Capítulo 2: Of Meetings, Coffee and TV.
La gente caminaba a paso rápido por las veredas del centro de Tokio, el tráfico congestionando las calles en distintas direcciones en un constante ir y venir que daba vida a la ciudad. Desde la pantalla de televisión en uno de los edificios, una mujer anunciaba la noticia del momento en el noticiario de mediodía.
- Finalmente abrirá el nuevo centro comercial que pretende concentrar el mayor número de tiendas de Tokio, tras meses de construcción y millonarias inversiones por parte de diversas compañías, este nuevo lugar abrirá sus puertas al público mañana. Hoy, se celebra la inauguración de la construcción y un montón de rostros influyentes de política, negocios y espectáculo han sido invitados al evento que se espera sea uno de los más emblemáticos del año. Nuestra reportera enviada se encuentra en el lugar cubriendo el evento desde hace algunos momentos en los cuales la gente ha comenzado a llegar. Otonashi-san, ¿Cómo está todo por allá?-
El estudio de grabación del noticiero cambió para dar paso a una joven peliazul con gafas de montura rectangular rojas y ojos verdosos portando un micrófono y vistiendo una blusa a tono con sus ojos.
- Otonashi Haruna reportando desde la inauguración del nuevo centro comercial –dijo la joven: había un entusiasmo innato en su voz que parecía llenar de energía todas sus notas, por aburrido que fuese el tema de éstas. La chica se dio vuelta observando el tumulto de gente que se encontraba en el amplio lugar antes de volver a mirar al camarógrafo– Las personalidades importantes van y vienen, pero muchas de ellas se rehúsan a hablar con la prensa. Sin embargo y exclusivamente para nuestro noticiero, uno de los principales inversionistas cuya empresa ha sido uno de los pilares de la construcción de este proyecto ha aceptado conversar con nosotros e informarnos de los diversos aspectos del evento y del centro comercial en sí, nos referimos al nuevo líder de las empresas Kidou, Kidou Yuuto.
El camarógrafo cambió levemente el plano de la cámara para enfocar junto a la reportera a un joven de aspecto sereno y formal que se había acercado para contestar a la entrevista. Un par de lentes de marco delgado descansaba sobre su perfecta nariz, tras cuyos cristales unos almendrados ojos carmines observaban con tranquilidad a la cámara; como si no le incomodase para nada el ambiente o estar a punto de dirigirse a un montón de televidentes. Había además un aire intelectual en su persona más allá de su formal posición como empresario importante.
Llevaba el claro cabello en unas bien cuidadas rastas sujetas en una media cola y un terno impecable. La peliazul se apresuró en saludarle y dar inicio a la entrevista.
- Buenos días, Kidou-san, ¡Gracias por aceptar hablar con nosotros! Es un gran honor. ¿Cree que podría hablarnos un poco sobre el proyecto a modo de introducción para los televidentes? ¿Qué ventajas tendrá por sobre otros centros comerciales?
- Buenos días también, Otonashi-san, no es nada, es excelente tener este medio para difundir las novedades del proyecto. Se construyó este centro comercial con el objetivo de hacerlo más accesible al público de todas edades, con una amplia variedad de tiendas donde elegir, con más facilidades para llegar y una infraestructura moderna, novedosa y cómoda que facilitase su recorrido. Se han tomado en cuenta distintas fallas en otros edificios de esta índole y se han tratado de corregir de la mejor forma, además de incluir diversas atracciones que puedan hacer de la estadía en el centro comercial algo más que el simple hecho de comprar. Esperamos que puedan visitarlo y dar su opinión respecto a las novedades de este proyecto, de modo que se pueda mejorar día a día su rendimiento –dijo con rapidez pero recalcando los puntos importantes de modo que quedase lo suficientemente claro y no requiriese explicaciones extras. A medida que el ojicarmín hablaba, la chica asentía y cuando terminó, hizo una pequeña reverencia de agradecimiento.
-¡Muchas gracias por su tiempo, Kidou-san!
- No hay de qué, y visiten el centro comercial desde mañana.
