Primero que nada agradecer infinitamente por los reviews que me dejan saber que le ha agradado el primer capítulo, sinceramente pensaba que no tendría ninguna respuesta, pero quise aventurarme, probar algo nuevo y me siento muy feliz, porque al igual que yo hay chicas que lo importante es la felicidad de Terry, no crean que no quiero a la pecas, claro que sí, para mí son Terry y Candy Forever, sin embargo me gusta asumir retos y algunas veces ir en contra de mis propios gustos, para crear otro tipo de relación con Terry, no sé pero con Candy no me lo puedo imaginar de esta manera, con ella siempre lo imagino apasionado pero tierno y comprensivo, mientras que con Elisa puede ser intenso y dominante, el desprecio que sentía por ella era lo que le inspiraba, el odio ese que nos demostrara que del amor al odio hay un paso, pero que del odio al amor también.

De nuevo muchas gracias, esperando sus respuestas!

Abrazos!


Al borde de la obsesión, pero es amor.

Capítulo 2


En su frenético amor por ti, ansia romper

las cadenas de su encarcelamiento,

no le queda más.

Un amante pregunta a su amada ¿Te amas, más que a mí?

Su amada responde, yo he muerto por ti

y yo vivo por ti.


Terry se percató de la mirada de desaprobación del director a un lado del escenario y sabía que era a consecuencia de haber titubeado un par de veces y otras por seguir a su compañera a destiempo en el dialogo que llevaba a cabo en medio del escenario y en un recinto con un lleno total, no podía evitar pasear su mirada por el público en busca de Elisa, sin ser plenamente consciente de que lo hacía.

Era un autómata que rebuscaba en el mar de gente, le extraño no verla en primera fila, pero imagino que debía estar en un palco, tal vez acompañada por su familia y aunque no podía ver claramente, hacía el esfuerzo, aun cuando se obligase a no hacerlo y a negarse que la pelirroja lo había trastocado, la maldijo por la mañana cuando vio en su hombro la marca de la mordida, aunque inmediatamente recordase la lujuria con que lo miraba, como nunca lo había hecho otra mujer, despertando un deseo irrefrenable que le llevo más tiempo del esperado en el baño, pensado que con eso le bastaría.

Pero apenas el telón subió, su mirada buscó el puesto que había ocupado en las funciones anteriores y en su lugar se encontraba un hombre, trato de concentrarse y dar inicio a la obra, pero sin proponérselo seguía buscando.

El intermedio llego y aun con todos los errores en escena el público ensordeció el lugar con aplausos, en medio de lluvias de rosas que caían sobre el escenario, antes de encaminarse al área de descanso busco una vez más entre la gente que se ponía de pie, sin ningún éxito, por lo que bajo las escaleras, sintiéndose furioso consigo mismo por haber errado en su actuación.

- Grandchester ¿Qué demonios te pasa? – Inquirió molesto el director interceptándolo.

- Nada. – Fue su respuesta escueta. No pretendía darle importancia.

- ¿Nada? Si estas en la Luna… concentración, quiero concentración, no creo que hayas olvidado tus líneas, te pido que si tienes algo que te atormente lo dejes fuera del escenario ¿Entendido? – La voz del hombre demostraba la molestia, no podía permitir que después de nueve noches consecutivas de rotundo éxito el actor principal cometiera errores tan garrafales.

- Nada me atormenta, tal vez estoy un poco casando y harto de tus exigencias… tengo suficientes con las que yo mismo me impongo… así que no me jodas la vida Robert. – Respondió con ese tono altanero que lo caracterizaba y se dirigió al camerino, al llegar se dejó caer sobre un sillón y de la mesita de al lado tomo la cajetilla y saco un cigarrillo, el cual se fumó lentamente, perdiendo su mirada en las ondas que creaba el humo y su mente sucia y perversa imagino a la pelirroja sentada frente a él con las piernas abiertas, imaginando su centro ardiente con sus vellos rojizos, quizás de un color cobre intenso, ya que la noche anterior no se había dado a la tarea de admirarlo, solo lo asalto como un ladrón sin ningún tipo de cuidado y este lo había succionado a las puertas del cielo.

