¡Hola todos! Aquí un nuevo capitulo de esta nueva historia :3 Quería agradecer por todos sus reviews, me llegaron al corazón :'v Me animan mucho la verdad jeje
Sin mas que decir espero que les guste este capitulo :3
Declaimer:
Nota1: Ellos están en el universo PV 2D por lo tanto sus trajes son tal cual como son allí y Marinette ni Adrien existen aquí.
Nota2: Miraculous Ladybug no me pertenece al igual que sus personajes.
Capitulo II
"Una enfermera inesperada"
Tuvo un sueño raro y muy peculiar, soñó nuevamente con esos orbes azules y esa sonrisa llena de confianza que le ofrecía la mano con una expresión totalmente alegre y radiante. Al principio creía firmemente que tenía en frente a su querida Ladybug, pero al ver que su blanquecino rostro de porcelana no poseía una máscara; quedo hipnotizado por su belleza, a ella la conocía… tenía algún tiempo sin verla pero siempre había estado en sus pensamientos aunque siempre lo negaba, esa sonrisa amable y siempre bondadosa tenían a su corazón tan liviano como una pluma. De solo verla quería llegar a su lado y preguntarle qué significaba para él realmente.
Pero cuando ella abrió sus encantadores labios de cereza para responderle…
Despertó.
Abrió los ojos de golpe ante el recuerdo fresco de ella, queriendo de alguna manera volver aquel sueño que lo llenaba tanto de paz y tranquilidad.
Quiso incorporarse aun con su mente con una neblina de confusión, pero un suave quejido salió de sus labios cuando un dolor atravesó su cuerpo junto con una pesadez muy recalcada.
Con un gruñido se obligó a estar tendido mientras sus ojos se acostumbraba a la brillante habitación blanca, no tardó en darse cuenta que estaba en un hospital.
Pero al principio no recordaba del porque estaba allí.
Hasta que las imágenes de la batalla con aquella Akumatizada le vino a la cabeza como un rayo.
Parpadeo varias veces para centrar un poco su mente aturdida, había sido herido… y mucho la verdad.
Primero se quitó la estorbosa mascarilla de su rostro. Luego como pudo alzo un poco la cabeza y lentamente aparto la sabana para ver que estaba vestido únicamente con una bata azul típica de hospital, está la retiro con movimientos algo torpes porque las vías que estaban conectadas en sus brazos le dificultaban la tarea.
Cuando logro su cometido; se fijó que a la altura de las costillas estaba completamente vendado.
Hizo una ligera mueca con los labios, eso iba hacer un gran problema al parecer…
Bufo de frustración mientras volvía la sabana a su sitio y observaba algún punto muerto del techo, preguntándose donde se encontraría su Kwami y si estaba bien o el muy glotón estaría emburrándose de queso en alguna parte.
Cerrando los ojos y secretamente temeroso; toco con la yema de su pulgar la base de su dedo medio, suspirando casi de alivio al sentir la textura fría del anillo.
No sabía como pero no se lo quitaron y estaba jodidamente agradecido por ello.
El sonido de la puerta lo trajo nuevamente a la realidad.
—Qué bueno saber que has despertado.
Felix frunció los labios unos segundos antes de girar su rostro para observar a su padre, que seguía teniendo una expresión totalmente carente de sentimientos.
—Padre—saludo simplemente por pura cortesía, sintiendo la garganta realmente áspera y seca.
Gabriel se acercó a la camilla con una expresión más seria—¿Qué fue lo que sucedió Felix? Nathalie fue la que te encontró medio muerto en la entrada, se pensó que fue un intento de robo.
Era una excelente escusa y válida para sus circunstancias, pero obviamente su padre no se la tragaría tan fácilmente sabiendo que él era sumamente precavido y que estaba entrenado en esgrima y en otras artes que requerían agilidad y astucia.
—Solo me descuide y me confié—dijo sin dar demasiadas explicaciones apartando la mirada. Jamás sabría la de verdad que se interpuso entre el ataque de un Akuma y de dos chicas inocentes.
