Gracias por los comentarios, son todos muy agradables.
Prisionera.
Capitulo segundo
Esa noche no temía ser muy fría, las rendijas de las ventanas no eran oponente para el cruel invierno que calaba por entre ellas, la lumbre que la salamandra desprendía a penas le brindaba abrigo mas la luz que le proporcionaba no le permitía llamar al sueño, se encontraba recostado mirando el lado vacío de la cama, ¿a quién engañaba? no podía dormir porque a pesar de la helada ella no estaba a su lado en busca de calor, ella prefirió dormir en el establo antes que en su cama. Había una sola en toda la casa, la cual constaba de una habitación matrimonial, un baño y una cocina comedor. Era pequeña pero acogedora Sintió lastima de si mismo, implorando el amor de una mujer, el amor de su hija. Pero era tarde para arrepentirse, ya las cartas estaban sobre la mesa, sólo debía esperar, el amor a veces necesita ser regado para que florezca, aunque pareciese que no había semilla del otro lado, el regaría cuanto pudiese, ella llegaría a amarle, y eso lo juraba por su propia persona.
Sonrió con desconsuelo, no podía esperar otra reacción de ella, seguro conservaba en su cabeza la vaga esperanza de que su padre,estuviera pasando por un mal momento y todo fuese una confusión Pero no era cierto, él la amaba, lo sentía en la carne, que a veces suele ser débil, pero en este caso no fue su virilidad quien le demando quererla, sino su corazón.
Esa joven fue la única que siempre estuvo a su lado, su mujer y madre de la niña nunca lo estuvo de forma tal que se pudiera apreciar. De la alcohoba para adentro no tenía quejas para con su esposa, pero fuera de eso, ella carecía de emociones hacia él, nunca una palabra de afecto, nunca un detalle, ni una camisa limpia, o una comida hecha con cariño, no ella nunca estaba, la única que estaba allí para hacerlo y presentarle una dulce sonrisa y mirada era su hija, Kagome...
Exhaló su nombre como una caricia suave, y nuevamente la seguridad lo invadió, ella debía quererle de igual modo, aunque no se diera cuenta, era joven, impetuosa, no debía conocer lo que era amar. Pero él, sólo un poco mayor, digamos unos 18 años , conocía el sentimiento que se marcaba en los ojos cuando uno se enamora.
Intentó conciliar el sueño llevando consigo el último momento en que cruzaron palabras. Mientras cerraba los ojos las escenas arribaron.
Flash Back
- ¿donde esta mi cama?- preguntó kagome una vez que decidió volver a la casa, había estado paseándose por los establos, conociendo lo que sería su hogar hasta que supiera donde estaba y como volver.
- nuestra - aclaró revolviendo el estofado que cocinaba con mucha paciencia.
- mía- remarcó ella
- nuestra- repitió absorto, su concentración era óptima.
- no dormiré contigo, acaso es tan difícil entenderlo- cuestiono molesta
- entonces duerme en el establo- aconsejó y apagando el fuego noto que se encontraba solo en la habitación.
Salió y distinguió su caminar bajo la luna, el vestido blanco marfil con el que se iba a casar ahora tenía un tenue color grisaseo, grito su nombre mas ella nunca se giro. Miro la estufa, el estofado ya estaba hecho, sin abrigarse la busco en un trote ligero, ella al verle venir comenzó a correr huyendo de su cazador, lo odiaba, apretó sus puños y levanto el pesado vestido para apurar el paso, cuando llego al establo se adentró y lo trabo por dentro. él llego unos segundos después y le incito que le abriera, no le contesto, simplemente se sentó en suelo a llorar amargas lágrimas, el le gritó que no sea terca y fuera a comer, pero lo que menos sentía era hambre. Arrugo sus manos sobre las tierra y esperó que se marchará, sin embargo se quedo junto a la puerta por una hora según calculo.
