Disclaimer: Los Juegos del Hambrem sus personajes y locaciones, pertenecen a Suzanne Collins. Este fanfiction es una adaptación del libro "Más que un amigo" de la autora Elizabeth Winfrey


Más que un amigo

Capítulo 2

Peeta PVO

El martes por la mañana me desperté con una idea fija: la estúpida apuesta que había hecho con Katniss. Jamás le habría propuesto semejante locura si hubiera sospechado que tenía media posibilidad de ganar. Pero, por desgracia, cuanto más seguro estoy de que puedo predecir lo que va a hacer, me sale con un martes trece. Así que ahora estoy obligado a enamorarme.

A simple vista, cualquiera habría podido asegurar que era una tarea mucho más sencilla para mí que para Katniss. Nunca tuve problemas para salir con una chica. Soy muy seguro de mí mismo y la timidez no es uno de mis defectos. Katniss, por el contrario, prefiere encerrarse en sí misma. Es una de las chicas más lindas de la escuela (si no la mejor), pero si a alguien se le ocurre decírselo, ella se limita a agradecerle y lo mira como si estuviera loco. Y enseguida se va por las ramas, planteando alguna teoría sobre los hombres paternales y condescendientes que creen que pueden hacer sentir bien a una mujer con sólo elogiarles alguna característica obviamente falsa. ¿Qué puedo decir? Mi mejor amiga tiene un complejo.

Pero ahora que ha aceptado el desafío de enamorarse, pueden tener por seguro que lo conseguirá. Así funciona ella: cumpliendo objetivos. Yo sugerí un desafío y ella no iba a dormir tranquila hasta que se le ocurriera un plan. El polo opuesto a mí. Yo no tenía plan alguno ni idea de cómo trazarlo.

Es probable que inspeccione con detenimiento la clase de Historia, le eche el ojo a un chico en especial y por fin se enamore perdidamente de él. Yo, en cambio, me quedaré clavado en el asiento trasero de mi auto (el lugar favorito de Katniss para imaginarme con otra chica), con alguien a quien le importe un rábano si estoy vivo o muerto. Y como broche de oro, llevaré la palabra "perdí" afeitada en la cabeza.

Cuando entré en la escuela aquella soleada mañana del martes, busqué a Katniss en los pasillos. A lo mejor, ella también se había arrepentido del trato. Si ése era el caso, la dejaría zafar de la situación fácilmente, para que nunca sospechara siquiera que había perdido la confianza en mí mismo. Desgraciadamente no la encontré por ninguna parte.

-Seguro que estuvo trazando un gráfico donde figuren su primera cita, el primer beso y el primer "te amo"-mascullé

Conociendo a Katniss, sabía que se aferraría a ese "te amo" hasta que entrara en el salón del baile del brazo de su amado, con expresión triunfante. Tenía un don especial para el dramatismo.

Había empezado a subir los cuatro-contados-tramos de escaleras, rumbo al aula donde se dictaría la primera clase, cuando Finnick Odair, mi segundo mejor amigo después de Katniss, apareció trotando a mi lado. Como me había perdido el viaje en canoa que él había organizado, no lo veía desde el fin de semana del cuatro de julio.

-Hola, Mellark- dijo- ¿Has encontrado algún ángel en la copa de aquellos árboles de Navidad?

-No, pero conocí a la avaricia en la piel de mi jefe. En concepto de pago sólo recibí un bono de trescientos dólares. Después de que me rompí el alma trabajando todo el verano.

-Bienvenido al mundo real, amigo. Por eso yo trabajo con mi padre.

El señor Odair es abogado, y todos los veranos Finnick trabaja en su estudio. Se lo pasa sacando fotocopias y enviando o recibiendo e mails; una tarea que, en lo personal, me llevaría al suicidio.

Llegamos a lo alto de las escaleras. Con una satisfacción mucho más profunda de lo que quisiera admitir, advertí que Finnick estaba con la lengua afuera. Tres largos meses de luces dicroicas y aire acondicionado no son muy aconsejables para entrenarse.

-No te des la vuelta, pero allá está Lavinia Jackson- me dijo Finnick mientras me codeaba.

Refunfuñé. Lavinia había sido novia mía durante un mes, la primavera anterior. Al principio me fascinaba, pero los últimos tiempos me volvió loco. Todo lo que decía surgía como una pregunta, excepto las verdaderas preguntas, que sonaban más bien como una afirmación. Me hacía sentir como un participante de uno de esos agotadores programas televisivos de preguntas y respuestas.

