Disclamer: Todos los personajes reconocidos pertenecen a J. y Warner BROS.

-- Capítulo 2: Preparativos y reencuentros --

La vida en el castillo transcurrió normal durante las primeras semanas, hasta que una tarde, los dos premios anuales fueron llamados al despacho de Dumbledore.

-Señores, los he convocado para proponerles su primer trabajo oficial de premio anual. Por cierto, señor Potter, ¿cómo se adapta a las rondas nocturnas?

-Bien señor – contestó James sonriendo. Lily lo miró con marcado desagrado.

-Me alegro. A usted, señorita Evans, ya no le pregunto, asumo que su trabajo es impecable como siempre – esta vez fue Lily quien sonrió orgullosa – Bien, como les decía, ya he decidido su primera tarea especial para este curso: Quiero que organicen un baile para Halloween.

-Perdone señor, ¿un baile? – preguntó Lily incrédula.

-Si señorita Evans, quiero un precioso baile de máscaras para los alumnos de 5º, 6º y 7º curso.

-Pero sólo nos quedan 15 días – Lily estaba alucinada.

Ese mismo día, en otra parte del castillo…

-Vaya, vaya, vaya. Si está por aquí la mestiza marimacho, ¿qué tal DiCarlo? – le siseó Malfoy a Katrina cuando se encontraron solos en un pasillo del tercer piso.

-Olvídame Malfoy – dijo casi sin ganas la morena.

-Sí, sería una buena idea, si no fuese porque casi eres mi prima, o debería decir que eres mi medio-prima. Resulta simpático, sólo tu mitad limpia es familia mía – el rubio platino se rió falsamente – no sé que digo, nada en ti es limpio.

-Vaya, ya nos parecemos en algo.

-No te pases ni un pelo DiCarlo – le dijo Malfoy empujándola contra la pared con una expresión de pura rabia en la cara.

-La verdad – continuó ella sin mostrar el mínimo asomo de dolor o miedo – es que por muy manchada que esté mi sangre, sigues envidiándome – y miró a los ojos de su primo abriendo bien los suyos para que observase aquel color tan especial – sabes que tengo algo que tú no has recibido – los ojos de ella brillaron medio segundo – por muy pura que sea tu ascendencia, ¿verdad primito?

Malfoy la soltó y se alejó sin decir nada más. Ella sabía que había ganado, pero por poco tiempo. Él volvería a acosarla por su sangre, por su familia, porque su madre había huido de aquel horrible lugar para ser libre con quien amaba. Ella no la culpaba, es más, adoraba a su madre y estaba orgullosa de la valentía que había mostrado y de lo firmes que eran sus convicciones, pero sabía que su herencia mágica la iba a perseguir más allá de lo que hubiera deseado. Y aquellos ojos… preciosos sin duda, pero todavía le quedaba mucho que practicar para controlarse. Katrina se colocó bien la chaqueta del uniforme, sacudió el polvo que se le había pegado y retomó el camino que llevaba antes de encontrarse con el indeseable de Malfoy, ajena a que alguien había visto y oído lo que había ocurrido en aquel pasillo.

-Bien, ¿Cómo nos repartimos las tareas? – le preguntaba James a Lily en su ronda de aquella noche.

-La verdad – Lily miraba intrigada a James – es que todavía no lo había pensado, pero podemos buscar más ayuda – mientras tanto pensaba – "¿cuándo se ha vuelto tan responsable?"

-Sí, ya había pensado en ello, pero no tenía claro si un premio anual también podía tomarse esas libertades.

-Creo que Dana, Megan y Katrina no tendrán ningún reparo en ayudarnos.

-Yo puedo arrastrar a Sirius y Remus, supongo que serán útiles para algo – Lily rió ante el comentario y a James se le escapó una pequeña sonrisa al haber conseguido que la pelirroja riese.

-Remus tiene un oído muy fino y Kat sabe un montón de música, podrían encargarse ellos de elegirla, ¿no crees?

