Capitulo Dos
Escape
¡La Carrera Continúa!
La ciudad se extendía simétricamente bajo la montaña, hasta alcanzar cierto cráter de considerables proporciones que, bajo mi sabia mirada, le daba un toque artístico ¡digno de grandes metrópolis! (¿han visto alguna vez una gran ciudad sin rastros de un Drag Slave? ¿Ah sí? Bueno… no mientras yo esté allí). Caminamos con cautela, evitando encuentros indeseados con los pobladores, cuya educación dejaba mucho que desear en lo que a hospitalidad se refiere, eso sin contar que esta gente es malagradecida por naturaleza… héroes como nosotros ameritan una entrada triunfal luego de un perfecto rescate como el nuestro y no andar por ahí de fugitivos, ¡no señor!, pero ya ven, no existe la gratitud hoy en día.
No nos quedó de otra que ocultarnos en las sombras mientras nos desplazábamos sigilosamente por las paredes… sigilosos hasta que el estómago de Gourry hiciera un estrepitoso sonido. Lo miré con el fuego ardiendo en mis ojos, toda nuestra estrategia de infiltración se había desvanecido.
- ¡¿Qué no puedes controlarte, cerebro de medusa?!-. Mi voz sonó ligeramente más fuerte de lo que esperaba, como respuesta sólo tuve a sus profundos ojos azules, observándome de tal forma que un osito de felpa se vería como lo más grotesco del mundo.
No es que mi determinación cambiara sólo por mirar esa cara… o esos ojos tan brillantes… y azules… y perf… ¡perdidos en el abismo más grande de la idiotez! (ya lo dije, ¡no me sacarán ninguna declaración absurda, que yo JAMÁS estuve pensando!). Como decía, me miraba… y yo lo miraba también, es todo, nada del otro mundo, como cualquier pareja… no, par… dúo de compañeros que viajan juntos y se miran… como compañeros…
- ¡Lina! ¡¡Lina!!-. ¡¿qué clase de idiota se pone a gritar en una entrada furtiva!? A estas alturas ya comienzo a preguntarme si debería esperar algo de parte de su cerebro (que en paz descanse).
- No grites, idiota, se supone que no deben descubrirnos - le susurré, mientras intentaba salir de mis pensamientos.
- ¡Pero no me escuchabas! – respondió con cierto tono de preocupación – Como sea, Lina, ¡tenemos un problema!
En efecto, estaba demasiado inmersa en mis (absurdos) pensamientos, para darme cuenta del pequeño puñado de problemas que se aproximaba. Como si nunca los hubiésemos dejado atrás, ahí estaban los fastidiosos aldeanos, armados hasta los dientes y rodeados de un aura maligna invadida por la sed de sangre, en búsqueda de la destrucción de los dos valientes héroes que salvaron su ciudad. Podía sentir el odio de su mirada conjunta. Por supuesto, no iba a intimidarme por un par de pueblerinos, pero… algo no andaba bien con ellos, pude notarlo en sus movimientos, demasiado torpes y cadenciosos para el que habían tomado anteriormente como nuestros perseguidores, al instante recordé las palabras del vampiro arrogante. No es que su actitud hacia nosotros haya cambiado, su hospitalidad seguía siendo la misma, pero su presencia era diferente. Fuera de todo sarcasmo, un aura oscura realmente los rodeaba.
- Gourry, ten cuidado…- dije sin pensar y adopte una posición defensiva – al parecer estos aldeanos han sido afectados por algún hechizo.
Fue entonces cuando los miré detalladamente. Su piel había comenzado a degradarse y caía a pedazos desde sus rostros, ahora grisáceos, sus ojos desorbitados no mostraban sentimiento alguno y, al parecer, tampoco tenían rastro de revelar ningún tipo de pensamiento. Sus pasos se agolpaban unos con otros en un vaivén descontrolado, parecía que caerían en cualquier momento. No cabía duda, ese vampiro (de alguna forma) les había convertido en Zombies… ahora la pregunta es ¿cuándo?... Seguramente, había estado oculto en la ciudad y aprovechó la oportunidad utilizando al vampiro idiota como distractor. No era un plan demasiado elaborado (como si fuera a pasar tres días y tres noches ideándolo), pero no me lo esperaba… así como no me esperaba que fuera más de una sanguijuela… o que el señor vampiro con cerebro de Gourry haya podido escapar de mi Drag Slave, la primera vez. Hasta ahora han sido más sorpresas de las que me habría gustado encontrar.
