Este capítulo me ha costado lo mío, la verdad. He tenido una semana durilla después de todo. Pero por fin está. Muchas gracias por vuestro feedback, espero que sigáis así. Sí, esto empieza muy loco y lo que queda por venir XD. Habrá SwanQueen... pero sobretodo SALSEOOOOOOOO. Siento no habértelo tenido para el miércoles, Sweet, pero ya vamos avanzando XD.


Úrsula

Y ahora habíamos perdido a Emma, desaparecida del mapa sin más. Después de un obligatorio cambio de ropa, puesto que no pensaba seguir vestida como una mala pandillera mientras la buscábamos por todas partes. El viaje en coche había sido tan largo que me había quedado dormida en el asiento del copiloto. Aquel coche era mucho más cómodo de lo que parecía en un principio. Por eso cuando Cruella me zarandeó desperté alerta y de forma algo violenta.

_ ¿Ya llegamos?_ Pregunté, desperezándome. La verdad es que se me habían entumecido los hombros.

_ Sí, querida._ Me dijo, estaba claro que le molestaba que yo hubiese dormido mientras ella conducía.

_ Sigo sin saber dónde estamos y para qué._ Dije, cruzándome de brazos.

_ Donde estamos no importa._ Dijo Cruella, estaba claro que tenía sueño._ Lo que importa es que aquí se encuentra una de las pocas personas que tiene magia en este mundo.

_ Oh, eso suena bien._ Dije, alzando una ceja._ ¿Nos ayudará a encontrar a Emma?

_ Por supuesto._ Dijo, sonriendo con malicia._ Quizá hasta algo mejor.

Le seguí la corriente, pero la verdad es que me parecía que la falta de sueño la había hecho perder la cabeza. A saber a dónde me había traído.

Regina Mills

Mientras salía de aquel psiquiátrico que ocupaba el grueso de la población del pueblo, un hondo suspiro escapaba de mis labios. Estaba agotada. Y al día siguiente el día sería más complicado aún, tendría que conocer a la nueva integrante de las instalaciones, aquella mujer, Emma Swan. Había algo en aquel nombre que me producía cierto retintín, pero en aquel momento decidí ignorarlo. Tenía que volver a casa... algo que confieso que no me hacía especial ilusión. Mi hogar era un verdadero caos.

Aparqué el Mercedes junto a la entrada, me bajé y cerré con llave. Me quedé un momento parada delante de la entrada, porque la verdad es que no quería entrar. Pero no iba a dormir en la calle, eso estaba más que claro, así que, sin demasiadas ganas, metí la llave en la cerradura y la giré, preparada para la hecatombe. Efectivamente, en cuanto entré me recibió un grito.

_ ¡Mamá, Henry me ha escondido las llaves de la moto!_ Exclamaba aquella voz conocida. Bufé y me dirigí al salón.

Henry estaba con el mando de la consola en la mano, más que nada porque Lily estaba en mitad de salón, delante de la pantalla de la tele de plasma. Siempre discutiendo... De saberlo, me habría quedado sólo con Henry en lugar de adoptar al aquella buscaproblemas. Sin embargo, una vez más, tenía que actuar de mediadora en otra de sus discusiones. Suspiré y los miré alternativamente. Se notaba que no estaba de buen humor.

_ Henry... devuélvele las llaves a tu hermana.

_ Ella me ha roto la hucha._ Exclamó el niño, enfadado.

_ Tampoco había nada dentro._ Se quejó Lily, colocándose la chaqueta de cuero._ Necesitaba dinero para ir a la fiesta que está dando Lizzy.

_ ¿Quién te ha dado permiso para ir a esa fiesta?_ Pregunté, alzando una ceja.

_ Mami, por supuesto._ Dijo Lily, con una sonrisa traviesa.