Había pensado que le iba a dar un sermón por su seguridad o si su imprudencia iba más allá de los límites…
—Desconozco los detalles, y no negare que me gustaría saberlo a su debido momento… pero por ahora solo me alegro que estés vivo hijo.
Con lentitud Felix volvió a mirar a su padre, sorprendido por sus palabras y en sus ojos azules quizás podría verse un indicio de algo parecido al afecto.
Pero eso se esfumo tan rápido como vino.
Ajustándose los anteojos miro al joven con una mirada impasible antes de volver hablar—Hable con los doctores para que te den de alta muy pronto a pesar que tu condición es algo delicada aun.
Felix estuvo de acuerdo, ya que le desagradaba el olor a medicamentos o a lo blanco resplandeciente del lugar.
—Y por eso te asignare una enfermera personal que te atenderá todo el día.
El joven tenso la mandíbula ante la amarga noticia—Eso no va a pasar y lo sabes padre—respondió con sequedad entre dientes, no confiaba en absolutamente nadie y menos que este todo el día a su lado como una lapa y tan debilitado.
—No es un tema que pueda entrar en discusión Felix, casi te rebanan el hígado en dos, no estás en condiciones de permanecer solo y menos cuidar de ti mismo—hablo con voz firme sin inmutarse al desagrado de su hijo.
Felix volvió apartar la mirada mientras apretaba los labios en una fina línea, prometiendo en silencio que no iba a permitir que nadie entrara a su casa a cuidarlo.
Absolutamente nadie.
Esa misma mañana lo atendió una muchacha de cabellera rubia y ojos violetas. Al decir verdad le hacía vagamente familiar, tal vez había estudiado en la misma secundaria, pero como siempre fue ajeno a los demás y la mayoría del tiempo permaneció solo leyendo; no podía afirmar realmente si la conocía de allí o no.
Ella se mostró muy respetuosa aunque él sabía que la ponía algo nerviosa con su mirada fría, pero poco le importaba.
Su padre se encargó de que esa misma tarde fuera trasladado a la mansión, lo cual fue algo bastante extenuante para su cuerpo aun débil y adolorido por la reciente operación.
Ahora mismo estaba en su habitación, con un centenar de almohadas en su espalda para quedar semi sentado, ya que por el tipo de herida no podía recortarse totalmente horizontal hasta que sanara un poco más.
Gabriel se presentó minutos después con una mirada implacable.
—Tengo que marcharme ya, el doctor vendrá dentro de poco a evaluar tu herida y recomendarte ciertos movimientos que puedes hacer y prohibirte otros—dijo en el marco de la puerta con Nathalie fielmente a su lado.
Felix no le extraño que a pesar de todo él tenía que marcharse a lo que sea que tenía que hacer de trabajo, no importaba si su único hijo había salido recientemente de una cirugía que decidió su vida.
—Estaré al tanto de tu avance, Nathalie se encargara de mantener todo bajo control en la mansión mientras no estemos, llamara aquí todas las noches si es posible—continuo mirando a su asistente que asentía obedientemente.
Si Nathalie se iba, entonces quedaría en manos únicamente del poco personal de la casa y su guardaespaldas. Le sorprendía que su padre no hubiera insistido con el dichoso tema de la enfermera.
Pero era mucho mejor así…
Podría empeñárselas solo, como siempre había hecho.
Poco tiempo después; Gabriel se retiró y ya debía de estar a medio camino al aeropuerto, pero a Felix poco le importaba. Lo único que quería en ese momento era descansar, pero la visita del doctor se lo impidió.
El hombre serio pero con mucha experiencia por delante; le explico que por unas dos semanas lo mejor era que estuviera recostado y que varias veces al día caminara un poco para ejercitar los músculos de sus piernas, pero siempre teniendo el máximo cuidado. Le indico algunos medicamentos que podía tomar si el dolor era demasiado fuerte y algunos antibióticos entre otro coctel de pastillas.
Pero lo que realmente puso de más mal humor a Felix fue el simple hecho que le insinuó que no podría sentarse atrás de un escritorio por esas dos semanas o más.
Su hígado estaba en un proceso de sanación al igual que las dos costillas rotas, así que no podía tomarse a la ligera el reposo absoluto.
