01.- Infatuación


Harry sabía que Severus no era un hombre fácil, pero esperaba que los "buenos tiempos" de la paz, hubieran hecho algo en el hombre, al menos un poco de redondeo en sus bordes... estaba equivocado.

Severus y él llevaban un año de relación, al menos viviendo juntos, y dos de persecución. Harry había regresado a Hogwarts luego de la caída de Voldemort y llegó a un acuerdo con el hombre que tantas veces lo desprecio como le salvó la vida. Harry lo empezó a perseguir activamente el día siguiente a la graduación y le tomó más de un mes de persistencia que Severus aceptara tomar un café con él.

Luego le tomó medio año lograr que el hombre lo dejará entrar en su casa y todo un año para que Harry moviera sus cosas de Grimmauld Place a Spinner's End. Llevaban un año como pareja establecida, sin contar todo ese año de cortejo. Harry ahora tenía 21 años y estaba frustrado como el infierno con Severus.

Nada de lo que él hacía le agradaba al hombre.

Harry había respetado la "decoración" del hombre y Spinner's End seguía tan sombrío, tetrico y lleno de telarañas como el primer día que llegó. Las mismas viandas seguían en la alacena, la ropa de Harry apenas se distinguía del mar de ropas negras en el closet de Severus y fuera de un cepillo de dientes y el propio Harry cuando comían, no había indicios de alguien más viviendo ahí además de Severus.

Ron y Hermione jamás iban a Spinner's End a cenar o siquiera a tomar el té. Y Ron era el más vocal para decirle a Harry que abandonara al bastardo grasiento, ya que fuera del hecho de ser un "héroe de guerra", no apreciaba a su amigo, Hermione estaba de acuerdo con él, pero con palabras más adecuadas y educadas.

Incluso Andrómeda había manifestado su descontento con Severus y el hecho de que Harry siempre tenía que trasladarse para ver a Teddy en vez de que Teddy fuera a ver a su padrino. Sirius aún odiaba a Snape, pero Remus ahora incluso odiaba a Snape, y eso que él solía ser bastante neutral en el pasado.

En general, todos, a excepción del director y McGonagall, estaban seguros de que Snape solo "toleraba" a Harry, mientras Harry era el único enamorado en esa relación.

El punto de inflexión para Harry fue cuando se ausentó de la casa por causa de un accidente del trabajo. Nada grave en realidad, solo un esguince de la mano pero que tomaría al menos unas horas en hacer efecto la poción y no pudo llegar a casa para la cena. Harry llegó corriendo a las 9 para al menos tomar un café con Severus, seguro de que al menos su pareja le calentaría la cena.

Cuando llegó, Severus estaba en la sala, absorto en algún oscuro tratado de pociones de algún siglo antes de que naciera Albus y había solo un plato en el fregadero, lavado y todo, pero solo un plato, nada más. No había un "¿Dónde estabas?" o un "Estaba preocupado por ti". Nada.

Harry estaba ahí, solo, en la cocina, con sus manos juntas y sus dedos entrelazados. Severus bostezo y se movió de la sala hacia la escalera, luego de colocar el libro en su lugar, con la página marcada y un amor que se veía en su rostro, al acariciar el dorso del oscuro texto. Ese brillo en los ojos que jamás estuvo ahí para él.

Severus se había ido a dormir y apago las luces con un apenas murmurado Nox y Harry quedó en penumbras. Primero fue un sollozo, luego puso una barrera de silencio y lloró copiosamente por lo que le parecieron horas, y dejó que sus lágrimas brotaran por todo el tiempo que las había estado reprimiendo.

La realización de lo que sus amigos le habían dicho en repetidas ocasiones lo golpeó con la dureza de una Bludger y este dolor apenas se comparaba con el de esa otra Bludger que lo golpeo en su segundo año. Este dolor era más profundo y de más duración que cualquier cosa que hubiera sufrido.

Ni siquiera supo cuando se durmió, ni cuánto tiempo había estado durmiendo sobre sus manos y en una incómoda posición en la silla del comedor. Severus al parecer, había salido y ni siquiera se molestó en despertar a Harry antes de tomar su desayuno.

Harry ya no lloró más. Había tenido una epifanía y decidió que no valía la pena continuar con todo este dolor, así que convoco todas sus cosas a la sala y casi lloró nuevamente al ver lo poco que había de él en realidad en esa casa. Ya no podía llamar a Spinner's End su hogar.

