Dobleele; aaaaayyy que gusto, gracias por leerte mis ocurrencias, ojala te guste este cap, lo había subido a ao3 pese que juro que es la última vez que rectifico caps ya subidos :'c… buena suerte con el suspenso de la siguiente actualización.
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Dejaron la habitación atrás y aprovecharon la tibia mañana para alargar el trayecto de su cita. Excepto que al moreno le parecía eterno ese camino al rio, sospechaba aún más de las ganas de Sanji por visitar ese lugar por esas ofrendas que llevaba consigo.
Seis obeliscos a las orillas del rio prometían diferentes metas, dependiendo los homenajes y los rezos, estos actuaban según las creencias de los habitantes.
Sanji comenzó por si mismo la costumbre de visitar uno en especial, cual yacía sobre una plataforma de rocas a plena orilla del agua. Alrededor había incienso humeante y flores frescas.
La zona era visitada por mujeres, unos cuantos mercantes y animales salvajes que dormían a la sombra de ellos.
Law tenía serios comentarios en mente, tales como no era necesario rezar por una casual visita al corrupto noble de la ciudad, aunque el obelisco dictaba dejar la suerte para otros y no la propia.
El rubio saco de entre su cinturón varas de incienso y las coloco con el resto, no las encendió, las dejo y se retiró. Trafalgar le seguía en silencio puesto que recordaba a ese mencionado demonio de cabellos verdes.
Puede que Roronoa sea compañero de esa pandilla del Sombrero de paja, pero al peli-negro le enfadaba los bondadosos gestos de Sanji por alguien que le rechazo.
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Sus sandalias de madera ya no resonaban como lo hacían en casa, el mismo pasar de las personas y las conversaciones llenaban el eco de las calles, posiblemente se debía a la verdadera identidad de ambos plasmadas en sus prendas.
Sanji era alguien nuevo para el público que no visitaba su restaurante. Pese que Law provocaba murmullos y pánico que él disimulaba al distraer al oji-azul con los grupos de mujeres que había en el canal jugando con canoas, el cocinero volteaba de inmediato donde ellas, ambos recibían saludos corteses.
Los barrios altos eran distintos, salud y prosperidad disimulaban las sombras ante el verdadero resplandor. Pese a la cortesía…. pese a los visitantes…. no era posible confiar en quienes se hospedaban en los alrededores. Era mucho más cómodo recorrer las calles de artesanos y mercaderes; por ello, antes bien se perdieron entre bahías a campos de ceda, volviendo una y otra vez de entre regiones con clase a campamentos de extranjeros.
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Incontables conversaciones entre ellos trataban de los amigos de Sanji, de cómo es que conoció a los demás Sombreros de paja así como otros datos curiosos de sus enemigos; De como Luffy provenía de pacíficos campos con molinos. Sobre Nami y su lucha por escapar de los archipiélagos flotantes de Arlong. De Chopper y su medicina mágica que le convirtió en Reno. Brook y su dilema de ser confundido con un cadáver que necesitaba ser exorcizado para encontrar paz, cuando en realidad solo le hacía falta la sombra que le robaron para así ser libre de las tierras de eterna noche.
Pese que Law no le pedía la biografía de cada uno, el rubio traía a flote la historia y esas anécdotas. El peli-negro tomo en cuenta como no tenía ninguna sobre Nico, Franky o Usopp (este último por dudar de sus verdades); No dejemos de lado que los dos enamorados no querían recordar al espadachín de tres espadas.
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Al detenerse en un puesto de Daifuku; unos dulces de masa blanca con fresas en su interior, tomaron asiento en las bancas de madera cerca de las pequeñas rocas en el centro de ese jardín frente al negocio.
Sobre tales piedras había pequeñas figuras de animales, las réplicas de estos pedazos de madera eran idénticas unas de otras así como de la realidad, esos pequeños ejércitos de lechuzas, gallos y entre otras deidades reencarnadas en seres salvajes, lucían como minúsculos ejércitos esperando órdenes.
