CAPÍTULO II

Sirius se despierta a la mañana siguiente y tarda unos segundos en percatarse de que no está en su cama. Mira a su derecha, donde Remus duerme profundamente, su cabeza apoyada sobre su hombro y uno de sus largos brazos rodeándole por la cintura. Sirius se incorpora y sale de la cama con lentitud para no despertarle. Observa la habitación en penumbra, apenas iluminada por unos tímidos rayos de sol que se cuelan entre las cortinas. Peter duerme en su cama, Sirius ni siquiera le oyó entrar la noche anterior. Tras pasar por el baño y lavarse la cara baja a la cocina, donde se encuentra a James haciendo el desayuno.

-Buenos días.- le saluda al entrar, y va directo a servirse una taza de café recién hecho.

-Buenos días- le responde James, sonriente y lleno de energía.

Sirius aspira el delicioso aroma de los huevos revueltos que está preparando. Si no fuera por James en esa casa sólo se comería pasta y productos pre-cocinados, pero en esos momentos no tiene hambre y está deseando beberse un café y fumarse un cigarrillo para despejarse. Apenas ha dormido en toda la noche, despertándose cada poco pensando en Remus y tranquilizándose cuando veía que lo tenía durmiendo al lado.

-¿Por qué no estabas en la habitación? Pensé que ni siquiera habías dormido aquí.- le dice James dándole un codazo y esbozando una sonrisa divertida.

-Estaba durmiendo en la habitación de Remus y Peter.

-¿Por qué?.- le pregunta James confundido, y se percata de la cara seria de Sirius. James empieza a preocuparse y deja de remover los huevos para ponerse de frente a su amigo. Sirius se deja caer en una silla y entierra la cara entre sus manos.

-Sirius, ¿qué ha pasado?.- pregunta James, sentándose en la silla de al lado y posando una mano en su hombro.

-Ayer le dieron una paliza a Remus.- contesta él, la mirada fija en sus manos.- Salí a buscarle porque tardaba mucho en llegar y... y me lo encontré en la calle.

-¿Qué?

-Apenas podía sostenerse en pie y tenía la cara llena de sangre.- dice Sirius, con la voz ligeramente temblorosa.

James le mira horrorizado y refrena el impulso de subir corriendo a la habitación de Remus para ver cómo se encuentra, pero sabe que está durmiendo y no quiere despertarle.

-¿Quién fue? ¿Por qué le pegaron?

-No lo sé, no ha querido contarme nada aún.

James suspira y le da un suave apretón en el hombro a Sirius, que aún tiene fija la mirada en sus manos.

-Ayer no quiso ir al hospital, pero cuando se despierte iremos a ver al médico.- le dice, mirándole por primera vez desde que ha entrado en la cocina.- me importa una mierda si no quiere ir, a lo mejor tiene algo roto.- James asiente y los dos permanecen en silencio, sin palabras para expresar lo que sienten. No saben cuánto tiempo pasa hasta que Peter entra en la cocina y olisquea el aire como un sabueso en busca de pistas.

-Huele a quemado.- dice, observando la escena con extrañeza.

-¡Joder!.- exhala James, levantándose y quitando la sartén a toda prisa del fuego. Los huevos revueltos han pasado a ser una masa negra e informe que expulsa humo.- haré otros, Remus tiene que comer algo.

Peter asiente y Sirius va a abrir la ventana, se enciende un cigarrillo y le da una larga calada sentado en el alféizar. Ninguno de los tres intercambia palabra y en la sensación flota un aire de tensión y tristeza. Sólo desean que Remus se despierte y puedan ir al médico a ver qué les dice.

