Capítulo 2.
Bryan observaba a Vladimir corretear, con pasitos aun de bebé, mientras Edward se comía un helado, tranquilamente sentado en una banca. El río Senna era hermoso en verdad, pero los niños estaban comenzando a quemarse por el sol, por lo que Bryan decidió llevarlos a pasear por los Campos Elíseos. Los niños no tenían ni idea de todo lo que se perdían, tanto históricamente como de manera artística, al correr tan despreocupadamente, pero a Bryan era lo que lo ponía de buen humor. Sobre todo, ver a Edward comportarse como un niño de su edad, pues tal parecía que la muerte prematura de su madre le había quitado parte de su infancia, y con ello, parte de su inocencia. Bryan suspiró, habían pasado ya dos años de la muerte de Marianne, y poco a poco las cosas iban tomando nuevamente su rumbo habitual. Una de sus mejores amigas, Elieth antes Shanks, ahora Schneider, le había dicho después del funeral que la vida continua y que con el paso del tiempo el dolor se vuelve más soportable y uno aprende a vivir con ello. Bryan de momento no lo creyó, se hubiese dejado morir de no ser por sus hijos, pero ahora se daba cuenta que Elieth tenía razón. El tiempo cura toda clase de heridas, sobre todo, las más profundas. Bryan esperaba que el tiempo también tuviese alivio para Edward.
- Papiiiiiiiiii.- Vladimir saltaba, tomado de la mano de Bryan.- Papi, papi, papi, te quiero.
- Yo a ti.- dijo Bryan, sonriendo.
- ¿Mami?.- preguntó Vladimir, de repente.
A Bryan le dio una punzada en el corazón. De poco tiempo a la fecha, entre las palabras que Vladimir había aprendido a decir, se encontraba el vocablo "mamá", y al parecer el pequeño comenzaba a entender que ese vocablo estaba destinado para alguien especial, alguien que no estaba a su lado. Afortunadamente, él aun era muy niño y no necesitaba explicaciones muy elaboradas, de manera que Bryan se limitaba a sonreír y a decirle que pronto la vería, aunque él sabía que la situación con su hijo cambiaría pronto, él crecería, entendería más cosas de la vida y la "situación maternal" no sería tan fácilmente controlada.
- Ya viene.- dijo Bryan, melancólico.
- Viene, mamá, viene.- repitió Vladimir, trotando con sus pasitos de bebé.
Edward se mantenía cerca de ellos, yendo de aquí para allá, aparentemente sin poner atención a nada. El niño tenía ya siete años, y a él no se le engañaba tan fácil con palabras sencillas. Sabía que su mamá jamás regresaría, por más que lo intentara. Se había cansado ya de rogar por su regreso, sabía que era inútil insistir.
- Edward, ¿quieres ir a casa de tía Eli?.- preguntó Bryan.
- Me da igual.- Edward se encogió de hombros.
No era que Edward no quisiera a Eli, era que no se llevaba bien con uno de los hijos de ésta, Mijael, ya que los dos niños eran rivales. Al parecer, la bronca estaba en que Edward parecía no sentirse a gusto con cualquier niño que tuviese una mamá cariñosa, como lo era Elieth.
- Iremos un rato, nos invitaron a comer.- dijo Bryan.- No vayas a pelear con Mijael otra vez, por favor…
- Uhm.- fue todo cuanto Edward dijo.
Bryan suspiró nuevamente. De no ser porque en verdad quería charlar con Elieth, no se hubiera arriesgado a llevar a Edward al mismo sitio en donde estaba Mijael. Elieth había sido muy amiga de Marianne Ivanova Medvid, de hecho, había sido ella quien se la presentó a Bryan, por lo que la chica Shanks era la más cercana al matrimonio Cruyffort, y la más adecuada para hablar sobre Marianne y aconsejar a Bryan. Eli insistía en que Bryan volviera a enamorarse y casarse, no solo a sus hijos les hacía falta una madre, también a él le hacía falta un amor.
- ¿Vamos a ir, papá?.- preguntó Edward.- Para prepararme.
- Claro.- Bryan no pudo evitar soltar una risilla.- Vete haciendo a la idea.
