Del futbol y otros amores

Disclaimer:

Captain Tsubasa no me pertenece. Únicamente uso sus personajes y parte de su historia para entretenimiento. Créditos a su creador Yoichi Takahashi, el maestro que nos enseñó que el futbol es más que un simple deporte.

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Advertencias:

Puede haber algo de OCC.

Estos son una seria de oneshots independientes uno del otro, pero de alguna manera, relacionados entre sí. No siguen una secuencia temporal exacta, cada uno se lleva a cabo en distintos tiempos, y cada capítulo representa el punto de vista de algún personaje.

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Capítulo 2

¿Cómo saberlo?

Aoba Yayoi

Presumida. Ella misma se podía llamar así, no le molestaba porque era verdad; ya que, siempre creyó que las bendiciones eran para decirse a los cuatro vientos.

Y eso la llevaba a justificarse cuando presumía a Sanae la fortuna que tenía en el amor.

¿Y cómo no hacerlo?

Tenía a su lado al as de cristal, príncipe del campo. Sí, tenía a su lado a Misugi Jun.

Su historia no era tanta como para contar, pero el solo recordarla, le hacía sonreír como nunca.

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—Wow no me esperaba que estuviera tan lleno el estadio… — comentó Yayoi en tono casual.

—Es cierto, hay bastante gente, y eso que todavía faltan dos horas para que empiece el partido — contestó su ahora novio—. ¡Mira! De ese lado hay asientos, vayamos para allá.

—Claro, Jun—. Sonrió feliz. Pero de pronto, recordó algo—. Es obvio que todos quieren ver el desenlace de este encuentro…

—No te preocupes, Yayoi, — interrumpió de manera amable y cálida; —él estará bien, recuerda que estamos hablando de Ozora Tsubasa.

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No podía no preocuparse por el niño prodigio, era su amigo después de todo; además, podía decir, lo que ahora tenía se lo debía de alguna manera a Tsubasa.

No lo negó, cuando era pequeña se dejó cautivar por el amor que aquel chico le demostraba al balompié. En su ciudad no había mucho interés por ese deporte, así que él se la pasaba jugando sólo y era tachado de «raro» por los demás niños. Pero a él parecía no importarle, y eso le gustó a ella. Sin dudarlo se hicieron amigos; pero Tsubasa se tuvo que cambiar de ciudad…

Poco después, ella también se mudó y terminó en Tokio. Con un ambiente nuevo, decidió entrar como manager del equipo de fútbol… así podría encontrarse alguna vez con Tsubasa.

Y allí, en el equipo del Musashi FC, fue dónde lo conoció.

Misugi Jun.

Los dos se llevaron indudablemente bien.

Un día, por accidente, descubrió el secreto del capitán. Ella se entristeció mucho, pues le tomó bastante cariño en ese corto tiempo. Así que tuvo una resolución: hacer lo que fuera necesario por el bien de Misugi. Aunque eso no siempre le funcionó.

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—¡Vaya que está lleno! — Dijo Jun mientras miraba alrededor; —me pregunto si seguirá llegando gente, tendrán que esperar de p… ¡Mira! Ese que viene entrando es Matsuyama, al parecer no alcanza lugar… — Yayoi lo siguió con la mirada.

—Le diré que venga acá, hay espacio para él—. Jun asintió; ella se puso de pie —¡Matsuyamaaa! — Gritó con todas sus fuerzas, él, al instante volteó—. ¡Aquí! ¡Aquí! ¡Hay un asiento para ti!

El chico sonrió y caminó hacia su dirección. Yayoi esperó parada, satisfecha, mientras Jun sonreía, no esperaba menos de su novia.

—Hola—. Saludó Matsuyama una vez cerca.

—Buen día, — respondió Yayoi.

—¡Qué mal lo de ayer! — Saludó Misugi.

—Sí, pero no podemos lamentarnos por nada en ese partido. Estamos satisfechos con nuestro nivel—. Replicó el primero, mientras los tres se acomodaban en su lugar.

—¿No regresaste a Hokkaido?

—No, todos volvieron después del partido de ayer, pero el entrenador me dijo que me quedara y mirara este partido para prepararse para el futuro, además — agregó en tono casual, —no quería volver con el resto… — se encogió de hombros.

—¿Eh? — dijo la pareja, pero Matsuyama parecía meditar algo en privado… y luego suspiró.