- ¿Quién…? – mi (estúpido) espadachín cortó la pregunta incluso antes de comenzar a formularla, sólo para volver a dirigirse a mí con voz ahogada - ¡¿Qué hacemos?!-. Sus ojos mostraban una profunda aflicción y podía entender claramente a qué se debía; no debíamos atacar a los aldeanos, aún si ellos estuvieran dispuestos a sacarnos los ojos con sus rastrillos.
- Para estos casos, Gourry,- respondí con tono engreído.- sólo hay una cosa que podemos hacer- le dirigí una sonrisa orgullosa, mientras giraba mis manos en posición ofensiva. En sus marcas…- y esa, mi querido amigo,- listos..- es… ¡CORRER!- ¡fuera!
Y ahí estaba, nuevamente, la grandiosa hechicera genio, Lina Inverse, huyendo de unos patéticos aldeanos (claro, ahora me encontraba en una versión thriller de la persecución anterior). En menos tiempo del que pude darme cuenta, Gourry se encontraba a sólo un paso de alcanzarme.
- Creí que acabarías con los aldeanos.- comentó en un suspiro aliviado. Han de saber que su insinuación no fue de mi agrado.
- ¿Creías que los atacaría?- El silencio hizo acto de presencia, mientras una pronunciada vena se posaba libremente sobre mi sien – No sé qué clase de imagen tienes de mí…- solté ante su respuesta silenciosa. Le miraba de reojos mientras mis manos pedían a gritos soltar una Fire ball.
- Bueno, pues… yo creo que... eres demasiado violenta; tardas menos en enfadarte que en acabar un plato de comida, además ya sabes lo que dicen de ti, eres el caos en persona… - ni un respiro tardó en continuar, con un tono de sabelotodo - Demasiado temperamental, no dudarías en acabar con el mundo si te hablan sinceramente acerca de tus pequeñas medidas, no sabes aceptar las bromas y… - no hacía falta seguir escuchando, en seguida me di cuenta que aquella había sido la pregunta equivocada, parecía que nunca terminaría de decir mis defectos.
Antes que ése cerebro de medusa continuara con su absurdo discurso, había dejado de prestarle atención (suerte para mi ego), pues había notado un detalle bastante interesante, los aldeanos ya no nos perseguían o, al menos, no podían alcanzarnos con su limitada velocidad. Luego de distanciarnos lo suficiente para asegurar nuestra tranquilidad, decidí darle un suspiro a nuestros pies (que ya mucho habían hecho por nosotros con dos maratónicas huidas). Me detuve en seco y me lancé ligeramente sobre el suelo de piedra (no es que haya sido la mejor elección), luego de quejarme lo suficiente me dirigí a Gourry con cara de pocos amigos.
- ¡Hey, Gourry! – luego de cerciorarse que estábamos fuera de peligro, se sentó frente a mí, guardando cierta distancia (segura), presagiando lo que le vendría.
- Dime, Linita.- respondió ingenuamente, regalándome una tierna y acogedora sonrisa.
- Todo eso que dijiste acerca de mí… - mis ojos endemoniados lo veían fijamente. Sentía el fuego de mis palabras al consumir mi respiración agitada.
- Eeee… ¿Te has enfadado, Linita? – respondió, sin perder el encanto, mientras una gota de sudor recorría el costado de su rostro – Sabes que no lo decía en serio, Lina… -
No creía una sola de sus palabras y él lo sabía. Así que, en una jugada inesperada, acercó su rostro al mío con una lentitud exagerada, manteniendo su mirada clavada sobre mi rostro (¡esos ojos azules!), yo, desde luego, estaba paralizada. A escasos centímetros, detuvo su avance y continuó la frase – tú me pareces una chica encantadora.
¿Qué…?
¿Sonrojada? ¿Yo? ¡Claro que no! es sólo producto de su imaginación… Pero si encuentran un corazón corriendo por ahí, díganle que necesito bombear la sangre fuera de mi cara. Gracias.
En fin, si ese cerebro de medusa creía que se iba a librar con esos juegos… tenía toda la razón!
- ¡Argh! ¡Eso es jugar sucio!- me crucé de brazos, haciendo una mueca de (falso) desprecio. El nerviosismo me corroía.
- ¿Qué? ¿Por qué? – demonios, ahí estaba nuevamente su mirada ingenua posada sobre mí. Retrocedió unos milímetros - ¿Qué hice?
- ¡Esa cara! – suspiro, gruñido, sonrojo.
¡Error! ¡Error!
