Capítulo 1.
Varios años después...
Alemania.
La vida parecía transcurrir sin contratiempos. Rudy Frank veía a sus hijos crecer, y se daba cuenta de que Karl sería un gran futbolista, tenía un don innato. El señor Schneider aun recordaba la vez que Karl lanzó su primer disparo, un tiro tan potente que perforó la portería, un tiro que hacía la ilusión óptica de una ráfaga de fuego. Cuando Karl jugaba era como si sacara chispas, como si estuviera en llamas. Rudy Frank no creía haber visto jamás a otro jugador así, ni siquiera él mismo. Además, Karl cuando jugaba se transformaba en otra persona, en alguien más seco y agresivo, como si se tratara de un soldado. Sin embargo, Karl amaba el fútbol, eso ni dudarlo, aun cuando al jugar se mostrase más distante.
Hay algo en este muchacho que no sé que es.- comentó Rudy a su esposa.- Algo que no puedo definir, como si estuviese destinado a grandes cosas.
Está destinado a grandes cosas.- replicó Lorelei.- Verás que algún día será tan grande como un rey.
Ninguno de los dos sabía que esas palabras no podían ser más ciertas. Karl, ajeno a los pensamientos de sus padres, jugaba al sóccer y entrenaba arduamente para convertirse en el mejor jugador de todos los tiempos, aunque en sí al joven no le costaba trabajo. Todos decían que él tenía un don, y Karl no sabía si era cierto o no, pero sí sabía que jugando fútbol se transportaba a otro mundo.
Marie, su hermana, miraba a su hermano jugar, lo miraba crecer y convertirse en un gran futbolista y en un joven muy perseguido por las mujeres, y suspiró. Solo ella sabía la verdad, solo ella recordaba quien era en su vida anterior y sobre todo, quien era su hermano. Marie no sabía cuando llegaría el momento en que Karl debía recuperar la memoria y retomar el control de su reino, pero no se preocupaba. La hora llegaría cuando Jäger los contactara, antes de eso Karl no debía saber nada de su pasado. La única cosa por la que Marie debía preocuparse era por cumplir su misión, proteger a la niña humana que iba a cruzarse en el camino de su hermano y cambiar su destino. Marie no tenía ni idea de cómo cumplir su misión, no tenía muchos datos sobre la chica ni en dónde nacería, pero Marie esperaba que en algún momento recibiera alguna especie de señal o algo similar, motivo por el cual ella se pasaba largas horas meditando, sin moverse.
¿No crees que Marie está más retraída que de costumbre?.- preguntó Lorelei a su esposo, al ver a su hija sentada en el jardín, inmóvil.
Ella siempre ha sido así.- replicó Rudy Frank.- Marie no es una chica como las demás...
¿No crees que necesita ayuda psicológica?.- cuestionó Lorelei.- Actúa a veces como si fuera autista.
No seas tonta, mujer.- bufó el hombre.- De ser autista ya nos habríamos dado cuenta.
No me llames tonta.- replicó Lorelei.- Solo digo que...
No digas ya nada.- la cortó su marido.- Si Marie fuera autista, sería solo culpa tuya.
Karl vio a sus padres discutir por quien sabe cuanta ocasión. El joven ya no recordaba la última vez que todos habían sido una familia feliz. De hecho, desde que era niño, Karl recordaba que la desgracia solía cernirse sobre su familia, durante un tiempo su padre estuvo sin empleo y se quedó sin dinero después de que su contador lo estafó y le quitó el dinero que había ganado como futbolista; después de muchos años de andar buscando trabajo, Rudy Frank tuvo un golpe de suerte y consiguió que lo aceptaran como entrenador del Hamburgo, sin embargo esto no fue del todo benéfico, ya que en un partido importante él sacó al jugador estrella de la alineación titular por faltarle al respeto, cosa que hizo que perdieran el encuentro y la familia Schneider se ganara el odio de la ciudad. Durante muchas semanas, la familia tuvo que soportar el hecho de que los aficionados lanzaran piedras y huevos contra su casa, cosa que fragmentó la relación entre Rudy Frank y Lorelei, la cual no estaba dispuesta a soportar que su familia fuese víctima de semejante escarnio. Y si bien después la actuación del entrenador Schneider mejoró considerablemente, el daño en su matrimonio ya estaba hecho y eso no iba a poder corregirse tan fácilmente.
