Por suerte hice un bendito esquema de lo que sería este fanfic. Gracias por los reviews, en serio, y espero que les guste el nuevo capítulo. Nos vemos!


Aparcó su Nissan rojo a la vuelta de la esquina del motel. Era una fría noche de lunes y las angostas calles de esa zona de la ciudad se encontraban oscuras y vacías. Se bajó del coche y cubrió sus rojos cabellos con una capucha para luego caminar en dirección a su destino. No quería llamar la atención, y afortunadamente, no se encontró con más que un par de prostitutas que la ignoraron. En el camino distinguió un deportivo de color negro. Sasuke. Seguramente ya se encontraba en el interior del motel.

Subió las escaleras de la entrada y se introdujo en el local. La recibió el aburrido rostro de Suigetsu, que se encontraba detrás del mostrador jugando juegos de computadora.

—¿Otra vez por aquí? —él sonrió burlón—. Pensé que no te agradaba mi motel.

—¡Y no me agrada! —gritó ella furiosa mientras se acomodaba los lentes—. ¡Sólo dime el número de la jodida habitación!

—Vale, vale... como digas... —rió él, sirviéndose un vaso de limonada—. Pero que conste que hago esto por Sasuke, no por ti. Es la 236.

Karin lo ignoró y le bastó escuchar el número de habitación para dirigirse a las escaleras. No le agradaban los ascensores, y mucho menos los de ese lugar, Suigetsu los tenía muy descuidados. Para ser más exactos, todo el motel estaba descuidado. Las alfombras estaban rotas, las paredes necesitaban una buena mano de pintura y la luz era muy pobre. Hasta un par de velas iluminarían mejor que esas viejas lámparas. Aún así las parejas acudían cuando no tenían a donde ir, ya que era una especie de refugio en medio de la nada donde podían desatar sus pasiones. En ese preciso momento, los pasillos estaban llenos de gemidos y gritos. Se encontraba frente a la puerta de la habitación 236, y le dio unos golpecitos.

La puerta no tardó en abrirse y un hombre de cabellos negros la recibió.

—Karin —dijo a modo de saludo, haciéndose a un lado para dejarla pasar.

Sasuke se veía aliviado, incluso contento. Últimamente Karin había notado que sus ojeras se habían intensificado y se encontraba más apesadumbrado que de costumbre. Definitivamente el matrimonio le había sentado mal, y para colmo, tener que verse a escondidas con la mujer que realmente amaba era estresante.

Entró y cerró la puerta detrás de sí. Sasuke ya se le había lanzado encima, hambriento. Le estaba quitando la ropa mientras le besaba el cuello de forma voraz. Tirada en la cama, sin sus lentes y semidesnuda, se le olvidó por completo lo que tenía que hablar con Sasuke. ¿Qué importaba ahora, demonios? Levantó los brazos y ansiosamente arrancó la camisa de Sasuke. Al diablo con desprender los botones, lo quería ya. Deslizó sus delgados dedos por el bien formado torso del Uchiha, deleitándose con el tacto.

—¿Te gusta? —susurró él a su oído.

Ella sólo respondió con un gemido cuando él acabó de quitarle el sostén y empezó a masajear sus senos. Se sentía tan bien tener sus manos cálidas y fuertes encima de ella que podría correrse allí mismo. Rodeó las caderas del Uchiha con sus piernas e hizo fuerza para atraerlo hacia sí. Cuando sus partes íntimas hicieron contacto, aún a través de la ropa, se estremeció. Sasuke tenía una erección que luchaba por salir de la prisión de su ropa.

Con mucho pesar, hizo que él sacara su cabeza de entre sus pechos, y le dio media vuelta. Él sería muy dominante, pero ella no se quedaba atrás. Sentada entre las piernas del Uchiha le abrió los pantalones y se los sacó de un tirón, dejándolos tirados quien sabe por donde. Sasuke se relamió los labios inconscientemente al verla sólo con una tanga sentada encima de él, desnudándolo con desesperación pero sin perder la sensualidad. La pelirroja avanzó un poco más y se sentó sobre su erección, que ahora sólo estaba cubierta por unos boxers azules. Comenzó a balancearse mientras él la observaba, una fiera carmesí que se frotaba contra su cuerpo.

El Uchiha no podía más. Invirtió las posiciones nuevamente, sacándose los boxers él mismo y terminando de deshacerse de ellos con un rápido movimiento de pies. Se abalanzó sobre ella, con cuidado de no aplastarla pero no por eso con menos ferocidad, y le arrancó el pequeño trozo de tela que aún llevaba puesto. Sus ojos ya casi se nublaban por la excitación, no podía pensar con claridad y su único deseo era follar con esa mujer hasta no poder moverse más.