Ahí estaban mis mejillas fluorescentes haciendo de las suyas. ¡¿Es que mi cuerpo no sabe disimular?!... o sea, no disimular, no tengo nada que disimular ¡claro que no! como si escondiera algo, que tonta. Risita nerviosa. Sólo utilicé las palabras equivocas, ¿entendido? (¡¡y si no lo entienden así, puedo preparar un Drag Slave!!)
- ¿Hm? – murmuró parpadeante.- ¿Qué tiene mi cara? – comenzó a palpar frenéticamente su rostro, buscando alguna anormalidad.
- ¡Nada, Gourry, nada! – suspiro, gruñido, vena en la sien, suspiro.- Como sea… ¡Gourry! – cambié mi tono a uno totalmente decidido.
- ¿Huh? ¿Qué pasa, Lina? – me respondió con una mano aún posada en su rostro.
– ¡Tenemos que acabar a esos vampiros! – emanaba convicción por los poros. Tenía que salir de la situación.
- Lina,- de confusión, su rostro cambió a sorpresa - ¿Estás conciente que no pagarán nuestro trabajo? – a veces me pregunto si él estará conciente de que tengo sentimientos.
- Claro Gourry,- entrecerré los ojos y levanté mi dedo índice, como dando una lección - en la vida hay cosas más importantes que el dinero,-inesperadamente, dio un salto gigantesco que nos distanció varios metros, sus ojos casi se le despegaron del rostro, mientras sus manos adquirían una extraña posición defensiva. Estaba petrificado y con una quijada que tocaba el suelo.
- ¡Lina! ¿¡Te encuentras bien!? – exageradamente cauteloso se me acercó, tomó mi temperatura posando su mano sobre mi frente, se detuvo un momento para pensar, me miró de pies a cabeza en forma detallada y, no hallando desperfectos visibles, continuó - ¿¡Te han hechizado a ti también!?, ¡No me digas que vas a convertirte en zombie!.
Está bien, lo admito, es extraño oírme decir cosas como esa, pero tampoco era para tanto, no es que se fuera a acabar el mundo por recibir un par de monedas menos (o tal vez sí). Como fuera, ese descerebrado no necesitaba insinuar tan inocentemente lo avara (sí, sí, sí) que puedo llegar a ser en ocasiones… además, ¡ni siquiera había terminado la frase! Apreté los dientes con fuerza, creando un molesto chirrido y respondí venenosamente.
- ¡El orgullo, Gourry!, el orgullo es más importante.-
Ya no me quedaban fuerzas, ni ánimos para discutir con un idiota de su calaña, así que cerré los ojos, inspiré profundamente y me dispuse a oír el flujo de mis pensamientos. Debía encontrar algunas respuestas, pero lo único que pude escuchar fue un feroz gruñido, proveniente de mis entrañas. No pasó medio segundo y el estómago de Gourry se unió al mío, formando un coro angelical.
- ¡Lina, me muero de hambre!- Su cara estaba hecha una pasa (y prefería no saber como se veía la mía) – no hemos comido nada desde anoche y ya es pasado el mediodía – fijó sus ojos dolorosamente sobre los míos y prosiguió - yo… no… no puedo soportarlo.- dijo extendiendo su mano hacia mí, mientras caía teatralmente por la falta de energía.
Una gran gota de sudor recorrió mi frente. Pero, después de todo, tenía razón, desde el incidente en la posada que no probábamos bocado y, como han de imaginarse, ese era un GRAN sacrificio que no estaba dispuesta a soportar por más de medio segundo. El hambre, definitivamente, me dominaba y, de no ser por mi gran autocontrol (¡¡sí tengo autocontrol!!), habría comido Medusa a la Parmesana… pero el canibalismo no es lo mío.
Pero, de pronto, como caído del cielo…
- ¡¡Lina!! ¿Hueles eso? – entre olfateos, Gourry revivió con su pregunta.
¡Y como no olerlo! No cabía duda, era el manjar de los dioses, desplazándose por los aires hasta alcanzar nuestras fosas nasales.
- ¡Es MIO! – sentencié, sin siquiera saber qué rayos podría ser aquel aroma fascinante.
Al instante, la mirada traicionera de Gourry se posó en mi rostro y, como si se tratara de una carrera silenciosamente acordada, nos alistamos y contamos mentalmente los segundos para dar comienzo a nuestra búsqueda. Ninguno movía un solo músculo, pero ambos sabíamos que al primer descuido todo terminaría (... y uno se quedaría sin comer. Obviamente, no sería yo). De pronto, una idea fugaz cruzó por mi mente y (¡juro que no tuve tiempo de meditarlo!), en un sorpresivo movimiento, acompañado de dos dulces palabras (Fire ball), Gourry acabó en el piso, medio asado y sin posibilidad de moverse, dejándome el camino libre para arrasar con todo aquello que pudiera ser devorado. No es que hiciera trampa, ¡claro que no! (¿de verdad creen que esta hermosa chica sería capaz de un acto tan vil?)… sólo le daba un poco más de emoción al asunto.