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Remus se despierta y lo primero que siente son todos los músculos de su cuerpo doloridos. No sabe qué hora es, pero siente como si hubiera dormido una eternidad. Observa la habitación con el ojo derecho, ya que apenas puede abrir el izquierdo, inflamado como está. No están ni Sirius ni Peter y Remus se siente aliviado, necesita unos momentos a solas para procesar lo que pasó anoche. Agudiza el oído pero no escucha nada, y eso es raro, porque normalmente sus amigos siempre hablan a gritos durante la hora del desayuno y Remus les escucha desde su habitación. Se levanta con dificultad de la cama y va al cuarto de baño. La imagen que le devuelve el espejo le hace estremecerse. Tiene el ojo hinchado y amoratado y el labio partido, y cuando se levanta el pijama observa los moratones violáceos que surcan su abdomen. Tiene un aspecto horrible y no quiere que sus amigos le vean así, pero sabe que en algún momento tendrá que aparecer, así que intenta peinarse en un pobre intento de mejorar su aspecto, respira hondo y se dirige hacia la cocina.

-Buenos días - saluda al entrar, sin mirar a nadie directamente a los ojos, y enfila sus pasos a la cafetera para estar ocupado en algo en caso de que le hagan preguntas. Se sirve el café con lentitud, pero aparte del saludo por parte de sus tres amigos ninguno ha dicho nada más. Cuando tiene la taza llena toma asiento al lado de Peter y siente cómo todo su cuerpo protesta ante el movimiento, pero aprieta la mandíbula y no se queja. Es consciente de las tres miradas inquisitivas de sus amigos.

-Espero que tengas hambre, he hecho huevos revueltos.- le dice James, sonriéndole, mientras le sirve una ración. Remus no tiene hambre pero acepta la comida con una sonrisa y empieza a comer con la mirada fija en el plato. James comienza a limpiar la sartén que acaba de utilizar mientras Peter se toma su desayuno en silencio. Sirius, sin embargo, le mira desde el otro lado de la mesa con cara de preocupación.

-¿Qué tal te encuentras?.- le pregunta.

Remus suspira y se apoya sobre el respaldo de la silla, mirando a Sirius directamente a los ojos por primera vez desde que ha entrado. Su amigo tiene un aspecto horrible, no tanto como el suyo, pero tiene ojeras y la cara pálida, seguramente de no haber dormido nada en toda la noche. Remus se siente culpable por haberle hecho quedarse en su cama y por darle un motivo de preocupación. Sabe que Sirius se preocupa mucho por todos, y especialmente por él, así que Remus intenta no contarle cosas que puedan despertar su instinto sobre-protector. Una paliza, sin embargo, es algo difícil de disimular.

-Me duele todo. - admite. No tiene sentido mentir a sus amigos cuando pueden ver su lamentable estado.- pero ya se me pasará.- añade, intentando restarle importancia.

-No vas a librarte de ir al médico.- le señala Sirius con el dedo índice, como una advertencia.

-Estoy bien...

-Remus, vas a ir.- le dice James, poniéndose del lado de Sirius y dirigiéndole una mirada severa. Remus pone los ojos en blanco y mira a Peter esperando apoyo, pero su amigo se pone del lado de los otros dos.

-Vale, pero luego tengo que volver a estudiar, tengo un examen la semana que viene.- concede Remus, concentrándose de nuevo en sus huevos revueltos.

-¡Que le den a los exámenes, Remus, lo que tienes que hacer es descansar!- exclama Sirius con vehemencia. Está furioso, pero Remus sabe que no está furioso con él, sino con los que le han hecho eso, así que no se lo tiene en cuenta. Para Sirius siempre ha sido un poco difícil controlar sus emociones, sobre todo si alguno de sus amigos estaba envuelto en problemas.

Remus prefiere no rebatir más porque sabe que será inútil y que sus tres amigos se conchabarán contra él para llevarle al médico. También sabe que están preocupados y que sólo lo hacen por su bien, pero la sola idea de tener que contarle a alguien lo que pasó la noche anterior le aterra y avergüenza a partes iguales. Cuando terminan el desayuno James y Peter se marchan a la universidad y Sirius le acompaña al médico, saltándose las clases de la mañana. El médico le hace algunas preguntas, pero Remus da las mismas respuestas que le dio a Sirius anoche, y el doctor no insiste más. A pesar de sentir un fuerte dolor por todo el cuerpo no tiene nada roto, sólo contusiones que acabarán curándose solas con el tiempo. El médico le pone un par de puntos en el labio partido y le receta analgésicos y antiinflamatorios que compran en la farmacia en el camino de vuelta a casa.