—Vendré a visitarlo dentro de tres días, si algo llegara a cambiar por favor llámeme y estaré aquí en seguida—dijo el hombre canoso antes de marcharse con una ligera sonrisa—Pero estará en muy buenas manos, se lo aseguro.
Felix lo observo al médico irse con una ceja arqueada. Es como que si el hombre supiese algo que el no.
Y eso lo irritaba ligeramente.
Pero con un suspiro exhausto cerro los ojos un segundo para por fin poder descansar un poco.
—Vaya, vaya chico, casi te vuelven picadillo ¿No?
El gruño levemente ante la voz algo burlona de su Kwami. Al abrir los ojos nuevamente; la pequeña criatura negra se encontraba a su lado flotando, mirándolo con esos ojos verdes y felinos.
—Para tu desgracias no fue así—murmuro sabiendo que en realidad Plagg se preocupaba por él, aunque jamás lo admitiría en voz alta.
—Tal vez en una próxima—respondió con una sonrisa de colmillos mientras volaba y tomaba asiento en su hombro.
—¿Como… llegaste aquí Plagg? ¿Estuviste bien todo este tiempo?—dijo sin mirar a su compañero, la verdad se había preguntado desde que despertó en el hospital, donde se encontraba el escurridizo gato.
Plagg sonrió más ampliamente—Oh pero veo que estuviste muerto de preocupación por mí—dijo pasando una de sus patitas por su cabeza y movía la cintura en un gesto de fabulosidad.
Felix puso los ojos en blanco ante la impertinencia de la criatura—Solo respóndeme.
El Kwami resoplo molesto por a ver sido interrumpida su actuación—Antes que te ingresaran; logre escabullirme fuera del hospital y volar hacia aquí, era más seguro si estaba más alejado de los humanos—murmuro mirándose su pata como si estuviera evaluándose las uñas… que no tenía.
El rubio suspiro aliviado secretamente, por lo menos Plagg sabia como ser discreto de vez en cuanto.
—Pero no te preocupes—dijo acercándose para palmear la mejilla del joven—Te fui a visitar todos los días a ver si despertabas, chico flojo.
—¿Nunca dejaras de ser desagradable?—dijo en un gruñido tomándolo de la cola y alejándolo de su rostro.
Plagg quito su cola de un tirón—Pero si es mi maravillosa personalidad… envidioso—dijo aparentemente ofendido—Eres un amargado.
Felix lo miro con una ceja arqueada—Pero soy el amargado que te provee de camembert.
—Solo por eso te tolero—dijo cruzándose de patas asintiendo con los ojos cerrados seguramente imaginando a su amado queso.
El joven poso su vista en el techo. Aun no estaba adolorido, gracias por el medicamento que le administraron antes de salir del hospital, que seguiría surtiendo efecto por un rato más. Pero realmente se sentía cansado y con unas ganas enormes de dormir.
—Por cierto… creo que hoy te llevaras una gran sorpresa—dijo el Kwami con una gran sonrisa.
—¿A qué te refieres?
La criatura se encogió de hombros y comenzó alejarse flotando para buscar su queso—Pronto lo sabrás, oí a alguien llegar.
Y con esas últimas palabras; Plagg fue a su reserva especial de queso y se escondió para comer tranquilamente.
Antes de que Felix pudiera llamarlo para interrogarle; tocaron la puerta en un ligero llamado.
—¿Joven Agreste?
El joven reconoció la voz de su guardaespaldas al instante—¿Qué sucede?
—Tiene una visita joven.
Hizo una mueca de desagrado, ¿Acaso nadie lo iba a dejar descansar en paz?
Estuvo bien dispuesto a decirle quien quiera que fuese que se largara y volviera cuando su humor y su condición física no fuera tan deplorable, pero por el rabillo del ojo vio a Plagg que estaba flotando con su queso en una esquina de la habitación, mirándolo con una gran sonrisa gatuna mientras señala la puerta con la cabeza y movía sus cejas sugerentemente antes de volver a reír muy divertido para luego regresar a su escondite. Ahora el cansancio y mal humor de Felix fue reemplazado por la curiosidad.