Sanji se distraía por la comida, no como si la amara, pero el oji-azul adoraba descubrir sabores y criticar el uso de incluso los ingredientes clandestinos creciendo ya en la santa tierra Japonesa.
Law acabo con su porción y miró por un largo tiempo esas mini-esculturas, lo suficiente como para que el artista culpable se levantara de su escondite entre otras personas y caminara directo al oji-gris.
El desconocido por desgracia usaba un sombrero de paja cóncavo que le hacía parecer un hongo andante, su rostro protegido alertaba aún más a Law al verle introducir su mano entre su túnica, sin tener idea de lo que se aproximaba, Trafalgar se mostró inmune a su presencia salvo que se preparado con esa seña en su mano lista a transportarle con una buena cantidad de kilómetros al cielo.
No retiro su sombrero al inclinarse ante el peli-negro, de sus ropas extrajo una pequeña figura que cabía perfectamente dentro de su puño cual ofreció a Law seguido de rendirle respeto. –Felicidades, mi señor Donquixote,- El hombre volvió a tomar el cuello de su propia túnica mostrándole el interior de ella parchada con esa sonriente Jolly Roger de su tío.
Seguramente Corazón esparció la noticia a todo el Clan, incluso al que se infiltraba en la ciudad. Qué vergüenza, exageraban con esos rumores de que ya olía el incienso de su boda.
Dejó que el artista se retirara en silencio al aceptar su contribución, por coincidencia, Sanji se había ido y vuelto ya con otros bocadillos encontrando a Law tal como le dejo.
El plato de Takoyaki que trajo era exclusivamente para el peli-negro ya que provenía de esos vendedores que decían que su General merecía gratuitamente lo mejor del negocio.
Trafalgar recibió el platillo y se lo intercambio a Sanji a por esa escultura que recibió. Sobre las manos del tez-blanca se encontraba un pequeño zorro de las nieves, sus ojos cerrados mostraban paz interna, del pequeños mamífero salía un cordón rojo.
El cocinero lo aprecio por completo puesto que el oji-gris no le había entregado nada material (no con tanto desinterés pero con intención… ¿tal vez?), con cuidado lo puso en el bolsillo interior de su túnica, no dejaría que el curioso cosquilleo en su pecho le hiciera perderlo de entre sus dedos.
El moreno termino con sus bocadillos de pulpo con soya y se dispuso a seguir el curso hasta las colinas repletas de escaleras, ya entre esos esfuerzos por no quedar sin aliento hasta llegar al palacio; le contara como termino esa aventura entre colinas purpuras donde Corazón aprendió por la malas a tocar la ocarina.
Después de encontrar la cima, Law escuchaba a su pareja al revelarle de donde provenían esas pipas que tenía en venta. Resultaba que su padre, Zeff, las había tallado tanto para él como para tener un sustento e intercambiarlas para que asegurara los alimentos para sus amigos, no obstante, Luffy robaba el cuádruple de mercancía para el Clan, más de lo que sus pipas podrían comprar. Sanji guardo el dinero con el que Rosinante termino con sus existencias.
Siguieron paso a paso, siendo más lentos al ver el palacio a la lejanía, esos cielos de mermelada tan cálidos no merecían darles la espalda.
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Fiestas de máscaras se organizaban al atardecer, esas recreaciones de dioses contra guerreros se actuaban con música y gritos. Templos se llenaron de público curioso y de escritores que viajaban desde otros pueblos para inmortalizar las costumbres en la joven capital.
Avanzaban calmados, Trafalgar pegaba su brazo al del rubio esperando tener un buen agarre cuando Sanji se quedase atrás contemplando a las mujeres que le dedicaban una tierna mirada. No obstante, el oji-azul fruncía la mirada al ver guerreros sin maestro ni compañeros, perfectamente le recordaban lo molesto que estaba con su colega de cabellos verdes.
Había pequeños campamentos, muy cerca del jardín real, confiscando las espadas de hombres deambulantes, los guardias no tenían tolerancia a las amenazas ni a samuráis veteranos. Ciertamente la capital constaba de miles de entidades, por ello es que un hombre del gobierno tomo posesión del castillo antes que Luffy.
