Disclaimer: El mundo de Harry Potter no me pertenece, todo es obra de J.K Rowling. Este fic tampoco es de mi autoría, es una traducción autorizada del fic escrito por Galfoy.
ESTÁTICA
(STATIC)
por Galfoy
Draco despertó en una extraña habitación. La cama era suave. No sentía dolor, pero estaba cubierto por algún tipo de ungüento. Todo olía a eucalipto.
Lucius estaba sentado en una silla frente a él, parecía como si se hubiera bañado y comido desde la última vez que Draco estuvo consciente. Ahora él tenía una cobertura de metal sobre su muñón, con un largo palo en lugar de esa parte de su pierna y pie.
―Hijo ―dijo duramente ―.Por poco no sobrevives.
Draco tragó saliva con dificultad. Sentía su lengua seca y entumecida.
―Te pondré al tanto de lo que pasó en esta semana ―Lucius continuó hablando, sonaba enojado y a la vez cansado ―.Luego de ser torturados, fuimos abandonados en el sótano del cuarto escondite, presuntamente para morir. De alguna forma la Orden había planeado atacar el lugar esa noche, nos encontraron, y ofrecí información a cambio de nuestro rescate. Acordé responder a algunas preguntas sobre nuestras operaciones, mientras ellos aceptaron curarnos y escondernos.
―Nos vendiste ―Draco murmuró entre dientes, mirando fijamente a su padre, su lengua rígida le hacía hablar lento. Estaba furioso con su padre. ¿Cómo se supone que ahora regresarían al lado del Señor Oscuro? Su cabeza le palpitaba de tan sólo pensarlo. ―¿Estás ayudando a la Orden? ¡Somos mortífagos, padre! ¡No nos asociamos con esta gentuza! ¡Necesitamos volver a nuestro bando!
Lucius se puso lívido, la vena de su cuello se tensó. Acercó su rostro a centímetros de los ojos cerrados de Draco.
―¿Nos vendí? ―rugió―¿Nuestro bando, Draco? Nuestro bando asesinó a tu madre, se apropiaron de nuestra fortuna, nuestra mansión ancestral, y nos abandonaron para podrirnos como unos prisioneros cualquiera. No me gusta asociarme con traidores a la sangre, pero me maldeciría si no vengo la muerte de tu madre. ¿Y sabes por qué nos traicionaron? Porque un hechizo de mi varita rebotó en uno de los nuestros durante una misión. Sí, un rebote el cual no pude controlar le costó la vida a tu madre, porque el Señor Oscuro estuvo buscando la excusa perfecta para deshacerse de nosotros. Es cuestión de perspectiva, hijo mío. Hasta donde tengo entendido, casi mueres de dolor antes de que la sangre sucia regresara. Aparentemente ya no cura más―en primer lugar tuvo que ser persuadida para venir―¡Tienes suerte de estar vivo! No me digas más tonterías sobre nuestro bando. Ellos nos dejaron para morir. Ellos nos usaron mientras lo necesitaban, y luego se deshicieron de nosotros. No les debo nada.
Lucius volvió a su anterior posición en la silla, enfurecido.
Draco parpadeó torpemente. Nunca había visto así a su padre. Controló las náuseas que sentía al imaginar nuevamente los ojos de su madre otra vez, justo antes de ser asesinada. Luego apartó ese recuerdo. No podía lidiar con ello ahora. No lo quería creer. El resto de las palabras de su padre hacían eco en su cabeza. Algo destacaba...
¿Granger no cura más? ¿Qué demonios le pasó?
Antes de poder emitir su pensamiento, Ojo Loco Moody irrumpió en la habitación luciendo tan loco como siempre.
―¿Estás despierto, no? Bien, porque no tenemos espacio para mantenerlos aquí por más tiempo. Estamos buscando lugares en los que podamos esconderlos, pero cada refugio está lleno, y creo que serán asesinados si los dejamos con alguno de ellos.
―¿A dónde esperas que vayamos, estúpido? ―gruñó Lucius―. ¿Acaso permaneceremos en esta habitación hasta el fin de la guerra?
―Cuida tu lengua, Lucius―dijo Moody con una peligrosa sonrisa en su rostro―.Quienes suplican no pueden elegir. Estamos trabajando en ello.
La puerta se abrió detrás de él y los tres hombres voltearon a ver a quien había entrado.
―Fuera ―dijo Hermione, su rostro inexpresivo como siempre―.Necesita otra vez tratamiento.