Mallory, mi amante esposa, tenía la mala costumbre de consentir a nuestros hijos. Mi ceja alzada demostraba que mi opinión era contraria a dejar a Lily ir a esa fiesta. Sin embargo, rebatir a la antigua dragona además de ser contraproducente me dejaba como la mala madre de la pareja, y la verdad es que en aquel momento no me apetecía escuchar lloros y gritos.

_ Henry... te compraré otra hucha... pero dale las llaves a tu hermana._ Dije, molesta.

Henry me miró, como derrotado, y sacó las llaves de entre los cojines del sofá, tirándoselas a su hermana, que las cogió al vuelo con una sonrisa victoriosa. La morena se acercó y me miró con ojos de cachorrito, y sí, yo sabía lo que venía ahora.

_ ¿Me das dinero Mamá?_ Dijo, dándome golpecitos en el hombro con un dedo._ Ya sabes... para emergencias... no querrás que... bueno... ocurra un incidente...

Incidente... en resumen... que pensaba pasar por la farmacia y comprar preservativos... Y estaba siendo tan delicada sólo porque Henry estaba en la habitación, porque de lo contrario sería bastante más directa. Saqué la cartera y unos billetes cambiaron de manos.

_ Te quiero Mamá._ Dijo, dándome un beso en la mejilla y saliendo por la puerta por la que acababa de entrar.

_ Es insufrible._ Dijo Henry, poniendo los ojos en blanco.

_ Estoy de acuerdo... pero no digas que se lo he dicho._ Dije, guiñándole un ojo._ Este fin de semana te compro otra hucha, prometido.

_ Te creo Mamá._ Dijo, desperezándose._ Tengo que ir a la cama. Sólo estaba despierto para chincharla.

Suspiré, mirando el reloj que había sobre la pared. Sí que hacía al menos una hora que debía estar acostado. Me había quedado demasiado tiempo haciendo horas extras otra vez. Le acompañé a su cuarto y le di las buenas noches antes de dirigirme a mi habitación. Y la cosa iba a peor...

Mallory al parecer me había preparado una sorpresa. Me la encontré dormida sobre la cama, que llevaba ropa de cama roja y pétalos de rosa. Había velas dispersas por la habitación, ya consumidas, y sobre la mesa había botella de sidra y dos copas sin abrir. Confieso que me sentí fatal por verla así. Debía haberse dormido muy decepcionada. Me tumbé a su lado, pasando la mano por su cabello rubio, y ella sonrió en sueños, susurrando mi nombre. Me tumbé con ella y no tardé en quedarme dormida yo también. Quizá al día siguiente no lo estropease.

Emma

No podía dormir... principalmente porque Alice no dormía, llevaba toda la noche mirando hacia la ventanita de la puerta, como si esperase que la puerta se abriese, sentada en una esquina de la habitación, con sus ojos verdes fijos en ella, sin apenas pestañear. Sentía su mirada atravesar la habitación, como si fuese un objeto tangible, y sentía miedo de ella... a fin de cuentas estaba loca. Me preocupaba que me saltase encima y me estrangulase sin previo aviso... esas cosas pasaban.

_ La reina de corazones me encontrará..._ Decía en voz baja._ Me cortará la cabeza... ¡No te voy a dejar que te me acerques!

Gritó eso último a pleno pulmón y se puso en pie, dando puñetazos contra un enemigo invisible. Se fue acercando más y más a la puerta hasta que la tuvo delante y comenzó a aporrearla con ganas. El ruido se hizo insoportable. Me puse en pie rápidamente y la tomé por la cintura, apartándola.

_ ¡Basta, Alice! ¡Sólo es un mal sueño!_ Exclamé, tratando de contenerla.

_ No es un sueño... es un recuerdo... ¡Y me pone enferma!_ Exclamó, lanzando una risotada enloquecida, mientras me tomaba por los hombros y me zarandeaba._ ¡El país de las maravillas está devastado! ¡Mi mente está destrozada!