Se levantó y acomodo unos montones de paja en una esquina, por primera vez en su vida, extraño las extravagancias que colmaban su verdadero hogar. Se acurruco intentado conservar el calor que poco a poco se escapaba de su cuerpo, se estremeció al escuchar el relinchar de los caballos, había olvidado que ellos también dormían ahí, se volvió boca arriba y distinguió entre las maderas del techo el aterciopelado brillo de una estrella. Cerró los ojos y en un vano intento le rogó por un deseo. Así se durmió, con frió, hambre y un deseo pendiente.
Fin the flash back
Él se había quedado hasta el momento en que ella susurro algo, la vigiló hasta que el sueño la sucumbió, quiso abrir la puerta en silencio pero la había trabado demasiado bien. Por último desistió y volvió a la casa. El estofado se había congelado, pero no tenía apetito. Se fue a su lecho seguido por shippo , un regordete cachorro que ya venía con la morada. Encendió la hoguera y se recostó.
La mañana que le siguió no fue mejor, kagome no salió del establo en toda la mañana , provocandole además de acongojo, cierto enojo, entendía su confusión pero no podía morir de hambre encerrada allí.
En una bandeja deposito algunos alimentos, y una taza de té, sabia que ella amaba el té, tres terrones de azúcar acompañaban la taza. Se encaminó al establo y dejo la bandeja cerca de la puerta. Dió la vuelta al lugar y subió por unas escaleras que reposaban atrás, la cual se había prometido usar cuando reparase el techo de la casa, se quedo esperando. Pronto escucho como quitaba la madera que seguramente uso para trabar la puerta, luego salió mirando a en todas direcciones, para mas tarde tomar la bandeja y meterla con prisa cerrando nuevamente la puerta. Sonrió, era una niña.
Eso lo golpeó fuertemente en el rostro, era una niña, y él un hombre mucho mayor, por mas que ella hubiese cumplido ya 18 años no dejaba de serun pequeña niña, la pequeña que el acuno en brazos por exactamente 16 años, y quitaba dos porque durante ese tiempo no se vieron. Ella había viajado, por cortesía de su tía kaede, a las afueras . Volviendo así resuelta para comprometerse con el afortunado y adinerado Kouga Taket amigo de la familia desde hacía algún tiempo. Kouga era un muchacho de 25 años, hijo de un comerciante muy conocido. Antes de irse pidió a kagome pensar su propuesta, la cual ella había rechazado antes de marcharse, no obstante al regresar no dudo en aceptar.
Cuando eso paso, su mundo se derrumbó fue allí cuando sus ojos la tomaron como una mujer y no como una niña, como una bellisima diosa y no como su inmaculada hija. Nunca más le pudo hablar igual o apreciarla siquiera del mismo modo. Allí se rompió el lazo padre e hija, de su parte claro, ya que ella nunca dijo o insinuó otra cosa. Él se mantuvo en silencio queriéndole despacio y de otro modo, aceptando que ya no podría jamas volverle a querer como si fuese de su sangre, pero cuando sentenciaron el día de su muerte, llamado por su mujer el día en que nuestra hija se casará no titubeo y se expuso a sus sentimientos. Así fue como en dos días vendió todo lo que le pertenecía y arregló con un antiguo amigo la compra de su nuevo hogar, un sitio bastante lejos, por no decir demasiado, bastaba con aclarar que tenía un viaje en barco.
Avecinando aquel lúgubre día y a pocos minutos de verla entrar por ese estrecho pasillo que te lleva a una esclavitud amorosa eterna, salió bajo la excusa de no soportar la tensión de ser el padre de la novia, vigilado por la clara mirada de su esposa, huyo de la escena. Una vez fuera se cambio de ropa y divisando el auto de la novia sin pensarlo dos veces a punta de escopeta y bajo un antifaz se la llevo. Ella no se resistió pero no evito llorar en silencio, espantada por el mal momento , no entendía quien se la llevaba y antes de arribar al barco la obligo a beber una vaso con un liquido que la indujo a un sueño que duro dos días. Al despertar ya estaban en la granja, y para mas detalles al verlo creyó que él la había ido a rescatar, pero su sorpresa fue mayor al él confesarse ante ella.
Lo único que recibió de kagome fue un acertado golpe en la entrepierna, y desde el piso verla arrastrar el vestido en su huida.