Pensé en esconderme detrás de algún armario, pero ya era tarde. Lavinia me había visto.

-Hola, Peeta- me saludó, con un beso en la mejilla. Tenía el cabello rojizo bien cortito y un flequillo que le cubría los ojos.

-Hola, Lavinia. ¿Cómo has pasado el verano?

Tengo algo en mi favor: soy amable. Tal vez me equivoqué con esa chica; a lo mejor era mi verdadero amor y no me había dado cuenta.

-¿Fue fantástico? ¿Trabajé todo el verano como guardavida en una piscina para niños? Y tú.

En ese preciso instante supe la respuesta: no habría futuro para Lavinia y para mí. Considérame loco, si quieres, pero me gusta sentirme distendido en las charlas. Advertí que Finnick no aguantaba más la risa. En cuanto a su desarrollo mental, creo que todavía está en preescolar.

-Lo pasé bien- logré responder. Miré mi reloj.-Ah. Está por sonar el primer timbre y tenemos al señor Abernathy en la primera hora.

-¿Lo entiendo? ¿Ya lo tuve en segundo año?-dijo ella, y se volvió para marcharse-Quieres que salgamos algún día.

-¿Si, claro?- respondió Finnick en mi lugar.

No fue muy cortés, pero no pude evitar soltar la carcajada. Creo que mi madurez tampoco había alcanzado las más altas esferas todavía.

Lavinia nos miró confundida y luego se marchó por el corredor.

Me ubiqué en uno de los últimos asientos de la clase del señor Abernathy. Meneé la cabeza. Había salido con muchas chicas maravillosas, pero también con otras a quienes tendría que prohibírseles andas sueltas por la calle y, sobre todo, convertirse en novias mías.

-Amigo, ya no quedan mujeres decentes en esta escuela- me quejé ante Finnick.

Él se encogió de hombros.

-¿Recuerdas cuando estábamos en séptimo grado? Nos parecía que la escuela secundaría estaba llena de chicas hermosas y excitantes. Deben haberse graduado todas cuando entramos en primer año.

-Peeta, escribí una lista con los nombres de las veinte chicas de quinto con las que me gustaría salir este año. ¿Cómo puedes decirme que acá no tenemos suelo fértil?

Volví a menear la cabeza.

-Me refiero a alguien especial. Alguien de quien pueda enamorarme.

-¿Amor? Ah, vamos- Finnick revoleó los ojos y siguió escribiendo.

Eché un vistazo a su cuaderno, mirando la lista por encima. Mientras la recorría, taché mentalmente el nombre de aquellas con las que ya había salido. No me serviría de nada reavivar viejas pasiones. Cuando llegué a la número once, me quedé boquiabierto.

-¿Katniss?

-Claro- dijo Finnick.-Cumple todos mis requisitos- Dibujó una estrella grande junto a su nombre.

Me quedé con la vista fija en el papel. La había ubicado entre Enobaria Starks y Effie Trinket. Increíble. Y no porque pensara que a Finnick no le resultaba atractiva, inteligente, bla, bla, bla. Pero la idea de que la hubiera incluido en una lista estúpida me dio náuseas. Sentí que mi amigo no se daba cuenta de que esa chica era única. No tenía cabida en una lista lujuriosa, elaborada según el orden de sus hormonas. Katniss era una persona.

-Estás enfermo- dije por fin-¿Sabes lo furiosa que se pondría si le contara esto?- Levanté la hoja y la sacudí frente a sus narices.

Él se encogió de hombros.

-No creo que a Katniss le importe mucho cómo mato el tiempo mientras espero a que empiece la primera clase del año- Levantó las cejas y me miró.- Eres tú el que tiene un problema personal respecto a esto, Mellark.

-¿Cómo se supone que debo interpretar tu teoría?

Finnick chasqueó los dedos.

-Estás celoso.

-Y tú estás loco- respondí. Durante años había tenido que soportar las bromas de todo mundo respecto de que Katniss y yo éramos pareja en secreto, pero jamás me había hecho problema.

