QUERIDA REINA—

DEAREST QUEEN—

Por Zury Himura

Disclaimer: Los personajes no son míos. La historia lo es.


WIND SKY- STOLEN CROWN

WE MIGHT FALL

Chapter 2

Sus cabellos escarlatas se mecieron en el aire, libres ya de la pintura que se había desvanecido con la lluvia del día anterior. Mientras, su cuerpo se movía ligeramente como si flotara junto a las hojas secas que caían de los arboles pintados con los colores de otoño. En el brillo de su espada sus ojos dorados y afilados se reflejaron claramente imponiéndose en la oscuridad de la noche. Incluso cuando el metal se iba deslizando rápidamente sobre la piel de su vaina.

Expectante, retrocedió con un salto, inclinándose hacia delante para equilibrarse y sentir apenas algunas gotas de sangre enemiga cayendo sobre su cabeza; ciertamente era el trabajo de otro de sus compañeros. Cerró los ojos esperando que el líquido cálido terminara de escurrírsele de la mejilla y cayera a un borde de su gabardina negra. Sin prestarle atención, se irguió nuevamente y enfundó su arma, dejando que sus sienes se pintaran del mismo color que su cabello. Aunque no era su sangre, ni siquiera el de su oponente ni ocasionado por su propia mano, no le importaba verse bañado en ella.

Abrió sus ojos y ocultó su espada con la tela de su ropa, quedándose plantado en medio de las decenas de cuerpos que ya estaban tirados a su alrededor, sin vida. Ese escenario le recordaba que, en el mundo de arriba, la justicia no servía… no existía, y, que por eso sociedades como ellos se formaban. Con las riquezas y nombres de mayor poder en un mundo subliminal que todos ignoraban. Y, para él, ni las pesadillas ni la moral existían para llamarse «el grupo de la razón» porque con lo que hacían… ya no lo era.

Lleno de calma se echó a caminar, llamando a sus hombres con la sola señal de sus dedos. Era tiempo de partir, aunque fuera madrugada habían terminado con su misión. Y, con la muerte de ese enorme grupo y su erradicación, Hiko, no tendría ninguna inquietud revoluciones futuras.

Siguió caminando mientras los hombres comenzaban a separarse en la oscuridad, mientras uno de sus amigos llegaba a su lado. Seguramente iría a alardear del número de enemigos derribados o lo mucho que Hiko lo recompensaría al llegar. Sin embargo, a pesar de su codicia y a veces estupidez le era 'pasable' su compañía, ya que normalmente disfrutaba más de su soledad que el ruido y estupideces de los demás.

No podía negar que su forma de pensar era muy diferente a la de otros que le rodeaban y estaban bajo su cargo, a pesar de ser más joven que ellos. Mientras todos ellos pensaban en el dinero que ganarían, los rangos que escalarían con los resultados obtenidos en cada misión, en su mente solo cruzaba defender y proteger a la persona que respetaba.

Él seguía ordenes, era un hecho, era un caballero cuyas reglas se había impuesto a sí mismo para vivir y servir a la realeza de esa sociedad, mientras fuera Hiko. Deseaba agradecer de esa manera el ascenso en su adolescencia y respeto dado hasta ese punto; la grandeza que ese rey le había mostrado honrándolo con lecciones de vida de su propia mano. Por lo más cercano a lo que podía llamarle familia.

—¿Hiko se ha casado? —Suspiró su amigo llegando a su lado.

Él no dijo nada a pesar de que sabía la respuesta.

A su alrededor solo se oían los sonidos nocturnos mezclados con los susurros de los demás hombres que pronto tomarían su camino, quienes hablaban del cansancio y lo agradecidos que estaban de poder ver a sus familias. Sin embargo, el pelirrojo, el muchacho más joven no tenía a nadie a quien llegar. Tampoco era como si le importara. Él solo era un espía y ex asesino.

Sanosuke alzó los hombros y resopló aburrido. Su líder casi siempre estaba callado. Pero cabía denotar también su carácter arrogante natural. Era decir, mientras él solamente era callado y antisocial, para el resto de los demás se proyectaba como un joven que se distinguía de ellos y posiblemente con aires de superioridad al ocupar el mayor puesto posible a lado del rey de su grupo a tan solo dieciocho años de edad.

