia era Bucky, cuando Bucky se fue a la guerra dejándolo en ese miedo de quedarse solo; posteriormente cuando le perdió, cuando se dio cuenta de que no sobreviviría a su estrategia de estrellar el avión en el hielo, que nunca podría salir con Peggy y luego...
Steve lo sabía. Y si hubiese sido una circunstancia normal, le habría puesto una mano en el hombro, se habría sentado en frente y le hubiese preguntado qué le pasaba, hubiese intentado aliviarle las cosas. No obstante, las circunstancias distaban mucho de ser normales; este era un extraterrestre, alguien que había intentado destruir su mundo. Era Loki y de todos modos, aunque Steve le preguntase, no podía contestarle porque – se suponía que – no podía hablar.
-Serví el desayuno, no sé que se come por la mañana en Asgard, pero puse todo lo que tengo por las dudas, café, una jarra de leche, está tibia; ahí hay huevos y acá están las tostadas, tengo manzanas solamente, pero si te gusta la fruta puedo traer más... digo, si sigues desayunando acá.
Loki agarró el jarro de leche y vació un poco el su taza. Testeó la temperatura con la punta de su labio inferior y tomó un sorbo. Agarró una tostada y, sin aderezarla con nada, comenzó a comerla con lentitud. Steve procedió a servirse una taza de leche y a comer mirándolo de vez en cuando, de reojo. Loki cortó trozos de manzana y los fue consumiendo uno a uno. Parecieron gustarle porque cerró los ojos y esbozó una expresión satisfecha, Steve creyó ver algo de sinceridad en ese gesto.
Aunque era el dios de la mentira, con él nunca se sabía.
Ese día Loki se quedó la mayor parte del tiempo sentado frente al televisor. No le ponía mucha atención. Iba cambiando canales, veía algo que le llamaba la atención pero se aburría pronto. En algún momento se quedó pegado viendo una tevenovela y parecía que le causaba risa. Steve se figuró que estaba intentando aprender algo, de descifrar en esas señales las claves de su nuevo mundo. Luego de dos días en que solo se ausentó del hogar lo estrictamente necesario para comprar comida, recibió la llamada de Tony.
-¿Hola?
-¡Capiscle!, qué sucede, yo te creía en la costa oeste, conociendo al ratón Mickey o aterrándote en el simulador de Jurasic Park, ¿por qué has vuelto tan pronto?, ¿te has perdido?
-Claro que no... ¿cómo sabes dónde estoy?
-Has estado usando la tarjeta de crédito en Brooklyn los últimos cuatro días y pensé que no está de más preguntar ¿Puedes enfermarte siquiera? ¿Estás bien?
-Estoy bien, no puedo enfermarme, no es eso, surgió algo, preferí volver y esperar antes de comenzar ese viaje
-Ya... oye, en todo caso si necesitas algo avísanos y quiero que sepas que aún hay una habitación con tu nombre en este edificio.
-Lo sé, lo agradezco pero aún...
-Claro.
-Mucha tecnología.
-Lo entiendo, oye, nadie quiere que colapses y comiences a hablar con la tostadora.
-...
-Que por cierto no habla, nadie ha estado tan loco como para inventar eso.
-Dice el que tiene una casa que habla.
-Porque eso es sumamente útil.
-Debo hacer las compras, Tony.
-Bien, bien, no molesto tu rutina de ama de casa, en serio, si necesitas divertirte solo grita y te ayudaré, no te haría mal hacerlo.
-Adiós, Tony.
Steve dejó el teléfono sobre la mesa. Loki volvió la mirada sobre el televisor. Steve imaginó que al escuchar el nombre de Tony se había alarmado y ahora se imaginaba que le delataría. El soldado se acercó a él antes de ir a la cocina y le informó:
-Nadie sabe que estás acá y nadie lo sabrá mientras sigas demostrando que eres inofensivo.
El supuesto dios arrugó la nariz, como si el adjetivo "inofensivo" fuese el peor insulto que el humano pudo haber inventado y volvió su vista, furioso, a la pantalla. No hubo mayor interacción entre ellos ese día, excepto por cuando Steve le advirtió que iría a trabajar y que no saliera de casa porque le encontraría de todos modos (aunque era poco probable, encontrar a una persona en Nueva York, pero no estaba demás especular...). Loki asintió desganado y aunque el capitán se paso todo el día entrenando entre sobresaltos pensando en la posible huida de su enemigo, llegó para encontrarlo todo intacto, Loki acostado en el sillón, con los ojos cerrados como si no hubiera hecho el esfuerzo ni siquiera para levantarse a comer.
Steve pudo comprender los síntomas, pero se negó a creer en su realidad hasta el momento en que el asgardiano, cortando una manzana, se pasó a llevar el dedo. Su horror al ver la sangre correr por la mano y al darse cuenta que, pese a que abría la boca, no salía ningún sonido, fue tal que logró trasmitirlo a la perfección al terrícola. Steve intentó decirle que no se preocupase, que él le vendaría, pero Loki de pronto estaba fuera de sí, lanzó el plato, volcó la silla y parecía tener intención de destrozar todo el departamento, con ellos incluidos. Steve, algo preocupado, algo nervioso y bastante culpable, se levantó de su silla y lo envolvió en sus brazos para contenerlo. Loki rugía en silencio, removiéndose con fuerza hasta que se detuvo y se dejó caer en la más desoladora resignación. Steve se agachó con él y le sostuvo un rato más hasta que dejó de respirar con dificultad y le dijo:
-Mañana averiguaré si hay alguien que pueda ayudarte con esto, vas a poder hablar, vas a poder valerte por ti mismo.
Y el temblor del nuevo humano pareció disminuir un poco.