En ese instante sonó el segundo timbre. Me eché hacia atrás contra el respaldo de la silla y observé al señor Abernathy, que extraía unos cuantos papeles de su portafolios. Carraspeó y comenzó a sermonear sobre las inconveniencias de llegar tarde y distraerse en clase. Como aquél era mi último año en la escuela secundaria, no me sentía obligado a prestar tanta atención a su oratoria. Con soportar un solo discurso de inicio de clases, te basta para toda una vida.

Noté que mi rostro se ponía cada vez más rojo al recordar las palabras de Finnick. Era cierto que siempre asumido una actitud protectora en relación con Katniss. Pero se debe a que sé de qué madera están hechos los varones. No quiero que crean que pueden hablar con mi amiga empleando el mismo lenguaje libidinoso que usan con todas las demás.

Después de unos breves minutos, Abernathy terminó con sus palabras de bienvenida a la escuela, que no eran más que una advertencia al alumnado respecto de que allí estaba él para hacerles la vida imposible. Luego empezó a tomar lista: otro interesante aspecto de la primera hora del día.

Cuando iba por la D, la puerta se abrió de repente. Noté que el rostro de Abernathy se ponía tenso. Los profesores suelen creer que, si logran dominar a los estudiantes desde el primer día, tendrán la dicha de poder controlarlos durante todo el año sin mayores dificultades. Obviamente, a Abernathy no le había caído para nada bien que su plan A en cuanto a materia disciplinaria se hubiera reducido al fracaso.

Me volví a mirar a la recién llegada. Estaba de pie, a escasos metros de la puerta, como dudando si debía o no terminar de entrar en el salón. Tenía los brazos cargados con cuadernos, uno de los cuales parecía a punto de caerse en cualquier momento.

Llevaba el largo cabello rubio recogido hacia atrás, no muy tirante, lo cual revelaba unos sorprendentes pómulos altos y unos ojos grandes. Vestía una minifalda negra y una camiseta sin mangas rayada. Respiré hondo, para digerir el efecto que produjeron en mí aquellas largas piernas bronceadas. De pronto, la lista de Finnick se convirtió en la última de mis preocupaciones.

-¿Nombre?- gruño Abernathy

La chica miró desesperadamente a su alrededor, como si hubiera tenido la esperanza de encontrar alguna mirada compasiva. Sus ojos se cruzaron con los míos. Por una décima de segundo, le clavé la mirada. Luego le sonreí.

-Delly Cartwright- respondió. Su voz sonó serena, como si no le preocupara el hecho de que acababa de interrumpir una clase atestada de alumnos. Supongo que midió la situación y llegó a la conclusión de que no había razones para sentirse intimidada.

Abernathy recorrió la lista con el dedo.

-Cartwright, Cartwright, Cartwright- murmuró. Alzó la vista.-¿Sabe usted qué hora es, señorita Cartwright?

Delly miró el reloj que estaba en la pared, detrás del señor Abernathy.

-Ah… ¿las nueve y dieciocho?- dijo.

-Sí- respondió el hombre, asintiendo con la cabeza.-Y la clase comienza a las ocho y cincuenta y cinto. ¿Cuál es su excusa?

Se acercó al escritorio principal y le entregó una hoja de papel verde.

-Estaba en la administración. Me han transferido.

Abernathy pareció frustrado. Todos los demás se quedaron callados. Las mujeres tan hermosas tienen un arte especial para que la gente deje de hablar y les preste total atención.

-Muy bien, entonces- repuso Abernathy-¿Por qué no toma asiento? Más tarde le informaré sobre los detalles que se ha perdido.

Delly sonrió y se ubicó en uno de los asientos de la primera fila. Miraba detenidamente al señor Abernathy, como si él fuera el dueño de todos los misterios de la vida. Me arrepentí de haberme sentado en la última fila.

Abernathy tomó el registro y siguió por donde iba, con un tono de voz más relajado y simpático. Debió haber decidido pasar al plan B: haz que los chicos te quieran y después serás tú quien podrá hacer lo que quiera.

Yo estaba tan concentrado mirando la nuca de Delly, que Abernathy tuvo que repetir dos veces mi nombre para que le contestara. Tal vez fue mi imaginación, pero me pareció que ella se irguió la espalda cuando carraspeé y dije:

-Presente

Finnick me pasó una nota, breve pero concisa: "¡Qué bombón! ¡Al centro y adentro!"

