Le dije a Peter que llegar volando no iba a ser posible, nos estarían esperando y probablemente acabarían con nosotros con los cañones, en especial si él estaba herido. Ya no hablaba como una niña, ni me movía como tal, aunque mi cuerpo lo siguiese siendo. No me lo podía permitir. Le pregunté a Peter que otra opción teníamos, si cabía la posibilidad de encontrar algún otro medio de transporte.
Y él me llevó a una cueva, fría y oscura. Y en ella me mostró un barco, o lo que quedaba de él. Aunque entre aquel navío y nada había poca diferencia. El mástil estaba destrozado, partido en dos, y el casco estaba atravesado por las rocas, las velas raídas y el mascarón de proa desgastado, lo cual no era nada halagüeño para una reparación. Mis manos acariciaron la madera del suelo, notando el desgaste por la sal, y una abundante capa de polvo.
También había cadáveres, o más bien montones de huesos y polvo. No estaba segura de si Peter lo sabía, pero yo sí, y eso era más que suficiente para hacerme entender que algo terrible había pasado allí. Necesitaba pensar y estar sola, para ejecutar el plan que estaba tramando.
_ Peter necesito que guíes al capitán hasta la laguna de las sirenas. Invéntate algo, por favor._ Le pedí, con clara expresión de preocupación.
En cuanto se marchó estuve lista. Tenía que centrarme y pensar como una adulta, aún debía guardar mi magia en mi interior y la iba a necesitar. Fue entonces cuando noté un lacerante dolor en el pecho, que empezó a extenderse por todo mi cuerpo. Me arrastré en dirección al camarote del capitán, pero tras abrir la puerta me caí y me desmayé allí mismo.
Mientras tanto, el niño inmortal se acercó al navío del capitán, donde Kilian Jones estaba con la sangre hirviendo, preguntándose por qué su enemigo no hacía acto de presencia. Si sus niños perdidos no servían para atraerlo los lanzaría uno a uno al mar, para que los tiburones y ese cocodrilo que tanto lo mortificaba a él se encargasen de ellos. O quizás les sacase el corazón uno a uno con el garfio, quien sabe.
En cualquier caso tuvo que dejar aquellas cosas para más tarde, puesto que finalmente, Peter Pan hizo acto de presencia, como siempre riendo y burlándose. Parecía que la herida en el brazo derecho no le impedía volar en lo más mínimo, ni tampoco esquivar sus balas de cañón.
_ ¡No me cogerás, Bacalao!_ Exclamó el niño, sacando la lengua de modo impertinente y alejándose volando.
_ ¡Smee! ¡Se escapa! ¡Soltad el trinquete, a toda vela! ¡Quiero ver a ese enfermizo niño muerto de una vez por todas!
Peter se sonrió, sabiendo que lo que estaba haciendo tenía buen resultado. Procuró mantenerse a la distancia adecuada para no perder al Jolly Roger de sus talones hasta llegar a la laguna de las sirenas. Él no tenía idea de lo que yo había tramado, pero había hecho su jugada muy bien. Los cañones le apuntaban, listo para disparar, cuando una voz estridente interrumpió la concentración del capitán.
_ ¡Barco a la vista!
El capitán negó con la cabeza, aquellos mares eran suyos, el vigía se había equivocado e iba a pagar por ello. Sin embargo, para cuando se volvió para comprobarlo por sí mismo, tuvo que frotarse los ojos, pues efectivamente, un navío se dirigía hacia ellos. Tenía el viento a favor, y esquivaba las rocas con habilidad, aprovechándose de él.
_ ¡Es la Aquila señor!
_ No digas estupideces, yo mismo hundí ese barco, es imposible que navegue, es imposible siquiera que salga del montón de roca donde lo encallé.
Para entender como llegamos a esta situación, creo que es preciso volver un poco atrás y centrarse en mi parte de la historia. Yo me había desmayado, presa del dolor, y al despertar comprendería el por qué. Muchas veces encontré absurdas las formas en que los hechizos se rompían, y en este caso no iba a ser distinto. Pues cuando desperté había recuperado mi cuerpo, probablemente por demostrar un golpe de madurez que una niña no debía mostrar a esa edad.
Me levanté y las costuras que aún resistían de mis ropas de niña se hicieron trizas, dejándome desnuda sobre un montón de tela. Pero ese era un problema menor, pues había caído al lado del armario del capitán. Lo abrí y me vestí, aunque por supuesto las prendas me quedaban algo largas, pues el capitán parecía ser un hombre de complexión muy distinta a la mía. Pero eso se solucionó con un poco de Magia.
La misma magia que usé para que el barco volviese a estar a flote. Pero aunque quisiese, no podría dirigir el barco yo sola. Necesitaba navegantes, y estaba claro que la tarea de conseguirlos no iba a ser una tarea sencilla, y tendría que recurrir a la magia una vez más.
