Si el anterior se basaba en lo que pasó en Viña del mar, este es un poco después de que deciden volver a los estudios -posiblemente después de Patana Enamorada-. Me puse de stalker en el timeline de Twitter de Mario Hugo y resulta que el Guari se lo secuestró 0_o ay mamá. En fin, si me lee algún tapatío y va a ir al concierto este domingo 23, ayúdenme a gritar "¡Beso, beso!" (y si no funciona "Otra oportunidad!").
31 minutos no es mío porque entonces saldría más CCRM.
Era un poco como volver a casa. El estudio estaba casi igual a como lo habían dejado hacía seis años, razón para entirse nostálgicos y empolvados. Más que por su edad, empolvados porque Juanín los había obligado a todos a limpiar todo.
Y parte de volver era encontrar los ramitos convertidos en polvo otra vez, recibir nuevos ramitos que de nuevo rechazaría. Patana suspiró ante la idea de que eso también volvía a ser una rutina.
La semana en que discutieron, aparte de las nuevas secciones, candidatos a reportear esas nuevas secciones –donde conocieron al simpático Anatoli y su asistente, Olga- y otros asuntos menos importantes, debían de decidir donde pondrían la nueva colección de corbatas de Tulio, que vaya uno a saber como es tenía tantas.
Y mientras aquellos ramos y cajas de chocolates se amontonaban sobre el piso, había algo que disminuía y terminó por poner a su dueño en una disyuntiva.
El pobre chihuahua deambulaba como ánima en pena por el estudio, hasta que no le quedó más que tragarse su orgullo e ir a tocar al cubículo de Patana.
-¿Qué sucede Mario Hugo?- intentó parecer amable, aunque no quería ser interrumpida, ya que estaba afinando los detalles de su reality. Y quien realiza cualquier trabajo creativo sabe lo difícil que es volver a capturar la inspiración.
-Patanita… es que lo que sucede es que…- balbució, tratando de hilar sus ideas. Era tan vergonzoso su caso que prefería morirse a hacer lo que haría.
-Por favor, otro regalo no.
-No, no es eso. Esto no me suele pasar… seguido. Yo necesito…- tragó saliva.- Necesito que me prestes dinero, para comprar comida.
-¿Para tus perros?- inquirió, un poco preocupada por los cuarenta animales.
-Más bien para mí.- bajó la cabeza, apenadísimo. Puso sus mejores ojos de perro regañado (y contrario a lo que contaban en el canal, él nunca usaba esa técnica), a ver si lograba ablandar el corazón de la chica. Ella dio un suspiro hastiado.
-¿Cómo es que te quedaste sin dinero?- preguntó. Por toda respuesta, él señaló el piso, sintiendo que se le rompía un poco el corazón al sentir el peso de cada día en que se repetía que sería el día del sí, pero siempre eran el día del no. Como si fuera la canción de Papá te quiero. La pajarita miró al cielo-. Por eso es que te digo que no, Mario Hugo.
-¿A qué te refieres?- murmuró, atontado-. Sé que tengo un sueldo igual de malo que el tuyo pero por lo menos quiero que sepas que a diario pienso en ti.
-¡Y justo por eso quiero que dejes de hacerlo!- se le había agotado la paciencia-. Si no eres capaz de cuidar de ver por ti y te agotas totalmente ¿Qué vas a darle a alguien más si ya no tienes nada para dar?
El reportero se quedó de piedra. Con un hilo de voz apenas pudo responderle.
-Tienes razón.
-Mira, no puedo prestarte mucho dinero pero puedo invitarte a comer a mi casa, siempre hago de más, para congelarlo y tener en caso de emergencia.
"Caso de emergencia" que permitía entender de donde había salido el reality del refrigerador: A Patana se le olvidaba la comida, hasta que cada alimento se volvía un ecosistema de biodiversidad.
-¿En serio?
-En serio, de corazón te lo digo.- asintió, sonriendo. Detrás de ellos comenzó a sonar el típico y ya molesto "uuuuuuh". Patana los miró, molesta-. ¡Bueno ya, fuera! ¿No tienen nada mejor que hacer?
-¡No!- le respondieron.
Al reportero se le iluminaron los ojitos al oír eso. Sin darse cuenta ya estaba estirando la trompa para darle un beso, ambas manos juntas sobre el corazón.
-Eh ¿Mario Hugo, qué haces?- le preguntó su colega, extrañada. Eso lo hizo volver a la realidad, totalmente apenado.
-Son ejercicios para la cara. Bueno ya, me voy. ¡Gracias de nuevo, Patanita, te veo a la salida!
Notas:
Lo del ecosistema de biodiversidad salió de la canción "en mi casa" del Reno Renardo (que digo de broma que es lo que pasaría si me fuera a vivir sola alguna vez). Cada año es más graciosa por lo del yogur.
Neh, supongo que el siguiente drabble podría ser de lo de la salchicha pervertida... ocuparé volver a terapia por eso.