- ¡Maldita bruja! – Exclamo sintiéndose cada vez más impotente y confundido, esa necesidad en él no la había germinado ninguna mujer, no con tanto poder y fortaleza, con Candy todo fue ternura, sutileza y respeto, siempre aun en sus más locos sueños imagino a la rubia, espontanea pero inexperta y él se moría por enseñarle, por ser quien la hiciese mujer, ahora no sabe bien que es lo que quiere.

Si dulzura y ternura o arrebato y descontrol, en su esencia no estaba el ser violento o ¿Si? Bueno era impulsivo, imperioso en algunos aspectos, pero jamás pensó que al intentar castigar a Elisa por las maldades hechas en el pasado, le causarían tanto placer, un goce que quería repetir, esa era la única explicación a esa zozobra que lo había atosigado durante el día.

Sacudió la cabeza intentando con esto despejar los pensamientos, al tiempo que apagaba el cigarrillo en el cenicero de cristal.

- Debo estar enloqueciendo definitivamente. – Se dijo al tiempo que se ponía de pie, para salir del camerino.

Debía olvidar lo sucedido la noche anterior, dejar de lado tanto rencor por un pasado que no lo llevaría a ningún lugar, lo que hizo con Elisa fue una completa locura, tal vez otra trampa de ella en la cual esta vez cayo de bruces, ahora seguramente se inventaría un embarazo y lo obligaría a casarse con ella.

- ¡Otra obligación! ¡Maldita sea mi existencia! Eso me pasa por no pensar, por dejarme llevar por la calentura, por cegarme ante una bruja erótica. ¿Cómo le explicare a Susana? Se supone que estoy comprometido con ella. – Se dijo caminando por el pasillo.

Al llegar al área de descanso, estaban sus compañeros preparándose para salir nuevamente a escena, aun cuando se sabía de memoria las líneas, decidió tomar un guion y repasar un poco y no lo hacía por Robert, lo hacía por él, porque le enfurecía equivocarse.

Después de cinco minutos el telón se elevaba una vez más y los actores salían a dar lo mejor de sí para que el final solo ganarse excelentes críticas, Terry logro concentrarse y llevar a cabo su función de manera impecable, acoplarse a la perfección con sus compañeros, para después del tiempo estipulado recibir los aplausos, mientras ellos agradecían con reverencias, actuar era su pasión, su impulso a la vida y al recibir la euforia de los espectadores le reafirmaban esa vocación por el teatro.

El terciopelo italiano rojo una vez más los aislaba del público, como siempre en el pasillo se encontraban las admiradoras de honor, hijas de grandes empresarios a las que se les daba un trato exclusivo para que pudiesen interactuar con sus actores favoritos, Terry reconoció a varias que ya lo habían acompañado al camerino o a algún auto en el estacionamiento, pero esta noche no elegiría a ninguna, debía marcharse temprano porque le tocaba visitar a su prometida, recibió un ramo de rosas blancas, algunas calas, orquídeas y docenas de tarjetas, mientras agradecía tratando de ser lo más amable posible, pidió permiso y se alejó dejando a más de una con las ganas de enredarse en las sabanas con el actor, el chicho mientras caminaba decidió que el ramo de rosas blancas seria el regalo para Susana, para justificar su ausencia una semana.

Al menos ella no lo presionaba, comprendía que cuando una nueva obra se ponía en escena necesitaba tiempo y descanso, respetaba la distancia que él imponía, sin embargo no se salvaba de las fastidiosas llamadas que se extendían por media hora o más, cuando él solo quería descansar.

Susana asistió con su madre la noche de estreno, después no quiso visitarlo más y de cierta manera lo agradecía porque odiaba cuando se ponía territorial y como la más estúpida e insegura de las adolescentes le hacía ver a las admiradoras que él era su prometido.

Con los años se había dado cuenta del arte de manipulación que la rubia dominaba a la perfección, no quería asistir a terapias y lo hacía para seguir dependiendo de él, pero sobre todo obligarlo a estar a su lado, sin embargo nunca fue un estúpido y si ella manipulaba, él daba larga, por algo llevaban cinco años comprometidos y aun no fijaba fecha de matrimonio.

Entro a su camerino y coloco sobre un sillón los detalles que le habían obsequiado, empezó a quitarse la ropa rápidamente, necesitaba algo más cómodo y fresco, con el verano instalado las noches eran un suplicio, ante el calor y la humedad la temperatura debía rondar los treinta grados y él con un montón de tela encima, se deshacía de las prendas que terminaban sobre un camastro, desnudo, se encamino a la mesa y tomo una botella de agua, un vaso y busco la hielera que siempre mantenía fría la champagne, pero no la encontró.

