Los personajes son de Masashi Kishimoto, y la historia es mía. Escrito sin fines de lucro.


— Sasuke, cálmate — dijo su madre allí postrada en la cama, su enfermedad había avanzado a un punto en el que era seguro que moriría.

— ¿Por qué no recibiste mi ayuda? — dijo mirando su rostro demacrado, le había ofrecido años de vida, siendo su padre un dios podía hacerlo, pero ella se había negado.

— No puedes evitar lo que debe pasar — fue su respuesta, entonces su vista se fijó a un lado; siguiendo su mirada, Sasuke encontró a su hermano allí de pie al lado de la ventana.

— ¿Qué sucede? — el menor no oculto su molestia, Itachi nunca había ido a buscarlo a la ciudad cuando estaba con su madre, ¿Qué hacia allí?

— Lo siento señora Mikoto — se disculpó el joven mientras se inclinaba ligeramente — debo llevarme a su hijo —

— No te preocupes — fue la respuesta de la mujer — él ya se iba — el silencio siguió a esa afirmación. — Debes ir, tu padre te necesita— Entonces Sasuke se levantó con un aire melancólico para besar la frente sudorosa de su madre e irse.

— ¿Por qué viniste? — preguntó seco ya en la terraza del lugar.

— ¿Crees que lo hago por gusto? — El tono de respuesta no fue mejor — nuestro padre nos necesita, solo vamos — acto seguido se transformó en un águila y alzo vuelo; seguido unos momentos después por el menor.

En el cielo abrieron el portal que los transportaría al Inframundo. El Inframundo era oscuro, almas por allí y por allá, lamentos, quejidos, chillidos era todo lo que adornaba ese lugar; y en cierto modo era su hogar. Llegados a la mansión se encontraron a su padre; alto de cabello y ojos negros como unos pozos era alguien atemorizante.

— ¿Ocurre algo padre? — preguntó Sasuke mirándolo.

— Misiones — fue su respuesta antes de centrarse en ellos— Itachi, finalmente lograste algo y descubrirte que llevaron a esas mocosas al Olimpo — su tono, como siempre acusatorio se dirigió al mayor de sus hijos — Sigue vigilándolas — entonces se centró en el menos allí — a ti Sasuke, te tengo la misión más importante... mátalas —

— ¿Por qué vigilarlas entonces? — preguntó el menor.

— Itachi tiene que hacer algo, aunque sea inútil — hablo como si el aludido no estuviera presente.

— Las semidiosas a las que tanto has buscado, ¿quieres matarlas? — Sasuke negó ligeramente con la cabeza — ¿Por qué ese anhelo tan enfermizo? — cuestionó.

— Solo hazlo — el tono del dios fue profundo — el por qué, no te interesa — sentencio antes de salir de allí.

— ¿Estás loco? — se escuchó de Itachi tan pronto el dios salió. — ¿Te sientes aburrido con tu vida? —

— Claro que no — Sasuke suspiro mirando a su hermano — solo pregunte, ese afán es bastante estúpido; estando ellas en el Olimpo ni siquiera puedo acercármeles — se quejó — en este punto son intocables para mí —

— No indagues en ello más de lo necesario — advirtió Itachi negando con la cabeza y moviendo su cabello largo — las tendré vigiladas, contrario al pensamiento de nuestro padre no soy tan malo en ello — suspiro.

— Claro que no lo eres — el menor bufo — eres mucho mejor que yo en todo— admitió — no entiendo que tiene padre contra ti—

— Siempre fuiste su favorito — se quejó el mayor antes de sonreír — Me siento envidioso. —

— Solo soy un semidios, tu eres su hijo y de Persefone— Sasuke respiro profundo — realmente no lo entiendo — el más joven miro al techo con cansancio.

— Algo debió ver en ti — Itachi levanto los hombros — Oh — hablo como recién recordando algo — él quiere hablar contigo a solas —

— ¿No acabamos de hablar? — preguntó confundido; el mayor levanto de nuevo sus hombros.

— Esto es solo para ti — fue su respuesta — ya sabes, cosas de ancianos. — Sasuke aún se reía un poco cuando llego al encuentro de su padre.

— ¿Quería hablar conmigo? — llamó la atención del señor del inframundo que miraba el cielo; en el averno no había luz, y ciertamente no estrellas, todos eran tan negro como los ojos de su señor.

— Quería decirte algo más, — inició — proponerte — corrigió — si logras matarlas — lo miró fijamente — curare a Mikoto —

— ¿Lo dices en serio? — pregunto dudoso.

— Sí. — Aseguro el mayor — Si lo logras — puntualizó.

— ¿Tanto es tu deseo de tenerlas muertas? — susurro antes de poder contenerse. La mirada fue suficiente respuesta.

— No lograrías comprender cuanto — entonces se giró — además, deberías saber que las paredes tiene oídos Sasuke — entonces sonrió de medio lado — este anciano puede hacer muchas cosas — entonces salió seguido de la risa nerviosa de su hijo menor.

Escuchando unas pisadas de algo pesado acercándose, Sasuke no puso contener su sonrisa.

