Título: Navidad, al fin y al cabo.
Personajes: Kai Hiwatari, Tala Ivanov, Bryan Kuznetzov, Spencer.
Género: General, Amistad, Humor.
Rating: T
Advertencias: Rusos. Leve insinuación de Shonen Ai.
Resumen: Navidad. Una época especial para muchas personas. Pero... ¿Qué pasa cuando un día que ha sido normal por toda su vida, se convierte en su primera Navidad? Los Blitzkreig Boys tienen la respuesta.
Disclaimer: Beyblade no me pertenece. Pertenece al talentoso, Takao Aoki, al cual le agradezco infinitamente por traer a mi mundo tan bella y shipeable obra de arte.
23/12/07.
2. Capítulo 2- Cuenta Regresiva o Últimos Detalles.
Aquellas bolsas y paquetes fueron puestos sobre la mesa una vez que entraron en la abadía.
Cansados y suspirando hondo, Spencer y Tala se sentaron pesadamente sobre unas sillas, siendo observados por la fija y penetrante mirada del bicolor. Y es que no entendía qué pasaba ahí.
- ¿Y bien? –pregunta por fin, recargándose en la pared y cruzando sus brazos.- Alguien me puede decir... ¿qué significa todo esto?
Una pregunta muy acertada, considerando que todo pasillo, corredor y/o pared habían sido decoradas con esos adornos luminosos y llamativos, dándole a la abadía un aura totalmente diferente a lo que siempre había sido. Vamos, que ni siquiera quedaba la sombra de la fría, desolada y lúgubre Abadía ex-Valkov. Parecía otro lugar.
- ¿A qué se debe el cambio? –pregunta de nuevo Kai, tanto o más confundido que antes.- ¿Por qué festejarán esta fecha?
Ambos rusos simplemente voltearon a verse al mismo tiempo, suspirando sin remedio ante sus preguntas.
Todo aquello, se resumía a una sola palabra. 5 letras para ser más exactos.
- Bryan...
Dicen al mismo tiempo, volviendo a suspirar resignados una vez más. Así, habían estado desde que "aquello" aconteció.
- ¿Bryan? -repite, sin entender.
-Sí. –resopla Spencer.
- Todo comenzó con... –es Tala quién le cuenta, poniéndolo al tanto de la situación.
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"Aquello", había sucedido dos días atrás. ¿El lugar de origen? El Centro comercial.
- Aquí tiene su cambio joven... –una sonriente y amable cajera le entrega a Bryan su ticket de compra, su cambio y un boleto de sorteo además. Al ver su confusión le explica.- Tiene tres oportunidades para encontrar los tres símbolos iguales. Sí lo logra, se gana el premio marcando en la parte de arriba.
El ruso lee el posible premio a ganar.
"¿Una... Navidad pagada?"
Y Piensa detenidamente en ello.
Navidad.
Aquella palabra con tan sólo pronunciarla o pensarla, le daban nauseas. Sin duda le traía malos recuerdos.
Sí, recuerdos de hace algunos años atrás.
... .
- Disculpe, señor Boris.
Un muchacho le llama un tanto temeroso al hombre, deteniendo su paso éste al verle.
- ¿Qué quieres Vladimir? –contesta molesto, pues había sido interrumpido al ir hablando con Voltaire.
- ¿Por qué nosotros no celebramos la Navidad, señor? S-se supone que esto es una Abadía, ¿no es así? –pero calla de inmediato, al recaer ante él las penetrantes y frías miradas de ambas autoridades.
- ¡Boris!
Voltaire le llama la atención enseguida, continuando solo con su camino y esperando a que él se hiciera cargo de ese "problema". Por lo que una vez que la figura de éste se pierde en la penumbra del pasillo, la mirada del abad se intensifica más sobre el muchacho.
- ¡Vladimir! -le dice severamente- ¡Sabes perfectamente, qué es este lugar! La abadía es sólo una fachada para ocultar nuestra verdadera institución y meta. No estamos aquí para celebrar esas tontas fechas sino para formar a los mejores bey-luchadores del mundo! ¡Pero... sí a ti eso no te interesa, y quieres celebrar esas estupideces! ¡Entonces...!
- ¡No por favor! -se pone de rodilla y ruega al saber lo que vendría sino lo hacía.- ¡Le ruego que me perdone! ¡Prometo olvidar esas cosas, pero no me eche, por favor! ¡Por favor!
- ¿De verdad?
La mirada de Boris es oculta por su capucha.
- Sí. ¡Sólo déjeme quedarme, por favor!
- Hm... –pero la forma malvada en la que éste sonríe indican que no es así de fácil. Sus siguientes palabras lo confirman.- ¡Guardias!
- ¿Sí?