- ¡Magnifico! – Exclamo con sarcasmo. – Me han dejado sin hielo.

- Lo siento, es que estoy algo acalorada. – Se dejó escuchar la voz ronca y sensual.

Terry giro su cuerpo al tiempo que tendía una mano y agarraba unos pantalones de lino en color gris plomo y se los coloco de prisa, más que por pudor, lo hizo por precaución.

- ¿Quisiera saber cómo demonios haces para entrar en mi camerino? – Inquirió sin acercarse a la pelirroja, que suponía estaba detrás del paraban de caoba y que dividía el camerino, creando un espacio íntimo para él. - Sal de ahí y lárgate Elisa. – Le exigió. – No pienso caer en tu juego nuevamente, lo que paso anoche fue el peor de los errores.

- Creo que fuiste tú, él que dijo, sin arrepentimientos. - La voz de ella lo atraía como el canto de las sirenas pero, creía en su fuerza de voluntad y no daría un solo paso.

- Que importa lo que dije, solo me deje llevar por la excitación, ahora largo de aquí y no quiero otra de tus tretas, harpía tramposa.

- Me culpas, ¿Terruce has olvidado las clases de religión en el san Pablo? – Una carcajada seductora retumbo en el lugar e hizo eco en los oídos de Terry que sintió como un escalofrío lo sacudió. - Recuerda que Eva fue la engañada por Satanás, pero Adán no lo fue y peco voluntariamente, yo creo que deseaba a Eva y se unió a ella en desobediencia, descubriendo inmediatamente que eran criaturas caídas, mortales desnudos con una perspectiva totalmente diferente de la vida. Habían descendido de la perfección a la depravación total.

- No me interesan tus clases de religión… - Hablaba, cuando ella intervino.

- Yo no te obligue Terruce, así que no me llames tramposa, siempre se empeñan en calificarme de malévola, cuando solo actuó con inteligencia para encontrar lo que anhelo… deberías aprender un poco Terruce, actuar de manera calculadora y dejar de lado tanta impulsividad, eso solo te vuelve más vulnerable.

- Tus consejos tampoco me interesan, ya no quiero perder más el tiempo contigo. – Dijo encaminándose con decisión. – Lárgate de aquí o no res… - Las palabras se le enredaron en la garganta al encontrase a Elisa desnuda sobre el diván.

Parecía la Venus en el espejo y sus pupilas en ese momento se abrían como un espejo oscuro que la engullían completamente con su desnudez, su postura erótica, su piel como el nácar, sus pezones rosa agudo y despiertos, su monte de venus de cobre intenso, los cabellos lo llevaba recogido en un moño de tomate y sus labios se curvaban en un sonrisa sátira.

- Ha aumentado la temperatura ¿No lo crees Terruce? – Pregunto al ver como él se la devoraba lascivamente con la mirada, por lo que agarro un cubo de hielo de la hielera que reposaba en la mesa de al lado y empezó a bordearse lentamente uno de los pezones.

Las pupilas de Terry se movían formando el pequeño círculo que surcaba el hielo que poco a poco se derretía y se descubrió ansiando atrapar con su lengua esa lágrima que bajaba por el seno de la pelirroja.

- Elisa vístete y vete de aquí. – Se felicitó mentalmente por haber encontrado la voz clara, para exigirle que se marchara, aun cuando el traicionero de su miembro palpitaba contra su pantalón y su espalda empezara a perlarse.

Ella no se inmuto solo le dio otro rumbo al cubo de hielo empezó a bajarlo por su abdomen hermoso y plano, mostrándole a Terruce una cintura perfecta, al ver que no obtenía el resultado esperado con el castaño, elevo las piernas y separo los muslos lentamente, arqueando su cuerpo y liberando un jadeo cuando sintió el frio del hielo posarse en su centro, una sonrisa de satisfacción se dibujó en sus rostro al escuchar el gruñido que Terry no pudo controlar.

- Ven aquí Terry… olvidemos quienes somos, por un momento, por una noche, olvida quien soy… solo soy un cuerpo sediento de placer, estoy ardiendo en deseo por ti… regálame tu mejor papel, quiero tu mejor actuación.