Los ojos de ella no volvieron a verle de esa forma tan dulce como cuando eran padre e hija, no, ella ahora lo odiaba, y dolía sentirlo, saberlo y mas que nada aceptarlo.
Llevaban 3 días en la granja de los cuales ella muy pocos minutos le dirigió la palabra.
Por lo cual su plan no estaba funcionando del todo, debía hacer más, debía hacerle comprender que ella también lo amaba aunque no lo supiese, era una tarea difícil, pero tendría éxito , lo sentía en la piel.
Se recostó en la puerta del establo esperando a que sedignara a salir, y sabiendo lo terca que era su capricho tardaría unas semanas, pero el hambre es mas fuerte que cualquier bloqueo mental. La espera era la solución y teniendo la paciencia de un ermitaño no seria problema.
Kagome por otra parte se encontraba muy lejos de todo, seguro el idiota de su padre pensaba que se hallaba en aquel sucio establo, pues estaba equivocado, ni bien llenó su estómago y sabiendo que el estaba en el techo espiándole corto a tirones lo que sobraba de aquel llamativo vestido y lo hizo mas cómodo para su caminar, esperó a que se marchará y trabando la puerta desde adentro subió por las escaleras internas hacía el techo donde con una herradura de las tantas que había regadas por el cuarto golpeo algunas partes que ya estaban quebradas de la madera y se abrió paso, era pequeña asi que no tardo mucho en salir, sabía que en la parte posterior del establo había una escalera pues con ella su padre había subido. Así que simplemente bajo y se hecho a correr. No miró taras pues sabía que no la estaba siguiendo, corrió porque la adrenalina y excitación la invadían , y debía aprovechar pues no dudaría mucho.
Después de varios kilómetros se topo con una anciana que arrastraba unas bolsas , la ayudó sin preguntar y la mujer se dejó.
- kagome me llamo- se presentó una vez que la mujer la invito con un gesto a su hogar.
- soy kagura- la asió del brazo y la obligo a sentarse en un sillón- no preguntaré de que huyes, no acostumbro a preguntar.
kagome siseo por inercia
- lo mejor será que te escondas aquí.
- como lo sabe- cuestiono kagome
- una chica vestida de novia, toda sucia , es todo un espectáculo sino huyes de tu marido no sé de que lo haras, debes de haberte dado cuenta que casarte es un grave error
- no huyo de mi marido, pero por favor déjeme quedar- suplicó entrelazando las manos de la mujer
- una vez fui una novia fugitiva- relató al anciana caminando lentamente hacia un armario- mi novio era un joven muy rico sabes- prosiguio buscando entre los estantes- pero huí cuando supe que dormía con mi hermana y sólo se casaba conmigo porque me le parecía- le arrojo unas ropas, las cuales kagome tomó y agradeció con un ademán- cámbiate en aquel cuarto- le señalo una habitación- allí hay una cama puedes dormir tranquila
- gracias señora- se inclino en una reverencia.
- no es nada, solo dime que debo hacer si vienen por ti
Kagome vaciló
- esta bien, me haré la muda, es lo que mejor sé hacer.
La anciana no dudo en acoger a aquella muchacha pues le recordaba que ella una vez también fué joven.
- es mi padre- concluyó kagome mirándola fijamente, ella sonrió. No dijeron mas nada , la mujer no quiso atosigarla con preguntas. Le extendió una manta y se sentaron a la lumbre de la chimenea, la anciana arrojo dentro algunas ramas que tenía a mano y se quedaron cada una en un estado mental diferente. Kagome se llevó la ropa al pecho y se tragó el nudo de su garganta. No entendía como aquella mujer la dejo pasar a su casa sin siquiera averiguar de su vida. Pero si ella no preguntaba tampoco lo haría para no incomodarla. Las chispas del fuego se reflejaban en sus miradas, ambas lo miraban como si fuera algo mágico... quizás eso las llenaba, quizás compartir ese momento era lo que las llenaba. Ninguna lo sabía pero estaban juntas y aunque no supieran mucho la una de la otra. Lo mejor era quedarse así, conformarse.
continuara...