Lucius y Moody asintieron simultáneamente y se encaminaron para salir de la habitación. Moody se detuvo al lado de Hermione mientras salía.―Gracias, Hermione―dijo con una voz más suave de lo que Draco recordaba. Lo dejó perplejo. No era muñeca de porcelana.
Ella no respondió. De hecho ni se dio cuenta de que él le había hablado. Con su bolso en mano, caminó en dirección a Draco sin mirarlo a los ojos, y empezó a colocar varias pociones en el piso al lado de la cama.
Él la miró con una curiosidad mórbida. Algo le había pasado. Algo grande. Todo el mundo aquí hacía las cosas con cuidado, tratando de no dar un paso en falso. La ñoña rata de biblioteca se había convertido en una sombra de sí misma, y claramente no era el único que notaba lo raro que era.
Las botellas tintineaban mientras ella terminaba de colocarlas en el piso.
Draco decidió que si la iba a ver con tanta frecuencia, entonces lo mejor sería sacarle información.
―¿Dónde aprendiste a ser sanadora, Granger? ―dijo para probarla, deseando saber si es que ella podía oír lo que ocurría a su alrededor. Parecía un zombie. Sonó como una pregunta estúpida, pero él quería que ella hablara.
Ella continuó trabajando, destapando las botellas, ignorándolo por completo.
Su ira estalló. ―No te atrevas a ignorarme, sangre sucia ―rugió, dejando que su temperamento saque lo mejor de él. ¿Cómo se atrevía a pretender que él no existía? Gente como ella sólo debían servir a los de la clase de él, y aquí estaba él, dependiendo de ella para sobrevivir. No era natural. De todas formas él sólo pretendía entablar una conversación. Siempre fue una maldita empollona, incluso en la escuela. Demasiado buena para todos, pero imprescindible para sus estúpidos amigos.
Sus ojos se enfocaron en dirección a los suyos, indiferentes como siempre.
―No le respondo a nadie, Malfoy, menos a ti. Estoy aquí para extraer algo de la maldición que está en tu cuerpo y darte más medicamentos para el dolor. Si quieres hacer lo mismo que la última vez, puedo irme. La maldición te consumirá con el tiempo. Tomará varios meses quitarla de tu cuerpo, incluso con tratamiento diario.
Hizo un movimiento para volver a colocar las botellas de nuevo en su bolso, y la mano de Draco se lanzó hasta cogerla de la muñeca.
―¡No! ―gritó, tratando de calmar el pánico de su voz. Sabía que no soportaría de nuevo el dolor―acabaría con él―.No. No te vayas. Yo... por favor, no lo hagas ―suplicar era humillante, pero la sola idea de que la maldición hiciera estragos en él era demasiado. Notando que su mano aún la cogía de la muñeca, la soltó rápidamente con una mueca de asco. Solo porque quería ser curado no significaba que él quisiera tocarla, era una sangre sucia después de todo.
Con un encogimiento de hombros, ella volvió a preparar las lociones como si nada hubiera pasado. Draco la observaba trabajar. Su pequeña conversación no había hecho nada por calmar su curiosidad, y ahora estaba siendo humillado también. Esa perra.
Se rehusó a creer que no podría obtener algún tipo de información de ella. Él siempre había sido bueno para manipular a las personas―una Gryffindor deprimida no debería ser un reto. Decidió intentar otro tipo de acercamiento.
―¿Podrías decirme algo sobre la maldición? ―preguntó. Antes ella siempre disfrutaba parlotear sobre estas cosas―tal vez su deseo de enseñar a otros había sobrevivido a lo que sea le haya ocurrido. No sabía por qué sentía tanta curiosidad, pero en su universo, Granger era de una sola manera. Era una de una manera molesta, una que lo hacía querer estrangularla, pero era familiar. Le molestaba ver a esta extraña y malograda versión de ella frente a él.
Al principio parecía que ella no lo había oído, y casi suspira por la frustración. Tan molesta como siempre.
Luego empezó a hablar.
―Es conocido como la Maldición de la Llama. No causa quemaduras visibles, pero te hará sentir como si te hubieran prendido fuego hasta que el dolor te mate. Es como un virus muggle que permanece dormido dentro de uno por mucho tiempo hasta volver a atacar. Necesitas de alguien que lo retire, poco a poco, hasta que se haya ido por completo.
Se había puesto de pie, sus manos ahuecaban un líquido rojo entre ellas.
―Retira la sábana hasta la altura de tu cintura ―ordenó.