Una bruja… una bruja, eso era, porque los pies de Terry avanzaban sin él poder hacer nada, lo tenía bajo una especie de hechizo, se acercó al diván y subió a este arrodillándose en medio de los muslos femeninos, la mirada zafiro se posó en la flor de fuego que derretía el hielo.

Elisa retiro el hielo y lo llevo hasta la mandíbula de Terry quien al primer contacto gimió, acaricio la línea de la barba hasta llegar a los labios del joven delineándolos, hinchándolos ante el frio, él separo los labios y succiono el cubo salado por la combinación de fluidos de ella y sudor de él, lo retuvo con sus dientes.

Terry se hizo dueño del hielo y ella llevo sus manos a la pretina del pantalón por esta jalándolo hacia ella con rudeza, él se apoyó con las palmas de sus manos a ambos las de la chica, la miro con ese fuego que se propagaba por su interior y ella respondía de la misma manera, él se acercó y con el hielo en su boca roso los labios de Elisa que los abrió y succiono en varias oportunidades restándole vida al cubo helado, que empezaba a tener otro recorrido, se deslizaba por su barbilla, pasaba por su cuello, donde la respiración se le había quedado atascada, hasta llegar a uno de sus senos donde Terry con su boca guiaba el gélido pincel que dibujaba sus pezones.

La chica empezaba a estremecerle a causa de la locura que creaba en ella la excitación frotándose contra la erección que amenazaba en su centro, llevo sus manos a la espalda masculina sintiéndola, caliente y fuerte, aferrándose a los músculos que en esta se encontraban y elevando sus piernas para encarcelarlo, pero él dejó caer todo su peso sobre ella para tomarla de las manos, las entrelazo, elevándola por encima de ambos dejándola inmóvil movió la cabeza hacia un lado y escupió el trozo de hielo, para aferrarse con su boca a las colinas frías tirando con sus dientes de los pezones.

- Ahhh. – Jadeaba la chica a punto de grito y a él le excitaba que lo hiciera por lo que una vez más succionaba con ímpetu y tiraba de estos y ella una vez más gritaba, los abandono en busca de otro punto de placer, destino la boca, en cuanto a agilidad ella ganaba, pero de intensidad él le enseñaba, beso rápido e intenso que lastimaba y saciaba.

Soltó las manos de la chica y con rapidez las llevo a sus pantalones para deshacerse de estos, sino los explotaría, la descarada le ayudo en la tarea, mientras jadeaba sonriente y él se impresiono al descubrirse correspondiéndole de la misma manera.

- Siempre tu sonrisa me éxito Terry, no tienes ideas de las veces que te imagine... – Le hizo saber y jadeo ante el dolor cuando él le abrió las piernas con ímpetu.

- Voy al fondo. – Esta vez le advirtió y se hundió en ella de manera contundente arrancándole un grito de placer dolor, empezando a atravesarla lento e intenso. – ¿Así me imaginabas?… ¿Así? – Le preguntaba cada vez que se anclaba.

- No… no, él de mi imaginación… no era tan bueno… dame más Terry… más. – Pedía jalándole los cabellos y él le acariciaba las caderas, bajo a los mulos y se los elevo, poniéndose de rodillas y con sus manos en las rodillas femeninas mantuvo las piernas de ella como alas de mariposas al vuelo.

Reducía sus movimientos para que los latidos de su corazón disminuyeran, pero a los segundos se desbocaba nuevamente, la tomo por la cintura, elevándola y con un movimiento maestro él se acostó en el diván y ella quedo encima de él donde empezó a mecerse pero no por mucho tiempo ya que Terry retomaba el control y se impulsaba con sus pies para penetrar, con sus brazos cerro la espalda de ella y la atrajo hacia su pecho, Elisa busco la boca de Terry donde hizo piruetas con su lengua, las cuales detuvo al sentir como todo su cuerpo se tensaba ante el anuncio del orgasmo, ahogando el grito en la boca del actor.