Sin pensarlo dos veces, me dirigí (con la gracia de un dragón, y guiada por mi nariz) hacia el lugar donde provenía el aroma, dejándole a Gourry sólo un poco de polvo para morder ante mi brutal velocidad.
Según el babómetro, la zona de emisión de olores se encontraba en dirección opuesta a la ciudad, alcanzando su límite oeste, a unos cuantos metros del lugar en que había dejado esperando a Gourry. Observé a mi alrededor con impaciencia (ya tenía un lago bajo mis pies), pero no había nada, ni rastros de alimento alguno o restos de comida, siquiera (no es que fuera a comer restos, claro que no). Me resbalé sobre el suelo, cayendo sobre mis rodillas, juntas. Nunca me había sentido tan frustrada por algo; esa comida estaba junto a mí, podía sentirla, olerla tan cerca… y no podía alcanzarla.
¡Pero! Un segundo…
Miré, incrédula, hacia donde guiaba mi olfato: el… ¿cielo?
¡Oh, sí! Y prefería no haber levantado la mirada. La imagen de una asquerosa rata voladora, flotando con tu comida en la boca no es algo que te mantenga el apetito por mucho tiempo, de hecho, puedo asegurar que nunca había sentido menos hambre que en estos momentos.
- Nauseabundo… - solté, medio mareada, medio morada.
¡Ah! Y aún así el aroma de aquel dorado, jugoso y visiblemente sabroso trozo gigante de carne, seguía atacando mi olfato.
Con un sonoro ¡Puff! Aquel asqueroso animalejo roñoso se convirtió en un apuesto hombre, de finas y delicadas facciones. Aún mantenía mi trozo de carne entre sus dientes, sostenido principalmente por dos notorios colmillos que escapaban de su boca. Para mi decepción, era el chupasangre número dos.
- Por qué no lo pensé antes… - desgraciadamente, mis pensamientos se habían convertido en palabras.
- Veo que te alegras de verme – dijo, tras quitarse el trozo de carne de la boca.
¡Su sarcasmo me enferma!
Mi respuesta se limito a una potente mirada que irradiaba tanto odio, como hambre podía sentir mi estómago, mientras esa sanguijuela movía de un lado a otro el delicioso trozo de carne que me había atraído a aquel lugar.
- Pero, permítame presentarme como es debido, señorita Lina Inverse, – pronunció, cortando mi hipnosis – no es justo que desconozca el nombre de quien acabará con su vida.
Pronunciadas aquellas palabras, supe que me encontraba en problemas. Levanté la mirada en dirección al vampiro y logré divisar, tras él, un ejército de Zombies avanzando en nuestra dirección. Dejar a Gourry atrás no había sido la mejor elección que pude tomar, pero ya no servía de nada preocuparse por ello, era el momento de luchar y usar mis grandiosas habilidades como hechicera.
- Mi nombre es… William – hizo una pequeña reverencia ante mí.- y seré quien termine con su corta historia.
Continuará…
--
Nota:
Antes de cualquier cosa, aclaro que los personajes de Slayers no me pertenecen, eso excluye, naturalmente, a los engendros del mal que andan dando vueltas por ahí (sin contar a Lina, claro).
Ahora sí… agradezco enormemente sus comentarios T-T ¡me han emocionado mucho! De veras me alegra haberles hecho recordar viejos tiempos (¡Mint!), también… que el estilo narrativo haya sido de su agrado y, en especial, que les pareciera original - ¡Gracias, de verdad! (Pome-chan aluciné con tu review xD me has subido el ego).
Por otra parte, lamento haberme tardado tanto en actualizar este capítulo (¡y eso que recién comienzo!), mi idea es subir uno por semana, pero creo que la U no está muy de acuerdo con ello.
Bueno, Mili, con respecto a tu pregunta… eso… ¡es un secreto! (En realidad no tengo idea qué responder y sólo relleno con una frase amada por los fans, para quedar bien) pero quizás más adelante pueda dar una idea (y así tener tiempo para inventar la respuesta)
¡En fin, muchas gracias por leer, espero que este capítulo haya sido de su agrado!
Byeez!
¿Críticas? ¿Comentarios?
Go!