Draco se quedó mirándola fijamente, y se mordía la lengua para evitar que escapen un montón de insultos, hizo lo que le ordenó. Era la primera vez que notaba que estaba completamente desnudo bajo la sábana.
Con el torso expuesto, ella se inclinó sobre él y dejó que el líquido se derramara sobre su piel. El líquido tenía una consistencia gelatinosa, goteando en cámara lenta de sus manos hasta unirse en su torso. Ella presionó sus manos en su pecho y empezó a murmurar un conjuro.
Draco tuvo una extraña sensación mientras ella hablaba. Sus pequeñas y frías manos contra su pecho, la poción empezaba a calentarse, y algo dentro de él empezó a moverse.
La maldición, se dio cuenta de un sobresalto.
Sentía cómo era extraída de su cuerpo, a través de su sangre hacia su pecho y luego a través de sus manos. Era la sensación más rara que había experimentado. Ardía mientras desaparecía.
Ella lentamente alejó sus manos, unos retazos fibrosos de tela negra salían de él mientras ella continuaba pronunciando el encantamiento. Literalmente ella estaba retirando el hechizo fuera de él. Unos hilos negros colgaban de sus dedos ahora, ya no estaban conectados con su cuerpo. Con una última palabra, los retazos fueron depositados en un pequeño envase.
―Entrené en secreto con el Sanador que apoyaba a la Orden. Fue asesinado.
Draco la miró estupefacto. Ella había respondido a su pregunta. Mucho después, aún así sin una pizca de emoción, pero respondió.
―Eso fue raro ―dijo algo aturdido, sin responder a ninguna pregunta en particular.
―Ve de vuelta a la cama ―dijo, sus ojos muertos se enfocaron en empacar las pociones y luego haciéndolas levitar fuera de la habitación.
Él cayó en un sueño errático.
Algo lo obligó a despertar. Sonidos. Una discusión.
―...creo que es una terrible idea.
―¿Pero cuáles son las opciones, Harry? Lo digo en serio. Ellos deben ir a otro lugar y no pueden permanecer aquí. El Ministerio está bajo el control de Quien-tu-sabes, y los demás refugios están al límite.
―No se lo podemos pedir a ella, ¿la has visto? A duras penas nos ha dirigido tres palabras en la última semana. Apenas vive por inercia. Es un milagro que aún no se haya ido...
―Ella no se irá porque le pedimos que se quedara. Somos el único motivo por el que ella está aquí ayudando, así que somos los indicados para preguntarle si quiere hacer esto.
―¡Ron, no enviaremos a los Malfoy, dos personas que desearían verla rostizada en un asador, a vivir con ella! ¡Estás completamente loco!
―¡Pues no hay otro lugar para enviarlos! Necesitan atención médica, es lo menos que podemos hacer para cumplir nuestra parte del trato. Harry, no creo que sea imposible... míralo de esta forma: le dará algo que hacer. Sabes tanto como yo que el cuidar a dos personas, aunque sean unos malparidos, será mejor para ella que estar por allí sentada preparando pociones misteriosas y luego probándolas en ella mima.
Hubo un lúgubre silencio en la habitación.
―Sí ―dijo Harry, aclarándose la garganta algo incómodo―.Creo que tu punto es válido. Pero aún no estoy convencido. Quiero decir, ¿Malfoy? no se lo desearía a nadie. Él podría complicar las cosas.
―Me ofendes ―murmuró Draco, quien había estado prestando atención a la conversación con interés, fingiendo dormir para asegurarse de que siguieran hablando. ¿Granger trató de matarse? Deben estar bromeando. Abrió los ojos para encontrar a Potter y Weasley mirándolo fijamente desde la esquina de la habitación. ―¿A propósito, por qué tienen esta conversación aquí?
―Porque podemos ―escupió Ron enojado―. Todas las habitaciones están ocupadas por personas recuperándose de los ataques de tu bando.
―¿Entonces por eso quieren mandarnos a mí y a mi padre con Granger? Sorprendente.
―Cierra la boca, Malfoy. Estarías de suerte si ella acepta. De lo contrario esta habitación será tu hogar hasta que la guerra termine. Y como sabes, ni siquiera tiene una fecha de finalización.
A Draco no le gustó eso, ¿pero viviendo con la sangre sucia? ¿Eran esas sus opciones?
―¿Qué la quebró? ―preguntó de un momento a otro.
―¿Disculpa? ―Harry rugió.
―¿Qué la quebró? ―repitió Draco―.Ahora es una maldita zombie, caminando por allí como ellos. ¿Qué le pasó a su querida princesa?