Terry le brindo a ella el placer en estado puro, mientras que ella se lo brindaba a él, esta vez lo había gozado aún más, porque había olvidado con quien estaba, había olvidado a la Elisa Leagan del San Pablo con sus berrinches y trampas incluidas, ahora estaba con esa que apareció hace nueve días en primera fila, apoyando su trabajo, recordó las miradas de admiración y los aplausos al final de cada función, anteriormente sus presentaciones las hacia pensando en Candy, pero ella nunca fue a verlas, no después de lo sucedido con Susana, tal vez su presencia le lastimase, pero además de ese dolor, también anhelaba un apoyo, que hasta ahora no había recibido.

Nunca había sentido miedo a los cambios en su vida, pero empezaba a presentir una nueva etapa que nunca, ni en sus más absurdos sueños había imaginado y esta de cierta manera le atemorizaba, porque por esa mujer cabalgándolo solo sentía odio, desprecio y le asustaba lo que pudiese provocar en ella con esos sentimientos, era consiente que la había lastimado, pero tampoco podía controlar el grado de agresividad que le propiciaba mientras se la tiraba.

Ella se venció y dejo descansar su cabeza sobre el hombro de él, mientras retomaba el control y los latidos reducían su ritmo, Terry llevo sus manos al rostro de la joven y lo acuno elevando la cabeza de ella para admirarla, recorrió con la mirada zafiro, las facciones femeninas, siempre le pareció una joven hermosa, por eso muchas veces coqueteaba con ella, solo que de nada le valía ser bonita, si era tan estúpidamente caprichosa y envidiosa, al tenerla tan cerca se percató por primera vez, de unas sutiles, muy sutiles pecas en su nariz, seguramente se las maquillaba por eso nunca antes se las había visto. No pudo evitar sonreír ante su fetiche por las pecas.

Una boca pequeña, pero con unos labios voluptuosos que se abrían como un flor nocturna, unas cejas arqueadas que enmarcaban unos ojos que solo expresaban maldad y arrebato, llevo una de sus manos y le quito la liga logrando que los cabellos se mostraran por primera vez en su estado natural, con suaves ondas, sin ningún bucle armado con pinza, admirándola bien, era una mujer con una belleza extraordinaria, con una elegancia innata, aunque desbocada y desinhibida a la hora de exigir placer.

- Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. – Susurro Terry mirándola a los ojos, citando a romanos capítulo 7 versículo 15.

- Pensé que eras ateo. – Fue su respuesta sonriendo con descaro, elevándose y obviando lo que Terry quería hacerle entender, aun encima del castaño estiro la mano y agarro la hielera vaciándosela encima, mojando sus cabellos y su cuerpo, soportando el agua helada.

Terry se aferró a las caderas de ella para no brincar ante el líquido que bajo por el cuerpo de la pelirroja y lo mojo, admirando a una sirena voluptuosa que aún lo mantenía encantado bajo su hechizo.

Elisa abrió los ojos y poso su mirada en el rostro de Terry con sus cabellos castaños oscuros esparcidos sobre el diván, sus ojos azules intenso la miraban fijamente y le daría el alma al diablo por los pensamientos de él en ese instante, era de una belleza inhumana que siempre la cautivo, que la atrapo desde el instante en que lo vio por primera vez.

Arrogante, elegante, masculino y ahora como hombre solo había aumentado sus cualidades, acariciar los finos vellos en su pecho eran una experiencia religiosa, aun no podía creer que Terruce Grandchester, el protagonista de sus sueños húmedos, se había materializado. Había propuesto tenerlo de esa manera, pero siendo completamente sincera con ella misma, jamás pensó que tendría éxito, era consciente del desprecio que él sentía por ella, se lo había ganado, eso lo sabía.

Seguramente soy buena seduciendo. – Pensó al tiempo que se mordía el labio inferior.

Él con su lengua se humedeció lentamente los labios controlando con esto sus impulsos al ver el gesto de ella, logrando que Elisa se estremeciera ante el placer de mirarlo.

La pelirroja se percató de que Terry sabia sonreír dulcemente, que no todo era arrogancia y ese gesto tan humano le hizo explotar millones de mariposas en su estómago, porque era primera vez que demostraba humildad delante de ella.

Él se incorporó y Elisa abandono el cuerpo masculino, poniéndose de pie a un lado del diván, Terry se levantó y ella no perdió la oportunidad para verlo tan alto como era y desnudo, era la perfección hecha hombre, como si su rostro no fuese suficiente, poseía un cuerpo masculino que lograba que todo el aliento se le escapase, la verlo pasearse por el lugar.