Es como si mi familia estuviese marcada por las sombras.- comentaba Karl a su hermana.- Como si estuviésemos marcados por el lado negativo del universo.
Marie, como era de esperarse, solo guardaba silencio. "Ya sabrás todo a su debido tiempo", pensaba ella. "Mientras tanto, concéntrate en resistir".
Y la misma recomendación se daba ella misma, esperando que Jäger no tardara en aparecer.
Había algo, sin embargo, que Karl no quería decirle a nadie. Por las noches, de manera muy frecuente, él soñaba que estaba al frente de un ejército de seres de alas negras, seres que estaban rodeados de oscuridad y que parecían estar dispuestos a seguirlo hasta el fin del mundo. Karl entonces se miraba las manos, las cuales comenzaban a arderle y sin previo aviso todo él se convertía en una llamarada ardiente que se extendía por todo el lugar... Justo en ese punto, Karl se despertaba, confundido. ¿Qué significaban esos sueños y por qué los tenía tan seguido? Una y otra vez, la misma escena se repetía en su mente, y, cosa curiosa, despertaba sintiendo un ardor en la espalda. Karl tardó mucho en darse cuenta de que lo que le ardía siempre al despertar de sus sueños era la marca de nacimiento que tenía en la espalda, la marca que tenía la forma de una runa, según le había dicho Marie alguna vez.
Todo esto era demasiado extraño, pero lo más raro de todo era el hecho de que Karl no sentía miedo al tener estos sueños. Todo lo contrario, se sentía terriblemente cómodo con el suceso... Tan era así que el joven se propuso escribir en una libreta todo lo que soñaba por las noches. Sus relatos eran ya tan nutridos que para esas alturas Karl ya tenía al menos unos veinte cuadernos ocupados con una historia que sería muy digna de una mente dedicada a escribir para la ciencia ficción. Sin embargo, dado que él no quería que nadie le preguntara sobre el origen de esas historias, Karl jamás se las enseñó a nadie, prometiéndose sin embargo que algún día le mostraría a alguien sus escritos, más que nada para asegurarse que soñar cosas así no era indicio de locura extrema.
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México.
La vida pasaba mucho más tranquila y menos traumática en la familia Del Valle. El doctor Alejandro seguía siendo un respetable médico, y Emily después de tener a Lily se jubiló como enfermera pero seguía siendo asistente de su marido cuando lo necesitaba. La pareja vivía tranquila en una ciudad como todas, en compañía de sus dos hijos, Leonardo y Lily. El primero, sin embargo, al crecer demostró de inmediato que sería un mujeriego empedernido y un muchacho descarriado que iba a ocasionarle muchos problemas a sus padres, pero Lily parecía ser más una especie de niña tranquila y serena que no solía meterse en problemas. Fuera de los líos de Leonardo, la vida de los Del Valle era despreocupada y parecía que no pasaría nada de interesante en sus vidas.
O al menos, eso era lo que todos creían.
Emily Salazar se asomó por la ventana en busca de su hija menor, y la vio sentada en el pasto, haciendo quien sabe que cosa. Lily estaba agachada, sosteniendo algo entre sus manos, y Emily temió que estuviera haciendo algo malo, por lo que salió al jardín, preocupada.
¿Qué estás haciendo, Lily?.- preguntó Emily.
Tratando de ayudar a esta ardilla.- respondió Lily, mostrando a su madre lo que traía entre sus manos, una pequeña ardilla que tenía lastimada una pata.
Lily, suelta eso, te va a morder.- pidió Emily.- Puede tener rabia.
No me va a hacer nada, mamá.- rió Lily.- Mira, ya está.
La ardilla se dejó hacer y curar la patita como si fuese un animal domesticado, pero en cuanto Lily la dejó en el pasto, el animalito salió corriendo a toda velocidad. Emily suspiró.