Alcé la mano y me concentré, llamé con esfuerzo, con decisión. Y mi poder dio resultado. Desde los montones de polvo empezaron a emerger figuras fantasmagóricas, pues en efecto eran eso mismo, fantasmas. Aunque había cometido un riesgo no calculado, y era el hecho de ponerme la ropa del capitán. Lo sentí, como una corriente fría que atravesaba mi cuerpo al aparecer.
Y noté como nuestras mentes se hacían una sola, pues no le dejé tomar el control. Sin embargo sus emociones me envolvieron, fuertes, humanas. Un deseo, libertad, genuina y sin ataduras, sin control por parte de las minorías poderosas, cortar las cuerdas que sostienen el mundo opresivo. Y para ello debía, en primer lugar, encargarme de Kilian Jones, para asegurarme de liberar los mares de su tiranía.
_ ¡Escuchadme chicos! ¡Nos han dado una segunda oportunidad, y esta vez no vamos a fracasar! ¡La Aquila volará una vez más!
Alcé el puño en seña de combate, y los fantasmas me apoyaron al unísono. Podía notar su deseo de vengarse del capitán del garfio. Él había hundido este barco, y los había matado a todos, aunque el capitán parecía tener otros motivos, su simple y llano deseo de libertad.
_ ¡A toda vela! ¡Rumbo a la laguna de las sirenas!_ Espeté, tomando el timón en mis manos.
Describir lo que sentí en ese momento sería difícil para mí. El viento agitando mi cabello, azotando mi rostro. Me habría quitado el sombrero de 3 puntas para disfrutarlo de no ser porque tenía que concentrarme en la navegación. La sensación de libertad me invadía, y de control, de poder. Tener ese barco en mis manos era una sensación maravillosa. Pero tenía que centrarme, centrarme en el rescate de Peter, Jefferson y los niños perdidos, porque ahora todos dependían de mí.
La travesía duró menos de lo que yo había pensado que lo haría, y pronto me encontré frente a frente con el Jolly Roger. Mi rostro se endureció, pero la voz en mi cabeza me ayudó a serenarme. Viré el timón, y me coloqué en posición, agachándome justo a tiempo para evitar una bala de cañón. Y aquello fue el desencadenante de la batalla. Las balas de cañón y las balas encadenadas volaban, pues ellos querían destruirnos, y yo deseaba abordarlos.
Sin embargo a la vista estaba que el Jones nos sacaba ventaja en todo, conocía mejor las aguas, y no dudaba en aprovecharse de esa ventaja para escurrirse hasta zonas de difícil acceso. Necesitaba algo que pudiese controlar, algo que me diese ventaja, y una vez más la magia me lo podía dar.
_ ¡Contramaestre!_ exclamé, llamándolo_ ¡Toma el timón!
Cuando mi orden se vio cumplida y el contramaestre tomó el timón yo comencé a trepar por el mástil, con más habilidad de la que recordaba. Varias balas de cañón perdidas estuvieron a punto de alcanzarme, sin embargo, y por fortuna, conseguí llegar arriba del todo sin sufrir daños graves. Era un día claro, sin nubes en el cielo, lo que dificultaba mi tarea. Era la primera vez que iba a usar magia de ese tipo, por lo que requería concentración absoluta. Me coloqué bien el sombrero azul marino y cerré los ojos un instante antes de alzar las manos al cielo.
La llamé, primero en un susurro, y luego con más fuerza, hasta conseguir que los fantasmas se preguntaran por qué su capitán estaba gritando en mitad del mástil cantos en una lengua que desconocían. Pero era natural, pues mi lengua materna hacía muchos siglos que se había extinto, incluso en mi mundo. Pero no para las fuerzas de la naturaleza. La tormenta acudió a mí.
Y tuvo el resultado que yo esperaba. Fue fácil notar como ambos barcos zozobraron con el cambio, cuando las olas se embravecieron repentinamente. Mis hombres se pusieron en marcha, tal como los de Kilian Jones. Y entonces yo reí, una risa pérfida y cruel que atravesó la tormenta, la risa que la bruja del mar habría empleado en una situación como aquella. Pues de nada sirvieron los esfuerzos de los piratas por tratar de conseguir que su barco se mantuviese a flote, de nada sirvieron las órdenes de Kilian Jones a favor de su inclinación.
Porque cuando cerré el puño un rayo cayó sobre el mástil del barco y lo partió en dos. Tal vez ya no quedase munición en mis cañones, pero su navío ya no se podía mover, no tenía escapatoria. Restaba una orden, una orden peligrosa pero decisiva, y yo debía darla.
_ ¡A toda vela contra el Jolly Roger!
Aquella orden podía significar que la Aquila se hiciese añicos, y lo sabía bien. Pero debía abordar el barco enemigo y no había otra opción, al capitán no se le ocurrían más. Esperaba que el mascarón lo resistiese, y así lo hizo, provocando que el otro navío zozobrara al tiempo que las velas de la Aquila se plegaban.