— Cerberos, nunca has podido engañarme — se giró para ver allí a su perro, un perro normal, de 1,70 de alto sobre sus cuatro patas, cola de serpiente y tres cabezas; muy normal. — Volveré e unas horas, tengo que despedirme apropiadamente de mi madre — se disculpó con su mascota, está bajo sus tres cabezas con desazón. — cuando regrese, jugaremos ¿bien? — un ladrido fue su respuesta.

— ¿Ya te vas? — Itachi pregunto al verlo entrar a su habitación.

— Si, volveré en unas horas — hablo desde la puerta, el mayor estaba sentado en su cama con un libro en sus pies. — Deberías conseguir novia, en lugar de estar encerrado filosofando — se burló sonriendo. El mayor lo miró divertido.

— ¿Quién dice que no tengo? — Respondió pasando de página — o ¿Qué tengo solo una? — ante la ceja enarcada de su hermano se rió — mocoso; ten, llévale a tu madre — dijo sacando de un cajón un pequeño paquete — dile que es de mi parte —

— ¿Qué es? — pregunto interesado, sosteniéndolo.

— Un libro — su rostro mostró una sonrisa.

— Gracias, se lo daré — sonrió saliendo de la habitación.


Llegado a la casa de su madre se sentó allí a su lado mientras dormía, pensando en las palabras de su padre "curare a Mikoto". ¿Qué debía hacer?

— ¿Qué te preocupa? — la voz de su madre lo saco de sus pensamiento, no había notado que estaba despierta.

— No es nada — restó importancia sonriendo, acariciando el rostro de ella con suavidad.

— Me gusta cuando me acaricias — murmuró ella con los ojos cerrados — me hace sentir querida —

— Bueno, con tanto que te quiero — sonrió — sería muy incómodo que no lo sintieras — ¿Cómo podía aceptar tranquilamente que ella muriera? No era tan fuerte.

— No llores hijo — una mano femenina seca la lágrima que se le había escapado.

— Sé que puedo ayudarte — su voz falló — déjame hacerlo —

— Déjalo ser — como una persona que sabía que iba a morir mostraba tal expresión tranquila era algo que se escapaba a su comprensión.

— ¿Qué haré yo sin ti? — intento de nuevo.

— Estarás bien, — insistió la mujer — eres fuerte —

— No lo soy —

— No seas mimado — se burló con ternura su madre — y deja de ocultarme y evadir la pregunta, ¿Qué te preocupa? — Ante el silencio su ceja se enarco — Eres mi hijo Sasuke, ¿crees que puedes ocultarme algo? —

— Es una misión — respondió suspirando — matar a unas chicas —

— ¿Por qué? — Mikoto frunció el ceño. Hacia años había desistido de estar en contra de las misiones que proponía Hades; el hombre era un dios y ella ciertamente no podía hacer nada; pero claro, mostraba su descontento cada tanto.

— Buena pregunta — la mujer negó con la cabeza ante la respuesta, parecía sopesar algo.

— Deberías investigar antes — su gesto se agrio — como señor del inframundo él no planea la muerte de alguien al azar; — Sasuke asintió dándole la razón — así que descubre de que se trata y toma tu decisión, sabes que puedes negarte —

— Lo haré — prometió sonriendo.

— Bueno, falta poco para que Anko llegue. — Dijo mencionado a la enfermera que llevaba años cuidándola en su enfermedad — Ante la ley estar muerto — dijo sonriendo — no vayas a darle un infarto a la mujer —

— Esta bien — se rió — vendré el fin de semana de nuevo — prometió — Ah, cierto. Itachi te mando esto — dijo entregando el paquete —

— ¿Qué es? — preguntó interesada.

— Un libro — Sus ojos brillaron de repente ante la palabra — veo que te gusto, se lo diré — murmuro divertido besándola en la mejilla — nos vemos —

— Está bien, cuídate —


— Le gusto más tu regalo que mi visita — bufó haciéndose el ofendido, al encontrarse con su hermano —

— Esa era la idea — Itachi sonrió sin levantar la vista de su libro.

— ¿Dónde está Cancerberos? — pregunto buscando y poniéndose algo de ropa vieja.

— En el patio — el de cabello largo levanto la mirada para repararlo, negó con la cabeza — mocoso — susurro de nuevo. Sasuke se arisco ante esto.

— Estás usando mucho esa palabra hoy — devolvió con gesto agrio — ¿Qué eres? ¿Un anciano? ¿Debería decirle a padre que te preste su bastón? — bufo saliendo de la habitación. Encontrando a su mascota en el patio se posó frente al emocionado animal con una sonrisa. — Hora de jugar —

Paso varias horas jugando con el perro, revolcándose en la tierra, tirando y trayendo el palo que le lanzaba, haciendo que buscara objetos; incluso había intentado que sacara la ropa interior de Itachi, infortunadamente el involucrado lo había descubierto.

— ¡Sasuke! — Se escuchó por todo el lugar — ¡No mandes al perro por mi ropa! ¡Mocoso! — fue el grito enfurecido.