Pareciera que tienes un don.- comentó la mujer.- De alguna forma le haces para curar todo lo que está enfermo, tienes magia.
No es magia, mamá.- negó Lily.- Es solo, no sé, me gusta curar a los seres vivos.
Lily se puso de pie y se metió a la casa, bajo la constante mirada de su madre. Ésta aun seguía preguntándose de dónde le había venido ese don a su hija de curar a los demás con tanta facilidad. Cuando su otro hijo, Leonardo, se lastimaba en sus peripecias, Lily con solo limpiarle la herida hacía que ésta se curara más rápidamente que si lo hacía Emily o el propio Alejandro. Era algo increíble, parecía que Lily estuviese destinada a hacer algo grande, algo que en verdad podía marcar la diferencia.
Por cierto.- dijo Emily, antes de que Lily desapareciera de su vista.- Mañana tendremos visitas, vendrá un amigo de tu padre.
Está bien, mamá.- suspiró Lily.- Eso significa que tendré que prescindir de leer un rato, ¿cierto?
No te pongas en ese plan, será solo por un rato.- replicó Emily.- Ese hombre es un buen amigo de tu papá y quiere que estemos todos con él.
Uhm.- bufó Lily.- ¿Cómo se llama el amigo?
Es Jean Lacoste, es un reconocido médico francés y compañero de tu padre.- contestó Emily.- Mañana, a las cinco, sin falta.
Lily subió a su habitación y se sentó a si escritorio, sacando de uno de sus cajones una de sus carpetas de dibujo para continuar con el boceto que había tenido en mente desde que se despertó. A Lily le pasaba algo muy, pero muy curioso, y era que desde niña soñaba cosas muy fantasiosas, tan vívidas y claras que al despertar se ponía a dibujarlas. Un día que Alejandro vio a su hija muy entusiasmada dibujando, se lo comentó a su esposa y los dos se dieron cuenta de que su hija tenía algo de talento para el dibujo, por lo que ambos le compraron a Lily blocks de dibujo, colores, lápices, acuarelas, crayones, marcadores y todo lo que se le ofreciera para que ella dibujara sus sueños. Así pues, a esas alturas Lily ya tenía varias carpetas llenas de dibujos de seres angelicales, personas con hermosas alas blancas y trajes elaborados, dibujos de paisajes que no eran de este mundo. El dibujo en el que Lily trabajaba en esos momentos era de un palacio enorme, a cuyas espaldas se recortaban contra el cielo dos lunas. Lily no entendía nunca el por qué esas imágenes llegaban a sus sueños, ni mucho menos qué significaban.
De pronto, el clima tranquilo del día comenzó a cambiar y se desató un fuerte ventarrón, el cielo se encapotó y las nubes tronaban amenazadoramente. Lily, que tenía abierta la venta de su habitación, se levantó para cerrarla y al hacerlo se asomó por la ventana. Y justo en ese momento ella vio a una chica pelirroja de mirada muy intensa que contemplaba fijamente la casa. Lily no pudo evitar verla, y en seguida juró creer ver que la chica tenía un par de alas negras en su espalda; la pelirroja se dio cuenta entonces de que Lily la veía y volteó a verla. Lily parpadeó, espantada, esos ojos negros eran los más fríos que ella hubiese visto nunca y soltó un grito.
¿Lily?.- preguntó Emily, desde la cocina.- ¿Hija, estás bien?
Lily respiraba agitadamente, tratando de controlarse. La chica se alejó de la ventana y fue hasta la puerta de su habitación.
Sí, mamá, perdón.- gritó Lily, tratando de sonar calmada.- Es solo que vi una cucaracha.
Pues mátala.- replicó Emily.
Eso es lo que me da miedo.- bufó Lily.
Su madre ya no respondió y Lily regresó a la ventana, para seguir viendo a la chica pelirroja, pero ahí ya no había nadie. ¿Se habría Lily imaginado todo? Respirando más calmada, Lily cerró la ventana, pero ya no tuvo ganas de seguir dibujando. Algo en esa mirada negra la hicieron desconcentrarse al máximo.