Tomó todas sus pertenecías encogiéndolas en una caja y se fue de la casa de Severus, esperando, a pesar de todo, que Severus encontrará la felicidad algún día, y que él también lo hiciera... algún día, quizás muy lejano.


Harry quería morirse, de preferencia de inmediato. Esperaba más apoyo de sus amigos, a los que había reunido temporalmente en Grimmauld Place (Sirius le ofreció un lugar mientras se quitaba el aroma a murciélago, sus palabras), quizás una borrachera de parte de Ron y sus hermanos, o al menos un buen consejo de Hermione, algo sensato y sensible de Neville y algunos abrazos y "Mejorara, lo prometo" de Sirius y Remus, o al menos de los señores Weasley.

Lo que recibió a cambio fue una alegría generalizada de todos sus familiares y amigos; un ceño fruncido de Albus, Minerva y por alguna extraña razón, Andrómeda; y un coqueteo insistente de parte de Ginny. La señora Weasley enumeraba todas las ventajas de una "posible" boda entre él y Ginny, mientras Hermione ya estaba planeando en voz alta con la susodicha cosas como el vestido y el ramo.

En medio de toda esta locura, solo encontró a una persona que no lo veía igual que todos, como si se hubiera quitado a un peso muerto e inútil de encima: Luna.

Harry se acercó a su amiga y esta le puso una mano en la cara, acunando su rostro y acariciándole la mejilla con ternura mientras le sonreía.

—Lo extrañas—No era una pregunta, sino solo la constatación de un hecho.

—Sí—No tenía sentido negarlo. Por mucho que el hombre hubiera sido un bastardo, Harry lo amaba profundamente—Lo extraño cada segundo. Lo amo más de lo que debería y me odio por irme, pero necesitaba hacerlo. Estar ahí, era como cortarme cada día. Me dolía el corazón—.

—Lo sé Harry—Luna le sonrió maternalmente—Pero es tu culpa en parte por no dejar espacio entre ustedes—.

—¿De qué hablas Luna? —.

—Harry, acabaste una tarea horrible y casi de inmediato, te pegaste como un patito al profesor. No recuerdo cuando fue la última vez que hiciste algo para ti, solo porque te daba placer hacerlo ¿Cómo iba a extrañarte y querer saber más de ti, si siempre estabas ahí para él? —.

—¿Estás diciendo que es mi culpa? ¿Qué lo forcé de alguna manera? —.

—No Harry, digo que él es un hombre adulto muy áspero y a la vez sensible. Digo que es una persona que no confía fácil y te dejo entrar a su casa, pero no sabe qué hacer contigo. Creo que en el fondo te ama, pero no sabe cómo amar ¿Me explico? —.

—No mucho—.

—Ve, vive, conoce otras cosas y cuando te canses de buscarte a ti mismo, vuelve y deja que la vida haga lo que sabe hacer mejor—.

—No creo entender mucho, pero lo que dices tiene sentido. Nunca he viajado o hecho nada nuevo—Harry suspiro mientras Luna retiraba su mano de su rostro—Entre a los aurores porque Ron iba a entrar y era algo que todos esperaban. Y ahora todos están emocionados por una boda que yo ni siquiera he aceptado—.

—Entonces no te cases—.

—¡Pero me odiaran! —.

Luna rio—Harry, es imposible que alguien con algo de bondad en su corazón te odie. Creo que solo... tienen una idea de lo que sería "bueno para ti" que en realidad es más lo que "quieren ellos", pero tu vida es tuya, tu corazón es tuyo igual que la vida de Severus y su corazón sus suyos—.

La conversación extraña y sentimental terminó ahí y luego empezaron a hablar de los viajes que Luna iba a empezar. Ya se había apuntado a una expedición que haría el nieto del afamado magizoólogo Newt Scamander y estaba emocionada por todas las posibles criaturas mágicas que encontraría y podría publicar como primicia en El Quisquilloso.

Harry le sonreía a su amiga y veía los ojos de Luna brillar con alegría y algo parecido al brillo de Dumbledore cuando hablaba sobre este trabajo. Harry decidió que quería eso, sentirse así de apasionado por algo, pero hasta ahora, lo único que lo había apasionado a ese grado, era Severus.