Con los labios ligeramente fruncidos suspiro ante de volver hablar y que dejara entrar al visitante.
La puerta se abrió con demasiada lentitud para su gusto, en seguida su corpulento guardaespaldas entro e hizo una leve reverencia con una inclinación de cabeza.
—Es una enviada de su padre.
Dijo el hombre haciendo una ligera seña con la mano y una joven entro a la habitación con un ligero titubeo.
La respiración de Felix se quedó por un segundo atascada en su garganta.
Ni siquiera se percató cuando el guardaespaldas se retiró cerrando la puerta tras de sí dejando a ambos solos… lo único que él podía observar con incredulidad y sorpresa era a la joven que tenía en frente.
Su hermoso cabello azul oscuro estaba atado en un moño apretado, pero aun su flequillo y dos mechones rebeldes a cada lado de su rostro enmarcaba su belleza a la perfección. Sus ojos de un azul cielo y despejado eran expresivos y con un brillo único. Sus labios rosados poseían una tímida sonrisa, junto con un ligero rubor en sus mejillas.
Su vestimenta era sencilla, eran unos pantalones leggins que se cernían bien en sus torneadas piernas, unos tenis negros y una filipina azul marino muy parecida a la que las enfermeras solían usar, y finalmente entre sus manos tenían un pequeño bolso de color lila.
No podía creer que después de tanto tiempo sin verla, allí estaba nuevamente Bridgette… la chica que siempre estuvo revoloteando a su alrededor en la secundaria.
Su estatura seguía siendo algo pequeña, pero había florecido en belleza.
¿O era que siempre fue así y nunca se dio cuenta?
Bridgette se movió un tanto incomoda bajo la estricta inspección del joven. Estaba nerviosa y le había tomado mucha fuerza de voluntad para ir a la mansión Agreste a enfrentarse a Felix, esa mirada azul grisácea aun la desarmaba con un solo vistazo.
Cuando entro a esa amplia habitación con el corazón martilleándole en el pecho, esperaba que la impresión de ver aquel chico que tanto había estado enamorada en el pasado; postrado en una cama no le hubiera afectado tanto. Pero no era el hecho de que estuviese herido y recuperándose de una fuerte operación…
No, no. Era lo devastador que era su atractivo, sentía como sus mejillas se calentaban aún más por la intensidad de su mirada.
—B-Buenas tardes Felix—tartamudeo con algo de timidez, y enseguida maldijo su lengua y su tonto comportamiento nervioso.
El la miro directamente a los ojos y la joven pudo jurar que le atravesó el alma y su corazón salió por la ventana.
—Bridgette…—murmuro el rubio aun sorprendido, pero pudo ocultar muy bien su estado de ánimo como siempre con una máscara perfecta de serenidad. Sin embargo aún estaba algo impresionado por lo que le hizo sentir su dulce voz, ¿Después de cuánto tiempo…?
¿Meses? ¿Uno año? ¿Quizás más…?
La chica pensó que en cualquier momento sus rodillas pudieran doblarse, oírle pronunciar su nombre ocasionaba que a su corazón le salieran alas y quisiera volar de su pecho.
Si, definitivamente los sentimientos hacia Felix no habían muerto en todo ese tiempo…
En cambio el joven de cabellera rubia sintió como si el mismo tiempo se hubiese detenido mientras la observaba con atención. No pudo evitar que su mente divagara al pasado; donde en la secundaria siempre se había mantenido alejado de los demás para leer a solas. Siempre se le dio fatal socializar, además que nunca le dio mucha emoción intentarlo, prefería estar en su propio mundo, preparándose para el futuro igualmente solitario y ocupado.
Hasta que una chica de coletas y una gran sonrisa se interpuso entre sus planes.
Al principio solo se había sentido observado algunas veces al día, hasta que se dio cuenta que era aquella chica de tez blanca y ojos del cielo. Algo irritado no supo porque lo espiaba tanto ya que ni siquiera se conocían bien. Pero poco tiempo después el recuerdo de un día lluvioso acudió a su mente, donde le había prestado su paraguas a la joven por puro sentido del deber (O eso afirmaba el).