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-Mi señor Blackleg.- El sirviente se inclinó ante el mencionado, Trafalgar se colocó al frente de ambos esperando sus intenciones.
Al apenas cruzar los colosales y diversos arcos rojos (cuales repelaban demonios y usuarios), un pequeño carruaje individual era jalado a pie por el hombre que apareció, Sanji desvió su mirada al camino ignorándolo.
-Debió esperar en su hogar a que le recogieran.- El hombre les siguió apresurado, cansado e insistiendo sus órdenes y deberes.
-Procura tus fuerzas para la comodidad de las mujeres, podemos llegar por nosotros mismos.- El cocinero prefirió ignorar los beneficios, debido al pequeño transporte, prefería que Law le acompañase.
Ante los primeros arcos del castillo ambos eran amenazados con fechas cuales cargaban los guardias en lo alto de los pilares, su puntería les seguía al pasar y ser interrogados de nuevo por otro hombre ante las puertas en la cima de las escaleras.
Guardias imperiales aguardaban su visita, la profundidad del pasillo terminaba antes de la primer torre de recepción, la transparente cúpula opacaba los verdaderos colores del atardecer.
Sin dilemas de por medio y siendo escoltados bajo la miradas de los miles de subordinados, Sanji disimulaba el cómo registraba a memoria cada pasillo y habitante. Entrar sería fácil para los Sombreros de paja, la salida era un camino corto al enterarse de los miles de jardines que desprotegían los pasillos.
Cortinas purpuras y rojas colgaban desde el techo, mujeres conversaban entre ellas y jugaban con fichas en mesas de madera. Hombres descaradamente perseguían a otras integrantes de la corte, jalaban sus ropas y demandan un mejor trato que la insípida comida que tiraban al suelo.
…
Law empujaba a los precavidos guardias que malinterpretaban las posiciones de sus manos, sus uniformes blancos no le intimidaban. Le alteraba el cómo resaltaban ciertas personas que no dejaban de vigilarles desde los segundos pisos.
El recorrido jamás fue directo, otro sirviente de nariz-larga (y cuadrada) les daba la descripción de cada torre, repitiendo el número de guardias con espadas, arcos, y lanzas por sección.
La mirada del sirviente a Trafalgar deducía que le distinguía de ser un anónimo samurái, aunque su gorra ocultaba su peinado, Law no detenía la tensión de su mano para invocar su espada cuando le necesitara.
Tras la espera, en su ruta encontraron otra habitación de puertas inmensas talladas y moldeadas de metales. Cuatro sirvientes de cada lado se necesitaban para abrirlas, no obstante, alguien más se interpuso.
-Tu acompañante se quedara, deberá esperar en los jardines,- Pese a que ambos escucharon la voz de un hombre a la altura del tejado, lo que encontraron al buscarle era una paloma que bajaba hasta tocar suelo frente a ellos.
Distraídos por el vuelo del pequeño emplumado, Law era amenazado por el largo filo de una espada que se apoyó en su hombro, a sus espaldas un guardia imperial de largos cabellos negros y ondulados sostenía ese acero.
Al sentir la tensión de ese movimiento, Sanji volteo a ver a su pareja, su sombrero se había caído, la otra mano del guardia pretendía tomar el cuello de Trafalgar si es que se volteaba o avanzaba.
Una bandana negra bajo un sombrero de paja oscura resaltaba a espaldas del Doctor, el hombre era más alto que él, su traje entre grises y negros tenía un cuello alto y prendas sujetadas a la silueta de su cuerpo. Era un uniforme ligero y flexible, especial para atacarles de esa manera.
-No se permiten armas más que las de la escolta.- De alguna forma el guardia había acertado al igual que Sanji al percatarse de como Trafalgar pretendía pasar con una versión más pequeña que su fiel demoniaca espada. –Al suelo.- Rob pretendía que le obedeciera mientras el rubio seguí avanzando por las últimas puertas por su cuenta.