Luna tenía razón, ¿Qué era él? ¿Qué quería él en realidad? ¿Qué le apasionaba? ¿Qué era lo que quería en su vida? Severus era lo primero de su lista, pero no podía ser, así que debía buscar otras cosas, y mientras siguiera en Inglaterra, su nombre y su fama, y las "buenas intenciones" de su familia y amigos, lo comerían vivo y no quedaría nada de Harry en el proceso de "hacerlo bien" para él.

Luego de esa reunión, Harry convoco sus cosas silenciosamente de Grimmauld Place, las encogió todas y puso su llave dentro de su capa de viaje y salió de ahí con rumbo a Gringotts.

Ya en el banco, habló con Griphook sobre la posibilidad de disponer de sus activos en el extranjero y en menos de una hora, luego de hablarle al duende sobre querer viajar y ver el mundo, este le entrego una especie de tarjeta de crédito muggle a su nombre, un contrato de confidencialidad con el banco (de esa forma, nadie podría pedir informes sobre él) y papeles de viaje que cambiaban su nombre mágicamente, incluyendo el real, solo para despistar.

Harry dejó instrucciones para que le dieran algunas cartas a sus amigos, explicando sus motivos (sin decirles mucho sobre sus planes) y que regresaría en algún tiempo (quizás, con suerte, solo un año o dos, pero no iba a poner eso en sus cartas). A Ginny solo le envió una línea "No me esperes más, soy gay y jamás te veré como nada más que la hermana de mi mejor amigo".

Dejo todo en orden y al final del día, Harry Potter dejó Inglaterra armado con sus pertenencias más valiosas (las demás las dejo a resguardo en Gringotts): su amada escoba, regalo de Sirius luego de la guerra, el álbum de fotos de sus padres y otro donde estaban todos sus amigos y familiares, su bolsa de topo que le dio Hagrid cuando cumplió su mayoría de edad y finalmente, la única cosa que Severus le había dado alguna vez a Harry, un sencillo marco de plata vieja que parecía ser barato y sin chiste, del tipo que se conseguían en los mercados de pulgas. Harry no pudo dejarlo, no estaba listo para liberar a Severus de su corazón.


Hermione estaba fúrica con Harry, Ron estaba despotricando contra él y Ginny lloraba al tiempo que maldecía el nombre de Potter, gimiendo porque Harry no la amaba y odiando el que el joven arruinara sus sueños de convertirse en la señora de Potter.

Molly y Arthur estaban desconsolados, Arthur porque se preocupaba por como estaría pasándola su hijo menor (Arthur siempre considero a Harry su hijo) y Molly por dos cosas, como la estaría pasando y por abandonar a Ginny (aunque en honor a la verdad, Harry jamás había vuelto con Ginny).

Sirius estaba preocupado al igual que Remus y Andrómeda estaba elevando una plegaria a los dioses antiguos para que estuviera bien el adolescente. Albus suspiraba mientras compartía un vaso de whiskey con Minerva y ambos pensaban que esto era algo inevitable.

La última carta llegó a la caja de correo de Severus Snape, y fue cubierta inmediatamente por otras cartas entre facturas por pagar y órdenes de pociones que atender en su pequeño negocio de pociones vía lechuza.


La primer parada de Harry fue en Montecarlo. Había oído de los hoteles lujosos y los casinos y la vida nocturna y... ¡demonios! Había tanto que no había experimentado en su corta vida y pensaba que merecía una indulgencia por todo lo que había pasado en sus apenas dos décadas de vida, así que rento una habitación en el hotel más hermoso que hubiera visto antes por una semana y salió armado con su nueva tarjeta de crédito a gastar tanto dinero como pudiera. Griphook le había prometido cuidar sus activos y además, aún sin eso, tenía dinero como para que le durara tres o cuatro vidas de un mago cómodamente.

El primer día de Harry (en Montecarlo sus papeles le habían dado la identidad de Luis Marnier) había empezado con Harry siendo masajeado diestramente por Fabrizzio, seguido de un desayuno digno de la realeza, varios trajes Armani, Mr. Porter y Hugo Boss, un reloj que valía lo que una casa y mucha ropa que le hacía ver atractivo.

Incluso se había metido a una óptica donde le dieron unos fabulosos lentes de contacto graduados en menos de una hora y dos pares de lentes de armazón plateado, de forma cuadrada y redondeada en las esquinas que le daban una definición más adulta a su rostro.