— ¡Lo siento! — Grito de vuelta en medio de risas — bien hecho, en otra ocasión será — felicitó acariciando a su mascota.

Siguieron de nuevo jugando, esta vez dejando de lado la ropa de Itachi, hasta que simplemente su cuerpo no pudo más. Se acostó con el perro al lado usándolo como almohada y calentándose con él; más tarde posiblemente lo mataría el frio, no literalmente claro, pero ahora no podía ni levantar sus pies. Entrecerró los ojos descansando, pero inevitablemente fue quedando dormido. Entonces vio a Itachi acercarse, pero ya en ese punto estaba más dormido que cualquier otra cosa.

— Este chico no tiene remedio — fue la queja de su hermano — Cancerberos, ayúdame a llevarlo — hablo al perro que se irguió. El mayor lo subió al lomo del perro para llevarlo a la habitación que compartían. Lo último que vio fue al mayor arropándolo.


— El no aceptara —

— Lo hará Itachi, si es por salvar a su madre—

— Sabes que ella se negara rotundamente a eso—

— Buena cosa que no se lo haya propuesto a ella, ¿no? —


Sasuke sintió un aliento en su cara, alguien respiraba cerca de él, demasiado cerca.

— Cancerberos, no respires en mi cara — se quejó cuando su cerebro termino de procesar todo a su alrededor; escucho un ladrido a su lado— está bien, ya me levanto — abrió los ojos bostezando e irguiéndose. Lavo su cara y se cambió por una ropa adecuada para el día. — Realmente jugamos mucho — dijo a su perro sintiendo que sus pies solían.

— ¡Sasuke! — escucho el grito de Itachi entrando — Mikoto está en el hospital, parece grave. — apenas estaba terminando cuando el menor paso a su lado apresurado.

Cuando llego al hospital no podía recordar muy bien como había llegado ahí, suponía que había sido por sus propios pies pero aun no podía estar seguro del todo. Se arrimó a preguntar por ella pero se detuvo, legalmente muerto, cuando habían decidido mandarlo con su padre, también habían incluido que se determinara muerto, sería más seguro para él y para su madre, después de todo los semidioses posean ciertos poderes de los dioses sin ser abrumadoramente fuertes como ellos. Habiéndole hecho incluso un funeral falso, donde su madre había llorado desgarradoramente.

"¿Por qué lloraste así?"

"Puedes no estar muerto, pero te vas de mi lado; eso es muy doloroso también"

"¿Cómo llorarías entonces si realmente muriera?"

"Espero nunca saberlo"

Estaba parado en la entrada cuando Anko paso a su lado corriendo, entonces la mujer se detuvo totalmente aterrada de ver un rostro que no debería existir en ese momento, aun después de todos esos años lo había reconocido, pero cuando se giró, ya no estaba allí.

— ¿Lo imagine? — susurró antes de seguir su camino.

Sasuke estaba a un lado del hospital en un callejón, cerró los ojos concentrándose en transportarse mentalmente a la sala donde estaba su madre.

— Esta grave — dijo el médico tomando los signos vitales de su madre.

— Bien, hagámoslo — los vio batallar varias horas con el estado de su madre; nunca la había visto así de debilitada. Finalmente logró estabilizarse mientras respiraba por si misma.

— Esclerosis Lateral Amiotrofia — susurró el doctor mirando con pesar a la mujer — que enfermedad más desastrosa— Sasuke no podía estar más de acuerdo.

— ¡Sasuke! — Se vio de vuelta a su cuerpo con brusquedad hasta el punto de caer de rodillas — ¿Qué crees que hacer poniéndote en ese estado aquí solo? — Itachi lo veía totalmente enojado, era un riesgo terrible dejar su cuerpo así, pero el desespero lo había hecho hacerlo.

— ¿Qué haces aquí? — respondió en su lugar, oyó un sonido exasperado del mayor.

— Sabia qué harías una tontería — fue la respuesta — tiendes a hacerlas en estos momentos —

— Gracias — susurro mirando hacia otro lado. Itachi lo miró fijamente un momento.

— Vamos a casa, podrás visitarla en unas horas que sea madrugada —

— ¿madrugada? — Lo miro confundido — ¿no es de día? — mirando al cielo, vio la luz del sol ocultándose él había llegado allí en la mañana.

— ¿Ves? — Regaño Itachi antes de suspirar — te metiste todo el día allí; gracias a mi nadie te vio — negó con la cabeza. — Mocoso —

— No me llames… —

— Cállate y vamos — su tonó no dejo duda.


— Veo que estas aquí de nuevo — el dios del inframundo vio a su hijo allí, el joven se veía cansado, pálido y asustado. Se sentía mal por aprovechar el estado de su hijo. Pero en este punto la desesperación podía más que cualquier culpa.

Ellas tenían que morir.

— Vengo por tu propuesta — susurro el menor mirándolo aun con duda.

— ¿Y cuál es tu respuesta? — cuestionó sin presionar.

— Ya la sabes — Sasuke frunció el ceño — Acepto —