La paloma subió a la cabeza de Trafalgar, aun amenazado por la espada. De rodillas en la alfombra central, a Law le arrebataron su arma, no tuvo más que asentir para Sanji, así se alejaría dejándole lidiar con el astuto enemigo.
El oji-azul dio otro vistazo hacia atrás, dándose cuenta de la sonrisa del guardia y el enojo de Law al separarles.
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Sanji no era de esos hombres que se sentía en desolación a estar por su cuenta, oh no, jamás, anteriormente se había encargado de clanes completos sin siquiera un arma en mano.
Estaba entre subordinados de gobierno, y su rubio trasero ya tenía en su historial miles de actos ilegales.
Sentía la mirada de alguien más, o era porque las lámparas del pasillo estaban demasiado calientes y cerca de su cabeza.
La puerta al salón principal estaba completamente hecha de hoja de oro, denotaba magnos trabajos artesanales a comparación del resto en el castillo, los bienes materiales en masa molestaban e incomodaban al cocinero ya que el actual Señor de la capital jamás procuro el bienestar de los habitantes.
Corriendo la puerta, el interior mostraba una enorme habitación de muros sin ventanas ni otras puertas más que una doble al fondo con decorados de garzas, elefantes y pandas que llenaban igualmente las artesanías en todos los estantes, aparentaba ser un almacén de malas combinaciones en lugar de una sala de bienvenidas.
Sanji camino al centro y se sentó en el suelo frente a la mesa de madera blanca, ese color inusual le hacía desconfiar de la pureza de los objetos. Sobre tal mueble se encontraba una enorme pecera, bastante alta, al nivel de su rostro veía las algas y el pequeño pez beta que vivía ahí.
El sirviente nariz-larga se apartó y tomo lugar bloqueando la puerta por la que acababa de cruzar. Sin más comentarios, el rubio esperaba escuchar que problemas ocasionaba Law tras los muros.
La puerta corrediza al fondo se abrió dejando entrar a dos mujeres que con sus voluminosas vestimentas cubrían al emperador que se presentó con una carcajada en lugar de un respetable silencio.
Ahora que el cocinero le conocía en persona afirmaba que su aspecto concordaba con el propósito del decorado del castillo, los tantos objetos valiosos no restauraban lo viejo que era el lugar así como lo horrible que el hombre peli-morado era.
Su rostro estaba cubierto por una máscara que bloqueaba su mejilla y frente, las tiras de su accesorio pasaban por su cabello cual se alborotaba sin ser controlado en un peinado de noble, ciertamente sus ropas moradas denotaban el alto rango con cual pretendía intimidar al joven rubio.
Spandam se acercó a la mesa con un vaso de madera, cual tiro dentro de la pecera, -¿Y este quien es este?- Al fin se percató de Blackleg esperando paciente, el hombre le señalo, ahora con tanta cercanía Sanji notaba lo negro que eran sus dientes, incomodos de ver.
Una de las mujeres le informo al Emperador sobre su nombre, su ocupación en el pueblo así como su desconocido lugar de origen.
-Wa ha ha,- reía ante el rubio, su cara se dirigida a la pecera, le distraía como es que del vaso en el agua había salido otro pez de la misma raza preparado para despedazar a mordidas a su nuevo enemigo.
Spandam se acercó con emoción al ver los anfibios rasgarse y envestirse hasta que el peor mal herido cayera al fondo de la pecera. El peli-morado aplaudió la victoria del blanco beta mientras otros sirvientes se llevaban la pecera de entre sus miradas para así llenar la mesa con la cena.
Los ojos del rubio se oscurecieron ante el entretenimiento del hombre, calmado deseaba escuchar la razón de su cita y mandarlo a la mierda tan pronto como fuera posible, con solo dos mujeres y un desconocido guardia como testigos había posibilidad de salir otra vez en incognito.
-¿Qué quieres decirme con esos sellos, eh?,- Señalaba su preciada túnica, ¿piensas intimidarme?- Sus acompañantes se reían o repetían sus palabras si el hombre lo deseaba.