Poco después, Haruna dio el pase de regreso al estudio de televisión y el camarógrafo le levantó el pulgar. Su trabajo ahí había concluido y se disponía a abandonar el lugar cuando sintió el singular calor del agarre de una conocida mano en su muñeca. Se volteó de inmediato para toparse con la sonrisa tranquila de su hermano Kidou, aquella sonrisa que guardaba sólo para ella y que había contenido durante toda la entrevista.
- ¡Onii-chan! –Haruna sonrió abrazando efusivamente a su hermano mayor a modo de saludo– Entrevistarte de ese modo se me hizo tan extraño… -sus delicados dedos recorrieron el cuello de la chaqueta del terno del de rastas– ¡Te ves fenomenal! –sonrió ampliamente, orgullosa de todo lo que su hermano había podido lograr, pues ella jamás había dudado de sus capacidades más allá de las facilidades que se le hubiesen podido dar por su apellido- ¡Ánimo con el trabajo, Onii-chan!
- Gracias Haruna –Kidou sonrió y le acarició el cabello con suavidad– Pero ya estoy algo cansado de haber estado tanto rato aquí… me han tenido toda la mañana corriendo de un lado a otro –suspiró y un momento después una sonrisa divertida se dibujó en sus finas facciones- ¿Qué me dices si nos escapamos un rato?
Haruna lo miró perpleja un momento, sus ojos abriéndose de par en par.
- P-Pero Onii-chan… -dijo incapaz de negarse a su proposición aun cuando sabía que no era correcto que se fuesen del trabajo así como así: ya no eran niños…
- Tranquila, ya es hora de almorzar, nadie se molestará por que salgamos un momento. –dicho esto, Kidou habló un momento con uno de sus asistentes anunciándoles que se retiraría a almorzar y volvería enseguida. Estos asintieron rápidamente y el empresario le sonrió a su querida hermana y comenzó a caminar, a lo que esta le siguió de inmediato– Conozco un café muy bueno cerca de aquí, hacen unos pasteles que de seguro te gustarán.
Haruna sonrió. Su hermano nunca dejaría de ser así de preocupado con ella.
Kazemaru Ichirouta volvía a mirar fijamente la pantalla de su móvil como si las respuestas a todas las preguntas del universo fuesen a salir de ésta. Pero no lo hacían. Suspiró y el flequillo que desde que tenía memoria caía sobre uno de sus ojos se elevó un par de centímetros de su rostro con el aire.
Su encuentro con el antiguo capitán de Raimon había devuelto un montón de preguntas a su mente que creía haber olvidado, pero lo que más le carcomía era la simple pregunta de si llamar al castaño o no.
Se sentía intrigado por lo que había dicho el animado Endou. ¿Con quién estaría viviendo? ¿Sería correcto ir a visitarle así como así? ¿Quería realmente re-establecer su relación con él?
Mientras su cabeza divagaba en torno a la sencilla pregunta de complejas y variadas respuestas, su café se enfriaba sobre la mesa sin haberlo siquiera tocado.
La verdad es que su dependencia había ido un poco más allá de la simple amistad y no sabía en que momento había comenzado a ver al castaño con ojos románticos; pero aquel momento, a diferencia de lo que todo el mundo cree de los cuentos de hadas, había sido el inicio de sus desgracias. Cada toque o sonrisa que le dedicaba el capitán había avivado sus esperanzas adolescentes para verse constantemente derribadas por las evidencias de que nunca sería visto como algo más que uno de los amigos que , embelesados por la cálida luz que emitía Endou, solían congregarse alrededor del capitán.
Había decidido olvidarle, había tratado de salir con otras personas; pero las confusiones se habían mantenido. Y una vez que concluyeron su educación en Raimon, había optado por lo más duro pero más sano para olvidar su obsesión con el maniático del Fútbol: Alejarse. Había entrado a estudiar psicología en una universidad en una ciudad vecina e incluso había pensado en mudarse a vivir allá, pero finalmente se instaló con su consulta en Inazuma Town; dispuesto a atender gente y solucionar sus problemas en una triste parodia a como no podía solucionar los suyos por si mismo y había optado por escapar de ellos hasta que desapareciesen. Y creyó que así había sido… Hasta ahora.
