¡Bienvenidos a esta segunda viñeta!

Gracias a damcastillo y a Muselina por los reviews del capítulo anterior. Hoy toca un personaje bastante despreciado por el fandom: Caroline Bingley. Sin embargo, espero saber hacerle justicia y haceros disfrutar con la viñeta.


El placer de lo cotidiano


Caroline Bingley

Caroline Bingley no puede evitar que una mueca de desagrado se dibuje en su boca, mientras analiza con detenimiento la imagen que le devuelve el espejo; las diminutas arrugas que rodean sus ojos verdes son el signo inequívoco de que el paso del tiempo está haciendo mella en su rostro.

Un suspiro plagado de tristeza y resignación, escapa de sus labios.

Ella era todo lo que una dama debía ser; su belleza había sido largamente aclamada y supo convertir su refinamiento e instrucción impecables en sus señas de identidad. Diversas mujeres la habían envidiado, sabedoras de que nunca podrían igualar la blancura natural de su tez, ni competir con sus delicadas maneras. Tampoco habían sido escasos los hombres que habían buscado su compañía, anhelando entablar conversación con ella, mientras admiraban su porte y su figura.

Sin embargo, allí estaba. Sola.

Caroline había cometido un serio error al cifrar sus sueños y esperanzas en un único hombre que más tarde escogería a otra y, ahora, estaba pagando las consecuencias de dicha equivocación.

Unos leves toques en la puerta la devuelven al presente.

Dentro de unos instantes, Caroline habrá de bajar al salón donde, su hermano, su cuñada y sus sobrinos, le habrán preparado alguna sorpresa. Ella deberá mostrarse sorprendida, halagada incluso. Se verá forzada a mostrar indiferencia y fingirá que no le da la más mínima importancia al hecho de cumplir veintiocho años y seguir soltera.

Altiva y orgullosa, la señorita Bingley se dirige a encontrarse con su familia. No es momento de compadecerse de sí misma.