Se quedó dormida, repentinamente, en mis brazos. Era una sensación extraña. Notaba su peso, su calor... seguía respirando, ahora acompasadamente... ¿Acaso había estado dormida todo el rato? Me fijé un momento en su rostro, tan aniñado... me fijé en su cabello... y entonces fue cuando me percaté de que la melena negra tenía raíces rubias... estaba teñida. Con delicadeza la tumbé sobre su cama y me tumbé en la mía... aunque no creía que pudiese dormir aquella noche. Esperaba que pronto lograse hablar con la directora y volver a casa.

_ No dejes que la reina te confunda... no dejes que te aparte de los demás... si estás sola... estás perdida._ Murmuró Alice, en sueños.

Úrsula

Confieso que no me esperaba que nuestro largo paseo terminase en un pequeña tienducha en mitad de la nada, cuyo rótulo, ilegible, parecía a punto de desmoronarse sobre nosotras. Sin embargo Cruella, confiada, tocó con fuerza en la puerta, pero la persona que estaba al otro lado, si es que la había no parecía tener verdadera intención de abrir. Cruella, como era normal en ella, siguió insistiendo hasta que la puerta se salió de sus goznes y se cayó al suelo... Cada vez tenía menos esperanza en encontrar a alguien en aquel tugurio.

Sin embargo, se escuchaba una hilera de ronquidos reverberando por la estancia... Cruella tenía razón después de todo. Encontramos a un hombre de color que se había quedado dormido en una silla de madera, que tenía pinta de ser muy incómoda. Llevaba un sombrero de copa ajado que, al igual que su ropa, estaba llena de rotos y remiendos... de hecho, habías tantos remiendos y parches de distintos colores que resultaba difícil saber de qué color había sido originalmente. Cruella, dio un golpe sobre la mesa y el hombre despertó, alterado.

_ ¡Largo de aquí! ¡Estoy retirado!_ Exclamó, haciendo gestos desmedidos con las manos.

_ Ahórranos el teatro y dime tu precio._ Dijo Cruella._ Estoy buscando magia y en este mundo escasea... ¿No había eco en esta sala cuando alguien decía esa palabra?

_ El eco está ahí... todo el tiempo._ Dijo él._ Pero esta vez sólo para mis oídos. Ya se lo he dicho, señorita De Vil, estoy retirado.

_ ¿Cuánto quieres?_ Preguntó Cruella, dejando un maletín sobre la mesa._ ¿Cien mil dólares? ¿doscientos mil acaso?

_ ¿Llevas eso encima?_ Grité, fruto de la sorpresa, mirando instintivamente hacia ambos lados.

_ ¿Tú no?_ Preguntó ella... en una alarde de chulería.

_ Me lo pensaría por quinientos mil..._ Dijo el hombre, alzando un poco la vista de modo que pude ver sus ojos azules.

_ Cuatrocientos._ Regateó rápidamente Cruella.

_ Quizá por trescientos cincuenta no acabéis las dos en un bote..._ Dijo el hombre, mirándonos.

_ Bien... trescientos y cerramos el trato._ Dijo Cruella, casi con desafío.

_ Trato hecho, señorita._ Dijo el hombre, conforme._ Un servidor, el doctor Facilier, está a su servicio... ¿Qué puedo hacer por tan bellas damas?

_ Sueltas un par de billetes y todo el mundo encuentra su educación._ Bromeé, aunque con un punto de verdad, claro está.

_ ¿Qué puede hacer por tales bellezas un pobre pecador?_ Preguntó, guiñándome un ojo.

_ Necesitamos un rastreador._ Dijo Cruella, muy directa._ Hemos perdido a alguien y los medios convencionales para buscarla no funcionan.

_ ¿Una mujer de recursos como tú no tiene medios para rastrear a quién se le haya perdido?_ Preguntó, casi burlón.

_ Nuestro equipo solía de ser... hemos perdido mucho sin el olfato del dragón._ Dijo Cruella, en el mismo tono.

_ Bueno... habrá que cambiar eso... ¿Buscas a una presa, Cruella?_ Preguntó él, que parecía repentinamente más cómodo con la situación.