Edward iba a responder, pero se quedó callado, y aparentemente paralizado por una escena que se estaba suscitando más adelante y que se dirigía hacia él. Bryan de momento no se dio cuenta de lo que ocurría, y cuando lo hizo, ya era algo tarde…
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Las cosas se habían salido de control. Logan alcanzó a ver a los agentes de la Interpol, a pesar de los esfuerzos de éstos, y ahora tenían a un peligroso criminal internacional corriendo por las calles de París, en una franca fuga desesperada. A pesar de todo, era obvio que Logan no tenía un plan de escape, o no había tenido tiempo de ponerlo en práctica, porque corría como alma que lleva el diablo, esquivando parisinos y atropellando a otros. Lara y Jean eran quienes lo seguían más de cerca, trasladándose la persecución a los Campos Elíseos. Lara y Jean notaban que el número de transeúntes aumentaba, situación que los preocupaba ya que alguien podía salir herido. Y tal y como lo pensaron, pronto Logan comenzó a atacar a la gente de pasada, para crear una distracción para los agentes que lo perseguían.
- Debemos sacarlo de aquí.- dijo Jean.- Esto se está saliendo de control, pide refuerzos.
Lara obedeció y pidió refuerzos, para lanzarse después tras Logan, de nuevo. Mientras tanto, Jean había visto ya la próxima víctima potencial de Logan, un niño rubio que lo miraba atónito, sin comprender lo que estaba sucediendo.
- ¡Quítate!.- gritó Jean, pero de antemano sabía que no serviría de nada.- ¡Todos tírense al suelo!
La gente que estaba alrededor alcanzó a escucharlo y se desató el pánico. Muchos se echaron al suelo y otros más echaron a correr. Sin embargo, el niño rubio estaba paralizado y no se movió, y Jean comenzó a temerse lo peor.
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Bryan alcanzó a darse cuenta de que su hijo estaba en peligro, ya que el hombre barbón y mugroso que corría hacía ellos no tenía buenas intenciones reflejadas en el rostro, así que, sin pensarlo mucho, Bryan corrió y se lanzó por Edward, quitándolo del camino y cayendo con él hacia el suelo, sintiendo como el tipejo pasaba a toda velocidad a su lado. Bryan se puso rápidamente de pie, para asegurarse de que Edward no había sufrido daño alguno, tratando de esquivar a la gente que corría a su alrededor. De pronto, sintió una mano en el hombro, y Bryan intentó defenderse.
- Tranquilo, soy agente de seguridad especial.- dijo un hombre.- Tiene que evacuar el lugar.
- Espere, mi otro hijo… .- comenzó a decir Bryan, pero el agente no lo dejó terminar.
- Vamos, aquí no es seguro.- el agente movía a todos los civiles del lugar.
- ¡Mi hijo, Vladimir!.- gritó Bryan.- ¡Tengo que volver por mi otro hijo!
Pero se había creado un caos y el agente alejó a Bryan y a Edward del lugar, sin poner atención a lo que el primero le decía. Bryan tardó mucho rato, entre tanta confusión, en zafarse del agente y volver al sitio en donde se había separado de Vladimir, y tomando de la mano a Edward, el holandés se lanzó a buscar a su hijo menor, y no se iría de ahí hasta no encontrarlo. Nunca se perdonaría si algo le pasara.
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Lara, por su parte, había corrido lo más que pudo para alcanzar a su jefe y a Logan, y alcanzó a ver cómo un hombre joven quitaba a un niño del camino de Logan, mientras Jean intentaba poner orden a las cosas. Sin embargo, la gente corría, gritaba y se empujaba, mientras Logan aprovechaba la oportunidad para escabullirse. Lara maldijo por lo bajo, se habían comportado como un par de idiotas, tanto ella como su jefe, dejando escapar la oportunidad de capturar al criminal sin alertar a la población.
De pronto, entre el tumulto de gente, Lara vio a un niño pequeño, quizás de dos años, quizás de tres, que lloraba y miraba confuso a su alrededor. La gente amenazaba con tumbarlo al piso o hacerle daño, así que Lara se dio cuenta que salvar a ese niño era lo más urgente, por lo que guardó su arma, aceleró el paso y llegó hasta él, poniéndose en cuclillas para quedar a su altura y no asustarlo.
- ¿Dónde están tus papás?.- preguntó Lara.
- ¡Papiiiii, papiiiii!.- lloraba Vladimir.- Quiero a mi papiiiii.
- Vamos a buscarlo.- Lara quitó al niño del camino de la gente y miró a su alrededor, buscando a los padres de la criatura, sin éxito.
Junto a ellos pasaba gente a todo correr, presa del pánico, pero ninguno de ellos parecía estar buscando a un niño, así que Lara no sabía qué hacer. Tenía que ir tras Logan, pero no podía dejar al pequeño solo ahí. Lara notó que el niño tenía unos hermosos ojos azules, aunque en ese momento estaban llenos de lágrimas, y alguna fibra sensible tocó su corazón en ese momento. No podía dejarlo solo, abandonado a su suerte, así que se puso a pensar en qué podía hacer.