Pero culpar a Endou por aparecer nuevamente habría sido egoísta y estúpido de su parte: Su amigo no sabía nada de lo que le sucedía y tampoco era su responsabilidad saberlo. Todo había sido su culpa por evitar los problemas en vez de resolverlos. Siempre había sido así, y lo detestaba.
Repentinamente fue sacado de sus pensamientos al sentir movimiento en la mesa contigua a la suya en el pequeño café. Sus ojos involuntariamente se dirigieron a la pareja que acababa de sentarse en ésta y les reconoció de inmediato; Aun cuando solo les hubiese visto un par de veces en televisión. Eran Haruna y Kidou. Un pensamiento repentino cruzó su mente, y es que el pasado estaba volviendo a él casi inevitablemente.
- K-Kazemaru-san?
Cualquier oportunidad que hubiese tenido para irse disimuladamente y olvidar que esto hubiese incluso pasado se vio destruida enseguida cuando la dulce voz de la peliazul se dirigió a él. Sonrió algo forzosamente.
- Otonashi… Kidou… Tanto tiempo sin verles…
La mirada de escrutinio de Kidou parecía leerle como si se tratase de un interesante libro, y por un momento, deseó que su ex compañero aun llevase sus googles para no sentir su penetrante mirar tan directamente.
- Hola Kazemaru… Ciertamente ha sido un montón de tiempo, no esperábamos encontrarte aquí –sonrió– Es una grata sorpresa, ¿Por qué no te sientas con nosotros?
El peliazul dudó un momento antes de asentir y tomar su taza de café para ir a sentarse con el par de hermanos.
- Gracias… -por un momento un silencio le dominó; pero este fue rápidamente quebrado por Haruna.
- ¡Kazemaru-san se ve muy triste! –dijo la periodista rápidamente, dejando escapar las palabras que su hermano por discreción había estado conteniendo. El empresario miró disimuladamente por encima del menú que acababa de coger al antiguo defensa que se sobresaltó- ¿Ocurre algo malo?
Kazemaru dudó un momento de mentir, mas sabía que una mentira no pasaría desapercibida ante el intuitivo Kidou Yuuto. Tragó y esbozó una sonrisa nerviosa.
- No estoy triste… Sólo hay algo que ha estado molestándome hace algunos unos días…- Dijo Kazemaru ganando algo de tiempo al degustar de su frío café. Hizo una mueca de desagrado; había olvidado echarle azúcar.
Kidou alzó una ceja elegantemente mostrando su interés; sus modales se habían refinado levemente con la formalidad necesaria en su trabajo.
- Después de todos estos años… me reencontré con Endou –un pequeño silencio de sorpresa se hizo tras sus palabras y luego Haruna solo rió aliviada.
- ¡Vamos, Kazemaru-san! ¡Ya me había asustado! –la chica dedicó una mirada a su hermano como confirmando aquello- ¿Así que Endou-san? ¡Eso es fantástico! Hace tanto que no le vemos…
- Ciertamente -dijo rápidamente Kidou– No veo cuál sería el problema con esto, Kazemaru…
Kazemaru suspiró. Por supuesto que esto no implicaría un problema para nadie salvo él, asi que debía excusarse adecuadamente si no quería que las cosas se malentendiesen de forma aun peor.
- Es sólo que… Endou estaba muy contento de volver a vernos, incluso quería que nos juntásemos a conversar y yo… No estoy del todo seguro de si esto sea bueno… digo… No sé con quien convive ahora o a qué se dedica, tal vez sólo sea una molestia para él reencontrarnos… Me dejó su número de teléfono, pero he estado debatiéndome sobre si llamarle o no –se rió nerviosamente apretando un poco el móvil que tenía en una de sus manos desde que se había sentado en el café- ¿Debo parecer un cobarde no?
Antes de que Kazemaru pudiese agregar cualquier cosa o Kidou tuviese la oportunidad de dar uno de sus acertados discursos, Haruna había extendido la mano para arrebatarle el móvil al peliazul con agilidad.