Desde entonces; ella comenzó acercarse de apoco, siempre sonriendo y con las mejillas ligeramente ruborizadas. Felix hizo todo lo posible por alejarla; tratándola con indiferencia o con palabras cortantes, pero Bridgette parecía inmune.
Por ella fue que conoció a Claude, la muchacha prácticamente arrastro a su amigo de cabellos castaños y los presento. Al principio Felix no le prestó atención, solo le devolvió en saludo sin ánimos y por pura cortesía… pero después de eso podría decir que entablaron una amistad, ya que Claude era bastante persistente.
Así obtuvo su primer amigo, y hasta el sol de hoy aun tenia aquella amistad. Aunque al finalizar su carrera universitaria con honores y en apenas tres años; ocasionando que su padre dejara en sus manos un montón de responsabilidad de la empresa, lo cual no le daba casi ningún tiempo libre como para encontrarse con Claude solo por el simple hecho de charlar.
Y desde que salió de la secundaria había dejado de ver tan seguido a la joven, ya que él era dos años mayor. Sin embargo eso no desanimo a la chica, que insistía en llevarle presentes hecho por sí misma cada vez que se topaba con él, entregándolos con su sonrisa que opacaba al mismo sol.
A su lado no sabía si sentirse irritado por su manera de ser tan animada o por los sentimientos que tenía por su lady…
Pero llego un punto en que no la volvió a ver, tal vez porque Bridgette había comenzado su carrera universitaria en otro instituto más alejado.
Si mal no recordaba había pasado un año desde la última vez que la vio.
Y sinceramente no sabía cómo sentirse al respecto, si espantado o aliviado de ver una cara familiar…
Si, debía de estar muerto del cansancio por comenzar a pensar de esa manera, ¿El aliviado de ver a Bridgette?
—¿Qué haces aquí?—pregunto con voz serena volviendo a la realidad.
Ella apretó el agarre de su bolso, con el corazón latiendo apresuradamente en su pecho—Y-Yo… pues… ehmm...—suspiro con algo de frustración. Tomo una gran bocanada de aire mientras cuadraba los hombros, lista para enfrentarse a cualquier cosa como su alter ego, había ido con una misión específica y la iba a cumplir—Vine a cuidarte, soy tu enfermera personal—dijo firmemente.
Las expresiones en surcar el rostro de Felix fue primero de sorpresa, luego confusión, incredulidad y por último una mezcla entre irritación y sospecha.
—Pero qué cosas dices…—murmuro el con los labios fruncidos. A la final su padre no se atrevió hacerlo… ¿O sí?
¿Fue capaz de enviarle a Bridgette para atenderlo? ¿Tan malévolo era Gabriel Agreste contra su propio hijo?
Bridgette no pudo evitar acercarse un poco a la cama para ver más de cerca el estado del joven mientras comenzaba hablar nuevamente—El señor Gabriel me lo pidió personalmente—dijo deteniéndose unos pocos pasos de separación de la cama, observando al rubio, él tenía una camisa manga larga de un tono azul claro, la sabana lo cubría hasta la cintura. Su corazón se hundió ligeramente al notar su palidez y el cansancio que sus ojos demostraban—No te preocupes, tengo experiencia en esto, hace poco tiempo cuide a mi tía de una operación delicada en su casa—comento con una pequeña sonrisa de confianza.
—Con que mi padre…—susurro apretando los dientes, mirando a la joven de arriba abajo sin descaro alguno—¿Desde cuando eres enfermera?—pregunto arqueando una ceja, creyendo que la chica iba a terminar por ser diseñadora o algo similar.
Ella comenzó a mover las manos un poco nerviosa—En realidad… soy voluntaria en el hospital desde hace algún tiempo, a pesar que no tengo ese título supongo que estoy calificada como una—respondió muy orgullosa de no balbucear.
Felix volvió a fruncir los labios—Calificada o no igual no necesito a una enfermera, o lo que sea que seas.
Sus palabras fueron como agujas silenciosas que se clavaron en su corazón. Por un momento creyó dejar de respirar por el ligero dolor, pero se obligó respirar hondo, este era el Felix que recordaba… el que era totalmente arisco con ella.