- Quiero a papi.- gimió Vladimir, mirando a Lara.
- Buscaremos a tu papá.-prometió ella.- Cuando pase todo esto.
Esto último lo dijo más para sí misma que para Vladimir, aunque de todas maneras el niño no la escuchó. Él estaba asustado, de pronto había perdido a su padre y a su hermano y no sabía qué hacer. Sin embargo, una señora se había detenido a ayudarlo y Vladimir no pensaba separarse de ella, ahora que había alguien a quien aferrarse.
- Creo que por ahora será imposible buscar a tu papá.- dijo Lara, mirando que el lugar estaba quedando vacío, conforme sus compañeros iban evacuando el lugar.- Tendremos que esperar a que todo pase.
- ¿Del Valle? ¿Dónde te encuentras?.- tronó Jean, por su comunicador.
- Sigo en los Campos Elíseos.- dijo Lara.
- ¿Estás bien? ¿Te hirieron?.- cuestionó Jean, más calmado.
- No, tuve un inconveniente.- respondió Lara.- Lo siento.
Pero Vladimir no era un inconveniente, era un niñito perdido y asustado, y era necesario encontrar a su padre cuanto antes. Así pues, Lara cargó al niño y caminó con él, tratando de ver si había alguien que estuviese buscando un niño perdido, pero no fue así, por lo que tras un largo rato, Lara decidió regresar al cuartel de la Interpol. En el camino, ella escuchó que Logan había sido capturado, y maldijo en su interior por no haber sido ella quien capturara al criminal. Vladimir había dejado de llorar, y aferraba la mano de esa desconocida amable que se había ofrecido a cuidarlo mientras aparecía su padre. No sabía a dónde se dirigían, pero esperaba que su papá estuviera allí, esperándolo.
Una vez de vuelta en la Interpol, muchos de sus compañeros vieron a Lara cargar al pequeño, para mirarse después entre ellos, sorprendidos. Laurette también miró a Lara con sorpresa, pero la agente de la Interpol se apresuró a hablar.
- Lo encontré, estaba perdido después del caos que se armó al perseguir a Logan.- explicó Lara.- No localicé a sus padres, pensé que sería mejor traerlo y buscar a su familia desde aquí.
- Intentaré comunicarme con la policía local para que nos ayude.- dijo Laurette, tomando el teléfono. Después de todo, era lo que mejor podía hacer, comunicarse con el planeta entero, si se necesitaba.
Vladimir miraba ahora con curiosidad a su alrededor, a toda esa gente tan seria que al verlo sonreía, o al menos intentaba hacerlo. Al fondo, vio a un señor regañar a otro señor, gesticulando airadamente y a Vladimir esto le causó mucha gracia, soltando una risita de bebé que resonó por todo el lugar. Jean dejó de gesticular de repente y volteó a ver de dónde provenía esa risa de bebé, que esperaba que se tratase del tono de algún teléfono celular.
- ¿Qué es eso?.-cuestionó, con ojos como platos, al ver a Lara cargando a Vladimir.
- ¿Cómo qué?.- replicó Lara.- Es un niño. ¿No lo ves?
- Ya sé que es un niño.- protestó Jean.- Lo que quiero saber es qué hace aquí.
- Lo encontré en medio del caso que se creó con la persecución.- explicó Lara, por segunda ocasión.- Se perdió entre la confusión y trato de encontrar a sus padres.
- ¿Y para eso tenías que traerlo acá?.- Jean los miraba, con cierto espanto.- ¡No podemos tener niños aquí, ni siquiera dejo que traigas a tu hija!
- Lo sé.- bufó Lara, poniendo a Vladimir en el suelo.- ¿Pero qué querías que hiciera? ¿Dejarlo ahí botado, solo, a media calle?
- Bueno, no.- admitió Jean.- Supongo que no… Laurette, intenta contactar a la policía local para que nos ayuden a localizar a los padres de este niño.
- Estoy en eso.- respondió Laurette, cortésmente, sin hacerle ver que ya Lara había pedido algo similar.
- ¿Y mientras que hacemos con él?.- preguntó Jean.
Y antes que cualquiera pudiera dar una respuesta, Vladimir se paró en medio de los dos adultos que hablaban sobre él, y dijo algo en voz lo suficientemente alta para que todos lo escucharan:
- Popó.
Acompañó a esta palabra un aroma muy peculiar y muy conocido por todos. Los agentes que habían rodeado a Jean, Lara y Vladimir, comenzaron a dispersarse, haciendo muecas, tapándose la nariz y emitiendo gruñidos de desagrado. A Lara esto le pareció muy cómico y se echó a reír, de buena gana.