-¿Quieres ir a tu habitación?.- le pregunta Sirius cuando llegan al piso, mientras le ayuda a quitarse el abrigo y la bufanda. Remus puede hacerlo solo, aunque con dificultad, pero no le dice nada a Sirius porque sabe que su amigo está al borde de explotar por cualquier comentario y no quiere hacerle enfadar.

-Prefiero estar en el salón.- contesta Remus. Sirius le acompaña hasta el sofá, donde le acomoda con delicadeza.

-Te prepararé algo de comer.

-No quiero intoxicarme.- bromea Remus, intentando relajar el ambiente.

Sirius frunce el entrecejo y coloca los brazos en jarra, y Remus hace un esfuerzo por no reírse, principalmente para no hacer saltar los puntos que tiene en el labio.

-Bueno, tendrás que conformarte con mi cocina si no quieres morir de hambre, porque James no llega hasta dentro de un rato y Peter está en el trabajo.- le dice Sirius con falsa indignación, también sonriendo.- además sólo iba a preparar unos sándwiches, alguien tendría que ir a hacer la compra...

-¿Ese alguien no eres tú? Te tocaba esta semana.- repone Remus, divertido. Sirius siempre se escaquea de ir al supermercado, alegando que nunca entiende la letra de la lista de la compra que hace James.

-¿A que te quedas sin comer?.

-Un sándwich estaría bien.- concede Remus.- Pero puedo hacerlo yo.- dice, intentando levantarse, pero Sirius le detiene al instante.

-Tú no te mueves de ahí.

-Vale, ¿entonces puedes traerme los libros que están en mi escritorio?

-Remus, ¿quieres dejar de ser una rata de biblioteca por unos segundos y descansar? El médico te ha dicho que guardes reposo.

-Tengo un examen la semana que viene, además estaré guardando reposo, sólo voy a leer un rato, aquí, en el sofá.- dice Remus con voz suave, esa que sabe que funciona con Sirius. No le gusta jugar esa carta, pero a veces no tiene más remedio cuando su amigo se pone tan tozudo.

Sirius acaba accediendo, le trae los libros y luego se va a la cocina a preparar su almuerzo. Cuando vuelve los dos comen en silencio, mirando un concurso absurdo en la televisión, de esos de los que Remus se sabe casi todas las respuestas.

-Debería llamar al trabajo para decir que no voy.- le dice Sirius cuando terminan de comer.

-¿Qué? ¿Por qué no vas a ir?

-No voy a dejarte solo.

-Ya te has saltado las clases esta mañana.- repone Remus, negando con la cabeza.- y yo estoy bien, en serio, no voy a moverme de aquí.- le asegura, tratando de sonar convencido. No es que se encuentre bien, de hecho siente como si un tren le hubiera arrollado, pero no quiere que Sirius detenga su vida por él. - tienes que ir a trabajar, además James no tardará en llegar, si lo que te preocupa es que esté solo.

Sirius le mira en silencio durante unos segundos, sopesando lo que le acaba de decir, y acaba por ceder, al fin y al cabo el dinero no cae del cielo.

-Está bien, pero dile a James que te haga una cena en condiciones y tómate todas las medicinas.- le dice , y Remus intenta no reírse, porque en esos instantes Sirius es igualito a su madre cuando se ponía enfermo.

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Cuando Sirius vuelve a casa, un poco después de la hora de cenar, se encuentra a tres de sus cuatro amigos en el salón. James y Lily están viendo una película de ciencia ficción que parece tremendamente mala y Remus está medio adormilado apoyado sobre uno de los brazos del sofá.

-Hola.- saluda Sirius al entrar, quitándose la chaqueta y dejándola de cualquier manera en el respaldo del sofá. Los tres le devuelven el saludo.- ¿Dónde está Peter?

-Se ha quedado a dormir en casa de sus padres.- contesta James, sin apartar la mirada del televisor.- ¿Has comido? Ha sobrado algo de cena.

-No tengo hambre.- dice Sirius, sentándose en el hueco que hay al lado de Remus. Le mira con preocupación y él le devuelve una mirada somnolienta.- ¿Por qué no te vas a la cama, Rems?, estarás más cómodo.