—Ustedes tienen suerte de estar juntos…

Yayoi sabía que más que suerte, era una fortuna.

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La primera vez que llevó a su capitán a ver un partido del «prodigio», conoció a la entonces animadora del Nankatsu, quien celosa le había dicho que era guardaespaldas de Tsubasa. Rió ante el recuerdo.

Yayoi estaba feliz de que Tsubasa y su capitán se conocieran, ambos se llevarían bien. Pero jamás había tomado en cuenta la rivalidad que podían forjar. Cuando supo que se enfrentarían, estuvo en un dilema, pues, aunque quería que Tsubasa jugara como tanto le gustaba, no podía permitir que su capitán saliera herido.

Manager—. La había llamado Jun durante el partido de Nankatsu vs Naniwa.

¿Sí?

Cuando nos enfrentemos a ellos, necesitaré estar allí todo el tiempo. Tengo que ser omnipresente en ese partido.

Él tenía su resolución. Pero ella ahora también, tenía la suya.

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El partido acababa de iniciar. Tanto Hyuga como Tsubasa mostraron su potencial: cada uno hizo explotar un balón con sus temibles tiros. Todos estaban maravillados con tan grandes proezas.

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«¡Te lo ruego Tsubasa, deja que gane nuestro capitán! ¡Está enfermo del corazón y pronto no podrá seguir jugando al futbol!»

Ella había decidido contarle a Tsubasa ese secreto, por el bien del capitán, para que pudiera cumplir su sueño de ganar el torneo… como resultado, y aunque en un principio Tsubasa se había negado a su petición, al ver las condiciones de Misugi, con el pasar del partido, perdió su motivación.

Cuando Misugi la golpeó, le dolió mucho más escuchar las palabras de su capitán, que el mismo golpe. Y lloró, como nunca antes, arrepintiéndose de su acción; pero el único deseo de ella era serle de ayuda, no quería que se sobre esfuerce, pues Tsubasa le daría mucha batalla. Cuando Tsubasa encontró nuevamente su convicción, pudo estar tranquila, pero la angustia no tardó en volver a ella.

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1-3. Toho llevaba ya una ventaja de dos goles, y el Nankatsu decayó anímicamente. Pero su capitán no cedería, después de las palabras de aliento que les dio, comenzaron el juego más animados. Y todos los apoyaban, incluida ella.

Pero Tsubasa no estaba en sus mejores condiciones. Entonces Yayoi se preguntó cómo lo estaría tomando Sanae en estos momentos. Puede que lo estuviera apoyando, pero indudablemente también sufría.

Tal y como ella sufrió por Jun.

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En ese tiempo, sufrió al ver su condición.

Cuando cayó al suelo agarrándose el pecho con dolor.

Cuando, a punto de ser remplazado por otro jugador, se negó a abandonar el partido hasta el final.

Cuando no pudo detener a Tsubasa, por el dolor que sentía.

Cuando, le pidió a Honma que le hiciera el pase, decidiendo anotar un gol más.

Cuando, fervientemente tuvo el duelo con Tsubasa frente a la portería del Nankatsu, y aún en el suelo, no perdió la resolución de ganar.

Cuando buscaba con desespero el balón, y ella tuvo que gritarle: «¡Capitán, el balón está encima de ti, a tu derecha!».

Sufrió, sí. Pero sabía que más que nunca debía de apoyarlo. Porque así, con esa pasión por el futbol, Jun anotó un gol más.

Todos estaban expectantes, él no se movía. Ella perdió el aliento por ese instante. «Está latiendo… mi corazón aún late» jamás sintió tanto alivio en su vida. Él estaba bien. «…mi corazón no está roto», mencionó Jun…

Al igual que Sanae hacía ahora, por la persona que amaba, en ese entonces, apoyó a Jun. Aun cuando perdieron el partido.

No pudo evitar correr al lado de él para ayudarlo.

¡Capitán! ¿Se encuentra bien?

Todo va bien, manager… ¿me dejas apoyarme en tu hombro por favor? En el partido de hoy tus indicaciones fueron de gran ayuda; jugué bien en este partido gracias a ti.

Capitán…

Gracias por todo lo que has hecho…

Su condición desde ese momento, ya no fue un secreto para el mundo.