Pero igual no iba a ceder…
—Tu padre me informo que no estabas de acuerdo con esto, así que me dio pase libre, estoy totalmente a tus servicios, pero lo único que no puedes hacer es despedirme o mandar a alguien para que lo haga—su sonrisa volvió a sus labios colocando las manos en sus caderas.
Él no sabía que decir, se había quedado de piedra. No solo por el hecho de lo que sus palabras seguramente afirmaban; si no como ella lo había dicho con tanta seguridad en una postura decidida y con la barbilla en alto con esa esplendida sonrisa de victoria, y no como la recordaba en el pasado; que casi siempre lo había mirado a través de sus pestañas con las mejillas ruborizadas y entre titubeos…
Podría jurar que estaba viendo a…
No, simplemente todo eso era una tontería.
—No necesito que nadie me cuide Bridgette—dijo esta vez entre dientes.
Ella simplemente se encogió ligeramente de hombros, esperando que esa mirada no la friera en el acto—Quieras o no aquí estoy—dijo con una suave sonrisa, se inclinó levemente a él y examino con ojo crítico su condición, a pesar que sus orbes de azul y gris la miraban con bastante intensidad, ella sabía que estaba sumamente exhausto—Realmente necesitas descansar un poco Felix—murmuro con voz dulce.
El rubio apretó nuevamente la mandíbula ante su cercanía. desde ese lugar podía oler su dulce perfume y ver casi a la perfección las pecas que adornaban su rostro de porcelana. Algo en su interior comenzó a moverse y revolverse, pero se negaba rotundamente que algo así le afectara.
Bridgette casi por impulso paso sus dedos por aquel flequillo dorado, apenas en un fino rose, su corazón enternecido por la vulnerabilidad del muchacho. Jamás lo había visto en ese estado y aun así; él seguía orgullosamente inflexible, cada poro de su piel desprendía independencia por cuidarse así mismo… luego al darse cuenta lo que hizo se irguió con un sonrojo en sus mejilla y se retiró un par de pasos, fingiendo que nada había pasado—B-Bueno te dejare descansar, cuando despiertes chequeare tu condición, yo estaré en el la computadora si me necesitas—dijo medio nerviosa señalando el escritorio que estaba al otro lado de la habitación justo al frente de la cama.
—¿Qué se supone que harás allí?—pregunto con sospecha estrechando la mirada. Ignorando el hecho del roce de sus dedos en un afectuoso gesto.
La joven volvió a encogerse de hombros algo pensativa—La asistente de tu padre me informo que tengo que ayudarte con todo lo respecto a la empresa ya que no puedes sentarte en tu escritorio.
—¿Sabes cómo manejarlo?—dijo arqueando una perfecta ceja dorada muy receloso.
Ella se giró levemente hacia la computadora y volvió a observarlo a él mordiéndose un poco el labio inferior—Bueno no… pero no te preocupes, aprendo rápido—comento muy segura de sí misma.
Felix pudo darse un golpe en la frente con su mano si no estuviera tan fatigado.
¿Era en serio todo esto?
—Realmente no deberías de estar aquí…—murmuro con algo de veneno.
Bridgette se tomó sus palabras con otro encogimiento de hombros, disimulando que no le afectaba.
Aunque la verdad era todo lo contrario…
—Solo descansa un poco Felix.
Dijo eso con una nueva sonrisa en sus labios antes de apagar las luces y solamente dejar encendida la pequeña lampara del escritorio.
Todo hubiera sido perfecto si en el proceso no se hubiera tropezado con un banquillo y la silla misma. Ella solo rio algo nerviosa por su metedura de pata y se sentó enfrente de la computadora para poner manos a la obra fingiendo que nada paso y ver que rayos tenía que hacer.
Felix observo todo en silencio antes de soltar un suspiro exasperado. Bridgette no había cambiado nada referente a su torpeza o en amabilidad, y sorprendentemente aun la chica parecía inmune a actitud pedante.
