Primeras.

Por Sve.

II: Primera Mentira.

El amo del infierno tenía una clara regla para sus subordinados: nada de mentiras.

Con sólo una mentira, aquellos a su alrededor podrían destruirlo todo. Oh, él era muy organizado y nada debía escapar a sus manos, nadie le mentía, o por lo menos, nadie mentía en el averno. Nadie que saliera de las tinieblas mentiría nunca.

Pero el Conde Ciel Phantomhive desconocía esta realidad, y claro, tampoco tenía por qué saberlo. La inocencia de los humanos. Era lo que los hacía tan deliciosos.

Y Sebastian Michaelis, demonio de nacimiento, había dado con esa alma inocente rogando por ser consumida y corrompida, o corrompida y consumida, daba igual.

Poco a poco ganando su confianza; desde ese primer momento en que lo vio, escondido en la pequeña jaula donde lo tenían sus captores (intentando lo imposible ¡nadie se puede ocultar en una caja con barrotes! Otra prueba de su inocencia), sólo mostrándose ante él. Sólo con cumplir una orden más que simple, Sebastian (recientemente bautizado) había comenzado a ganar esa confianza que pocos sabrían ganar con el pasar de los años en la vida del joven Conde.

Un par de palabras de seguridad, unos susurros en el oído, un par de brazos en los cuales apoyarse, y con es, sólo con eso, lograría lo que más deseaba; oh sí, el demonio deseaba a Ciel Phantomhive, deseaba su confianza, deseaba destruirlo y corromperlo sin la necesidad de hacerlo, deseaba lo imposible y poco a poco lo lograba.

Pero el conde iba aprendiendo y los juegos dejaban de ser tan simples y la diversión se acercaba, moldeado a su gusto, el pubescente pensaba de un modo calculador, y, por obvias razones, comenzaba a desconfiar.

Más los demonios son seres de palabra, nunca mentirían ¿verdad? Entonces, ¿qué inconveniente tendría, luego de haber jurado lealtad en su primer encuentro con el pequeño niño?

Las preguntas no se hacían esperar, y la respuesta más certera era esa que afirmaba y le daba (al Conde) una confirmación de su status.

Ciel Phantomhive, esperaba fidelidad, esperaba compañía ¿qué más esperaba? Todo él se lo daría, nada le negaría, jamás.

—Nunca debes traicionarme— proclamó Ciel desde su lugar detrás del escritorio que alguna vez había sido de su padre, lo único que había sobrevivido al incendio —, lo sabés ¿no es así Sebastian?

—Por supuesto, My Lord— dijo mientras hacía una reverencia, desentonaba con la sonrisa de su rostro, quitándole seriedad.

—Siempre debes serme fiel a mí y sólo a mi— aclaró, casi parecía dudar de lo que él mismo decía, un instinto oculto lo hacía dudar—. Es una orden.

El demonio sonrió aún más, el niño necesitaba afianzarse a algo para no terminar de caer, él le iba a dar ese sostén.

Sosteniendo su corazón con su mano derecha, con la izquierda bien estirada contra el suelo mientras se apoyaba en el suelo con una de sus rodillas hizo cumplimiento de un contrato.

—Yes, My Lord.

Qué equivocado estaba el Conde si realmente pensaba, que en el final, Sebastian Michaelis iba a seguir a su lado.

Los demonios nunca mienten en el infierno, sólo aprenden a conformar.

.:*:.

Notas de Autor: Otro capítulo! Salió como quería, aburrido, sin mucho contenido pero bien, de a poco se va formando lo que quiero.

Prometo que va a haber yaoi, drama, lemon, lime, lo que quieran, lo que pidan, bueno, lo que pidan tal vez no, pero está medianamente formado todo.

Próximos capítulos en camino.

ATENCIÓN! Estoy a la búsqueda de un beta reader (editor en pocas palabras) para mi historia multichapter "Gloria", simplemente necesito que corrija mis errores ortográficos y gramaticales. Me ahorraría bastante trabaja, publicaría más rápido y quien me ayude leería mi historia un poco más rápido. Interesados, un simple mensaje sirve.