El peli-morado no cuestionaba, si no exigía lo que se le antojase, su agresividad y aprovechamiento ni siquiera dejaban al cocinero a defenderse. El oji-azul bajaba la mirada constantemente soportando las ganas de romperle la cara.
-Tu cabello de oro no es por que estés poseído, ¿Será valioso?-
Tras ser molestado y agredido verbalmente, Sanji se mantenía inmóvil ante la mirada del guardia, prefería ver el techo o los objetos en lugar de aguantar el cómo esas acompañantes daban de comer al Emperador.
No le ofrecieron nada al invitado, estaba destinado a escuchar por quinta vez como supuestamente estaba agradecido de que Sanji salvo a uno de sus tantos miembros del consejo tras alimentarle, cuando ese moribundo hombre del gobierno apenas piso la entrada de la capital, la víctima había sido asaltada días antes de llegar ahí, la hambruna y la miseria tocaron los puntos débiles del cocinero.
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-Falta poco, Luffy.- Repetía Nami al intentar calmar a su capitán, el joven peli-negro no tenía el control del caballo que montaba por lo que la peli-naranja tomaba las riendas mientras Monkey saltaba sobre el animal.
-Es noche, los refuerzos tendrán que alcanzarnos dentro de la guerra.- Franky termino de acumular las armas que Sanji obtuvo, coloco una bandera de tela rasgada por sobre la cima donde se encontraban vigilando la llegada de sus aliados. –Listo, en marcha.-
-Hoy ni siquiera hay espíritus deambulando,- Ussop titubeo en ser un guerrero, esos escalofríos empeoraban, ayer recordó ver dentro del bosque ese enorme esqueleto que emanaba fuego de sus ojos, de no ser por las protecciones de Robin, tal vez esa bestia habría entrado en la ciudad.
-Deben tener miedo, o alguien los acumulo para matarnos.-
Hablando de esa mística peli-negra, sus comentarios se esperaban, también se emocionaba por luchar. –Espero sea culpa de Torao, tiene finta de apoderarse de las ánimas.- Invento sus teorías mientras esperaba ver al peli-verde samurái en la lejanía.
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Disfrutaría un foso de serpientes o ser abandonado en un calabozo con murciélagos… Hmmm no, que personal tan inculto, le torturaba infinitamente esperar aislado, con tan poca atención… como bostezaba… apreciaría tener una actividad que le obligue a valorar su vida, tenía años que no rezaba por deidades.
El doctor aprendió que el gobierno arruinaba sus hobbies, ni esos guardias súper-secretos avivaban el demonio de su fruta.
Esposado y confinado a estar directamente bajo la luna, Law se concentraba en no perder el ritmo de su respiración al localizar a Sanji con su Haki, el rubio sufría, no obstante, el cocinero le pidió que no se interpusiera, que tendría su momento con el noble ya que sus amigos arribaran.
-Ideal sería verte en el calabozo, excepto que el invitado demando que te perdonara.- Los ligeros pasos de Lucci se detuvieron detrás del moreno, sin verse a la cara, ambos sonreían, uno por usar su autoridad y el prisionero por ser subestimado.
Rob se retiró al no tener respuesta de Law, no le agradaba que no siguiera el juego, ese Donquixote reconocía su posición, al estar aliado a ese Guerrero del Mar entonces le brindaba ciertos niveles de inmunidad.
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Quería un ruido, una chispa que le llamase e invocarse personalmente al lado de su pareja.
Maldita sea, si esas sombras sobre el tejado no eran Luffy y sus amigos, entonces ….¿Que o quienes llegarían ante su aburrimiento?.
El oji-gris se retiró de su castigo, invoco un Room trayendo a sus manos a Kikoku, se levantó y estiro las piernas al ritmo de una campana que sonó desde una plaza de bonsáis, encantador, habrá violencia innecesaria... Perseguiría a Lucci antes de toparse con todo su escuadrón…. si ambos querían diversión, ¿Que más que una cacería?... eso no estaba prohibido por su pareja.
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