Terry se encamino a un armario, saco una toalla pequeña y una capa, seguramente de utilería, le tendió solo la toalla.

- Gracias. – Susurro, ya que la voz se le ahogo en emoción que por primera vez experimentaba.

- Te dije que soy un caballero. – Le recordó admirando a la pelirroja pasar la toalla por su cuerpo y después frotar sus cabellos, perdido en el bamboleo de los senos de ella ante el movimiento, senos generosos que la naturaleza le había regalado, además de curvas que le gritaban que si no tenía precaución terminaría, cuesta abajo por el peor de los barrancos.

Las pupilas de los ojos zafiros se dilataban ante el deseo naciente, se negaba que Elisa fuese la mujer con la que hasta ahora más ha gozado los placeres carnales, se lo niega, una y mil veces, se lo niega, necesitaba eliminar esa excitación por lo que se paró detrás de ella y le coloco la capa sobre los hombros, para cubrir esa desnudez que empezaba a someterlo.

Decidió alejarse, por lo que se encamino y la dejo detrás del paraban, frente a la peinadora, observo su cuerpo sudado y sonrojado a causa de la sesión de sexo al que fue sometido, en ese momento el ramo de rosas blancas que vio al fondo por a través del espejo, le recordó que había olvidado su visita a Susana.

– ¡Mierda! – Exclamo, percatándose, que no solo se había olvidado de la Elisa Leagan del pasado, sino de todo lo que los rodeaba, busco rápidamente una camisa blanca, la cual se fue abotonando mientras se dirigía detrás del paraban.

Elisa se desenredaba los cabellos con los dedos en un movimiento felino, que lo dejo sin aliento, pero respiro profundamente para evadir las artes de seducción de la chica, las cuales habían mejorado considerablemente con los años, recogió el pantalón del suelo y empezó a colocárselo, mientras ella ni se inmutaba.

- Elisa vístete, es tarde… rápido. - Le pidió y ella tomo su ropa y lanzo sobre el diván la capa, se colocó la falda y su blusa sin detenerse a colocarse las bragas, ni corpiño, calzo sus zapatos. – Sígueme. – Ella obedeció y él salió del camerino encontrándose las luces apagadas. – No… no ¡No puede ser! – Exclamo desesperado, casi arrastrando a la pelirroja a la cual tomaba por un brazo.

- ¿Qué paso? – Pregunto ella sin comprender.

- Creo que nos han dejado encerrado. – Respondió.

- ¿Crees que nos han dejado encerrado? Eso es imposible Terruce. – La voz denotaba la angustia que se apodero de ella inmediatamente. - Como es posible que se larguen y no se cercioren si estabas o no en tu camerino, la luz estaba encendida, tuvieron que darse cuenta por la rendija inferior de la puerta.

Caminaron hacia la puerta principal y esta se encontraba cerrada, Terry giro el pomo con energía y tiro de la puerta pero esta no cedió, estaban encerrados en el área de los camerinos.

- No me gusta que me molesten, solo doy permiso para que entren por la mañana. – Explico él sintiéndose frustrado.

- Yo no me puedo quedar aquí, tengo que irme, tengo que salir de aquí, tiene que haber otra salida. – Elisa se encontraba realmente asustada y desesperada, no podía pasar la noche fuera del hotel donde se estaba hospedando con la familia de su prometido.

- No… no la hay ¿Acaso no te has dado cuenta que es un callejón sin salida? – Inquirió molesto.

- Yo no quiero pasar toda la noche aquí y menos contigo, no puedo. – Hablaba empezando a caminar de un lado a otro, amenazando con hacer una zanja en el piso con sus tacones.

- ¿Y crees que yo quiero estar a tu lado? – Inquirió con furia ante las palabras de la pelirroja. – Si no te hubieses aparecido desnuda en mi camerino, nada de esto hubiese pasado, yo estaría… no eres más que un desastre, solo sirves para un buen revolcón nada más. – Se alejó dando largas zancadas.

- Al menos para algo sirvo, no como la estúpida lisiada de tu prometida ¡Impotente! – Le grito colérica.

Terry ignoro el cometario satírico de la chica y continúo hasta su camerino, lanzando la puerta, agarro una de las botellas de aguas y la destapo bebiendo el líquido aunque se encontrase caliente, de alguna manera debía calmar la rabia que lo estaba calcinando, porque si algo odiaba era dar explicaciones y mañana debía exponérselas a Susana, entonces ella empezaría con su llanto estúpido cargado de reproches.