Remus asiente dando un gran bostezo y se levanta con la ayuda de Sirius, que alcanza a ver la mirada y la sonrisa que se intercambian James y Lily, pero decide ignorarles.

-¿Te has tomado las medicinas?.- le pregunta Sirius, tomándole del brazo y acompañándole a su dormitorio. Al cabo de unos segundos vuelve al salón. James y Lily han apagado la tele y ahora hablan de algo que Sirius no puede escuchar, pues se callan en cuanto entra por la puerta. Sabe que están hablando de él, pero en esos momentos está demasiado cansado como para que eso le interese.

-¿Os ha contado algo?- les pregunta dejándose caer en el sillón y frotándose la cara con las manos. Está muerto de sueño y sólo desea meterse en la cama y dejar de pensar en lo que le ha pasado a Remus, aunque sabe que no será tan fácil.

-No...- responde Lily, apenada.- no quiere hablar de ello, dice que no sabe quiénes eran.

-¿Por qué le pegarían?.- se pregunta James, el ceño fruncido en una mueca de preocupación.- ¿Por qué nadie querría pegar a Remus? Jamás se metería en problemas.

-No lo sé, ojalá supiera quienes son.- Sirius niega con la cabeza, sin respuesta, y suspira ampliamente.- el médico ha dicho que tiene bastantes contusiones provocadas por las patadas, joder, tiene hasta la huella de una bota clavada en su espalda, aunque Remus no me ha dejado ver demasiado...

-Ya nos lo contará cuando esté preparado. - dice James, intentando tranquilizarle.- sobre todo si le preguntas tú.

-Ya le he preguntado, pero tampoco me ha dicho nada.- repone Sirius.- Además, ¿por qué me lo contaría a mí y no a vosotros?

James y Lily intercambian de nuevo una mirada cómplice, y Sirius resopla.

-Vale, estoy harto de que hagáis esa mierda de las miraditas, me doy cuenta, ¿sabéis?.- se queja. No le habría dado más importancia si hubiera ocurrido en otro momento, pero está irascible y con los nervios a flor de piel.- ¿Qué pasa?

-Remus tiene más confianza contigo que con cualquiera de nosotros.- le dice James.

-Además...- repone Lily

-¿Además qué?.- le corta Sirius, más duro de lo que le hubiera gustado sonar, pero está empezando a cabrearse de verdad con todo ese secretismo que se traen sus amigos entre manos.

James coge el primer cojín que tiene a mano y se lo lanza a Sirius, que lo para con sus manos y le mira perplejo, sin entender nada.

-Primero de todo, no hables así a mi novia.- le dice James, y Sirius murmura un apenas audible "lo siento".- Y segundo, ¿de verdad eres tan imbécil? ¿No te has dado cuenta de que le gustas, de que siempre le has gustado? Creo que eres el único en todo Londres, ¡no! en todo Reino Unido que aún no lo sabe.

-¿Qué?.- replica Sirus, atónito, y mira a su amigo como si le hubiera crecido una segunda cabeza.

-Que a Remus le gustas.- repite James con hastío.

-¿Qué...qué coño estás diciendo? ¡No le gusto a Remus! Somos amigos, ¿a qué sí Lily?

-Claro que le gustas.- Lily arquea las cejas y esboza una sonrisilla.- no me puedo creer que no te hayas dado cuenta.

Sirius mira a ambos con los ojos muy abiertos sin saber qué decir, hasta que James rompe el silencio.

-Y empiezo a pensar que a ti también te gusta él...

-¡¿Qué dices?!.- exclama Sirius, levantándose de golpe como si el sillón quemara bajo sus piernas.- ¡No soy gay, me gustan las tías!

-¿Y a qué viene esa preocupación por él? ¿Te has dado cuenta de cómo te comportas, Sirius? Deberías verte desde fuera...

-¡Claro que me preocupo por él, James, me preocupo por todos vosotros!

-No de la misma manera que lo haces con Remus...- repone Lily.