- O-Otonashi qué estás… -comenzó el psicólogo antes de verse cortado por la chica.
- No veo que es lo tanto que hay que pensar, Kazemaru-san. ¡Llamaré a Endou-san enseguida! ¡Si sigue dudando de ese modo, al final no va a conseguir nada! –Kidou sólo sonrió divertido incapaz de llevarle la contraria a su entusiasta hermana a la vez que Kazemaru miraba aproblemado como la chica buscaba el número en su móvil, debatiéndose entre detenerla o sólo dejarle llamar…
Finalmente Haruna encontró el teléfono y sin dudar lo marcó y se llevó el móvil al oído.
Un segundo.
Dos segundos.
Aun no era demasiado tarde para detener a Haruna…
Tres segundos.
Click.
- ¿Endou-san? ¡Tanto tiempo! Soy Otonashi -el estómago de Kazemaru dio un vuelco y sujetó fuertemente su taza de café– ¿Hm? Porque estoy con Kazemaru-san en estos momentos, acabo de encontrármelo en un café… -silencio por parte de la peliazul- ¿De verdad? ¡Fantástico! Pues estamos en… -el resto de las palabras de la chica pasó a segundo plano cuando Kazemaru se percató de la implicancia de sus palabras; Endou vendría. Intentó disimular su nerviosismo y ansiedad; Los ojos de Kidou iban de su hermana a él con aire curioso– ¡Te esperamos! –Haruna colgó la llamada y le devolvió el móvil al peliazul.
- ¿Ya ve, Kazemaru-san? No era tan complicado… -sonrió retomando su estudio del menú un momento antes de bajarlo y sonreírle divertida a su hermano llevándose un dedo sobre los labios en la implicancia de secreto– Por cierto onii-chan, no le dije a Endou-san que estabas aquí… será una sorpresa. ¿Te morías por verlo también, no?
Kidou sonrió levemente y asintió. El destino también le había llevado a partir caminos con Endou hacia tiempo ya: Poco después del FFI, había decidido que ya era momento de regresar a Teikoku Gakuen junto a sus antiguos compañeros. Al fin y al cabo, era ahí donde pertenecía aun cuando Raimon hubiese sido particularmente importante para él.
No pasó demasiado tiempo para que la puerta del café se abriese y el animado ex capitán de Raimon se hiciese presente en éste. Haruna de inmediato le hizo señas para que se acercase.
- ¡Hola Otonashi, Kazemaru! Gracias por invitarme… -repentinamente su atención recayó sobre el tercer ocupante de la mesa y la sorpresa le invadió: La chica no había anunciado la presencia de nadie más en su llamada, mas era indudable de quien se trataba, aun cuando su apariencia hubiese madurado y difiriese bastante de la última vez que le había visto- ¡Kidou! –una gran sonrisa invadió al castaño- ¡Eres tú, Kidou! ¡Tenía tantas ganas de volver a verte!
Kidou sonrió con su usual tranquilidad levantándose de su asiento para estrechar la mano del castaño a lo que éste, efusivamente tiró de la mano del de rastas para estrecharlo en un fuerte abrazo. El antiguo estratega había sido uno de sus mejores amigos y había deseado volver a verle después de la separación de sus caminos. Kidou se rió levemente palmeando la espalda del ex capitán correspondiendo al abrazo pero algo cohibido con la excesiva muestra de cariño.
- Hola Endou… Digo lo mismo… -le apartó con suavidad– Pero creo que estamos… molestando en la pasada…
El mesero que traía el pastel que Haruna había ordenado esperaba con cara de poca paciencia que se le dejase el paso, impedido por el reencuentro de los dos viejos amigos. Endou se separó rápidamente llevándose una mano tras la cabeza y riendo con algo de vergüenza y el mesero sólo se apresuró a cumplir con su deber sin decir palabra alguna.
- Lo lamento –se rió y pasó a tomar asiento en el puesto vacío en la mesa- Es que nunca me imaginé que volvería a encontrarme con todos tan repentinamente… Todos estos años pensé en volver a buscarles… pero todos están tan ocupados con sus vidas… Que no quería ser una molestia… –le sonrió a Kidou- ¡Te vi un montón de veces en televisión, Kidou! ¡Eres tan famoso, es fascinante! No es menos de lo que esperaba de ti…
Kidou negó restándole importancia al asunto.