Si las miradas femeninas de reojo y unas muy descaradas masculinas eran algo que tomar en cuenta, Harry se sabía atractivo. Lo último de ese día antes de regresar al hotel fue hacerse un tatuaje y un corte de cabello. Su muñeca izquierda ahora exhibía un Fénix en negro y líneas fluidas y su cabello por fin había sido arreglado de una forma que no parecía un nido de pájaros sino que había sido despeinado a propósito.

Luego de cenar, fue a apostar una pequeña fortuna a los casinos y perdió tanto como gano, dejándole un saldo positivo casi a las tres de la mañana, y Harry agotado, cayó rendido en su cama. La vida de Luis Marnier era sencillamente opulenta y Harry decidió que al día siguiente compraría un auto. Por fortuna, había tomado clases de manejo y el auto le daría aún más libertad.

Además, siempre había querido saber qué se sentía conducir un Aston Martin como el de James Bond.

La semana de opulencia dejó un saldo apenas positivo en los gastos de Harry, pero ahora era el dueño de una hermosa villa en las afueras de Montecarlo, la cual dejó al cuidado de una familia local a la que proveyó con suficientes recursos y una cuenta de gastos, así como un sueldo adecuado y mucha de su ropa nueva se quedó en esa villa.

Harry quería tener un refugio a futuro y Montecarlo le había gustado mucho. Así que le dolió un poco alejarse de la ciudad, pero se consoló pensando en su siguiente destino. La señora Giordano le había recomendado darse una vuelta por Nápoles, Palermo o Génova. Y que si iba a la isla de Capri, buscará a su hermana Orlena.

Harry le prometió visitar entonces la isla, solo para conocer a la hermana de su nueva ama de llaves. La señora Giordano lo despidió con besos en las mejillas y bendiciones en francés e italiano. Harry sintió un tirón de nostalgia al recordar a Molly, pero aún no estaba curado. Su corazón apenas empezaba a remendarse de algunos rasguños, y tenía que trabajar más en sí mismo antes de volver a Inglaterra. Y lo más importante, aún no descubría quién era él y que quería de su vida.

Harry se fue de ahí al atardecer y con rumbo a Italia.


Mientras Harry estaba descubriendo el mundo y buscando que quería él de su vida en el proceso, Severus Snape salía de su enclaustramiento físico y mental y se disponía a cenar. Últimamente había estado muy tranquilo y Severus se preguntaba por qué. Normalmente Harry estaba pululando alrededor de la cocina por esas horas, y preguntándole a Severus que quería de cenar.

Severus normalmente gruñía algo sobre comer cualquier cosa y que no fuera tan pegajoso. Por eso Severus estaba extrañado de notar que había una capa de polvo en la mesa de la cocina, y además de los caminos limpiados por sus propios movimientos en días anteriores, no había mucho que denunciara que hubiera alguien más que él en la casa.

Extrañado, Severus se encogió de hombros y continuó la exploración de su hogar. El refrigerador estaba casi vació, sus suministros de pociones estaban en números críticos y la casa parecía una especie de zona de guerra ¿Qué había pasado aquí?

Severus exploro su habitación y notó que las cosas de Harry no estaban en el closet y que el marco de plata que le había regalado no estaba en el buró. Ni la escoba del pulgoso. Severus empezó a preocuparse y pensó brevemente en llamar por flu al pulgoso o a su amigo lobo, pero entonces notó la caja de correo desbordándose y su atención se centró en las cartas.

Cuentas, cuentas y cuentas por pagar. Severus ni siquiera recordaba la última vez que pago una cuenta, eso siempre lo hacía Harry. En su closet ya no había más allá de un par de túnicas limpias y en general, todo estaba bastante sombrío. Siguió revisando las muchas cartas de la caja y finalmente encontró la carta de Harry.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Mi amado Severus

Me voy. Puedes llamarme cobarde si quieres, pero no me importa. Amarte a ti, requirió hasta la última gota de todo mi valor de Gryffindor, y de toda la paciencia del mundo y estoy agotado de ambas cosas.

No puedo decirte que me arrepiento de amarte, porque ese amor sigue fuerte en mi corazón y no creo que mengüe en el corto plazo, pero ya no puedo continuar a tu lado. No te hago feliz.