¿Quién sería esa chica y por qué estaba mirando su casa? Había muchas cosas que Lily no terminaba de entender, así como tampoco entendería lo que iba a suceder después…
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Japón.
Genzo Wakabayashi no podía creer lo que estaba escuchando. El que hasta en ese momento había sido su entrenador y tutor, Tatsuo Mikami, estaba informándole que ya no iba a poder seguirlo entrenando, debido a que había sido invitado a trabajar en Alemania para mejorar la calidad del fútbol sóccer japonés. En parte, a Genzo le daba gusto por su entrenador, pero por otro lado, también le daba un poco de envidia. ¡Alemania! Uno de los países con mejor tradición en cuanto a fútbol, un sitio en donde él podría mejorar sus habilidades como portero…
Si mal no recordaba Genzo, Mikami llevaba entrenándolo más de cinco años para que el primero pudiese convertirse en el mejor portero de todo el mundo. Desde muy niño, Genzo había expresado el deseo de ser futbolista, y guardameta más específicamente, por lo que su padre, Akira, contrató al ex arquero de la selección japonesa para que entrenara a su hijo, además de convertirlo en su tutor legal por un tiempo, mientras Akira y su esposa viajaban a Inglaterra por cuestiones de negocios. El caso era que para Genzo, Mikami era más como un padre que su entrenador, no era para menos ya que ellos estaban más tiempo juntos de lo que Akira se la pasaba con Genzo, y el chico creía que iba a seguir entrenándolo por mucho tiempo más. Sin embargo, Mikami le había dado esta noticia a su pupilo después de que éste ganó el Torneo Nacional de Primarias por segunda ocasión, en compañía de dos talentosos jugadores que Genzo recién acababa de conocer, uno de ellos llamado Tsubasa Ozhora y el otro llamado Taro Misaki; éste, por cierto, le causaba a Genzo cierta sensación de tranquilidad y paz cuando estaban en la misma habitación, aunque bueno, ése era otro tema.
Lo lamento en verdad, Genzo, pero es una oportunidad muy buena.- continuó Mikami.- Alemania tiene uno de los mejores equipos de fútbol del mundo, así que por eso voy a irme.
Lo sé.- suspiró Genzo, aunque en ese momento comenzaba a formulársele una idea.-Espera un momento, ¿y si me voy contigo a Alemania?
¿Cómo dices?.- Mikami se sorprendió.
Que me lleves contigo a Alemania.- pidió Genzo.- Podré mejorar también mi nivel, yo deseo salir de Japón, irme a Europa y jugar allá, es mi sueño ser el mejor portero desde niño y no voy a cumplirlo aquí. Por favor, déjame irme contigo, así estaré más cerca también de Londres y de mis padres.
Mikami lo consideró unos momentos. El llevarse a Genzo a Alemania no parecía una idea tan descabellada. Él tenía mucho potencial, y si se quedaba en Japón iba a ser desperdiciado, la liga japonesa era aun claramente inferior a cualquiera de las europeas o incluso las americanas, de manera que si Genzo quería destacar y desarrollar todo su talento debía irse de Japón. Y Alemania era un estupendo lugar para comenzar…
Tendrás que pedirle permiso a tus padres.- dijo Mikami.- Yo no puedo dar una orden como ésa. Si Akira está de acuerdo, yo acepto en llevarte conmigo a Alemania.
Hablaré más tarde con papá, sé que no se negara.- Genzo sonrió de oreja a oreja.- Gracias, no se arrepentirá de llevarme con usted.
De manera que, más tarde, Genzo habló con su padre y le informó los planes que tenía Mikami de irse a Alemania y de sus propios planes de querer irse con él. Genzo explicó los pros y contras, y se escuchó tan convincente y decidido que Akira no pudo negarse, de manera que dio el permiso para que su hijo se marchara a Alemania con Mikami. Genzo, por supuesto, estaba feliz. Las ruedas de su destino habían comenzado a moverse.