Los hombres llegan casi al instante, esperando la orden de su señor.
- Lleven al joven a una de las Mazmorras, y déjenle ahí hasta que yo lo diga.
Los custodios lo toman de ambos brazos, llevándolo al lugar indicado; pese a la resistencia que ejerce.
- ¡No! ¡A las Mazmorras no, por favor! ¡No, no!
- ¿Y bien? ¿Alguien más quiere que haya alguna celebración en este lugar? -Boris se gira ante los espectadores que contemplaron la escena, esperando alguna respuesta, alguna replica. Pero no hay ni un murmullo.
Los que atestiguaron aquel acto guardaron un largo y pronunciado silencio, desviando aterrados sus miradas, siendo los actuales Blitzkreigs Boys también testigos y quedando en la misma situación de desconcierto y temor que los demás.
- Eso pensé... –señala el abad con burla, continuando su camino entre malvadas risas.
Después de todo... él era Boris Valkov.
De aquel muchacho lo que único que se supo, fue que permaneció una semana encerrado en las mazmorras a pan y a agua, y después, expulsado como un perro de la Abadía. Nadie volvió a saber de él.
Y aunque eso había pasado hace años, aquello había sido suficiente para que nadie se preguntara siquiera sí se celebraría alguna fiesta o no.
- ¿Joven? –aquel llamado lo trae de nuevo a la realidad, recordando el lugar en el que se encontraba.- ¿Qué dice? Inténtelo, no pierde nada... –la sonrisa de la mujer aumenta, desconcertando un poco al de cabellos grises.
"Es cierto, no pierdo nada. Además, no creo que gane... –y comienza a rascar los cuadritos con una moneda.
"Un símbolo. Dos símbolos..." –se la piensa un poco, rascando el último- "Tres símbolos".
Su expresión, muestra desconcierto. ¿Acaso... había ganado?
- ¡Tres Símbolos! ¡Encontró los tres símbolos, felicidades! -tanto ella como las personas que estaban cerca comienzan a aplaudir.- ¡Se ha ganado una Navidad pagada y completamente gratis!
Por su parte, Bryan aún no podía creer que había ganado, al menos... no una Navidad pagada. Es más... ¿Qué significaba eso?
Y como si la mujer hubiera leído su mente, comenzó a explicarle en qué consistía su premio.
- Su premio consiste en dos árboles naturales. Uno de 3 metros de alto y el otro de 1.80. Luces de colores, escarcha para adornar toda su casa o lugar de trabajo, así como también para adornar ambos árboles. Figuritas y adornos para estos, adornos como abetos, guirnaldas, noches buenas y una gran cena con varios platillos típicos de varias regiones del planeta. Todo esto, completamente gratis y por cortesía de este centro comercial y nuestros patrocinadores.
La gente aplaudió más fuerte al mismo tiempo que le decían "¡Felicidades!" o le deseaban una "¡Feliz Navidad!".
Y así, el ruso había salido con una enorme sonrisa, y llegado a la Abadía con una felicidad antes vista y una "buena noticia", aunque no para todos.
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- Aún siento escalofríos al recordar su semblante y expresión... –dice Ivanov, frotando sus manos al tratar de disipar el escalofrío que aquel recuerdo le provocaba.
- Y desde entonces... nos arrastró a ésta locura. No nos deja ni a sol ni sombra, está muy... "emocionado".
Es lo que el dueño de Seaborg refiere. Entendiendo ahora Kai, un poco mejor lo que pasa.
- ¿Pero qué diablos hacen ahí, eh? ¡Aún hay muchas cosas que hacer! ¡Vamos, levántense! -Bryan aparece de la nada, animando a todo mundo a que continúen con los preparativos que faltan para esa noche.
- ¡Danos un maldito respiro, Kuznetzov! ¿Quién te crees que somos, tus esclavos?
- De eso nada, Tala. No hasta que todo esté terminado. Por cierto, Kai... -voltea a ver al mencionado.- Te quedarás aquí, ¿verdad?
"¡N-ni loco me quedo, aquí!". –piensa de inmediato el oji-violeta, decidido a tomar sus cosas y marcharse lo más pronto posible de ahí.
- No, yo...
- ¡Por supuesto que sí! -el pelirrojo se adelanta a contestar por él. Y con una sonrisa maliciosa agrega.- Kai se quedará con nosotros, y festejará también Navidad.
Hasta le pasa un brazo por los hombros, y le sonríe un poco más. Esa actitud no le gusta a Hiwatari.
- ¿No es así, Kai? -lo siguiente que Tala le dice es en susurro para que sólo él le pueda escuchar.- Si nosotros tenemos que sufrir esto... entonces tú también, Hiwatari. Ya estás aquí.