Elisa se sentó en el suelo en medio de la oscuridad, mientras imaginaba a su futura suegra buscándola en su habitación, para ir por Malcom a la estación de trenes y no estaría, debía ir planeando una excusa sumamente creíble.

El tiempo pasaba y ella no enhebraba absolutamente nada, se sentía exhausta mentalmente y el calor la debilitaba físicamente, sumiéndola en un sopor que término venciéndola hasta que se quedó completamente dormida.

Cuando sus ojos se abrieron nuevamente después de unas cinco horas en un sueño profundo se encontró sobre el diván y no en medio de la oscuridad, desconcertada sin saber cómo había llegado a ese lugar, imaginando que tal vez camino dormida, Neil le decía que de pequeña lo hacía muy seguido, pero nunca le creyó.

El olor a humo inundo sus fosas nasales, sabía que Terruce estaba fumando, aun cuando el paraban le bloqueaba la visibilidad, se puso de pie y se encamino hasta donde se encontraba el actor, en silencio admiro esa sensualidad y elegancia que emanaba con solo fumar y alumbrado por la triste luz de una lámpara en la mesa a su lado.

- ¿Qué hora es? – Pregunto ella, rompiendo el elipsis y la reacción tranquila de él fue como si supiera que llevaba minutos observándolo.

Estiro la mano y agarro un reloj de pulsera que reposaba al lado de la lámpara y el cenicero.

- Son las dos y diez. – Respondió con voz profunda.

- ¿Cómo llegue aquí? – Caminando y sentándose frente a él en el banco de la peinadora.

- Eres sonámbula… ¿No lo sabias? – Inquirió, mirándola y elevando una ceja con sarcasmo, esa era la excusa para no explicar que él la había traído en brazos.

- No soy consciente de ello, pero Neil me decía que de pequeña lo era. – Acoto y su voz se tornó ronca.

- Me entere de lo de Neil por los periódicos, aun cuando no era santo de mi devoción, siento lo que paso. – La voz de él era suave como el terciopelo y profunda como el mar.

- Esta bien… - Susurro y apretó los labios para que Terry no viera que temblaban ante las ganas de llorar, quizás porque cuando alguien conocido le recuerda lo sucedido con Neil el sentimiento la golpea con fuerza.

- Creo que no merecía, lo que le paso. – Continúo el castaño tratando de reconfortar a la pelirroja, aun cuando había una gran distancia entre ellos.

- Esta bien… - Repitió y la voz ahora le vibraba.

- ¿No quieres hablar de ello? – Sabía perfectamente que tocar ese tema debía ser doloroso para ella, pero de cierta manera le gustaba verla sufrir, eso la hacía más humana ante sus ojos.

Elisa negó con la cabeza y clavo la mirada en sus rodillas, tragándose las lágrimas para no llorar delante de Terry, no lo haría, solo que recordar cuando, encontraron a Neil a la orilla del lago Michigan con veintisiete impactos de balas removía todo ese dolor y desesperación nuevamente, además de la impotencia de saber a los culpables campantes.

- Me das un cigarrillo. – Le pidió, buscando la manera de controlar sus emociones y bien sabía que fumar le ayudaba en demasía.

- Solo me queda este, podemos compartirlo… ven aquí. – Estiro la mano haciéndole la invitación.

Elisa se puso de pie y acorto la distancia, parándose a un lado de él, tendiendo la mano para que le diese el cigarrillo, pero el castaño la tomo por la muñeca.

- Siéntate aquí. – Más que pedirle le ordeno, jalándola hacia él.

Elisa elevo una de sus piernas y la pasó encima de las del chico sentándose a horcajadas, iba a quitarle el cigarrillo, pero él negó con la cabeza, alejándolo del alcance femenino, para después acercarlo a la boca de ella, mientras él lo sostenía, admiro como los labios casi rojos naturales se cerraron sobre la colilla y esto para Terry fue una excitante explosión.