Misugi le pidió perdón por ser tan impulsivo, y ella lo perdonó, no necesitaba decir más.


Después de eso, se retiró del fútbol, siguiendo a su capitán. Decidió apoyarlo en todo momento, y así lo hizo.

Durante las largas estancias hospitalarias, la pasó en la sala de espera, junto a los padres de éste, rezando por su bienestar.

Estuvo noches en vela, cuidándolo cuando la señora Misugi, necesitaba descansar.

Lo acompañó a rehabilitación y trabajó con él sus ejercicios, dispuesta a hacerle volver a jugar el deporte que más amaba.

Estuvo con él, cuando éste se rehusaba a tomar sus medicamentos o a seguir su tratamiento, animándolo, recordándole que todo lo que hacía era para cumplir su sueño, y diciéndole que no lo abandonaría jamás.


La relación que compartían era mucho más estrecha que con cualquier otro. Él, la trataba mejor que a nadie, estaba muy agradecido por su apoyo incondicional, y también en algún momento le prometió nunca volver a lastimarla, pues aún después de tanto tiempo se sentía apenado por golpearla en su mejilla. Bastaron muchas noches en un año completo, para aceptar haberse enamorado de Misugi Jun.

Sin saber exactamente cómo, se había convertido en una gran amiga de Nakazawa Sanae, y muy a menudo le escribía cartas con los progresos que mostraba su capitán.

No hacía falta que le contara sobre su amor por él, muy seguramente Sanae lo había deducido ya.

Pero en esos dos años, él no había mostrado un interés más allá en ella. ¿Correspondería sus sentimientos? ¿Cómo saberlo?

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Ya era medio tiempo. Tsubasa había hecho un esfuerzo sobrehumano por anotar un gol más y ahora pagaba las consecuencias en la oficina médica.

—Misugi del Musashi—. Escucharon una voz por detrás de ellos, —soy Katagari de la asociación japonesa de futbol. Quisiera hablar con usted.

—¿Conmigo? — Jun estaba asombrado, y ellos dos tampoco se quedaba atrás—. ¿De qué quiere hablar usted conmigo?

Katagari quería que Misugi participara en el campamento de entrenamiento japonés. ¿Aquél que solo era para los jugadores del torneo? Las palabras de ánimo de parte de Matsuyama y Yayoi no se hicieron esperar.

—No estarías participando como un jugador, sino como entrenador.

Katagari expresó su interés en el intelecto del as de cristal, quien se encontraba dudoso con la propuesta. Un entrenador de la misma generación, borraría los puntos débiles.

—Espere, ¿está diciendo que Jun no tiene el potencial de ser jugador de dicha selección? — Yayoi no quería creer eso.

—No estoy diciendo eso. Sabemos que Misugi Jun causó varios problemas al Toho, el ganador de la final del torneo de la prefectura de Tokio. Pero eso queda en nada con su enfermedad del corazón.

Ahí iba de nuevo… la enfermedad del corazón era su mayor impedimento para que fuera el mejor jugador del mundo. Les dolía a los dos, pero sabían que no se podía hacer nada. Katagari pensaba que lo mejor para la selección era alguien que pudiera fortalecer los puntos fuertes de cada uno. Y así algún día pudieran ganar la copa mundial, un sueño algo ambicioso, pero que Jun también anhelaba.

—Así que, estaría participando en este campamento de entrenamiento, no como jugador, sino como entrenador…

—Así es—. Le respondió Katagari.

—Jun… — Yayoi no sabían qué decir.

—Misugi… — Matsuyama tampoco.

—Necesito… necesito algo de tiempo antes de responder…

—Sí, entiendo. Quedémonos con ver el segundo tiempo de este partido, por ahora.

¿Qué le podía decir?

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El partido continuaba. Nankatsu había empatado. Pero Tsubasa estaba en mal estado. Su hombro debía estar desmoronándose. El final del partido estaba cerca.

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¿Cómo saber si Misugi Jun la amaba? Aunque eran muy cercanos, no podía asegurar que tenían una «relación». Lo único que sabía era que estaba completamente enamorada de él, además de que, por momentos, se dejaba ilusionar por los indicios que al parecer le daba el chico… indicios que parecían tan reales como el amor que ella misma le profesaba.

Pero todo cambió hace unos meses, cuando visitaron a su doctor.