Sirius calla antes de replicar nada, porque en el fondo sabe que tiene razón. Cuando se trata de Remus no puede evitar sentir un instinto sobre-protector que no le despierta ninguna otra persona. Y además está eso que siente desde la pasada noche, eso que no sabe que es y que no quiere parase a pensar.

-Me voy a dormir.- suelta Sirius dirigiéndoles una mirada asesina y enfila sus pasos hacia la puerta del salón, pero James le detiene.

-No te digo esto para molestarte.- le dice, esta vez serio.- sólo quiero que os deis cuenta de una vez de lo que pasa y dejéis de ser tan capullos, ¿vale? Todos seríamos mucho más felices si eso ocurriera, así que piensa un poco.

-No sé de qué coño estás hablando, James, pero me voy a dormir a la cama de Peter, no quiero escucharos haciendo cosas en mitad de la noche.- les murmura, enfadado, y sale del salón cerrando la puerta tras de sí.

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Sirius no puede dormir. No puede dejar de pensar en Remus. ¿Por qué le harían algo así? Es la persona más buena que conoce, jamás le haría daño a nadie o se metería en problemas, de hecho, ni siquiera sabe por qué es su amigo. Sirius y James siempre están involucrados en algún asunto, no es que lo vayan buscando, pero sus personalidades parecen atraer los problemas, y a menudo Remus se ve envuelto en ellos sin tener la culpa de nada. Tal vez por eso Sirius siempre siente la necesidad de protegerle y le carcome la culpabilidad por no poder haberle protegido de esto. Es consciente de que Remus es un adulto y que sabe cuidarse solo, pero Sirius siempre le ha dicho que su ingenuidad y buen hacer hará que otros se aprovechen de él. O tal vez es que James tiene razón y le gusta. Sirius resopla y entierra la cara en la almohada. Eso lo complica todo. Se incorpora ligeramente y observa a Remus, durmiendo en la otra cama, una de sus largas piernas fuera de las sábanas y casi rozando el suelo con el pie. Ojalá pudiera estar siempre así, durmiendo plácidamente, sin que pudiera pasarle nada malo nunca más. Pero entonces Remus empieza a respirar agitadamente y a murmurar, aún dormido.

-No, no por favor...- musita, agitándose de un lado al otro.- ¡Déjame, no...no!

Sirius sale rápidamente de su cama y se acerca hasta la de Remus. Le toca suavemente el hombro y le zarandea para despertarle.

-Remus.- le llama, en voz baja pero firme.- Remus despierta.

Tras unos segundos su amigo finalmente abre los ojos y le mira con pánico. Respira agitadamente y tiene la cara y el cuerpo bañado en sudor.

-Ha sido una pesadilla.- le dice Sirius.- no pasa nada, estás en casa.- le asegura, acariciándole suavemente el brazo.

Remus asiente, aún con el miedo pintado en su cara, y se incorpora hasta quedar sentado. Sirius coge el vaso de agua que tiene en la mesilla y se lo tiende a su amigo, que se lo bebe con avidez.

-¿Estás bien?.- le pregunta.

Remus no contesta, la mirada fija en el vaso de agua que aún sostiene entre las manos. Sirius se lo quita con delicadeza y vuelve a dejarlo en la mesilla.

-¿Estabas soñando con lo que te pasó la otra noche?

Remus asiente con la cabeza, la mirada aún baja.

-¿Quieres contármelo?

-Otro día.- le contesta Remus, mirándole está vez. Sirius asiente con una media sonrisa triste y se miran durante unos segundos, en silencio, hasta que Remus vuelve a tumbarse y Sirius lo hace con él.

-¿Puedes quedarte?.- le pregunta Remus, y Sirius siente como si le estrujaran el corazón. Puede sentir el miedo de su amigo, que aún tiembla ligeramente.

-No me voy a ir a ningún lado, Rems.- le asegura.-venga, vamos a dormir.- Remus le dirige una pequeña sonrisa y le coge de la mano. Aún tiene la respiración agitada, pero Sirius siente poco a poco cómo se relaja y vuelve a caer dormido de nuevo. En cuanto a él, bueno, sigue sin poder conciliar el sueño.