La pelirroja aspiro el cigarrillo y retuvo el humo el tiempo necesario para disfrutar las sensaciones del narcótico en su paladar, elevo la cabeza y soltó lentamente le humo hacia arriba, sintiendo como las yemas de los dedos de Terry pasearon lánguidamente por su garganta y en un acto reflejo ella danzo contra él lento, muy lento, bajo la cabeza y anclo la mirada en los ojos entornados de Terry quien le daba una jalada al cigarrillo, mientras retenía el humo, llevo la mano libre a la parte posterior del cuello femenino y la acerco a centímetros de su rostro, soltando el humo lentamente contra los labios de Elisa, quien los separo y se bebió la fumada de Terry.

- Desabotóname la camisa. – Otra orden que rozo los labios de ella.

Elisa quiso besarlo, pero Terry la retuvo por el cuello al tiempo que repetía el mandato y ella sin la voluntad para negarse busco a ciegas los botones de la camisa y con lentitud empezó a deshojarlos.

- Dame otra fumada. – Acercándole el cigarrillo y ella lo hizo sin dejar de lado la labor de abrir la camisa, imitando la manera de él al soltarle el humo sobre la boca.

- ¿Cómo lo haces Elisa? – Pregunto mirándola con tanta intensidad que Elisa se sentía a las puertas de un orgasmo con solo ese gesto.

- ¿Cómo hago qué? – La voz de ella se convirtió en un murmullo que solo pueden entender los amantes en medio de la excitación.

Terry no le dio ninguna respuesta, solo apago la colilla en el cenicero, no le diría que quería saber cómo hacía para embrujarlo, solo dos noches envolviéndolo con su sexo y sensualidad lo habían llevado a terrenos inexplorados.

Elisa termino de desabrochar la camisa y voló con sus manos a los hombros masculinos, deslizando suavemente la prenda, la cual termino en el suelo con la ayuda de él, la chica llevo sus manos al botón del pantalón, pero la voz de Terry la detuvo.

- No… todavía no, quítate la blusa y déjame morder tus pezones. – Los aludidos se irguieron inmediatamente, dejándose apreciar fácilmente a través de la seda azul rey, les urgía que el verdugo cumpliera su promesa de torturarlos, por lo que ella empezó a desabotonarse lentamente la blusa, admirando al león de melena oscura y despeinada.

Nunca había visto a Terruce tan salvaje y tan sexual, sus ojos más oscuros de lo normal y sus facciones endurecidas por el deseo, sin preámbulo asalto uno de sus pezones cuando este se vio liberado de la seda, arrancándole un grito ahogado de placer y ella en un acto reflejo llevo sus manos a los cabellos castaños oscuros, apartándolos del rostro masculino, para que estos no fuesen impedimento en el festín que Terry se daba con sus senos.

Cuando se quedó sin aliento y sacio la necesidad, al menos por el momento, se alejó admirando con morbo los óvalos rojos que había creado en las colinas con su boca y como resplandecían a causa de su saliva.

- ¿Ahora qué hago? – Pregunto ella con voz agitada y él elevo la comisura derecha en una sonrisa sensual.

- Eres astuta, has entendido rápidamente de que trata el juego ¿Sientes como estoy? – Le pregunto refiriéndose a su excitación y ella asintió en silencio. – Tócame, libéralo y dale un poco de cariño. – Le pidió.

- ¿Quieres que utilice mi boca? – Pregunto con irónica sensualidad.

- ¿Sabes usarla? – inquirió con un jadeo de placer atravesándolo.

- Podría sorprenderte. – Elevo una ceja, dejando claro que sabía cómo hacerlo.

- Sorpréndeme. – Pidió el castaño tratando de relajarse para disfrutar de la función que la pelirroja estaba a punto de darle.

Elisa se deslizo como una gata y se puso de rosillas ubicándose en medio de las piernas masculinas, lo libero lentamente y Terry a los minutos se encontraba jadeando ante la sorpresa que lo conducía al cielo.

- Suficiente… - Dijo sin aliento. – Quítate la falda rápido, te sientas sobre mí y te dejo rienda suelta. – Ella lo hizo sin chistar.

Elisa danzo, ascendió, descendió, cuantas veces quiso y necesito para conseguir y brindar un orgasmo intenso, mientras se besaban con ardor, en medio de la lujuria y el desenfreno los dientes de la pelirroja se aferraron al lóbulo de la oreja masculino marcándolo, al igual que él dejo huellas en el cuello femenino.

Continuara…