Pero Kai no está dispuesto a pasar por este infierno. Primero muerto.
- En realidad yo sólo vine por...
- ¡Perfecto! ¡Así seremos más!
De nuevo lo interrumpen. Ignoran sus palabras y pasan de él. Y para empeorar la situación, a Bryan se le ocurre una idea.
- En ese caso... creo que deberíamos hacer un pequeño intercambio. ¿Qué les parece?
Kuznetzov no da pauta a decir que no, pues ya tenía en la mano papel y pluma, anotando sus nombres. Aquello, deja a los implicados en blanco, otra vez, y al ruso-japonés más molesto que antes.
¡Genial! Porque no sólo lo obligaban a quedarse y festejar Navidad, sino que también lo meten en un intercambio en el que él no quiere estar.
- Ehm... Bryan. -el líder de los Blitzkreig habla al notar algo de suma importancia. Algo que quizá el de urbes grises está pasando por alto.- Si no te has dado cuenta... hoy es Noche Buena y mañana es Navidad, y las tiendas...
- Por eso mismo escogerán ahorita su papelito. -es lo único que dice, revolviendo estos en una pequeña caja.- Y tienen de aquí hasta la tarde para comprar su regalo.
- ¿Y se puede saber con qué dinero lo vamos a comprar?–pregunta Spencer, entrecerrando con desconfianza sus ojos.
- Pues... yo sé que tú tienes mucho dinero. –apunta convencido Kuznetzov.
- ¡Si, pero estoy ahorrando para algo!
Curiosamente el rubio se exalta, actuando a la defensiva al preguntarse cómo es que Bryan sabe eso. Se suponía que era un secreto.
- Creo que no hay problema con Tala, ya que él tiene más dinero que un banco, y con Kai... si tienen dinero para venir a Rusia, entonces tiene para comprar un regalo, ¿o no?
- ¡Oye! -el bicolor respinga.- ¿Y cómo diablos se supone que volveré, eh?
- Pues si ya no te queda... puedes pedirle un préstamo a nuestro banco, quiero decir, a Tala.
- ¡Ya te dije que no soy banco! –refuta indignado el pelirrojo.- Simplemente ahorro y administro mi dinero, eso es todo. –termina un poco más calmado y cruzando sus brazos.
- Lo ves, un Banco. Pero dejémonos de eso y tomen un papel. –y extiende la caja.
De mala gana y maldiciendo entre dientes, los rusos toman un papel, leyendo el nombre de la persona a la que le regalarían. En menos de dos segundos, todos se miraban mutuamente y para nada convencidos.
- Ah... ¿puedo cambiarlo? –pregunta un indiferente ruso-japonés, cruzando sus brazos como si nada.
- ¿Por qué? -Bryan le mira de soslayo.- ¿Te tocó el tuyo?
- No, pero...
- ¡Entonces no! –sentencia.
- Yo... –esta vez es Tala quien habla.- Sugiero que los revuelvas otra vez.
- ¿Por qué? -vuelve a cuestionar el dueño de Falborg.
- Creo que... no los revolviste bien. –explica, aparentando indiferencia.
- ¿Te tocó el tuyo?
- Pues no, pero...
- ¡Nada! -exclama.- ¡Si a nadie le tocó el suyo, así se queda, y mejor vayan a comprar sus regalos!
Sin decir más, Bryan abandona enojado la habitación.
- Sí que quiere que esta Navidad sea perfecta, ¿eh? –señala Kai, cruzando sus brazos y escuchando un "Hn hm" de parte de ambos rusos.
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Más tarde, era precisamente Hiwatari quién se encontraba en medio de las calles pensando en qué iba a comprar de regalo.
- ¡Lo que me faltaba! -gruñe molesto.- ¿Y ahora qué voy a comprar?
Se detiene afuera de una de las tiendas, viendo la multitud de gente que había adentro.
Y así, y en la misma condición, se veían en diferentes parte de la ciudad a los tres rusos restantes.
Unos más molestos que otros, al no saber qué comprar, o por el simple hecho de permanecer mucho tiempo parados en la fila o... rodeados de tanta gente.
Pero era "eso", o de seguro en la abadía volarían cabezas por parte de Bryan y eso... no era bueno. Al menos no con un Bryan tan... "Navideño".
Continuará...
Bueno, he aquí el segundo capítulo y el siguiente, será el final. Lo subiré el martes.
Agradezco a las personas que leyeron esté simple fic, e infinitamente a Sabaku no tenshi, GabZ-senpai y PPBKAi, por sus lindos comentarios.
Les deseo a todos una Feliz Navidad, pásensela muy bien y con aquellas personas que sean especiales para ustedes. Gracias por leer ;)