―Como si te importara, Malfoy ―gruñó Ron―.Es la culpa de los tuyos. Malditos maniáticos los que le hicieron eso. Vamos Harry, no tengo ganas de hablar con este pendejo.
Ellos se fueron enojados, murmurando entre ellos mientras caminaban.
¿La culpa de mi bando? Pensó vagamente antes de caer dormido otra vez.
―¿Qué quieres que haga QUÉ?
Draco escuchó el eco del chillido a través de toda la casa, concluyó que era el Cuartel de la estúpida Orden. ¿Cuánto tiempo había estado allí? ¿Dos semanas en total? Qué maldita pérdida de tiempo. Él debería estar en la mansión ayudando a preparar los planes para el siguiente ataque, no echado sin hacer nada en un salón mientras la princesa de Gryffindor le retiraba la magia oscura de su pecho.
―¿Estás fuera de tus cabales? ―escuchó el siguiente grito. Le siguieron voces más tranquilas, tratando de calmarla.
Parece que Potter y Weasley están teniendo un buen rato tratando de convencer a Granger para que nos acepte a mí y a mi padre, pensó con amargura.
No era que quisiese quedarse con ella. Era una asquerosa sabelotodo, una sangre sucia patética y miembro del santificado Trío de Oro. Los odiaba. La odiaba.
Pero también odiaba permanecer en esa maldita sala mientras los ineptos miembros de la Luz pasaban y lo observaban. Ellos merecían estar muertos. Pronto lo estarían, si el Señor Tenebroso estuviera en camino. Él deseó que ese día llegara pronto.
Pero por ahora, él quería un cuarto con una puerta que cerrara correctamente y una cama que no fuera un mueble transfigurado. Si eso significaba permanecer con la sangre sucia, que así sea. Él veía su miserable rostro todos los días tal como era―nadie más parecía saber cómo sacar la maldición de su cuerpo y ella no estaba en las condiciones como para entrenar a alguien. Parecía que ella no hablaba con nadie más que el pequeño grupo que veía siempre cuando estaba consciente.
Hermione irrumpió en la habitación, su bolso colgando del hombro, pensó en una oportunidad, deseando que ella entendiera lo que él quería decir.
―Seré bueno, Granger.
Ella levantó su mirada. Se había calmado―nuevamente inexpresiva. Maldición.
―Tú no sabes cómo ser bueno. Nunca lo fuiste.
Y luego se fue.
Draco fue obligado a despertarse días después por un muy enojado Ron Weasley.
―¿Qué demonios le dijiste? ―rugió.
―¿Qué quieres decir? ―Draco balbuceó, tratando de recordar su última conversación con Granger.
―De la nada, ella nos dijo que permitiría que tú y tu padre se podían quedar con ella. Hace tres días ella estaba alterada por la idea. ¿Qué le dijiste?
―Piérdete, comadreja. Le dije que sería bueno. Ella no me creyó, ¿si? No ha dicho ni una sola palabra desde entonces.
Espera... ¿podemos quedarnos con ella?
Ron pensó en sus palabras por un momento. ―Le dijiste que serías bueno ―repitió más para sí mismo que para alguien más.
Enfocó sus ojos en Draco. ―Escucha Malfoy. Los vamos a llevar allá. Mione se hará cargo de su tratamiento médico, pero por lo demás, están por su cuenta. Están en la clandestinidad, ¿entiendes? Se quedarán en su casa y no se irán de allí. Sé que preferirían regresar con su adorado Señor Oscuro, cosa que nunca entenderé luego de lo que le hizo a tu familia, pero estarán escondidos si es que quieren vivir.
Ron acercó su cara a la de Draco, el enojo modificaba sus facciones. Parecía como si estuviera tratando de controlarse y bajó el tono de su voz. ―Hermione ha pasado por mucho. No es ella misma. Ella no te cuidará si metes de nuevo la pata―ella lo está haciendo por Harry y yo. No hagas las cosas más difíciles, ¿de acuerdo? Solo... solo no te entrometas con ella. Juro por Merlín que si su estado empeora por tu culpa, yo mismo te mataré.
Draco miró a Ron, tratando de decidir cómo se sentía ante su declaración ¿O era una amenaza? ¿Cuál era su estado?
―¿Qué la quebró? ―dijo en su lugar.
―Piérdete ―Ron gruñó, se levantó y abandonó la habitación.
Draco sonrió con suficiencia. Al menos saldría de esta maldita sala de estar. Estúpidos y sensibles Gryffindor.