—¿Sabías que el rey ha contraído nupcias? —Sagara volvió a tocar el tema. Pues al juzgar por su relación con la cabeza de ese grupo, sabía que Kenshin pronto seria el hijo antisocial de una nueva mujer. Pero también, era una mujer que estaba en boca de todos los demás, y, que seguramente su amigo había ignorado para concentrarse en los últimos dos días—. Vaya, se dice que es la última y máxima belleza. Que su rostro opaca hasta a la luna más brillante y clara; que sus ojos son más hermosos que dos rocíos de agua. También, dicen que su cuerpo es como el de una diosa y que su cabello es tan brillante y delicado como el manto estelar.

Su amigo tuvo que callar, al parecer su líder ni siquiera lo estaba escuchando. Pero sabía que lo que diría a continuación terminaría captando su atención definitivamente.

—No creo que se termine la guerra entre las sociedades solo por ella.

Esta vez el pelirrojo disminuyó su paso—. Solo traerá más problemas… además, una mujer que se vende no puede ser tan 'hermosa' como lo dicen. —Y claro que no se refería a la física.

El joven de melena alborotada y castaña sonrió cuando al fin su amigo había cedido al tema—. Sé lo que piensas y que no estás de acuerdo. Pero como te dije, la mujer es muy hermosa como para dejarla escapar. O al menos eso es lo que piensa nuestro rey.

Kenshin le miroh de reojo antes de separarse, tras llegar a su destino. Si pudiera decirle lo que habia visto en esa fiesta, durante su despedida de solteros, posiblemente opinaría lo contrario.

—No para terminar una guerra.

—Incorrecto… —concluyó Sagara, intuyendo la curiosidad de su amigo menor. Él también moría de curiosidad de verla—… así de hermosa.

II

En la sala de bienvenida, todos guardaron silencio cuando el rey, líder de esa sociedad secreta, fue anunciado. Le había sido imposible hablar con él a solas, así que lo único que pudo hacer fue esperar a verlo junto a los demás; sus flequillos cubrieron su rostro mientras le otorgaba sus saludos junto a una reverencia.

Luego, sus labios comenzaron a moverse por sí solos mientras el recuento de los hechos era escuchado por su superior como parte del informe. Y, una sonrisa de parte de éste hizo que todo su esfuerzo valiera la pena, al escucharlo. Estaba siendo aprobado, así como sus logros.

—Bien, entonces, por hoy descansa que ha pasado mucho tiempo desde que nos vimos —Seijuro sonrió de medio lado con sarcasmo, pues apenas habían pasado dos días desde su último encuentro. Aunque sabía que le guardaba un poco de rencor por haber faltado a su boda—. Por ahora quiero presentarles a su nueva señora, Kaoru Kamiya quien recientemente se ha vuelto la ama de esta casa y de todo lo que poseo.

La mujer, vestida completamente de negro, entró a la sala. Sus pasos eran lentos, tanto que tardó en verla pasar o siquiera entrar en su rango de visión. Al caminar su espalda se mantenía recta y sus manos en frente de su tórax, como si se resguardara o temiera. Su melena era larga hasta donde la espalda perdía su nombre y su figura era delgada y oculta bajo esa tela delicada que había elegido.

La vio detenerse elegantemente. Con un vestido largo y suelto, ajustado solo en la parte de sus senos mientras que fluía libremente de la parte inferior hasta sus pies. Su vista la recorrió lenta y disimuladamente hasta llegar a su rostro. Nunca lo había pensado, ni siquiera se imaginó que caería ante los cuchicheos de su amigo y se llenaría de curiosidad por saber cómo era sin el antifaz de la última noche.

Una belleza fortuita…

Notó que sus respiraciones se detuvieron y volvieron más profundas, y en seguida bajó la mirada. Ella era todo lo que habían dicho.

¡Mierda…!