Entró en ella de una sola estocada y lo recibió un gemido que él caracterizaba como "delicioso", y la humedad caliente de su interior. Levantó las piernas de la mujer y las puso sobre sus hombros para poder entrar en ella con más facilidad.

—Sasuke... —jadeó ella, excitada y con las mejillas enrojecidas.

Y él perdió la cabeza.

Se metió en ella una y otra vez sin compasión, deseoso, como un animal. Extrañaba demasiado ese cuerpo que era suyo desde hacía tanto tiempo... y la necesidad era exagerada. Sus cuerpos estaban transpirados, sus vistas borrosas...

—Me... me corro... joder, Sasuke... —gritó Karin con los ojos cristalizados por el placer.

—Sólo un poco más... —suplicó él con un tono enronquecido.

Siguió introduciéndose en ella con un ritmo errático. La coordinación era cada vez peor y las estocadas, irregulares. Tenía las manos sobre sus senos y apretaba sus pezones erectos, escuchándola gemir. La Uzumaki sentía que esos choques eléctricos que recorrían su espalda eran cada vez más fuertes, cada vez que Sasuke la embestía con fuerza y pasión. No supo cuanto tiempo llevaban así, enajenados, pero el orgasmo no tardó en llegar para Karin. Sólo hizo falta sentir la dureza del Uchiha una vez más poseyendo su cuerpo para que perdiera totalmente la consciencia de sí misma. Gritó debido al éxtasis y su espalda se arqueó de forma involuntaria. Le temblaban las piernas y no podía evitar que su vagina se contrayera una y otra vez.

Sasuke no lo soportó más. Karin estaba teniendo un orgasmo intenso y la presión sobre su miembro había aumentado. Unos segundos y se corrió en su interior, llenándola con su semilla. Dio unas pocas estocadas más y se dejó caer a su lado en la cama. Tenía calor, pero sus cuerpos pronto se enfriarían, así que tapó a su compañera y a él mismo. Ella se puso de lado, mirándolo, y apoyó un brazo sobre su pecho para descansar.

Unos minutos más tarde sus respiraciones se habían normalizado y ya podían pensar con claridad nuevamente.

—Tu mujer me pidió que te espiara —Karin lo dejó caer como una bomba, aún recostada contra su amante.

Él la observó, confundido, a lo que ella procedió a explicar.

—Sakura sospecha que la estás engañando —resopló molesta, retirándose un mechón de cabello de la cara—. Tienes que tener más cuidado, joder.

—¿Sakura te contrató como espía? —frunció el ceño, la furia comenzaba a hacer efecto—. ¡¿Qué demonios le pasa a esa mujer?!

—No tengo idea, pero sospecha de nosotros —comentó la pelirroja—. Tenemos que ser más silenciosos y precavidos. Esto no está funcionando.

El Uchiha suspiró. Maldita fuera la hora en la que se había casado con esa mujer. Era una buena chica, se comportaba muy amable con él, pero no la amaba. Sin embargo, esto de que quisiera espiarlo... ¿acaso creía Sakura que tenía algún tipo de derecho sobre él? Ella sabía perfectamente que el matrimonio era arreglado.

—¿Cuándo la verás de nuevo? —preguntó él al fin.

—Dentro de una semana. Le llevaré fotos tuyas normales, pero no sé durante cuánto tiempo me creerá la farsa... —estiró el brazo para tomar sus lentes y se los puso—. Sabe que te vas antes del trabajo.

¿Qué podía hacer él ahora? ¿Dejar de ver a Karin? No, claro que no. Karin era lo único bueno de su jodida vida, el único escape que tenía. Si alguna vez había sentido algo parecido a la felicidad, era con ella. La conocía desde hacía demasiado tiempo y le tenía cariño. Hasta se atrevería a decir que la amaba. Sí, la amaba.

No iba a permitir que eso se arruinara.

—Cambiaremos la rutina —la observó con sus orbes negros, examinando su rostro—. Ven a mi despacho mañana y encontraremos una alternativa.

Karin se sonrojó un poco y miró para el otro lado. No quería que él la viera así, jodido Uchiha... la hacía sonrojar y perdía su postura seria y analítica. Era como si Sasuke la obligara a desnudar su personalidad para mostrarse como ella era realmente. Se quedaron un rato abrazados, pasando el tiempo juntos. Podrían quedarse así para siempre... pero Sasuke tenía una casa a la que volver.