-Muy buena idea. Se llevan a matar, pero es mejor que vaya con Remus que con Sirius…

-Sí, no queremos sangre… - y ambos se rieron esta vez - ¿Black tiene alguna cualidad que nos pueda ser útil?

-Come mucho, es decir, puede elegir la comida con…

-¡Megan! sus padres tienen un restaurante de alta cocina, el CreekStunt en Londres.

-Muy bien, pues no nos falta nada más.

-No Potter, falta lo esencial, y para eso no hay nadie mejor que Dana Sloan…

Al día siguiente:

-¿La decoración para un baile de máscaras? – Dana abrazó a Lily y casi la tira al suelo de la emoción, en plena sala común – ¡Es genial! Ya estoy viendo el dorado envejecido haciendo contraste con transparencias negras y los cabos de vela levitando en una especie de baile espectral…

-¿Y queréis que Cold y yo nos ocupemos de la comida? – Sirius no sabía como reaccionar, si por el fuese comerían hamburguesas y punto - ¿Y tú que sabes de comida? – le preguntó a Megan. Sirius era sin duda el chico más guapo que hayas visto en tu vida, como un galán de cine para el mundo muggle. Alto, moreno, con el pelo rozándole los hombros y una sonrisa demoledora que derretiría el mismísimo acero. Sus ojos azul índigo, destilaban carisma y seguridad por los cuatro costados. Bateador de Gryffindor, al igual que Katrina, con quien se llevaba a matar. Casi todas las chicas del colegio de 5º para arriba asegurarán haber pasado por su cama, es un rompecorazones, pero todas vuelven a caer, excepto una. La relación con su familia era pésima, así que decidió irse de casa. Eterno amigo de James, casi su hermano. Tan parecidos y tan distintos.

-Más que tú seguro – le contestó ella malhumorada.

-Y sólo nos queda…

-La música – cortó Kat a Lily – y supongo que me habrá tocado con el Sr. Prefecto. Bien, al menos no me habéis puesto con el cabeza-hueca de Black.

-¿A quién llamas tú cabeza-hueca?

-¡NO EMPECÉIS! – gritaron James y Lily a la vez.

-¿Cuándo empezamos? – preguntó Dana pasando del resto.

Tres días poniéndolo todo a punto, y tres días de insoportables discusiones. También los prefectos de todas las casas estaban ayudando a Lily y James, y aguantando las tonterías de aquel grupo de chicos y chicas.

-¡No puede ser tan bruto! ¡Es imposible que alguien sea tan puñeteramente bruto! – Megan entraba hecha una fiera en la sala común.

-¿De qué te extrañas? – Remus estaba sentado leyendo un libro junto al fuego.

-¿Cómo? – Megan se giró para mirar a Remus.

-No puede extrañarte algo que es evidente – dijo tranquilamente, mientras bajaba el libro y miraba a Megan con aquellos ojos dorados que gustaban tanto al sector femenino y que hacían que a Meg le temblaran las piernas – Sirius es Sirius. Además estamos muy apurados con los preparativos, y es normal que haya roces.

-Pues entre tú y Kat todavía no he visto ningún roce de esos – Megan se sentó junto a Remus – Es más, os lleváis mejor que antes, en cambio Black es insoportable… - y susurrando añadió - …tú eres dulce.

-Gracias – Remus había escuchado aquel susurro – yo también creo que tú eres dulce – añadió, y se levantó para subir a su habitación, dejando a Megan roja como un tomate en medio de la sala común.

Lo que había dicho Megan era cierto, Remus y Katrina no habían tenido ningún roce en el tiempo que llevaban trabajando juntos y eso era algo que les había sorprendido a todos. Cuando entraban en el Gran Comedor, no era discutiendo ni mirándose mal, sino comentando los grupos del momento en el Mundo Mágico o en el Muggle y proponiendo a este pinchadiscos o a aquel. Una noche, a falta de una semana para el baile, Katrina entró en el cuarto cargando con un montón de discos y con un tocadiscos. Megan y Dana se le quedaron mirando con curiosidad:

-¿Qué pasa? ¿Tengo hipogrifos en la cara? – dijo Katrina al verles la cara a sus compañeras.