Te he amado, cuidado y facilitado la vida tanto como me era posible y solo recibí a cambio tus gruñidos y mal genio. Incluso eso era preferible a la indiferencia que he recibido a últimas fechas y lo supe. Nunca me amarías de vuelta.

Perdóname por arrastrarte en una relación que te hacia tan claramente infeliz en mi deseo de tenerte. Perdóname por favor.

Solo me queda decirte que tienes tu vida de vuelta. He vaciado tu casa de cada rastro de mi presencia en ella, pero no puedo regresarte el marco. Permíteme quedarme con él, ten esa indulgencia por favor.

Harry.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Severus arrugo la carta y miró la fecha en el sobre. La carta había sido enviada una semana atrás, lo que significaba que Harry había estado fuera por ese tiempo. ¡Maldito Gryffindor! Bueno, Severus Snape no le rogaba a nadie, ya volvería el mocoso, le daba solo dos días más antes de tenerlo en su puerta como un cachorro perdido.

Paso otra semana y Harry no volvía. Severus estaba harto y lanzó un puñado de polvo flu a la chimenea y llamó a Albus.

El anciano mago no tuvo piedad con Severus y fue especialmente vocal respecto al maltrato que Severus le había dado a Harry. Severus se defendió diciéndole que jamás había golpeado al joven y que ciertamente, los moretones en su cuello eran más una marca de amor durante el sexo que una agresión.

Albus se pasó las manos por la cara, frustrado con el obtuso mago.

—Severus, ignorar a alguien también es una forma de maltrato—Severus cruzó sus brazos y se negó a continuar esta discusión y le pidió a Albus que simplemente le dijera donde estaba el chico para ir por él y arrastrarlo de vuelta a casa. Albus sonrió, de forma muy parecida a cualquier Slytherin—No puedo decirte, ya que no lo sé—.

—¿Cómo que no sabes? —.

—Harry se fue y dejó un contrato de confidencialidad con los duendes de Gringotts, ya no está en Inglaterra—.

—Sus amigos ¿no saben nada? ¿La sabelotodo? ¿Weasleys? ¿Cualquiera de ellos? —.

—Puedes intentarlo, pero están tan perdidos como el resto de nosotros—.

—¿Su ahijado? ¿El lobo? ¿El saco de pulgas? —.

—Nada, todos ignoramos su paradero—.

—¡Es que no tiene sentido! ¡Nos abandonó a todos! ¿Por qué? —.

—Principalmente, tú. Pero creo que Harry simplemente se dio cuenta que había vivido mucho con las expectativas de otros, incluyéndome, y quiso salir al mundo y ver que más había para él—.

—Estás diciendo que no sabes dónde está, pero dices que seguramente se fue a recorrer el mundo. No estoy entendiendo nada—.

—Harry nos avisó que había dejado tu hogar, Severus. que se había cansado de esperarte, así que sencillamente te devolvió tu espacio. En esa reunión en Grimmauld Place, estaban todos aquellos que significan algo para Harry y sus amigos y Ginevra ya estaban lanzando planes de boda, ya que Harry era soltero de nuevo...—.

—Si claro, como si la menor de los Weasley tuviera el "equipo adecuado"—.

—Déjame terminar, Severus—Severus gruñó pero guardó silencio—Observe que Harry se fue a hablar con Luna y algo que dijo la señorita Lovegood pareció hacer pensar a nuestro muchacho y bueno, luego de eso, él se fue. Busque a la señorita Lovegood al día siguiente de la partida de Harry y me dijo que ella estaba por irse a una expedición y que simplemente le había recomendado a Harry que buscara lo que de verdad quería en esta vida, su verdadera pasión—.

—Así que crees que Harry se fue a un viaje de auto-descubrimiento o algo así ¿Cierto? —.

—Es mi mejor apuesta. Eso y que viajará por el mundo un tiempo, ver más allá de los muros del mundo mágico que esperan que él se comporte de cierta forma, y de las ideas que sus amigos creen que serían mejor para su vida—.

—¿Qué más sucedió? —.

—Nada más allá de lo esperado—Dijo Dumbledore juntando sus manos mientras hacía una pausa con el único fin de irritar al otro hombre—Sus amigos y los señores Weasley, apoyados por Sirius y Remus, estaban ya planeando su boda con la jovencita Weasley, como ya te había comentado. Ronald seguía diciendo como su hermana era mejor que tú, Hermione diciendo lo bella que luciría Ginevra en un vestido de bodas y así hasta el infinito—.