Habían quedado de verse frente a la tienda de helados: irían juntos.

Ella como de costumbre, había llegado momentos antes y ahora estaba esperando, viendo a ningún lugar en particular, cuando alguien le habló.

¿Yayoi-Chan? ¿Eres tú? — Miró al chico que se acercaba a ella—. No lo puedo creer, ¿Me recuerdas? — Lo conocía de su ciudad natal. Era Sagara Daisuke.

¿Eres Sagara-kun?

¡Si me recuerdas! ¡Es una alegría verte Yayoi-chan! — el chico estaba emocionado; al verlo detenidamente, se dio cuenta que había cambiado muy poco. Ahora era más alto y no era de mal ver, al contrario, se había puesto algo apuesto… pero no para competir con su caballero de cristal.

Es un gusto volver a verte…

Me acabo de mudar a Tokio por trabajo de mis padres, estaba algo molesto al venir aquí… pero el encontrar a alguien conocido realmente me pone muy feliz.

Oh, ¿En serio? Pues me alegro por ti, hace mucho que no nos vemos…

Platicaron un rato, hasta que llegó Jun, interrumpiendo de una manera algo molesta, si no lo conociera hubiera jurado que estaba… ¿celoso? No hablaron de eso, ya tendrían tiempo de aclarar las cosas después.

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En la consulta recibieron la mejor de las noticias.

De acuerdo, estás listo—. Jun quedó congelado por un momento, ella que estaba parada por la puerta, perdió el aliento.

¿E-Es en serio? — Preguntó él aun sin creérselo.

Sí, he visto tus grandes esfuerzos para poder jugar soccer de nuevo, —respondió el galeno—. Tu corazón era pequeño en comparación con el tamaño de tu cuerpo y tus otros músculos, pero ahora es un poco más resistente por tus esfuerzos realizados estos dos años.

Doctor. ¿entonces yo soy capaz de jugar un partido de soccer?

Sí, tienes mi aprobación para jugar el siguiente torneo.

¡Sí! ¡Genial! — Saltó Jun de su asiento. Yayoi se permitió respirar tranquilamente.

Felicidades capitán…

¡Encargada! — Alegre, se acercó a ella y le tomó sus manos entre las propias; —¡Gracias por haberme asistido durante estos dos años! ¡Gracias a ti puedo jugar un partido de nuevo!

Ese simple gesto que duró solo unos segundos, hizo que ella tuviera una pizca de esperanza… ¿cómo podía saberlo?

Jun se percató de lo que hacía y avergonzado, llevó sus manos hacia su espalda.

Ah… lo siento…

No… — ella no sabía qué decir.

Hahaha, jóvenes—. Reía encantado el médico.

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—Jun, creo que Tsubasa no debe jugar más… — estaba preocupada, no era para menos. El segundo tiempo extra estaba por iniciar, y aunque Nankatsu llevaba la ventaja con un 4-3, el chico prodigio estaba más que exhausto. Lógico si hasta hace unos momentos, tuvo que salir en camilla directo a la enfermería, inconsciente, después de anotar el gol.

—Pero les puedo asegurar que Tsubasa jugará en el segundo tiempo—. Jun tenía razón.

—Sí, este chico va a seguir jugando hasta el final—. Agregó Matsuyama.

Imaginó cuanto debería estar sufriendo Sanae. Yayoi entendía ese sentimiento.

Sonrió, él estaría bien. Lo sabía porque ya había pasado por lo mismo.

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Esa misma tarde, después de salir de la visita médica, tuvieron una plática sobre lo que pasó antes, con Sagara. Y, aunque Yayoi se había molestado un poco, olvidándose incluso de la buena noticia del día, al final terminó sintiéndose la persona más dichosa del mundo.

—…en realidad, yo… yo t… yo te amo, Yayoi.

Ella no salía de su asombro, ¿era verdad lo que escuchó? ¿Jun la amaba? ¿Cómo saberlo? Eso, eso… la hizo sonrojar a más no poder. Debería saberlo, la mirada que le daba, lo decía todo: Jun hablaba en serio. No pudo evitar que las traicioneras lágrimas bajaran por su rostro. Le sonrió cálidamente. Quiso decirle miles de cosas, pero no salía palabra alguna de su boca. Olvidó incluso que momentos antes estaba indignada.