Mis hombres saltaron al otro navío, y yo les seguí, en un salto que hubiese matado a un humano con facilidad, por el crujido que noté en mis piernas al caer. Pero yo distaba mucho de ser humana y por eso no sentí más que una leve molestia. Me puse en pie y observé la carnicería que se estaba produciendo. Ambos bandos luchaban sin compasión, aunque estaba clara la diferencia. Mis hombres no podían morir, porque ya estaban muertos. Sin embargo, su batalla no me importaba, mi objetivo estaba claro, por lo que desenfundé la espada y me dirigí hacia él sin dudarlo.
_ ¡Kilian Jones! ¡Sé la mitad del hombre que dices ser y pelea!
Me planté delante de él con mi peor mirada, de asesina, de demonio, de monstruo. Mis colmillos brillaron en respuesta a un rayo, y el hombre tembló. Quizás hiciese aquello como venganza por la primera impresión que él me dio a mí siendo una niña, o quizás simplemente lo hiciese por malicia, lo cierto es que lo desconozco. Pero lo cierto es que disfruté de su tembloroso movimiento defensivo cuando lancé mi primer mandoble.
Aunque se recuperó pronto, y demostró ser un diestro espadachín a falta de una mano. El sonido del acero al chocar contra sí mismo se repitió una y otra vez, enloqueciéndome hasta un punto que escapaba a mi imaginación. Fue como si el resto del mundo hubiese desaparecido, mientras nuestras espadas chocaban una y otra vez, mientras calcaba la pasión en su mirada, y por un segundo lamentaba que fuésemos enemigos.
Pero ese lamento desapareció cuando lo desarmé y llevé mi espada hacia su cuello. La pasión desapareció y recuperé la compostura. Sin embargo no contuve una sonrisa traviesa mientras forzaba al capitán a colocarse contra el mástil.
_ Tú pierdes, capitán Jones_ Sentencié, notando pasos infantiles a mi alrededor.
_ Ya era hora Anzu, casi me cortan la cabeza. ¡La cabeza!_ Sentenció Jefferson.
_ Pues acostúmbrate Jeff, apuesto a que si sigues conmigo no será la última vez._ le dije, con una sonrisa curiosa, antes de volverme hacia Kilian._ ¿Dónde prefieres que te clave la espada, guapo?
_ No tienes lo que hay que tener_ Respondió él, altanero._ Una mujerzuela como tú nunca lo tiene.
Alcé la espada y de un solo golpe la clavé… directamente en el mástil. No merecía la pena matar a aquel hombre. No delante de un montón de niños pequeños. Ni siquiera yo era tan perversa. Me giré y con tranquilidad pasmosa me alejé de allí, tirando de Jefferson para llevarlo conmigo.
_ Cómo se te ocurra volver a asustarme así te cortaré yo la cabeza ¿Entendiste? ¿Qué haría yo si te llega a matar?
_ Apuesto a que encontrarías otra manera de volver a casa, no te apures._ Dijo Jefferson, malhumorado por cómo le había tratado._ No es como si yo te hiciese falta para nada más.
_ No digas tonterías Jefferson. Eres como… una estrella.
_ ¿Una estrella?
_ Sí. Estás ahí todo el tiempo, y una no se da cuenta de lo que te necesita hasta que realmente haces falta, como cuando me convertí en niña. Me podrías haber dejado sola, pero no lo hiciste.
_ ¿Te crees que iba a dejar morirse a una niña pequeña en una selva como esta?
_ Oh, apuesto a que habrías venido corriendo a salvarme de haber podido.
_ Oh… bueno… yo.
_ ¿O es que eres muy cobarde para hacerlo?_ Le dije, con un tono ligeramente burlón. Para añadir, antes de que replicase._ No, decididamente hubieses venido, por mucho miedo que te diese.
_ P-Pu-Puede ser_ Tartamudeó Jefferson al ver cómo me acercaba lentamente a él, y acariciaba su pecho con mi mano derecha.
_ Encuentro eso realmente encantador_ Le susurré.
_ Anzu, no hagas esto._ Me dijo, sujetándome la mano._ No juegues conmigo.
Fue como un jarro de agua fría. En mis milenios de vida, absolutamente nadie se había escapado de mi encanto, y ahora el sombrerero lo conseguía, y me rechazaba casi con ternura. ¿Por qué hacía aquello? Me costaba entenderlo y me iba a quitar el sueño las noches en las que realmente durmiese. ¿Acaso no me encontraba atractiva? ¿No era lo bastante deseable para él?
_ Tenemos trabajo._ Me interrumpió._ ¿A dónde quieres ir ahora?
_ Al mundo oscuro._ Le dije, desganada, antes de atravesar la puerta que el sombrero había abierto.