Avergonzado, la hice pedazos y los guardé en el bolsillo. No iba a permitir que convirtiera a Delly en otro nombre de su estúpida lista. Advertí que ella tenía algo especial. El nerviosismo que sentí en el estómago me indico que sería mía. Y pronto.

Pasé el resto de la clase inmerso en mis pensamientos. ¿Cómo haría para acercarme? ¿Tendría que adoptar una actitud agresiva y fuerte? ¿Dulce y tímida? Como no sabía casi nada de ella, no tenía idea de cómo jugar mis cartas. Tampoco sabía con qué chicos salía, o si le gustaba la música, el arte escénico o ser porrista. Tal vez ya tenía novio. Por ese motivo, rogué que la hubieran transferido de otra escuela, de una bien distante. De ser así, el novio no tendría ninguna importancia.

No he conocido a muchas personas que dejen pasar la oportunidad de iniciar una buena relación a causa de un supuesto amor al que sólo ven una vez por mes o cada dos meses. En mi opinión, eso constituye el "síndrome del campamento de verano". La gente va de campamento, conoce a alguien y se besan todas las noches debajo de un árbol o en una canoa. Cuando el verano termina, se juran amor eterno y prometen que volverán a encontrarse el verano siguiente y que al año pasará volando. Después de un par de e mail, mensajes de texto y alguna llamada nerviosa, el asunto cae en el olvido. Cuando llega el verano, cada uno por su cuenta decide que ya está demasiado grande para ir de campamento. Sí, hablo con la voz de la experiencia… aunque nunca olvidaré aquellas agitadas noches con Johanna Mason.

Mis pensamientos sobre Delly Cartwright y los frustrados romances de verano no me llevaban a ninguna parte. De modo que decidí ser yo mismo- más o menos- y esperar lo mejor. Por lo general, es la técnica que empleo con todas la mujeres. Cuando estaba en segundo año, le dije a una de las chicas de atletismo, Maysilee Donner, que era un experto en salto con garrocha. Cuando me pidió que se lo demostrara, casi me rompí la mandíbula porque caí de bruces contra la colchoneta. Esa experiencia (sumada a unos inteligentes consejos de Katniss) me sirvió para concluir que la mayoría de las mujeres tienen un sexto sentido para captar la mentira. Y una vez que te pescan en una, rara vez te perdonan.

Cuando sonó el timbre me quedé sentado. Todavía estaba indeciso sobre si debía o no acercarme a Delly. Luego oí que el señor Abernathy le pedía que se quedara un momento más para comentarle la política que seguía Plutarch High en cuando a disciplina. Eso me dio la pista para marcharme con elegancia.

Antes de volverme para seguir a Finnick, dirigí una última mirada a Delly. Ella apenas me sonrió y me saludó con la mano, como encogiéndose de hombros. El gesto me estremeció. En ese preciso instante, supe que ganaría la apuesta.

Katniss me esperaba en el pasillo. Durante el primer período estaríamos en la misma clase de Física.

-En cuanto a la apuesta…- empezó

Levante la mano y no la dejé seguir.

-No trates de echarte atrás, Everdeen-dije- Acabo de conocer a la chica de mis sueños. Ve comprando las tijeras y la tintura desde ahora.

Ella me hizo una mueca.

-¡Ja! No quería volverme atrás. Sólo quería decirte que quiero hacer un contrato por escrito. Para que no puedas escaparte de la vergüenza de llevar el cartel que diga "perdí"

-Que gane el mejor romance-declaré

Mientras caminábamos juntos hacia el salón de clase, contaba los minutos que faltaban para mi próxima clase.


Hola! He aquí otro capítulo de la historia, subí dos en poco tiempo porque no podré actualizar nada hasta el sábado 16 de febrero. Espero que lo disfruten! :)

LolaSnowWhite: me alegro mucho que te haya gustado esta historia y que continues leyéndola! Todavía tenemos 17 capítulos más delante :)

Cleoru Misumi: muchas gracias por el reviews! La verdad es que la personalidad de Peeta y el personaje real de la historia, Roger, son muy parecidas! De todas maneras, creo que si los juegos no hubieran existido, no sé si Peeta hubiera tenido el valor de hablarle a Katniss, creo que ella se hubiera casado con Gale y tendrían una carnicería o algo así jajajaja En fin, muchas gracias por ponerme en favoritos! :)

Saludos,

Ekishka