Jun… — susurró. Antes que pudiera lograr decir más, los labios del capitán encontraron los suyos, uniéndose en un dulce beso.

No hubo más. Ahí se dijeron más que todas las palabras que pudieron haber pronunciado antes. Cuando sus miradas se encontraron, por fin se sintió libre para responder.

Yo también te amo, Misugi jun.

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Era algo que, por supuesto, tenía que «informar».

«Sanae, te tengo buenas noticias: nuestro capitán podrá jugar algunos partidos de nuevo. El capitán está listo para luchar contra Tsubasa de nuevo durante el torneo nacional.

PD: Sanae, ¿cómo va tu relación con Tsubasa? Si te preguntas por la mía, lo puedes ver en la fotografía.

Aoba Yayoi».

Desde entonces para nadie era un secreto su relación. Ni siquiera para ningún equipo en Japón.

«Oh, el collar que me regaló Jun está hermoso… tengo que presumirle a Sanae»

¡Pero claro que tenía que presumir su fortuna!

Ahora compadecía un poco a Sanae porque su relación con Tsubasa no había cambiado casi nada. Él sí que era lento.

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—¿En qué piensas, Yayoi?

—En nada Jun… sólo… se ha terminado.

—Acabó en un empate. Ambos equipos merecían la victoria—. No podían estar más de acuerdo con Matsuyama.

Vio a Tsubasa y Hyuga intercambiar camisetas. Sanae ya podría respirar aliviada. Lo sabía porque en algún momento, vivió lo mismo.

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—Matsuyama, te han elegido—. Lo felicitó. Había quedado entre los 24 mejores del torneo.

—Si—. Contestó, —¡Misugi!

—¿Eh? — Yayoi volteó hacia lo que el chico veía.

—Señor Katagari, — decía el as de cristal, —estoy de acuerdo con unirme al equipo como entrenador.

—Sí, bien. Cuento contigo—. Mencionó antes de retirarse.

Jun volteó a verlos, sonriendo. Eso bastó para que toda preocupación que Yayoi pudiera tener sobre esa decisión desapareciera.

Sonrío. Ahora, Aoba Yayoi era feliz. Sobrellevarían lo que fuera juntos. Después de todo, tenía al príncipe del campo a su lado. Lo amaba.

Y Misugi Jun la amaba. ¿Cómo saberlo? Pues ella lo sabía, y eso era más que suficiente.

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Fin del segundo capítulo.

No estoy segura de que haya quedado como esperaba, pero si dejé algún hueco argumental, espero llenarlo con la parte de Misugi... porque sí, habrá un capítulo sobre el príncipe del campo... más adelante.

Como se podrá apreciar, esta es una combinación de sucesos del manga, con un poco de mi invención, espero no decepcionarlas con ésto ni con lo que viene...

Pido disculpas si en estos episodios encuentran alguna falta ortográfica o un error de redacción, es con lo que más he luchado, y se me pudo haber escapado alguno por ahí...

Mil gracias a quienes se han tomado la molestia de leer este fic, me hace muy feliz saber que a alguien le gusta mi historia.

Princesalirio, gracias, en verdad aprecio tus palabras; amo Captain Tsubasa y siempre quise plasmar algo que representara las relaciones que ahí mismo se presentan; claro que habrá más capítulos sobre ellos, sólo que será un poco más adelante.

Lety, si te hice suspirar, creo que logré mi cometido, yo también suspiré de imaginarme esas escenas... gracias por tu comentario, claro que no olvidaré la historia, trataré de actualizar lo más pronto posible, aunque a veces se me haga difícil... pero ten por seguro que la terminaré.

tessa22, gracias, espero que te haya gustado el capítulo. Estaré actualizando lo más pronto que pueda.

Tea Mutou, en verdad aprecio tu interés. Gracias.

Me gustaría saber su opinión de este capítulo, y en general del fic, por si piensan que puedo mejorar en algún aspecto, estaré encantada de saberlo:)

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Estaré ocupada en estas dos semanas, por lo cual dudo que pueda actualizar pronto; no prometo nada, pero espero que a más tardar en quince días pueda subir el próximo episodio. De no ser así, durante la semana del 11 del próximo mes, trataré de actualizar, sí o sí.

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Eso es todo. En el próximo episodio: Yoshiko.

Gracias por leer.

Saludos,

ShelenyPrice