Trato de ignorar su presencia lo más que pudo. En no fijarse en su silueta mientras ella estaba muy concentrada en el monitor, en su cabello azulado ajustado firmemente en ese moño que había capturado hasta su típico mechón rebelde… gruño por lo bajo, no sabía porque se le hacía bastante difícil, pero por fin pudo posar sus ojos en el techo de la habitación mientras pensaba en conseguir la forma de que Bridgette se marchara o no quisiera asistirle más, pero sabía que ella era muy insistente, siempre lo fue.
No sabía porque el pensamiento de que la joven estuviera allí con él lo calmaba de cierta manera, como si de ella irradiara un aura de paz y tranquilidad; algo que su alma siempre necesito con desesperación al verse rodeado de estrés y duras miradas.
Poco a poco el cansancio comenzó hacer que sus ojos se cerraran lentamente en contra de su voluntad y sumergirse así en un profundo sueño.
Bridgette en cambio; supo el momento exacto en que el peso de su minara se esfumo por completo. Entonces se atrevió a relajarse y a mirar nuevamente hacia la cama, encontrando al chico dormido con su respiración pausada y tranquila. La expresión en su rostro cambiaba por completo cuando dormía, casi parecía una persona totalmente distinta, pero su atractivo seguía siendo el mismo.
Mordió su labio inferior al verlo, su corazón dolió un poco al saber que él seguía pensando exactamente lo mismo de ella ¿Es que no aprendería que ellos eran totalmente distintos?
Cómo el agua y el aceite.
Jamás hubo ni habrá una oportunidad para ella…
Con un suspiro lleno de sentimientos nostálgicos; observo un poco su habitación que estaba pintado en distintas tonalidades de gris. Estaba impecablemente ordenada, la puerta daba a su lado derecho y en el izquierdo se encontraba un gran librero con tomos y tomos de diferentes libros ordenados en distintas categorías. Al lado de este estaba la gran ventana corrediza que ocupaba casi toda la pared del cuarto, un enorme closet, y finalmente aun lado; otra puerta que suponía que daba el baño. Le sorprendía que no hubiera ningún televisor en el espacioso cuarto, pero recordó que al rubio no le interesaba demasiado esa clase de tecnologia, preferiría estar inmerso en alguna lectura. En si la habitación era enorme, pero aun así la sentía algo vacía. Demasiado diferente a su cuarto que tenía mucho más color e iluminación.
Miro de reojo su mochila, esperando que Tikki no se aburriera demasiado allí adentro por las próximas horas. No quería correr el riesgo de dejarla salir y que Felix la detectara, estaba consiente que él siempre fue demasiado astuto y no debía ser nada fácil engañarlo, por no decir imposible.
Tomo una postura más recta mientras se dedicaba a su tarea, viendo algo confusa el monitor. En su mano tenía una pequeña libreta donde había anotado los apuntes que la asistente del Gabriel Agreste le había dictado, no era una lista demasiado larga, pero demonios, ella no había manejado nada referente a una empresa en su vida, y la pastelería de sus padres se encargaban ellos mismos, ella solo se ocupaba de ayudarlos cada vez que el tiempo se lo permitía.
Abrió unos archivos y se dedicó a examinarlos, dispuesta hacer útil. Pero un bostezo se le escapo momentos después, debía de admitir que se sentía un poquito cansada, no había dormido correctamente desde hace algunos días, y el último encuentro con un Akuma tuvo que combatirlo totalmente sola… llego en un punto que pensó que no podría con él, pero lo logro a duras penas.
Necesitaba urgentemente saber el estado de Chat Noir, eso también la dejaba desvelada en las noches, moría de ganas por saber aunque sea la más mínima noticia del felino…
Solo rezaba para que de verdad estuviera bien y en buenas manos…
Continuara...
Espero que les haya gustado :D Papa Gabriel no es tan malo ¿O si? xD
Por cierto la ropa que lleva puesta Bridgette mas específicamente la "filipina" es como un camisón que posee bolsillos a cada lado del área del estomago, que es usual ver en las enfermeras :3 no se si me explico(?) :'v
Y prepárense que desde el próximo cap se pondrá las cosas mas interesantes 7u7
¡Nos veremos en la próximo capitulo! ¡Dejen sus opiniones!
Próxima Actualización: 26/01/2017
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