—Eso debió ser incomodo—Dijo Severus, sin dejar ninguna de sus emociones y deseos de venganza fuera de sí mismo. Pero para desgracia de Severus, Albus lo conocía muy bien.

Albus convoco dos tazas de té y se empezó a tomar la suya, sin dejar que ninguna emoción fuera de las usuales se reflejara en su rostro. En este juego, Albus le llevaba mucha ventaja a Severus, así que decidió revolver un poco las cosas. Se lo debía a Harry y a este hombre al que amaba como su propio hijo pero que a veces se le antojaba abofetearlo hasta el cansancio.

Luna era un sol y estrellas en cuanto a querer a Harry y compartía el afecto de Albus hacía Severus y creía que ambos hombres se amaban profundamente, locamente, verdaderamente y que necesitaban solo algo de tiempo alejados para verse más cercanos. Albus entendía perfectamente la paradoja: no se extraña lo que se tiene cerca.

Severus necesitaba también su propio viaje al igual que Harry.

—No tanto como crees. Harry no es renuente a la idea del matrimonio, pero acaba de salir de una relación y fue muy imprudente de parte de los jóvenes el presuponer lo que podría querer o no Harry. Aún es joven y pueden pasar muchas cosas. Quién sabe. Quizás en su viaje conozca a alguien—Dijo Albus, encogiéndose de hombros y sorbiendo su té.

Una mano rápida y certera tiro la taza de té de la mano de Albus y este se encontró siendo el receptor de una fiera mirada—Él ya tiene a alguien ¡A mí! —.

—¿En serio? La última vez que vi, Harry era quién estaba detrás de ti y tú lo dejabas convenientemente de lado—Esta vez, la mirada de Albus carecía de brillo.

—No soy muy demostrativo pero en serio lo amo—.

—Severus ¿Cuál es el color favorito de Harry? —.

—Erh, verde—.

—No—Dijo Albus, meneando la cabeza—Son dos colores, azul oscuro y negro. Otra pregunta ¿Cuál es su postre favorito? —.

—¿Tarta de melaza? —Dijo Severus, frunciendo el ceño, recordando que solía comerlo en Hogwarts.

—Error nuevamente, tarta de limón con merengue horneado y pastel de chocolate amargo. La tarta de melaza fue uno de los primeros postres que probó en su vida y se aficionó rápidamente, pero conforme probó otras cosas, descubrió que le gustaba la acidez del limón y el amargor dulce del chocolate amargo—.

—¿Qué estas intentando decirme? —Severus estaba anonadado de lo poco que sabía sobre el hombre con quién había vivido un año entero y tenido una relación por dos.

—¿Cómo puedes amar a alguien a quien apenas conoces? —.

Severus iba a protestar, pero en cambio, se separó de Albus y agarró un puñado de polvos flu y se fue de la oficina de Albus, pensativo y con un peso extraño en el corazón. Era como si hubiera descubierto que tenía una capa de plomo rodeándolo.

Albus sonrió a las llamas que estaban apagándose cuando su muchacho favorito se iba. Tenía que confiar en Luna, sus muchachos se necesitaban uno al otro pero si seguían tan cerca, solo estarían cada vez más lejos.

Mientras Albus meditaba sobre lo que acababa de hacer (que era el equivalente a picar con un palo un nido de avispas), Severus Snape estaba destrozando parte de su casa por frustración y maldiciendo el nombre de Harry Potter y el susodicho, estaba llegando a Nápoles y ya había visto el mejor hotel al que podía ir. Harry estaba emocionado por conocer más de esta ciudad.


Nota al margen: este fic va a ser corto, y esta inspirado en dos cosas, un libro y una canción. A ver si adivinan cuales dos son.

Def. de Wikipedia: La infatuación (derivado del inglés infatuation) define un estado emocional caracterizado por el dejarse llevar por una pasión irracional, especialmente por un amor adictivo hacia alguien. La infatuación está caracterizada por: urgencia, intensidad, deseo sexual y/o ansiedad, donde hay una extrema absorción del uno con el otro. Se le asocia comúnmente con la juventud y denota infantilismo. Este uso del término no es muy común y no figura en el diccionario de la Real Academia ni en el Diccionario del español actual de Seco, Andrés y Ramos. La RAE propone en su lugar el vocablo "encaprichamiento".