- No me causa gracia.- protestó Jean, tapándose la nariz.- ¡Hay que cambiar a ese niño!
- Lo sé, pero no hay aquí con qué.- replicó Lara, haciendo notar lo evidente. – Hay que comprar pañales, está muy pequeño para que ya sepa ir al baño.
- Bueno, pues ya está.- anunció Jean, como si con eso diera fin al problema.- Vas a comprarlos y ya.
- ¿Yo?.- Lara se sorprendió, a pesar de que se lo veía venir.
- Sí, ¿quién más?.- anunció Jean.- Te harás cargo de ese niño hasta que aparezcan sus padres. Tómate el día libre.
Quiso Lara protestar, pero no pudo articular palabra. Después de todo, ella había llevado a Vladimir hasta ahí, ella tendría que hacerse cargo, a menos que sus padres aparecieran por arte de magia.
- No consigo comunicarme con la policía.- informó Laurette, en ese momento.- Al parecer, están las líneas saturadas.
- Sigue intentando, cada cinco minutos si es necesario.- ordenó Jean.- Y en cuanto sepas algo, comunícamelo a mí y también a la agente Del Valle para regresar a ese bebé con su familia cuanto antes.
- Por supuesto.- asintió Laurette, volviendo a marcar los números de la policía.
Jean no volvió a dirigirse a Lara, por lo que ésta dio por entendido que la orden que le dieron de cuidar a ese niño había sido terminante, y peor aún, había sido en serio. Lara suspiró y se apresuró a tomar su abrigo y sus cosas, pensando en dónde demonios iba a sacar un pañal, ya que no podía llevarse a Vladimir sucio a hacer las compras de lo que hacía falta.
- Lara.- susurró a sus espaldas una de las agentes, llamada Michelle.- Mira, tengo algo que te puede servir.
Lara, intrigada, acompañó a su compañera al baño de mujeres, llevando a Vladimir de la mano; una vez ahí, Michelle sacó una bolsa con dos o tres pañales y un botecito de talco.
- Siempre cargo esto conmigo, porque nunca sé qué día voy a ver a mi sobrina.- dijo Michelle.- Ya una vez me cayó de sorpresa y me pasó lo que a ti, que no tenía pañales a la mano, así que suelo cargar uno o dos, por si acaso.
- Gracias.- Lara sonrió, aliviada, tomando el paquete que su compañera le ofrecía para cambiar a Vladimir.- Afortunadamente, mi hija es una histérica de la limpieza y no soporta traer las manos sucias o pegajosas, lo que me obliga a mí a cargar siempre con toallitas húmedas.
Michelle sonrió, y se dispuso a ayudar a Lara para cambiar al pequeño. Mientras lo hacían, Lara notó que el niño traía en la muñeca derecha una delicada esclava de oro, con un nombre grabado en ella: Vladimir.
- ¿Te llamas Vladimir, chiquito?.- preguntó Lara, agradecida de poder llamar al niño con un nombre y no solo como "chiquito", o "pequeñín", o "el niño que me encontré en la calle".
- Sí.- respondió él, con vocecita de pequeño.- Vla-i-mi.
- Vladimir.- sonrió Lara.- Tienes un nombre muy bonito.
- El niño reía y tarareaba una cancioncilla no muy entendible que digamos, y Michelle y Lara se reían con él.
- Este niño es un amor.- comentó Michelle.- Es muy dulce.
- Parece.- asintió Lara, tratando de no encariñarse con él.- Será mejor que me lo lleve, éste no es el sitio más adecuado para tener a un niño.
Una vez que Vladimir estuvo cambiado, limpio y libre de malos olores, Lara tomó sus cosas y se fue con él. Una vez en el auto, se dijo que tendría que conseguir una silla para niño, aunque Vladimir ya tenía edad y altura suficiente para ir solo. Sin embargo, Lara tuvo la precaución de sentarlo en el asiento trasero, para protegerlo de las bolsas de aire en caso de un choque.
Lara pensó que al menos, lo único bueno que sacaba de eso, era que podría ir a recoger a su hija y cuidarla ella misma. Tendría que hablar con Lizzie y pedirle que se portara bien con sus profesoras, porque no podía cambiarla de escuela a cada momento. No quiso ponerse a pensar en lo que diría su hija cuando la viera llegar con Vladimir, ya en su momento se encargaría de eso, y además, se suponía que el niño no se quedaría mucho tiempo con ellas. O al menos, eso era lo que Lara pensaba.