- Supe que aun estás en Raimon… haciendo clases. Que puedas seguir con tus motivaciones de aquella manera es más admirable, Endou –dijo Kidou con su usual seriedad, alzando con sus dedos sus gafas desde un costado, pues estas habían resbalado un par de centímetros por su nariz con las anteriores acciones del castaño profesor.
- ¿Aun en Raimon? ¡Eso es maravilloso! –agregó Haruna, quien había mantenido el silencio degustando su pastel recién llegado- ¡El equipo de soccer debe estar en su máximo esplendor si se trata de Endou-san!
Endou suspiró ante las palabras de Haruna, repentinamente afligido y esta alzó una ceja extrañada. ¿Qué habría dicho mal?
- No lo creo, Otonashi… -el aura desanimada no le quedaba para nada al castaño.
- ¿A qué te refieres, Endou? –preguntó Kazemaru, alzando la voz por primera vez desde que el otro hubiese llegado. Las rápidas intervenciones del par de hermanos le habían dejado completamente de lado por un momento. Casi se había sentido ignorado…
- Si lo piensan es algo bastante común en estos días… -Endou cogió una servilleta del centro de la mesa y comenzó a jugar con ella doblándola mientras hablaba- Los chicos están desmotivados… Y el simple entusiasmo de un viejo de otra época no va a cambiarlo… -se rió- Lo que digo es… Ya no son fáciles de impresionar… He intentado un montón de cosas, pero nada ha funcionado… -dejó caer la servilleta.
- Entonces sólo tienes que impresionarlos, ¿no? -cortó Kidou repentinamente– Mostrarles un poco de magia para que se sientan atraídos al igual que a las cosas brillantes que destacan en esta época… -el empresario sonaba tan increíblemente pragmático hasta que sonrió– Y luego mostrarles… el verdadero brillo del Soccer… que no se apaga con lo efímero de los tiempos… -aquel brillo que sólo Endou podía transmitir.
Endou miró al antiguo estratega sin entenderle del todo.
- ¡Onii-chan tiene razón, Endou-san! –dijo Haruna con decisión- ¡Sólo tiene que mostrarles su soccer como siempre lo ha hecho!
Kazemaru asintió.
- No creo que este reencuentro sea una simple coincidencia, Endou… -era el momento de serle útil al castaño. De remunerarle por todo lo que alguna vez había hecho por ellos– Creo que sería una buena idea reunir a Inazuma Japan una vez más… -negó con la cabeza– No… reunir a todos aquellos que jugaron soccer a tu lado, Endou. Demostrarles con acciones que el soccer aun es espléndido.
Kidou asintió enseguida, y Haruna apartó su pastel con rapidez para sacar su laptop del maletín que siempre traía con el fin de comenzar la búsqueda de inmediato.
- Chicos… -el castaño parecía al borde de las lágrimas de emoción antes de volver a su usual expresión decidida y entusiasmada- ¡Bien! ¿Qué estamos esperando entonces? ¡Tenemos a mucha gente que buscar! Me pregunto en qué andarán todos…
Kazemaru sonrió observando al castaño: Parecía que en estos 10 años nada hubiese cambiado en el ex capitán y en cierto modo le aliviaba…
Pero a su vez, complicaba aun más sus pensamientos e inevitablemente, sentimientos.
TBC~
Akai: *suspira aliviada* Al fin el capítulo 2… Espero que una vez más sea de su agrado y gracias por la buena recibida del capítulo 1. No especificaremos parejas aún por que si no, ¿Dónde está la sorpresa, minna~? Tendrán que seguir leyendo…
Sakura: Kidouuu… *baba* Bueno, plagio todo lo que dice Akai arriba. Anhelo de verdad que disfruten este episodio, así como la historia en general, y tranquilos, que ya lo bueno viene llegando~ ¡Muchas gracias por todos sus reviews! Han sido de un hermoso agrado *sonríe*