-¿Eso es un tocadiscos muggle? – preguntó Dana curiosa.

-Sí, ¿cuál es el problema?

-¿Cómo lo has conseguido? – preguntó Megan, aunque creía saber la respuesta.

-Remus me lo ha dejado, y también estos discos – dijo Katrina quitándole importancia.

-¿Remus? ¿Desde cuando es Remus? – preguntó Megan un poco molesta.

-Es su nombre – respondió Katrina como si fuese lo más evidente del mundo.

-Pero tú lo odiabas – Megan estaba más molesta.

-Tenemos que pasar un montón de horas juntos para ayudarle a Lily, hemos hecho una especie de tregua.

-¿Tregua? – Megan se levantó de su cama – ¿Pues sabes que creo yo? Que te gusta Remus – dijo la castaña levantando la voz. Katrina se giró y miró fijamente a Megan.

-Vamos a ver – Katrina estaba realmente seria – Según tú, me gusta Remus porque le llamo por su nombre.

-Bueno, lo odiabas y nunca lo has llamado por su nombre desde que dejasteis de llevaros bien en 3º - Megan bajo el volumen de su acusación, sabía que Katrina se estaba controlando para no contestarle como al resto de la gente.

-Megan, sé lo que sientes por él y me parece mal que dudes de mi amistad hacia ti – Katrina aflojó un poco el tono y relajó el semblante – lo único que ha cambiado en estos días que hemos pasado juntos trabajando es que creo que no es tan inmaduro e imbécil como pensaba. Creo que es un buen chico, - miró a su amiga a los ojos de nuevo – pero nada más.

-Yo… Lo siento, Kat – Megan parecía a punto de ponerse a llorar del arrepentimiento.

-¡Abrazo de grupooooooooooo! – Dana se tiró encima de sus compañeras y cayeron sobre la cama de Megan riendo como tontas.

-Pero, ¿qué está ocurriendo aquí? – Lily entró por la puerta del cuarto y se quedó con cara de "éstas se han escapado de un manicomio".

Andaba por un pasillo del piso inferior, había terminado el trabajo de pociones para Slughorn y decidió caminar por el castillo, cuando de repente…

-¿Qué hace una chica como tú en un lugar como éste? – una mano masculina agarró su muñeca.

-¿No debería preguntarte yo lo mismo? – le contestó ella con una media sonrisa.

-No pierdes ni un gramo de simpatía en verano, ¿eh? – le dijo el Slytherin dejándose ver.

-Y tú sigues siendo igual de parecido a tu hermano, aunque un poco más bajo y con la cama un poco más vacía – él la miró con los ojos entrecerrados – ¿Qué tal has pasado las vacaciones?

-Todo lo bien que me han dejado, ya sabes que mi madre es de todo menos cariñosa – dijo él con una mueca de resignación – ¿y tú?

-La verdad es que han sido mucho mejores que las tuyas, pero echaba de menos no poder meterme contigo y tocarle las narices a tu hermano – Katrina miró al chico que tenía delante, si alguien se enteraba de que eran amigos ambos tendrían problemas.

-El otro día te vi en un pasillo con cierto personaje siniestro, no debiste hacer aquello, pudo haberte visto u oído cualquiera – le reprendió él con seriedad.

-Tengo que defenderme, sé que no debí haberlo hecho, pero era o él o yo – se hizo un silencio sepulcral, que fue roto por el chico.

-¿Vas a ir al baile? – dijo él para cambiar de tema, Katrina asintió – ¿Y vas a ir vestida de fantasma o podremos ver algún trozo de tu anatomía por primera vez en mil años?

-¿Y tú Régulus? ¿Irás vestido de príncipe azul o seguirás haciéndola esperar? – le preguntó ella mientras echaba a andar por el pasillo – Recuerda que sólo te quedan 4 días para elegir – le llegó su voz mientras ella se perdía por el pasillo. Aquella chica era especial sin duda.