_ Algo así..._ Dijo ella, poniendo los ojos en blanco._ ¿Puedes ayudarnos o no?

_ Claro que puedo._ Dijo él._ No por los métodos convencionales... pero... encontrarás a tu presa.

Cruella dejó el maletín encima de la mesa y él lo recogió y lo dejó a un lado, mientras cogía algunos utensilios y frascos que iba colocando sobre la mesa... entre los que se incluía un gato vivo metido en una jaula. ¿Qué diablos iba a hacerle al pobre animal?

Tardaría poco en descubrirlo, puesto que parecía ser el centro de aquel hechizo... resultó que no era un gato... era una gata. Empezó a crecer, a expandirse, y sus maullidos de dolor pronto se convirtieron en rugidos. La jaula empezó a doblarse y finalmente se abrió y salió despedida mientras aquellos rugidos felinos llenaban la estancia. Pero la cosa no acabó allí. Su cuerpo empezó a alterarse, y el pelo a caerse hasta quedar pelado... el rostro cambió, y la piel se tostó hasta alcanzar un color negro intenso. Una cicatriz, como una travesura, surgió en el ojo derecho mientras aquella mujer, mareada, se esforzaba por levantarse, aparentemente sin importarle su desnudez... Su cabello azabache no tardó en crecer.

Cruella parecía a punto de preguntarle a Facilier que era lo que había hecho, pero el hombre había desaparecido con facilidad pasmosa. La mujer nos miró a ambas, con gestos de entre curiosidad y furia. Parecía que la habíamos molestado... o interrumpido... ¿Quién sabe? Se sentó sobre la mesa y nos miró.

_ Ahora... ¿Cuál de las dos me va a dar una razón para no desespedazarla?

_ Osea que vamos a morir... y lo más probable es que Emma esté con Regina. ¡Bravo por tu plan, Cruella!

_ ¿Has dicho Regina?_ Preguntó la mujer, mirándome a mí, como si Cruella no tuviese importancia._ ¿Te refieres a la reina malvada? ¿Vais tras ella?

_ Sospechamos que la persona que buscamos está con ella, sí._ Dijo Cruella, sacando ventaja._ ¿También tienes cuentas con la reina?

_ Digamos que es la segunda persona a la que quiero colocar en el menú._ Dijo ella, cruzándose de brazos._ Supongo que puedo dejaros vivir... por ahora...

Se puso en pie e hizo amago de dirigirse hacia donde se encontraba la puerta para salir. Cruella la tomó de la mano, con intención de detenerla, pero ella dio un giro para que le soltase el brazo y la ricachona emitió un quejido, le habían crujido los huesos.

_ Sólo quería que te pusieras algo... No puedes salir por ahí desnuda._ Dijo, ofuscada.

_ Eso no solía ser un problema._ Dijo ella, mirándola. Sus ojos tenían un destello rojizo, que confieso que daba cierto pavor.

_ No pasa nada... te dejo mi gabardina._ Dije, poniéndosela sobre los hombros._ Creo que todas podemos tranquilizarnos un poco.

Lily

La fiesta no estaba siendo tan divertida como yo creía. Pensaba que con el padre de Lizzy en el psiquiátrico de mi madre sería un desmadre, pero al parecer su madre iba a llegar de un viaje y no íbamos a poder dejar la casa hecha un infierno. No obstante, tampoco éramos un montón de monjas. A pesar de que el ritmo de la fiesta era algo aceptable a todas nos sorprendió ver como la anfitriona se ponía a temblar de repente, como si estuviese presenciando algo terrible. Lizzy negaba mientras su melena pelirroja le tapaba la cara, impidiéndonos la visión de su rostro. Cuando se detuvo, estaba llorando.

_ ¿Qué te pasa, Liz?_ Pregunté, mirándola.

_ No lo sé... es sólo que siento que algo terrible se nos echa encima...