La borracha de hace noches era la belleza máxima que jamás había visto en ninguna otra corte de las sociedades secretas. Su mirada era fría y su rostro sin expresión. Sus labios rosados simplemente estaban cerrados y sus ojos tampoco parpadearon al mirarlo. Sin embargo, su mirada estaba ahí, insistente sobre él. Seguramente juzgándolo como los demás o recordándolo a pesar de sus pequeños cambios.

Aunque él tampoco se quedaba atrás. Esa mujer difícilmente se le parecía a la que conoció hacía dos noches. La que tenía ahí, junto a Hiko, parecía una mujer sádica y prepotente, superficial y arrogante. Ni su sonrisa estaba ahí, sus ojos brillosos y atrapantes contenían el mismo color, pero no la misma esencia. Era un fraude, si a él se lo preguntaban. Era como comprar un producto elevando tus expectativas y que te dieran algo totalmente diferente, matándolas.

Expectativas… ¿huh?

Su reverencia terminó y se irguió cuando Seijuro se lo ordenó. Alzó su mirada descuidando el intenso escrutinio de esa mujer, y, solo prestó atención en su líder quien se despedía, dejándoles algunas indicaciones.

—Gracias por tus servicios, Himura. Buenas noches —Se despidió el rey caminando sin esperar a la que recientemente había presentado como su esposa.

Ella le siguió, sin embargo, ates de salir de la sala se detuvo mirándolo sobre su hombro, con esa mirada fría que no podía interpretar más que de prejuicio. Y que le hacía preguntarse qué demonios había pasado con la chica insistente que le pidió ayuda. Claro, seguramente se estaba portando así porque no le había ayudado lo cual era fácil de entenderse.

Tampoco la culpaba después de todo era evidente de que ella venia de una buena familia, era mayor que él por al menos tres o cinco años, ahora que la veía sin el antifaz. Su actitud era más evidente y por ende podía ver sus motivos y recelo claramente.

Alzó la barbilla, desafiante; si esa mujer le guardaba rencor debía aprender que no todo le saldría como seguramente hasta ahora. Menos cuando había sido ella la que se había entregado a otro líder solo por poder, si sus conjeturas eran correctas.

Además, ¡¿a él qué le importaba?! Ella era la nueva esposa del hombre que respetaba como a un padre, solo debía callarse y asegurarse de que le fuera leal, de ahí, lo demás le valía nada. Decidido le sostuvo la mirada sin dejarse intimidar. En cambio, ella siguió avanzando lentamente sin rendirse, observándolo, como si en él hubiera encontrado algo nuevo que la intrigaba… o seguramente ese acto terminaría significando otra cosa como la última vez.

Misterio que terminó hasta ese momento… en el que bajó el escalón y en el que siguió su camino.

No sabía qué impresión le había dado, ahora que lo veía tal y como era, y no le interesaba. Si tenía que ser sincero y aceptarlo, sí, ella era sumamente hermosa. Aunque su belleza era una gélida que contrastaba lo poco de la calidez de una sonrisa que vio hace dos noches. ¿Quién en realidad era ella? ¿Una belleza, una hermosura… pero una tan vana y terrenal que no estaba dispuesto a halagar como los demás? ¿Y cuál de las dos mascaras era la que usaba, la de hace dos días o esta?

Era tan bella… pero también misteriosa.

Sagara siguió a Kenshin, frunciendo el ceño y alternando su mirada de la nueva ama de la mansión hasta su amigo. Puesto que había notado las miradas que no solamente él le había lanzado, y que había disfrazado con indiferencia, sino las interesadas de ella, desde el mismo instante en el que entró a la sala hasta que la abandonó. No deseaba malinterpretarlo, pero esa guerra de escrutinios había sido una demasiado interesante como para pasarla por alto. Escenario que estuvo seguro a Hiko no le agradaría demasiado.

Continuará…


Notas de autor: Gracias por los comentarios. Y para aclarar las preguntas que me han mandado, (al parecer los confundí, perdón por no especificar): este fic será más romántico (algo nuevo para mí) y trataré de enfocarme en solo la pareja. Ese es como un reto personal ya que siempre meto más elementos.

Gracias por su apoyo y lecturas. Espero que les haya gustado este capítulo.